Carta de Keiza DePelchin a su hermana, Sallie Payne, 15 abril 1879, Houston [Translation]

Bibliographic Information

DePelchin, Kezia P. (Payne), 1828-1893, Letter from Kezia Payne DePelchin at Houston to her sister, Sallie Payne, April 15, 1879 (April 15, 1879)

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Title: Carta de Keiza DePelchin a su hermana, Sallie Payne, 15 abril 1879, Houston [Translation]
Funding from: Funding for the creation of this digitized text is provided by a grant from the Institute of Museum and Library Services.
Author: DePelchin, Kezia P. (Payne), 1828-1893
Statements of responsibility:
  • Creation of digital images: Center for Digital Scholarship, Rice University
  • Creation of translation: Lorena Gauthereau-Bryson, Americas Studies Researcher, Humanities Research Center
  • Conversion to TEI-conformant markup: Lorena Gauthereau-Bryson, Americas Studies Researcher, Humanities Research Center
  • Parsing and proofing: Fondren Library, Rice University
  • Subject analysis and assignment of taxonomy terms: Melissa Torres, Cataloger
Publisher: Rice University, Houston, Texas
Publication date: 2010-06-07
Identifier: aa00184_33tr
Availability: This digital text is publicly available via the Americas Digital Archive through the following Creative Commons attribution license: “You are free: to copy, distribute, display, and perform the work; to make derivative works; to make commercial use of the work. Under the following conditions: By Attribution. You must give the original author credit. For any reuse or distribution, you must make clear to others the license terms of this work. Any of these conditions can be waived if you get permission from the copyright holder. Your fair use and other rights are in no way affected by the above.”
Notes:
Digitization: Page images of the original document are included. Images exist as archived TIFF files, JPEG versions for general use, and thumbnail GIFs.
Translation: This document is an Spanish translation of the "Letter from Kezia Payne DePelchin at Houston to her sister, Sallie Payne, April 15, 1879." Translated by Lorena Gauthereau-Bryson. The language of the original document is English
Provenance: This collection was given as a permanent loan from Charles McBrayer of the DePelchin Faith Home in 1973.
Description: 4 handwritten pages, more on experiences of the epidemic, deaths, reflections on doctors, nurses and patients, and animals left after their owners died
Source(s): DePelchin, Kezia P. (Payne), 1828-1893, Letter from Kezia Payne DePelchin at Houston to her sister, Sallie Payne, April 15, 1879 (April 15, 1879)
Source Identifier: Kezia Payne DePelchin letters, MS 201, Box 1, letter 33, p. 366-369, Woodson Research Center, Fondren Library, Rice University
Description of the project: This digitized text is part of the Our Americas Archive Partnership (OAAP) project.
Editorial practices
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Languages used in the text: Spanish
Text classification
Keywords: Getty Art & Architecture Thesaurus
  • Correspondence
Keywords: Library of Congress Subject Headings
  • Yellow fever--History--United States
  • Disease outbreaks--History--United States
  • Nursing--History--19th century
Keywords: Getty Thesaurus of Geographic Names
  • Memphis (inhabited place)


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Houston.


Querida hermana:

Te mando las cartas que la Sra Heckle me escribió. – La verdad supera la ficción. Entonces, el romance más emocionante no se podría comparar con todas la escenas de la


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epidemia. – Al comparar su experiencia con la mía, no puedo sino ver cuanto mejor me fue aunque ella iba acompañada por los médicos más célebres de este estado, y yo fui sola, aún los que venían de Texas al mismo tiempo, me eran desconocidos. En cuanto a que me fue mejor, estoy primeramente en deuda con alguien quien me encontró sola con mi baúl y, poco después de llegar a Memphis, se familiarizó con todas las reglas de la Asociación Howard y me informó, procuró mis vales de comida, y siempre estaba dispuesto a rendir cualquier otro servicio posible. A Sólo alguien tan distraída como yo sabe como apreciar tal bondad; y no te sorprenderá que sentí que había perdido mi único amigo cuando falleció, aunque sólo nos conocíamos una quincena.

No todos los hospitales eran tan difíciles como el hospital en donde ella sirvió. En la Clínica de la Calle Market, las enfermeras estaban de servicio por doce horas, tenían doce horas de descanso, tenía comida y camas en donde podían descansar. La Señorita Hamilton trabajaba allí, y me contó mucho sobre ese lugar. Nadie fue sacado afuera para morir sólo. Eso era algo que yo nunca había escuchado. Cuando estaban en las últimas agonías, molestaban a la gente, pero si los cambiaban a otro cuarto, tenían enfermeras amables o, mejor, un rostro conocido, porque aún cuando están delirando, tienen intervalos lúcidos, y aunque no podemos impedir que crucen el río frío de la Muerte, podemos por lo menos acompañarlos hasta su orilla. Creo que algunas veces, en hospitales, ambos los Doctores y enfermeras fueron desconcertados por la mortalidad terrible porque un corazón que puede ver a los moribundos con indiferencia realmente tiene que ser duro. Y la idea de robarles a los enfermos o


los moribundos es lo más bajo de la maldad humana. Si se recuperaban, necesitaban todo lo que tenían, y si morían, sus parientes le tenían derecho. La única instancia que vi de descuido o desafecto era la de la pequeña Fannie. Tengo razón por la cual no creo que ocurrió de nuevo. Porque el Doctor encargado visitaba tres veces al día, y el Sr Lonadale me aseguró que se haría cargo.

Los que se encargaban de los cadáveres como agentes funerarios se endurecieron en sus sentimientos. Los ataúdes toscos fueron clavados no atornillados. Una vez que se estaba clavando uno, le pregunté al hombre que si podía hacer menos ruido. Respondió calmamente, “No puede escuchar.” Y no podía, pero la presencia de los muertos es generalmente impresionante. La muerte, sin embargo, no se apiadaba de los agentes funerarios. Hubo un tiempo en que sólo había uno, O’Flaherity — todos los hermanos Holst fallecieron, y Walsh , el sacristán de la ciudad, estaba enfermo. En esos días era difícil de mantener un record de los que sí morían, y nombres similares se confundían de un modo extraño. Por ejemplo, una enfermera tenía un cuarto en la Casa Chambers. Otra persona con un nombre similar llegó, se enfermó, y falleció. Los Howards pagaron el ataúd y el entierro del desconocido en Elmwood, pensando que era la enfermera. Después de tiempo, la enfermera, que estaba de servicio, regresó.

Ahora, ¿qué predominaba – la felicidad de que la enfermera no estaba muerta o la desazón de que un desconocido fue enterrado a su costa? Este macabro No sé. Yo no estaba para verlo pero te digo como me lo contaron. – Me contaron este chiste medio macabro durante mi regreso de Seatobia, cuando se reportó que yo estaba muerta. Les daré crédito a los Howards por haber expresado felicidad al ver a la enfermera viva. En algunas instancias, animales fueron dejados encerrados cuando se suponía que


alguien habían muerto sólo adentro de una casa, y la descomposición del cuerpo producía un hedor horrible, al forzar la entrada, dos perros muertos de hambre, y también varios pájaros en sus jaulas, pobres currucas, habían cantado su propio réquiem.– El éxodo fue tan apurado que la gente olvidaba todo, aún de proveer para los que dejaron encargados de su propiedad. Los periódicos del día hablaban de esto y se censuraban muy justamente. Sirvientes y algunas veces parientes fueron dejados sin ningún modo de proveer por si mismos. El caso de la mujer negra que te conté era una que tenía cuatro niños, y ella estaba demasiadamente enferma para trabajar o ir por víveres. Yo, por supuesto, no ganaba ni una cantidad pequeña de fondo para gastos como enfermera para aliviar tales casos como éste. Tal vez piensas que no debería hablar del dinero que regalé, pero no estoy hablando de lo que di, fue donado a Memphis por otros, yo sólo puedo contarlo, como yo prometí no ir por dinero, entonces, sólo tenía derecho a mis gastos después de que gasté el dinero que llevé conmigo. Estas cartas son más largas de lo que esperé. Me he esforzado para cumplir con mi deber, y espero que se diga de mí, “Ella ha hecho lo que podía.” Eso es recompensa suficiente.

Tú hermana afectuosa,
K. de Pelchin



Rice University
Date: 2010-06-07
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