Venezuelan Declaration of Independence and Constitution [Digital Version]

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Venezuelan Declaration of Independence and Constitution (Longman and Co., 1812)

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Title: Venezuelan Declaration of Independence and Constitution [Digital Version]
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  • Parsing and proofing: Humanities Research Center and Fondren Library, Rice University
  • Subject analysis and assignment of taxonomy terms: Jiun Kuo
Publisher: Rice University, Houston, Texas
Publication date: 2010-06-07
Identifier: aa00032
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Description: Printed document, 309pp. First edition.
Source(s): Venezuelan Declaration of Independence and Constitution (Longman and Co., 1812)
Source Identifier: Americas collection, 1811-1920, MS 518, Box 2 folder 02, Woodson Research Center, Fondren Library, Rice University. Contact info: woodson@rice.edu
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Text classification
Keywords: Getty Art & Architecture Thesaurus
  • Declarations
Keywords: Library of Congress Subject Headings
  • Venezuela--Politics and government--19th century
  • Venezuela--History--War of Independence, 1810-1823
  • Constitutions--Venezuela
Keywords: Getty Thesaurus of Geographic Names
  • Venezuela (nation)
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Londres 1812

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OBSERVACIONES PRELIMINARES.

NINGUN periodo en la historia de las naciones ha sido señalado
con acontecimientos tan grandes é interesantes, como el actual.
Antiguos y enteros Imperios han sido disueltos, y han perdido
su exîstencia politica, mientras se ven brotar de sus cenizas
nuevos Estados, que levantan sus triunfantes penachos
sobre sus debiles y abatidos vecinos. Se han verificado revoluciones
tan importantes como inesperadas, reforma ha sido el
grito general, y los grandes y mejor entendidos intereses del
genero humano han despertado un fervor, han inspirado un zelo
ilustrado, que no se habia conocido hasta ahora. En Europa,
se han visto naciones enteras combatir animosamente por la extirpacion
de abusos envejecidos: aquellos mismos que mas acostumbrados
estaban á arrastrar las cadenas del despotismo, se han acordado
de sus derechos largo tiempo olvidados, y se han reconocido
todavia hombres. Mientras los sentimientos publicos tomaban esta
direccion en Europa, mientras el suspiro de la libertad se hacia
oir en las mas distantes regiones, ¿era de esperar que la America
Española, cuyos habitantes habian sido tanto tiempo hollados
y esclavizados, y donde mas que en otra parte alguna era indispensable
una reforma, fuese la unica que permaneciese tranquila,
la unica que resignada con su triste destino viese indolentemente,
que quando los Gobiernos de la Peninsula se ocupaban
en mejorar la condicion del Español Europeo, á ella sola se cerraba
toda perspectiva de mejor suerte, que sus clamores eran desechados,
y que aun se le imponia una degradacion todavia mayor,
que la que habia sufrido baxo el regimen corrompido de los
Ministros de Carlos IV? Aquellos vastos é interesantes establecimientos

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iv

sintieron, como era natural, el choque eléctrico, y como
los cuerpos politicos, á manera de los humanos, estan destinados
a llegar por fin á la epoca de la razon, vino el dia en que penetrados
los Americanos de la justicia de sus demandas, la reclama
ren con el tono de dignidad que les convenia; pero sin otro fruto
que el de poner á la luz lo poco que debian prometerse de la
liberalidad del Gobierno Español.

Importante como es á la humanidad entera, la gran question
que se ha estado agitando por tres años entre la España y sus
colonias, lo es doblemente para la Inglaterra en el estado de
obstruccion en que se halla el comercio. Sin embargo las prensas
Británicas no han hecho "hasta ahora" otra cosa, que estampar
sobre las revoluciones Americanas una señal de reprobacion, presentándornos
solamente miras superficiales y hechos alterados, y
esto casi siempre con el colorido de la preocupacion ó de la
malignidad: de modo que aun las causas y la tendencia de las revoluciones
han sido groseramente desconocidas ó desfiguradas.
Qüestion es esta sin embargo, que el estadista ocupado en asegurar
la salud de los Pueblos, ó promover los grandes intereses de los
Estados, no debe mirar con indiferencia. Si hay alguna que merezca
un exámen atento y desapasionado, es sin duda la que presentan
los adjuntes documentos autenticos, que nos atrevemos á
ofrecer al publico con la segura esperanza de que senvirán á lo
menos para la mas completa y correcta inteligencia de la materia.

Limitados como estamos á unas pocas páginas de observaciones
preliminares, no nos es posible discutir plenamente una qüestion
tan complicada, ni dar una idea adeqüada de todas las circumstancias
que han acompañado á la primera expresion delos sentimientos
publicos, en las varias provincias de las Americas Españolas,
acerca de su dependencia de la metrópoli; pero basta poner
la vista en la maravillosa coincidencia de sucesos que han ocurrido
en todas, para hacerse cargo de la generalidad de ideas, y para conocer
que todos aquellos pueblos eran igualmente sensibles al
estado de abatimiento en que se hallaban sepultados, y cuya pron
ta reforma era el deber esencial delas primeras autoridades dela
nacion. Añadiremos sin embargo, algunas poeas consideracions
que servirán para ilustrar el asunto.


vi

La primera qüestion y la mas importante que se ofrece al
tratarlo es, si los establecimientos Españoles al tiempo de la primera
invasion de España por los exercitos Franceses, y de la disolucion
de la monarquia, requerian, ó no, por la situacion en que
se hallaban, la reforma de su régimen administravivo; si la solicitaron,
y si les fue concedida. Demasiado notorio es al publico
Europeo el estado de miseria y degradacion á que se les habia
reducido: nuestros Escritores nacionales y los de la nacion Francesa
han tocado demasiadas veces esta materia, para que nos
sea necesario detenernos en ella; baste decir que el pueblo gemia
baxo la doble opresion de la Corona y del monopolio; gravcsas
é irracionales restriciones agoviaban á todas las clases, y sofocaban
en ellas toda especie de actividad y de industria; las leyes,
extraviadas de su benéfico objeto, no servian ya para el castigo
del culpable, ni para la proteccion del inocente; actos de la
mas barbara arbitrariedad se veian á cada paso y por todas
partes; los nativos carecian de una equitativa participacion
en los empleos de confianza ó de lucro;* prevalecia un sistema
de gobierno tan ignominióso á los códigos de España, y
de las Indias, como contrario á los mas esenciales derechos del
genero humano, y opuesto á los dictados de la justicia y de la
razon: en una palabra, la condicion de los Americanos apenas
podia considerarse baxo otro aspecto, que como un vasallagc
feudal dela España. ¿Quien ignora los vacios inmensos que
exîstian en todos los ramos de industria, ocasionados por la
grosera ignorancia de los mas comunes inventos, destinados á


viii

simplificar ó disminuir los esfuerzos del hombre? Quien no havisto
en la mayor parte de los reglamentos coloniales de España
un sistema de monopolio, dictado por el injusto principio de preferencia
á los pocos, y tan hostil á la fecundidad de las artes,
como á las primeras bases de la sociedad?* Quien no ha visto
en ellos un plan seguido y completo de degradacion, que se extendia
aun á la prohibicion delas escuelas mas necesarias? Estos son hechos que no pueden contradecirse por los mas
descarados panegiristas del poder arbitrario, ni paliarse por las
especiosas producciones de las prensas de Cadiz, empeñadas en
probar las ventajas de la dependencia y del monopolio.

Que los Americanos han hecho repetidos esfuerzos para obtener
algunas reformas, y entre otras, alguna parte en la administracion
de sus intereses internos, es una cosa suficientemente probada
no solo por los primeros reclamos de las respectivas municipalidades
y Juntas, sino tambien por los diarios de las Cortes de
Cadiz. Las demandas de aquellos pueblos fueron definidas y presentadas
al Gobierno Español en 11 proposiciones el 16 de Noviembre
de 1810; estas se repitieron el 31 de Diciembre del
mismo año, y se insistió de nuevo sobre ellas el 1° de Argosto de
1811, en la bien conocida Representacion de la Diputacion Americana
á las Cortes de España: pero nunca se les ha prestado la
atencion á que eran acrehedoras. Un estado de insensibilidad y
letargo parecio haberse seguido á las violentas convulsiones de
una revolucion calamitosa, que hacia al Gobierno de España sordo
á los gritos y reclamaciones de una parte benemerita de la Monarquia.
Faltaba en aquel Gobierno un principio saludable y


x

conciliador, y no aparece hasta el dia entre sus actos una medida
calculada para curar los males, ó reunir los partidos.

Si los primeros Gobiernos de España hubiéran poseido talentos,
miras imparciales, y sobre todo, virtudes proporcionadas al poder,
de que estuvieron revestidos en las primeras epocas de la revolucion,
era tal el entusiasmo de que se habian penetrado los Americanos,
que podian haber sido unidos á la metropoli con los vinculos
de la mas cordial fraternidad, y haberle conferido beneficios
tan importantes, como requeria la humanidad, como dictaban la
prudencia y la politica, y como por un principio de gratitud no
habiera dexado de producirlos el goce mismo de sus derechos.
Pero desgraciadamente para unos y otros, y todavia mas para la
causa comun, no se hizo ningun caso ni de lo que importaba la
España transalantica, ni de lo que la era debido. Habia llegado
á los ojos de la justicia y de la razon el momento de colocarse
ambos Continentes sobre un pie de ignaldad, y con todo no se
ofrecian reformas en el sistema gubernativo de las colonias; no
se presentaba perspectiva alguna de consuelo; el antiguo odio á
la ilustracion y á la prosperidad era todavia el sentimiento habitual
de la administracion Española. Mutua desconfianra y animosidad
prevalecian; y un espiritu inextinguible de resentimiento
se encendió por fin. El Gobierno de España parecia enteramente
destituido de aquellos ilustrados principios, que no ven
el bien particular sino como una conseqüencia del general: la
exclusion de aquellos beneficios que pertenecen á todos, y no á
una porcion particular de la sociedad, se habia hecho y continuaba
siendo fundamental y sistematica. Los clamores de los
Americanos se dirigian a remover males extensos, inveterados,
intolerables; lo que era en ellos un derecho, era al mismo tiempo
una medida de politica nacional; y si quando comenzaron
aquellas demandas á discutirse, la salud general hubiera sido el
objeto de las autoridades Españolas, el conformárse á las reglas
de la mas liberal filantropia les hubiera proporcionado medio de
perpetuar la union entre las dos grandes porciones de la Monarquia,
y de aumentar al mismo tiempo la fuerza total.


xii

No podemos detenernos á considerar los diferentes periodos
de hostilidad, de agresion mutua, y de completa enemistad, que
se han seguido posteriormente; pero aparecerán con suficiente
claridad en las declaraciones oficiales de aquellos departamentos,
que han sido reducidos al extremo de una absoluta separacion,
y quiza no tenemos todavia en Ingles una colection de documentos
que baxo este respecto nos ofrezca tantos datos como la presente.
Venezuela ha sido la primera en romper las cadenas que
la ligaban á la Madre Patria, y al cabo de dos años empleados
en vanos esfuerzos para obtener reformas y desagravios, despues
de haber sufrido quantos oprobios è indignidades pudiéron acumularse
sobre ella, ha proclamado por fin aquel sagrado è incontestable
derecho que tiene todo pueblo para adoptar las medidas
mas conducentes á su bien estar interno, y mas eficaces para repeler
los ataques del enemigo exterior.

La urgencia delas causas que la han compelido a esta medida
extrema aperce en el Manifiesto que dirige al mundo imparcial;
y la justicia de las miras de sus representantes, dirigidas á la
salud de sus constituentes, se echa tambien de ver en la Constitucion
formada para la formacion y administracion de las leyes,
como en el resultado de sus declaraciones solennes. Es esta una
era nueva, en que los habitantes de Venezuela han visto por la
primera vez definidos sus derechos y aseguradas sus libertades;
un periodo importante y extraordinario, en que sus mandatarios
y jueces se han hecho responsables á ellos solos por su futura conducta;
pero aunque es inmensa la transicion de su anterior abatimiento
al estado de dignidad en que hoy comparecen, se verá
el mismo tiempo que los naturales de la America Española estan
generalmente tan bien preparados para gozar de los bienes á que
aspiran, como los de la nacion que desea prolongar su tirania
sobre ellos; y en los documentos que componen este volumen,
no se hallarán ni principios menos grandes, ni conseqüencias
menos justas, que en las mas celebres medidas de las Cortes,
cuya liberalidad y filantropia es harto inferior á la de los


xiv

Americanos. Todo espiritu recto y despreocupado verá las
ocurrencias de Venezuela como honestos y equitativos resultados
de los deseos del pueblo, dirigidos á la comun seguridad y
bien estar; ni los que animados por el interes de la politica Española,
se empeñan en acumular pretestos para perpetuar la dependencia,
pueden ofrecer una sola razon de necesidad ó justicia,
capaz de sufrir un exâmen desapasionado, á menos que se
pretenda ser preferible la miseria y envilecimiento de los pueblos,
á su libertady prosperidad.

Al adoptar la resolucion de hacerse independiente, sabia sin duda
Venezuela, que iba á provocar toda la colera de sus enemigos,
y de quantos estaban interesados en la perpetuidad de su dependencia;
pero es de esperar de la ilustracion y liberalidad
de este pais que tan mezquinos sentimientos no tendran
cabida en sus habitantes, y que no faltan entre ellos hombres
que miren con el placer mas vivo y puro los progresos de la
libertad general, y la extension de la felicidad del genero humano.
Ha sido un principio generalmente reconocido en Europa,
y de que se gloria en especial la nacion Inglesa, que hay en el
pueblo derechos cuyo inestimable goze debe inspirar á sus poseedores
la mas rezelosa vigilancia para asegurarlos contra las asechanzas
del poder, y para reparar las brechas que el mas perfecto
sistema de gobierno, por una conseqüencia de la naturaleza de todas
las instituciones humanas, no puede menos de sufrir con el curso
del tiempo. ¿Y se pretenderá que à solos los habitantes de las
Américas deben rehusarse tales derechos, y por conseqüencia el
de velar sobre su integridad? Se les exîgirá que para la distribucion
de justicia hayan de atravesar un oceano de dos mil
leguas, y que en momentos tan críticos como el actual, subsistan
desnudos de todas las atribuciones de los seres políticos, y dependan
de otra nacion, que un enemigo poderoso amenaza aniquilar?
Se querrá enfin que las colonias Españolas, como una
nave sin timon, queden expuestas á los rudos embates de la mas
furiosa tempestad política, y prontas á ser la presa de la primera
nacion ambiciosa que tenga bastante fuerza para apoderarse
de ellas?


xvi

El espiritu imparcial, que exàmine atentamente los dos lados
de la qüestion, necesita de pocas pruebas para conocer con evidencia,
que las ideas que se esparcieron en las colonias sobre la
desesperada situacion de la España á la entrada de los Franceses
en la Andalucia, y el temor de ser arrastrados á caer en
manos de los usurpadores, fueron las causas principales de la
resolucion tomada por los Americanos de no confiar mas tiempo
su seguridad á la administracion de los Europeos, y de poner
sus negocios al cuidado de Juntas ó Asambleas Provinciales,
formadas al exemplo y por los mismos medios que las de España.
Que habia motibo para desconfiar de los Vireyes y capitanes
Generales lo han probado los sucesos posteriores, pues no
han tenido reparo en proclamar la doctrina de que la America
debe correr igual suerte que la Peninsula, y que si la una
es conquistada, debe someterse la otra al mismo señor. Los
xefes coloniales estaban preparados para esta ocurrencia, y
habiendo sido escogidos por el Principe de Paz, nada era mas
natural que el que volviesen á sus antiguas miras. ¿Era pues
razonable, era justo esperar, que despues de tan larga y funesta
experiencia, reposasen tranquilas las colonias sobre las virtudes
ó los talentos de tales xefes; ó era prudente el dexarlas á la
merced de unos hombres, cuyo único interes era la conservacion
de sus empleos, garantida por los Franceses; y por los partidarios
Españoles de estos?

Los mayores escritores politicos de nuestro pais han establecido
como principio invariable, que las sociedades deben gobernarse
por si mismas. Segun Locke, todo gobierno legitimo se deriva
del consentimiento del pueblo, porque siendo los hombres naturalmente
iguales, no tiene ninguno de ellos derecho de injuriar
á los otros en la vida, salud, libertad ó propiedades, y ninguno
de quantos componen la sociedad civil está obligado ó sugeto
al capricho de otros, sino solamente á leyes fixas y conocidas,
hechas para el beneficio de todos: no deben establecerse impuestos,
sin el consentimiento de la mayoridad, expresado por el
pueblo mismo ó por sus apoderados: los Reyes y Principes, los
Magistrados y Funcionarios de todas clases, no exercen otra autoridad


xviii

legitima, que la que les ha sido delegada por la nacion;
y por tanto, quando esta autoridad no se emplea en el pro comunal,
tiene el pueblo el derecho de reasumirla, sean quales fueren
las manos en que estuviere colocada."

Estos inenagenables derechos son los que ha exercido Venezuela:
sus habitantes han tomado la resolucion de administrar
por si mismos sus intereses, y no depender mas tiempo de gobernantes,
que contaban con entregarlos á la Francia;* y las
páginas de la historia no podran menos de recordar con aprobacion,
el uso que en tales circumstancias ha hecho aquel pueblo
de sus derechos: derechos, cuya exîstencia ha sido reconida por
los Españoles mas ilustrados, y entre otros por Don Gaspar
Jovellanos, quien en el famoso dictamen presentado á la Junta
Central el 7 de Octubre de 1808, dice expresamente: "que
quando un pueblo descubre la sociedad de que es miembro en
inminente peligro, y conoce que los administradores de aquella
autoridad que debe gobernarle y defenderle estan sobornados y
esclavizados, entra naturalmente en la necesidad de defenderse
á si mismo, y de consiguiente adquiere un legitimo aunque extraordinario
derecho de insurreccion." ¿Se dira pues que tales
maxîmas, solo son fundadas para los Españoles Europeos, y no
para los Americanos?

Nuestro inimitable Locke nota justamente, "que las revoluciones
no son nunca ocasionadas por pequeños vicios en el manejo
de los negocios públicos." Grandes desaciertos en los que administran,
muchas leyes injustas y perniciosas, y todos los deslices
de la fragilidad humana son todavia poca parte para que el
pueblo se amotine ó murmure; pero si una larga serie de abusos,
revaricaciones y artificios, que todos llevan un mismo camino,
hacen visible al pueblo un designio, de manera que todos resientan
el peso que los oprime, y vean el término a que son conducidos,
no será de extrañar que se levanten y depositen el poder
en manos que les asegurn los objetos para one fué institudo el


xx

Gobierno, y sin los quales los nombres antigues y las formas especiosas
estan tan lexos de valer algo, que mas bien deben
tenerse por mucho peores que el estado de naturaleza ó de pura
anarquia, pues no son ni menos grandes ni menos inminentes los
males, al paso que el remedio es mucho mas distante y difícil.

Montesquieu estableció tambien como una maxîma, si nó
como una ley inmutable, que "las naciones solo pueden
salvarse por la restauracion de sus principios perdidos." El
unico modo de efectuarlo que quedaba á los Americanos, era el
de tener gobernantes de su propia eleccion, y responsables á
ellos por su conducta: con tales condiciones hubieran accedido
gustosos á formar una parte igual y constitutiva de la nacion
Española. Solo, pues, el importante fin de su seguridad,
y el de libertarse de los males de una orfandad politica, induxeron
el pueblo de Venezuela á colocar su confianza en un cuerpo
de Representantes de su propia eleccion. El suceso feliz de sus
trabajos aparece en las declaraciones del pueblo mismo, y en el
contraste de lo que era el pais, y de lo que ya comienza á ser.
La futura seguridad de los habitantes esta vinculada en el zelo
de los miembros que fervorosamente se han consagrado al nuevo
órden de cosas, y que impelidos por el estimulo de la regeneracion,
parecen competirse en las laudables tareas de dirigir é
ilustrar la opinion publica, y en promover el bien general. El
sentimiento poderoso del interes comun, y el zelo patriótico
difundido por todas las clases, ha producido la mutacion, ha excitado
la energia del pueblo. Calloso debe ser á las mas dulces
y puras sensaciones, de que es susceptible el corazon del hombre
social, el que puede contemplar sin placer esta difusion general
de luz y patriotismo, que empieza á resplandecer de un extremo
al otro del continente Colombiano, y brilla sobre un pueblo sepultado
pocos meses há en las mas profundas tinieblas.

Que un pueblo capaz de dirigir al mundo los sentimientos
contenidos en los adjuntos documentos, habiendo logrado salir
del obscuro reyno del vasallage feudal, quiera baxar otra vez de
la cumbre de la dignidad y felicidad civil, á la miseria y deshonra
que acompañan al Gobierno despotico, parece una de las


xxii

grandes quimeras que pueden ocurrir á los visionarios politicos.
¿Qué dirémos pues de los planes que hay en pié con el objeto
de remachar sus grillos? A la Inglaterra, colocada como se
halla en el mas eminente grado de prosperidad y poder, son particularmente
interesantes los progresos de las sociedades en economia,
legislacion y civilizacion; pero es un deber en su Gobierno
promover el bien estar de unos paises que han dado tantas
pruebas de afecto hacia ella, que le proporcionan consumo para
el quarto del total de sus manufacturas, y que le prometen mas
ricos retornos que ninguna otra nacion. El exemplo que dá
Venezuela al resto de la America Española es como la Aurora
de un dia sereno. ¡Oxala que ninguna ocurrencia siniestra retarde
ó impida los progresos de una causa, que tiene por objeto
esparcir los beneficios de una regeneracion civil hasta los ultimos
confines de aquella hermosa porcion de la tierra!



ACTA.
En el Nombre de Dios Todopoderoso,

NOSOTROS los Representantes de las Provincias
unidas de CARACAS, CUMANA, BARINAS,
MARGARITA, BARCELONA, MERIDA, y
TRUXILLO, que forman la Confederacion Americana
de Venezuela en el Continente Meridional, reunidos
en Congreso, y considerando la plena y absoluta
posesion de nuestros derechos, que recobramos justa
y legitimamente desde el 19 de Abril de 1810, en conseqüencia
de la Jornada de Bayona, y la ocupacion del
Trono Español, por la conquista y sucesion de otra
nueva Dinastia, constituida sin nuestro consentimiento:
queremos antes de usar de los derechos de que nos
tuvò privados la fuerza, por mas de tres siglos, y nos
ha restituido el orden politico de los acontecimientos
humanos, patentizar al Universo las razones, que han
emanado de estos mismos acontecimentos, y autorizan
el libre uso que vamos à hacer de nuestra Soberania.


4

No queremos, sin embargo, empezar alegando los
derechos que tiene todo pais conquistado, para recuperar
suestado de Propriedad è Independencia: olvidamos
generosamente la larga serie de males, agraYios y
privaciones, que el derecho funesto de conquista ha
causado indistintamente á todos los descendientes de
los Descubridores, Conquistadores y Pobladores de
estos países, hechos de peor condicion, por la misma
razon que debia favorecerlos; y corriendo un velo sobre
los trescientos años de dominacion Española en
Amèrica, solo presentarèmos los hechos autenticos y
notorios, que han devido desprender y han desprendido
de derecho á un mundo de otro, en el trastorno,
desórden y conquista que tiene yá disuelta la nacion
Española.

Este desorden ha aumentado los males de la America,
inutilizandole los recursos y reclamaciones, y autorizando
la impunidad de los Gobernantes de España,
para insultar y oprimir esta parte de la nacion, dexandola
sin el amparo y garantia de las Leyes.

Es contrario al orden, imposible al Gobierno de
España, y funesto à la America, el que teniendo esta
un territorio infinitamente mas extenso, y una Poblacion
incomparablemente mas numerosa, dependa y estè
sugeta á unangulo Peninsular del Continente Europeo.

Las Sesiones y Abdicaciones de Bayona; las Jornadas
del Escorial, y de Aranjuez, y las Ordenes del
lugar Teniente, Duque de Berg, à la America, debieron
poner en uso los derechos que hasta entonces habian


6

sacrificado los Americanos, á la unidad é integridad
de la nacion Española

Venezuela antes que nadie reconociò, y conservò
generosamente esta integridad por no abandonar la
causa de sus hermanos, mientras tuvo la menor apariencia
de salvacion.

La America volvió á existir de nuevo, desde que
pudo y debiò tomar á su cargo su suerte y conservacion;
como la España pudo reconocer, ò no, los
derechos de un Rey que habia apreciado mas su existencia
que la dignidad de la nacion que gobernaba.

Quantos Borbones concurrieron à las invalidas
estipulaciones de Bayona, abandonando el territorio
Español, contra la voluntad de los Pueblos, faltaron,
despreciaron, y hollaron el deber sagrado, que contraxeron
con los Españoles de ambos mundos, quando
con su sangre y sus tesoros, los colocaron en el Trono
á despecho de la casa de Austria; por esta conducta,
quedaron inhabiles, ê incapaces de gobernar á un
Pueblo libre, á quien entregaron como un rebaño de
Esclavos.

Los intrusos Gobiernos que se abrogaron la Representacion
nacional, aprovecharon per fidamente
las disposiciones, que la buena fé, la distancia, la
opresion, y la ignorancia, daban á los Americanos
contra la nueva Dinastia, que se introduxo en España
por la fuerza; y contra sus mismos principios,
sostuvieron entre nosotros la ilusion a favor de Fernando,
para devorarnos y vexarnos impunemente


8

quando mas nos prometian la libertad, la igualdad y
la fraternidad, en discursos pomposos y frases estudiadas,
para encubrir el lazo de una representacion
amañada, inútil y degradante.

Luego que se disolvieron, substituyeron y destruyeron
entre si las varias formas de Gobierno de España,
y que la ley imperiosa de la necesidad, dictò á Venezuela
el conservarse a si misma, para ventilar y conservar
los derechos de su Rey, y ofrecer un asilo á
sus hermanos de Europa, contra los males que les
amenazaban, se desconociò toda su anterior conducta,
se variaron los principios, y se llamó insurreccion,
perfidia é ingratitud, á lo mismo que sirvió de norma
á los Gobiernos de España, por que ya se les
cerraba la puerta al monopolio de administracion,
que querian perpetuar a nombre de un Rey imaginario.

A pesar de nuestras protestas, de nuestra moderacion,
de nuestra generosidad, y de la inviolabilidad
de nuestros principios, contra la voluntad de nuestros
hermanos de Europa, se nos declara en estado de rebelion;
se nos bloquea; se nos hostiliza; se nos
envian agentes á amotinarnos unos contra otros, y
se procura desacreditarnos entre todas las naciones
de Europa, implorando sus auxilios para oprimirnos.

Sin hacer el menor aprecio de nuestras razones, sin
presentarlas al imparcial juicio del mundo, y sin otros


10

jueces que nuestros enemigos, se nos condena á una
dolorosa incomunicacion con nuestros hermanos; y
para añadir el desprecio á la calumnia se nos nombran
apoderados contra nuestra expresa voluntad,
para que en sus Cortes dispongan arbitrariamente de
nuestros intereses, baxo el influxo y la fuerza de nuestros
enemigos.

Para sofocar y anonadar los efectos de nuestra representacion,
quando se vieron obligados á concedernosla,
nos sometieron á una tarifa mezquina y
diminúta, y sugetaron á la voz pasiva de los Ayuntamientos,
degradados por el despotismo de los Gobernadores,
la forma de la eleccion: lo que era un insulto
á nuestra sencillez y buena fé, mas bien que una consideracion
á nuestra incontestable importancia politica.

Sordos siempre á los gritos de nuestra Justicia, han
procurado los Gobiernos de España, desacreditar todos
nuestros esfuerzos, declarando criminales, y sellando
con la infamia, el cadalso y la confiscacion,
todas las tentativas, que en diversas epocas, han hecho
algunos Americanos, para la felicidad de su pais,
como lo fue, la que ultimamente nos dictó la propia
seguridad, para no ser envueltos en el desorden, que
presentiamos, y conducidos á la horrorosa suerte, que
vamos ya à apartar de nosotros para siempre: con esta
atroz politica, han logrado hacer à nuestros hermanos,
insensibles à nuestras desgracias, armarlos contra nosotros,
borrar de ellos las dulces impresiones de la


12

amistad, y de la consanguinidad, y convertir eñ enemigos,
una parte de neustra gran familia.

Quando nosotros fieles à nuestras promesas, sacrificabamos
nuestra seguridad y dignidad civil, por no
abandonar les derechos que generosamente conservamos
à Fernando de Borbon, hemos visto, que à las relaciones
de la fuerza que le ligaban con el Emperador
de los Franceses, ha añadido los vinculos de sangre y
amistad, por los que hasta los Gobiernos de España,
han declarado ya su resolucion, de no reconocerle sino
condicionalmente.

En esta dolorosa alternativa hemos permanecido
tres años en una indecision y ambigüedad politica, tan
funesta y peligrosa, que ella sola bastaria à autorizar
la resolucion que la fê de nuestras promesas, y los
vinculos de la fraternidad, nos habian hecho diferir;
hasta que la necesidad nos ha obligado à ir mas allà
de lo que nos propusimos, impelidos por la conducta
hostil, y desnaturalizada de los Gobiernos de España,
que nos ha relevado del juramento condicional, con
que hemos sido llamados à la augusta representacion
que exercemos.

Mas nosotros que nos gloriamos de fundar nuestro
proceder en mejores principios, y que no queremos
establecer nuestra felicidad sobre la desgracia de
nuestros semejantes, miramos, y declaramos como
amigos nucstros, compañeros de nuestra suerte, y
participes de nuestra felicidad, à los que unidos con
nosotros por los vinculos de la sangre, la lengua, y la
religion, han sufrido los mismos males en el anterior


14

orden; siempre que reconociendo nuestra absoluta independencia
de el, y de toda otra denominacion extraña,
nos ayuden á sostenerla con su vida, su fortuna y su
opinion, declarandolos y reconociendolos, (como à
todas las demas Naciones) en guerra enemigos, y en
paz amigos, hermanos, y compatriotas.

En atencion á todas estas solidas, publicas, e incontesables
razones de politica, que tanto persuaden la
necesidad de recobrar la dignidad natural, que el
orden de los sucesos, nos ha restituido: en uso de los
imprescriptibles derechos que tienen los Pueblos, para
destruir todo pacto, convenio ó asociacion que no
llena los fines para que fueron instituidos los Gobiernos,
creemos que no podemos ni debemos conservar
los lazos que nos ligaban al Gobierno de Eepaña, y
que como todos los Pueblos del mundo, estamos
libres y autorizados, para no depender de otra autoridad
que la nuestra, y tomar entre las Potencias de la
tierra, el puesto igual que el SER SUPREMO, y
la naturaleza nos asignan, y á que nos llama la
sucesion de los acontecimientos humanos, y nuestro
propio bien y utilidad.

Sin embargo de que conocemos las dificultades que
trae consigo, y las obligaciones que nos impone el
rango que vamos a ocupar en el orden politico del
mundo, y la influencia poderosa de las formas y
habitudes à que hemos estado, á nuestro pesar,
acostumbrados; tambien conocemos que la vergonzosa
sumision á ellas, quando podemos sacudirlas, seria
mas ignominioso para nosotros, y mas funesto para


16

nuestra posteridad, que nuestra larga y penosa servidnmbre,
y que es ya de nuestro indispensable deber
proveer ànuestra conservacion, seguridad, y felicidad,
variando esencialmente todas las formas de nuestra
anterior constitucion.

Por tanto, creyendo con todas estas razones satisfecho
el respeto que debemos à las opiniones del
genero humano, y à la dignidad de las demas Naciones,
en cuyo numero vamos à entrar, y con cuya comunicacion
y amistad contamos: nosotros los Representantes
de las Provincias unidas de Venezuela, poniendo
por testigo al Ser Supremo de la justicia de nuestro
proceder, y de la rectitud de nuestras intenciones;
implorando sus divinos y celestiales auxilios, y ratificandole,
en el momento en que nacemos à la dignidad,
que su providencia nos restituye el deseo de vivir, y
morir libres, creyendo y defendiendo la Santa Catolica,
y Apostolica Religion de Jesu-Christo: Nosotros,
pues à nombre y con la voluntad, y autoridad que
tenemos del virtuoso pueblo de Venè zuela, declaramos
solemnemente al mundo, que sus Provincias
unidas, son y deben ser, desde hoy de hecho y de
derecho Estados libres, Soberanos é independientes, y
que estan absueltos de toda submision y dependencia
de la corona de España, ó de los que se dicen, ó dixeren
apoderados ò representantes, y que como tal Estado
libre è independiente, tiene un pleno poder, para
darse la forma de Gobierno, que sea conforme à la
voluntad general de sus pueblos, declarar la guerra,
hacer la paz, formar alianzas, arreglar tratados de


18

comercio, limite y navegacion, hacer y executar todos
los demas actos que hacen y executan las Naciones
libres, é independientes. Y para hacer valida, firme
y subsistente esta nuestra solemne declaracion, damos
y empeñamos mutuamente unas Provincias á otras,
nuestras vidas, nuestras fortunas, y el sagrado de
nuestro honor nacional. Dada en el Palacio Federal
y de Caracas, firmada de nuestra mano, sellada
con el gran sello Provisional de la confederacion,
refrendada por el Secretario del Congreso, á cinco
dias del mes de Julio del año de mil ochocientos once,
el primero de nuestra independencia.—Por la
Provincia de Caracas.—Ysidoro Antonio Lopez
Mendez, Diputado de la Ciudad de Caracas.—Juan
German Roscio, por el partido de la Villa de Calabozo.
—Felipe Fermin Paul, por el partido de San
Sebastian.—Francisco Xavier Uztariz, por el partido
de San Sebastian—Nicolas de Castro, Diputado de
Caracas.—Juan Antonio Rodriguez Dominguez,
Presidente, Diputado de Nutrias en Barinas.—Luis
Ygnacio Mendoza, Vice Presidente, Diputado de
Obispos en Barinas.—Fernando de Peñalver, Diputado
de Valencia.—Gabriel Perez de Pagola, Diputado
de Ospino.—Salvador Delgado, Diputado
de Nirgua.—El Marques del Toro, Diputado de la
Ciudad del Tocuyo.—Juan Antonio Diaz Argote,
Diputado de la Villa de Cura.—Gabriel de Ponte,
Diputado de Caracas.—Juan José Maya, Diputado
de San Felipe.—Luis José de Cazorla, Diputado de
Valencia.—Dr. José Vicente Unda, Diputado de

20

Guanare.—Francisco Xavier Yanes, Diputado de
Araure.—Fernando Toro, Diputado de Caracas.—
Martin Tovar Ponte, Diputado de San Sebastian.—
Juan Toro, Diputado de Valencia.—José Angel de
Alamo, Diputado de Barquisimeto.—Francisco Hernandez,
Diputado de San Carlos.—Lino de Clemente,
Diputado de Caracas.—Por la Provincia de Cumaná,
Francisco Xavier de Mayz, Diputado de la Capital.
—José Gabriel de Alcalá, Diputado de idem.—Juan
Bermudez, Diputado del Sur.—Mariano de la Cova,
Diputado del Norte.—Por la de Barcelona—Francisco
Miranda, Diputado del Pao.—Francisco Policarpo
Ortiz, Diputado de San Diego.—Por la de Barinas.
—Juan Nepomuceno de Quintana, Diputado de
Achaguas.—Ygnacio Fernandez, Diputado de la
Capital de Barinas.—Ygnacio Ramon Briceño, representante
de Pedraza.—José de Sata y Bussy, Diputado
de San Fernando de Apure.—José Luis Cabrera,
Diputado de Guanarito.—Ramon Ygnacio Mendez,
Diputado de Guasdualito.—Manual Palacio, Diputado
de Mijagual.—Por la de Margarita.—Manual
Placido Maneyro.—Por la de Merida.—Antonio
Nicholas Briceño, Diputado de Merida.—Manuel
Vicente de Maya, Diputado de la Grita.—Por la de
Truxillo. Juan Pablo Pacheco—Por la Villa de
Aragua Provincia de Barcelona.—José Maria Ramirez.
Refrendado: Hay un sello. Francisco Isnardy,
Secretario.


22

Decreto del Supremo Poder Executivo.

Por la Confederacion de Venezuela, el Poder
Executivo ordena que la Acta antecedente sea Publicada,
Executada, y Autorizada con el Sello del
Estado y Confederacion.

CRISTOVAL DE MENDOZA, Presidente en turno.
JUAN DE ESCALONA.
BALTAZAR PADRON.
MIGUEL JOSE SANZ, Secretario de Estado.
CARLOS MACHADO, Chanciller Mayor.
JOSE TOMAS SANTANA, Secretario de Decretors.
Aqui el Sello.


ARTICULOS,
COMPREHENDIDOS EN LA
Declaracion de la Sesion Legislativa
DE 1° DE JULIO, DE 1811,
SANCIONADA Y PUBLICADA.

ART. XXV.

TODOS los extrangeros de qualquiera nacion,
serán recibidos en la Provincia de Caracas.

XXVI.

LAS personas y las propiedades de los extrangeros,
gozarán de la misma seguridad que las de los demas
ciudadanos, con tal que reconozcan la Soberanía é
independencia, y respeten la Religion Cathólica,
única en este pais.

XXVII.

LOS extrangeros que residan en la Provincia de
Caracas, habiendose naturalizado, y siendo propietarios
gozarán de todos los derechos de ciudadanos.


26

ADVERTENCIA.

LA inmensidad de terrenos que hay en la Provincia
de Caracas: la abundancia de aguas perennes que los
fertilizan: la diversidad de frutos y su preciosidad,
ofrecen al hombre laborioso las mas grandes utilidades
en la agricultura. La situacion geografica de una
grande extension de costas al frente de las Antillas y
demas Islas, y el gran consumo de los Estados de
Venezuela, confederados con los de Cundinamarca ò
Santa Fé, franquean y facilitan su comercio, haciendole
el mas ventajoso del Universo. El carácter de
los habitantes inclinados á la paz: la suavidad de sus
costumbres: la urbanidad de su trato: el afecto que
profesan á los extrangeros: y últimamente la benignidad
del clima, y una perpetua primavera, convidan
al hombre á fixarse en la Provincia de Caracas como
agricultor, artesano ó comerciante. El Gobierno
interesado en proteger á todos, dará tierras al que
quiera cultivarlas, y asegurará en sus respectivas profesiones
á los que se dediquen al comercio, á la industria
y á las artes. Solo perseguirá y expulsará á
los genios turbulentos y ociosos que ponen su conato
en turbar la tranquilidad y sosiego de los que trabajan
y viven ocupados. El hombre laborioso y pacífico,
obtiene en Venezuela toda la proteccion del Gobierno,
y la estimacion del Pueblo.


28

Ademas se advierte que aunque el comercio de
negros está prohibido en Venezuela, no comprehende
la prohibicion à los extrangeros que vengan con sus
esclavos à establecerse con ellos, precisamente destinados
à la agricultura, ó dedicados à algun arte ó
profession útil y ventajosa al Estado.

Miguel Jose Sanz,
SEC°. DE ESTADO.


MANIFIESTO
QUÆ HACE AL MUNDO
LA CONFEDERACION DE VENEZUELA,
EN LA AMERICA MERIDIONAL,

De las razones en que ha fundado su Absoluta Independencia
de la España, y de qualquiera otra
denominacion extrangera.

Formado, y mandado publicar por acuerdo del Congreso
General de sus Provincias-Unidas

Nunc quid agenum sit considerate

LA América condenada por mas de tres siglos á
no tener otra exîstencia que la de servir á aumentar
la preponderancia politica de la España, sin la menor
influencia ni participacion en su grandeza, hubiera
llegado por el órden de unos sucesos en que no ha
tenido otra parte que el sufrimiento, á ser el garante
y la victima del desórden, corrupcion y conquista
que ha desorganizado á la nacion conquistadora, si
el instinto de la propia seguridad no hubiese dictado


32

á los Americanos, que habia llegado el momento de
obrar, para coger el fruto de trescientos años de inaccion,
y de paciencia

Si el descubrimiento del nuevo mundo fué uno
de los acontecimientos mas interesantes á la especie
humana, no lo será menos la regeneracion de este
mismo mundo degradado desde entónces por la opresion
y la servidumbre. La América levantandose
del polvo y las cadenas, y sin pasar por las gradaciones
politicas de las Naciones, va á conquistar por su
turno al antiguo mundo, sin inundarlo, esclavizarlo,
ni embrutecerlo. La revolucion mas útil al género
humano, será la de la América, quando constituida y
gobernada por sí misma, abra los brazos para recibir
á los pueblos de la Europa, hollados por la politica,
ahuyentados por la guerra, y acosados por el furor
de todas las pasiones; sedientos entónces de paz y de
tranquilidad, atravesarán el oceano los habitantes del
otro hemisferio, sin la ferocidad ni la perfidia de los
heroes del siglo 16: como amigos, y no como tiranos:
como menesterosos, y no como señores: no para
destruir, sino para edificar: no como tigres, sino
como hombres que horrorizados de nuestras antiguas
desgracias, y enseñados con las suyas, no convertirán
su razon en un instinto malefico, ni querrán que
nuestros anales sean ya los anales de la sangre y la
perversidad. Entonces la navegacion, la geografia,
la astronomia, la industria y el comercio, perfeccionados
por el descubrimento de la América, para su mal,
se convertirán en otros tantos medios de acelerar, consolidar,


34

y perfeccionar la felicidad de ambos mundos.

No es este un sueño agradable, sinó un homenage
que hace la razon á la Providencia. Escrito estaba
en sus inefables designios que no debia gemir la
mitad de la especie humana baxo la tirania de la otra
mitad, ni habia de llegar el dia del ultimo juicio, sin
que una parte de sus criaturas gozáse de todos sus
derechos. Todo preparaba esta època de felicidad y
de consuelo. En Europa, el choque y la fermentacion
de las opiniones, el trastorno y desprecio de las leyes,
la profanacion de los derechos que ligaban el Estado,
el luxo de las Cortes, la miseria de los campos, el
abandono de los talleres, el triunfo del vicio, y la
opresion de la virtud: en Amèrica, el aumento de la
poblacion, las nccessidades creadas fuera de ella, el
desarollo de la Agricultura en un suelo nuevo y vigoroso,
el gérmen de la industria baxo un clima benéfico,
los elementos de las ciencias en una organazion
privilegiada, la disposicion para un comercio rico y
prospero, y la robustez de una adolescencia politica,
todo, todo aceleraba los progresos del mal en un
mundo, y los progresos del bien en el otro.

Tal era la ventajosa alternativa que la América esclava
presentaba al traves del océano à su Señora la
España, quando agoviada por el peso de todos los
males, y minada por todos los principios destructores
de las sociedades, le pedia que la quitase las cadenas
para poder volar à su socorro. Triunfaron, por desgracia,


36

las preocupationes: el genio del mal y del
desórden se apoderó de los gobiernos: el orgullo resentido
occupó el lugar del cálculo y de la prudencia:
la ambicion triunfó de la liberalidad: y substituyendo
el dolo y la perfidia à la generosidad y la buena fé,
se volvieron contra nosotros las armas de que usamos,
quando impelidos de nuestra fidelidad y sencillez
enseñamos a la España el camino de resistir y triunfar
de sus enemigos, baxo las banderas de un Rey presuntivo,
inhábil para reynar, y sin otros derechos que sus
desgracias y la generosa compasion de sus pueblos.

Venezuela fué la primcra que juró à la España los
auxilios generosos que ella creia homenage necesario:
Venezuela fué la primera que derramó en su affliccion
el bálsamo consolador de la amistad y la fraternidad
sobre sus heridas: Venezuela fué la primera
que conoció los desórdenes que amenazaban la destruccion
de la España: fué la primera que proveyó á su
propia conservacion, sin romper los vinculos que la
ligaban con ella: fué la primera que sintió los
efectos de su ambiciosa ingratitud: fué la primera
hostilizada por sus hermanos; y va à ser la
primera que recobre su independencia y dignidad civil
en el nuevo mundo. Para justificar esta medida de
necesidad y de justicia, cree de su deber presentar al
Universo las razones que se la han dictado, para no
comprometer su decoro y sus principios, quando va á
ocupar el alto rango que la Providencia le restituye.


38

Quantos sepan nuestra resolucion, saben tambien
qual ha sido nuestra suerte ántes del trastorno que disolvió
nuestros pactos con la España, aun quando
ellos hubiesen sido legítimos y equitativos. Super
fluo es presentar á la Europa imparcial, las desgracias
y vexaciones que ella misma ha lamentado quando
no nos era permitido á nosotros hacerlo: ni hay
tampoco para que inculcarle la injusticia de nuestra
dependencia y degradacion quando todas las naciones
han mirado como un insulto á la equidad politica, el
que la España despoblada, corrompida y sumergida
en la inaccion y la pereza por un gobierno despótico,
tubiese usurpados exclusivamente á la industria y actividad
del Continente, los preciosos é incalculables
recnrsos de un mundo constituido en el feudo y monopolio
de una pequeña porcion del otro.

Los intereses de la Europa no pueden estar en contraposicion
con la libertad de la quarta parte del
mundo que se descubre ahora á la felicidad de las
otras tres; solo una Peninsula Meridional puede oponer
los intereses de su Gobierno á los de su nacion,
paro amotinar el antiguo hemisferio contra el nuevo,
ya que se vé en la impotencia de oprimirlo por mas
tiempo. Contra estos conatos, mas funestos á nuestro
decoro que á nuestra prosperidad, es, que vamos á
oponer las razones que desde el 15 de Julio de 1808
han arrancado de nosotros las resoluciones del 19 de
Abril de 1810, y 5 de Julio de 1811, cuyas tres épocas
formarán el primer periódo de los fastos de Venezuela


40

regenerada, quando el buril imparcial de la
historia traze las primeras lineas de la existencia politica
de la America del Sur.

Esparcidas en nuestros manifiestos y nuestros papeles
publicos casi todas las razones de nuestra resolucion,
todos nuestros designios, y todos los justos y
decorosos medios que hemos empleado para realizaros,
parecia que debia bastar la comparacion exâcta
imparcial de nuestra conducta con la de los gobiernos
de España en estos últimos tiempos; para justificar,
no solo nuestra moderacion, no solo nuestras
medidas de seguridad, no solo nuestra independencia,
sinó hasta la declaracion de una enemistad
irreconciliable con los que directa, ó indirectamente,
hubiesen contribuido al desnaturalizado
sistema adoptado contra nosotros. Nada tendriamos,
á la verdad, que hacer, si la buena fé fúese
el movil del partido de la opresion contra la libertad;
pero por ultima analisis de nuestras desgracias,
no podemos salir de la condicion de siervos,
sin pasar por la calumniosa nota de ingratos, rebeldes
y desagradecidos. Oigan, pues, y juzguen
los que no hayan tenido parte en nuestras desgracias,
ni quièran tenerla ahora en nuestras disputas,
para aumentar la parcialidad de nuestros enemigos;
y no pierdan de vista el acta solemne de nuestra
justa, necesaria y modesta emancipacion.

Caracas supo las escandalosas escenas del Escorial
y Aranjuez, quando ya presentia quales éran sus derechos,
y el estado en que los ponian aquellos grandes


42

sucesos; pero el hábito de obedecer por una parte, la
apatia que infunde el despotismo por otra, y la fidelidad
y buena fé por último, fueron superiores à toda
combinacion por el momento; y ni aun despues que
presentados en esta Capital los despachos del Lugarteniente
Murat, vacilaron las autoridades sobre su
aceptacion, ni fué capaz el Pueblo de Caracas de pensar
en otra cosa que en ser fiel, conseqüente y generoso,
sin preveer los males à que iba á exponerlo esta noble
y bizarra conducta. Sin otro cálculo que el honor,
rehusó Venezuela seguir la voz de los mismos Próceres
de España, quando los unos apoyando las órdenes
del Lugar-teniente del Reyno, exîgian de nosotros
el reconocimiento del nuevo Rey; y los otros,
declarando y publicando, que la España habia empezado
á exîstir de nuevo desde el abandono de sus autoridades,
desde las cesiones de los Borbones é introduccion
de otra dinastía, recobraban su absoluta independencia
y libertad, y daban este exemplo á las
Américas para que ellas recuperasen los mismos derechos
que alli se proclamaban;* mas luego que
el primer paso que dimos á nuestra seguridad, advirtió
á la Junta Central que habia èn nosotros algo mas
que hábitos y preocupaciones, se empezó á variar el
lenguage de la liberalidad y la franqueza: adoptó la

44

perfidia el talisman de Fernando, inventado por la
buena fé: se sofocó, aunque con maña y suavidad, el
proyecto sencillo y legal de Caracas, para imitar la
conducta representiva de los gobiernos de España:* y se empezó á entablar un nuevo género de despotismo,
baxo el nombre facticio de un Rey reconocido
por generosidad, y destinado á nuestro mal y desastre,
por los que usurpaban la Soberania.

Nuevos Gobernadores y Jueces imbuidos del nuevo
sistema proyectado contra la América, decididos à
sostenerlo á costa nuestra, y prevenidos de instrucciones
para el último resultado de la politica del otro
hemisferio, fueron las consequencias de la sorpresa
que causó á la Junta Central nuestra inaudita é inesperada
generosidad. La abigüedad, la asechanza y la
concusion, fueron todos los resortes de sn caduca y
perecedera administracion: como veian tan expuesto su
Imperio, parecia que querian ganar en un dia, lo que
habia enriquecido á sus antecesores en muchos años:
y como su autoridad estaba respaldada por la de sus
comitentes, de nada trataban mas que de sosenerse
unos á otros, á la sombra de nuestra ilusion y
buena fé. Ninguna ley contraria á estos planes era


46

ya válida y substitente; y todo arbitrio que favorecièse
el nuevo órden de francmazoneria política, habia
de tener fuerza de ley, por mas opuesto que fuese á los
principios de justicia y équidad. Despues de declarar
el Capitain General Emparan á la Audiencia, que no
habia en Caracas otra ley ni otra voluntad que la suya,
bien manifiesta en varios excesos y violencias, tales como
colocar en la plaza de Oydor al Fiscal de lo civil y
criminal: sorprehender y abrir los pliegos que dirigia
D. Pedro Gonzales Ortega á la Junta Central: arrojar
á éste empleado, al Capitan D. Francisco Rodriguez, y
al Asesor del Consulado D. Miguél Jozé Sanz, fuera
de estas Provincias, confinados á Cadiz y Puerto Rico:
encadenar y condenar al trabajo de obras públicas,
sin forma ni figura de juicio, una muchedumbre de
hombres buenos arrancados de sus hogáres con el pretexto
de vagos: revocar y suspender las determinaciones
de la Andiencia, quando no eran conformes á
su capricho y arbitrariedad: despues de haber hecho
nombrar un Síndico contra la voluntad del Ayuntamiento:
despues de haber hecho recibir á su Asesor
sin títulos ni autoridad: despues de sostener á todo
trance su ignorancia y su orgullo: despues de mil
disputas escandalosas con la Audiencia y el Ayuntamiento:
despues de reconcilíarse, al fin con estos
despotas todos los togados para hacerse mas impunes

48

inexpugnables contra nosotros, se convinieron en
organizar y llevar á cabo el proyecto, á la sombra
de la falacia, del espionage, y la ambigüedad.*

Baxo estos auspicios, se ócultaban las derrotas
y desgracias de las armas en España: se forjaban y
divulgaban triunfos pomposos é imaginarios contra
los Franceses en la Peninsula, y en el Danubio: se
hacian iluminar las calles: quemar la pólvora: tocar
las campanas: y prostituir la Religion, cantando Te
Deum
y acciones de gracias, como para insultar la
Providencia en la perpetuidad de nuestros males. Para
no dexarnos tiempo de analizar nuestra suerte, ni de
descubrir los lazos que se nos tendian, se figuraban
conspiraciones, se inventaban partidos y facciones, se
calumniaba á todo el que no se prestaba á iniciarse en
los misterios de la perfidia, se inventaban esquadras y
emisarios Franceses en nuestros mares y nuestro seno,
se limitaban y constreñian nuestras relaciones con las
Colonias vecinas, se ponian travas á nuestro comercio;
todo con el fin de tenernos en una continua agitacion,
para que no fixàsemos la atencion en nuestros verdaderos
intereses.


50

Alarmado ya nuestro sufrimiento, y despierta nuestra
vigilancia, empezamas á desconfiar de los Gobiernos
de España y sus agentes: al traves de sus intrigas
y maquinaciones, descubriamos todo el horroroso por
venir que nos amenazaba: el genio de la verdad elevado
sobre la densa atmosfera de la opresion y la
calumnia, nos señalaba con el dedo de la imparcialidad
la verdadera suerte de la Peninsula, el desórden
de su gobierno, la energía de sus habitantes, el formidable
poder de sus enemigos, y la ninguna esperanza
de su salvacion. Encerrados en nuestras casas, rodeados
de espías, amenazados de infamia y deportacion,
apenas podíamos lamentar nuestra situacion, ni hacer
otra cosa que murmurar en secreto contra nuestros
vigilantes y astutos enemigos. La consonancia de
nuestros suspiros, exhalados en la amargura y la
opresion, uniformó nuestros sentimientos, y reunió
nuestras opiniones: encerrados en las quatro paredes
de su casa, é incomunicados entre sí, apenas huvo un
ciudadano de Caracas que no pensase que habia
llegado el momento de ser libre para siempre, ó de
sancionar irrevocablemente una nueva y horrorosa
servidumbre.

Todos empezaron á descubrir la nulidad delos actos
de Bayona, la invalidacion de los derechos de Fernando,
y de todos los Borbones que concurrieron à aquellas
ilegítimas estipulaciones: la ignominia con que habian


52

entregado como esclavos á los que los habian colocado
en el trono contra las pretensiones de la Casa de
Austria: la connivencia de los intrusos mandatarios
de España, à los planes de la nueva dinastía: la suerte
que estos planes preparaban á la América: y la
necesidad de tomar un partido que pusiese á cubierto
al Nuevo Mundo de los males que le acarreaba el
estado de sus relaciones con el antiguo. Veian sumirse
sus tesoros en la sima insondable del desórden de la
Peninsula: lloraban la sangre de los Américanos,
mezclada en la lid con la de los enemigos de la América,
para sostener la esclavitud de su Patria: penetraban,
apesar de la vigilancia de los tiranos, hasta la
misma España; y nada veian mas que desórden, corrupcion,
facciones, derrotas, infortunios, traiciones,
exercitos dispersos, provincias ocupadas, falanges
enemigas, y un gobierno imbecil y tumultuario, formado
de tan raros elementos.

Tal era la impresion uniforme y general que advertian
en el rostro de todos los Venezolanos los
agentes de la opresion, destacados á sostener á toda
costa la infame causa de sus constituyentes: cada
palabra producia una proscripcion: cada discurso
costaba una deportacion á su autor: y cada esfuerzo
ó tentativa para hacer en América lo mismo que en
España, sino hacia derramar la sangre de los Américanos,
era, sin duda, una causa suficiente para la


54

ruina, infamia, y desolacion de muchas familias.*
Tan errado cálculo no pudo ménos que multiplicar,
los choques, aumentar con ellos la reaccion popular,
preparar el combustible, y disponerlo con la menor
chispa á un incendio que consumiése y borrase hasta
los vestigios de tan dura y penosa condicion. La
España menesterosa y desolada, pendiente su suerte
de la generosidad Américana, y casi en el momento
de ser borrada del catálago de las naciones, parecia
que, trasladada al siglo 16 y 17, empezaba á conquistar
de nuevo á la América con armas mas terribles
que el hierro y el plomo: cada dia se señalaba por
una nueva prueba de la suerte que nos amenazaba;
colocados en la horrorosa disyuntiva de ser vendidos á
una nacion extraña, ó tener que gemir para siempre
en una nueva é irrevocable servidumbre, solo aguardabamos
el momento felíz que diese impulso a nuestra
opinion, y reuniese nuestras fuerzas para expresarla
y sostenerla.

Entre los ayes y las imprecaciones de la exâsperacion
general, resonó en nuestros oidos, la irrupcion
de los Franceses en las Andalucias, la disolucion de
la Junta Central, à impulsos de la execracion pública,
y la abortiva institucion de otro nuevo Proteo-Gubernativo,
baxo el nombre de Regencia. Anunciabase
ésta con ideas mas liberales; y presintiendo


56

ya los esfuerzos de los Américanos para hacer valer
los vicios y nulidades de tan raro Gobierno, procuraron
reforzar la ilusion con promesas brillantes, teorias
estériles de reformas, y anuncios de que ya no estaba
nuestra suerte en las manos de los Virreyes, de los
Ministros, ni de los Gobernadores; al mismo tiempo
que todos estos agentes recibian las mas estrechas
órdenes para velar sobre nuestra conducta, sobre
nuestras opiniones, y no permitir que estas saliesen de
la esfera trazada por la eloqüencia que doraba los
hierros preparados en la capciosa y amañada carta de
emancipacion.

En qualquiera otra época hubiera esta deslumbrado
á los Americanos; pero ya habia trabajado demasiado
la Junta de Sevilla y la Central, á favor de nuestro
desengaño, y lo que se combinó, meditó, y pulió para
conquistarnos de nuevo con frases é hiperboles, sirvió
solo para redoblar nuestra vigilancia, reunir nuestras
opiniones y formar una firme é incontrastable resolucion
de perecer ántes que ser por mas tiempo víctimas
de la cábala y la perfidia. El dia en que la Religion
celebra los mas augustos misterios de la redencion del
género humano, era el que tenia señalado la Providencia
para dar principio à la redencion politica de la
América. El Jueves Santo, 19 de Abril, se desplomó
en Venezuela el coloso del despotismo, se proclamó
el imperio de las ley s y se expulsaron los tiranos con


58

toda la felicidad, moderacion y tranquilidad que ellos
mismos han confesado, y ha llenado de admiracion y
afecto hácia nosotros á todo el mundo imparcial.

Quien no hubiera creido que un Pueblo que logra
recrobar sus derechos, y librarse de sus opresores, no
hubiera en su furor salvado quantas barreras podian
ponerlo directa, ó indirectamente, al alcance de la influencia
de los Gobiernos que habian hasta entónces
sostenido su desgracia y opresion? Venezuela fiel á sus
promesas, no hace mas que asegurar su suerte para
cumplirlas; y si con una mano firme y generosa deponia
á los agentes de su miseria y su esclavitud, colocaba
con la otra el nombre de Fernando VII á la
frente de su nuevo gobierno, juraba conservar sus
derechos, prometia reconocer la unidad é integridad
política de la Nacion Española, abrazaba á sus hermanos
de Europa, les ofrecia un asilo en sus infortunios
y calamidades, detestaba á los enemigos del
nombre Español, procuraba la alianza generosa de la
Nacion Inglesa, y se prestaba á tomar parte en la
felicidad y en la desgracia de la nacion de quien pudo
y debió separarse para siempre.

Mas no era esto lo que exîgia de nosotros la Regencia.
Quando nos declaraba libres en la teoria de
sus planes, nos sujetaba en la práctica á una representacion
diminuta é insignificante, creyendo que á quien
nada se le debia, estaba en el caso de contentarse con
lo que le dièsen sus señores. Baxo tan liberal cálculo,


60

queria la Regencia mantener nuestra ilusion, y
pagarnos en discursos, promesas é inscripciones,
nuestra larga servidumbre, y la sangre y los tesoros
que derramabamos en España. Bien conociamos
nosotros lo poco que debiamos esperar de la política
de los intrusos apoderados de Fernando: no ignorabamos,
que si no debiamos depender de los Virreyes,
Ministros y Gobernadores, con mayor razon no podiamos
estar sujetos á un Rey cautivo y sin derechos
ni autoridad, ni á un gobierno nulo é ilegítimo, ni
á una nacion incapaz de tener derecho sobre otra, ni
á un angulo peninsular de la Europa, ocupado casi
todo por una fuerza extraña; pero queriendo conquistar
nuestra libertad á fuerza de generosidad, de
moderacion, y de civismo, reconocimos los imaginarios
derechos del hijo de Maria Luisa, respetamos la desgracia
de la Nacion, y dando parte de nuestra resolucion
á la misma Regencia que desconociamos, le
ofrecimos no separarnos de la España siempre que
hubiese en ella un gobierno legal, establecido por la
voluntad de la Nacion, y en el que tuviese la América
la parte que le da la justicia, la necesidad, y la importancia
política de su territorio.

Si los trescientos años de nuestra anterior servidumbre,
no hubieran bastado para autorizar nuestra emancipacion,
habria sobrada causa en la conducta de los
gobiernos que se arrogaron la Soberanía de una
nacion conquistada, que jamas pudo tener la menor
propriedad en la América, declarada parte integrante


62

de ella; quando se quiso envolverla en la conquista.
Si los Gobernantes de España hubiesen estado pagados
por sus enemigos, no babrian podido hacer mas
contra la felicidad de la nacion vinculada en su extrecha
union y buena correspodencia con la América.
Con el mayor desprecio á nuestra importancia, y á
la justicia de nuestros reclamos, quando no pudieron
negarnos una apariencia de representacion, la sugetaron
á la influencia despótica de sus Agentes sobre los
Ayuntamientos, á quienes se cometió la eleccion; y
al paso que en España se concedia hasta á las Provincias
ocupadas por los Franceses, y á las Islas Canarias
y Baleares un Representante á cada 50 mil almas, elégido
libremente por el Pueblo, apenas bastaba en América
un millon para tener derecho á un representante,
nombrado por el Virrey ó Capitan General baxo la
firma del Ayuntamiento.

Mientras que nosotros fuertes con el testimonio de
nuestra justicia, y con la moderacion de nuestro proceder,
esperabamos que si no triunfaban las razones
que alegamos á la Regencia para demostrarle la necesidad
de nuestra resolucion; se respetarian, al ménos,
las generosas disposiciones con que nos prestabamos á
no ser enemigos de nuestros oprimidos y desgraciados
hermanos; quiso el nuevo gobierno de Caracas no
limitar estas disposiciones á estériles raciocinios, y el
mundo despreocupado é imparcial, conocerá que
Venezuela ha consumido todo el tiempo que ha pasado,
desde el 19 de Abril de 1810, hasta el 5 de Julio de


64

1811, en una amarga y penosa alternativa de ingratitudes,
insultos y hostilidades, por parte de la España,
y de generosidad, moderacion y sufrimiento, por la
nuestra. Esta época es la mas interesante de la historia
de nuestra revolucion, como que sus acaecimientos
ofrecen un contraste tan favorable á nuestra causa,
que no ha podido ménos que ganarnos el imparcial
juicio de las naciones que no tienen un interes en desacreditar
nuestros esfuerzos.

Antes de las resultas de nuestra transformacion
política, llegaban cada dia à nuestras manos nuevos
motivos para hacer, por cada uno de ellos, lo que hicimos
despues de tres siglos de miseria y degradacion.
En todos los Buques que llegaban de España, venian
nuevos agentes à reforzar con nuevas instrucciones á
los que sostenian la causa de la ambicion y la perfidia:
con el mismo objeto se negaba el permiso de regresar
á España á los militares y demas empleados Europeos;
aunque lo pidiesen para hacer la guerra contra los
Franceses: se expedian órdenes* para que socolor de
no atender sino á la guerra, se embruteciése mas la
España y la América, se cerrasen las escuelas, no se
habláse de derechos ni premios, ni se hiciése mas que
enviar à España dinero, hombres Américanos,
viveres, frutos preciosos, sumision y obediencia.

Las gazetas no hablaban mas que de triunfos, victorias,
donativos, y reconocimientos arrancados por


66

el despotismo en los Pueblos que no sabian aun nuestra
resolucion; y baxo las mas severas conminaciones
se restablecia la inquisicion política con todos sus horrores,
contra los que leyesen, tubiésen ó recibiésen
otros papeles, no solo estrangeros, sino aun Españoles
que no fuesen de la fabrica de la Regencia.* Contra
las mismas órdenes expedidas de antemano para alucinar
la América, se salvaban todos los tramites en las
consultas para empleados ultramarinos, cuyo mérito
consistia solo en haber jurado sostener el sistema tramado
por los Regentes: con el último escandalo y
descaro se declaró nula condenó al fuego, y se proscribieron
los autores y promovedores de una órden
que favorecia nuestro comercio y alentaba nuestra
agricultura; al paso que se nos exîgian auxîlios de
todas clases, sin producir la menor cuenta de su destino
é inversion: en desprecio de la fé pública se mandaron
abrir sin excepcion alguna todas las corresponcias
de estos paises, atentado desconocido hasta en el
despotismo de Godoy, y adoptado solo para hacer
mas tiranico el espionage contra la America. En una
palabra, empezaban á realizarse practicamente los
planes trazados para perpetuar nuestra servidumbre.

Entre tanto Venezuela, libre y señora de sí misma,
en nada pensaba ménos que en imitar la detestable
conducta de la Regencia y sus agentes: contenta con


68

haber asegurado su suerte contra la ambicion de un
Gobierno intruso é ilegitimo, y ponerla á cubierto de
unos planes demasiado complicados y tenebrosos, no
hacia mas que acreditar con hechos positivos sus deseos
de paz, amistad, correspondencia y cooperacion
con sus hermanos de Europa Quantos se hallavan
entre nosotros fueron mirados como tales, y los dos
tercios de los empleos politicos, civiles y militares de
alta y mediana gerarquia quedaron ó se pusieron en
manos de los Europeos, sin otra precaucion que una
franqueza y buena fé harto funesta à nuestros intereses:
nuestras caxas se abrieron generosamente para
auxîliar con luxo, y transportar comoda y profusamente
á nuestros tiranos: los Comandantes de los
Correos Carmen, Fortuna y Araucana, fueron acogidos
en nuestros puertos, y auxîliados con nuestros
caudales para seguir y concluir sus respectivas comisiones:
y aun los desacatos y delitos del de la Fortuna
se sometieron al juicio del Gobierno Español.
Aunque la Junta Gubernativa de Caracas presentó
las razones de precaucion que la obligaban á no aventurar
á la voracidad del Gobierno los fondos públicos
que pudieran servir al socorro de la nacion, exhortó
y dexó expédita la generosidad de los pueblos para
que usasen de sus caudales conforme á los impulsos
de su sensibilidad públicando en sus Gazetas el plañidero
manifiesto con que la Regencia pintaba moribunda
á la nacion para pedir auxilio; al paso que la
hacia parecer vigorosa, organizada y triunfante en

70

los Periódicos destinados á alucinarnos: los Comisionados
de la Regencia para Quito, Santa Fé y el
Perú, fueron hospedados amistosamente, tratados como
amigos, y socorridos á su satisfaccion sus urgencias
pecuniarias. Pero gastamos mas bien el tiempo
en analizar la conducta tenebrosa y suspicaz de nuestros
enemigos, puesto que todos sus esfuerzos no han
sido bastantes para desnivelar la imperiosa y triunfante
impresion de la nuestra.

No eran solo los mandones de nuestro territorio los
que estaban autorizados para sostener la horrorosa
trama de sus constituyentes: era omnimoda y universal
la mision de todos los que inundaron la América
desde los funestos y ominosos reynados de las
Juntas de Sevilla, Central y Regencia, y con un
sistema de francmazoneria política baxo un pacto
machîavelico, estaban todos de acuerdo en substituirse,
reemplazarse y auxîliarse mutuamente en
los planes combinados contra la felicidad y exístencia
política del Nuevo Mundo. La Isla de Puerto Rico
se constituyó, desde luego, la guarida de todos los
agentes de la Regencia: el astillero de todas las expediciones:
el quartel general de todas las fuerzas
anti-Américanas: el taller de todas las imposturas,
calumnias, triunfos y amenazas de los Regentes: el
refugio de todos los malvados: y el surgidero de una
nueva compañia de Filibustiers, para que no faltase
ninguna de las calamidades del siglo 16 á la nueva


72

conquista de la América en el 19. Oprimidos los
Américanos de Puerto-Rico con las bayonetas, cañones,
grilletes y horcas, que rodeaban al Baxá Melendez
y sus satélites, tenian que añadir á sus males y
desgracias la dolorosa necesidad de contribuir á los
nuestros, Tal es la suerte de los Américanos condenados,
no solo á ser presidiarios, sino comitres
unos de otros.

Aun es mucho mas dura é insultante la conducta
que observa la España con la América, comparada
con la que aparece respecto de la Francia. Es bien
notorio que la nueva dinastia que resiste aun alguna
parte de la nacion, ha tenido partidarios muy decididos
en muchos de los que se miraban como sus Proceres
por su rango, empleos, luces, y conocimientos;*
pero todavia no se ha visto uno de los que tanto apetecen
la libertad, independencia, y regeneracion de la
Peninsula, que haya disculpado siquiera la conducta
de las Provincias Americanas, que adoptando los
mismos principios de fidelidad, é integridad nacional,
hayan querido conservarse á sí mismas independientes
de unos gobiernos intrusos, ilegitimos, imbeciles y
tumultuarios, como han sido todos los que se han
Hamado hasta ahora apoderados del Rey, ó Representantes
de la Nacion. Irrita ver tanta liberalidad,
tanto civismo, y tanto desprendimiento en las Cortes


74

con respecto á la España desorganizada, exhausta, y
casi conquistada; y tanta mezquindad, tanta suspicacia,
tanta preocupacion y tanto orgullo con la
América, pacifica, fiel, generosa, decidida á auxiliar
á sns hermanos, y la única que puede no dejar
ilusorios, en lo esencial, los planes teoricos y brillantes
que tanto valor dán el Congreso Español.
Quantas trayciones, entregas; asesinatos, perfidias,
y concusiones se han visto en la revolucion de España,
han pasado como desgracias inseparables de
las circunstancias; pero á ninguna de las Provincias
rendidas, ó contentas con la dominacion
Francesa, se le ha tratado como á Venezuela:
habrá sido su conducta analizada y caracterizada
conforme á las razones, motivos, y circunstancias que
la dictaron: se habrá juzgado esta conforme al derecho
de la guerra, y se habrá publicado el juicio de la
Nacion conforme á los datos que se hayan tenido presentes;
pero ninguna de ellas ha sido hasta ahora
declarada traydora, rebelde, y desnaturalizada como
Venezuela, y para ninguna de ellas se ha creado una
comision pública de amotinadores diplomaticos, para
armar Españoles contra Españoles, encender la guerra
civil, é incendiar todo lo que no se puede poseer
ó dilapidar á nombre de Fernando VII. La América
sola es la que está condenada á sufrir, la inaudíta
condicion de ser hostilizada, destruida, y esclavizada
con los mismos auxílios, que ella destinaba
para la libertad y felicidad comun de la Nacion, de

76

que se le hizo creer fué parte por algunos momentos.

Parece que la independencia de la América causa
mas furor á la España que la oppression estrangera
que la amenaza, al ver que contra ella se emplean con
preferencia recursos qun no han merecido aun las
Provincias que han aclamado al nuevo Rey. El talento
incendiaro y agitador de un Ministro del Consejo
de Indias, no podia tener mas digno empleo que
el de conquistar de nuevo á Venezuela con las armas
de los Alfingers, y Weslers* á nombre de un Rey
colocado en el trono, contra las pretensiones de la familia
del que arrendó estos paises a los Factores
Alemanes. Baxo este nombre se rompen contra nosotros
todos los diques de la iniquidad, y se renuevan
los horrores de la conquista, cuya memoria procuramos
borrar generosamente de nuesta posteridad: baxo
este nombre se nos trata con mas dureza que á los
mismos que lo han abandonado ántes que nosotros:
y baxo este nombre se quiere continuar el sistema de
dominacion Española en América, que ha sido un
fenomeno politíco, aun de los tiempos de la realidad,
energia, y vigor de la Monarquia Española. ¿Y
podra darse alguna ley que nos obligue a conservarle,
y sufrir á nombre suyo el torrente de amarguras que
descargan sobre nosotros los que se dicen sus apoderados
en la Peninsula? Por medio de ellos ha logrado
su nombre los tesoros, la obediencia y reconocimiento


78

de las Américas; por medio pues de su flagiciosa
conducta en el exercicio de sus poderes ha perdido el
nombre de Fernando toda consideracion entre nosotros,
y debe ser abandonado para siempre.*

No contento el tirano de Borriquen con hacerse
Soberano para declararnos la guerra, insultarnos y
calumniarnos en sus insubstanciales, rastreros y aduladores
periodicos: no satisfecho con haberse constituido
el carcelero gratuito de los Emisarios de paz y
confederacion, que le envió su compañero Miyares
desde el Castillo de Zapáras de Maracaybo, porque
trastornaban los planes que ya tenia recibidos y aceptados
de la Regencia y el nuevo Rey de España, en
cambio de la Capitanía General de Venezuela que
compró barata á los Regentes: no creyendo bien recompensados
tan relevantes méritos con el honor de
haber servido fielmente á sus Reyes; robó con la
última impudencia mas de cien mil pesos de los caudales
públicos de Caracas, que se habian embarcado en
la Fragata Fernando VII para comprar armamento
y ropa militar en Londres, baxo seguros de aquella
plaza; y para no dejar insulto por hacer, alegó que


80

el gobierno Español podria malversarlos, que la Inglaterra
podria apropriarselos desconociendo nuestra
resolucion, y que en ninguna parte debian ni podian
estar mas seguros que en sus manos, negociados por
medio de sus socios de comercio, como en efecto lo
fueron en Filadelfia, para dar cuentas del capital
quando conquistase Puerto Rico á Venezuela, se
rindiése esta á la Regencia, ó volviése Fernando VII
á reynar en España: tales parecen los plazos que se
impuso á si mismo el Gobernador de Puerto Rico
para dar cuenta de tan atroz y escandalosa depredacion;
pero no es esto solo lo que ha hecho este digno
agente de la Regencia en favor de los designios de sus
comitentes.

Aun apesar de tanto insulto, de tanto robo, y de
tanta ingratitud, permanecia Venezuela en su resolucion
de no variar los principios que se propuso por
norma de su conducta: el acto sublime de su representacion
nacional, se publicó á nombre de Fernando
VII: baxo su autoridad fantástica se sostenian todos
los actos de nuestro gobierno y administracion, que
ninguna necesidad tenia ya de otro orígen que el del
Pueblo que la habia constituido: por las leyes y los
codigos de la España, se juzgó una horrible y sanguinaria
conspiracion de los Europeos, y se infringieron
estas para perdonarles la vida, por no manchar
con la sangre de nuestros pérfidos hermanos, la filantropica


82

memoria de nuestra revolucion: baxo el nombre
de Fernando, é interponiendo los vinculos de la
fraternidad y la patria, se procuró ilustrar y reducir
á los mandones de Coro y Maracaybo, que tenian
separados perfidamente de nuestros intereses á nuestros
hermanos del Occidente: baxo los auspicios del interes
reciproco triunfamos de la opresion de Barcelona:
y baxo estos mismos reconquistarémos á Guayana
arrancada dos veces de nuestra confederacion, como
lo está Maracaybo, contra el veto general de sus
vecinos.

Parecia que ya no quedaba nada qne hacer para la
reconciliacion de la España, ó para la entera y absoluta
separacion de la América de un sistema de
generosidad tan ruinoso y funesto como despreciado y
mal correspondido; pero Venezuela quiso agotar
todos los medios que estuviesen á su alcance, para
que la justicia y la necesidad, no le dexasen otro partido
de salud que el de la independencia que debió
declarar desde el 19 de Abril de 1810. Despues de
haber remitido á la sensibilidad, y no á la venganza
las horrorosas escenas de Quito, Pore y la Paz: despues
de haberse visto apoyada nuestra causa, con la
uniformidad de sentimentos de Buenos Ayres, Santa
Fé, la Florida, Mexico, Guatemala y Chile; despues
de haber obtenido uua garantia indirecta por
parte de la Inglaterra: despues de lograr reunir á su
causa á Barcelona, Merida y Truxillo: despues de
oir alabar su conducta por los hombres imparciales de
la Europa: despues de ver triunfar sus principios


84

desde el Orinoco hasta el Magdalena, y desde el
Cabo Codera hasta los Andes, tiene que endurar nuevos
insultos, ántes que tomar el partido doloroso de
romper para siempre con sus hermanos.

Sin haber hecho Caracas otra cosa que imitar á
muchas Provincias de España, y usar de los mismos
derechos que habia declarado en favor de ella y de
toda la América, el Consejo de Regencia: sin haber
tenido en esta conducta otros designios que los que le
inspiraba la suprema ley de la necesidad para no ser
envueltos en una suerte desconosida, y relevar á los
Regentes del trabajo de atender al gobierno de paises
tan extensos como remotos, quando ellos protestaban
no atender sino á la guerra: sin haber roto la unidad
é integridad política con la España: sin haber desconocido,
como podia y debia, los caducos derechos
de Fernando; lexos de aplaudir por conveniencia,
ya que no por generosidad, tan justa, necesaria y
modesta resolucion; y sin dignarse contestar siquiera,
ó sometar al juicio de la nacion nuestras quexas y reclamaciones,
se la declara en estado de guerra, se
anuncia á sus habitantes como rebeldes, y desnaturalizados:
se corta toda comunicacion con sus hermanos:
se priva de nuestro comercio á la Inglaterra: se
aprueba los excesos de Melendez, y se le autoriza
para cometer quanto le sugiriese la malignidad de
corazon, por mas opuesto que fuese á la razon y justicia,
como lo demuestra la órden de 4 de Septiembre de
1810, desconocida por su monstruosidad aun entre los
despótas de Constantinopla y del Indostan; y por no


86

faltar un apice á los tramites de la conquista, se envia
baxo el nombre de pacificador un nuevo Encomendero,
que con muchas mas prerrogativas que los conquistadores
y pobladores, se apostase en Puerto Rico
para amenazar, robar, piratear, alucinar y amotinar
á unos contra otros, á nombre de Fernando VII.

Hasta entónces habian sido mas lentos los progresos
del sistema de snbversion, anarquía y depredacion
que se propuso la Regencia luego que supo los movimientos
de Caracas; pero trasladado ya el foco principal
de la guerra civil mas cerca de nosotros, adquirieron
mas intensidad los subalternos, y se multiplicaron
los incendios de las pasiones, y los esfuerzos de los
partidos que capitaneaban los Caudillos asalariados
por Cortabarria y Melendez. De aqui la energía incendiaria
que adquirió la efémera sedicion de Occidente:
de aqui la discordia soplada de nuevo por
Miyares, hinchado y ensobervecido con la imaginaria
Capitanía General de Venezuela: de aqui la sangre
Américana derramada á nuestro pesar en las arenas
de Coro: de aqui los robos y asesinatos cometidos en
nuestras costas por los piratas de la Regencia: de
aqui el miserable bloqueo destinado á seducir y commover
nuestras poblaciones litorales: de aqui los insultos
hechos al pavellon Ingles: de aqui la decadencia
de nuestro comercio: de aqui las conjuraciones
de los Valles de Aragua y Cumaná: de aqui la horrorosa
perfidia de Guayana, y la deportacion insultante
de sus Proceres á las mazmorras de Puerto Rico:


88

de aqui los generosos é imparciales oficios de reconciliacion,
interpuestos sinceramente por un Representante
del Gobierno Britanico en las Antillas, y despreciados
por el pseudo pacificador:* de aqui, finalmente,
todos los males, todas las atrocidades, y todos
los crímenes que son y serán eternamente inseparables
de los nombres de Cortabarria y Melendez en Venezuela,
y que han impelido à su gobierno á ir mas
allá de lo que se propuso al tomar á su cargo la suerte
de los que lo honraron con su confianza.

La mision de Cortabarria en el siglo 19, comparado
el estado de la España que la decretó, y el de la
América á quien se dirigia, demuestra hasta que
punto ciega el prestigio de la ambicion á los que fundan
en el embrutecimiento de los Pueblos todo el
origen de su autoridad. Con este solo hecho habria
bastante para autorizar nuestra conducta. El espiritu
de Carlos V, la memoria de Cortes y Pizarro, y los
manes de Montezuma y Atahualpa se reproducen involuntariamente
en nuestra imaginacion, al ver renovados
los Adelantados, Pesquisidores, y Encomenderos
en un pais, que contando trescientos años de
sumision y sacrificios, habia prometido continuarlos,
sin otra condicion que la de ser libre, para que la


90

servidumbre no mancillase el merito de la fidelidad.
La plenipotencia escandalosa du un hombre autorizado
por en Gobierno intruso é ilegitimo, para que
con el nombre insultante de Pacificador despotizase,
amotinase, robase, y (para colmo del ultrage) perdonase
á un Pueblo noble, inocente, pacifico, generoso
y dueño de sus derechos, solo puede creerse en el
delirio impotente de un gobierno que tiraniza á una
nacion desorganizada y aturdida con la horrorosa
tempestad que descarga sobre ella; pero como los
males de este desórden, y los abusos de aquella usurpacion
podrian creerse no imputables á Fernando reconocido
ya en Venezuela quando estaba impedido de
remediar tanto insulto, tanto atentado, y tanta violencia
cometida en su nombre, creemos necesario remontar
al orígen de sus derechos, para descender á la
nulidad é invalidacion del generoso juramento con
que los hemos reconocido condicionalmente; aunque
tengamos que violar, á nuestro pesar, el espontaneo
silencio que nos hemos impuesto sobre todo lo
que sea anterior á las jornadas del Escorial y de
Aranjuez.

Es constante que la América no pertenece, ni puede
pertenecer al territorio Espanol; pero tambien lo es
que los derechos que justa ó injustamente tenian á ella
los Borbones, aun que fuesen hereditarios, no podian
ser enagenados sin el consentimiento de los pueblos, y


92

particularmente de los de América, que al elegir entre
la dinastía Francesa y Austriaca, pudieron hacer
én el siglo 17 lo que han hecho en el 19. La Bula de
Alexandro VI, y los justos títulos que alegó la casa
de Austria en el codigo Américano, no tuvieron otro
orígen que el derecho de conquista, cedido parcialmente
á los conquistadores y pobladores por la ayuda
queprestaban ála Cor on a para extender su dominacion
en América. Prescindiendo de la despoblacion
del territorio, del exterminio de los naturales, y de la
emigracion que sufrió la supuesta Metrópoli, parece
que acabado el furor de conquista: satisfecha la sed
de oro: declarado el equilibrio continental á favor
de la España con la ventajosa adquisicion de la América:
destruido y aniquilado el gobierno feudal desde
el reynado de los Borbones en España: y sofocado
todo derecho que no tubiese orígen en las concesiones
ó rescriptos del Principe, quedaron suspensos de los
suyos los conquistadores y pobladores. Demostrada
que sea la caducidad é invalidacion de los que se arrogaron
los Borbones, deben revivir los títulos con
que poseyeron estos paises los Américanos descendientes
de los conquistadores; no en perjuicio de los
naturales y primitivos proprietarios, sino para igualarlos
en el goce de la libertad, propriedad é independencia
que han adquirido, con mas derecho que los

94

Borbones, y qualquiera otro á quien ellos hayan
cedido la América, sin consentimiento de los Américanos,
señores naturales de ella.

Que la América no pertenece al territorio Español,
es un principio de derecho natural, y una ley del derecho
positivo. Ninguno de los títulos justos ó injustos
que exîsten de su servidumbre, puede aplicarse á
los Españoles de Europa; y toda la liberalidad de
Alexandro VI. no pudo hacer otra cosa que declarar
á los Reyes Austriacos promovedores de la fé, para
hallar un derecho preternatural con que hacerlos
Señores de la América. Ni el título de Metrópoli,
ni la prerrogativa de Madre Patria pudo ser jamas
un orígen de Señorío para la Península de España:
el primero lo perdió desde que salió de ella y renunció
sus derechos el Monarca tolerado por los Américanos:
y la segunda fué siempre un abuso escandaloso
de voces, como el de llamar felicidad á nuestra esclavitud,
protectores de Indios á los Fiscales, é hijos á
los Américanos sin derecho ni dignidad civil. Por el
solo hecho de pasar los hombres de un pais á otro para
poblarlo, no adquieren propriedad los que no abandonan
sus hogares, ni se exponen á las fatigas inseparrables
de la emigracion; los que conquistan y adquieren
la posesion del pais con su trabajo, industria, cultivo
y enlace con los naturales de él, son los que
tienen un derecho preferente á conservarlo y transmitirlo
á su posteridad nacida en aquel territorio; y
si el suelo donde nace el hombre fuese un orígen de


96

la Soberanía, ó un título de adquisicion, seria la
voluntad general de los pueblos, y la suerte del
género humano, una cosa apegada á la tierra como
los árboles, montes, rios y lagos.

Jamas pudo ser tampoco un título de propiedad
para el resto de un pueblo, el haber pasado á otro una
parte de él para poblarlo; por este derecho perteneceria
la España á los Fenicios ó sus descendientes, y
á los Cartagineses donde quíera que se hallasen;* y
todas las naciones de la Europa tendrian que mudar
de domicilio para restablecer el raro derecho territorial,
tan precario como las necesidades y el capricho
de los hombres. El abuso moral de la maternidad
de la España con respecto á la América, es aun todavia
mas insignificante: bien sabido es, que en el
órden natural es del deber del padre emancipar al
hijo, quando saliendo de la minoridad puede hacer
uso de sus fuerzas y su razon para proveer á su subsistencia;
y que es del derecho del hijo hacerlo, quando
la crueldad ó disipacion del padre ó tutor, comprometen
su suerte, ó exponen su partrimonio á ser
presa de un codicioso ó un usurpador: comparense
baxo estos principios los trescientos años de nuestra
filiacion con la España; y aun quando se probase


98

que ella fué nuestra madre, restaria aun por probar
que nosotros somos todavia sus hijos menores ó pupilos.

Quando la España ha revocado en duda los derechos
de los Borbones y de qualquiera otra dinastia,
única fuente, aunque no muy clara, del dominio Español
en América, parecia que estaban los Américanos
relevados de alegar razones para destruir unos
principios caducos ya en su orígen; mas como puede
hacerse cargo á Venezuela del juramento condicional
con que reconoció á Fernando VII el Cuerpo Representativo
que ha declarado su independencia de
toda Soberanía extraña, no quiere este augusto Cuerpo
dexar nada al escrupulo de las conciencias, á los prestigios
de la ignorancia, y á la malicia de la ambicion
resentida, con que desacreditar, calumniar y debilitar
una resolucion tomada con la madurez y detenimiento
proprios de su importancia y trascendencia.

Sabido es que el juramento promisorio de que
tratamos, no es otra cosa que un vinculo accesorio,
que supone siempre la validacion y legitimidad del
contrato que por él se ratifica: quando en el contrato
no hay ningun vicio que lo haga nulo ó ilegitimo,
basta esto para creer que Dios invocado por el juramento,
no rehusará ser testigo y garante del cumplimiento
de nuestras promesas; por que la obligacion
de cumplirlas, está fundada sobre una maxîma


100

evidente de la ley natural, instituida por el divino
Autor. Jamas podrá Dios ser garante de nada que
no sea obligatorio en el órden natural, ni puede
suponerse que acepte contrato alguno que se oponga
á las leyes que él mismo ha establecido para la felicidad
del genero humano. Seria insultar su sabiduria,
creer que puede prestarse á nuestros votos quando
nos pluga interponer su divino nombre en un contrato
que choque contra nuestra libertad, único orígen de
la moralidad de nuestras acciones: semejante suposicion
indicaria que Dios tenia algun interes en multiplicar
nuestros deberes, en perjuicio de la libertad
natural, por medio de estos compromisos. Aun
quando el juramento añadiese nueva obligacion á la
del contrato solemnizado por él, siempre seria la
nulidad del uno inseperable de la nulidad del otro; y
si el que viola un contrato jurado es criminal y digno
de castigo, es porque ha quebrantado la buena fé,
único lazo de la sociedad; sin que el perjurio haga
otra cosa que aumentar el delito, y agravar la pena.
La ley natural que nos obliga á cumplir nuestras
promesas, y la divina que nos prohibe invocar el nombre
de Dios en vano, no alteran en nada la naturaleza
de las obligaciones contraidas baxo los efectos simultaneos
é inseperables de ambas leyes, de modo que la
infraccion de la una, supone siempre la infraccion de
la otra. Para nuestro mismo bien tomamos à Dios

102

por testigo de nuestras promesas, y quando creemos
que puede salir garante de ellas, y vengar su violacion,
es solo porque nada tiene en si el contrato capaz de
hacerlo invalido, ilicito, indigno, ó contrario á la
eterna justicia del arbitro supremo, á quien lo sometemos.
Baxo estos principios debe analizarse el juramento
condicional con que el Congreso de Venezuela
ha prometido conservar los derechos que legitimamente
tuviese Fernando VII; sin atribuirle ninguno
que siendo contrario á la libertad de sus Pueblos,
invalidase por lo mismo el contrato, y anuláse el
juramento.

Hemos visto, al fin, que á impulsos de la conducta
de los gobiernos de España, han llegado los
Venezolanos à conocer la nulidad en que cayeron
los tolerados derechos de Fernando por las jornadas
del Escorial y Aranjuez, y los de toda su casa per
las cesiones y abdicaciones de Bayona: de la demostracion
de esta verdad, nace como un corolario la
nulidad de un juramento que, ademas de condicional,
no pudo jamas subsistir mas allá del contrato á que
fué añadido como vinculo accesorio. Conservar los
derechos de Fernando, fué lo único que prometió
Caracas el 19 de Abril, quando ignoraba aun si los
habia perdido*; y quando aunque los conservase
con respecto à la España, quedaba todavia por demostrar


104

si podia ceder por ellos la América á otra
dinastia, sin su consentimiento. Las noticias que
apesar de la opresion y suspicacia de los intrusos gobiernos
de España, ha adquirido Venezuela de la
conducta de los Borbones, y los efectos funestos que
iba á tener en América esta conducta, han formado
un cuerpo de pruebas irrefragables, de que no teniendo
Fernando ningun derecho, debió caducar, y caducó
la conservaduria que le prometio Venezuela,
y el juramento que solemnizó esta promesa. De
la primera parte del aserto, es conseqüencia legítima
la nulidad de la segunda.

Ni el Escorial, ni Aranjuez, ni Bayona, fueron
los primeros teatros de las transacciones que despojaron
á los Borbones de sus derechos sobre la América.
Ya se habian quebrantado en Basilea y en la
Corte de España, las leyes fundamentales de la dominacion
Española en estos paises. Carlos IV.
cedió contra una de ellas§ la Isla de Santo Domingo
á la Francia, y enagenò la Luisiana en obsequio
de esta Nacion extrangera; y estas inauditas


106

y escandalosas infracciones autorizaron à los Americanos
contra quienes se cometieron, y á toda la
posteridad del pueblo Colombiano para separarse de
la obediencia y juramento que tenia prestado á la
corona de Castilla, como tuvo derecho para protestar
contra el peligro inminente que amenazaba á la integridad
de la monarquía en ambos mundos, la introduccion
de las tropas Francesas en España ántes de
la jornada de Bayona; llamadas sin duda por alguna
de las facciones Borbonicas, para usurpar la soberanía
nacional á favór de un intruso, de un estrangero,
ó de un traydor; pero estando estos sucesos
del lado de allá de la linea que hemos demarcado á
nuestras razones, bolveremos á pasarla para entrar
en las que han autorizado nuestra conducta desde el
año de 1808.

Todos conocen el suceso del Escorial en 1807;
pero quizá habrá quien ignore los efectos naturales de
semejante suceso., No es nuestro animo entrar á averiguar
el origen de la discordia introducida en la casa
y familia de Carlos IV.; atrybuyensela reciprocamente
la Inglaterra y la Francia; y ambos gobiernos
tienen acusadores y defensores: tampoco es de nuestro
proposito el casamiento ajustado entre Fernando y la
entenada de Bonaparte: la paz de Tilsit: las conferencias
de Erfuhrt: el tratado secreto de S. Cloud:
y la emigracion de la casa de Braganza al Brazil.
Lo cierto y lo propio de nosotros, es que por la jornada
del Escorial, quedó Fernando septimo declarado
traydor contra su padre Carlos IV. Cien


108

plumas y cien prensas publicaron a un tiempo por
ambos mundos su perfidia, yel perdon que á sus
ruegos le concedió su padre; pero este perdon como
atributo de la soberanía y de la autoridad paterna,
relevó al hijo únicamente de la pena corporal; el
Rey su padre no tuvo facultad para dispensarle la
infamia y la inhabilidad que las leyes constitucionales
de España imponen al traydor, no solo para obtener
la dignidad Real, pero ni aun el último de los cargos
y empleos civiles. Fernando no pudo ser jamas Rey
de España, ni de las Indias.

A esta condicion quedó reducido el heredero de la
Corona, hasta el mes de Marzo de 1808, que hallandose
la Corte en Aranjuez, se reduxo por los parciales
de Fernando á insurreccion y motin, el proyecto
frustrado en el Escorial. La exâsperacion publica
contra el ministerio de Godoy, sirvió de pretexto
á la faccion de Fernando, para convertir indirectamente
en provecho de la nacion lo que se cálculó,
tal vez, baxo otros designios, El haber usado de la
fueiza contra su padre: el no haberse valido de la
suplica y el convencimiento: el haber amotinado el
pueblo: el haberlo reunido al frente del palacio para
sorprehenderlo, arrastrar al ministro, y forzar al Rey
á abdicar la corona; lejos de darle derecho á ella, no
hizo mas que aumentar su crimen, agravar su traicion,
y consumar su inhabilidad para subir á un trono


110

desocupado por la violencia, la perfidia y las facciones.
Carlos IV. ultrajado, desobedecido y amenazado
con la fuerza, no tubo otro partido favorable á
su decoro y su venganza, que emigrar á Francia para
implorar la proteccion de Bonaparte, á favor de su
dignidad real ofendida. Baxo la nulidad de la renuncia
de Aranjuez, se juntan en Bayona todos los
Borbones, atraidos contra la voluntad de los pueblos,
á cuya salud prefirieron sus resentimientos particulares:
aprovechóse de ellos el Emperador de los
Franceses, y quando tuvo baxo sus armas y su influxo
á toda la familia de Fernando, con varios proceres
Españoles y suplentes por Disputados en Cortes,
hizo que aquel restituyese la corona á su padre, y que
este la rénunciase en el Emperador, para trasladarla
en seguida á su hermano José Bonaparte.

Ignoraba todo esto, ó sabialo muy por encima Venezuela,
quando llegaron á Caracas los emisarios del
nuevo Rey. La inocencia de Fernándo en contraposicion
de la insolencia y despotismo del favorito
Godoy, fué el movil de su conducta, y la norma de
la de las autoridades vacilantes el 15 Julio de 1808;
y entre la alternativa de entregarse á una Potencia
extraña, ó de ser fiel á un Rey que aparecia desgraciado


112

y perseguido, triunfó la ignorancia de los sucesos
del verdadero interes de la patria, y fué reconocido
Fernando, creyendo que mantenida por este
medio la unidad de la nacion, se salvaria de la opresion
que la amenazaba, y se rescataria un Rey de
cuyas virtudes, sabiduria y derechos estabamos falsamente
procupados. Ménos que esto necesitaban
los que contaban con nuestra buena fé para oprîmirnos:
Fernando inhabil para obtener la corona, imposibilitado
de ceñirla, anunciado ya sin derechos á
la sucesion por los Proceres de España, incapaz de
gobernar la América, y baxo las cadenas y el influxo
de una Potencia enemiga, se volvió desde entónces,
por la ilusion, un Principe legítimo, pero desgraciado,
se fingió un deber el reconocerlo, se volvieron
sus herederos y apoderados, quantos tuvieron audacia
para decirlo, y aprovechando la innata fidelidad
de los Españoles de ambos mundos, empezaron
á tiranizarlos nuevamente los intrusos gobiernos que
se apropiaron la Soberanía del pueblo á nombre de
un Rey quimerico; y hasta la Junta mercantil de
Cadiz, quiso exercer dominio sobre la América.


114

Tales han sido los antecedentes y las conseqüencias
de un juramento, que dictado por la sencillez y la
generosidad, y conservado condicionalmente por la
buena fé, quiere ahora oponerse para perpetuar los
males que la costosa experiencia de tres años, nos ha
demostrado como inseparables de tan funesto y ruinoso
compromiso. Enseñados como lo estamos por
la serie de males, insultos, vexaciones, é ingratitudes
que hemos patentizado, desde el 15 de Julio de 1808,
hasta el 5 de Julio de 1811; tiempo es ya de que
abandonemos un talisman, que inventado por la ignorancia,
y adoptado por la fidelidad, está desde entonces
amontonando sobre nosotros todos los males
de la ambigüedad, la suspícacia y la discordia. Derechos
de Fernando y representacion legítima de
ellos, por parte de los intrusos gobiernos de España:
fidelidad y obligaciones de compasion y gratitud, por
la nuestra, son los dos resortes favoritos que se juegan
alternativamente para sostener nuestra ilusion,
devorar nuestra sustancia, prolongar nuestra degradacion,
multiplicar nuestros males, y prepararnos á
recibir pasiva é ignominiosamente la suerte que nos
destinen los que tan buena nos la están haciendo por
tres siglos. Fernando VII. es la contraseña universal
de la tirania en España y en América.

Apenas se conoció la vigilante desconfianza que
habian producido entre nosotros las inconseqücncias,
artes y falsias de los rápidos y raros gobiernos que


116

se están sucediendo en España desde la Junta de Sevilla,
se apeló á una aparente liberalidad, para cubrir
de flores el lazo que no veíamos quando estabamos
cubiertos con el velo de la sencillez, rasgado
all fin por la desconfianza. Con este fin se aceleraron
y congregaron tumultuariamente las Cortes
que deseaba la nacion, que resistia el gobierno comercial
de Cadiz, y que se creyeron al fin necesarias
para contener el torrente de la libertad y la justicia,
que rompia por todas partes los diques de la
opresion y la iniquidad en el nuevo mundo; pero
aun todavia se creyó que el habito de obedecer, reconocer
y depender seria en nosotros snperior al
desengaño que á tanta costa acababamns de adquirir.
Increible parece por que especie de prestigio funesto
para la España, se cree que la parte de la nacion
que pasa el oceano, ó nace entre los trópicos, adquire
una constitucion para la servidumbre, incapaz
de ceder á los conatos de la libertad. Tan notorios
como fatales son los efectos de esta arraigada preocupacion,
convertida al fin en provecho de la América.
Tal vez sin ella no hubiera perdido la España
el rango de nacion; y la América no tendria
que pasar para adquirirlo, por los amargos trámites
de una guerra civil, mas ominosa para sus promovedores
que para nosotres mismos.


118

Harto demostrados estan un nuestros papeles
pùblicos,* los vicios de que adolecen las Cortes con
respecto á la América, y el ilegítimo é insultante arbitrio
adoptado por ellas para darnos una representacion
que resistiriamos. aun que fuesemos, como vociferó
la Regencia, partes integrantes de la nacion,
y no tuviesemos otra quexa que alegar contra su gobierno,
sino la escandalosa usurpacion que hace de
nuestros derechos, quando mas necesita de nuestros
auxilios. A su noticia habrán llegado, sin duda,
las razones que dimos á su perfido enviado quando
frustradas las misiones anteriores, inutilizadas las
quantiosas remesas de gazetas llenas de triunfos, reformas,
heróicidades y lamentos, y conocida la ineficacia
de los bloqueos, Pacificadores, esquadras y expediciones,
se creyó que era necesario deslumbrar el
amor propio de los Americanos, sentando baxo el
Solio de las Cortes á los que ellos no habian nombrado,
ni podian nombrar los que los crearon suplentes
con los de las Provincias ocupadas, sometidas
y contentas con la dominicion Francesa. Por
si estuviese ya usado este resorte pueril, tan fecundo
para la España, se previnó al enviado, que se escogió


120

Américano y Caraqueño para aumentar la ilusion:
que en caso de que prevaleciese la energía caracterizada
de rebelion, contra la perfidia bautizada
con el nombre de fraternidad, se atizase la hoguera
de las pasiones encendida en Coro y Maracaybo; y
que la discordia sacudiendo de nuevo las vivoras de
su cabeza, conduxese de la mano al Heraldo de las
Cortes con el estandarte de la rebelion, por los alueinados
distritos de Venezuela que no hubiesen pedido
triunfar de sus tiranos.

Forjabanse, empero, nuevos ardides, para que el
doblez y la astucia preparasen el camino á las huestes
sanguinarias de los caudillos de Coro, Maracaybo, y
Puerto-Rico: convencidas las Cortes de que la conducta
de Fernando, sus vinculos de afinidad con el
Emperador de los Franceses, y el influxo de este
sobre todos los Borbones constituidos ya baxo su
tutela, empezaban á debilitar las capciosas impresiones
que habia producide en los Américanos la
fidelidad sostenida á la sombra de la ilusion, se empezaron
á abrir contrafuegos para precaver el incendio
prendido por ellas mismas, y limitarlo á lo preciso
y necesario para sus vastos, complicados, y remotos
designios. Para esto se escribió el eloqüente manifiesto
que asestaron las Cortes en 9 de Enero de este
año á la América, con una locucion digna de mejor
objeto: baxo la brillantez del discurso, se descubria


122

el fondo de la perspectiva presentada para alucinarnos.
Temiendo que nos anticipasemos á protestar todas
estas nulidades, se empezó á calcular sobre lo que se
sabía, para no aventurar lo que se ocultaba. Fernando
desgraciado, fué el pretexto que atraxó á sus
pseudo-representantes, los tesoros, la sumision, y la
esclavitud de la América, despues de la jornada de
Bayona; y Fernando seducido engañado y prostituido
á los designios del Emperador de los Franceses, es ya
lo último á que apelan para apagar la llama de la
libertad que Venezuela ha prendido en el continente
Meridional. En uno de nuestros Periodicos* hemos
descubierto el verdadero espiritu del manifiesto en
qüestion, reducido al siguiente raciocinio que puede
mirarse como su exâcto comentario "La América se
vé amenazada de ser víctima de una Nacion extraña,
ó de continuar esclava nuestra; para recobrar
sus derechos y no depender de nadie, ha creido
necesario no romper violentamente los vinculos que
la ligaban á estos pueblos; Fernando ha sido la
señal de reunion que ha adoptado el nuevo mundo,
y hemos seguido nosotros; él está sospechado de
connivencia con el Emperador de los Franceses, y
si nos abandonamos ciegamente á reconocerlo, damos
un pretexto á los Americanos, que nos crean
aun sus Representantes para negarnos abiertamente

124

esta representacion: puesto que ya empiezan á
traslucirse en algunos puntos de América estos
designios, manifestemos de antemano nuestra intencion
de no reconocer á Fernando, sino con ciertas
condiciones; estas no se verificarán jamas; y
mientras que Fernando, ni de hecho ni de derecho
es nuestro Rey, lo seremos nosotros de la América,
y este pais tan codiciado de nosotros, y tan dificil
de mantener en la esclavitud, no se nos irá tan
pronto de las manos."

Este reluciente aparato de liberalidad es ahora el
muelle real y visible de la complicada maquina destinada
á conmover la América; al paso que entre las
quatro paredes de las Cortes se desatiende nuestra
justicia, se eluden nuestros esfuerzos, se desprecian
nuestras resoluciones, se sostienen á nuestros enemigos,
se sofoca la voz de nuestros imaginarios representantes,
se renueva para ellos la Inquisicion* al
paso que se publica la libertad de Imprenta, y se controvierte
si la Regencia pudo declararnos libres, y
parte intregante de la nacion: Quando un Americano
digno de este nombre levanta la voz contra los


126

abusos de la Regencia en Puerto-Rico, se procuraron
acallar teoricamente los justos, energicos, é imperiosos
reclamos que lo distinguen de los satelites del
despotismo, y con un decreto breve, amañado, é insignificante,
se procura salir del conflicto de la justicia
contra la iniquidad. Melendez, nombrado Rey
de Puerto Rico por la Regencia, queda por un Decreto
de las Cortes con la investidura equivalente de
Gobernador, nombres sinonimos en América:* por
que ya parecia demasiado monstruoso que hubiese
dos Reyes en una pequeña Isla de las Antillas Españolas.
Cortabarria solo bastaba para eludir los
efectos del decreto dictado solo por un involuntario
sentimiento de decencia. Así fué, que quando se
declaraba iniqua, arbitraria, y tiranica la investidura
concedida por la Regencia á Melendez, y se ampliaba
la revocacion á todos los paises de América
que se hallasen en el mismo caso que Puerto-Rico,
nada se decia del Plenipotenciario Cortabarria, autorizado
por la misma Regencia contra Venezuela,
con las facultades mas raras y escandalosas de que
hay memoria en los fastos del despotismo orgánico.

Despues del Decreto de las Cortes es que se han
sentido mas los efectos de la discordia, promovida,
sostenida, y calculada desde el fatal observatorio de
Puerto-Rico: despues del decreto de las Cortes han
sido asesinados inhumanamente los pescadores y costaneros


128

én Ocumáre, por los Piratas de Cortabarria:
despues del decreto de las Cortes, han sido bloqueadas,
amenazadas é intimadas, Cumaná y Barcelona:
despues del decreto de las Cortes se ha organizado y
tramado una nueva y sanguinaria conjuracion contra
Venezuela, por el vil Emisario introducido pérfidamente
en el seno pacífico de su patria para devorarla,
se ha alucinado á la clase mas sencilla y laboriosa
de los alienigenas de Venezuela, se han sacrificado
á la justicia y la tranquilidad los caudillos conducidos,
â nuestro pesar, al cadalso: por las sugestiones
del Pacificador de las Cortes, despues del
decreto de estas, se ha turbado é interrumpido en
Valencia, la unidad política de nuestra constitucion:
se ha procurado seducir, en vano, á otras Ciudades
de lo interior: y se ha hecho una falsa intimacion á
Carora por los facciosos de Occidente, para que en
un mismo dia quedase sumergida Venezuela en la
sangre, el llanto y la desolacion, asaltada hostilmente
por quantos puntos han estado al alcance de los agitadores,
que tiene esparcidos contra nosotros el mismo
gobierno que expidió el decreto á favor de Puerto-Rico,
y de toda la América. El nombre de Fernando
VII, es el pretexto con que va á devorarse el
nuevo mundo; si el exemplo de Venezuela no hace
que se distingan, de hoy mas, las banderas de la libertad
clara y decidida, de las de la fidelidad maliciosa
y simulada

El amargo deber de vindicarnos nos llevaria mas


130

allá, si no temiésemos caer en el escollo de los gobiernos
de España, substituyendo el resentimiento á
la justicia; quando podemos oponer tres siglos de
agravios contra ella, por tres años de esfuerzos lícitos,
generosos, y filantrópicos, empleados en vano para
obtener lo que jamas pudimos enagenar. Si fuesen
la hiel y el veneno los agentes de esta nuestra solemne,
veraz, y sencilla manifestacion, hubieramos empezado
á destruir los derechos de Fernando por la ilegitimidad
de su origen, declarada en Bayona por su madre,
y publicada en los periódicos Franceses y Españoles:
haríamos valer los defectos personales de Fernando,
su ineptitud para reynar, su debil y degradada conducta
en las Cortes de Bayona, su nula é insignificante
educacion, y las ningunas señales que dió para
fundar las gigantescas esperanzas de los gobiernos de
España, que no tuvieron otro origen que la ilusion
de la América, ni otro apoyo que el interes político
de la Inglaterra, muy distante de los derechos de los
Borbones. La opinion pública de España, y la experiencia
de la revolucion del Reyno, nos suministrarian
bastantes pruebas de la conducta de la madre, y
de las qualidades del hijo, sin recurrir al manifiesto
del Ministro Azanza,* y á las memorias secretas de
Maria Luisa; pero la decencia es la norma de nuestra
condncta: á ella estamos prontos â sacrificar nuestras

132

mejores razones; hartas son las alegadas para demostrar
la justicia, necesidad y utilidad de nuestra resolucion,
á cuyo apoyo solo faltan los exemplos con que
vamos á sellar el juicio de nuestra independencia.

Es necesario que los partidarios de la esclavitud
del nuevo mundo proscriban ó falsifiquen la historia,
ese monumento inalterable de los derechos y usurpaciones
del genero humano, para sostener que la América
no pudo estar sujeta á la alternativa de todas las
naciones. Aun quando hubiesen sido incontestables
los derechos de los Borbones, é indestructible el
juramento que hemos desvanecido, bastaria solo la
injusticia, la fuerza, y el engaño con que se nos arrancó,
para que fuese nulo é invalido, desde que
empezó á conocerse que era opuesto á nuestra libertad,
gravoso á nuestros derechos, perjudicial á nuestros
intereses, y funesto á nuestra tranquilidad. Tal
es la naturaleza del juramento prestado á los conquistadores,
ó á los herederos de estos, mientras tienen oprimidos
los pueblos con la fuerza que les proporcionó
la conquista. De otro modo no hubiera jamas recobrado
su libertad la España juramentada á los Cartagineses,
Romanos, Godos, Arabes, y casi á los
Franceses, en el mismo tiempo que deconocia los
derechos de la América para no depender de nadie,
desde que pudo hacerlo, como la España y las demas
Naciones. Superfluo seria recordar á nuestros enemigos


134

lo que ellos mismos saben, y en lo que ellos mismos
han fundado el derecho sagrado de su libertad é
independencia, digna, por cierto de no ser mancillada
con la esclavitud de la mayor parte de la nacion situada
del otro lado del oceano; pero no son ellos, por
desgracia, los únicos á quien necesitamos convencer
con exemplos palpables, de la justicia, y semejanza
comun que tiene nuestra independencia con la de
todas las naciones que la han perdido, y han vuelto á
recobrarla. Cebados los prestigios de la servidumbre
en la sencillez de les Américanos, y sostenidos por el
abuso mas criminal que puede hacer la supersticion
del dogma y la religion, dictada para la libertad, felicidad,
y salvacion de los pueblos; preciso es tranquilizar
la piedad alucinada, ilustrar la ignorancia sorprehendida,
y estimular la apatia alhagada con la
tranquilidad de los calabozos; para que todos sepan
que los gobiernos no tienen, no han tenido, ni puedan
tener otra duracion que la utilidad y felicidad del
genero humano; que los Reyes no son de una naturaleza
privilegiada, ni de un órden superior á los demas
hombres; que su autoridod emana de la voluntad de
los pueblos, dirigida y sostenida por la Providencia
de Dios que dexa nuestras acciones al libre alvedrio:
que su omnipotencia no interviene á favor de tal ó tal
forma de gobierno; y que ni la religion; ni sus Ministrós

136

anatematizan, ni pueden anatematizar los
esfuerzos que hace una nacion para ser independiente
en el órden político, y depender solo de Dios y de su
Vicario en el órden moral, y religioso.

El Pueblo de Dios gobernado por el mismo,
y dirigido por milagros, portentos y beneficios,
que tal vez no se repetirán jamas, ofrece una
prueba del derecho de insurreccion de los pueblos,
que nada dexará que desear á la piedad ortodoxâ de
los amantes del órden pùblico. Sugetos los Hebreos á
Faraon, y ligados á su obediencia por la fuerza, se
reunen á Moyses, y baxo su direcion, triunfan de sus
enemigos, y recobran su independencia, sin que el
mismo Dios, ni su Caudillo Profeta y Legislador
Moyses les increpase su conducta, ni los sujetase á
ninguna maldicion ni anatema: subyugados despues
por la fuerza de Nabucodonosor primero, baxo la
direccion de Olofernes, envia el mismo Dios á Judith
que rescatase la independencia de su pueblo con la
muerte del General Babilonio. Baxo Antioco Epifanes,
levantaron Matatias y sus hijos el estandarte
de la independencia; y Dios bendixó y ayudó sus
esfuerzos hasta conseguir la entera libertad de su
pueblo contra la opresion de aquel Rey impio, y


138

sus sucesores.* No solo contra los Reyes extrangeros
que los oprimian usaron los Israelitas del derecho
de insurreccion, quebrantando la obediencia á que
los ligaba la fuerza; contra los que el mismo Dios
les habia dado dentro de su patria y familia, les vemos
reclamar este derecho imprescriptible, siempre
que lo exîgia su libertad, su utilidad, y el sagrado
de los pactos con que el mismo Dios los sugetó á los
que eligiô para gobernar los. David obtiene el reconocimiento
de los Hebreos á favor de su dinastia, y
su hijo Salomón lo ratificó á favor de su posteridad;
pero apenas muere este Rey que habia oprimido á sus
vasallos con pechos y contribuciones, para sostener el
fausto de su Corte, y el luxo y suntuosidad de sus
placeres, queda solo reconocido su hijo Roboam por
las tribus de Judá y Benjamin: las otras diez, usando
de sus derechos, recobran su independencia política;
y en fuero de ella depositan su soveranía en Jeroboam,
hijo de Nabath. La dureza momentanea y pasagera
del Reynado de Solomón bastó á los Hebreos para
anular la obediencia prestada á su dinastía, y colocar
á otra en el trono, sin aguardar á que Dios les hubiese
dicho que ya su suerte no dependia de los Reyes
de Judá, ni de los Ministros, Sacerdotes y Caudillos
de Solomon. ¿Y será de peor condicion el pueblo
cristiano de Venezuela, para que declarado libre
por el gobierno de España, despues de trescientos

140

años de cautiverio, pechos, vexaciones é injusticias,
no pueda hacer lo que el mismo Dios de Israel que
adora, permitió en otro tiempo á su pueblo, sin indignarse,
ni argüirlo en su furor? Su dedo divino es
el norte de nuestra conducta, y á sus eternos juicios
quedará sometida nuestra resolucion.

Si la independencia del pueblo Hebreo no fué un
pecado contra la ley escrita; no podrá serlo la del
pueblo Cristiano contra la ley de gracia. Jamas ha
excomulgado la Silla Apostolica á ninguna nacion
que se ha levantado contra la tirania de los Reyes ó
los gobiernos que violaban el pacto social. Los
Suizos, los Holandeses, los Franceses y los Américanos
del Norte proclamaron su independencia, trastornaron
su constitucion, y variaron la forma de su
gobierno; sin haber incurrido en otras censuras que
las que pudo haber fulminado la Iglesia por los atentados
contra el dogma, la disciplina ó la piedad, y
sin que estas trascendiesen á la política, ni al órden
civil de los pueblos. Ligados estaban los Suizos con
juramento á la Alemania, como lo estaban los
Holandeses á la España, los Franceses á Luis XVI,
y los Américanos á Jorge III, pero ni ellos, ni los demas
Principes que favorecieron su independencia,
fueron excomulgados por el Papa. El abuelo de
Fernando VII, uno de los Reyes mas piadosos


142

católicos que han ocupado el trono de España, protegió
con su sobrino Luis XVI la independencia de
la América del Norte; sin temer las censuras eclesiasticas,
ni la colera del cielo; y ahora que el órden
de los sucesos la presenta con mas justicia á la América
del Sur, quieren los que se dicen apoderados de
su nieto, abusar de la Religion que tanto respetó
Carlos III, para continuar en la mas atroz é inaudita
de las usurpaciones— ¡ Dios justo, Dios omnipotente,
Dios piadoso! ¿Hasta quando ha de disputar
el fanátismo, el imperio á la sagrada Religion,
que enviaste á la sencilla América para tu gloria y
su felicidad?

Los sucesos que se han acumulado en la Europa
para terminar la servidumbre de la América, han
entrado, sin duda, en los altos designios de la Providencia.
Al traves de dos mil leguas de oceano, no
hemos hecho otra cosa, en tres anos que han transcurrido
desde que debimos ser libres é independientes,
hasta que resolvimos serlo, que pasar por los amargos
trámites de las asechanzas, las conjuraciones, los
insultos, las hostilidades y las depredaciones de los
mismos á quienes convidabamos á participar de los
bienes de nuestra regeneracion, y para cuya felicidad
queriamos abrir las puertas del nuevo mundo, esclavizado
á la comunicacion del viejo, devastado é incendiado
por la guerra, la hambre y la desolacion.
Tres distintas oligarquias nos han declarado la guerra,


144

lian despreciado nuestros reclamos, han amotinado á
nuestros hermanos, han sembrado la desconfianza y
el rencor entre nuestra gran familia, han tramado
tres horribles conjuraciones contra nuestra libertad,
han interrumpido nuestro comercio, han desalentado
nuestra agricultura, han denigrado nuestra conducta,
y han concitado contra nosotros las fuerzas de la
Europa, implorando, en vano, su auxîlio para oprimirnos.
Una misma bandera, una misma lengua,
una misma religion, y unas mismas leyes, han confundido,
hasta ahora, el partido de la libertad con el de
la tiranía: Fernando VII libertador, ha peleado
contra Fernando VII opresor; y sino hubiesmos resuelto
abandonar un nombre sinonimo del crímen y la
virtud, seria al fin esclavizada la América, con lo
mismo que sirve á la independencia de la España.

De tal naturaleza han sido los imperiosos desengaños
que han impelido á Venezuela, á separar
para siempre su suerte, de un nombre tan ominoso y
fatal. Colocada por él en la irrevocable disyuntiva
de ser esclava ó enemiga de sus hermanos, ha querido
comprar la libertad á costa de la amistad; sin
impedir los medios de reconciliacion que desea. Razones
muy poderosas, intereses muy sagrados, meditaciones
muy serias, reflexîones muy profundas, discuciones
muy largas, debàtes muy sostenidos, combinaciones
muy analizadas, sucesos muy imperiosos,
riesgos muy urgentes, y una opinion pública bien
pronunciada y sostenida, han sido los datos que han


146

precedido á la declaracion solemne que el cinco de
Julio hizo el Congreso General de Venezuela de la
independencia absoluta de esta parte de la América
Meridional: independencia deseada y aclamada por
el pueblo de la Capital, sancionada por los Poderes
de la Confederacion, reconocida por los Representantes
de las provincias, jurada y aplaudida por el
Gefe de la Iglesia Venezolana, y sostenida con las
vidas, las fortunas, y honor de todos los ciudadanos.

¡ Hombres libres, compañeros de nuestra suerte!
Vosotros que habeis sabido purgar vuestra alma del
temor ó la esperanza; "dirigid desde la elevacion
en que os colocan vuestras virtudes una mirada
imparcial y desinteresada sobre el quadro que
acaba de trazaros Venezuela. Ella os constituye
arbitros de sus diferencias con la España, y jueces
de sus nuevos destinos. Si os han afectado nuestros
males, y os intresa nuestra felicidad, reunid á los
nuestros, vuestros esfurzos, para que el prestigio
de la ambicion no triunfe mas de la liberalidad y
la justicia. A vosotros toca el desengaño que
una funesta rivalidad imposibilita á la América,
con respecto á la España. Contened el vértigo
que se ha apoderado de sus gobiernos: demostradle
los bienes reciprocos de nuestra regeneracion: descubridle
la alhagueña perspectiva que no les deja
ver en América el monopolio que tiene metalizados
sus corazones: decidle lo que les amenaza en
Europa, y á lo que pueden aspirar en un mundo
nuevo, pacifico, sencillo, y colmado ya de todas las


148

bendiciones de la libertad: y juradle, por último,
á nuestro nombre: que Venezuela espera con los
brazos abiertos á sus hermanos, para partir con
ellos su felicidad; sin otro sacrificio que el de las
preocupaciones, el orgullo y la ambicion, que
han hecho infelices por tres siglos á ambas Españas."

Palacio Federal de Caracas 30
de Julio de 1811.

JUAN ANTONIO RODRIGUEZ DOMINGUEZ,
Presidente.

FRANCISCO ISNARDY,
Secretario.


[Figure]

CONSTITUCION FEDERAL,
PARA LOS
ESTADOS DE VENEZUELA,
Hecha por los Representantes de Margarita, de
Mérida, de Cumaná, de Barínas, de Barcelona,
de Truxillo, y de Carácas, reunidos en Congreso
General
.

EN EL NOMBRE DE DIOS TODO PODEROSO.

NOS el Pueblo de los Estados de VENEZUELA,
usando de nuestra Soberanía, y deseando establecer
entre nosotros la mejor administracion de justicia,
procurar el bien general, asegurar la tranquilidad
interior, proveer en comun á la defensa exterior, sostener
nuestra Libertad é Independencia política,
conservar pura é ilesa la sagrada religion de nuestros


152

mayores, asegurar perpetuamente a nuestra posteridad
el goce de estos bienes, y estrecharnos mutuamente
con la mas inalterable union, y sincera amistad, hemos
mos resuelto confederarnos solemnemente para formar
y establecer la siguiente Constitucion, por la qual se
han de gobernar y adminístrar estos Estados.

PRELIMINAR
Bases del Pacto Federativo que ha de constituir la
Autoridad general de la Confederacion

En todo lo que por el Pacto Federal no estuviere
expresamente delegado á la Autoridad general de la
Confederacion, conservará cada una de las Provincias
que la componen, su Soberanía, Libertad, é
Independencia: en uso de ellas, tendrán el derecho
exclusivo de arreglar su Gobierno y Administracion
territorial, baxo las leyes que crean convenientes,
con tal que no sean de las comprehendidas en esta
Constitucion, ni se opongan, ó perjudiquen à los
Pactos Federativos que por ella se establecen. Del
mismo derecho gozarán todos aquellos territorios
que por division del actual, ó por agregacion á él,
vengan á ser parte de esta Confederacion quando el
Congreso General reunido les declare la representacion
de tales, ó la obtengan por aquella via, y


154

forma que él establezca para las occurrencias de esta
clase quando no se halle reunido.

Hacer efectiva la mutua garantia y seguridad que
se prestan entre sí los Estados, para conservar su libertad
civil, su independencia política, y su culto
religioso, es la primera, y la mas sagrada de las facultades
de la Confederacion, en quien reside exclusivamente
la Representacion Nacional. Por ella está
encargada de las relaciones estrangeras,—de la defensa
comun y general de los Estados Confederados,—
de conservar la paz pública contra las commociones
internas, ó los ataques exteriores,—de arreglar el comercio
exterior, y él de los Estados entre sí,—de levantar
y mantener Exercitos, quando sean necesarios
para mantener la libertad, integridad, é independencia
de la Nacion,—de construir, y equipar Baxeles
de guerra,—de celebrar y concluir tratados y alianzas
con las demas Naciones,—de declararles la guerra, y
hacer la paz,—de imponer las contribuciones indispensables
para estos fines, ú otros convenientes à la
seguridad, tranquilidad, y felicidad comun, con plena
y absoluta autoridad para establecer las Leyes
generales de la union, juzgar, y hacer executar
quanto por ellas quede resuelto y determinado.

El exercicio de esta autoridad confiada à la Confederacion,
no podrá jamàs hallarse reunido en sus diversas
funciones. El Poder Supremo debe estar dividido
en Legislativo, Executivo, y Judicial, y confiado
á distintos Cuerpos independientes entre sí, en


156

sus respectivas facultades. Los individuos que fueren
nombrados para exercerlas, se sugetarán inviolablemente
al modo, y reglas que en esta Constitucion se
les prescriben para el cumplimiento, y desempeño de
sus destinos.

CAPITULO PRIMERO.
De la Religion.

1. LA Religion Católica, Apostólica, Romana, es
tambien la del Estado, y la única, y exclusiva de
los habitantes de Venezuela. Su proteccion, conservacion,
pureza, é inviolabilidad será uno de los
primeros deberes de la Representacion nacional, que
no permitirá jamás en todo el territorio de la Confederacion,
ningun otro culto público, ni privado,
ni doctrina contraria á la de Jesu-Christo.

2. LAS relaciones que en conseqüencia del nuevo
órden político deben entablarse entre Venezuela, y
la Silla Apostólica, serán tambien peculiares á la
Confederacion, como igualmente las que deban promoverse
con los actuales Prelados Diocesanos, mientras
no se logre el acceso directo à la autoridad
Pontificia.


158

CAPITULO SEGUNDO.
Del Poder Legislativo.

SECCION PRIMERA.
Division, limites, y funciones de este Poder.

3. El Congreso general de Venezuela, estará dividido
en una Cámara de Representantes, y un Senado,
á cuyos dos Cuerpos se confia todo el Poder
legislativo, establecido por la presente Constitucion.

4. En qualquiera de los dos podrán tener principio
las leyes; y cada uno respectivamente podrá proponer
al otro reparos, alteraciones, ó adicciones, ó rehusar
á la ley propuesta, su consentimiento por una negativa
absoluta.

5. Solo las leyes sobre contribuciones, tasas é impuestos,
están exceptuadas de esta regla. Estas no
pueden tener principio sino en la Cámara de Representantes;
quedando al Senado el derecho ordinario
de adicionarlas, alterarlas, ó rehusarlas.

6. Quando el proyecto de ley haya sido admitido
conforme á las reglas de debate que se hayan prescripto
estas Cámaras, sufrirá tres discuciones en sesiones
distintas con el intervalo do un dia á lo menos
entre cada una, sin lo qual no podrá pasárse á deliberar
sobre él.

7. Las proposiciones urgentes están exceptuadas de
estos trámites; pero para ello debe discutirse, y declararse


160

previamente la urgencia en cada una de las
Cámaras.

8. Ninguna proposicion rechazada por una de ellas
podrá repetirse hasta despues de un nño; pero podrán
hacerse otras que contengan parte de las rechazadas.

9. Ningun proyecto de ley, ó proposicion constitucionalmente
aceptado, discutido, y deliberado en
ambas Camaras, podrá tenerse por Ley del Estado,
hasta que presentado al Cuerpo Executivo sea firmado
por él. Si no lo hiciere, enviará el proyecto
con sus reparos á la Camara, donde hubiere tenido
su iniciativa; y en esta se tomará razon integra de
los reparos en el registro de sus sesiones, y se pasará
à exâminar de nuevo la materia; que resultando segunda
vez aprobada por la pluralidad de dos terceras
partes, pasará baxo iguales tramites à la otra Camara,
y obtenida en ella igual aprobacion, tendrá
desde entónces el proyecto fuerza de Ley. En todos
estos casos se expresarán los votos de las Camaras por
si ò no, quedando registrados los nombres de los que
votaron en pro, ó en Contra.

10. Si el Cuerpo Executivo no volviese el proyecto
á la Camara de su orîgen dentro del término de diez
dias contados desde su recibo, con exclusion de los
feriados, tendrá fuerza de Ley, y deberá ser promulgada
como tal constitucionalmente; pero si por emplazamiento,
suspension, ó receso del Congreso, no
pudiese volver à él el proyecto àntes del termino señalado,


162

quedará sin efecto, a ménos que el Poder
Executivo no resuelva aprobarlo sin reparos, ó adiciones;
pero en caso de ponerlas, podrá presentarse
el proyecto con ellas á las Camaras en la inmediata
Asamblea siguiente á la expiracion del plazo.

11. Las demas resoluciones, decretos, dictamenes,
y actas de las Camaras (excepto las de emplazamiento)
deberán tambien pasarse al Poder Executivo
para su conformidad ántes de tener efecto. En el
caso de que este no se conforme, volverán a seguir
los tramites preseriptos para las leyes; y siendo de
nuevo confirmados como ellas, deberán llevarse á
execucion. Las leyes, decretos, dictamenes, actas,
y resoluciones urgentes están tambien sujetas á esta
regla; pero el Poder Executivo debe poner sus reparos
sobre la urgencia y sobre lo substancial de la
misma ley simultaneamente dentro de dos dias despues
de su recibo, y no haciendolo se tendrán como
aprobadas por él.

12. La fórmula de redaccion con que han de pasar
las leyes, actos, decretos y resoluciones de una á otra
Cámara, y al Poder Executivo, será un preambulo
que contenga: el dia de la sesion en que se discutió
en cada Cámara la materia: la fecha de las respectivas
resoluciones, inclusa la de urgencia quando la
haya; y la exposicion de las razones y fundamentos
que han motivado le resolucion. Quando se omita
algunos de estos requisitos, deberá volverse el acto


164

dentro de dos dias à la Cámara donde se note la omision,
ó à la del origen si hubiere ocurrido en ambas.

13. Estos requísitos no acompañarán á la ley en
su promulgacion: ella saldrá entonces redactada
clara, sencilla, precisa y uniformemente, sin otra
cosa que un membrete que explique su contenido con
la nominacion de ley, acto, ò decreto, y lo dispositivo
de la misma ley, baxo la fórmula de estilo siguiente:
El Senado, y la Cámara de Representantes de los Estados-Unidos
de Venezuela, juntos en Congreso decretaron:

y en seguida la parte dispositiva de la ley,
acto, ó decreto. Estas fórmulas podrán variarse si
las circumstancias y la conformidad de los pueblos
que se agreguen à esta confederacion, lo creyesen
necesario.

SECCION SEGUNDA.
Eleccion de da Cámara de Representantes.

14. Los que compongan la Cámara de Representantes
deben ser nombrados por los electores populares
de cada Provincia para servir por quatro años
este encargo; y el número total respectivo se renovará
cada dos por mitad, sin qne ninguno de ellos
pueda ser reelegido inmediatamente.


166

15. Nadie podrá ser elegido ántes de la edad de
veinticinco años: si no ha sido por cinco inmediatamente
ántes de la eleccion ciudadano de la Confederacion
de Venezuela; y si no goza en ella una propriedad
de qualquiera clase.

16. La condicion de domicilio y residencia requerida
aquí para los Representantes, no excluye à los
que hayan estado ausentes en servicio del Estado, ni
à los que hayan permanecido fuera de él con permiso
del Gobierno en asuntos propios, con tal que su
ausencia no haya pasado de tres años; ni à los naturales
del territorio de Venezuela, que habiendo estado
fuera de él, se hnbiesen restituido y hallado presentes
à la declaratoria de su absoluta Independencia,
y la hubiesen reconocido y jurado.

17. La poblacion de las Provincias será la que determine
el número de los Representantes que les corresponda,
en razon de uno por cada veínte mil almas
de todas condiciones, sexós y edades. Por ahora servirá
para el cómputo el censo civil practicado últimamente,
que en lo sucesivo se renovará cada cinco
años; y si hechas las divisiones de veinte mil, resultare
algun residuo que pase de diez mil, habrá por
él un Representante mas.

18. Esta proporcion de uno por veinte mil, continuará
siendo la regla de la representacion, hasta
que el número de los Representantes llegue à sesenta;
y aunque se aumentase la poblacion, no se aumentará
por eso el número, sino se elevará la proporcion hasta


168

que cosrreponda un Representante à cada treinta mil
almas. En este estado continuarà la proporcion de
uno por treinta mil, hasta que lleguen à ciento los
Representantes; y entónces como en el caso anterior,
se elevarà la proporcion à quarenta mil por uno,
hasta que lleguen à docientos por el aumento progresivo
de la poblacion, en cuyo caso se procederá de
modo que la regla de proporcion no suba de uno por
cincuenta mil almas.

19. Quando por muerte, renuncia, ú otra causa
vacàre alguna plaza de Representante, entrará à
servirla el que en las últimas elecciones hubiese obtenido
la segunda mayoría de votos, y se considerará
nombrado por el tiempo que falte al primero. Si
este fuese ménos de un año, no se le contará como
obstáculo para poder ser elegido en las inmediatas
elecciones.

20. Estas se executarán con uniformidad en todo
el territorio de la Confederacion, procediendo para
ello del modo siguiente:

21. El dia primero de Noviembre de cada dos años,
se reunirán los sufragantes en todas las parroquias del
Estado, para elegir libre y espontaneamente los electores
parroquiales que han de nombrar el Representante
ó Representantes que correspondan aquel
biennio à su Provincia.


170

22. A cada mil almas de poblacion, y à cada Parroquia,
aunque no llegue à este número, se dará un
elector; luego que estén nombrados se disolverá la
Congregacion parroquial: y los Electoros se hallarán
reunidos indefectiblemente el quince de Noviembre
en la Ciudad ó Villa que fuere cabeza del Partido
capitular, para nombrar los Representantes.

23. El resultado de la Congregacion electoral, se
remitirá por ahora inmediatamente al Gobierno provincial;
y quando este se reforme popularmente, al
Presidente del Senado, ó primera Cámara del Cuerpo
legislativo de ella, que en todas deberá hallarse reunido
en los primeros dias de Diciembre.

24. El Gefe del Gobierno actual, ô el Presidente
del Senado quando lo haya, abrirá à presencia de la
Legislatura provincial que se hallará reunida, las
votaciones que se remitan de los Partidos para contar
los votos. Se tendrán por elegidos para Representantes
los que hayan reunido à su favor la mayoría
del número total de los Electores nombrados; y en
caso de igualdad de mayoría entre dos ó mas personas,
elegirá entre ellos la Legislatura; pero sininguna
llegase à reunir la mitad, la Legislatura
entónces escogerá de los que hayan tenido mas votos,
un número triple, ó doble si fuere preciso de los Representantes
que toquen à su Provincia, para elegir


172

entre estos los que deban serlo. Para esta eleccion
podrá atenderse à qualquiera especie de mayoria,
añadiendo á los votos de la Legislatura los que cada
uno hubiese obtenido desde las Congregaciones
electorales de las cabezas de partido. En caso de
igualdad en la última eleccion de la Legislatura, decidirá
el voto del Presidente.

25. Mientras no se organizan constitucional y uniformemente
las Legislaturas de las Provincias, podrán
hacer sus Gobiernos actuales lo prevenido-anteriormente,
juntandose en un lugar determinado
todos sus miembros en union de las Municipalidades
de la Capital, y doce personas de arraigo conocido
elegidas previamente por las mismas Municipalidades.

26. Todo hombre libre tendrà derecho de sufragio
en las Congregaciones Parroquiales, si á esta calidad
añade la de ser Ciudadano de Venezuela, residente
en la Parroquia ó Pueblo donde sufraga: si fuere
mayor de veintiun años, siendo soltero, ó menor
siendo casado, y velado, y si poseyere un caudal
libre del valor de seiscientos pesos en las Capitales de
Provincia siendo soltero, y de quatrocientos siendo
casado, aunque pertenezcan á la muger, ó de quatrocientos
en las demas poblaciones en el primer caso,
y docientos en el segundo: ó si tubiere grado, ú
aprobacion pública en una ciencia, ó arte liberal, ó
mecanica: ó si fuere propietario, ó arrendador de
tierras, para sementeras, ó ganado con tal que sus


174

productos sean los asignados para los respectivos
casos de soltero, ú casado.

27. Seran excluidos de este derecho los dementes,
los sordomudos, los fallidos, los deudores á caudales
publicos con plazo cumplido, los estrangeros, los
transeuntes, los vagos publicos y notorios, los que
hayan sufrido infamia no purgada por la Ley, los que
tengan causa criminal de gravedad abierta, y los que
siendo casados no vivan con sus mugeres, sin motivo
legal.

28. Ademas de las qualidades referidas para los
sufragantes parroquiales, deben los que han de tener
voto en las Congregaciones electorales, ser vecinos
del partido Capitular donde votaren, y poseer una
propiedad libre de seis mil pesos en la Capital de
Caracas, siendo solteros, y de quatro mil siendo casados,
cuya propiedad será en las demas Capitales,
Ciudades, y Villas, de quatro mil siendo soltero, y
tres mil siendo casado.

29. Tambien se conceden los mismos derechos á
los Empleados públicos con sueldo del Estado, con
tal que este sea de trecientos pesos anuales para votar
en las Congregaciones parroquiales, y de mil para
los Electores capitulares. Pero todos ellos estan inhabiles
para ser miembros de las Camaras de Representantes,
y senadores mientras no renuncien al exercicio


176

de sus empleos, y al goce de sus respectivos
sueldos por todo el tiempo que dure la representacion.

30. Es un derecho exclusivo y propio de las respectivas
Municipalidades, el convocar conforme à
la Constitucion las Asambleas primarias y electorales,
y todas las demas que resolviere el Gobierno de su
Provincia.

31. Qualquiera de sus miembros, ó de los Jueces,
y personas notables de los Pueblos de su distrito podràn
ser autorizados por ellas presidir y concluir las
Asambleas parroquiales; pero las Electorales las
presidirá uno de los Alcaldes, y las autorizarà el
Escrivano municipal.

32. Si hubiese por parte de las Municipalidades
omision en hacer oportunamente estas convocatorias,
podràn los Ciudadanos reunirse espontaneamente en
los dias señalados por la Constitucion para ellas, y
hacer con órden, tranquilidad, y moderacion lo que
no hubiese hecho el Cuerpo Municipal, hasta comunicar
despues de disueltas las Congregaciones, el resultado
al Gobierno Provincial respectivo.

33. El uso de esta facultad, tanto por parte de las
Municipalidades, como de los Ciudadanos, fuera de
los casos y tiempos prevenidos en esta Constitucion,
será un atentado contra la seguridad pública, y una
traicion à las leyes del Estado; y nunca pasaràn las
funciones de estas Congregaciones del nombramiento
de Electores, ó Representantes del Congreso General,
ó Legislatura Provincial respectiva, sin tratar en


178

manera alguna de otra cosa que no prevenga la Constitucion.

34. Las calificaciones de propiedad seràn peculiares
à las respectivas Municipalidades que llevarán
permanentemente un registro civil de los Ciudadanos
aptos para votar en las Congregaciones parroquiales,
y electorales de su partido, en la forma que estableciere
la respectiva Constitucion Provincial.

35. La falta actual que hay del registro civil ordenado
por el articulo anterior para establecer las
calificaciones de los Ciudadanos, podrà suplirse autorizando
los Cabildos á los mismos que nombren para
presidir las Asambleas primarias, ó parroquiales para
formar un censo en eada Parroquia con vista del
último formado para el actual Congreso, y del
Eclesiastico autorizado por el Cura, ó su Teniente,
y quatro vecinos honrados, padres de familia, y propietarios
del Pueblo, que baxo juramento testifiquen
tener los comprehendidos en el censo las calidades
requeridas para ser sufragantes, ó electores.

36. Obtenida por este medio la poblacion total de
la Parroquia, se sabrà el Elector, ó Electores que
le correspondan, y se formará una lista por ella de
los Ciudadanos que resulten con derecho á sufragio,


180

y otra de los que estén habiles para ser Electores en
la Congregacion capitular.

37. Estas tres listas se llevaràn por el comisionado
á la Asamblea primaria ó parroquial, para que los
sufragantes con conocimiento de ella procedan á
nombrar de los de la última lista el Elector, ó Electores
que correspondan á aquella Parroquia.

38. Verificado esto se presentarà todo ello por el
comisionado al Cuerpo Municipal del partido, para
que sirva á formar el registro civil provisional,
mientras por el Congreso no se establezca otra
formula.

39. El acto de eleccion parroquial y electoral
serà público, como es propio de un Pueblo libre y
virtuoso, y en él se procederá del modo siguiente.

40. Los Electores primarios, ò sufragantes parroquiales
llevarán sus votos en persona por escrito, ó
de palabra al Alcalde de quartel, ó Juez que se nombráre
dentro del término de ocho dias, desde aquel
en que se abriese la eleccion; y en el primero de
Noviembre se procederá al escrutinio ante el mismo
Juez con seis personas respetables de la Parroquia,
á cuyas puertas se fixará la votacion, y su resultado.

41. En las Congregaciones electorales dará su
voto cada Elector en un billete firmado, ó en secreto
á la voz al Presidente de la Congregacion que lo hará
escribir en el acto por el Secretario à presencia de dos
testigos. Reunidos los votos en secreto, se practicará


182

en público el escrutinio, formando lista por
órden alfabetico, y se leerán luego en voz alta los
votos con el nombre de cada Elector.

42. Las dudas, ó dificultades que se susciten en
las Asambleas primarias ú electorales sobre qualidades
ó formas, se decidirán en las primeras por el
Presidente y sus asociados, y en las segundas por la
misma Congregacion; pero de ambas podrá apelarse
en último recurso á la Legislatura provincial, sin
que entre tanto se suspenda por eso el efecto de la
eleccion respectiva.

43. La Camara de Representantes al principiar sus
Sesiones elegirà para el tiempo que duraren estas, un
Presidente y Vice-Presidente de sus miembros que
podrá mudar en caso de prorroga, ó convocacion
extraordinaria; tambien nombrará fuera de su seno
el Secretario, y demas Oficiales que juzgue necesarios
para el desempeño de sus trabajos, siendo de su autoridad
la asignacion de sueldos, ó gratificaciones de
los referidos empleados.

44. Todos los empleados de la Confederacion están
sujetos á la inspeccion de la Camara de Representantes
en el desempeño de sus funciones, y por ella
seràn acusados ante el Senado de todos los casos de
traicion, colusion, ó malversacion, y este admitirá,
oirá, rechazará, y juzgará estas acusaciones, sin que
puedan someterse à su juicio por otro órgano que el


184

de la Camara, á quien toca exclusivamente este
derecho

SECCION TERCERA.
Eleccion de los Senadores.

45. El Senado de la Confederacion lo compondrá
por ahora un número de individuos, cuya proporcion
no pasará de la tercera, ni será ménos de la quinta
parte del número de los Representantes: quando
estos pasen de ciento, estará la proporcion de aquellos
entre la quarta, y la quinta: y quando de docientos,
entre la quinta, y la sexta.

46. Este cálculo indica al presente que debe haber
de cada Provincia un Senador por cada setenta mil
almas de todas condiciones, sexôs, y edades con
arreglo á los censos que rigen; pero siempre nombrará
uno la que no llegue al número señalado, y otro
la que deducida la quota ó quotas de setenta mil,
tenga un residuo de treinta mil almas.

47. El término de las funciones de Senador será el
de seis años, y cada dos se renovará el Cuerpo por
terceras partes, siendo los primeros á quienes toque
este turno á los dos años de la primera reunion, los de
las Provincias que hubieren dado mayor número, y
así sucesivamente, de modo que ninguno pase de los
seis años asignados.


186

48. La eleccion originaria y sucesiva en los años
de turno, se hará por la Legislatura provincial, segun
la forma que ellas se prescriban; pero con las condiciones
de que:

49. Para ser Senador ha de tener el elegido treinta
años de edad: diez años de ciudanano avecindado en
el territorio de Venezuela inmediatamente antes de la
eleccion con las excepciones comprehendidas en el
paragrafo diesyseis, y ha de gozar en él una propiedad
de seis mil pesos.

50. El Senado elegirá fuera de su seno un Secretario,
y los demas Oficiales y empleados que necesite,
siendo privativa al mismo Cuerpo la asignacion de
sueldos, acensos, y gratificaciones de estos empleados,
y tambien un Presidente y Vice, como previene el
parrafo 43 para los Representantes.

51. Quando vacare alguna plaza de Senador por
muerte, renuncia, ú otra causa durante el receso de
la Legislatura provincial á que corresponda la vacante,
el Poder Executivo de ella podrá nombrar
interinamente quien la sirva hasta la proxîma reunion
de la Legislatura, en que habrá de proveerse en
propiedad.

SECCION QUARTA.
Funciones y facultades del Senado.

52. El Senado tiene todo el poder natural, é incidente
de una Corte de Justicia para admitir, oir,


188

juzgar, y sentenciar á qualesquiera de los empleados
principales en servicio de la Confederacion, acusados
por la Camara de Representantes de felonía,
mala conducta, usurpacion ó corrupcion en el uso
de sus funciones, arreglandose á la evidencia, y à la
justicia en estos procedimientos, y prestando para ello
un juramento especial sobre los Evangelios antes de
empezar la actuacion.

53. Tambien podrá juzgar, y sentenciar à qualquiera
otro de los empleados inferiores, quando
instruido de sus faltas, ó delitos advierta omision en
sus respectivos Gefes para hacerlo, precediendo siempre
la acusacion de la Camara.

54. Inmediatamente pasará al acusado copia legal
de la acusacion, y le señalará tiempo, y lugar para
evaquar el juicio, sirviendose para esto del Ministro,
ó comisionado que tenga á bien elegir, y teniendo
consideracion á la distancia en que resida el acusado,
y á la naturaleza del juicio que va á sufrir.

55. Luego que haya tenido su efecto la citacion,
y emplazamiento del Senado compareciendo en fuezra
de ella el acusado, se le oiràn libremente las pruebas
y testigos que presentáre, y la defensa que hiciere
por sí, ó por Letrado; pero si por renuencia, ú
omision dexáre de comparecer, exâminará el Senado
los cargos, y pruebas, que haya contra él, y pronunciará
un juicio tan válido y efectivo, como si el


190

acusado hubiese comparecido, y respuesto á la
acusacion.

56. En estos juicios, si no hubiese Letrado en el
Cuerpo del Senado, deberá este citar para que dirija
el juicio, á alguno de los Ministros de la Alta Corte
de Justicia, ú á otro Letrado de crédito que merezca
su confianza, á los quales solo se concederá voto consultivo
en la materia.

57. Para que pueden tener efecto, y validacion,
las sentencias pronunciadas por el Senado en estos
juicios, han de concurrir precisamente á ellas las
dos terceras partes de los votos de los Senadores que
se halláren presentes en el número necesario para
formar sesion constitucionalmente.

58. Estas sentencias no tendrán otro efecto que el
de deponer al acusado de su empleo, en fuerza de la
verdad conocida por averiguacion previa, declarandolo
incapaz de obtener cargo honorífico, ó lucrativo
en la Confederacion, sin que esto lo releve de ser ulteriormente
perseguido, juzgado, y sentenciado por
los competentes Tribunales de Justicia.

SECCION QUINTA.
Funciones económicas, y prerogativas comunes á
ambas Cámaras
.

59. La calificacion de elecciones, calidades, y
admision de sus respectivos miembros, será del resorte


192

privativo de cada Cámara, como igualmente la resolucion
de las dudas que sobre esto puedan ocurrir.
Del mismo modo podrán fixar el número constitucional
para las sesiones, que nunca podrá ser ménos
de las dos terceras partes; y en todo caso el número
exîstente, aunque sea menor, podrá compeler á los
que falten á reunirse baxo las penas que ellas
estableciéren.

60. El Presidente de cada una de las Cámaras
será siempre el conducto por donde se verifiquen
tanto estas medidas coactivas, como las demas convocaciones
extraordinarias que constitucionalmente
exîjan las circunstancias.

61. El proceder de cada Cámara en sus sesiones,
debates, y deliberaciones, será establecido por ellas
mismas, y baxo estas reglas podrá castigar á qualquiera
de sus miembros que las infrija, ò que de
otra manera se haga culpable con las penas que
establezca, hasta expelerlos de su seno, quando
reunidas las dos terceras partes de sus miembros, lo
decida la unanimidad de los dos tercios presentes.

62. Las Camaras gozarán en el lugar de sus sesiones
el derecho exclusivo de Policía, y tendrán á sus
órdenes inmediatas una guardia nacional capaz de
mantener el decoro de su representacion, y el sosiego,
órden, y libertad de sus resoluciones.

63. En uso de este derecho podrán tambien castigar
con arresto que no exceda de treinta dias á


194

qualquiera individuo que desordenada y vilipendiosamente
faltàse al respeto èn su presencia, ò que amenazàre
de qualesquier modo atentar contra el Cuerpo,
ò contra la persona, ò bienes de alguno de sus individuos
durante las sesiones, ó yendo y viniendo á
ellas por qualquiera cosa que hubiese dicho, ò hecho
en los debates, ó que embarazàse, ó perturbase sus
deliberaciones, molestando y deteniendo á los Oficiales,
ò empleados de las Cámaras en la execucion
de sus órdenes, ó que asaltàse y detuviese qualquier
testigo, ú otra persona citada, y esperada por qualquiera
de las dos Cámaras, ó que pusièse en libertad
á qualquiera persona detenida por ellas, conociendo,
y constandole ser tal.

64. El proceder de cada Cámara constará solemnemente
de un Registro diario en que se asienten sus
debates y resoluciones; de estas se promulgarán las
que no deban permanecer ocultas, segun el acuerdo
de cada una; y siempre que lo reclame la quinta
parte de los miembros presentes, deberán expresarse
nominalmente los votos de sus individuos sobre toda
mocion, ó deliberacion.

65. Ninguna de las dos Cámaras, mientras se
hallen reunidas, podrá suspender sus sesiones mas de
tres dias, sin el consentimiento de la otra, ni emplazarse
ó citarse para otro lugar distinto de aquel
en que residieren las dos sin el mismo consentimiento.


196

66. Los Representantes y Senadores recibirán por
sus servicios la indemnizacion que la ley les señale
sobre los fondos comunes de la Confederacion, computandose
por el Congreso el tiemp o que deben haber
invertido en venir de sus domicilios al lugar de la
reunion, y restituirse á ellos concluidas las sesiones.

SECCION SEXTA.
Tiempo, lugar, y duracion de las sesiones Legislativas
de ambas Cámaras
.

67. El dia quince de Enero de cada año se verificará
la apertura del Congreso en la ciudad Federal
que está señalada por ley particular, y que nunca
podrá ser la capital de ninguna Provincia, y sus
sesiones no podràn exceder del término ordinario de
un mes; pero si se creyese necesario prorrogarlas extraordinariamente,
deberá preceder una resolucion
expresa del Congreso, señalando un término definido
que no podrá exceder tampoco de otro mes prorrogable
del mismo modo; y si ántes de concluirse
qualquiera de estos determinados periodos hubiere
dado evasion á los negocios que llamaron su atencion,
podrá terminar desde luego sus sesiones.

68. Durante estas, podrà tambien disolverse, y
emplazarse para otro tiempo y lugar, expresa y previamente
designados; y el Poder Executivo no podrá
tener otra intervencion en estas resoluciones, sino


198

la de fixar, en caso de discordia entre ambas Cámaras,
sobre el tiempo y lugar, un término que no exceda
el mayor de la disputa para la reunion en el mismo
lugar en que se encontràren entónces.

69. La inmunidad personal de los Representantes
y Senadores, en todos los casos, excepto los prevenidos
en el párrafo sesenta y uno, y los de traicion
ó perturbacion de la paz pública, se reduce á no
poder ser aprisionados durante el tiempo que desempeñan
sus funciones legislativas, y el que gastarán
en venir á ellas ó restituirse á sus domicilios, y no
poder ser responsables de sus discursos ú opiniones
en otro lugar que en la Cámara en que los hubiesen
expresado.

70. Ninguno de ellos durante el tiempo para que
ha sido elegido, y aunque no esté en exercicio de sus
funciones, podrá aceptar empleos, ni cargo alguno
civil que haya sido creado, ó aumentado en sueldos,
ó emolumentos durante el tiempo de su autoridad
legislativa.

SECCION SEPTIMA.
Atribuciones especiales del Poder Legislativo.

71. El Congreso tendrà pleno poder y autoridad
de levantar y mantener exercitos para la defensa
comun, y disminuirlos oportunamente,—de construir,
equipar, y mantener una marina nacional,—de formar


200

reglamentos y ordenanzas para el gobierno, administracion
y disciplina de las referidas tropas de
tierra, y mar,—de hacer reunir las milicias de todas
las Provincias, ó parte de ellas, quando lo exija la
execucion de las leyes de la union, y sea necesario
contener las insurrecciones, y repeler las invasiones,
—de disponer la organizacion, armamento y disciplina
de las referidas milicias, y la administracion
y gobierno de la parte de ella que estuviere empleada
en servicio del Estado, reservando á las Provincias
la nominacion de sus respectivos Oficiales, en la forma
que prescribieren sus constituciones particulares,
y la facultad de dirigir, citar, y executar por símismas
la enseñanza de la disciplina ordenada por el
Congreso,—de establecer, y percibir toda suerte de
impuestos, derechos, y contribuciones que sean necesarias
para sostener los exercitos, y esquadras,
siempre que lo exijan la defensa, y seguridad comun,
y el bien general del Estado, con tal que las referidas
contribuciones se impongan, y perciban uniformemente
en todo el territorio de la Confederacion,—
de contraher deudas por medio de empréstito de
dinero sobre el crédito del Estado,—de reglar el
comercio con las naciones extrangeras, determinando
la qüota de sus contribuciones, y la recaudacion, é
inversion de sus productos en las exigencias comunes,
y para reglar el de las Provincias entresí,—de disponer
abosolutamente del ramo del tabaco, mò, y

202

chimó, derechos de importacion y exportacion,
reglando, y dirigiendo en todas la inversion de los
gastos, y la recoleccion de los productos que han de
entrar por ahora en la Tesorería nacional, como renta
privilegiada de la Confederacion, y la mas propia
para servir á la defensa, y seguridad comun—de
acuñar, y batir moneda, determinar su valor, y el
de las extrangeras, introducir la de papel si fuere
necesario, y fixar uniformemente los pesos, y medidas
en toda la extension de la Confederacion,—de
arreglar, y establecer las postas, y correos generales
del Estado, y asignar la contribucion para ellas, y
para designar los grandes caminos, dexando al cargo,
y deliberacion de las Provincias las ramificaciones
secundarias que faciliten la comunicacion de sus
pueblos interiores entre sí, y con las vias generales,
—de declarar la guerra y hacer la paz, conceder en
todo tiempo patentes de corso y de represalias, y
establecer reglamentos para las presas de tierra, y de
mar; sea para conocer, y decidir sobre su legalidad,
como para determinar el modo con que deben dividirse,
y emplearse,—de hacer leyes sobre el modo
de juzgar, y castigar las pirateriás, y todos los
atentados cometidos en alta mar contra el derecho de
gentes,—de constituir Tribunales inferiores, que
conozcan de los asuntos propios de la Confederacion
en todo el territorio del Estado, baxo la autoridad,

204

y jurisdiccion del Supremo Tribunal de Justicia, y
detallar los Agentes subalternos del Poder Executivo
en el mismo territorio que no expresáre esta
Constitucion,—de establecer una forma permanente, y
uniforme de naturalizacion en todas las Provincias de
la union, y leyes sobre las bancarrotas,—de formar
las relativas al castigo de los falsificadores de efectos
públicos, y de la moneda corriente del Estado,—de
exercer un derecho exclusivo de legislacion en todos
los casos, sobre toda suerte de objetos del resorte legislativo,
federal, ò provincial en el lugar donde,
por el consentimiento de los Representantes de los
Pueblos que componen, y se unieren á la Confederacion,
se determinare fixar en último resorte
la residencia del Gobierno federal,—de examinar
todas las leyes que formásen las Legislaturas provinciales,
y exponer su dictámen sobre si se oponen ò
no á la autoridad de la Confederacion; y de hacer
todas las leyes y ordenanzas que sean necesarias y
propias á poner en execucion los poderes antecedentes,
y todos los otros concedidos por esta Constitucion al
Gobierno de los Estados-Unidos.


206

CAPITULO TERCERO.
Del Poder Executivo.

SECCION PRIMERA.
De su naturaleza, qualidades, y duracion.

72. El Poder Executivo constitucional de la Confederacion
residirà en la Ciudad federal depositado en
tres individuos elegidos popularmente, y los que lo
fueren deberán tener las qualiqades siguientes.

73. Han de ser nacidos en el continente Colombiano
ó sus islas (llamado àntes América Española)
y han de haber residido en el territorio de la union
diez años inmediatamente ántes de ser elegidos con
las excepciones prevenidas en el paragrafo diesiseis,
sobre residencia y domicilio para los Representantes,
debiendo ademas gozar alguna propiedad de qualquiera
clase en bienes libres.

74. No están excluidos de la eleccion los nacidos
en la Península Española é Islas Canarias, que hallandose
en Venezuela al tiempo de su Independencia
política, la reconocieron, juraron, y contribuyeron
à sostenerla, y que tengan ademas la propiedad y
años de residencia prescriptas en el anterior §.

75. La duracion de sus funciones será de quatro
años, y al cabo de ellos serán reemplazados los tres


208

individuos del Poder Executivo en la misma forma
que ellos fueron elegidos.

SECCION SEGUNDA.
Eleccion Del Poder Executivo.

76. Luego que se hallen reunidas el dia quince de
Noviembre cada quatro años las Congregaciones
electorales que para la eleccion de Representantes
designa el paragrafo veintidos, y hayan hecho la de
estos, procederán el dia siguiente á dar su voto los
mismos Electores por escrito ú de palabra, para los
individuos que han de componer el Poder Executivo
federal.

77. Cada Elector nombrará tres personas, de las
quales una, quando ménos, ha de ser habitante de
otra Provincia distinta de la en que vota.

78. Concluida la votacion, verificado el cálculo y
escrutinio, y publicado en voz alta como en la eleccion
de Representantes, se formarán con distincion
las listas de las personas en quienes se hubiere votado
para miembros del Poder Executivo con expresion del
número de votos que cada uno hubiese obtenido.

79. Estas listas se firmarán, y certificarán por el
Presidente, Electores, y Sectetario de las respectivas
Congregaciones, y se remitirán cerradas, y selladas
al Presidente que fuere del Senado de la Confederacion.


210

80. Luego que este las haya recibido, las abrirá
todas à presencia del Senado, y Camara de Representantes,
que á este fin se hallarán reunidos en una
sala para contar los votos.

81. Las tres personas que hubieren reunido mayor
número de votos para miembros del Poder Executivo
lo serán, si el tal número compusiese las tres mayorias
del número total de los Electores presentes en todas
las Congregaciones del Estado; si ninguno hubiese
obtenido esta mayoria, se tomarán entónces las nueve
personas que hubiesen reunido mayor número de
votos, y de ellos escogerá tres por cedulas la Camara
de Representantes para componer el Poder Executivo
que lo serán aquellas que obtuvieren una mayoría de
la mitad de los miembros de la Camara que se hallaren
presentes à la eleccion.

82. Si ninguno obtuviese esta mayorìa escogerá el
Senado por cedulas tres de entre las seis personas que
hubiesen sacado mas votos en la Camara, y quedarán
elegidos los que reunan mayor número en el Senádo.
Todas estas operaciones de las Camaras se haran tambien
quando no los tres, sino uno ú dos, sean los que
no hayan obtenido la mayoría absoluta, escogiendose
en tales casos el número doble ó triple que está designado
para los tres, en su proporcion respectiva.

83. El ascendiente y descendiente en linea recta,
los hermanos, el tio, y el sobrino, los primos hermanos,


212

y los aliados por afinidad en los referidos
grados, no podrán ser à un mismo tiempo miembros
del Poder Executivo: en caso de resultar electos dos
parientes en los grados insinuados quedará excluido
el que hubiere obtenido menor número de votos; y
en caso de igualdad decidirá la suerte la exclusion.

84. El que obtenga en el càlculo de ambas Camaras
la mayoría mas inmediata á las tres requeridas
para los miembros del Poder Executivo, se tendrá
por elegido para Lugar teniente de este en las ausencias,
enfermedades, muerte, renuncia, ò deposicion
de alguno de los miembros; y si resultasen dos con
igualdad de votos, sorteará la Camara el que haya de
quedar en este caso.

85. Quando por alguno de las causas indicadas
faltáse alguno de los miembros del Poder Executivo,
y entráse en su lugar el Teniente de que habla el
paragrafo anterior, se entenderá nombrado desde
luego para reemplazarle el que hubiese obtenido en
las elecciones la inmediata mayoría de votos, que
valdrá del mismo modo á los demas en las faltas, y
reemplazos succesivos.

SECCION TERCERA.
Atribuciones del Poder Executivo.

86. El Poder Executivo tendrá en toda la Confederacion
el mando supremo de las armas de mar, y
tierra, y de las milicias nacionales quando se hallen
en servicio de la Nacion.


214

87. Podra pedir, y deberán darle los principales
oficiales del resorte Executivo en todos sus ramos,
quantos informes necesitáre por escrito, ó de palabra
relativos á la buena administracion general del Estado,
y desempeño de la confianza respectiva que
depositáre en los empleados públicos de todas clases.

88. En favor, y amparo de la humanidad podrá
perdonar, y mitigar la pena aunque sea capital en los
crímenes de Estado, y no en otros; pero debe consultar
al Poder Judicial expresandole las razones de
conveniencia política que le inducen á ello, y solo
podrá tener efecto el perdon, ò commutacion quando
sea favorable el dictámen de los Jueces que hayan
actuado en el proceso.

89. Solo en el caso de injusticia evidente y notoria,
que irrogue perjuicio irreparable, podrá rechazar, y
dexar sin efecto las sentencias que le pase el Poder
Judicial; pero quando por solo su dictámen crea
que estas son contrarias á la ley, deberá pasar en consulta
sus reparos al Senado, quando esté reunido, ó
á la comision que él dexarà autorizada en su receso
para ocurrir à estos casos.

90. El Senado ó sus Delegados en estas consultas,
servirán de Jueces, y pronunciarán sobre ellas definitivamente,
declarando si tiene lugar ó no la negativa
del Poder Executivo à el cumplimiento de la


216

sentencia que deberá executarse en el segundo caso
inmediatamente, y en el primero devolverse al Poder
Judicial para que asociado con dos miembros mas
elegidos por el Senado ó su comision, se vea la
causa, y reforme dicha sentencia.

91. Pero si la sentencia hubiese recaido sobre
acusacion hecha por la Camara de Representantes,
solo podrá el Poder Executivo suspenderla hasta la
proxima reunion del Congreso, á quien solo compete
en estos casos el perdon, ó relaxamiento de la pena.

92. Quando una urgente utilidad, y seguridad
pública lo exijan, podrá el Poder Executivo decretar,
y publicar indultos generales durante el receso
del Congreso.

93. Con previo aviso, consejo, y consentimiento
del Senado, sancionado por el voto de las dos terceras
partes de los Senadores, que se halláren presentes en
número constitucional, podrà el Poder Executivo
concluir tratados, y negociaciones con las otras Potencias,
ò Estados extraños à esta Confederacion.

94. Baxo las mismas condiciones, y requisitos
nombrará los Embajadores, Enviados, Consules, y
Ministros, los Jueces de la Alta Corte de Justicia,
y todos los demas Oficiales, y Empleados en el Gobierno
del Estado, que no estén expresamente indicados
en la Constitucion, ó por alguna Ley establecida,
ò que se establezca por el Congreso.


218

95. Por leyes particulares podrá este descargar al
Poder Executivo y al Senado del improbo trabajo de
nombrar todos los subalternos del Gobierno, cometiendo
su nombramiento á solo el Poder Executivo, á
las Cortes de Justicia, ó á los Gefes de los varios ramos
de administracion segun lo estimáre conveniente.

96. Tambien necesitará el Poder Executivo del
previo aviso, consejo, y consentimiento del Senado
para conceder grados militares, y otras recompensas
honorificas, compatibles con la naturaleza del Gobierno,
aunque sea por acciones de guerra, ú otros
servicios importantes; y si estas recompensas fuésen
pecuniarias deberà preceder el consentimiento de la
Cámara de Representantes para su concesion.

97. Pero durante el receso del Senado, podrá el
Poder Executivo proveer por sí solo los empleos que
vacasen, concediendolos como én comision hasta la
Sesion siguiente, si ántes no se reuniése por acaso el
Senado.

98. Por sí solo podrà el Poder Executivo elegir, y
nombrar los sujetos que han de servir las Secretarias
que el Poder Legislativo haya creido necesarias para
el despacho de todos los ramos del Gobierno federal,
y nombrará tambien los Oficiales, y empleados en
ellas, quando sean ciudadanos de la Confederacion;
pero no siendolo deberà consultar y seguir el dictámen,
y deliberacion del Senado en semejantes nombramientos.


220

99. Como conseqüencia de esta facultad podrá
removerlos tambien de sus destinos quando lo juzgue
conveniente; pero si esta remocion la hiciere no por
faltas, ò crímenes indecorosos, sino por ineptitud,
incapacidad ú otros defectos compatibles con la inocencia
é integridad, deberá entónces recomendar al
Congreso el merito anterior de estos Empleados, para
que sean recompensados é indemnizados competentemente
en otros destinos, con utilidad de la Nacion.

SECCION QUARTA.
Deberes del Poder Executivo.

100. El Poder Executivo conformandose á las
leyes y resoluciones que en las varias ocurrencias le
comunique el Congreso, proveerá con todos los
recursos del resorte de su autoridad, á la seguridad
interior y exterior del Estado, dirigiendo para esto
proclamas á los pueblos de lo interior, intimaciones,
órdenes, y todo quanto crea conveniente.

101. Aunque por una conseqüencia de estos principios
puede hacer una guerra defensiva para repeler
qualquier ataque imprevisto, no podrá continuarla
sin el consentimiento del Congreso, que convocará
inmediatamente, si no se hallare reunido, y nunca
podrá sin este consentimiento hacer la guerra fuera
del territorio de la Confederacion.


222

102. Todos los años presentará al Congreso en sus
dos Cámaras, una razon circunstanciada del estado
de la nacion en sus rentas, gastos y recursos, indicandole
las reformas que deban hacerse en los ramos
de la administracion pública, y todo lo demas que
en general deba tomarse en consideracion por las Cámaras,
sin presentarle nunca proyectos de ley, formados
ò redactados como tales.

103. En todo tiempo dará tambien á las Cámaras
las cuentas, informes, é ilustraciones que por ellas
se le pidan, pudiendo reservar las que por entónces no
sean de publicar, y en igual caso podrá reservar
tambien del conocimiento de la Càmara de Representantes,
aquellas negociaciones ò tratados secretos
que hubiere entablado con aviso, consejo, y consentimiento
del Senado.

104. En toda ocurrencia extraordinaria deberá
convocar al Congreso, ò á una de sus Cámaras; y
en caso de diferencia entre ellas sobre la época de su
emplazamiento, podrá fixarles un término para su
reunion, como se previene en el paragrafo 68.

105. Será uno de sus principales deberes velar
sobre la exàcta, fiel, é inviolable execucion de las
leyes; y para esto y qualquiera otra medida del resorte
de su autoridad, podrá delegarla en los oficiales
y empleados del Estado que estimáre conveniente
al mejor desempeño de esta importante
obligacion.


224

106. Para los mismos fines, y arreglandose á la
forma que prescribiére el Congreso, podrá el Poder
Executivo comisionar cerca de los Tribunales y
Cortes de justicia de la Confederacion, Agentes ò
Delegados para requerirlas sobre la observancia de
las formas legales y exâcta aplicacion de las leyes
ántes de terminarse los juicios, comunicando al Congreso
las reformas que crea necesarias, segun el informe
de estos comisionados.

107. El Poder Executivo como gefe permanente
del Estado, será el que reciba á nombre suyo los
Embaxadores y demas Enviados, y Ministros públicos
de las naciones extrangeras.

SECCION QUINTA.
Disposiciones generales relativas al Poder Executivo.

108. Los Poderes Executivos provinciales, ò los
Gefes encargados del gobierno de las Provincias,
serán en ella los Agentes naturales é inmediatos del
Poder Executivo federal, para todo aquello que por
el Congreso general no estuviere cometido à Empleados
particulares en los ramos de Marina, Exercito,
y Hacienda Nacional en los puertos y plazas de
las Provincias.

109. Inmediatamente que el Poder Executivo, ò
alguno de sus miembros sean acusados y convencidos
ante el Senado de traicion, venalidad ò usurpacion,
serán desde luego destituidos de sus funciones, y sujetos


226

à las conseqüencias de este juicio que se expresan
en el paragrafo 58.

CAPITULO QUARTO.
Del Poder Judicial.

SECCION PRIMERA.
Naturaleza, eleccion, y duracion de este Poder.

110. El Poder Judicial de la Confederacion estará
depositado en una Corte Suprema de justicia, residente
en la ciudad federal, y los demas Tribunales
subalternos y juzgados inferiores que el Congreso
estableciere temporalmentc en el territorio de la
union.

111. Los Ministros de la Corte Suprema de justicia,
y los de las demas Cortes subalternas, serán
nombrados por El Poder Executivo en la forma
prescripta en el paragrafo 94.

112. El Congreso señalará y determinará el número
de Ministros que deben componer las Cortes de
Justicia, con tal que los elegidos sean de edad de
treinta años para la Suprema, y de veinticinco para
las demas, y tengan las calidades de vecindad, concepto,
probidad, y sean Abogados recibidos en el
Estado.


228

113. Todos ellos conservarán sus empleos por el
tiempo que no se hagan incapaces de continuar en
ellos por su mala conducta.

114. En periodos fixos determinados por la ley,
recibirán por este servicio los sueldos que se les
asignáren, y que no podrán ser en manera alguna
disminuidos, mientras permaneciéren en sus respectivas
funciones.

SECCION SEGUNDA.
Atribuciones del Poder Judicial.

115. El Poder Judicial de la Confederacion, estará
circunscripto à los casos cometidos por ella; y son,
—todos los asuntos contenciosos, civiles, ó criminales
que se deriven del contenido de esta Constitucion,—
los tratados ò negociaciones hechas baxo su autoridad,
—todo lo concerniente à Embaxadores, Ministros,
Cónsules,—los asuntos pertenecientes à Almirantazgo,
y jurisdiccion marìtima,—las diferencias
en que el Estado federal tenga ò sea parte,—las que
se susciten entre dos ó mas Provincias,—entre una
Provincia, y uno ò muchos ciudadanos de otra,—
entre ciudadanos de una misma Provincia que disputáren
tierras concedidas por diferentes Provincias,—
entre una Provincia, ò ciudadanos de ella, y otros
Estados, ciudadanos, ò vasallos extrangeros.

116. En estos cases exercerá su autoridad la Suprema
Corte de justicia por apelacion, segun las reglas


230

y excepciones que le prescribiere el Congreso;
pero en todos los concernientes à Embaxadores, Ministros,
y Cónsules, y en los que alguna Provincia
fuere parte interesada, la exercerá exclusiva y originalmente.

117. Todos los juicios criminales ordinarios que
no se deriven del derecho de acusacion concedido à la
Cámara de Representantes por el paragrafo quarenta
y quatro, se terminarán por jurados luego que se
establezca en Venezuela este sistema de legislacion
criminal, cuya actuacion se hará en la misma Provincia
en que se hubiese cometido el delito; pero
quando el crímen sea fuera de los límites de la Confederacion
contra el derecho de gentes, determinará
el Congreso por una ley particular el lugar en que
haya de seguirse el juicio.

118. La Suprema Corte de justicia tendrá el derecho
exclusivo de exâminar, aprobar y expedir titulos
à todos los Abogados de la Confederacion que acrediten
sus estudios con testimonio de su respectivo
Gobierno; y los que los obtengan en esta forma,
estarán autorizados para abogar en toda ella, aun
donde haya colegios de Abogados, cuyos privilegios
exclusivos para actuacion, quedan derogados, y tendrán
opcion à los empleos y comisiones propias de
esta profesion; siendo presentados los referidos títulos
al Poder Executivo de la union, ántes de exercerla,


232

para que les ponga el correspondiente pase; lo que
igualmente se practicará con los Abogados que habiendo
sido recibidos fuera de Venezuela, quieran abogar
en ella.

CAPITULO QUINTO

SECCION PRIMERA.
DE LAS PROVINCIAS.

Límites de la autoridad de cada una.

119. Ninguna provincia particular puede exercer
acto alguno que corresponda á las atribuciones concedidas
al Congreso, y al Poder Executivo de la
Confederacion, ni hacer ley que comprometa los
contratos generales de ella.

120. Por consiguiente ni dos, ni mas Provincias
pueden formar alianzas, ó Confederaciones entre si,
concluir tratados particulares sin el consentimiento
del Congreso; y para obtenerlo deben especificarle
el fin, términos, y duracion de estos tratados, ó convenciones
particulares.

121. Tampoco pueden sin los mismos requisitos y
consentimiento, levantar, ni mantener tropas, ó
baxeles de guerra en tiempo de paz, ni entablar, ó
concluir pactos, estipulaciones, ni convenios con ninguna
potencia extrangera.


234

122. De los mismos requisitos, y anuencia necesitan
para poder establecer derechos de tonelada, importacion,
y exportacion al comercio extrangero en sus
respectivos Puertos, y al comercio interior, y de
cabotage entre sí; pues que las leyes generales de la
union deben procurar uniformarlo en la libertad de
toda suerte de trabas funestas á su prosperidad.

123. Sin los mismos requisitos, y consentimiento
no podrán emprehender otra guerra que la puramente
defensiva en un ataque repentino, ó riesgo inminente,
é inevitable de ser atacadas, dando inmediatamente
parte de estas ocurrencias al Gobierno federal para
que provea à ellas oportunamente.

124. Para que las leyes particulares de las Provincias
no pueden nunca entorpecer la marcha de las
federales, se someterán siempre al juicio del Congreso
ántes de tener fuerza, y valor de tales en sus
respectivos departamentos, pudiendose entre tanto
llevar á execucion, mientras las revee el Congreso.

SECCION SEGUNDA.
Correspondencia reciproca entre sí.

125. Los actos públicos de todas clases, y las sentencias
judiciales sancionadas por los Poderes Magistrados
y Jueces de una Provincia, tendrán entera


236

fé, y credito en todas las demas comforme à las leyes
generales que el Congreso estableciere para el uniforme,
é invariable efecto de estos actos, y documentos.

126. Todo hombre libre de una Provincia, sin
nota de vago ò reato judicial, gozará en las demas de
todos los derechos de ciudadano libre de ellas; y los
habitantes de la una, tendrán libre y franca la entrada
y salida en las otras, y gozarán en ellas de todas las
ventajas y beneficios de su industria, comercio é instruccion,
sujetandose à las leyes, impuestos y restricciones
del territorio en que se halláren, con tal
que estas leyes no se dirijan à impedir la traslacion de
una propiedad introducida en una Provincia, para
qualquiera de las otras que quisiere el proprietario.

127. Las Provincias à requerimiento de sus respectivos
Poderes Executivos, se entregarán recîprocamente
qualesquiera de los reos acusados de crímen de
Estado, hurto, homicidio, ú otros graves, refugiados
en ellas, para que sean juzgados por la autoridad
provincial à que corresponda.

SECCION TERCERA.
Aumento sucesivo de la Confederacion.

128. Luego que libres de la opresion que sufren
las Provincias de Coro, Maracaybo y Guayana, puedan
y quieran unirse à la Confederacion, serán admitidas


238

à ella, sin que la violenta separacion en que
à su pesar y el nuestro han permanecido, pueda alterar
pára con ellas los principios de igualdad, justicia
y fraternidad, de que gozarán desde luego como
todas las demas Provincias de la union.

129. Del mismo modo, y baxo los mismos principios
serán tambien admitidas é incorporadas qualesquiera
otras del continente Colombiano (ántes
América Española) que quieran unirse baxo las condiciones
y garantías necesarias para fortificar la
union con el aumento y enlace de sus partes integrantes.

130. Aunque el conocimiento, exâmen, y resolucion
de estas materias y qualesquiera otras que tengan
relacion con ellas, es del exclusivo resorte del
Congreso, durante el tiempo de su seceso podrá el
Poder Executivo promover, y executar quanto convenga
á los progresos de la Union, baxo las reglas
que para ello le prescribiére el Congreso.

131. A este toca tambien conocer exclusivamente
de la formacion, ó establecimiento de nuevas Provincias
en la Confederacion, ya sea por division del territorio
de otra, ó por la reunion de dos, ó mas, ó de
partes de cada una de ellas; pero nunca quedará
concluido el establecimiento sin el acuerdo y consentimiento


240

del Congreso, y de las Provincias interesadas
en la reunion, ó division.

132. El Congreso será igualmente arbitro para
disponer de todo territorio, y propriedad del Estado,
baxo las leyes, reglamentos, y ordenanzas que para
ello expidiere, con tal qne en ellas no se altere, ni
interprete parte alguna de esta Constitucion, de
modo que dañe á los derechos generales de la Union,
ò á los particulares de las Provicias.

SECCION QUARTA.
Mntua garatì a de las Provincias entre sí.

133. El Gobierno de la Union asegura, y garantiza
á las Provincias la forma del Gobierno Republicano
que cada una de ellas adoptáre para la administracion
de sus negocios domesticos: sin aprobar
Constitucion alguna Provincial que se oponga à los
principios liberales, y francos de representacion admitidos
en esta, ni consentir que en tiempo alguno se
establezca otra forma de Gobierno en toda la Confedèracion.

134. Tambien afianza á las mismas Provincias su
libertad, é independencia reciprocas en la parte de
su Soberanía que se han reservado; y siendo justo,


242

y necesario protegerá y auxîliará á cada una de ellas
contra toda invasion, ó violencia doméstica, con la
plenitud de poder y fuerza que se le confia para la
conservacion de la paz y seguridad general; siempre
que fuere requerido para ello por la Legislatura provincial,
ó por el Poder Executivo quando el Legislativo
no estuviere reunido, ni pudiere ser convocado.

CAPITULO SEXTO.
Revision, y reforma de la Constitucion.

135. En todos los casos en que las dos terceras
partes de cada una de las Cámaras del Congreso, ó
de las Legislaturas provinciales se propusieren, y
aprobaren original, y reciprocamente algunas reformas,
ó alterciones que crean necesarias en esta
Constitucion, se tendrán estas por validas, y harán
desde entònces parte de la misma Constitucion.

136. Ya provenga la reforma del Congreso, ò de
las Legislaturas, permanecerán los artículos sometidos
à la reforma en toda su fuerza y vigor, hasta
que uno de los Cuerpos autorizado para ella, haya
aprobado y sancionado lo propuesto por el otro en la
forma prevenida en el paragrafo anterior.


244

CAPITULO SEPTIMO.
Sancion ò ratificacion de la Constitucion.

137. El pueblo de cada Provincia por medio de
convenciones particulares, reunidas expresamente para
el caso, ó por el órgano de sus Electores capitulares,
autorizados determinadamente al intento, ó por la
voz de los Sufragantes parroquiales que hayan formado
las Asambleas primarias para la eleccion de
Representantes, expresará solemnemente su voluntad
libre y espontanea de aceptar, rechazar, ó modificar
en todo, ò en parte esta Constitucion.

138. Leida la presente Constitucion á las Corporaciones
que hubiere hecho formar cada Gobierno
provincial, segun el artículo anterior, para su aprobacion,
y verificada esta con las modificaciones ò alteraciones
que ocurrieren por pluralidad, se jurará
su observancia solemnemente, y se procederá dentro
de tercero diá á nombrar los funcionarios que les correspondan
de los poderes que forman la Representacion
nacional, cuya eleccion se hará en todo caso por
los Electores que van designados.

139. El resultado de ambas operaciones se comunicará
por las respectivas Municipalidades al Gobierno
de su Provincia, para que presentandolo al Congreso
quando se reuna, se resuelva por él lo conveniente.


246

140. Las Provincias que se incorporen de nuevo
á la Confederacion, lleñaràn en su oportunidad estas
mismas formalidades; aunque el no hacerlo ahora
por causas poderosas ó insuperables, no será obstáculo
para reunirse en el momento en que sus Gobiernos
lo pidan por Comisionados ò Delegados al
Congreso, quando esté reunido, ò al Poder Executivo
durante el receso.

CAPITULO OCTAVO.
Derechos del hombre que se reconocerán y respetarán
en toda la extension del ESTADO
.

SECCION PRIMERA.
Soberanî a del Pueblo.

141. Despues de constituidos los hombres en sociedad,
han renunciado à aquella libertad ilimitada y
licenciosa á que fácilmente los conducian sus pasiones,
propria solo del estado salvage. El establecimiento
de la sociedad presupone la renuncia de estos
derechos funestos, la adquisicion de otros mas dulces
y pacificos, y la sujecion á ciertos deberes mutuos.

142. El pacto social asegura á cada individuo el
goce y posesion de sus bienes, sin lesion del derecho
que los demas tengan á los suyos.


248

143. Una sociedad de hombres reunidos baxo una;
mismas leyes, costumbres, y gobierno, forma una soberanía.

144. La soberanía de un pais, ò supremo poder de
reglar, y dirigir equitativamente los intereses de la
comunidad, reside pues esencial y originalmente en
la masa general de sus habitantes, y se exercita por
medio de Apoderados ò Representantes de estos, nombrados
y establecidos conforme á la Constitucion.

145. Ningun individuo, ninguna familia, ninguna
porcion ò reunion de ciudadanos, ninguna corporacion
particular, ningun pueblo, ciudad, ò partido,
puede atribuirse la soberanía de la sociedad, que es
imprescriptible, inagenable é indivisible en su esencia
y orígen, ni persona alguna podrà exercer qualquiera
funcion pública del gobierno, si no la ha obtenido
por la Constitucion.

146 Los Magistrados y oficiales del Gobierno, investidos
de qualquiera especie de autoridad, sea en el
Departamento Legislativo, en el Executivo, ó en
el Judicial, son de consiguiente meros Agentes y
Representantes del pueblo en las funciones que exercen,
y en todo tiempo responsables à los hombres ò
habitantes de su conducta pública por vias legítimas
y constitucionales.

147. Todos los ciudadanos tienen derecho indistintamente
à los empleos públicos, del modo, en las
formas, y con las condiciones prescriptas por la ley,
no siendo aquellos la propiedad exclusiva de alguna
clase de hombres en particular; y ningun hombre,


250

corporacion ó asociacion de hombres, tendrá otro título
para obtener ventajas y consideraciones particulares,
distintas de las de los otros en la opcion à los
empleos que forman una carrera públiea: sino el que
proviene de los servicios hechos al Estado.

148. No siendo estos títulos ni servicios en manera
alguna hereditarios por la naturaleza, ni transmisibles
à los hijos, descendientes, ú otras relaciones
de sangre, la idea de un hombre nacido magistrado,
legislador, juez, militar, ò empleado de qualquiera
suerte, es absurda, y contraria á la naturaleza.

149. La ley es la expresion libre de la voluntad
general, ò de la mayoría de los ciudadanos, indicado
por el órgano de sus Representantes legalmente constituidos.
Ella se funda sobre la justicia, y la utilidad
comun, y ha de proteger la libertad pública
é individual contra toda opresion ò violencia.

150. Los actos exercidos contra qualquiera persona
fuera de los casos, y contra las formas que la
ley determina, son iniquos, y si por ellos se usurpa
la autoridad constitucional, ó la libertad del pueblo,
serán tiránicos.

SECCION SEGUNDA.
Derechos del hombre en sociedad.

151. El objeto de la sociedad, es la felicidad comun;
y los Gobiernos han sido instituidos para asegurar
al hombre en ella, protegiendo la mejora y
perfeccion de sus facultades fîsicas y morales, aumentando


252

la esfera de sus goces, y procurandole el
mas justo y honesto exercicio de sus derechos.

152. Estos derechos son la libertad, la igualdad,
la propiedad, y la seguridad.

153. La libertad es la facultad de hacer todo lo
que no daña á los derechos de otros individuos, ni
al cuerpo de la sociedad, cuyos limites solo pueden
determinarse por la ley, por que de otra suerte serian
arbitrarios, y ruinosos á la misma libertad.

154. La igualdad consiste en que la ley sea una
misma para todos los Ciudadanos, sea que castigue,
ò que proteja. Ella no reconoce distincion de nacimiento,
ni herencia de poderes.

155. La propiedad es el derecho que cada uno tiene
de gozar y disponer de los bienes que haya adquirido
con su trabajo, é industria.

156. La seguridad existe en la garantia, y proteccion
que da la sociedad á cada uno de sus miembros
sobre la conservacion de su persona, de sus derechos,
y de sus propiedades.

157. No se puede impedir lo que no està prohibidio
por la ley, y ninguno podrá ser obligado á hacer
lo que ella no prescribe.

158. Tampoco podrán los Ciudadanos ser recon
venidos en juicio, acusados, presos, ni detenidos, sino
en los casos, y en las formas determinadas por la ley
y el que provocáre, solicitáre, expidiére, subscribiére,
executáre, ó hiciére executar órdenes, y actos arbitrarios,
deberà ser castigado; pero todo Ciudadano


254

que fuese llamado, ò aprehendido en virtud de la ley,
debe obedecer al instante, pues se hace culpable por
la resistencia.

159. Todo hombre debe presumirse inocente hasta
que no haya sido declarado culpable con arreglo á
las leyes; y si entretanto se juzga indispensable asegurar
su persona; qualquier rigor que no sea para
esto sumamente necesarío, debe ser reprimido.

160 Ninguno podrá ser juzgado, ni condenado al
sufrimiento de alguna pena en materias criminales,
sino despues que haya sido oido legalmente. Toda
persona en semejantes casos tendrá derecho para pedir
el motivo de la acusacion intentada contra ella, y conocer
de su naturaleza para ser confrontada con sus
acusadores, y testigos contrarios, para producir otros
en su favor, y quantas pruebas puedan serle favorables
dentro de términos regulares, por sí, por su poder,
ò por defensor de su eleccion; y ninguna será compelida,
ni forzada en ninguna causa à dar testimonio
contra sí misma, como tampoco los acendientes, y decendientes,
ni los colaterales, hasta el quarto grado
civil de consanguinidad, y segunda de afinidad.

161. El Congreso, con la brevedad posible, establecerà
por una ley detalladamente el juicio por jurados
para los casos criminales y civiles, á que comunmente
se aplica en otras naciones, con todas las formas propias
de este procedimiento, y harà entónces las declaraciones
que aqui correspondan en favor de la libertad


256

y seguridad personal, para que sean parte de esta, y
se observen en todo el Estado.

162. Toda persona tiene derecho á estar segura de
que no sufrirá pesquiza alguna, registro, averiguacion,
capturas, ò embargos irregulares, é indebidos
de su persona, su casa, y sus bienes; y qualquiera
órden de los Magistrados para registrar lúgares sospechosos
sin probabilidad de algun hecho grave que
lo exija, ni expres adesignacion de los referidos lugares,
ó para apoderarse de alguna, ó algunas personas,
y de sus propriedades, sin nombrarlas, ni indicar
los motivos del procedimiento, ni que haya precedido
testimonio, ó deposicion jurada de personas
creibles, será contraria á aquel derecho, peligrosa á
la libertad, y no deberá expedirse.

163. La casa de todo Ciudadano es un asilo inviolable.
Ninguno tiene derecho de entrar en ella, sino
en los casos de incendio, inundacion ó reclamacion
que provenga del interior de la misma casa, ò quando
lo exija algun procedimiento criminal conforme á las
leyes, baxo la responsabilidad de las autoridades constituidas
que expidieren los decretos: las visitas domiciliarias,
y execuciones civiles solo podrán hacerse
de dia, en virtud de la ley, y con respecto à la persona
y objetos, expresamente indicados en la acta que
ordenáre la visita, ó la execucion.

164. Quando se acordáren por la pública autoridad
semejantes actos, se limitaràn estos á la persona,
y objetos expresamente indicados en el decreto,
en que se ordena la visita y execucion, el qual no podrá


258

extenderse al registro, y exámen de los papeles
partículares, pues estos deben mirarse como inviolables;
igualmente que las correspondencias epistolares
de todos los Ciudadanos que no podrán ser interceptadas
por ninguna autoridad, ni tales documentos
probarán nada en juicio, sino es que se exhiban por
la misma persona à qnien se hubiesen dirigido por su
autor, y nunca por otra tercera, ni por el reprobado
medio de la interceptacion Se exceptuan los delitos
de alta traicíon contra el Estado, el de falsedad y
demas que se cometen, y executan precisamente por
la escritura, en cuyos casos se procederá al registro,
exàmen y aprehension de tales documentos con arreglo
á lo díspuesto por las leyes.

165. Todo individuo de la sociedad teniendo derecho
á ser protegido por ella en el góce de su vida, de
su libertad, y de sus propiedades con arreglo á las
leyes, està obligado de consiguiente à contribuir por
su parte para las expensas do esta proteccion, y à
prestar sus servicios personales, ó un equivalente de
ellos quando sea necesario; pero ninguno podrà ser
privado de la menor porcion de su propiedad, ni esta
podrá aplicarse à usos públicos, sin su propio consentimiento,
ó el de los Cuerpos Legislativos representantes
del Pueblo; y quando alguna pública necesidad
legalmente comprobada exîgiere que la propiedad
de algun Cindadano se aplique á usos semejantes,
deberá recibir por ella una justa indemnizacion.

166. Ningun subsidio, carga, impuesto, tasa ó contribucion
podrá establecerse, ni cobrarse, baxo qualquiera


260

pretexto que sea, sin el consentimiento del Pueblo
expresado por el órgano de sus Representantes.
Todas las contribuciones tienen por objeto la utilidad
general, y los Ciudadanos el derecho de vigilar sobre
su inversion, y de hacerse dar cuenta de ellas por el
referido conducto.

167. Ningun género de trabajo, de cultura, de industria,
ó de comercio serán prohibidos à los ciudadanos,
excepto aquellos que ahora forman la subsistencia
del Estado, que despues oportunamente se libertarán
quando el Congreso lo juzgue útil, y conveniente
à la causa pública.

168. La libertad de reclamar cada ciudadano sus
derechos ante los depositarios de la autoridad pública,
con la moderacion, y respeto debidos, en ningun
caso podrà impedirse, ni limitarse. Todos, por el contrario,
deberán hallar un remedio pronto, y seguro,
con arreglo à las leyes, de las injurias, y daños que
sufrieren en sus personas, en sus propiedades, en su
honor, y estimacion.

169. Todos los extrangeros, de qualquiera nacion
que sean, se recibiràn en el Estado. Sus personas,
y propiedades gozarán de la misma seguridad que
las de los demas ciudadanos, siempre que respeten la
Religion Católica, única del Pais, y que reconozcan
la independencia de estos pueblos, su soberania, y las
autoridades constituidas por la voluntad general de
sus habitantes.

170. Ninguna ley criminal, ni civil podrà tener
efecto retroactivo, y qualquiera que se haga para
juzgar, ó castigar acciones cometidas antes que ella


262

exista será tenida por injusta, opresiva, é inconforme
con los principios fundamentales de un Gobierno
libre.

171. Nunca se exîgiràn cauciones excesivas, ni se
impondràn penas pecuniarias desproporcionadas con
los delitos, ni se condenarán los hombres á castigos
crueles, ridícúlos, y desusados. Las leyes sanguinarias
deben disminuirse, como que su freqüente aplicacion
es inconducente à la salud del Estado, y no
ménos injusta que impolìtica, siendo el verdadero designio
de los castigos, corregir, y no exterminar el
género humano.

172. Todo tratamiento que agrave la pena determinada
por la ley, es un delito.

173. El uso de la tortura, queda abolido perpetuamente.

174. Toda persona que fuere legalmente detenida,
ó presa, deberá ponerse en libertad luego que dé caucion,
ò fianza suficiente, excepto en los casos en que
haya pruebas evidentes, ó grande presuncion de delitos
capitales. Si la prision proviene de deudas, y
no hubiere evidencia, ó vehemente presuncion de
fraude, tampoco deberá permanecer en ella, luego
que sus bieues se hayan puesto á la disposicion de sus
respectivos acreedores, conforme à las leyes.

175. Ninguna sentencia pronunciada por traicion
contra el Estado, ó qualquiera otro delito arrastrará
infamia à los hijos, y descendientes del reo.

176. Ningun ciudadano de las Provincias del Estado,
excepto los que estvuieren empleados en el exercito,


264

en la marina, ó en las milicias, que se halláren
en actual servicio, deberá sugetarse à las leyes militares,
ni sufrir castigos provenidos de ellas.

177. Los militares, en tiempo de paz, no podrán
aquartelarse, ni tomar alojamiento en las casas de los
demas ciudadanos particulares sin el consentimiento
de sus dueños, ni en tiempo de guerra, sino por órden
de los Magistrados civiles, conforme á las leyes.

178. Una milicia bien reglada, é instruida, compuesta
de los ciudadanos, es la defensa natural mas
conveniente, y mas segura á un Estado libre. No
deberá haber por tanto tropas veteranas en tiempo
de paz, sino las rigorosamente precisas para la seguridad
del pais, con el consentimiento del Congreso.

179. Tampoco se impedirá à los ciudadanos el derecho
de tener, y llevar armas lícitas, y permitidas para su
defensa; y el Poder Militar en todos cásos se conservará
en una exâcta subordinacion á la autoridad
civil, y será dirigido por ella.

180. No habrá fuero alguno personal: solo la naturaleza
de las materias determinará los Magistrados
á que pertenezca su conocimiento; y los empleados
de qualquier ramo, en los casos que ocurran sobre
asuntos que no fueren propios de su profesion, y carrera,
se sujetarán al juicio de los Magistrados, y
Tribunales ordinarios, como los demas ciudadanos.

181. Serà libre el derecho de manifestar los pensamientos
por medio de la imprenta; pero qualquiera
que lo exerza se harà responsable á las leyes, si
ataca, y perturba con sus opiniones la tranquilidad


266

pública, el dogma, la moral cristiana, la propiedad,
honor, y estimacion de algun ciudadano.

182. Las Legislaturas provinciales tendrán el derecho
de peticion al Congreso, y no se impedirá á los
habitantes el de reunirse ordenada y pacíficamente en
sus respectivas Parroquias para consultarse, y tratar
sobre sus intereses, dar instrucciones á sus Representantes
en el Congreso, ò en la Provincia, ó dirigir
peticiones al uno ó al otro Cuerpo legislativo, sobre
raparacion de agravios, ó males que sufran en sus
propios negocios.

183. Para todos estos casos deberá preceder necesariamente
solicitud expresa por escrito de los padres
de familia, y hombres buenos de la Parroquia, quando
ménos en número de seis, pidiendo la reunion à la
respectiva Municipalídad, y esta determinarà el dia,
y comisionará algun Magistrado, ò persona respetable
del partido para que presida la Junta, y despues
de concluida, y extendida la acta, la remita á la
Municipalidad que le dará la direccion conveniente.

184. A esras Juntas solo podràn concurrir los Ciudadanos
sufragantes, ò Electores, y las Legislaturas
no están absolutamente obligadas á conceder las peticiones,
sino á tomarlas en consideracion para proceder
en sus funciones del modo que pareciére mas
conforme al bien general.

18. El poder de suspender las leyes, ò de detener
su execucion, nunca deberá exercitarse, sino por las
Legislaturas respectivas, ó por autoridad dimanada
de ellas paro solo aquellos casos particulares que hubieren


268

expresamente provisto fuera de los que expresa
la Constitucion; y toda suspension, ó detencion
que se haga en virtud de qualquiera autoridad sin el
consentimiento de los Representantes del Pueblo, se
rechazarà como un atentado á sus derechos.

186. El Poder Legislativo suplirà provisionalmente
á todos los casos en que la Constitucion respectiva
estuviere muda, y proveerá con oportunidad
arreglandose á la misma Constitucion la adiccion ò
reforma que pareciere necesario hacer en ella.

187. El derecho del Pueblo para participar en la
Legislatura es la mejor seguridad, y el mas firme
fundamento de un gobierno libre: por tanto es preciso
que las elecciones sean libres y freqüentes, y que
los Ciudadanos en quienes concurren las calificaciones
de moderadas propiedades, y demas que procuran un
mayor interes á la comunidad, tengan derecho para
sufragar, y elegir los miembros de la Legislatura á
epocas señaladas y poco distantes, como previene la
Constitucion.

188. Una dilatada continuacion en los principales
funcionarios del Poder Executivo, es peligrosa à la
libertad; y esta circunstancia reclama poderosamente
una rotacion periodica entre los miembros del referido
Departamento para asegurarla.


270

189. Los tres departamentos esenciales del Gobierno,
á saber: el Legislativo, el Executivo, y el
Judicial, es preciso que se conserven tan separados,
é independientes el uno del otro, quanto lo exîja la naturaleza
de un Gobierno libre, ó quanto es conveniente
con la cadena de conexion que liga toda la fabrica
de la Constitucion en un modo indisoluble de
amistad, y union.

190. La emigracion de unas Provincias á otras, será
enteramente libre.

191. Los Gobiernos se han constituido para la
felicidad comun, para la proteccion y seguridad de
los Pueblos que los componen, y no para el benéficio,
honor, ó privado interes de algun hombre, de alguna
familia, ó de alguna clase de hombres en particular,
que solo son una parte de la comunidad. El
mejor de todos los Gobiernos será el que fuére mas
propio para producir la mayor suma de bien, y de
felicidad, y estuviere mas à cubierto del peligro de
una mala administracion; y quantas veces se reconociere
que un Gobierno es incapaz de llenar estos
objetos, ó que fuere contrario á ellos la mayoría de
la nacion, tiene indubitablemente el derecho inagenable,
é imprescriptible de abolirlo, cambiarlo, ó
reformarlo, del modo que juzgue mas propio para procurar
el bien público. Para obtener esta indispensable
mayoría, sin daño de la justicia ni de la libertad
general, la Constitucion presenta y ordena los
medios mas razonables, justos, y regulares en el


272

capitúlo de la revision, y las Provincias adoptaràn
otros semejantes, ó equivalentes en sus respectivas
Constituciones.

SECCION TERCERA.
Deberes del hombre en la sociedad.

192. La declaracion de los derechos contiene las
obligaciones de los Legisladores; pero la conservacion
de la sociedad pide que los que la componen,
conozcan, y llenen igualmente las suyas.

193. Los derechos de los otros son el límite moral
de los nuestros, y el principio de nuestros deberes
relativamente à los demas individuos del Cuerpo
social. Ellos reposan sobre dos principios que la
naturaleza ha gravado en todos los corazones; á
saber: Haz siempre á los otros todo el bien que quisieras
recibir de ellos. No hagas à otro, lo que no quisieras
que se te hicié se
.

194. Son deberes de cada individuo para con la
sociedad, vivir sometido à las leyes, obedecer, y
respetar à los Magistrados y autoridades constituidas,
que son sus órganos, mantener la libertad, y la
igualdad de derechos; contribuir á los gastos públicos,
y servir à la Patria quando ella lo exija, haciendole
el sacrificio de sus bienes, y de su vida, si
es necesario.

195. Ninguno es hombre de bien, ni buen ciudadano,
si no observa las leyes fiel y religiosamente, si


274

no es buen hijo, buen hermano, buen amigo, buen
esposo, y buen padre de familia.

196. Qualquiera que traspasa las leyes abiertamente,
ò que sin violarlas á las claras, las elude con
astucia, ó con rodeos artificiosos y culpables, es
enemigo de la sociedad, ofende los intereses de todos,
y se hace indigno de la benevolencia y estimacion
públicas.

SECCION QUARTA.
Deberes del Cuerpo social.

197. La Sociedad afianza á los individuos que la
componen el goce de su vida, de su libertad, de sus
propiedades, y demas derechos naturales; en esto
consiste la garantia social que resulta de la accion reunida
de los miembros del Cuerpo, y depositada en
la Soberanía nacional.

198. Siendo instituidos los Gobiernos para el bien,
y felicidad comun de los hombres, la Sociedad debe
proporcionar auxilios á los indigentes, y desgraciados,
y la instruccion à todos los Ciudadanos.

199. Para precaver toda transgresion de los altos
poderes que nos han sido confiados, declaramos: que
todas y cada una de las cosas constituidas en la anterior
declaracion de derechos, están exéntas y fuera del alcance
del Poder general ordinario del Gobierno, y que
conteniendo ó apoyandose sobre los indestructibles y
sagradosprincipios de la naturaleza, toda ley contraria


276

á ellas que se expida por la Legislatura federal, ò por
las Provincias, será absolutamente nula y de ningun
valor
.

CAPITULO NONO.
Disposiciones generales.

200. Como la parte de ciudadanos que hasta hoy
se ha denominado Indios, no ha conseguido el fruto
apreciable de algunas leyes que la monarquía Española
dictó à su favor, porque los encargados del gobierno
en estos paises tenian olvidada su execucion;
y como las basas del sistema de gobierno que en esta
Constitucion ha adoptado Venezuela, no son otras
que la de la justicia y la igualdad, encarga muy
particularmente à los Gobiernos provinciales, que
así como han de aplicar sus fatigas y cuidados para
conseguir la ilustracion de todos los habitantes del
Estado, proporcionarles escuelas, academias, y colegios
en donde aprendan todos los que quieran los
principios de Religion, de la sana moral, de la política,
de las ciencias, y artes útiles y necesarias para
el sostenimiento y prosperidad de los pueblos, procuren
por todos los medios posibles atraher á los referidos
ciudadanos naturales à estas casas de ilustracion
y enseñanza, hacerles comprehender la íntima union


278

que tienen con todos los demas ciudadanos, las consideraciones
que como aquellos merecen del Gobierno,
y los derechos de que gozan por solo el hecho
de ser hombres iguales à todos los de su especie, à
fin de conseguir por este medio sacarlos del abatimiento
y rusticidad en que los ha mantenido el antiguo
estado de las cosas, y que no permanezcan por
mas tiempo aislados, y aun temerosos de tratar á los
demas hombres; prohibiendo desde ahora, que puedan
aplicarse involuntariamente á prestar sus servicios á
los Tenientes, ó Curas de sus parroquias, ni á otra
persona alguna, y permitiendoles el reparto en propiedad
de las tierras que les estaban concedidas y de
que están en posesion, para que á proporcion entre
los padres de familia de cada pueblo, las dividan y
dispongan de ellas como verdaderos señores, segun
los términos y reglamentos que formen los Gobierno:
provinciales.

201. Se revocan por consiguiente, y quedan sin
valor alguno las leyes que en el anterior gobierno
concedieron ciertos tribunales, protéctores, y privilegios
de menor edad á dichos naturales, las quales
dirigiendose al parecer á protegerlos, les han perjudicado
sobre manera, segun ha acreditado la experiencia.


280

202. El comercio iniquo de negros prohibido por
decreto de la Junta Suprema de Caracas, en 14 de
Agosto de 1810, queda solemne y constitucionalmente
abolido en todo el territorio de la union, sin
que puedan de modo alguno introducirse esclavos de
ninguna especie por via de especulacion mercantil.

203. Del mismo modo quedan revocadas y anuladas
en todas sus partes, las leyes antiguas que imponian
degradacion civil á una parte de la poblacion
libre de Venezuela, conocida hasta ahora baxo la denominacion
de pardos: estos quedan en posesion de
su estimacion natural y civil, y restituidos à los imprescriptibles
derechos que les corresponden como á
los demas ciudadanos.

204. Quedan extinguidos todos los títulos concedidos
por el anterior Gobierno, y ni el Congreso, ni
las Legislaturas provinciales podrán conceder otro
alguno de nobleza, honores, ò distinciones hereditarias,
ni crear empleos, ú oficio alguno, cuyos
sueldos ó emolumentos puedan durar mas tiempo que
el de la buena conducta de los que los sirvan.

205. Qualquiera persona que exerza algun empleo
de confianza ú honor, baxo la autoridad del Estado,
no podrá aceptar regalo, título, ó emolumento de
algun Rey, Principe, ó Estado extrangero, sin el
consentimiento del Congreso.

206. El Presidente y miembros que fueren del
Executivo: los Senadores, los Representantes, los
militares y demas empleados civiles, ántes de entrar


282

en el exercicio de sus funciones, deberán prestar juramento
de fidelidad al Estado, de sostener y defender
la Constitucion, de cumplir bien y fielmente los
deberes de sus oficios, y de proteger y conservar pura
é ilesa, en estos pueblos, la Religion católica, apostólica,
romana, que ellos profesan.

207. El Poder Executivo prestará el juramento en
manos del Presidente del Senado, à presencia de las
dos Cámaras; y los Senadores y Representantes en
manos del Presidente en turno del Executivo, y à
presencia de los otros dos individuos que lo componen.

208. El Congreso determinará la fórmula del juramento,
y ante que personas deban prestarlo los
demas oficiales y empleados de la Confederacion.

209. El Pueblo de cada Provincia tendrá facultad
para revocar la nominacion de sus Delegados en el
Congreso, ó alguno de ellos en qualquiera tiempo del
año, y para enviar otros en lugar de los primeros,
por el que à estos faltare al tiempo de la revocacion.

210. El medio de inquirir y saber la voluntad general
de los Pueblos, sobre estas revocaciones, será
del resorte exclusivo y peculiar de las Legislaturas
provinciales, segun lo que para ello establecieren
sus respectivas Constituciones.

211. Se prohibe á todos los Ciudadanos asistir
con armas á las Congregaciones parroquiales y electorales
que prescribe la Constitucion, y à las reuniones
pacificas de que habla el §. 182 y siguiente,


284

baxo la pena de perder por diez años el derecho de
votar, y de concurrir à ellas.

212. Qualquiera que fuere legítimamente convencido
de haber comprado, ó vendido sufragios en
las referidas Congregaciones, ó de haber procurado
la eleccion de algun individuo con amenazas, intrigas,
artificios, ú otro genero de seduccion, serà excluido
de las mismas Asambleas, y del exercicio de toda
funcion pública por espacio de veinte años; y en
caso de reincidencia, la exclusion será perpetua,
publicandose una y otra en el districto del Partido
capitular, por una proclama de la Municipalidad
que circularà en los papeles públicos.

213. Ni los sufragantes Parroquiales, ni los Electores
capitulares recibirán recompensa alguna del
Estado por concurrir à sus respectivas Congregaciones,
y exercer en ellas lo que previene la Constitucion,
aunque sea necesario á veces emplear algunos
dias para concluir lo que ocurriére.

214. Los Ciudadanos solo podrán exercer sus derechos
políticos en las Congregaciones parroquiales y
electorales, y en los casos y formas prescriptas por la
Constitucion.

215. Ningun individuo, ó asociacion particular
podrá hacer peticiones à las autoridades constituidas
en nombre del Pueblo, ni ménos abrogarse la calificacion
de Pueblo Soberano; y el ciudadano, ó ciudadanos
que contraviniéren à este paragrafo, hollando


286

el respeto y veneracion debidas à la representacion
y voz del Pueblo, que solo se expresa por la voluntad
general, ó por el organo de sus Representantes
legìtimos en las Legislaturas, seràn perseguidos,
presos, y juzgados con arreglo á las leyes.

216. Toda reunion de gente armada, baxo qualquiera
pretexto que se forme, si no emana de ordenes
de las autoridades constituidas, es un atentado contra
la seguridad pública, y debe dispersarse inmediatamente
por la fuerza; y toda reunion de gente sin
armas que no tenga el mismo orígen legítimo, se
disolverá primero por ordenes verbales; y siendo
necesario, se destruirá por las armas en caso de resistencia,
ó de tenaz obstinacion.

217. Al Presidente y miembros del Poder Executivo,
Senadores, Representantes, y demas empleados
por el Gobierno de la Confederacion, se abonarán
sus respectivos sueldos del tesoro comun de la union

218. No se extraherá de él cantidad alguna de
numerario en plata, oro, papel, ú otra forma equivalente,
sino para los objetos, é inversiones ordenadas
por la ley, y anualmente se publicará por el
Congreso un estado, y cuenta regular de las entradas
y gastos de los fondos públicos, para conocimiento de
todos, luego que el Poder Executivo verifique lo
dispuesto en el §. 102.

219. Nunca se impondrá capitacion, ú otro impuesto
directo sobre las personas de los Ciudadanos,


288

sino en razon del número de poblacion de cada Provincia,
segun lo indicáren los censos que el Congreso
dispondrá se executen cada cinco años, en toda la extension
del Estado.

220. No se dará preferencia à los puertos de una
Provincia sobre los de otra, por reglamento alguno
de comercio, ó de rentas, ni se concederán privilegios,
ó derechos exclusivos á compañías de comercio,
ó corporaciones industriales, ni se impondrán
otras limitaciones á la libertad del comercio, y al exercicio
de la agricultura y de la industría, sino las
que previene expresamente la Constitucion.

221. Toda Ley prohibitiva sobre estos objetos,
quando las circunstancias la hagan necesaria, deberá
estimarse por pura, y esencialmente provisional; y
para tener efecto por mas de un año, se deberà renovar
con formalidad al cabo de este periodo, repitiendose
lo mismo sucesivamente.

222. Mientras el Congreso no determináre una
formula permanente de naturalizacion para los extrangeros,
adquirirán estos el derecho de Ciudadanos,
y aptitud para votar, elegir, y tomar asiento en la
representacion nacional, si habiendo declarado su
intencion de establecerse en el pais ante una Municipalidad,
hechose inscribir en el registro civil de ella,
y renunciado al derecho de ciudadano en su patria,
adquirieren un domicilio y residencia en el territorio


290

del Estado, por el tiempo de siete años, y llenáren
las demas condiciones prescriptas en la Constitucion,
para exercer las funciones referidas.

223. En todos los actos públicos se usará de la
Era Colombiana, y para evitar toda confusion en los
computos al comparar esta época con la vulgar Cristiana,
casí generalmente usada en todos los pueblos
cultos, comenzará aquella á contarse desde el dia
primero de Enero, del año de N. S. mil ochocientos
once, que será el primero de nuestra Independencia.

224. El Congreso suplirà con providencias oportunas,
á todas las partes de esta Constitucion que no
puedan ponerse én execucion inmediatamente, y de un
modo general, para evitar los perjuicios é inconvenientes
que de otra suerte pudiéran resultar al Estado.

225. El que hallandose en una Provincia violáre
sus leyes, será juzgado con arreglo á ellas por sus
Magistrados provinciales; pero si infringiése las de
la Union, lo será conforme à estas por los funcionarios
de la misma Confederacion; y para que
no sea necesario que en todas partes haya Tribunales
de la Confederacion, ni que sean extrahidos de sus
vecindarios los individuos comprehendidos en estos
casos, el Congreso determinará por ley, los Tribunales,
y la forma con que estos darán comisiones


292

para exâminar y juzgar las ocurrencias en las mismas
Provincias.

226. Nadie tendrá en la Confederacion de Venezuela
otro título, ni tratamiento público que el de
cìudadano, única denominacion de todos los hombres
libres que componen la Nacion; pero á las Camaras
representativas, al Poder Executivo, y á la Suprema
Corte de Justicia se dará por todos los Ciudadanos,
el mismo tratamiento con la adicion de Honorable para
las primeras, Respetable para el segundo, y Recto para
la tercera.

227. La presente Constitucion, las leyes que en
conseqüencia se expidan para executarla, y todos los
tratados que se concluyan baxo la autoridad del Gobierno
de la Union, serán la ley suprema del Estado
en toda la extension de la Confederacion, y las autoridades
y habitantes de las Provincias, estaràn obligados
à obedecerlas, y observarlas religiosamente sin
excusa, ni pretexto alguno; pero las leyes que se
expediéren contra el tenor de ella, no tendràn ningun
valor, sino quando hubiéren llenado las condiciones
requeridas para una justa, y legítima revision, y
sancion.

228. Entretanto que se verifica la composicion de
un codigo civil y criminal, acordado por el Supremo
Congreso en 8 de Marzo último, adaptable á la
forma de Gobierno establecido en Venezuela, se
declara en su fuerza y vigor, el codigo que hasta aqui


294

nos ha regido en todas las materias y puntos que,
directa ó indirectamente, no se opongan á lo establecido
en esta Constitucion.

Y por quanto el Supremo Legislador del Universo
ha querido inspirar en nuestros corazones, la amistad
y union mas sinceras entre nosotros mismos, y con los
demas habitantes del Continente Colombiano, que
quieran asociarsenos para defender nuestra Religion,
nuestra Soberanía natural, y nuestra Independencia:
por tanto nosotros, el referido Pueblo de Venezuela,
habiendo ordenado con entera libertad la Constitucion
precedente que contiene las reglas, principios,
y objetos de nuestra Confederacion y alianza perpetua,
tomandando à la misma Divinidad por testigo
de la sinceridad de nuestras intenciones, é implorando
su poderoso auxilio para gozar por siempre las bendiciones
de la libertad, y de los imprescriptibles derechos
que hemos merecido à su beneficencia generosa,
nos obligamos, y comprometemos á observar, y cumplir
inviolablemente todas y cada una de las cosas que
en ella se comprehenden, desde que sea ratificada en
la forma que en la misma se previene; protextando
sin embargo alterar, y mudar en qualquier tiempo
estas resoluciones, conforme á la mayoría de los
Pueblos de Colombia que quieran reunirse en un
Cuerpo nacional para la defensa y conservacion de su
libertad, é Independencia política, modificandolas,
corrigiendolas, y acomodandolas oportunamente y á
pluralidad y de comun acuerdo entre nosotros mismos,


296

en todo lo que tubiére relaciones directas con los
intereses generales de los referidos Pueblos, y fuére
convenido por el órgano de sus legítimos Representantes
reunidos en un Congreso general de la Colombia,
ó de alguna parte considerable de ella, y
sancionado por los comitentes; constituyendonos entretanto
en esta union, todas y cada una de las Provincias
que concurrieron á formarla, garantes las
unas á las otras de la integridad de nuestros respectivos
territorios y derechos esenciales, con nuestras
vidas, nuestras fortunas, y nuestro honor; y confiamos,
y recomendamos la inviolabilidad y conservacion
de esta Constitucion á la fidelidad de los
Cuerpos Legislativos, de los Poderes Executivos,
Jueces, y Empleados de la Union y de las Provincias,
y á la vigilancia y virtudes de los padres de familia,
madres, esposas, y ciudadanos del Estado.

Dada en el Palacio Federal de Caracas, à veintiuno
de Diciembre del año del Señor mil ochocientos once,
primero de nuestra Independencia.

  • Juan Toro, Presidente.
  • Isidoro Ant. Lopez Mendez.
  • Juan José de Maya.
  • Nicolas de Castro.
  • Lino de Clemente.
  • José Maria Ramirez
  • Domingo de Alvarado.
  • Manuel Placido Maneyro.
  • Mariano de la Cova.
  • Francisco Xavier de Maiz.
  • Antonio Nicolas Brizeño.
  • Francisco X. Yanes.
  • Manuel Palacio.
  • José de Sata y Bussy.
  • José Ignacio Brizeño.
  • José Gabriel de Alcalá.
  • Bartolome Blandin.
  • Francisco Policarpo Ortiz.
  • Martin Tovar.
  • Felipe Fermin Paul.
  • José Luis Cabrera.
  • Francisco Hernandez.
  • Francisco del Toro.
  • José Angel de Alamo.
  • Gabriel Perez de Pagola.
  • Francisco X. Ustariz.
  • Juan German Roscio.
  • Fernando Peñalver.

(L. S.)

Baxo los reparos que se expresan al pie de esta
acta n.° 2, firmo esta Constitucion.

Francisco de Miranda, Vice-Presidente.


300

Subscribo á todo, ménos al artículo 180, reiterando
mi protesta hecha en 5 del corriente.

Juan Nepomuceno Quintana.

Subscribo á todo, ménos al artìculo 180 que
trata de abolir el fuero personal de los clerigos,
sobre el que he protextado solemnemente, lo que se
insertará á continuacion de esta Constitucion.

Manuel Vicente de Maya.

Subscribo en los mismos términos que el Sr. Maya,
acompañandose la protexta que he entregado hoy.

Luis José Cazorla.

Subscribo á toda la Constitucion, ménos al capitulo
del fuero.

Luis José de Rivas y Tovar.

Baxo mi protexta del acuerdo de diez y seis de
los corrientes.

Salvador Delgado.

Subscribo á todo, excepto el desafuero.

José Vicente Unda.


302

Subscribo la presente Constitucion, con exclusion
del artículo 180, y con arreglo á la protexta que
hice en 5 del corriente, y acompaña la Constitucion;
y en los mismos términos que corre la de Don Juan
Quintana.

Luis Ignacio Mendoza.

Subscribo á todo lo sancionado en esta Constitucion,
á excepcion del capítulo que habla del fuero
eclesiastico, segun las protextas que he hecho en las
actas del dia 5 del presente.

Juan Antonio Diaz Argote.

Francisco Isnárdi, Secretario.

ALOCUCION.

Venezolanos: Antes de cumplirse los dos primeros
años de vuestra libertad, vais á fixar el destino de la
patria, pronunciando sobre la Constitucion que os
presentan vuestros Representantes.

Ni las revoluciones del otro hemisferio, ni las convulsiones
de los grandes imperios que lo dividen, ni
los intereses opuestos de la política Europea, han
venido á detener la marcha pacifica y moderada que
emprendisteis el memorable 19 de Abril, de 1810.


304

El interes general de la América, puesto en accion
por vuestro glorioso exemplo, el patriotismo guiado
por la filantropía, y la libertad ayudada de la justicia,
han sido los agentes que han dirigido vuestra
conducta para dar al mundo el primer exemplo de un
pueblo libre, sin los horrores de la anarquía, ni los
crímenes de las pasiones revolucionarias.

Eterno será en los fastos de la América, el corto
periodo en que habeis hecho lo que ha costado à todas
las naciones épocas funestas de sangre y desolacion;
y si la consternada Europa no tuviese que
admirar nada en vuestra Constitucion, confesará, al
ménos, que son dignos de ella los que han sabido conseguirla
sin devorarse, y sabrán sancionarla con la
dignidad de hombres libres.

Llegó el momento, Venezolanos, en que tengais
un gobierno, que en la exâtitud de sus elementos
contenga la garantía de su duracion, y asegure con
ella, vuestra union y felicidad.

Tal fué el deber que impusisteis á vuestros mandatarios
el 2 de Marzo: à vosotros toca juzgar si lo
han cumplido; y á ellos el aseguraros que sus fervorosos
deseos, su infatigable constancia, y su buena
fé, es lo único que puede hacerles esperar la aprobacion
de unas tareas, emprendidas y consumadas solo
para vuestro bien.


306

Patriotas del 19 de Abril, que habeis permanecido
incontrastables en los reveses de la fortuna, é inaccesibles
á los choques de las facciones. Guerreros
generosos, que habeis derramado vuestra sangre por
la patria: ciudadanos que amais el órden y la tranquilidad,
aceptad como prenda de tantos bienes, el
gobierno que os ofrecen vuestros Representantes

El solo puede señalandoos vuestros derechos y
vuestros deberes, proporcionaros la garantía social,
y con ella la libertad, la paz, la abundancia, y la
felicidad.

Independencia política, y felicidad social, fueron
vuestros votos el 5 de Julio de 1811: independencia
política y felicidad social, han sido los principios
que han dirigido desde entonces á los que para llenar
el destino á que los elevò vuestra confianza, han sacrificado
su exîstencia á tan ardua como importante
empresa.

Venezolanos: ciudadanos todos, union y confianza
es lo único que os pedimos en recompensa de los
desvelos y sacrificios que nos ha merecido vuestra
suerte: reunios todos en una sola familia por los intereses
de una patria, y caiga un velo impenetrable
sobre todo lo que sea anterior á la época augusta que
vais à establecer.

Siglos enteros de gloria han pasado para la América,
desde que resolvisteis ser libres, hasta que
conseguisteis serlo por medio de la Constitucion, sin
la qual aun no habiais expresado solemnemente al


308

mundo vuestra voluntad, ni el modo de llevarla á
efecto.

El término de la revolucion se acerca: apresuraos
á llegar á él por medio de la Constitucion que os
ofrecemos, si quereis sumir en la nada los proyectos
de nuestros enemigos, y apartar para siempre de
nosotros, los males que ellos nos han causado.

Pueblo soberano, oye la voz de tus mandatarios,
el proyecto del contrato social que ellos te ofrecen,
fué sugerido solo por el deseo de tu felicidad: tú solo
debes sancionarlo: colòcate ántes entre lo pasado y
lo futuro: consulta tu interes y tu gloria, y la patria
quedará salvada.

Palacio Federal de Venezuela, veintitres de Diciembre
de mil ochocientos once, primero de la
Independencia.

Juan Toro, Presidente.

Francisco Isnardi, Secretario.

FINIS


INTERESTING
OFFICIAL DOCUMENTS
RELATING TO
The United Provinces
OF
VENEZUELA,
VIZ.
PRELIMINARY REMARKS,
THE ACT OF INDEPENDENCE,
PROCLAMATION, MANIFESTO TO THE WORLD OF THE
CAUSES WHICH HAVE IMPELLED THE SAID PROVINCES
TO SEPARATE FROM THE MOTHER COUNTRY;
TOGETHER WITH
THE CONSTITUTION FRAMED FOR THE ADMINISTRATION
OF THEIR GOVERNMENT.
IN SPANISH AND ENGLISH.
London:
PRINTED FOR LONGMAN AND CO. PATERNOSTER-ROW;
DULAU, SOHO-SQUARE; HARDING, ST. JAMES'S
STREET; W. MASON, NO. 6, HOLYWELL
STREET, STRAND, &c. &c.
1812.

Printed by W. Glindon,
Rupert-street, Haymarket.



PRELIMINARY REMARKS.

NO period of the history of nations, like the present, has
been marked by events, so great and interesting. Old and entire
empires have been dissolved, and have lost their political being,
whilst new ones have sprung up out of their ashes, and raised
their triumphant crests, over their weaker and fallen neighbours.
Revolutions, both signal and unexpected, have taken place,
reform has been the watch-word, and the great and bettered
interests of mankind, have awakened a fervour, and inspired an
enlightened zeal, hitherto unknown. In Europe, whole nations
have been seen to struggle for redress of grievances, even
those who have been longest accustomed to clank the galling
chains of Despotism, have pondered on their long forgotten
rights, and have felt that they were yet men. Whilst such was
the sense of feeling in Europe, and similar was the sigh that
re-echoed to the most distant poles, could it be expected that
Spanish America, those regions so long trampled upon, and
enslaved, where a reform was in short the most wanting, would
alone stand still, and bear with her former hardships; that she
would calmly behold, whilst the governments of Spain, were busied
in meliorating their own condition, that she was yet debarred
from all relief, her claims unheard, and that she was even left
in a more degraded state, than under the corrupt administration
of the late ministers of Charles IV. As was natural, these vast

[Digital Editor's Note: The original version of this text shows Spanish on one page, English on the facing page. For ease of presentation, we are reordering pages so that all sections of the Spanish text appear together (the even pages), followed by the English translation (the odd pages).]


v

and interesting settlements equally felt the electric shock, for
political, like human bodies, seem naturally destined to ise
from irrational to rational life; and confident of the justice of
their demands, they asked redress, but it was denied.

Important as is the great queston that for three years has
been agitating between Spain and her Colonies, and doubly so
to England, in her present cramped state of trade; by the
public prints it has been nevertheless branded with censure and
reprobation; they have presented us with nothing but superficial
views of disguised facts, often treacherously exaggerated, oftener
cloathed in the language of unwarrantable anticipation and
unfounded prejudice; nay the causes and circumstances appear
rather to have been completely misunderstood. This is nevertheless
a question addressed to the statesman busied in the
welfare, and charged with the great interests of mankind; it is
one that well deserves the test of dispassionate enquiry, and
deliberate contemplation, and it is hoped that the following
authentic statements will aid to its more correct, and more
general comprehension.

Confined as we are to a few pages of preliminary remarks, it
would not be possible fully to discuss so complicated a question,
or to give an adequate idea of all the circumstances attending the
first expressions of public feeling in every division of Spanish
America, respecting their relative situation of dependent colonies;
but from there being a co-incidence in all, it is proved,
that the same sentiments are general, and that every section was
sensible of the abject state to which all were sunk, which it
became the duty of the first magistracy of the nation to reform,
We will, however, subjoin a few illustrative considerations.


vii

The first and most material question that occurs in treating the
subject, is, whether or not, the Spanish Settlements at the time
of the entry of the French into Spain, and of the dissolution
of the Monarchy, from their situation, required redress and a
reform of government; and next, whether they asked it, and
were denied. Too much is already known to the European
public, and the degraded state of the colonies has been the too
frequent theme of our own writers, as well as those of the
French, to make it necessary here to give any picture of the
state of these said colonies, or of the manner in which they
were governed; suffice it to say, that the people were oppressed
by the crown, and by monopolies; the commonalty and peasantry
groaned under burdensome aud unreasonable restrictions,
destructive of all enterprize; the laws did not inflict punishment
on the guilty, nor afford protection to the innocent; arbitrary
acts were common; the natives were debarred* from a fair participation
in offices of trust and emolument; a system of government
prevailed, disgraceful to the Statute books of Spain and
the Indies, opposed to the common rights of mankind, and
hostile to the dictates of truth and reason; the Americans in
short, could be considered in no other state than in that of
feudal vassallage to Spain. Who is there unapprized of those
chasms which existed in the branches of industry, occasioned
by wanton ignorance, by which great masses of labour were


ix

suspended,; who is there that has not beheld a system of monopoly,
generated by a false principle of preference to few, but
hostile to productive labour, and destructive to the basis of
society; a systematic plan of debasement extending even to the
prohibition of the necessary schools;* these are all facts which
the most unblushing advocates for arbitrary power cannot deny,
nor can they ever be palliated by the ingenious and specious
pieces written in Cadiz to prove the utility and advantages of
dependence and monopoly.

That repeated efforts were made for a reform of government,
and to obtain the right of legislating locally for themselves in
their own concerns, is proved, not only by the applications of
the respective American municipalities and Juntas, but also by
the Journals of the Cortes and their Debates. The claims of
the Americans, were defined and laid before the Spanish Government,
in eleven propositions on the 16th November, 1810,
they were repeated on the 31st December, and again on the 1st
of August, 1811, in the well known Representacion de la Deputacion
Americana á las Cortes de España
, but were never
attended to. A torpor seemed to have succeeded to distress, and
to the violent convulsions of a calamitous revolution, which appeared
to render the government deaf to the just cries and
appeals of a well deserving moiety of the nation; there was
wanting a healing and cementing principle of benevolence, nor


xi

is there up to the present day, a proper measure of redress or
of conciliation, on record.

Had the early governments of Spain, possessed talents, and
disinterested views and virtues, suited to their power, in the
first stages of the revolution, such was the enthusiastic spirit
which pervaded the breast of every American, that they might
have had them united as brothers, and besides have conferred
upon them the most important blessings, such as humanity dictated,
such as prudence and policy urged, and such as their
own rights entitled them to. Unfortunately for both nations,
and still more so for the common cause, the long neglected
claims of the Americans remained unheard; in the eye of
reason and justice that period had arrived, in which both continents
were to be placed on an equal footing; yet no redress or
reform was offered, every avenue to a fair restoration was closed,
and there appears to have been a decided opposition to every
revival of light, and to every restitution of happiness and equality.
Mutual distrust and animosity gradually were engendered,
an inextinguishable spirit of resentment at length flamed, and
there appeared nothing left in the governments of Spain, of
those enlightened principles which are always directed to the
general, and not particular interests; an apathy followed, joined
to a systematic exclusion from those diffused enjoyments which
belonged to the whole, and not to the detached portions of a
nation. The claims of the Americans tended to remove extensive,
inveterate, and galling ills; this besides a right, became
a measure of national policy, and when first agitated, if the welfare
of the people had been really the object of the rulers in Spain,
by merely following the dictates of an enlarged philanthropy,
we repeat, that they might have associated their American brehren,
by which they would have given force to those parts, they
have now disjointed.


xiii

It is not iu our power to enter into the different stages of
open hostility, mutual aggression, and growing enmity, that
have since been followed up; they are better seen from the
official declarations of those sections, which have been driven to
the extreme of separation; and perhaps no collection of documents
is more explanatory thereof, than the following.
Venezuela has been the first to break entirely the fetters
which bound her to the mother country, and after three years
expended in vain efforts of redress, and after bearing with
every degradation aud indignity that could be heaped upon
her, she has asserted that undoubted right, which every people
has, to interpose and to adopt such measures, as are most
conducive to their own internal welfare, and the most effective
to repel foreign attack.

That imperious causes have compelled her to this step,
to this last alternative, is seen by the manifesto she addresses
to the impartial world, and that the exertions of the representatives
of the people are directed to the well-being of
their constituents, is also evinced, by the constitution, framed
for the administration of law, as well as from the results of their
other solemn deliberations. It is indeed, an æra, new to the
inhabitants of Venezuela, to see their rights defined, and their
liberties secured; it is a period novel aud extraordinary, to
behold their rulers and judges become answerable to them alone
for their conduct; but though the transition from the abject
state in which they lately drooped, to the dignified one in which
they now stand, is great, it will nevertheless be found, that the
natives of Spanish America, are generally as well prepared to
share and enjoy the blessings at which they have aimed, as
those of the nation, which seeks to prolong its sway over them;
and the documents composing this volume, will be found as well
constructed, as well argued, and in every sense as sound, as any
of the boasted measures of the Cortes, and they exceed them in
liberality and philanthropy. To every mind, pure and unprejudiced,


xv

the occurrences of Venezuela, will appear as the fair and
honest result of a wish on the part of the people to insure to
themselves the greatest security and happiness; nor can any
opposite allegations of national policy, for a longer dependence,
without redress, be urged, that will bear the test of candour and
of reason, unless it can be proved, that a country becomes more
interesting by being debased, than when rendered free and prosperous.

In adopting the resolution of becoming independent, Venezuela
was no doubt aware, that she was about to provoke all the
thunder of her enemies, of those who are interested in the continuation
of her subjection; but, it is hoped, that this is a country
too liberal, and too enlightened for such narrow sentiments here
to exist, and that it contains men, who feel the warm effusions
of pleasure, to see advanced the cause of general liberty, and the
extension of human happiness. In Europe, it has ever been
an avowed maxim, and particularly the boast of the English
nation, that on the part of the people there is a right, and
that it requires all the watchful jealousy which the inestimable
enjoyments of that right can inspire, to guard against the rapid
encroachments of power, and to repair the breaches, which even
the most perfect systems of government, like all other human
institutions, may, in the course of time, sustain. And can it be
argued, that the people of Spanish America are alone debarred
of that right? Can it be supposed, that for the distribution of
justice, they are to traverse an ocean of two thousand leagues,
that in moments so critical they are to depend, as political nothings,
on a nation, herself threatened with destruction from a
powerful foe; and like a vessel deprived of her helm, left to be
buffeted by the rude tempests ready to assail them, and be exposed
to become the prey of the first ambitious nation that may
have the strength to effect their conquest?


xvii

To the impartial mind, and to him who has carefully
examined both sides of the question, much argument will not be
necessary, to make it evident, that the ideas which circulated in
the Settlements of the hopeless state of Spain, at the time
the French entered Andalusia; to which was added the dread
of falling into the hands of the same usurpers, were the
chief causes of the Americans resolving no longer to trust to the
administration of their European governors, conceiving their own
affairs more secure when confided to their own assemblies or Juntas,
whom they created after the manner of the Provinces of
Spain. That they had cause to suspect the whole of the viceroys
and governors, has been proved by posterior events; they all proclaimed
the doctrine, that America ought to share the same fate
as the Peninsula, and that when the one was conquered, the
other was to submit; in short, the commanders abroad were prepared
for this alternative, they had been previously chosen by the
Prince of Peace, and were ready to be moulded to the views on
which he had acted. Was it therefore natural, was it reasonable,
after their own dear-bought experience, for these distant colonies
to have confidence in such chiefs; was it prudent to leave themselves
to the mercy of men, who had no other interest in the country,
than to prolong the continuation of their command, which
had been secured to them by the French, and their Spanish partizans.

The greatest political writers of our own country have established,
as an invariable principle, that "Societies ought to be
self-governed;" and it has been stated as the sentiments of
Locke, "that all legitimate government is derived from the consent
of the people, that men are naturally equal, and that no
one has a right to injure another in his life, health, liberty,
or possessions, and that no man, in civil society, ought to be
subject to the arbitrary will of others, but only to known and
established laws, made by general consent, for the common
benefit. That no taxes are to be levied on the people, without
the consent of the majority, given by themselves, or by their
deputies. That the ruling power ought to govern by declared


xix

and received laws, and not by extemporary dictates, and undetermined
resolutions. That kings and princes, magistrates,
and rulers of every class, have no just authority but what is
delegated to them by the people; and which when not employed
for their benefit, the people have always a right to resume
in whatever hands it may be placed."

It is of these sacred rights that the people of Venezuela
have availed themselves, they resolved to administer their own
concerns, to be no longer dependent on governors who were ready
to deliver them up to the French,* and in the eye of reason, and in
the pages of impartial history, they will be found to have acted
correctly. They have made use of that right which the most
enlightened Spaniards have acknowledged to exist, and Don Gaspar
Jovellanos, in the famous opinion which he laid before the
Central Junta on the 7th Oct. 1808, expressly says, "that when
a people discovers the imminent danger of the society of which
it is member, and knows that the administrators of the authority
who ought to govern and defend it, are suborned and enslaved,
it naturally enters into the necessity of defending itself,
and of consequence acquires an extraordinary and legitimate
right of insurrection." And can it be argued, that these are
maxims only formed for the Spaniards of Europe, and that they
do not extend to the Americans.?

Our own inimitable Locke justly remarks, "that revolutions
happen not upon every little mismanagement of public
affairs. Great mistakes in the ruling part, many wrong and
inconvenient laws, and all the slips of human frailty, will be
borne by the people without muting or murmer. But if a
long train of abuses, prevarications, and artifices, all tending
the same way, make the design visible to the people, and
they cannot but feel what they lie under, and see whither they
are going, it is not to be wondered, that they should then
rouze themselves, and endeavour to put the rule into such


xix

hands which may secure to them the ends for which government
was at first erected; and without which, ancient names
and specious forms, are so far from being better, that they
are much worse than the state of nature, or pure anarchy, the
inconveniencies being as great, and as near, but the remedy
further off, and more difficult."

Montesquieu also established as a maxim, if not an immutable
law, "that nations can be saved only by the recovery of
their lost principles," and to effect this, the only mode left
to the Americans was, to have governors of their own choice,
answerable to them alone for their conduct; and under such
circumstances they have always been ambitious of forming an
equal and component part of the Spanish Nation. It was therefore
for their own security and in order to get out of the orphan
state in which they were plunged, that the people of Venezuela,
resolved to place their confidence in a body of Representatives
of their own choice, and that their labours have advanced the
public happiness, is evinced by the expressions of the people
themselves, by the contrasted state of what the country was, and
what it now is; and that there is security for the future, may be
anticipated from the ardour of numbers who enthusiastically have
devoted tsemselves to the new order of things, and who actuated
by the stimulus of regeneration, appear to contend who shall be
foremost to guide and improve the public mind, and who shall
be most active in the defence and promotion of the public good.
A sense of common interests, and the general effect of patriotic
feeling has produced the change, has called forth the energies
of the people; and he must be callous to the glowings of humanity
who can contemplate without pleasure, this great effusion of
enlightened patriotic spirit, which already gleams from one extreme
to the other of the Columbian Continent, and irradiates
a people, heretofore buried in the deepest gloom.

That a people, capable of addressing to the world such sentiments,
as are contained in the documents comprising this
volume, and that after emerging from the dark reign of feudal


xxiii

vassallage, they will ever again descend from the summit of felicity
and dignity to which they have attained, to the wretchedness
and dishonour attendant on despotic government, appears
the wild chimera of political visionaries. What then are we to
judge of the plans on foot, to rivet again their chains? Placed
as England is, on the elevated political pinnacle on which she
now stands, it interests her to view the progress of societies in
economy, legislation, and civilization, and it becomes a sacred
duty to promote the well being of a country well affected towards
her; which besides, affords a consumption of one fourth
of the whole of her manufactures, and offers in payment, richer
returns than any other nation. The period, in short, which
Venezuela presents to the rest of Spanish America, is, as the
dawn of a mild and serene day, and it is sincerely to be hoped,
that no untoward events, will, in any way, retard or impede her
progress in a cause that has for object, to spread the blessings
and benefits of regeneration and civil freedom, to the utmost
confines of that interesting division of the globe.


N. B. The English reader is requested in page 57, line 26,
for Good Friday, to read Holy Thursday, and also to bear in
mind, that as the documents composing this volume are official,
it was necessary to render the version as literal as possible.
Any accidental typographical errors that may occur, it is hoped
will be attributed to the hurry of publication.


ACT OF INDEPENDENCE.
In the Name of the All-powerful God,

WE the Representatives of the united Provinces
of CARACAS, CUMANA, VARINAS, MARGARITA,
BARCELONA, MERIDA, and
TRUXILLO, forming the American Confederation
of Venezuela, in the South Continent, in Congress
assembled, considering the full and absolute possession
of our Rights, which we recovered justly and
legally from the 19th of April, 1810, in consequence
of the occurrences in Bayona, and the occupation of
the Spanish Throne by conquest, and the succession
of a new Dynasty, constituted without our consent:
are desirous, before we make use of those Rights, of
which we have been deprived by force for more than
three ages, but now restored to us by the political
order of human events, to make known to the world
the reasons which have emanated from these same occurrences,
and which authorise us in the free use we
are now about to make of our own Sovereignty.


5

We do not wish, nevertheless, to begin by alledging
the rights inherent in every conquered country, to
recover its state of property and independence; we
generously forget the long series of ills, injuries, and
privations, which the sad right of conquest has indistinctly
caused, to all the descendants of the Discoverers,
Conquerors, and Settlers of these Countries,
plunged into a worse state by the very same cause that
ought to have favoured them; and, drawing a veil
over the 300 years of Spanish dominion in America,
we will now only present to view the authentic and
well-known facts, which ought to have wrested from
one world, the right over the other, by the inversion,
disorder, and conquest, that have already dissolved the
Spanish Nation.

This disorder has increased the ills of America, by
rendering void its claims and remonstrances, enabling
the Governors of Spain to insult and oppress this part
of the Nation, thus leaving it without the succour and
guarantee of the Laws.

It is contrary to order, impossible to the Government
of Spain, and fatal to the welfare of America,
that the latter, possessed of a range of country infinitely
more extensive, and a population incomparably
more numerous, should depend and be subject to a
Peninsular Corner of the European Continent.

The Cessions and Abdications at Bayona, the Revolutions
of the Escurial and Aranjuez, and the Orders
of the Royal Substitute, the Duke of Berg, sent
to America, suffice to give virtue to the rights, which


7

till then the Americans had sacrificed to the unity and
integrity of the Spanish Nation.

Venezuela was the first to acknowledge, and generously
to preserve, this integrity; not to abandon the
cause of its brothers, as long as the same retained the
least hope of salvation.

America was called into a new existence, since she
could, and ought, to take upon herself the charge of
her own fate and preservation; as Spain might acknowledge,
or not, the rights of a King, who had
preferred his own existence to the dignity of the Nation
over which he governed.

All the Bourbons concurred to the invalid stipulations
of Bayona, abandoning the country of Spain,
against the will of the People;—they violated, disdained,
and trampled on the sacred duty they had
contracted with the Spaniards of both Worlds, when
with their blood and treasure they had placed them on
the Throne, in despite of the House of Austria. By
such a conduct, they were left disqualified and incapable
of governing a Free People, whom they delivered
up like a flock of Slaves.

The intrusive Governments that arrogated to themselves
the National Representation, took advantage of
the dispositions which the good faith, distance, oppression,
and ignorance, created in the Americans,
against the new Dynasty that had entered Spain by
means of force; and, contrary to their own principles,
they sustained amongst us the illusion in favour
of Ferdinand, in order to devour and harass us with


9

impunity: at most, they promised to us liberty, equality,
and fraternity, conveyed in pompous discourses
and studied phrases, for the purpose of covering the
snare laid by a cunning, useless, and degrading Representation.

As soon as they were dissolved, and had substituted
and destroyed amongst themselves the various forms
of the Government of Spain; and as soon as the imperious
law of necessity had dictated to Venezuela
the urgency of preserving itself, in order to guard
and maintain the rights of her King, and to offer an
asylum to her European brethren against the ills that
threatened them; their former conduct was divulged:
they varied their principles, and gave the appellations
of insurrection, perfidy, and ingratitude, to the same
acts that had served as models for the Governments of
Spain; because then was closed to them the gate to
the monopoly of administration, which they meant
to perpetuate under the name of an imaginary King.

Notwithstanding our protests, our moderation, generosity,
and the inviolability of our principles,
contrary to the wishes of our brethren in Europe,
we were declared in a state of rebellion; we were
blockaded; war was declared against us; agents were
sent amongst us, to excite us one against the other,
endeavouring to take away our credit with the other
Nations of Europe, by imploring their assistance to
oppress us.

Without taking the least notice of our reasons,
without presenting them to the impartial judgment of


11

the world, and without any other judges than our
own enemies, we are condemned to a mournful incommunication
with our brethren; and, to add contempt
to calumny, empowered agents are named for
us, against our own express will, that in their Cortes
they may arbitrarily dispose of our interests, under
the influence and force of our enemies.

In order to crush and suppress the effects of our
Representation, when they were obliged to grant it to
us, we were submitted to a paltry and diminutive
scale; and the form of election was subjected to the
passive voice of the Municipal Bodies, degraded by
the despotism of the Governors: which amounted to
an insult to our plain dealing and good faith, more
than a consideration of our incontestible political importance.

Always deaf to the cries of justice on our part, the
Governments of Spain have endeavoured to discredit
all our efforts, by declaring as criminal, and stamping
with infamy, and rewarding with the scaffold and
confiscation, every attempt, which at different periods
some Americans have made, for the felicity of their
country: as was that which lately our own security
dictated to us, that we might not be driven into a state
of disorder which we foresaw, and hurried to that
horrid fate which we are about to remove for ever
from before us By means of such atrocious policy,
they have succeeded in making our brethren insensible
to our misfortunes; in arming them against us; in
erasing from their bosoms the sweet impressions of


13

friendship, of consanguinity; and converting into
enemies a part of our own great family.

At a time that we, faithful to our promises, were
sacrificing our security and civil dignity, not to abandon
the rights which we generously preserved to
Ferdinand of Bourbon, we have seen that, to the relations
of force which bound him to the Emperor of
the French, he has added the ties of blood and friendship;
in consequence of which, even the Governments
of Spain have already declared their resolution only
to acknowledge him conditionally*.

In this mournful alternative we have remained three
years, in a state of political indecision and ambiguity,
so fatal and dangerous, that this alone would suffice
to authorise the resolution, which the faith of our
promises and the bonds of fraternity had caused us to
defer, till necessity has obliged us to go beyond what
we at first proposed, impelled by the hostile and unnatural
conduct of the Governments of Spain, which
have disburdened us of our conditional oath, by which
circumstance, we are called to the august representation
we now exercise.

But we, who glory in grounding our proceedings
on better principles, and not wishing to establish our
felicity on the misfortunes of our fellow-beings, do
consider and declare as friends, companions of our
fate, and participators of our felicity, those who,
united to us by the ties of blood, language, and religion,


15

have suffered the same evils in the anterior
order of things, provided they acknowledge our absolute
independence
of the same, and of any other
foreign power whatever; that they aid us to sustain it
with their lives, fortune, and sentiments; declaring
and acknowledging them (as well as to every other
nation,) in war enemies, and in peace friends, brothers,
and co-patriots.

In consequence of all these solid, public, and incontestible
reasons of policy, which so powerfully
urge the necessity of recovering our natural dignity,
restored to us by the order of events; and in compliance
with the imprescriptible rights enjoyed by nations,
to destroy every pact, agreement, or association,
which does not answer the purposes for which governments
were established; we believe that we cannot,
nor ought not, to preserve the bonds which hitherto
kept us united to the Government of Spain; and that,
like all the other nations of the world, we are free,
and authorised not to depend on any other authority
than our own, and to take amongst the powers of the
earth the place of equality which the Supreme Being
and Nature assign to us, and to which we are called by
the succession of human events, and urged by our own
good and utility.

Notwithstanding we are aware of the difficulties
that attend, and the obligations imposed upon us, by
the rank we are about to take in the political order of
the world; as well as the powerful influence of forms
and habitudes, to which unfortunately we have been


17

accustomed: we at the same time know, that the
shameful submission to them, when we can throw
them off, would be still more ignominious for us, and
more fatal to our posterity, than our long and painful
slavery; and that it now becomes an indispensable
duty to provide for our own preservation, security,
and felicity, by essentially varying all the forms of
our former constitution.

In consequence whereof, considering, by the reasons
thus alledged, that we have satisfied the respect
which we owe to the opinions of the human race, and
the dignity of other nations, in the number of whom
we are about to enter, and on whose communication
and friendship we rely: We, the Representatives of
the United Provinces of Venezuela, calling on the
SUPREME BEING to witness the justice of our
proceedings and the rectitude of our intentions, do
implore his divine and celestial help; and ratifying,
at the moment in which we are born to the dignity
which his Providence restores to us, the desire we
have of living and dying free, and of believing and
defending the holy Catholic and Apostolic Religion
of Jesus Christ. We, therefore, in the name and
by the will and authority which we hold from the
virtuous People of Venezuela, DO declare solemnly
to the world, that its united Provinces are, and ought
to be, from this day, by act and right, Free, Sovereign,
and Independent States; and that they are
absolved from every submission and dependence on
the Throne of Spain, or on those who do, or may call


19

themselves its Agents and Representatives; and that
a free and independent State, thus constituted, has
full power to take that form of Government which
may be conformable to the general will of the People,
to declare war, make peace, form alliances, regulate
treaties of commerce, limits, and navigation; and to
do and transact every act, in like manner as other free
and independent States. And that this, our solemn
Declaration, may be held valid, firm, and durable,
we hereby mutually bind each Province to the other,
and pledge our lives, fortunes, and the sacred tie of
our national honour. Done in the Federal Palace of
Caracas; signed by our own hands, sealed with the
great Provisional Seal of the Confederation, and
countersigned by the Secretary of Congress, this 5th
day of July, 1811, the first of our Independence.—For
the Province of Caracas, Isidoro Antonio Lopez Mendez,
Deputy of the City of Caracas.—Juan German
Roscio, for the district of the Town of Calabozo.—
Felipe Fermin Paul, for the district of San Sebastian.
—Francisco Xavier Uztariz, for the district of San
Sebastian.—Nicolas De Castro, Deputy for Caracas.
—Juan Antonio Rodriguez Dominguez, President,
and Deputy for Nutrias in Barinas.—Luis Ignacio
Mendoza, Vice-President, Deputy of Obispos in Barinas.
—Fernando de Peñalver, Deputy for Valencia.
—Gabriel Perez de Pagola, Deputy of Ospino.—Salvador
Delgado, Deputy for Nirgua.—The Marquis
del Toro, Deputy for the City of Tocuyo.—Juan Antonio
Dias Argote, Deputy for the Town of Cura.—

21

Gabriel de Ponte, Deputy for Caracas.—Juan Jozé
Maya, Deputy of San Felipe.—Luis Jozé de Cazorla,
Deputy of Valencia.—Dr. Jozé Vicente Unda,
Deputy of Guanare.—Francisco Xavier Yanes, Deputy
of Araure.—Fernando Toro, Deputy of Caracas.
—Martin Tovar Ponte, Deputy of San Sebastian.—
Juan Toro, Deputy of Valencia.—José Angel de
Alamo, Deputy for Barquisimeto.—Francisco Hernandez,
Deputy for San Carlos.—Lino De Clemente,
Deputy of Caracas.—For the Province of Cumanà
—Francisco Xavier de Mayz, Deputy for the
Capital.—Jozé Gabriel de Alcalà, Deputy for ditto.
—Juan Bermudez, Deputy for the South.—Mariano
de la Cova, Deputy for the North —For Barcelona—
Francisco Miranda, Deputy of Pao.—Francisco Policarpo
Ortiz, Deputy for San Diego.—For Barinas—
Juan Nepomuceno de Quintana, Deputy for Achaguas.
—Ignacio Fernandez, Deputy for the Capital of
Barinas.—Ignacio Ramon Briceño, Representative
of Pedraza.—Jozé de Sata y Bussy, Deputy for San
Fernando de Apure.—Jozé Luis Cabrera, Deputy for
Guanarito.—Ramon Ignacio Mendez, Deputy for
Guasdualito.—Manuel Palacio, Deputy for Mijagual.
—For Margarita—Manuel Placido Maneyro.—
For Merida.—Antonio Nicolas Briceño, Deputy for
Merida.—Manuel Vicente de Maya, Deputy for La
Grita—For Truxillo Juan Pablo Pacheco—For the
Town of Aragua, in the Province of Barcelona.—
Jozé Maria Ramirez. (Seal.) Legalised.—Francisco
Isnardy, Secretary.


23

Decree of the Supreme Executive Power.

For the Confederation of Venezuela, the Executive
Power ordains, that the antecedent Act be published,
executed, and authorised by the Seal of the State and
Confederation.

CHRISTOVAL DE MENDOZA, President.
JUAN DE ESCALONA,
BALTAZUR PADRON,
MIGUEL JOSE SANZ, Secretary of State,
CARLOS MACHADO, Chancellor,
JOZE THOMAS SANTANA, Secretary of Decrees.

(L. S.)

ARTICLES
COMPREHENDED IN THE
Declaration of the Legislative Session,
OF THE 1st. JULY, 1811.
SANCTIONED AND PUBLISHED.

ART XXV.

ALL foreigners of whatever nation, will be received
in the province of Caracas.

XXVI.

THE persons and properties of foreigners, shall enjoy
the same security as those of the other citizens,
provided they acknowledge the Sovereignty and independence,
and respect the catholic religion, the only
one in this country.

XXVII.

THE foreingers who reside in the province of Caracas,
being naturalized, and having the necessary
property shall enjoy all the rights of citizens.


27

OBSERVATION.

THE immense quantity of lands in the province of
Caracas, the abundance of perpetual streams which
fertilize them; the diversity of productions and their
richness, offer to the industrious man the greatest advantages
in agriculture. The geographical situation of
a great extent of coast opposite the Antilles and other
Islands, the great consumption of the States of Venezuela,
confederated with those of Cundinamarca or
Santa-Fé, open and facilitate a commerce the most
advantageous in the universe. The peaceable character
of the inhabitants; the mildness of their behaviour,
the regard they shew to foreigners; and lastly the
mildness of the climate, it being a perpetual spring,
invite persons to settle in the province of Caracas,
as cultivators, artisans or merchants. The Government
interested in protecting all, will give lands to
any person who may wish to cultivate them: and
will secure, in their respective professions, all those
who dedicate themselves to commerce, industry and
the arts; it will alone prosecute and expel the turbulent
and the idle, who apply themselves to disturbing
the tranquility and peace of those who live occupied.
The industrious and peaceable man will
enjoy in Venezuela the protection of government and
the estimation of the people.


29

And it is also to be observed that notwithstanding
the importation of negroes is prohibited in Venezuela,
this does not include the foreigners who may come
with their slàves, to make agricultural establishments,
or to pursue any art or profession useful and
advantageous to the state.

Michael Joseph Sanz,
SECY. OF STATE.


[Figure] TABACO
DE
VARINAS



MANIFEST
MADE TO THE WORLD BY THE
CONFEDERATION OF VENEZUELA,
IN SOUTH AMERICA,

Of the reasons on which she has founded her Absolute
Independence of Spain, and of every other
Foreign Power whatever.

Done and ordered to be Published by the General
Congress of the United Provinces
.

Nunc quid sit agendum considerate

SPANISH America, condemned for more than three
centuries, to have no other existence than to serve to
increase the political preponderance of Spain, without
the least influence or participation in her greatness;
would eventually have arrived by the order of
events, in which she has had no other part than sufferance,
to be the sure sacrifice and victim of that
same disorder, corruption, and conquest, which have
disorganized the nation that first conquered her; if
the instinct of self-security had not dictated to the


33

Americans, that the moment of acting had arrived,
and that it was time to reap the fruits of three
hundred years of inaction and patience.

If the discovery of the new world was one of the
most interesting occurrences to the human race, no
less so will be the regeneration of this same world,
degraded from that period by oppression and servitude.
America, raising herself from the dust, and
freed of her chains, yet without passing through the
political gradations of other nations, will, in her
turn, triumph over the old world, without inundating
it in blood, without enslaving or brutifying it. A
revolution the most useful to the human race, will be
that of America, when constituted and governed by
her own self, she shall open her arms to receive the
people of Europe; those who are trampled upon by
policy, fleeing from the ills of war, and persecuted by
the fury of the passions. In search of peace and tranqulllity,
the inhabitants of the other hemisphere, will
then cross the ocean, not with the perfidy of the heroes
of the 16th century; but, as friends, and not as
tyrants; as men in need, not as lords; not to destroy,
but to build; not as tygers, but as men, who horror-struck
with our former misfortunes, and self-taught
by their own, will not convert their reason
into a malignant spirit, nor wish that our annals be
again those of blood, and wretchedness. Then shall
navigation, geography, astronomy, industry, and
trade, perfected by the discovery of America, though
ruinous to her, be converted into so many means to


35

accelerate, consolidate, and perfect the felicity of
both worlds.

This is not a flattering dream but an homage, made
by reason to providence. It was written in her ineffable
designs, that one half of the human race should
not groan under the tyranny of the other, nor could it be
supposed that the great fiat of the world's dissolution,
could arrive before one part of its creatures had enjoyed
all their inherent rights. Every thing as been
long preparing for this epoch of felicity and consolation.
In Europe, the shock and fermentation of
opinions, the inversion and contempt of the laws, the
profanation of the bonds that hold together states,
the luxury of courts, the sterility of the fields, the
cessation of industry, the triumph of vice, and the
oppression of virtue; whilst in America, the increase
of population, of foreign wants dependant on her, the
development of agriculture in a new and vigorous
soil, the germ of industry under a beneficent clime,
the elements of science under a priviledged organization,
the means of a rich and prosperous trade, and
the robustness of a political adelescence, all, all accelerated
the progress of evil in one world, and that
of good in the other.

Such was the advantageous alternative, that enslaved
America presented on the other side the ocean, to
her mistress Spain, when cast down by the weight of
every evil, and undermined by every destructive
principle of society, she called upon her to ease her
of her chains, that she might fly to her succour. Unfortunately,


37

prejudice triumphed; the genius of evil
and of disorder seized on the governments; goaded
pride usurped the seat of cool prudence, ambition
triumphed over liberality, and substituting deceit
and perfidy, for generosity and good faith, they
turned against us those very arms which we ourselves
used at the time, when impelled by our fidelity and
plain dealing, we taught Spain herself the way of resisting
her enemies, under the banners of a presumtive
king, unfit to reign, and without other titles than the
generous compassion of the people, and his own misfortunes.

Venezuela was the first to pledge to Spain, the
generous aid which she considered as a necessary
homage: Venezuela was the first in her affliction, to
pour the consoling balm of friendship and fraternity
into her wounds: Venezuela was the first to know
the disorders that threatened the destruction of Spain:
she was the first to provide for her own safety, without
breaking the bonds that held her to the mother
couutry: the first to perceive the effects of her ambitious
ingratitude: she was the first on whom war
was made by her brethren: and she is the first to recover
her independence and civil dignity in the new
world. In order to justify this measure of necessity
and justice, she considers it a duty incumbent on her,
to present to the universe, the reasons which have
urged her to the same, that her honour and principles
may not be doubted or endangered, when she
comes to fill the high rank which providence restores
to her.


39

All those who are aware of our resolution, likewise
know, what has been our fate previous to the late inversion
of things, which alone dissolved our engagements
with Spain, even granted that these were legal
and equitable It were superfluous to present a fresh
to impartial Europe, the misfortunes and vexations
she herself has so often lamented, at a time that we
ourselves were not allowed to do so; neither is it
necessary to aver the injustice of our dependance and
degradation, when every nation has viewed as an insult
to political equity, that Spain, unpeopled, corrupted,
and sunk in a state of inaction and sloth by
a despotic government, should have exclusively usurped
from the industry and activity of the rest of the
continent, the precious and incalculable resources of
a world, constituted in the fief and monopoly of a
small portion of the other.

The interest of Europe cannot clash with the liberty
of a quarter of the globe, that now shews itself to the
felicity of the other three; none but a South Penisula
can oppose the interests of its government, to those
of its nation, in order to raise the old hemisphere
against the new one, now that the impossibility of oppressing
it any longer, is discovered. In opposition
to these endeavours, more fatal to our reputation than
to our prosperity, it is, that we are about to display
the reasons, which from the 15th July 1808, have
wrested from us the resolutions of the 19th of April,
1810, and of the 5th July 1811; which three epochs
will form the first period of the glories of regenerated


41

Venezuela, when the impartial pen of history shall record
the first lines of the political existence of South
America.

Testified as were in our minifests and public papers,
almost all the reasons that influenced our
resolution as well as our designs; and all the just
and decorous means which we have employed to realize
them; it might be supposed, that the exact and
impartial comparison of our conduct with that of the
governments of Spain, in these latter times, would of
itself suffice to justify not only our moderation, not
only our measures of security, not only our independence,
but even also the declaration of an irreconcilable
enmity against those who directly, or indirectly,
have contributed to the unnatural system now adopted
against us. Nothing in truth should we have to
do, if good faith had been the spring of action, used
by the party of oppression against liberty; but as the
last analysis of our misfortunes, we cannot extricate
ourselves from the condition of slaves, without being
branded with the calumny of being ingrates, rebels,
and unthankful. Let those therefore listen and judge
us, who have no part in our misfortunes, and who
are now desirous of having none in our disputes, in
order not to augment the prejudices of our enemies;
and let them not lose sight of the solemn act of our
just, necessary, and modest emancipation.

Caracas learnt the scandalous scenes that passed in
El Escurial and Aranjuez, at a time that she already
perceived what were her rights, and the state in which


43

these were placed by those great occurrences; but the
habit of obedience on the one hand, the apathy produced
by despotism on the other; and in short, fidelity and
good faith, were at the moment superior to every combination;
and after the dispatches of the kingly substitute
Murat,* had reached the capital, the authorities
did not even waver respecting their reception, it
was not possible for the people to think of any thing
else, than of being faithful, consistent, and generous,
without foreseeing the ills to which this noble and
gallant conduct would expose them. Without any
other view than that of honour, Venezuela refused
to follow the opinion of the leading men of Spain,
some of whom in support of the orders of the French
Regent of the kingdom, exacted from us allegiance to
the new king: others declaring and publishing, that
Spain had received a new existance since the abandonment
of her authorities, since the cessions of the
Bourbons, and the introduction of the new dynasty;
that they had recovered their absolute independence
and liberty, and that they offered this example to the
Americans, that they might recover the same rights
there proclaimed: but as soon as the first step we

45

had taken for our security, had convinced the Central
Junta that there was in us, something more than habits
and prejudices, they began to vary the language of
liberality and sincerity; they perfidiously adopted the
talisman of Ferdinand, at first invented by good faith;
they suppressed, but with cunning and sweetness, the
plain and legal project of Caracas to imitate the representative
conduct of the governments of Spain,* and they began to set on foot a new species of despotism,
under the factitious name of a king, acknowledged
only from a principle of generosity, and destined
to effect our ill and disaster, by those who had
usurped the sovereign power.

Fresh governors and judges, initiated in the new
system projected against America, decided to sustain
it at our expence, and provided with instructions for
even the last political change that might occur in the
other hemisphere, were the consequences resulting
from the surprise, which our unheard of and unexpected
generosity caused to the Central Junta. Ambiguity,
artifice, and disorder, were all the springs set in motion
by this tottering and short lived administration:
as they saw their empire exposed, it was evident they
wished to gain in one day, what had enriched their
ancestors in many years; and as their authority was
backed by that of their parasites, all their endeavours


47

were directed to uphold each other, under the shadow
of our illusion and good faith. No statute contrary
to these plans was valid and effective, and every measure
that favoured the new order of political freemasonry,
was to have the force of law, however
opposed to the principles of justice and equity. After
the declaration of the Captain General Emparan,
made to the Audiencia, that in Caracas there was no
other law nor will but his own; and this fully manifested
in several arbitrary acts and excesses, such as
placing on the seat of the oidor, the fiscal in civil and
criminal cases; intercepting and opening the dispatches
sent to the Central Junta, by Don Pedro Gonsales
Ortega; sending out of those provinces this same
functionary, as well as Captain Don Francisco
Rodriguez, and the assessor of the board of trade,
Don Miguel Jozé Sanz, all embarked for Cadiz and
Puerto Rico; as well as condemning to the labour of
the public works, without either form or appearance
of trial, a considerable multitude of good men,
snatched from their homes under the pretence of vagrants;
revoking and suspending the resolutions of
the Audiencia, when not conformable to his caprice
and absolute will: after naming a recorder without
the consent of the municipal body, creating and causing
the assessor to be received without title or authority,
after supporting his ignorance and pride to the
utmost lengths: after many scandalous disputes between
the Audiencia and the municipal body, and after
all the law characters being reconciled to these

49

despots, in order that they might be more secure and
inexpugnable against us, it was agreed to organize
and carry into effect, under the shadow of fallacy,
the projects of espionage and ambiguity.*

Under these auspices the defeats and misfortunes of
the Spanish armies were concealed; pompous and
imaginary triumphs over the French, in the Peninsula
and on the Danube, were forged and announced;
they caused the streets to be illuminated; gunpowder
was wasted; the bells chimed; and religion was
prostituted by Te Deums, and acts of thanks being
sung, as if to insult Providence in the perpetuity of
our evils. In order to leave us no time to analyze
our own fate, or discover the snares laid for us, conspiracies
were invented, parties and factions were imagined,
every one was calumniated who did not consent
to be initiated in the mysteries of perfidy; fleets
and emissaries from the French were figured, as being
in our seas and amongst us; our relations with the
neighbouring colonies were circumscribed and restricted;
our trade was newly fettered; and the
whole, to the end of keeping us in a state of continual


51

agitation, that we might not fix our attention on our
real interests.

Our forbearance once alarmed, and our vigilance
awakened, we began to lose confidence in the governments
of Spain and their agents; through the veil of
their intrigues and machinations, we discovered the
horrid futurity that threatened us: the genius of truth,
raised above the dense atmosphere of oppression and
calumny, pointed out to us with the finger of impartiality,
the true fate of Spain, the disorders of her
government, the energy of her inhabitants, the formidable
power of her enemies, and the groundless hopes
of her salvation. Shut up in our own houses, surrounded
by spies, threatened by infamy and banishment,
scarcely were we able to bewail our own situation, or
to do more than secretly to complain against our vigilant
and cunning enemies. The consonance of our
blended sighs, exhaled in the moments of bitterness
and oppression, at length gave uniformity to our sentiments,
and united our opinions. Shut up within the
walls of our own houses, and debarred from all communication
with our fellow-citizens, scarcely was
there one individual of Caracas, who did not think,
that the moment of being for ever free had arrived, or
else that, of irrevocably sanctioning a new and horrid
slavery.

Every one began to discover the nullity of the acts
of Bayonne, the invalidity of the rights of Ferdinand,
and of all the Bourbons who were parties to the said
stipulations; the ignominy with which they had delivered


53

up as slaves, those, who had placed them on the
throne, in opposition to the pretensions of the house of
Austria; the connivance of the intrusive mandataries
of Spain, to the plans of the new dinasty; the fate that
these same plans prepared for America, and the necessity
of taking some resolve, that might shield the
new world from the calamities that were about to result
from its relations with the old one. All saw their
treasures buried in the unfathomable abyss of the disorders
of the Peninsula, they wept for the blood of
Americans spilt in the same struggle with that of the
enemies of America; in order to sustain the slavery of
their own country; notwithstanding the vigilance of
their tyrants, they saw into the interior of Spain herself,
where they beheld nothing but disorder, corruption,
factions, defeats, misfortunes, treacheries, dispersed
armies, whole provinces in the power of the enemy,
the ready phalanxes of the latter, and at the head of
all, a weak and tumultuary government, formed out of
such rare elements.

Such was the general and uniform impression noticed
on the faces of all the people of Venezuela by
the agents of oppression, sent out to support, at every
hazard, the infamous cause of their constituents; every
word produced a proscription, every discourse cost
banishment to its author, and every effort or attempt
to do the same in America, as had been done in Spain,
if it did not cause the blood of Americans to flow, it
it was at least sufficient for the ruin, infamy, and


55

desolation of many families.* Such a wrong calculation
could not fail to multiply the convulsions, to
augment, by means of them, the popular re-action, to
prepare the combustible, and dispose it in such a
manner, that with the least spark it would create a
blaze, that would consume, and even efface every
vestige of so hard and melancholy a condition.
Spain, needy and desolate, her fate dependent on the
generosity of America, and almost in the act of being
blotted out from the list of nations, appeared as if
transported back to the 16th and 17th ages, she again
began to conquer America, with arms more terrible
than iron and lead; every day gave rise to a new
proof, of the fate that awaited us; such a one as
would place us in the sad alternative of being sold to
a foreign power, or obliged for ever to groan under a
fresh and irrevocable servitude; whilst we alone,
were expectant on the happy moment, that might
give impulse to our opinion, and unite our strength
to express, and to sustain it.

Amidst the sighs and imprecations of general exasperation,
the irruption of the French into Andalusia,
the dissolution of the Central Junta, brought
about by the effects of public execration, and
the abortive institution of another Protean government,
under the name of Regency, reached our ears.
This was announced under ideas more liberal, and on


57

perceiving the efforts of the Americans to avail themselves
of the vices and nullities of so rare a government,
they endeavoured to strengthen the illusion by
brilliant promises, by theories barren of reform, and
by announcing to us, that our fate was no longer in
the hands of viceroys, ministers, or governors; at
the same time, that all these agents received the most
strict orders to watch over our conduct, over our
opinions, and not to suffer these to exceed the limits,
traced by the eloquence that gilded over the chains,
prepared in the captious and cunning letter of emancipation.

At any other period whatever, this would have sufficed
to deceive the Americans; but the Junta of
Seville, as well as the Central one, had already done
too much in order to take the bandage from our
eyes; and what was then combined, meditated, and
polished, to subject us again, with phrases and hyperboles,
only served to redouble our vigilance, to collect
our opinions, and to form a firm and unshaken resolution
to perish, rather than to remain any longer
the victims of cabal aud perfidy. The day, on which
religion celebrates the most august mystery of the redemption
of the human race, was that designated by
Providence to be the commencement of the political
redemption of America. On Good Friday, the 19th
of April, it was, that the Colossus of despotism was
cast down in Venezuela, the empire of the laws proclaimed,
and the tyrants expelled, with all the felicity,
moderation, and tranquillity, that they themselves


59

have confessed; so much so, as even to have filled
with admiration and friendship for us, the rest of the
impartial world.

Who but would have thought that a nation, recovering
its rights, and freeing itself from its oppressors,
in its blind fury, would have broken down every barrier
that might place it directly, or indirectly within
the reach of the influence of those very governments,
that had hitherto sustained its misfortunes and oppression.
Venezuela, faithful to her promises, does
no more than insure her own security in order to comply
with them; and if with one strong and generous
hand, she deposed the agents of her misery
and her slavery, with the other, she placed the
name of Ferdinand the 7th at the head of her new
government, swore to maintain his rights, promised
to acknowledge the unity and integrity of the Spanish
nation, opened her arms to her European brethren,
offered them an asylum in their misfortunes
and calamities, equally hated the enemies of the Spanish
name, sought the generous alliance of England,
and prepared to take part in the felicity or misfortune
of the nation from whom she could, and ought to have
eternally separated.

But it was not this, that the Regency exacted from
us. When the latter declared us free in the theory
of their plans, they subjected us in practice to
a small and insignificant representation, believing
that those to whom nothing was due, would be content
to receive whatever was granted to them by their


61

masters. Under a calculation so liberal, the Regency
was desirous of keeping up our illusion, to pay us
with words, promises, and inscriptions for our long
slavery, and for the blood and treasure we had expended
in Spain. Fully were we aware, how little
we had to expect from the policy and the intrusive
agents of Ferdinand; we were not ignorant that if
we were not to be dependent on viceroys, ministers,
and governors, with greater reason we could not be
subject either to a king, a captive and without the
rights of authority, nor to a government, null and illegitimate,
nor to a nation incapable of holding sway
over another, nor to a peninsular corner of Europe,
nearly wholly occupied by a foreign force. Nevertheless,
desirous of effecting our own freedom, by the
means of generosity, moderation, and civism, we acknowledged
the imaginary rights of the son of Maria
Louisa, we respected the misfortunes of the nation,
and giving official notice to the same Regency we disowned,
we offered not to separate from Spain, as long
as she maintained a legal government, established by
the will of the nation, and in which America had that
part, given to her by justice, necessity, and the political
importance of her territory.

If the three hundred years of our former servitude,
have not sufficed to authorize our emancipation, there
would be sufficient cause in the conduct of the governments,
which arrogated to themselves the sovereignty
of a conquered nation, which never could have any
property in America, declared an integral part of the


63

same, whilst they attempted again to involve it in
conquest. If the governors of Spain had been paid by
her enemies, they could not have done more against
the felicity of the nation, bound in its close union and
good correspondence with America. With the greatest
contempt of our importance, and of the justice of
our claims, when they could not deny us the appearance
of a representation, they subjected it to the despotic
influence of their agents over the municipalities to
whom the election was committed; and whilst in
Spain, at the same time that they allowed even
for the provinces in possession of the French, as well
as the Canaries and Balearic islands, a representative
for each fifty thousand souls, freely elected by the
people; in America, scarcely a million sufficed to
have the right of one representative, named by the
Viceroy or Captain General, under the signature of
the municipality.

At the same time that we, strong in the testimony
of our own justice, and the moderation of our proceedings,
hoped, that if the reasons we alledged to
the Regency to convince them of the necesity of our
resolution did not triumph; at least, that the generous
dispositions with which we offered not to become the
enemy of our oppressed and unfortunate brethren,
would be successful, dispositions which the new
government of Caracas was desirous should not be
limited to barren phrases; and the imprejudiced and
impartial world will know, that Venezuela has passed
all that time, which intervened between the 19th of


65

April, 1810, to the 5th of July, 1811, in a bitter and
painful alternative of acts of ingratitude, insults and
hostilities on the part of Spain, and of generosity,
moderation, and forbearance on ours. This period
is the most interesting of the history of our revolution,
so much so, that its events present a contrast so
favourable to our cause, that it cannot have failed to
gain over for us, the impartial judgement of those
nations, that have no interest to disparage our
efforts.

Previous to the result of our political transformation,
every day we received fresh motives sufficiently
strong, for each to have caused us to do what we
have done, after three ages of misery and degradation.
In every vessel that arrived from Spain, new agents
came out to strengthen with fresh instructions, those
who sustained the cause of ambition and perfidy.
For the very same purpose, refusal was sent out for
the officers, and other Europeans to return to Spain, notwithstanding
they asked it to fight against the French;
fresh orders were issued,* for the schools to be closed,
to the end, that under the pretence of attending only
to the war, both Spain and America might be sunk
deeper into a state of ignorance, it was ordained that
rights and premiums should not be heard of, and that
nothing was to be done, but sending to Spain, money,
American men, provisions, colonial productions, submission,
and obedience.

The public prints were filled with nothing but
triumphs, victories, donations and acknowledgements,


67

wrested by despotism from the people who were not
yet informed of our resolution; and under the most
severe threats of punishment, a political inquisition
with all its horrors, was established against those who
should read, possess, or receive other papers, not only
foreign, but even Spanish, that were not out of the
Regency's manufacture.* Contrary to the very
orders previously issued to deceive the country, every
bound was overleaped in the selection of ultramarine
functionaries, whose merit alone consisted in having
sworn to maintain the system contrived by the Regency;
in the most scandalous and barefaced manner
the order which favoured our trade, and encouraged
our agriculture, was declared null, condemned to be
burnt, and its authors and promoters proscribed; aid
of every kind was exacted from us, without any account
of its destination or expenditure being sent to
us; in contempt of every shadow of public faith, and
without any exception whatever, all correspondence
from these countries was ordered to be opened; an
excess unknown even under the despotism of Godoy,
and only adopted to cause the espionage over America
to be more tyranical. In short, the plans plotted to
perpetuate our servitude, now began practically to be
realized.

In the mean time Venezuela, f [...]e, and mistress of
herself, of nothing thought less than to imitate the
detestable conduct of the Regency and its agents;


69

content with having sucured her fate against the ambition
of an intrusive and illegitimate government, and
shielded it against plans too dark and complicated,
was satisfied in shewing by positive acts, her desire of
peace, friendship, correspondence, and co-operation
with her European brothers. All those who were
amongst us, were considered as such, and two-thirds
of the political, civil and military employments, both
of the high and middle classes, remained, or were
placed in the hands of Europeans, without any further
precaution, but with a sincerity and good faith,
that nearly proved fatal to our interests.

Our chests were generously opened, to aid with
every luxury, to the end, that our tyrants in their
passage from us, might enjoy every convenience and
profusion; the captains of the packets, Carmen, Fortuna,
and Araucana, were received into our ports,
and assisted with money, to enable them to proceed
on their voyage, and fulfil their respective commissions;
and even the disrespect and crimes of the commander
of the Fortuna, were referred to the judgement
of the Spanish government. Notwithstanding the
governmental Junta of Caracas, manifested the reasons
of precaution, which obliged them not to expose to
the voracity of the government, the public funds,
which were destined to succour the nation, they exhorted
and left room for the generosity of the people, to
use their fortunes conformably to the impulse of their
own sensibility, by publishing in the newspapers, the
mournful manifest, in which the Regency pourtrayed


71

the agonizing state of the nation, in order to implore
aid; at the same time, that they represented it
vigorous, organized and triumphant in the public
prints, destined to deceive us. The commissioners
of the Regency bound to Quito, Santa Fè, and Peru,
were hospitably received, treated as friends, and their
pecuniary wants supplied, to their own satisfaction.
—But we lose time, in thus analyzing the dark and
cunning conduct of our enemies, as all their endeavours
have not sufficed to warp the imperious and
triumphing impression of ours.

The arrogant mandataries of our country, were not,
however, the only ones, authorized to support the
horrid plot of their constituents; the same uniform and
universal mission, was brought out by all those who
inundated America, from the sad and ominous reigns
of the Junta of Seville, the Central one, and the Regency;
and under the system of political freemasonry,
founded on the machiavelic pact, they all accorded
in mutually substituting, replacing, and assisting
each other, in the plans combined against the felicity
and political existence of the new world. The island
of Puerto Rico, was immediately made the haunt of
all the agents of the Regency, the place of equipment
for all the expeditions, the head quarters of all the
anti-American forces, the workshop of all the impostures,
calumnies, triumphs, and threats of the Regents;
the refuge of all the wicked, the rendezvous
port of a new set of Filibustiers, in order that there
might not be wanting any of the calamities of the


73

sixteenth century, to the new conquest of America,
in the nineteenth. The Americans of Puerto Rico,
oppressed by the bayonets, cannons, fetters and gibbets
which surrounded the bashaw Melendez, and his
satellites, had to add to their own evils and misfortunes,
the painful necessity of contributing to ours.
Such is the fate of the Americans, condemned not
only to be galley slaves, but to be the drivers of each
other.

The conduct observed by Spain to America, is
harder and more insulting, when compared with that
she appears to exercise with regard to France. It is
well known, that the new dynasty, still resisted by
part of the nation, has had decided partizans in many
of those, who considered themselves the first national
dignataries, for their rank, offices, talents, and knowledge;*
but still there has not appeared one of those
who so much desire the liberty, independence, and
regeneration of the Peninsula, who has raised his voice
in favour of the American provinces; which adopting
the same principles of fidelity and national integrity,
have of their own accord, been ambitious of
preserving themselves independent of such intrusive,
illegitimate, weak, and tumultuary governments, as
have been all those, which have hitherto called themselves
the agents of the King, or representatives
of the nation. It is vexing to see so much liberality,
so much civism, and so much disinterest in


75

the Cortes, with regard to Spain, disorganized, exhausted,
and nearly conquered; and at the same time,
so much meanness, so much suspicion, prejudice,
and pride, towards America; tranquil, faithful,
generous, decided to aid her bretheren; when it is
she alone who can give reality, (in the most essential
point at least) to the theoretical and brilliant plans,
which make the Spanish congress so exalted. How
many treasons, surrenders, assassinations, perfidies,
and convulsions, have not appeared in the revolution
of Spain; these have passed by as the inseparable
misfortunes of circumstances, yet not one of the provinces
surrendered, or satisfied with the dominion of
the French, has been treated like Venezuela; their
conduct must however have been analyzed and characterized
according to reasons, motives, and circumstances
that dictated it; this must have been judged
in conformity to the rights of war, and the sentiments
of the nation must have been pronounced, according
to the statements laid before it; but not one of
them has yet been declared traiterous, in rebellion,
and unnaturalized as was Venezuela; for none of them
has been created a public commission of diplomatic
mutineers, to arm Spaniard against Spaniard, to fan
the flame of civil war, and to burn and delapidate
all that cannot be held in the name of Ferdinand
the seventh. America alone, is condemned to endure
the unheard of condition, of being warred upon,
destroyed, and enslaved, with the very aids, she destined
for the liberty and common felicity of the nation

77

of which she was led to believe, for a few moments,
that she constituted part.

It appears that the independence of America,
creates more irritation to Spain, than the foreign oppression
that threatens her; for against her, are preferably
employed, measures that have not even been
used against the very provinces, that have proclaimed
the new king. The incendiary and turbulent
talent of a minister of the council of the Indies, could
not have a more dignified employment, than that of
again conquering Venezuela, with the same arms as
those of the Alfingers and the Weslers,* in the name
of a king placed on the throne, against the pretensions
of the family of him, who let out these provinces
to the German factors. Under this name, all
the sluices of iniquity are opened upon us, and the
horrors of the conquest are renewed, the remembrance
of which, we had generously endeavoured to blot out
from our posterity; under this name, we are treated
with more severity, than those who abandoned it before
we did; and under this name, it is attempted to
continue the system of Spanish dominion in America,
which has been held as a political phenomenon, even
in the times of the reality, energy, and vigour of the
Spanish monarchy. And can their be found, any law
that obliges us to preserve it, and to suffer in its name,
the torrent of distresses heaped upon us, by those who
call themselves its agents in the Peninsula? By their


79

means, this very name obtained the treasure, the
obedience and acknowledgement of America; and by
means of their flagitious conduct afterwards, in the
exercise of their powers, the name of Ferdinand has
lost every consideration amongst us, and consequently
ought to be abandoned for ever.*

The tyrant of Borriquen, not content with creating
himself into a sovereign, to declare war against
us, and with insulting and calumniating us in his
flimsy, mean, and flattering prints; not satisfied with
constituting himself into the gratuitous jail-keeper,
of the emissaries of peace and confederation, sent to
him by his comrade Miyares, from the castle of
Zapàras de Maraeaybo; because they overturned the
plans he had received and accepted from the Regency,
and the new king of Spain, in exchange for the
Captain Generalship of Venezuela, purchased at a
cheap rate from the Regents; not considering such
superior merit sufficiently rewarded, with the honour
of faithfully serving his kings, in the most barefaced
manner, plundered more than one hundred thousand
dollars of the public funds, belonging to Caracas,
that had been embarked on board the ship Ferdinand
the seventh, in order to purchase stores and military
clothing in London, where the insurance was effected,
and in order that his insult might be the more complete


81

he alledged, that the Spanish government might
waste and misapply them, that England might appropriate
them to herself, disowning our resolution; so
that in no place they could, or ought to be more secure
than in his hands, negociated by means of his
partners in trade, as in fact they were, in Philadelphia,
adding that account of the capital thereof, was
to be given in, when Puerto Rico had conquered Venezuela,
when the latter should deliver herself up to
the Regency, or when Ferdinand VII. should return
to reign in Spain. Such were the periods, it appears,
that the governor of Puerto Rico imposed upon himself,
to render in account of so atrocious and scandalous
a depredation; but this is not all that this worthy
agent of the Regency has done, in favour of the
designs of his constituents.

Notwithstanding so much insult, robbery, and ingratitude,
Venezuela maintained her resolution not
to vary the principles she had traced out for her conduct,
the sublime act of her national representation
was proclaimed in the name of Ferdinand VII. under
his fantastical authority, all the acts of our government
and administration were sustained, though
they required no other origin than the people who
had constituted them; by the laws and regulations of
Spain was judged a horrible and sanguinary conspiracy
of the Europeans, which were even infringed to
save their lives, in order that the philanthropic memory
of our revolution might not be stained with the
blood of our perfidious brethren; under the name of


83

Ferdinand, and by the interposition of the bonds of
fraternity and patriotism, endeavours were made to
inform and reduce the imperious mandataries of Coro
and Maracaybo, who perfidiously kept separated
from our interests, our brethren of the West; under
the auspices of reciprocal interest, we triumphed over
the oppressive acts of Barcelona, and under the same,
we will reconquer Guayana, twice snatched from our
confederation, as was Maracaybo, against the general
wishes of its inhabitants.

It would have seemed, that nothing was now left to
be done for the reconciliation of Spain, or for the entire
and absolute separation of America from such a
system of generosity, equally as ruinous and calamitous,
as contemptible and ungrateful: but Venezuela
was desirous of draining every means left within
her reach, in order that justice and necessity should
leave her no other safe alternative than that of independence,
which ought to have been declared from the
15th of July 1808, or from the 19th of April 1810.
After appealing to sensibility, and not to vengeance,
in the horrid scenes that occurred at Quito, Pore, and
La Paz: after beholding our own cause supported
by the uniformity of opinions in Buenos Ayres, Santa
Fé, the Floridas, Mexico, Guatemala, and Chili;
after obtaining an indirect guarantee on the part of
England; after hearing our conduct applauded by
impartial men in Europe; after seeing the same principles
triumph from the Orinoko, as far as El Magdalena;
and from Cape Codera, as far as the


85

Andes; we have still to endure fresh insults, before
we fly to the painful extreme of breaking with our
brethren for ever.

Caracas, without having done more than imitate
many of the provinces of Spain; and used the same
rights which the Council of Regency declared in her
favour, as well as that of all America; without having
had in this conduct, other designs than those inspired
by the supreme law of necessity not to be involved
in an unknown fate, and to relieve the Regents
of the trouble of attending to the government
of countries, as well extensive as remote, at the same
time that they protested that they would attend to
nothing but the war; without having torn asunder
her unity and political integrity with Spain; without
having disowned, as was possible and proper, the
lame rights of Ferdinand; far from applauding for
convenience, if not from sentiments of generosity, so
just, necessary, and modest a resolution, and without
answering even, or submitting to the judgment of
the nation our complaints and claims, is declared in
a state of war, her inhabitants are proclaimed rebels,
and unnaturalized; every communication is cut off
with her brethren; England is deprived of her trade,
the excesses of Melendez are approved, and he is authorized
to commit whatever his malignity of heart
may suggest to him, however opposed to reason and
justice, as is proved by the order of the 4th of Sept.
1810, unheard of for its enormity, even amongst the
despots of Constantinople or Indostan; and not to


87

deviate in the least from the plots of the conquest, a
new Encomendero is sent out under the name of a pacificator,
who, with more prerogatives than the conquerors
and settlers themselves was to take his post in
Puerto Rico, and thence to threaten, rob, pirate,
deceive, excite civil disturbances, and all in the
name of Ferdinand VII.

Till then the progress of the system of subversion,
anarchy, and depredation, which the Regency proposed
to itself on hearing of the movements of
Caracas, had been but slow, but the principal focus
of the civil war, being transferred nearer to us,
the subaltern agents acquired more strength; the
flames of the passions were multiplied, as well
as the efforts of the parties directed by the
chiefs hired by Cortavarria and Melendez. Hence
originated the incendiary energy acquired by the
ephemeral sedition of the West; hence the discord
newly fanned by Miyares, rendered vain and arrogant
by the imaginary and promised Captain-general-ship
of Venezuela; hence the American blood, in
spite of ourselves, spilt on the sands of Coro; hence
the robberies and assassinations committed on our
coasts by the pirates of the Regency; hence that miserable
blockade, intended to seduce and rise up our
shore settlements; hence the insults committed on the
English flag; hence the falling off of our trade;
hence the conspiracies of the vallies of Aragua and
Cumanà; hence the horrid perfidy in Guyana, and
the insulting deportation of its leading characters to


89

the Moorish dungeons of Puerto Rico;* hence the
generous and impartial offices of reconciliation, sincerely
interposed by a representative of the British
government in the Antilles, and rejected by the
pseudo-pacificator; hence, in short, all the evils,
all the atrocities, and all the crimes, which are, and
ever will be, inseparable to the names of Cortavarria
and Melendez in Venezuela, and which have impelled
her government to go beyond what was proposed,
when it took upon itself the fate of those who
honoured it with their confidence.

The mission of Cortavarria in the 19th century,
and the state of Spain who decreed it, compared with
America, against whom it is directed, evinces, to what
an extreme the illusion of ambition blinds those, who
on the depravation of the people, found all the origin
of their authority. This act alone sufficed to
authorize our conduct. The spirit of Charles V.
the memory of Cortes and Pizarro, and the manes of
Montezuma and Atahualpa, are involuntarily reproduced
to our imagination, when we see the Adelantados,
Pesquisidores
, and Encomendoros renewed in
a country, which having endured 300 years of submission
and sacrifices, had promised to continue in
allegiance on the only condition of being free, in order


91

that the circumstances of slavery, might not
blemish the merit of fidelity. The scandalous plenitude
of power confided to a man, authorized by an
intrusive and illegitimate government, that under the
insulting name of pacificator, he might despotize,
excite, rob, and (to crown the insult) that he
might offer pardon to a people, noble, innocent,
tranquil, generous, and masters of their own rights;
could only be credited in the impotent delirium of
a government that tyranises over a nation disorganized
and stunned by the horrid tempest that overtakes
her; but as the ills of this disorder, and the
abuses of such an usurpation might be considered
as not imputable to Ferdinand, already acknowledged
in Venezuela, at the same time that he was unable
to remedy so much insult, such excesses, and so much
violence committed in his name, we consider it necessary
to remount to the origin of these same rights,
that we may then descend to the nullity and invalidity
of the generous oath by which we conditionally
acknowledged him; notwithstanding we have, in
spite of ourselves, to violate the spontaneous silence
we had imposed upon us, respecting every thing that
was anterior to the transactions of El Escurial and
Aranjuez.

It is an evident fact, that America does not belong,
to the territory of Spain, and it is moreover also true,
that the rights which the Bourbons, justly or unjustly,
had to it, notwithstanding they were hereditary,
could not be disposed of without the consent


93

of the people, and particularly of those of America,
who, on the election between the French and
Austrian dynasties, might have done in the 17th century,
what they have now done in the 19th. The
bull of Alexander IV. and the just titles which the
house of Austria alledged in the American code, had
no other origin, than the right of conquest, partially
eeded to the conquerors and settlers, for the aid
they had rendered to the crown in order to extend
its dominion in America. Without taking into
consideration the depopulation of the country, the
extermination of the natives, and the emigration
which the supposed mother country sustained, it
appears, that when the fury of conquest had ceased;
when the thirst for gold was satisfied; when the
continental equilibrium was declared in favour of
Spain, by the advantageous acquisition of America;
the feudal government destroyed and rooted up
from the time of the reign of the Bourbons in
Spain, and every right extinct that did not originate
in the new concessions or mandates of the
prince, the conquerors and settlers then became absolved
of theirs. As soon as the lameness and
invalidity of the rights arrogated to themselves by
the Bourbons, is demonstrated; the titles by which the
Americans, descendents of the conquerors, possessed
these countries, revive; not in detriment to the natives
and primitive proprietors, but to equalise
them in the enjoyment of liberty, property, and independence

95

which they always held by a right
stronger than that of the Bourbons, or of any others
to whom they may have ceded America, without the
consent of the Americans, its natural owners.

That America does not belong to the territory of
Spain, is a principle of natural, and a law of positive
right. No title, just or unjust, which exists of
her slavery, can apply to the Spaniards of Europe;
and all the liberality of Alexander VI, could not do
more, than declare the Austrian kings promoters of
the faith, in order to find out for them a preternatural
right, whereby to make them Lords of America.
Neither the pre-eminence of the parent state, nor the
prerogative of the mother country, could at any time
ground the origin of Lordship on the part of Spain.
The first was lost, from the time that the monarch,
aknowledged by the Americans, left the country and
renounced his rights, and the second always amountted
to nothing more than a scandalous abuse of
words; as was that of calling our slavery, felicity:
that of saying the fiscals were the protectors of the
Indians; and that the sons of Americans were divested
of every right and civil dignity. By the mere act
of men passing from one country to another to settle
it, those who do not leave their homes, acquire no
property, nor do they expose themselves to the hardships
inseparable to emigration. Those who conquer
and obtain possession of a country by means of their
labour, industry, cultivation, and connection with
the natives thereof, are they who have a preferable


97

right to preserve it and transmit it to their posterity
born therein; for if the country where one is born,
were considered as an origin of sovereignty, or a
title of acquisition, the general will of nations, and
the fate of the human race, would then be riveted
to the soil, in like manner as are the trees, mountains,
rivers and lakes.

Neither could it ever be considered as a title of
property to the rest of a nation, for one part thereof
to have past over to another country to settle it; for
by a right of this nature, Spain herself would belong
to the Phœnicians, their descendants, or to the Carthagenians,
wherever they may be found*; even the
whole of the nations of Europe, would have to
change their abodes to make room and re-establish so
singular a territorial right; home would then become
as precarious as are the wants and caprices of
men. The moral abuse of the maternity of Spain,
with regard to America, is still more insignificant,
for it is well known, that in the natural order of
things, it is the duty of the father to emancipate his
son, as soon as getting out of his minority, he is
able to use his strength and reason to provide for his
own subsistence; and also, that it is the duty of the
son to emancipate himself, whenever the cruelty or
extravagance of the father or tutor endanger his well-being,
or expose his patrimony to be the prey of a
miser or an usurper. Under these principles, let a


99

comparison be made of the three hundred years of
our filiation to Spain; and even when it should be
proved that she was our mother, it would still remain
to be proved, that we are yet her minors or
pupils.

At any period, when Spain has entertained any
doubt of the rights of the Bourbons, or of any other
dynasty, the only source, and that not very clear, of
the Spanish dominion in America; it appeared as if
the Americans were excluded from alleging any
reasons that might destroy such claims, doubtful
from their very origin; but as Venezuela may be
hereafter reproached for the conditional oath by
which the representative body that now declares its
independence of every other foreign power, previously
acknowledged Ferdinand VIIth; this same
august body feels anxious that no handle should be
left for the scruples of conscience, for the illusions
of ignorance, and for the malice of wounded ambition,
whereby to discredit, calumniate, and weaken
a resolution, taken with a maturity and deliberation
suitable to its magnitude and importance.

It is well known, that the promissory oath in
question, is no more than an accessory bond, which
always pre-supposes the validity and legitimacy of
the contract ratified by the same. When in the
contract, there is no vice which may render it null
and illegitimate, it is, that we believe, that God
invoked by an oath, will not then refuse to witness
and guarantee the fulfilment of our promises, because


101

the obligation to comply with them, is founded
on an evident maxim of the natural law, instituted
by the Divine Author. God can at no time guarantee
any thing, that is not binding in the natural
order of things, nor can it be supposed he will accept
of any contract, opposed to those very laws he
himself has established, for the felicity of the human
race. It would be to insult his wisdom, to believe,
that he is capable of listening to our vows, when we
implore his divine concurrence to a contract, that
clashes with our own liberty, the only origin of the
morality of our actions; such a supposition would
indicate, that God had an interest in multiplying our
duties, in prejudice to natural liberty, by means of
such agreements. Even when the oath were to add
any new obligation to that of the contract thereby
confirmed, the nullity of the one, would at all times
be inseparable to the nullity of the other; and if he
who violates a sworn contract, is criminal and worthy
of punishment, it is, because he has violated good
faith, the only bond of society; without the perjury
doing more than serving to increase the crime,
and to aggravate the punishment. That natural law
which obliges us to fulfil our promises, and that
divine one which forbids us to invoke the name of
God in vain, do not in any manner alter the nature
of the obligations contracted under the simultaneous
and inseparable effects of both laws; so that the
infraction of the one, supposes the infraction of the
other. For our own good, we call on God to witness

103

our promises, and when we believe that he can
guarantee them and avenge their violation, it is
alone, because the contract has nothing in itself capable
of rendering it invalid, illicit, unworthy of, or
contrary to, the eternal justice of the Supreme Arbiter,
to whom we submit it. Under these principles
it is that we are to analyze the conditional oath
by which the Congress of Venezuela has promised to
preserve the rights legally held by Ferdinand VII.
without attributing to it any other, which, being
contrary to the liberty of the people, would of consequence
invalidate the contract, and annul the oath.

We have at length seen, that, impelled by the
conduct of the governments of Spain, the people of
Venezuela became sensible of the circumstances, by
which the tolerated rights of Ferdinand VII. were
rendered void in consequence of the transactions of
El Escurial and Aranjuez; as well as those of all
his house, by the cessions and abdications made at
Bayonne; and from the demonstration of this truth,
follows, as a corollary, the invalidity of an oath,
which, besides being conditional, could not subsist
beyond the contract to which it was added, as an
accessory bond. To preserve the rights of Ferdinand,
was all that Caracas promised on the 19th of
April, at a time she was ignorant he had lost them*;


105

and even if he retained them, with regard to Spain,
it remains to be proved, whether, by virtue of the
same, he was able to cede America to another dynasty,
without her own consent. The advices,
which in spite of the oppression and cunning of the
intrusive governments of Spain, Venezuela was enabled
to obtain of the conduct of the Bourbons, and
the fatal effects the same was about to entail on America,
have constituted a body of irrefragable proofs,
evincing, that as Ferdinand no longer retained any
rights, the preservation thereof, which Venezuela
promised, as well as the oath by which she confirmed
this promise, consequently are, and ought to be done
away.* Of the first part of the position, the nullity
of the second, becomes a legitimate consequence.

But neither the Escurial, Aranjuez, or Bayona,
were the first theatres of the transactions, which deprived
the Bourbons of their rights to America. Already
in Basil and in the court of Spain, the fundamental
laws of the Spanish dominion in these countries,
had been broken through. Charles IV, contrary
to one of them, ceded the island of St. Domingo
to France, and disposed of Louisiana to the same
foreign power, which unheard of, and scandalous infractions,


107

authorized the Americans, against whom
they were committed, as well as the whole of the
Columbian people, to separate from the obedience
and lay aside the oath, by which they had bound themselves
to the crown of Castile, in like manner, as they
were entitled to protest against the eminent danger,
which threatened the integrity of the monarchy in
both worlds, by the introduction of French troops
into Spain, previous to the transactions of Bayona;
invited there, no doubt, by one of the Bourbon
factions, in order to usurp the national sovereignty
in favour of an intruder, a foreigner, or a traitor;
but as these events are prior to the period we have
fixed for our discussion, we will return to treat of
those which have authorized our conduct, since the
year 1808.

Every one is aware of the occurrences which happened
at the Escurial, in 1807, but perhaps every
one is not acquainted with the natural effects of these
events. It is not our intention here to enter into the
discovery of the origin of the discord that existed in
the family of Charles IV. let England and France
attribute it to themselves, both governments have
their accusers and defenders; neither is it to our
purpose to notice the marriage agreed on between
Ferdinand and the daughter-in law of Buonaparte,
the peace of Tilsit, the conferences at Erfuhrt, the
secret treaty of St. Cloud, and the emigration of the
house of Braganza to the Brazils. What most materially
concerns us, is, that by the transactions of


109

El Escurial, Ferdinand VII. was declared a traitor
against his father, Charles IV. A hundred pens,
and a hundred presses published at the same time in
both worlds, his perfidy, and the pardon which at
his prayer, was granted to him by his father, but
this pardon as an attribute of the sovereignty and of
paternal authority, only absolved the son from corporal
punishment; the king his father, had no power
to free him from the infamy and inability which the
constitutional laws of Spain impose on the traitor,
not only to hinder him from obtaining the royal dignity,
but even the lowest office or civil employment.
Ferdinand, therefore, never could be king of Spain,
or of the Indies.

To this condition the heir of the crown remained
reduced, till the month of March, 1808, when,
whilst the court was at Aranjuez, the project frustrated
at the Escurial was converted into insurrection
and open mutiny, by the friends of Ferdinand.
The public exasperation against the ministry of Godoy,
served as a pretext to the faction of Ferdinand, and
as a plea indirectly to convert into the good of the
nation, what was perhaps calculated under other designs.
The fact of using force against his father;
his not rather recurring to supplication and convincing
arguments; his having excited mutiny
on the part of the people; his having assembled
them in front of the palace in order to surprise
it, to insult the minister, and force the king
to abdicate his crown; far from giving him any


111

title to it; only tended to increase his crime, to aggravate
his treachery, and complete his inability to
ascend the throne, vacated by means of violence,
perfidy, and factions. Charles IV. outraged, disobeyed,
and threatened with force, had no other
alternative left him, suitable to his decorum, and favourable
to his vengeance; than to emigrate to
France to implore the protection of Buonaparte, in
favour of his offended royal dignity. Under the
nullity of the abdications of Aranjuez, all the Bourbons
assemble in Bayona, carried there against the
will of the people, to whose safety they preferred
their own particular resentments; the Emperor of
the French, took advantage of them, and when he
held under his controul, and within his influence, the
whole family of Ferdinand, as well as several of the
first Spanish dignitaries and substitutes for deputies
in the Cortes; he caused the son to restore the crown
to his father, and the latter then to make it over to
him the Emperor, in order that he might afterwards
confer it on his brother Joseph Napoleon.

Venezuela was ignorant of all this, or at least only
knew it partially, when the emissaries of the new
king reached Caracas. The innocence of Ferdinand,
compared with the insolence and despotism of
the favourite Godoy, impelled and directed her conduct,
when the local authorities wavered on the 15th
of July, 1808; and being left to choose between the
alternative of delivering herself up to a foreign


113

power, or of remaining faithful to a king, who
peared unfortunate and persecuted, the ignorance of
events triumphed over the true interests of the country,
and Ferdinand was acknowledged, under a belief
that, by this means, the unity of the nation being
maintained, she would be saved from the threatened
oppression, and a king be ransomed, of whose
virtues, wisdom and rights, we were falsely prepossessed.
But less was requisite to oppress us, on the
part of those who relied on our good faith. Ferdinand,
disqualified and unable to obtain the crown; previously
announced by the leaders of Spain as dispossessed
of his rights to the succession; incapable of
governing in America, held in bondage, and under
the influence of a foreign power; from that
time, became by illusion, a legitimate but unfortunate
prince; it was feigned a duty to acknowledge
him; as many as had the audacity to call themselves
such, became his self-created heirs and representatives,
and taking advantage of the innate fidelity of
the Spaniards of both worlds, and forming themselves
into intrusive governments, they appropriated to
themselves the sovereignty of the people, in the name
of a chimerical king, began to exercise new tyrannies,
and even of the commercial Junta of Cadiz sought
to extend her control over America.


115

Such have been the antecedents and consequences
of an oath, which dictated by candour and generosity,
and conditionally maintained by good faith, is now
brought against us, in order to perpetuate those
evils, which the dear bought experience of three
years has proved to be inseparable to so fatal and
ruinous an engagement. Taught, as we are, by a
series of evils, insults, hardships and ingratitude,
during an interval from the 15th of July, 1808, till
the 5th of July, 1811, and such as we have already
fully manifested; it becomes full time that we should
abandon a talisman invented by ignorance, and
adopted by a misguided fidelity, for ever since it
was, it has not failed to heap upon us all the evils
attendant on an ambiguous state, and on suspicion
and discord. The rights of Ferdinand, and the legitimate
representation of them on the part of the
intrusive governments of Spain, fidelity and the obligations
of compassion and gratitude on ours, are
the two favourite springs alternately played to sustain
our illusion, to devour our substance, prolong
our degradation, multiply our evils, and to prepare
us ignominiously to receive that passive fate, prepared
for us by those, who have dealt with us so
kindly for three centuries. Ferdinand the Seventh,
is the universal watch-word for tyranny in Spain,
as well as America.

No sooner was that vigilant and suspicious fear,
produced amongst us by the contradictory acts, the
arts and falsehoods of the strange and short-lived governments,


117

which have succeeded one another in
Spain, since the Junta of Seville, there made known,
than they recurred to a system of apparent liberality
towards us, in order to cover with flowers the very
snare we had not perceived whilst shrowded by the
veil of candour, at length rent asunder by mistrust.
For this purpose, were accelerated and tumultuously
assembled the Cortes, so desired by the nation, yet
opposed by the commercial government of Cadiz,
but which were at length considered necessary, in
order to restrain the torrent of liberty and justice,
which in every quarter burst the mounds of oppression
and iniquity in the new world: still it was supposed
that the habit of obedience, submisssion, and
dependence, would, in us, be superior to the conviction,
which at so great an expence, we had just obtained.
It appears incredible by what kind of deception,
fatal to Spain, it is believed, that the part
of the nation which passes the ocean, or is born under
the tropics, acquires a constitution suitable to
servitude, and incapable of ceding to the efforts of
liberty. As notorious to the world, as they are fatal,
are the effects of this strong rooted prejudice, at
length converted into the good of America. Perhaps
without it, Spain wonld not have lost the rank
of a nation, and America, in obtaining it, would
not have had to have passed through the bitter ordeal
of a civil war, more ominous still for its promoters,
than for ourselves.


119

Our public prints have already sufficiently well
manifested the defects, under which the Cortes
laboured respecting America, and the illegal and insulting
measures by them adopted, to give us therein,
a representation which we could not but oppose,
even though we were, as the Regency had loudly
boasted us to be, integral parts of the nation, and
had no other complaints to allege against their
government, than the scandalous usurpation of
our rights, at a moment they most required our aid.
They will have been informed, no doubt, of the
reasons we gave their perfidious envoy,* at a time
that the former missions being frustrated, the great
shipments of newspapers, filled with triumphs, reforms,
heroic acts, and lamentations, being rendered
useless, and the inefficacy of blockades, pacificators,
squadrons, and expeditions, made known; it was
thought necessary to dazzle the self love of the Americans,
by seating near the throne of the Cortes,
members whom the latter had never named, nor who
could be chosen by those who created them into their
substitutes, as in like manner they did others for the
provinces in possession of the French, and submitted
to, and content with their dominion. In case this
puerile measure, of which Spain has been prolific,


121

should not have its due effect, the envoy was directed,
(and an American and a native of Caracas, in
order to add to the illusion, was for this purpose
selected) that in case the energy of the country, now
defined rebellion, should prevail against perfidy to
which the name of fraternity was given, he was to
add fuel to the flame of the passions, already kindled
in Coro and Maracaybo, and that discord, again
raising her serpent head, was to lead the herald of
the Cortes by the hand under the standard of rebellion,
through the deceived districts of Venezuela,
which had not been able to triumph over their
tyrants.

New artifices were still forged, in order that duplicity
and cunning, might prepare the road to the
sanguinary armies of the chiefs of Coro, Maracaybo,
and Puerto Rico; and when the Cortes were convinced
that the conduct of Ferdinand, his bonds of
affinity with the Emperor of the French, and the
influence of the latter over all the Bourbons already
placed under his tutelage, began to weaken the insidious
impressions, which fidelity, sustained by illusion,
had produced in the Americans; preventatives
were placed, in order to stop the flame thus enkindled,
and limit it to what was yet necessary for their vast,
complicated, and remote designs. For this purpose,
was written the eloquent manifest which the Cortes
aimed on the 9th of January, 1811, against America,
worded in a style worthy of a better object,
but under the brilliancy of diction, the back ground


123

of the perspective, designed to deceive us, was discovered.
Fearing that we should be beforehand
to protest against the whole of these nullities, they
began to calculate on what was already known, not
to risque what was yet hidden. The misfortunes of
Ferdinand, were the pretexts that had obtained
for his pseudo-representatives, the treasures, submission
and slavery of America, after the events
of Bayona; and Ferdinand seduced, deceived
and prostituted to the designs of the Emperor of the
French, is now the last resourse to which they fly,
to extinguish the flames of liberty, which Venezuela
had kindled in the South Continent. In one of
our periodical works,* we have discovered the true
spirit of the manifest in question, reduced to the following
reasoning, which may be considered as an
exact commentary:—"America is threatened to become
the victim of a foreign power, or to continue
to be our slave; but in order to recover her rights,
and throw off all dependency whatever, she has considered
it necessary not violently to break the ties
which held her bound to this country. Ferdinand
has been the signal of re-union which the new
world has adopted, and we have followed; he is
suspected of connivance with the Emperor of the
French, and if we give ourselves up blindly to
acknowledge him, we afford the Americans a
pretext for believing us still his representatives

125

and openly denying us this character, and as these
designs already begin to be understood in some
parts of America, let us previously manifest our
intention, not to acknowledge Ferdinand but
under certain conditions; these will never be
carried into effect, and whilst Ferdinand neither in
fact, or right, is our king, we shall be enabled to
reign over America, which country so much
coveted by us, and so difficult to maintain in
slavery, will not then so easily slip through our
fingers."*

This resplendent appearance of liberality, is now
the real and visible spring, of the complicated machine
destined to stir up, and excite commotions in America;
at the same time, that within the walls of the Cortes,
justice to us is overlooked, our efforts are eluded,
our resolutions contemned, our enemies upheld, the
voices of our imaginary representatives suppressed,
the inquisition is renewed against them, at the same
time that the liberty of the press is proclaimed, and it is
controversially discussed, whether the Regency could
or not, declare us free, and an integral part of the
nation. When an American, worthy of that name,


127

raises his voice against the abuses of the Regency, in
Puerto Rico: endeavours are made to silence his just,
energetic, and imperious claims, which distinguish
him from the satellites of despotism, and by means of
a decree, short, cunning, and insignificant, they
strive to get out of the conflict of justice against
iniquity. Melendez, named king of Puerto Rico
by the Regency, by a decree of the Cortes is left with
the equivalent investiture of governor, synonimous
names in America;* because it now appeared, too
monstrous to have two kings, in a small island of the
Spanish Antilles. Cortavarria alone, was sufficient
to elude the effects of a decree, only dictated by an
involuntary sentiment of decency. Thus it happened,
that when the investiture, granted by the Regency
to Melendez was declared iniquitous, arbitrary, and
tyrannical, and a revocation was extended to all the
countries of America, then situated as was Puerto
Rico, nothing was said of the plenipotentiary Cortavarria,
authorized by the same Regency against
Venezuela, with powers, the most uncommon and
scandalous, ever remembered in the annals of organical
despotism.

It was after this decree of the Cortes, that the
effects of that discord, promoted, sustained, and aimed
from the fatal observatory of Puerto Rico, were more
severely felt; it was after this decree, that the fishermen
and coasters were inhumanly assassinated in
Ocumàre, by the pirates of Cortavarria; after the
publication of the same, Cumanà and Barcelona


129

were blockaded, threatened, and summoned; a new
and sanguinary conspiracy, against Venezuela, was
plotted and organized, by a vile emissary, who perfidiously
entered the pacific bosom of his country, in
order to devour it; deceptions were successively
practised on the most innocent and laborious classes
of the imported colonists* of Venezuela; and in spite
of our endeavours, the chief instigators were lead
to the block, as a sacrifice to justice and tranquility.
By the suggestions of the Pacificator of the Cortes,
and posterior to their said decree, the political unity
of our constitution was interrupted in Valencia; attempts
were in vain made to seduce other cities of the
interior; a false summons was sent to Carora by the
factious leaders of the West, in order that on the
same day, Venezuela might be deluged in blood, and
sunk in affliction and desolation; be hostilely assaulted
from every point within the reach of the conspirators,
who were scattered amongst us by the same
government, which issued the decree in favour of
Puerto Rico and of all America. The name of Ferdinand
VII. is the pretext under which the new
world is about to be laid waste, if the example of
Venezuela does not henceforward cause the banners
of an unshaken and decided liberty, to be distinguished
from those of a malicious and dissembled fidelity.

The bitter duty of vindicating ourselves would
still carry us further, if we did not dread splitting


131

on the same rocks as the government of Spain, by
substituting resentment for justice; at the same time
that we can charge her with three centuries of injuries,
backed by three years of lawful, generous
and philanthropic efforts, in vain expended to obtain
what it was never in our power to dispose of. Had
gall and poison been the chief agents of this our
solemn, true and candid manifest, we should have
began by destroying the rights of Ferdinand, in consequence
of the illegitimacy of his origin, declared
by his mother in Bayona, and published in the
French and Spanish papers; we should have proved
the personal defects of Ferdinand, his ineptitude to
reign, his weak and degraded conduct in the Cortes
of Bayona, his inefficient and insignificant education,
and the want of proofs which he never gave to found
the gigantic hopes of the governments of Spain,
which had no other origin than the illusion of America,
nor any other support than the political interest
of England, much opposed to the rights of the Bourbons.
The public opinion of Spain, and the experience
of the revolution of the kingdom, furnish us
with sufficient proofs of the conduct of the mother,
and the qualities of the son, without recurring to
the manifest of Minister Azanza* and the secret memoirs
of Maria Louisa; but decency is the guide of
our conduct, to her we are ready to sacrifice our

133

best reasons. Sufficient has already been alleged to
prove the justice, necessity and utility of our resolution,
to the support of which nothing is wanting,
but the examples by which we will strive to justify
our independence.

It were necessary for the partizans of slavery in the
new world, either to destroy, or to falsify history,
that unchangeable monument of the rights and usurpations
of the human race, before they could maintain
that America was not liable to the same changes
that all other nations have experienced. Even when
the rights of the Bourbons had been incontestible,
and indelible the oath, which we have proved not to
exist; the injustice, force and deceit, with which
the same was snatched from us, would suffice to render
it void and of no effect, as soon as it was discovered
to be opposed to our liberty, grievious to
our rights, prejudicial to our interests, and fatal to
our tranquility. Such is the nature of the oath made
to the conquerors, and to their heirs, at the same
time that the crown holds them in oppression by
means of that same additional strength it obtained by
the resources of their conquest. In this manner it
was, that Spain herself recovered her rights after she
had sworn allegiance to the Carthagenians, Romans,
Goths, Arabs, and almost to the French; nevertheless
she yet disowns the rights of America, no longer
to depend on any nation from the time she is capable
of throwing off its yoke, and following the example
both of Spain, and of other nations. It would be


135

superfluous to remind our enemies of what they already
know, and in what they have themselves
founded the sacred right of their own liberty and independence;
epochs so memorable, that they were
worthy of not being tarnished with the slavery of the
greatest part of the nation, situated on the other
side of the ocean. But unfortunately, it is not they
alone whom it is requisite to convince by palpable
examples, of the justice and common resemblance
our independence bears with that of all other nations
which had lost, and again recovered it. The illusions
of slavery, kept alive by the candour of the Americans,
and sustained by the most criminal abuse* that can be made by superstition of the established belief
and religion, which one would suppose were only
dictated for the liberty, felicity and salvation of the
people; renders it necessary to tranquilize the deceived
piety of some, to instruct their unwary ignorance,
and stimulate their apathy, that had slumbered
since the unusual tranquility of the new order
of things; it is, in short, time to inculcate, that governments
never had, nor can have, any other duration
than the utility and felicity of the human race,
that kings are not of any priviledged nature, nor of
an order superior to other men; that their authority
emanates from the will of the people, directed

137

and supported by the Providence of God, who leaves
our actions to our own free will; that his omnipotence
does not interfere in favour of this or that form
of government, and that neither religion or its ministers
can anathematize the efforts of a nation struggling
to be free and independent in the political order
of things, and resolved to depend only on God,
and on his vicar in a moral and religious sense.

The very people of God governed by himself, and
directed by such miracles, portentuous signs and favours,
as perhaps will never again be repeated, offer
a proof of the rights of insurrection on the part of
the people, sufficiently satisfactory to the orthodox
piety of the friends of public order. The Israelites,
subject to Pharaoh, and bound to his obedience by
force, collect round Moses, and under his direction
triumph over their enemies, and recover their independence,
without either God, or his chief prophet
and legislator Moses, blaming them for their conduct,
or subjecting them to the least malediction or
anathema. This same people being afterwards subjected
by the forces of Nebuchadnezzar the First,
under the direction Holofernes, God himself sends
Judith to obtain their independence, by the death of
the Babylonian General. Under Antiochus Epiphanes,
Mathathias and his sons raised the standard
of independence, and God blessed and aided his efforts
till he obtained the entire liberty of his people, against
the oppression of that same impious king and his successors.*


139

Not only against the foreign kings who
oppressed them, did the Israelites make use of the
right of insurrection, by breaking through the obedience
to which they were bound by force; but even
against those whom God had given them in their own
country, and of their own nation, do we behold them
claim this inprescriptible right, whenever their liberty
and their advantage required it, or when the
sacred character of those pacts, by which God himself
bound them to those he chose as their governors,
had been profaned. David obtains the allegiance of
the Israelites in favour of his dynasty, and his son
Solomon ratified it in favour of his posterity, but
scarcely was this king dead, who had oppressed his
subjects by exactions and contributions to support
the splendour of his court, and the luxury and sumptuousness
of his pleasures, than the tribes of Judah
and Benjamin alone acknowledged his son, and the
other ten, availing themselves of their rights, recover
their political independence, and in exercise thereof,
deposit their sovereignty in Jeroboam, son of Nabath.
The momentaneous and passing hardships of
the reign of Solomon, sufficed for the Israelites to
annul their obedience sworn to his line, and to place
another on the throne, without waiting for God to
tell them, that their fate no longer depended on the
kings of Judah, nor on the ministers, priests, or
chiefs of Solomon. And shall the christian people

141

of Venezuela be still in a worse plight, and after
being declared free by the government of Spain, after
300 years of captivity, exactions, hardships and injustice,
shall they not be allowed to do what the God
of Israel, whom they equally adore, formerly permitted
to his people, without being spurned, and
without vengeance being deprecated upon them? It
is his divine hand that guides our conduct, and to his
eternal judgements our resolution shall be submitted.

If the independence of the Hebrew people was not
a sin against the written law, that of a Christian
people cannot be such against the law of grace. At no
time has the Apostolical see excommunicated any nation
that has risen up against the tyranny of those kings
or governments, which had violated the social compact.
The Swiss, Dutch, French, and North Americans, proclaimed
their independence, overturned their constitution,
and varied their forms of government, without
having incurred any other spiritual censures than
those which the church might have fulminated for
the infringements on the belief, discipline or piety,
but without their being connected with political measures,
or alluding to the civil transactions of the
people. The Swiss were bound by oath to Germany;
as were also the Dutch to Spain; the French to
Louis XVI. and the Americans to George III,
yet neither they, nor the other princes who favoured
their independence, were excommunicated by the
Pope. The grand-father of Ferdinand VII. one of


143

the most pious and catholic kings that ever filled the
throne of Spain, together with his nephew Louis XVI.
protected the independence of North Ameriea, without
dreading ecclesiastical censures, or the anger of
heaven; and now that the order of events more justly
places it within the reach of South America, those
who call themselves the authorized agents of his
grandson, wish to abuse that same religion, so much
respected even by Charles III. in order to prolong
the most atrocious and unheard of usurpations.—
Just, omnipotent, and merciful God! Till when
will fanaticism dispute the empire of that sacred religion,
which thou sent to the uncorrupted regions of
America, for thy glory and her felicity?

The events which have accumulated in Europe,
to terminate the servitude of America, have, beyond
doubt, entered into the high designs of Providence.
Placed at a transatlantic distance of two thousand
leagues, we have done nothing, in the three years
which have elapsed since we ought to be free and
independent, till the period when we resolved to be so,
than pass through the bitter trials of stratagems, conspiracies,
insults, hostilities and depredations, on
the part of that same nation whom we invite to partake
of the goods of our regeneration, and for whose
felicity we wished to open the gates of the new
world, heretofore closed to all communication with
the old one; now wasted and inflamed by war,
hunger, and desolation. Three distinct oligarchies
have declared war against us, have contemned


145

our claims, have excited civil dissensions amongst
us, have sown the seeds of discord and mistrust in our
great family, have plotted three horrible conspiracies
against our liberty, have interrupted our trade, have
suppressed our agriculture, have traduced our conduct,
and have sought to raise against us an Europian
power, by vainly imploring its aid to oppress us.
The same flag, the same language, the same religion,
and the same laws, have, till now, confounded
the party of liberty, with that of tyranny; Ferdinand
VII. as liberator, has been opposed to Ferdinand
VII. as oppressor; and if we had not resolved
to abandon a name, at the same time synonimous with
crime and virtue, America would at length be enslaved
by the same force that is wielded for the independence
of Spain.

Such has been the nature of the imperious impulse
of conviction, tending to open our eyes, and to impel
Venezuela eternally to separate from a name so ominous
and so fatal. By it, placed in the irrevocable
alternative, of being the slave, or the enemy of her
brethren, she has preferred purchasing her own freedom,
at the expence of friendship, without obstructing
the means of that reconciliation she desired.
Reasons the most powerfnl, interests the most sacred,
meditations the most serious, considerations the most
profound, long discussions, contested debates, combinations
well analysed, imperious events, most urgent
dangers, and the public opinion clearly pronounced
and firmly sustained, have been the precursors


147

of that solemn declaration, made on the 5th
of July, by the General Congress of Venezuela,
of the absolute independence of this part of South
America; an act, sighed for and applauded by the
people of the capital, sanctioned by the powers of the
Confederation, acknowledged by the Representatives
of the provinces, sworn to and propitiously hailed by
the chief of the church of Venezuela, and to be
maintained with the lives, fortunes, and honours of
all the Citizens.

Free men, companions of our fate! Ye who have
known how to divest your hearts of fear or of hope;
direct, from the elevation on which your virtues
have placed you, an impartial and disinterested look,
on the portrait which Venezuela has just traced out
for you. She constitutes you the arbitrators of her
differences with Spain, and judges of her new destinies.
If you have been affected by our evils, and
are interested in our felicity, unite with us your efforts,
that the artifices of ambition may not any
longer triumph over liberality and justice. To you
belong the offices of conviction towards Spain, which
an unfortunate rivality places beyond the reach of
America. Contain the giddiness which has seized
upon her governments; point out to them the reciprocal
benefits of our regeneration; unfold to them
the soothing prospect which they are debarred from
beholding in America, by the monopoly that has hardened
their hearts; tell them what threatens them in
Europe, and what they may expect in the new world,


149

tranquil, uncorrupted, and already crowned with all
the benedictions of liberty; swear to them, in short,
in our name, that Venezuela awaits her brethren
with open arms to share her happiness with them,
without asking any other sacrifice than that of prejudice,
pride and ambition, which have, for three
ages, produced the united misery of both countries.

Federal Palace of Caracas, this
30th of July, 1811.

JUAN ANTONIO RODRIGUEZ DOMINGUEZ, Prest.
FRANCISCO ISNARDY, Secy.


[Figure]



FEDERAL CONSTITUTION,
FOR THE
STATES OF VENEZUELA,
Made by the Representatives for Margarita, Merida,
Cumanà, Varinas, Barcelona, Truxillo, and Caracas,
in GENERAL CONGRESS Assembled
.

IN THE NAME OF THE ALL POWERFUL GOD.

WE the people of the States of Venezuela, acting
from our own Sovereignty, and anxious to establish
amongst ourselves the best possible administration of
justice, to provide for the general good, to secure
the tranquillity of the interiour, to make provision
in common for our exteriour defence, to sustain our
political liberty and independence, to preserve pure


153

and untouched, the sacred religion of our ancestors, to
secure and perpetuate to our posterity, the enjoyment
of these goods, and to mutually bind ourselves together,
by the most unalterable union and sincere
friendship, HAVE resolved solemnly to confederate
together, in order to form and establish the following
constitution, by which the said States are in future
to be governed and administered.

PRELIMINARY.
Bases of the Federate Compact, which is to constitute
the general authority of the Confederation
.—

In whatever case, that by the Federal Compact, is
not expressly delegated to the general authority of the
Confederation, each one of the provinces composing
the same, shall preserve its sovereignty, liberty, and
independence; and in the exercise thereof, they shall
have the exclusive right of regulating their own
territorial government and administration, under such
laws as they shall deem fit, provided they are not such as
are comprehended in this constitution, and are not opposed
or prejudicial to the Federate Compacts, thereby
established. The same rights shall be enjoyed by all
those districts which by division of the present union,
or by posteriour aggregation thereto, shall hereafter
form part of this confederation, whenever
the general Congress assembled shall declare them
entitled to such representation, or they obtain the


155

same by that means, or form, which the latter may
establish for similar cases, when not assembled.

To render effective the mutual guarantee and security
entered into by the States amongst themselves,
to preserve their civil liberty, their political independence,
and their religious worship, is the first and
most sacred of the powers of the Confederation, in
whom exclusively resides, the national Representation.
By the same it is charged with all foreign relations—
with the common and general defence of the Confederate
States—with the preservation of public peace,
from internal commotions, or exteriour attacks—the
regulating of exteriour trade and of the States
amongst themselves—the raising and maintaining
armies, whenever they may be necessary to preserve
the liberty, integrity, and independence of the nation—
to build and equip vessels of war—to make and confirm
treaties and alliances with other nations—to declare
war and make peace—to impose the necessary
taxes for these purposes, or to adopt other measures
that may tend to the security, tranquility, and
common felicity, together with the full and absolute
power to enact general laws for the union, to judge
and to cause to be fulfilled, whatever by the same
may be resolved and decreed

The exercise of this authority confided to the Confederation,
can at no time be united in its different
functions. The Supreme power is to be divided into
Legislative, Executive, and Judicial, and confided to
distinct bodies, independent of each other, as well as


157

in their respective faculties. The persons who may
be named to exercise them, shall inviolably subject
themselves to the manner and rules, which in this
Constitution may be prescribed to them, for the administration
and fulfilment of their charges.

CHAPTER I,
OF RELIGION.

1. The Catholic, Apostolic, and Roman religion,
is also that of the State, and the only and exclusive
one of the inhabitants of Venezuela. Its protection,
conservation, purity, and inviolability, shall be one
of the first duties of the national Representation, who
shall not, at any time, allow within the limits of the
Confederation, any public, or private, worship or
doctrine, contrary to that of Jesus Christ.

2. The relations, which in consequence of the new
political order, are to be entered upon between Venezuela
and the Apostolical see, shall also be vested in the
Confederation, as well as those which may be agitated
with the present diocesan prelates, in the mean time
that direct intercourse cannot be had with the Pontifical
authority.


159

CHAP. II,
OF THE LEGISLATIVE POWER.

SEC. 1st.—Divisions, Limits, and Functions of this
Power
.

3. The General Congress of Venezuela shall be
divided into a House of Representatives, and a Senate,
to which two bodies is confided, all the legislative
power, established by the present Constitution.

4. In either of them any lawmay originate, and each
respectively may propose to the other, amendments,
alterations, or additions, or refuse its consent to the
law proposed, by an absolute negative.

5. The laws relating to contributions, taxes, and
imposts, are excepted from this law. These can only
originate in the house of Representatives, the ordinary
right of adding thereto, altering or refusing them,
being left to the Senate.

6. When the proposal of a law or bill has been
admitted, conformably to the rules of debate prescribed
to themselves by the two Houses, it shall
undergo three different discussions in distinct sessions,
with the interval of a day at least between each,
without which, it shall not be lawful to pass the
House.

7. Urgent bills are excepted from these forms, but
in order that this point may be established, the urgency


161

is to be discussed, and previously declared in each
of the two houses.

8. No bill rejected by one of them, can be repeated
till after the lapse of one year, but others may
be made containing part of those rejected.

9. No project, law, or bill, constitutionally accepted,
discussed, and passed in both houses, shall
be considered as a law of the State, till it has been
presented to the Executive body, and by it signed.
If the latter should withhold its assent, the projected
bill with such amendments, as the Executive may
suggest, shall be returned to the house where it
originated, wherein due note shall be taken of such
amendments on the journals, they proceeding afresh
to examine the case, which if again approved by a
plurality of two thirds, the same shall, under similar
forms, pass on to the other house, wherein the same
approbation being obtained, the bill from that instant
shall have the full force of a law. In all these
cases, the votes of the houses shall be expressed by
yea and nay, and a register kept of the names of those
who voted for or against the bill.

10. If the Executive should not return the bill to
the house whence it originated, in the term of ten
days after its receipt, exclusive of holidays, the same
shall have the full force of law, and shall be constitutionally
promulgated as such; but if in consequence
of summons, suspension, or recess of Congress, the
bill cannot have been returned before the period
fixed, it shall remain without effect, unless the Executive


163

Power shall resolve on approving the same, without
any alterations or additions, but in case these
should be added, the bill, together with the additions
thereto, shall be laid before the houses, in the next
session subsequent to the period expired.

11. All other resolutions, decrees, opinions, and
acts of both houses, (excepting those of summons)
shall likewise be refered to the Executive Power in
order to receive its assent, before they can be carried
into full effect. In case the latter should refuse such
assent, they shall again pass through the forms prescribed
for the enaction of laws, and being in like
manner newly confirmed, they are to be carried into
execution. The laws, decrees, opinions, acts, and
resolutions, which may be held as urgent, are also to
be subject to this rule, but the Executive Power is
in this case, to state its objections respecting the
urgency, as well as the substance of any law,
within the space of two days after its receipt, in default
of which, the same shall be considered as approved
by it.

12. The form of the draft or sketch under which
the laws, acts, decrees and resolutions are to pass
from one house to the other, as well as to the Executive,
shall be a preamble therein contained, with
a minute of the day of the session on which the subject
was discussed in each house, the date of the
respective resolutions, a statement of the urgency in
case there is any, as well as an exposition of the reasons
and foundations which have given rise to the


165

resolution. Whenever any of these requisites are
omitted, the act shall be returned within two days
to the house wherein the omission has been noted,
or to that where the same originated, if it has occurred
in both.

13. These requisites shall not accompany the law
in its promulgation, it shall then be drawn out in
a clear, simple, precise and uniform manner, without
any thing more than a plain heading, explanatory
of its contents, with the name of the law, act, or decree,
the dispositive part of the same law being preceded
by the following words, "The Senate and
House of Representatives of the United States of
Venezuela, in Congress assembled, have decreed, &c
."
then is to follow the decretive part of the same.
These forms can be varied, if circumstances and the
assent of the provinces that may hereafter be annexed
to this confederation, should make it requisite.

SECTION II.
Election of the House of Representatives.

14. Those who compose the House of Representatives,
are to be named by the popular electors of
each province, to serve in this charge during the
space of four years; and the total number respectively,
shall be renewed every two years, in the proportion
of one half, without any being allowed to be reelected
immediately.


167

15. No one can be elected under the age of 25,
and if he has not been for five years immediately previous
to his election, a citizen of the Confederation
of Venezuela, nor unless he enjoys property of some
nature therein.

16. The requisite of previous residence above required
for the Representatives, does not exclude those
who may have been absent in the service of the State,
nor those who may have been abroad under permission
of the government, on their own affairs, if their absence
has not exceeded three years, nor the natives of
Venezuela, who having been out of the country before,
had returned, and were present at the declaration
of absolute independence, and have acknowledged
and sworn to the same.

17. The population of the provinces shall determine
the number of the Representatives belonging to
each, at the rate of one for each twenty thousand
souls of all classes, sexes, and ages. For the present,
the civil census lately made, shall serve for the calculation,
but in future, the same shall be renewed
every five years, and if after the divisions of twenty
thousand have been made, there should result any residue
exceeding ten thousand, a Representative shall
be elected for the same.

18. This proportion of one for every twenty thousand,
shall remain as the law for the representation,
till the number of the Representatives reaches seventy,
when notwithstanding the population may have
increased, the number shall nevertheless


169

larged, but the proportion shall be raised, till a
Representative shall be found to correspond to each
thirty thousand souls. In this state is the proportion
of one for every thirty thousand to continue, till the
number of Representatives reaches one hundred, and
then as in the former case, the proportion shall be
raised to forty thousand for one, till the number, by
the progressive increase of population, has reached
two hundred, in which case it shall be regulated in
such manner, that the rule of proportion does not
give more than one for each fifty thousand souls.

19. When, in consequence of death, resignation,
or any other cause, the seat of a Representative shall
be vacated, it shall be filled by the person who in
the last election had obtained the second majority of
votes, and he shall be considered as elected to serve
during all the time that remained for the first, and
if he should have served less than a year, it shall not
be held as an obstacle to his obtaining a seat at the
next election.

20. The elections shall be conducted with the
same uniformity throughout the whole territory of
the Confederation, and in the following manner.

21. The first day of November of every two years,
the voters shall collect in all the parishes of the State,
in order to choose freely and voluntarily the parochial
electors, who are to name the Representative or Representatives,
which for the next two succeeding
years, correspond to the province.


171

22. Each thousand souls, or each parish, notwithstanding
it does not reach that amount of population,
shall have one elector, and the nomination of these
being effected, the parochial meeting shall be dissolved,
and the electors shall without fail, be collected
on the 15th of November, in the city or chief
town of the district, in order there to name the Representatives.

23. The results of the electoral meetings shall be
immediately referred, for the present, to the Provincial
government, and when this is popularly reformed,
to the President of the Senate, or of the first
House of the Legislative body of the same, which in
every province is to be in session at the beginning of
December.

24. The chief of the present government, or the
President of the Senate, when this is established,
shall open in the presence of the Provincial legislature
for that purpose assembled, the results of the polls
which may have been forwarded from the districts,
in order to count the votes. Those shall be considered
as elected to serve as Representatives, who
may have united in themselves the greatest number
of the electors chosen, and in case the majorities
should be equal between two or more persons, the
legislature shall choose between them; but if no one
should be found to have received half of the votes,
the legislature shall then choose amongst those who
may have the greatest number, a third or double
quantity of Representatives more than necessary to


173

serve for the province, in order again to make
amongst them the definitive choice. For this election
any kind of majority may suffice, by adding to the
votes of the Legislature those which each may have
obtained from the electoral meetings of the chief
towns. In case of a parity of votes in the definitive
election of the Legislature, the vote of the President
shall decide.

25. In the mean time that the Legislatures of the
provinces are not organized constitutionally and with
uniformity, their present governments are to proceed
in the regulations above specified, by assembling in
a place determined; all their members in union with
those of the municipalities of the capital, and twelve
persons of known property, previously elected by the
said municipalities.

26. Every free man shall have the right of voting
in the parochial meetings, if to this quality he
adds that of being a citizen of Venezuela, and resident
in the parish or town where he votes: further,
if he is aged 21 years and unmarrried, and if married
and settled, even if he should be under that age,
and possessed of a free property to the value of six
hundred dollars in the chief towns of the province
when unmarried, and of four hundred dollars married,
although the same belongs to the wife, or of
four hundred in the other towns in the first case, and
two hundred in the second. Also if he holds any
office or public testimony of the exercise of any
science, or liberal and mechanic art, or if he is the


175

owner of, or renter of seed lands, or cattle, provided
the produce amounts to the respective sums stipulated
for married and single persons.

27. Those excluded from this right, are the lunatic,
deaf and dumb, bankrupts, debtors to public
property after the expiration of the periods fixed
for payment, foreigners, persons without fixed residence,
public and notorious vagrants, persons who
may have been subject to any infamy not wiped away
by law, those under criminal prosecution, and married
persons not cohabiting with their wives without
legal motives.

28. Besides the above stated qualities requisite for
the parish voters, those who are entitled to vote in
the electoral meetings, are to be residents of the district
where they give suffrage, and to possess a free
property to the value of six thousand dollars in the
capital of Caracas, if unmarried; and of four thousand
if married, which amount of property in the
other capitals, cities and towns, shall be four thousand
for unmarried persons, and three thousand for
those married.

29. The same rights are also granted to public
functionaries enjoying salaries from the State, provided
these are equal to three hundred dollars per
year; all such shall vote in the parochial meetings,
and in the electoral ones, if their salaries reach one
thousand. All such are nevertheless disqualified
from being members of the Houses of Representatives
and Senate, as long as they retain the exercise


177

of their functions, and enjoy their respective salaries
during the time of their representation.

30. It is the exclusive and sole right of the respective
municipalities to convene, in conformity to the
constitution, primary and electoral meetings, and all
others which may be resolved on by the government
of each province.

31. Any one of its members, a judge, or a distinguished
personage in the towns, can by them be
authorized to preside in, and to close the parochial
meetings, but electoral meetings shall be presided by
a justice of the peace, and the acts thereof shall be
legalized by the municipal notary.

32. If there should be any omission on the part of
the muncipalities, to convene these meetings in due
time, the citizens can, in that case, assemble on the
days assigned by the constitution for that purpose,
and do what the municipality has not done; but with
order, tranquility and moderation; they are moreover
authorized to communicate the results of the
meetings after their dissolution, to the respective
Provincial governments.

33. The use of this faculty, as well on the part of
the Municipalities, as on that of the citizens, excepting
in the cases and times fixed by the constitution,
shall be held as a transgression against the public
security, and a treason against the laws of the State;
nor shall the functions of these meetings exceed the
nomination of electors, that of Representatives to the
General Congress, or to the respective provincial Legislature,


179

nor shall they be allowed to transact any
other business that is not assigned them by the Constitution.

34. The qualifications of property shall be left in
charge of the respective Municipalities, who shall at
all times keep a civil register of the Citizens authorized
to vote in the parochial meetings, as well as
of those capable of being returned as electors for the
district, under the form that may be established by
the respective Provincial Constitutions.

35. The want at present experienced of a civil Register
ordained by the above article, in order to
establish the qualifications of the citizens, may be
supplied by an authority conferred by the municipal
bodies on those they may name to preside in the
primary or parochial meetings, establishing a census
in each parish founded on the late one drawn up for
the present Congress, or it may be done by the Ecclesiastical
body authorized by the Curate or his deputy,
together with four respectable citizens, housekeepers,
and landholders in the same town, who
under oath, shall testify that those comprehended in
the list, possess the qualities requisite for voters, or
for electors.

36. The total population of the parish being by
this means established, the number of electors that
may correspond to the same will be ascertained; a list
is also to be made out of the citizens found therein
with the right of vote, as well as another of those


181

who may be qualified to serve as electors at the
meetings held for that purpose.

37. These three lists are to be carried by the commissioner
to the primary or parochial meetings, that
the voters in conformity thereto, may proceed to
name out of the last list the elector or electors corresponding
to that parish.

38. This being done, the whole shall be laid before
the Municipal body by the commissioner, that
the same may serve to form a provincial civil Register,
in the mean time, and till Congress shall
establish another form.

39. The parochial and electoral elections shall be
public, as becomes a free and virtuous people, and
conducted in the following manner.

40. The primary electors or parish voters shall
carry their written or verbal votes in person to the
magistrate of the district, or to the judge who may be
named within the term of eight days from that on
which the polling is opened, and on the first of November
the votes shall be added up in presence of the
said judge, and six respectable persons of the parish,
and a statement of the votes and results be fixed on
the doors of the parish church.

41. In the electoral meetings each elector shall
give his vote on a signed ticket or verbally to the
President of the meeting, who shall cause the same
to be entered down on the list by the Secretary, in
presence of two witnesses. The votes being thus
privately collected, the additions thereof shall be


183

made in public, and a list in alphabetical order
made out, when the votes shall be read aloud, with
the names of each elector

42. The doubts or difficulties that may arise in the
primary or electoral meetings respecting qualifications
or forms, in the first shall be decided by the
president and his associate judges, and in the second
by the meeting itself; but from both there can be a
definitive appeal to the provincial Legislature, without
in the mean time, the effect of the respective
elections being suspended.

43. The House of Representatives on opening
the session shall elect for the time of its duration,
a president and vice-president out of its own members,
who can be changed in case of prorogation or
extraordinary summons: it shall also name out of
the house a secretary and the other officers it may
judge necessary to perform the various duties; it
being in like manner authorized to fix the salaries
and emoluments which the said functionaries are to
receive.

44. All persons employed under the Confederation
are subject to the inspection of the House of Representatives
in the discharge of their duties, and by the
same they are to be accused before the Senate in all
cases of treason, collusion, or malversation; and the
latter shall admit, hear, examine and judge such
accusations, without their being able to be submitted
to their judgment through any other organ than


185

that of the said House, to whom exclusively this
right belongs.

SECTION III
Election of Senators.

45. The Senate of the Confederation shall, for the
present, be composed of a number of individuals,
whose proportion shall not exceed a third, and shall
not be less than a fifth part of the number of Representatives;
that is, when the latter exceed one hundred,
their proportion shall then be between the
fourth and fifth part, and when two hundred, between
that of a fifth and sixth.

46. This calculation at present indicates, that for
each province there is to be one Senator for every
twenty thousand souls of all conditions, classes and
ages, according to the census of the country now in
force; but each province shall nevertheless name
one, although its population does not reach the
amount specified; as well as the others, which after
deducting the quota or quotas of seventy thousand,
may have left a residuum of thirty thousand souls.

47. The time limited for the functions of a Senator
shall be six years, and every two years the body shall
be renewed, in the proportion of two thirds; this
change devolving in the first instance, on those provinces
which may have sent up the greatest number,
and thus successively, in such manner that none exceed
the six years to which they are limited.


187

48. The first election, and those which may be
made in the successive years in rotation, shall be
conducted by the provincial Legislature, in the manner
which they themselves may prescribe, but with
the following conditions.

49. The Senator elect shall be aged thirty years,
have been ten years a citizen and resident in the territory
of Venezuela immediately preceding his election,
with the exception stated in article 16, and
he shall possess therein a clear property worth six
thousand dollars.

50. The Senate shall elect out of the House a
Secretary, and the other functionaries required, and
shall be allowed to assign salaries, advancement,
and emoluments for them, as well as a President and
Vice president, as stated in article 43, for the house
of Representatives.

51. When by death, resignation, or any other
cause, the place of a Senator should be vacated, and
this during the recess of the provincial Legislature
to whom it belongs to fill up the vacancy, the Executive
power of the same, shall be authorized to
name a temporary substitute to serve till the next
meeting of the Legislature, when a fresh member
shall be provided.

SECTION IV.
Functions and faculties of the Senate

52. The Senate has all the natural and incidental
power belonging to a Court of Justice, to admit,


189

hear, judge, and sentence any of the principal
functionaries in the service of the Confederation, who
may have been accused by the House of Representatives,
of felony, misbehaviour, usurpation or corruption
in the use of their functions, abiding therein
by the evidence produced, and according to justice in
such proceedings, having previously taken a special
oath on the holy Evangels before the case is opened.

53. The Senate has also power to judge and sentence
any other of the inferior functionaries, when
having taken cognizance of their defaults or crimes,
there has been noted any omission on the part of their
chiefs to do it, but the accusation must, in the first
instance, proceed from the lower House.

54. They shall immediately transmit legal copy
of the indictment to the accused, fixing a period and
place for his appearance and to make answer; such
minister or commissioner being used for this purpose,
as the House may judge proper, and consideration
being also had to the distance at which the accused
may reside, and the nature of the judgment he is
about to undergo.

55. As soon as the citation and summons of the
Senate to the accused have been made, and he has by
virtue thereof appeared, the witnesses he may bring
forward shall be freely heard, and the proofs examined,
as well as the defence he may make, either
personally or by council; but if by default or
omission he should fail to appear, the Senate shall
then proceed to examine the charges and proofs there


191

may be against him, and shall pronounce judgment
as valid and effective, as if the accused had appeared
and answered to his indictment.

56. In these cases, if there is no counsellor in the
body of the Senate, the latter is in that case to call in
one of the members of the high Court of Justice to
direct the proceedings, or any other counsellor of
respectability, who may possess their confidence, but
to any such in the matter, a consultive voice only is to
be granted.

57. In order that judgments pronounced by the
Senate in such cases should have their due effect and
validity, there shall necessarily be a concurrence of
two third parts of the votes of the Senators, of whom
there shall be present a sufficient number to render the
session constitutional.

58. These judgments shall have no other effect
than to deprive the accused of his place, in consequence
of the facts that may be established by the
examination, declaring him incapable of again receiving
any honourable or lucrative charge under the
Confederation; but without this exempting him
from being ulteriorly prosecuted, judged and sentenced
by the competent courts of justice.

SECTION V.
Economical and prerogative functions common to
both Houses
.

59. The qualifications for elections, the requisites,
and admission of their respective members, shall


193

devolve as a particular privilege on each House, as
well as the solution of any doubts that may arise respecting
the same. In the same manner they are authorized
to fix what number of members present, may
render the session constitutional and form a quorum;
and in all cases the number met, notwithstanding it
is the smallest, may compel those who have not joined,
under the penalties they may think fit to establish.

60. The President of each House shall always be the
channel through which all these coactive measures are
executed, as well as all other extraordinary summons
that circumstances may require.

61. The mode of proceeding in both Houses in
their sessions, debates, and resolutions, shall be
established by themselves, and under such rules they
are authorized to punish any of their members who
may infringe them, or who may in any other manner
incur blame, or make himself liable to the penalties
agreed on, even to the expelling him from amongst
themselves, whenever (the two third parts of the
whole members being present) it should be so unanimously
decided by two thirds of those in Session.

62. Both Houses shall enjoy the exclusive right
of police within the places of their own sessions, and
they shall have at their immediate orders a national
guard, capable of maintaining the decorum of their
representation, quiet, order, and the freedom of
their resolutions.

63. In the exercise of this right, they may also
punish with arrest, not to exceed thirty days, any


195

individual whatever, who in a disorderly manner, or
out of contempt, should behave disrespectfully in
their presence, or threaten in any manner to do any
act against the House, or the person or property of
any of the members during the session, or in going
to, or coming from, the same, for any thing they
may have said or done in the debates, or who may
hinder or disturb their deliberations, or obstruct or
detain the officers or functionaries of the houses in
the execution of their orders; who may assault or
detain any witness or person cited and waited for by
either of the houses, or who may set at liberty any
person detained by them, knowing and fully convinced
they were such.

64. The proceedings of each house shall be formally
entered on daily registers, on which shall be
transcribed the debates and resolutions; those shall
be published, which are not intended to be kept secret,
according to the opinion of each house; and
whenever it is claimed by a fifth part of the numbers
present, the names of each individual, as they
have voted on any motion or resolution, are to be expressed
at full length.

65. Neither of the Houses, whilst in session, shall
be allowed to adjourn for more than three days,
without the consent of the other, nor be summoned
or cited to meet in any other place than that destined
for the meeting of both, without the same consent
being previously obtained.


197

66. The Representative members, as well as the
Senators, shall receive for their services that remuneration
which the law may assign them out of the
public funds of the Confederation, allowances being
also granted by Congress, for the time and distance
of coming from their homes to the place of Session,
as well as for returning when the House breaks up.

SECTION VI.
Time, Place, and Duration of the Legislative
Sessions of both Houses
.

67. On the 15th day of January, in every year,
the Congress shall be opened in the Federal city,* which is fixed by a particular law, and which can
never be the capital of any Province, and its sessions
shall not exceed the ordinary term of one month;
but if it should be thought necessary extraordinarily
to prorogue the House, an express resolution is to
precede naming a definitive period, which is not to
exceed a month; when another prorogation may take
place in the same manner; and if before any of these
periods the business brought before the House is
finished, the Session may then be ended.

68. During the Sessions, the Houses may be dissolved
and summoned for another time and place
expressly and previously fixed upon; and the Executive
Power shall have no other intervention in these
resolutions, excepting that of naming, in case of disagreement


199

between the Houses, respecting the time
and place, a term that does not exceed the greatest
period agitated in the disputes for assembling in the
same place.

69. The personal immunity of the Representatives
of the People and Senators, in every case, excepting
such as are specified in Article 61, and those of
treason and disturbance of the public peace, is confined
to their not being liable to arrest, during the
time they hold their Legislative functions, and that
which they may expend in going to or coming from
their homes to attend the sittings, and their not being
answerable for their sentiments and opinions, but in
the House where the same have been expressed.

70. None of them, during the time for which they
have been elected, and notwithstanding they are not
in the immediate exercise of their functions, shall
be allowed to accept of any office or civil charge,
that may have been created or increased in salary,
or attended with remuneration, and this during the
time of their legislative authority.

SECTION VII.
Special Attributes of the Legislative Power.

71. The Congress shall have full power and anthority
to raise and maintain armies for the common
defence, and to diminish them, as may be deemed
necessary; to build, equip, and maintain a national


201

navy; to form regulations and laws for the Government;
administration and discipline of the said land
and sea forces; to call out the militia of all the
provinces, or part of them, when the execution of
the laws of the union, and the necessity of repressing
insurrections and repelling invasions, may make
it requisite; to regulate the organization, arming,
and discipline of the said militia, as well as the government
and administration of that part thereof,
employed in the service of the State; the nomination
of the respective officers being left to the provinces,
to be done in the manner prescribed by their particular
constitutions, as well as the power of directing,
assembling, and teaching the discipline ordained
by Congress—to establish and collect all kinds of
taxes, duties, and contributions, that may be necessary
to maintain armies and squadrons, whenever
the defence, common security, and general good of
the State, may require it; provided that the said
contributions are uniformly imposed and levied
throughout the whole Confederation—to contract
debts by means of loans of money on the credit of
the State—to regulate trade with foreign nations,
determining the proportions of contributions to be
exacted from the commercial bodies, as well as the
repayment or expenditure of the proceeds of the
same, in cases of need, and also to regulate the trade
of the Provinces between themselves—to dispose, in
an absolute manner, of the monopoly of raw and

203

prepared tobacco,* import and export duties, and to
regulate and direct the expenditure and the collection
of the revenue that is to enter into the national treasury,
as a privileged income belonging to the Confederation,
and the most proper to serve for its defence
and common security—to coin and stamp money
—determine its value, as well as that of foreign
monies; introduce paper money, if necessary, and
to fix uniformly the weights and measures throughout
the whole extent of the Confederation; to regulate
and establish posts, and general mails, throughout
the State, and assign the expences of postage, as
well as to trace the main roads, leaving to the charge
and resolutions of the provinces, the cross roads,
neccessary for the communication of the inland towns
and general conveyances—to declare war, and make
peace, to grant at all times letters of marque and reprisal,
to establish regulations for captures by sea
and land, as well to examine and decide on their
legality, as to determine in what manner they are to
be divided and laid out—to make laws respecting the
manner of judging and punishing piracies, and all
crimes committed on the high seas, against the rights
of nations—to institute inferiour tribunals, to take
cognizance of all matters belonging to the Confederation,
throughout the whole of the State, under the

205

authority and jurisdiction of the Supreme court of
Justice, and to name the subaltern agents, of the
Executive power, in those parts not expressed in this
Constitution—to establish a permanent and uniform
manner of naturalization, in all the provinces of the
union, as well as bankrupt laws—to make laws for
the punishment of forgers of public deeds, and of
the current money of the State—to exercise an
exclusive right of legislating in all cases, respecting
all kinds of matters, relating to legislative,
federal, or provincial concerns, in that place where
by consent of the Representatives of the people,
who at present compose, or may be hereafter
united to the Confederation, it may be determined
ultimately, to fix the residence of the Federal
government, to examine all the laws which may be
made by provincial Legislatures, and to state, whether
they are, or are not, opposed to the authority of the
Confederation, and to make all the laws and regulations,
which may be necessary and proper, to carry
into execution, the preceding power, as well as all
the others granted by this Constitution, to the government
of the United States.


207

CHAP. III,
OF THE EXECUTIVE POWER.

SEC. 1st.—Of its Nature, Qualities, and Duration.

72. The Executive constitutional power shall
reside in the Federal city, lodged in three individuals
popularly elected, and those who are thus chosen,
are to have the following qualities.

73. They shall have been born on the Columbian
Continent, or in the islands formerly designated
Spanish America, and they shall have resided in the
territory of the union, ten years, immediately preceding
their election, with the exceptions stipulated in
Article 16, respecting the residence requisite for
Representatives, and they shall be possessed of some
free property.

74. Natives of Spain and of the Canary islands,
are not excluded from this election, provided they
were in Venezuela, at the time of declaring her
political Independence, that they acknowledged,
swore allegiance thereto, and helped to sustain it,
and who are besides, possessed of the property, and
can prove the number of years of residence prescribed
in the above article.

75. The duration of their functions, shall be for
four years, at the expiration of which the three individuals


209

composing the Executive Power, shall be
replaced in the same manner they were elected.

SECTION II.
Election of the Executive Power.

76. As soon as the electoral meetings have assembled,
on the 15th November, every four years, as
stipulated by the 22d article, for the nomination of
Representatives, and that this has been effected, the
following day, the same electors shall proceed to give
their votes in writing, or verbally, for the persons
who are to compose the Federal Executive Power.

77. Each elector shall name three persons, of
whom one at least, shall be a resident of another
province, and not of that in which he votes.

78. The voting being ended, and the examination
and results thereof being calculated, and publicly
read, in the same manner as in the election of the
Representatives, the lists shall then be made out, particularizing
the persons who may have voted for the
members of the Executive Power, with a statement
of the number of votes, each has obtained.

79. These lists shall be signed, and certified by
the President, Electors, and Secretary of the respective
meetings, and shall be then remitted inclosed
and sealed, to the President, for the time being of
the Senate of the Confederation.


211

80. When he has received the same, he shall open
the whole of them in the presence of the Senate, and
of the House of Representatives, who shall be assembled
together to count the votes.

81. Those persons who may have received the
greatest number of votes to be members of the Executive
Power, shall be considered as elected, if
that same number constitutes the three majorities,
of the total of the electors present in the whole meetings
of the State, but if no person shall have received
this decided majority, the nine persons shall then
be taken, who may have obtained the greatest number
of votes, of whom by ballot, the House of Representatives
shall choose three to compose the Executive
Power, and those shall be held as duly elected,
who have in their favour, a majority of one half of
the members of the House present at the election.

82. If no one has obtained this majority, the Senate
shall choose by ballot three of the six persons
who may have obtained most votes in the House, and
those shall be considered as elected who may have
got most votes in the Senate. All these operations
of the Houses shall be complied with in all cases in
which either one, two, or the whole three may not
have obtained an absolute majority, but in the first
and second instance, a double or triple number is to
be chosen to that designated for the whole three, and
so in proportion.

83. A descendant in a direct line, brothers, an
uncle, nephew, cousins, and those allied to each


213

other by affinity in the above mentioned degrees,
cannot at the same time be members of the Executive
Power; and in case of the election of two relations
in the degrees above stated, he shall be excluded who
has obtained the lowest number of votes, and in case
of an equality, lots shall decide the exclusion.

84. In summing up the votes of both Houses, the
person who shall have obtained the majority next to
the three requisite to form the Executive Power,
shall be considered as elected as a substitute in case
of absence, sickness, death, resignation, or removal
of any of the members, and if two should obtain a
parity of votes, the House shall cast lots which is to
serve in the above cases.

85. When for the causes above stated, any of the
members of the Executive Power should be wanting,
and the substitution as stipulated in the above article
should take the place, it shall be understood that he
is legally elected as substitute, who has obtained in
the elections the next majority of votes, which shall
be equally valid for those who may follow, in case
of successive vacancies.

SECTION III.
Attributes of the Executive Power.

86. The Executive Power throughout the whole
Confederation, shall have the supreme command of
the land and sea forces, and of the national militia
when in the service of the State.


215

87 It is authorized to ask, and all the principal
officers of the State in every branch are obliged to
give, every information the former may require, in
writing or verbally, relating generally to the good
administration of the State, and to the discharge of the
respective trusts lodged with the public functionaries
of every class.

88. In favour of, and in behalf of humanity, it
shall have power to pardon and mitigate the punishment,
notwithstanding it be capital, of State crimes,
but not in others; but previously consulting the Judicial
power, who is to be made acquainted with the
motives of political convenience, which induce the
Executive to do it; and the pardon or change of
punishment are only to take place, when the same are
in conformity to the opinions of the Judges, who
have sat on the trial.

89. Only in cases of evident and notorious injustice,
such as may be attended with irreparable injury,
is the Executive allowed to reject and over-rule the
opinion of the Judicial power; but when the former
is persuaded that these opinions are contrary to law,
the objections are to be stated by way of consultation
to the Senate, when assembled, or to the Commissioners,
which the latter may, at its recess, have
left authorized to act in similar cases.

90. The Senate or its delegates in these consultations,
shall be as judges, and pronounce thereon definitively,
declaring whether or not the negative of
the Executive is to counteract the fulfilment of the


217

sentence, which in the latter case is to be immediately
executed; and in the first it is to be referred
back to the Judiciary, who with the addition of two
members elected by the Senate, or by their commission,
is to reconsider the case, and reform the said sentence.

91. But if the sentence shall have followed an
accusation made by the House of Representatives,
the Executive Power, in that case, can only suspend
it till the next meeting of Congress, to whom then
alone belongs the pardon or the relaxation of the
punishment.

92. When any urgent advantage or the public security
demands it; the Executive may decree and
publish general indults during the recess of Congress.

93. By previous notice being given, and by the
counsel and consent of the Senate, sanctioned by the
vote of two-third parts of the Senators, assembled in
sufficient number to form a constitutional sitting,
the Executive may enter into treaties and negociations
with other Powers and States not belonging to
this Confederation.

94. Under the same conditions and requisites, it is
also authorized to name Ambassadors, Envoys, Consuls,
Ministers, Judges of the high court of Justice,
and all the other officers and functionaries in the
government of the State, who may not be expressly
indicated in the Constitution, or by some established
law, or by one that may in future be established by
Congress.


219

95. By particular laws, the latter may relieve the
Executive and the Senate of the troublesome task of
nominating the whole of the subaltern officers of government,
by confiding this charge only to the Executive,
to the courts of Justice, or to the heads of
the different branches of administration, as may appear
most convenient

96. The Executive Power must likewise first obtain
the advice, counsel and consent of the Senate,
in order to grant military grades, and other honorable
remunerations, compatible with the nature of government,
notwithstanding they are to reward warlike
acts, or important services, and if these compensations
are pecuniary, the consent of the House
of Representatives must be previously given.

97. But during the recess of the Senate, the Executive
Power is authorized to fill the offices that may
become vacant, granting them as it were by commission,
till the next session, if the Senate does not
assemble before that period.

98. The Executive Power is authorized by itself,
to elect and name the persons who are to serve in the
State offices, which the Legislative Power may have
considered necessary for the dispatch of all the
branches of the Federal government; as well as to
nominate the clerks and functionaries for the same,
provided they are citizens belonging to the Confederation,
but if not, it is to consult and follow the
opinion and resolution of the Senate in such appointments.


221

99. As a consequence of this faculty, it can also
remove them from their situations when it may think
proper, but if such removal does not take place in
consequence of faults and misdemeanours, but from
a want of talent and ability, or from any other defect,
not incompatible with their innocence and integrity,
it ought then to recommend the former merit
of these functionaries to Congress, that they may
be remunerated and competently indemnified with
other situations in the service of the nation.

SECTION IV.
Duties of the Executive Power.

100. The Executive Power, in conformity to the
laws and resolutions which on various occasions may
be communicated to it by Congress, will provide by
every means within the reach of its authority, for
the interior and exterior security of the State, directing
for this purpose proclamations to the towns
of the interior, as well as notifications, orders, and
whatever may be thought necessary.

101. Notwithstanding by a consequence of these
principles, the Executive is authorized to undertake
a defensive war, in order to repel any sudden attack;
it cannot continue the same without the consent of
Congress, which shall be assembled, if not then sitting,
and without this previous consent, the former
has not power to wage war out of the territory of the
Confederation.


223

102. Every year it shall lay before both Houses of
Congress, a particular statement of the situation of
the country, with regard to revenue, expences and
resources, pointing out the reforms that ought to be
made in the branches of public administration, as
well as every thing else that ought to come under
the consideration of the two Houses, but without
presenting the projected forms of a law, drawn up
and worded as such.

103. It shall also be held at all times bound to
lay before the Houses, the accounts, information
and explanations, which the latter may require, reserving
only those which for the moment are not to
be published; and in similar cases the Executive may
withold from the knowledge of the House of Representatives,
those secret treaties or negociations it may
have entered into with the advice, counsel and consent
of the Senate.

104. In all extraordinary occurrences, the Executive
is to convene Congress, or at least one of the
Houses, and in case of any difference between them
respecting the period of their summons, it can then
fix the time of assembling, as stipulated in article 68.

105. It shall be one of its principal duties to watch
over the exact, faithful and inviolable execution of
the laws, and for this as well as every other measure
devolving on its authority, it may delegate the same
to the officers and functionaries of the State, the most
suitable to fulfil so important an obligation.


225

106. For the same purposes, and in conformity to
the manner which may be prescribed by Congress,
the Executive Power may commission agents or delegates
near the tribunals and courts of justice, to
remonstrate with them respecting the observance of
the legal forms, and the exact application of the laws,
before the suits are closed; communicating to Congress
the reforms that may be considered necessary,
from the reports of these commissioners.

107. The Executive Power, as chief of the State,
shall be authorized to receive in its name, the ambassadors,
envoys, and public ministers of foreign
nations.

SECTION V.
General dispositions relative to the Executive Power.

108. The provincial Executive Powers, or the
chiefs charged with the government of the provinces,
shall in each be the natural and immediate agents of
the Federal Executive Power, respecting every thing
that by the general Congress, has not been particularly
given in charge to the officers employed in the
navy, army, and the branches of the national finance
in the ports or principal places of the provinces.

109. As soon as ever the Executive Power, or
any one of the members thereof, shall be accused
before the Senate, and convicted of treason, venality
or usurpation; they shall be immediately divested of


227

their functions, and subjected to the consequences of
the judgment, stipulated in article 58.

CHAP. IV.
OF THE JUDICIAL POWER.

SEC. 1st.—Nature, Election, and Duration of this
Power
.

110. The Judicial Power of the Confederation
shall be lodged in a Supreme Court of Justice, resident
in the Federal city, and in the other inferior
tribunals and judicatures, which Congress may
establish, for the present, in the territory of the union.

111. The ministers of the Supreme Court of Justice,
and those of the inferior ones, shall be named
by the Executive Power, in the manner prescribed
in article 94.

112. The Congress shall point out and determine
the number of ministers, who are to compose the
Courts of Justice, provided those elected be of the
age of thirty years for the Supreme court, and twenty-five
for the others, and that they possess the qualities
of residence, respectability, probity, and are
lawyers received in the State.


229

113. The whole of them shall preserve their offices
till their bad conduct may render them incapable of
retaining them

114. At fixed periods determined by law, they
shall receive for this service, the salaries that may
be assigned them; and which cannot in any manner
be diminished, as long as they fulfil their respective
functions.

SECTION II.
Attributes of the Judicial Power.

115. The Judicial Power of the Confederation
shall be circumscribed to the matters confided thereto
by the latter; viz. all the litigious, civil or criminal
questions, which may arise from the contents
of this Constitution—the treaties and negociations
carried into effect under its authority—every thing
concerning ambassadors, ministers, and consuls—
matters belonging to the Admiralty and maritime
jurisdiction—the differences in which the Federal
State may have, or form part—those which may arise
between two or more provinces—between a province,
and one or more citizens of another—between citizens
of the same province, who may dispute lands granted
by different provinces—between one province, or citizens
thereof, and other States, citizens, or foreign
vassals.

116. In these cases, the Supreme Court of Justice
shall exercise its authority by appeal, according


231

to the rules and exceptions prescribed by Congress,
but in those in which a province bears an interested
part, the same shall in that case, exercise its own
original and exclusive authority.

117. All the ordinary criminal cases, which may
not belong to the right of accusation granted to the
House of Representatives by the 44th article, shall
be tried by juries, as soon as this criminal system of
legislation may be established in Venezuela; the proceedings
whereof shall take place in the same province
in which the crime was committed; but when
it has occurred out of the limits of the Confederation,
and is against the law of nations, the Congress by
a particular law, shall determine the place in which
the trial is to take place.

118. The Supreme Court of Justice shall have
the exclusive right of examining, approving and
granting diplomas to all the attornies of the Confederation,
who may have proved under the testimony
of their respective governments, that they have performed
the necessary courses of studies; and those
who may in this manner obtain them, shall be authorized
to practice throughout the whole of the
same, even where there may be colleges of lawyers,
whose exclusive privileges to practice are hereby
annulled; and they shall also have the right of being
elected to any of the offices and commissions belonging
to their profession, the above titles being previously
presented to the Executive Power of the
union, before the said right is exercised, in order to


233

receive the necessary warrant; which form shall also
be observed by those lawyers who having been received
out of Venezuela, may there wish to practice
their profession.

CHAP. V.

SEC. 1st.—Of the Provinces, Limits of the Authority
of each
.

119. No particular province shall be allowed to
exercise any act which may belong to the attributes
granted to Congress, and to the Executive Power of
the Confederation; nor to make any law that may
affect the general contracts of the same.

120. Consequently, neither two nor more provinces
shall be allowed to form alliances, or Confederations
amongst themselves; nor to conclude particular
agreements without the consent of Congress, and in
order to obtain the same, they are to specify thereto
the object, terms, and duration of all such agreements,
or particular conventions.

121. Neither can they without the same requisites
and consent of Congress, raise or maintain troops, or
vessels of war in time of peace, nor set on foot or conclude
contracts, stipulations, or agreements with
any foreign power.


235

122. It shall not be lawful for them, without the
same previous requisites and consent, to establish
tonnage, import and export duties, on foreign trade
in their respective ports, or on the interior and
coasting trade: for it is the duty of the general laws
of the union, to endeavour to render the same uniform
in the freedom of every kind of restraints, that
may affect the prosperity of each

123. Without the same requisites and consent, it
shall not be lawful for them to undertake any war,
that is not purely defensive, and in case of a sudden
attack, imminent danger, or the certain dread of
some assault; giving immediate notice to the Federal
government of all similar occurrences, in order that
it may make timely provision against the same.

124. In order that the particular laws of the provinces,
may in no wise counteract those enacted by
the Confederation, they shall at all times be previously
submitted to the judgment of the Congress, before
they have their full force and effect, in their respective
departments; it being however lawful to carry them
into execution, in the mean time that they are revised
by Congress.

SECTION II.
Reciprocal Correspondence between each.

125. All public acts of every kind, as well as
judicial sentences, sanctioned by the authorities,
magistrates, and judges of one province, shall receive


237

full credit and belief in all the others, in conformity
to the general laws, which Congress may
establish for the uniform, and invariable effects which
are to accompany similar documents.

126. Every free man of one province, who may
not be known as a vagrant, or marked by some public
criminality, shall in all the others, enjoy all the
rights of a free citizen thereof; and the inhabitants of
one, shall have free ingress and egress from the rest,
and shall enjoy therein all the advantages and benefits
of their industry, commerce and tuition, subjecting
themselves to the laws, imposts, and restrictions of
the district in which they may be; provided that these
same laws are not opposed to the transfer of any property,
introduced into one province, for any of the
others, the owners thereof may wish.

127. The provinces at the requisition of the respective
Executive Powers, shall reciprocally deliver
up to each other, all persons accused of State crimes,
robbery, murder or other capital offences, who
may have taken refuge therein, that they may be
tried by the provincial authority to whom the same
belongs.

SECTION III.
Successive increase of the Confederation.

128. As soon as the province of Coro, Maracaybo,
and Guayana, freed from the opression under which
they now labour, are able and desirous of being


239

united to the confederation, they shall be admitted to
the same, without the forced separation, in which in
spite of themselves and us, they have been kept,
making any difference in the principles of equality,
justice, and fraternity, which they shall enjoy from
that time, the same as the other provinces of the
union.

129. In like manner and under the same principles,
shall be admitted and incorporated, any other of the
provinces of the Columbian continent, (before
Spanish America) which may be desirious of uniting
therewith, under the necessary conditions and guarantees,
in order to strengthen the union, by the addition
and connexion of their integral parts.

130. Notwithstanding the cognizance, examination,
and determination of these matters, or any
others that may have any relation thereto, exclusively
belongs to the authority of Congress, during the time
of its recess, the Executive Power is authorized to
promote, and do every thing that may contribute to
the progress of the union, under the regulations which
may be prescribed by Congress.

131. It also exclusively belongs to the latter, to
regulate the formation or establishment, of new provinces
in the Confederation, whether it be by a
division of the territory of one, or by the union of
two, or more, or of parts of any of them; but the
establishment thereof shall not be considered as definitively
settled, till the accord and consent of the


241

Congress is obtained, as well as of the provinces interested
in the annexation or division.

132. Congress shall also have the power to dispose
of all lands and property belonging to the State,
under the laws, regulations, and ordinances which it
may form for the same; provided that no part of this
Constitution is altered or interpreted so as to injure
the general rights of the Union, or the particular
ones of the provinces.

SECTION IV.
Mutual guarantee of the provinces to each other.

133. The government of the Union secures and
guarantees to the provinces, the form of that Republican
government, which each may adopt for the
administration of its domestic concerns; but without
approving of any provincial Constitution which may
be opposed to the liberal and free principles of representation
herein contained, and without at any time
consenting that any other form of government be established
throughout the whole of the Confederation.

134. It also confirms to the said provinces, their
reciprocal liberty and independence, in that part of
their sovereignty which they have reserved to themselves;
and when just and necessary, it will protect
and aid each one of them against all invasions or domestic
violence, with the plenitude of power and
force which may be confided to it, for the preservation


243

of the general peace and security, whenever the
same may be required of it by the Provincial Legislature,
or by the Executive Power, in case the former
is not assembled, and cannot be convened.

CHAP. VI.
Revisal and reform of the Constitution.

135. In all cases wherein two-thirds of each of the
Houses of Congress, or of the Provincial Legislatures,
shall propose, and originally, and reciprocally
approve, of any reforms or alterations which they
may consider necessary to this Constitution, the
same shall then be held as valid, and thenceforward
form part thereof.

136. Whether the reform originates with the Congress,
or with the Legislatures, the articles submitted
to a reform, shall remain in their full force and
vigour, till one of the bodies authorized to that
effect, shall have approved of, and sanctioned the
alteration proposed by the other, in the manner prescribed
in the preceding article.


245

CHAP. VII.
Sanction or ratification of the Constitution.

137. The people of each province, by means of particular
meetings, expressly convened for the purpose,
or through the organ of their district electors, conclusively
authorized to that effect, or by the voice of
their parochial voters, who may have formed the
primary meetings for the election of Representatives,
shall solemnly express their free and spontaneous
will, to accept, reject, or to modify the
whole, or part of this Constitution.

138. The present Constitution, in order to receive
their approbation, being read to the Corporations
each provincial government may have caused to be
formed, in conformity to the preceding article; the
same being obtained; together with the modifications
and alterations which may occur by a plurality of
votes; the observance thereof shall be solemnly
sworn; and within the third day, they shall proceed
to name their respective functionaries to fill the
powers created by the national Representation, which
choice shall in all cases, be made by the electors already
pointed out.

139. The results of both operations, shall by the
respective Municipalities, be communicated to the
government of the corresponding province, in order


247

that the same being laid before Congress, when
assembled, the latter may decide thereon.

140. The Provinces which may be newly incorporated
to the Confederation, shall at a proper time,
comply with these formalities; and notwithstanding
they may not for the present, urged by powerful and
insuperable causes, have fulfilled the same, it shall
not nevertheless be an obstacle against future annexation,
whenever their governments may demand
the same, by commissioners or delegates to Congress,
when assembled, or to the Executive Power, during
its recess.

CHAP. VIII.
Rights of man, which are to be acknowledged and
respected throughout the whole extent of the State
.

SECTION III.
Sovereignty of the People.

141. After men have been constituted into society,
they have renounced that unlimited and licentious
liberty to which they were easily lead by
their passions, it being only adapted to a savage state.
The establishment of society pre-supposes the
renunciation of these fatal rights, the acquisition of
others more sweet and pacific, as well as a subjection
to certain mutual duties.

142. The social compact secures to each individual,
the enjoyment and possession of his property, without
detriment to the right which others may have to
theirs.


249

143. A society of men, united under the same
laws, customs, and government, form a sovereignty.

144. The sovereignty of a country, or the supreme
power of regulating and equitably directing
the interests of the community, therefore essentially,
and originally, resides in the general mass of its inhabitants,
and is exercised by means of their empowered
agents or representatives, named and established
in conformity to the Constitution.

145. No individual, no family, no portion or reunion
of citizens, no particular corporation, no
town, city, or district, shall attribute to itself the
sovereignty of the society, which is imprescriptible,
unalienable, and indivisible in its essence and origin;
and no person whatever shall exercise any public
function of government, unless he has obtained it by
the Constitution.

146. The magistrates and officers of government,
invested with any species of authority, either in the
Legislative, Executive, or Judicial departments,
are of consequence, mere agents and representatives
of the people in the functions they exercise, and are
at all times responsible to them for their public conduct,
through the legal and constitutional channels.

147. Every citizen, without distinction, has a
right to the public employments, in the manner and
under the forms and conditions prescribed by law;
the same not being the exclusive property of any particular
class of men; and no man, corporation, or
society of men, shall have any other title, whereby


251

to obtain advantages or particular considerations,
distinct from others, in the choice of offices, which
may constitute a public career, excepting those
which may arise from services to the State.

148. These same titles being however in no wise
hereditary by nature, or transmissible to the sons,
descendants, or to other relations by blood, the idea
of a man being born a magistrate, legislator, judge,
soldier, or functionary of any kind, is absurd, and
contrary to nature.

149. The law is the free expression of the general
will, or of the majority of the citizens, indicated
through the organ of their Representatives legally
constituted. It is also founded on justice and common
utility, and is to protect public and individual
liberty, against oppression and violence.

150. All acts exercised against any person, out of
the cases and contrary to the forms which the law
determines, are iniquitous; and if by the same they
usurp the constitutional authority or the liberty of
the people, they shall be deemed tyrannical.

SECTION II.
Rights of Man in Society.

151. The object of society, is the felicity of all;
and governments have been instituted to secure man
in the same, by protecting the amelioration of his
physical and moral faculties, increasing the sphere of


253

his enjoyments, and obtaining for him, the most just,
and honest exercise of his rights.

152. These rights are, liberty, equality, right of
property and security.

153. Liberty, is the faculty of doing every thing
that does not injure the rights of other individuals,
or the body of society, whose limits can only be determined
by law, for otherwise they would become
arbitrary, and ruinous to liberty itself.

154. Equality, consists, in that the law is the
same for all citizens; it is what punishes and what
protects; it neither knows the distinction of birth,
nor the inheritance of power.

155. Property, is the right which each enjoys of
disposing of the goods, which he may have obtained
by his labour and industry.

156. Security, exists in the guarantee and protection
which society gives to each of its members,
with regard to the preservation of their persons,
rights, and properties.

157. It shall not be lawful to hinder any thing not
prohibited by law, and no one shall be obliged to do
any thing, that is not thereby prescribed.

158. Neither can the citizens be recriminated,
accused, held in custody, nor detained, excepting in
the cases and manner determined by law; and he who
may incite, solicit, issue, subscribe, execute, or
cause to be executed, arbitrary orders or acts, shall
be punished; but every citizen who may be called upon,


255

or apprehended by virtue of the law, ought instantly
to obey, for he becomes culpable by resistance.

159. Every person shall be presumed innocent,
till he has been declared guilty in conformity to the
laws; and if in the mean time it should be thought
necessary to secure him personally, all severity that
may not be essentially necessary to this end, is to be
suppressed.

160. No person shall be judged, or condemned,
to the sufferance of any punishment in criminal matters,
till after he has been legally heard. Every one
in similar cases, shall have the right of demanding the
motive of the accusation attempted against him, and
to have knowledge of its nature; to be confronted
against his accusers and opponent witnesses; to produce
others in his favour, as well as every other proof
that may be favourable to his cause, within proper
periods, either by means of himself, by powers, or
by an attorney of his own choice; but no person shall
be compelled or forced in any cause, to give testimony
against himself, nor against direct or collateral
relations to the fourth civil grade of consanguinity,
and the second of affinity.

161. Congress shall, with all possible brevity,
establish by law and at full length, the trial by juries,
for criminal and civil cases to which the same
is commonly applied by other nations; together with
all the forms of proceeding therein; and it shall, at
the same time, make the declarations belonging to
this place, in favour of liberty and personal security,


257

that they may form part of this Constitution, and be
observed throughout the whole State.

162. Every person has the right of being secure of
not suffering any search, inquest, examination, or
irregular and unlawful seizure of his person, house,
or property; and any order of a magistrate to examine
suspicious places, (without the probability of
some grievous act requiring the same) and not expressly
designating the said places; or for the seizure
of one or more persons, or their property, without
naming the same, and indicating the motives of such
procedure, together with the previous testimony,
and sworn deposition of creditable persons, shall be
held as contrary to the above right, dangerous to
liberty, and unlawful to issue.

163. The house of every citizen is an inviolable
sanctuary. No one has any right to enter therein,
excepting in cases of fire, inundation, or on aid
being demanded therefrom; or when any criminal
proceedings take place in conformity to the laws, and
under the responsibility of the Constitutional authorities
which may have issued the decrees. Domiciliary
searches and civil executions can only take place
during day, by virtue of the law, and with respect
to the person and objects expressly named in the act,
ordaining such search or execution.

164 When, by public authority, similar acts are
granted, the same shall be limited to the person and
objects, expressly pointed out in the decree, ordaining
the said search and execution; which shall not however,


259

be extended to the inquest and examination of
individual papers; these shall be held inviolable, in
like manner as the epistolary correspondences of all
citizens, which it shall not be lawful for any authority
to intercept, nor shall the same be valid in a
court of justice, unless produced by the person to
whom they have been forwarded by their author,
but never by a third person, or when obtained by the
reprobated means of interception. Crimes of high
treason against the State, are however, excepted; as
well as forgery and others, which may be committed
by writing; in which cases, the search, examination,
and seizure of any such documents, shall
take place according to the dispositions of the law.

165. Every individual of society holding the right
to be protected by the same in the enjoyment of his
life, liberty, and property, according to the laws,
is of consequence bound to contribute on his part to
the expences of this protection, and to lend his personal
services, or an equivalent for the same, whenever
it may be necessary; but no person shall be deprived
of the smallest portion of his property, nor
can the same be applied to public uses without his
own consent, or that of the Legislative bodies representing
the people, and when any public necessity
legally proved, should require that the property of
any citizen be applied to similar uses, he is to receive
therefore a just indemnity.

166. No subsidy, charge, impost, tax or contribution,
can be established or levied, under any


261

pretext whatever, without the consent of the people
expressed through the organ of their Representatives.
All contributions have for object the general utility,
and the citizens have the right of watching over
their expenditure, and to cause account thereof to be
laid before them, through the same channel.

167. No kind of labour, culture, industry, or
trade, shall be prohibited to the citizens, excepting
those which at present form the subsistence of the
State, but which shall hereafter be opened when
Congress may judge it useful and conducive to the
public cause.

168. The liberty of each citizen claiming his
rights before the depositaries of the public authority,
with due moderation and respect, can in no case be
hindered or withheld. All, on the contrary, ought
to find a ready and sure remedy, in conformity to the
laws, for the injuries and damages they may sustain in
their persons, properties, honour, and good opinion.

169. All foreigners, of whatever nation they may
be of, shall be received into the State. Their persons
and properties shall enjoy the same security as
those of the other citizens, provided they respect the
Catholic religion, the only one tolerated; that they
acknowledge the independence of this country, its
sovereignty, and the authorities constituted by the
general will of the inhabitants.

170. No law, criminal or civil, shall have a retroactive
effect, and any that may be enacted, in order
to judge and punish acts committed before the existence


263

of the same, shall be held as unjust, oppressive,
and incompatible with the fundamental principles
of a free government.

171. It shall never be lawful to demand excessive
securities, nor shall pecuniary fines be exacted, disproportioned
to the crimes, or persons be condemned
to cruel, ridiculous, or unusual punishments. Sanguinary
laws ought to be diminished, as their frequent
application is injurious to the State, and not less unjust
than impolitic; for the true object of punishments,
is to correct, rather than destroy the human race.

172. All treatment that may render more grievous
the punishment determined by law, shall be held as a
crime.

173. The use of the torture, is for ever abolished.

174. Every person who may be legally detained
or held in custody, shall be set free, as soon as he has
given sufficient security; excepting in the cases in
which there are evident proofs, or great presumption
of capital crimes. If the arrest arises from debt, and
there is no evident proof, or great presumption of
fraud, the prisoner shall not be detained as soon as his
property has been delivered up to his creditors, in conformity
to the laws.

175. No sentence pronounced for treason against
the State, or for any other crime, shall entail infamy
on the children or desendants of the criminal.

176. No citizen of the provinces of the State, excepting
those employed in the army, navy, or militia


265

then in actual service, shall be subjected to military
law, nor suffer punishments inflicted by the same.

177. Soldiers in time of peace, shall not be allowed
to quarter themselves, nor take up lodgings, in the
houses of private citizens, without the consent of the
owners; nor in time of war, but by order of the
civil magistrates, conformably to the laws.

176. A well regulated and trained militia, composed
of the citizens, is the most proper and natural
defence, as well as the most secure, to a free State.
For this reason, it shall not be lawful in time of
peace, to keep up an establishment of regulars,
greater than is absolutely necessary for the security
of the country, by the consent of Congress.

179. Neither shall it be unlawful, for the citizens
to have and carry legal arms, such as are permitted
for their own defence; and the military power shall,
in all cases, mantain a strict subordination to the civil
authority, and be directed by the same.

180. No personal privileges or immunities shall
be allowed, the nature of the matter, shall alone
determine the magistrates who take cognizance
thereof: and the functionaries of every class, in the
cases which do not touch their profession and employment,
shall be subject to the ordinary magistrates
and tribunals, the same as the other citizens.

181. The right of manifesting all ideas by means
of the press, shall be free; but any person who may
exercise the same, shall be answerable to the laws, if
he attacks and disturbs by his opinions, the public


267

tranquility, the belief, Christian morality, or the
property, honour and good opinion of any citizen.

182. The provincial Legislatures, shall have the
right of petitioning Congress, and it shall not be
unlawful for the inhabitants to assemble, orderly and
quietly, in their respective parishes, in order to consult
and treat respecting their own concerns, to give
instructions to their Representatives in Congress or
in the province, or to direct petitions to one or other
of the Legislative bodies, respecting the reform of
grievances or ills, they may suffer in their affairs.

183. For cases of this nature, a previous petition
ought necessarily to be made out, signed by the heads
of families, and other respectable persons of the parish,
to at least the number of six, praying the respective
municipality, that the meeting may take place, and
the latter shall determine the day, and commission a
magistrate or some other respectable person of the
parish, to preside in the meeting, which being closed
and the act drawn up, he shall remit the same to the
municipality, in order to forward it to its destination.

184. Voting citizens or electors, are alone allowed
to concur in these meetings, and the legislatures are
not absolutely obliged to accede to these petitions,
but to take them into consideration, in order to proceed
in their functions, in the manner which may appear
most conformable to the general good.

185. The power of suspending the laws, or of
stopping their execution, shall at no time be exercised,


269

excepting by the respective Legislatures, or by some
authority emanating from them for those particular
cases only, which they may have expressly foreseen,
to be exceptions to what is enacted by the Constitution;
and all suspensions and obstruction to the execution
thereof, which may take place without the consent
of the Representatives of the people, shall be repelled
as an infringement on their rights.

186. The Legislative Power shall in the mean
time, act in all cases respecting which the Constitution
may have been silent, and opportunely provide
for the same; incorporating therein the additions or
reforms, which it may have thought necessary to make
in the Constitution.

187. The right of the people to participate in the
Legislature, is the best security and the firmest foundation
of a free government: in consequence whereof,
it is necessary for the elections to be free and frequent,
and that the citizens who may possess the qualifications
of a moderate property, and who are besides
desirous to promote the good of the community,
should have the right of voting and electing the members
of the legislature, at fixed periods, and not too
long, as is enacted by the constitution.

188. A too long continuation in office on the part
of the principal functionaries of the Executive
Power, is dangerous to liberty; and this circumstance
powerfully calls for a periodical rotation, between the
members of the said department, in order to secure
the same.


271

189. The three essential departments of governments,
viz. the legislative, executive and judicial,
must necessarily be kept as distinct and independent
of each other, as the nature of a free government requires,
and as much as is consistent with the great
chain of connexion, which binds together the whole
fabric of the constitution, by an indissoluble tie of
friendship and union.

190. The emigration from one province to another,
shall be perfectly free.

191. Governments have been instituted for the common
felicity, for the protection and security of the people
forming the same, and not for the benefit, honour,
or private interest of any one person, family, or of any
one particular class of men, who only constitute part
of the community. The best of all governments is
that which is the most proper to produce the greatest
proportion of good, and of happiness, and is less exposed
to the danger of bad administration; therefore
as many times as a government may be found incapable
of answering these ends, or that the majority of the
nation is opposed to the same, it has undoubtedly an
unalienable and inprescriptible right of abolishing,
changing, or reforming it in the manner which may be
conceived most conducive to the public good. In order
to obtain this indispensible majority without any injury
to justice, and to general liberty, the constitution
presents, and ordains the most reasonable, just, and regular
means in the chapter of the revisal thereof, and


273

the provinces will adopt other similar or equivalent
ones, in their respective Constitutions.

SECTION III.
Duties of man in society.

192. The declaration of rights, contains the
obligations of the Legislators, but the preservation
of society demands, that those who constitute the
same, equally know and fulfil theirs.

193. The rights of others, become the moral limits
of ours, and the ground work of our duties relatively
to the rest of the individuals forming the social
body. They are founded on two principles, which
nature has imprinted on the hearts of all, viz. 1st,
Do thou to others at all times, all the good thou
wouldest wish to receive from them
. 2dly, Do not
thou to another, what thou wouldest not wish done to
thee
.

194. It is the duty of every individual in society,
to live in obedience to the laws, to obey and respect
the magistrates and constituted authorites, who are
his own organs; to maintain the liberty and the
equality of rights; to contribute to the public expences,
and to serve his country when requisite,
making for the same the sacrifice of his property,
and of his life, should it be necessary.

195. No one is a good man or a good citizen,
who does not faithfully and religiously observe the


275