Constitucion de las Provincias Unidas en Sud-America, sancionada y mandada publicar por el soberano congreso general constituyente en 22 de abril de 1819 [Digital Version]

Bibliographic Information

Provincias Unidas del Rio de la Plata. Soberano Congreso General Constituyente, Castro Barros, Pedro Ignacio de, 1777-1849 and Funes, Gregorio, 1749-1829, Constitucion de las Provincias Unidas en Sud-America, sancionada y mandada publicar por el soberano congreso general constituyente en 22 de abril de 1819 (Buenos Aires, Argentina: La Independencia, April 22, 1819)

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Title: Constitucion de las Provincias Unidas en Sud-America, sancionada y mandada publicar por el soberano congreso general constituyente en 22 de abril de 1819 [Digital Version]
Funding from: Funding for the creation of this digitized text is provided by a grant from the Institute of Museum and Library Services.
Author:
  • Provincias Unidas del Rio de la Plata. Soberano Congreso General Constituyente
  • Castro Barros, Pedro Ignacio de, 1777-1849
  • Funes, Gregorio, 1749-1829
Statements of responsibility:
  • Creation of digital images: Center for Digital Scholarship, Rice University
  • Creation of transcription: Lily Elise McKeage, Student Researcher, Humanities Research Center
  • Conversion to TEI-conformant markup: Tricom
  • Parsing and proofing: Humanities Research Center and Fondren Library, Rice University
  • Subject analysis and assignment of taxonomy terms: Robert Estep
Publisher: Rice University, Houston, Texas
Publication date: 2010-06-07
Identifier: aa00247
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Provenance: The Humanities Research Center at Rice University, under the direction of Dr. Caroline Levander, purchased this material from a manuscripts dealer in 2005. The Gilder Foundation funded the development of the physical archive. Original materials are housed at the Woodson Research Center, Rice University.
Description: Buenos Aires: small quarto. Modern vellum over boards, spine and covers gilt. 20th century bookplate of Adofo Garreton, accompanied by a typed note in Spanish indication this copy had belonged to Juan Antonio Garreton, an official of the 1824 Congreso General Constituyente, whose manuscript notes are found periodically in the text. [2], iv, 71 pp. Includes manifesto.
Source(s): Provincias Unidas del Rio de la Plata. Soberano Congreso General Constituyente, Castro Barros, Pedro Ignacio de, 1777-1849 and Funes, Gregorio, 1749-1829, Constitucion de las Provincias Unidas en Sud-America, sancionada y mandada publicar por el soberano congreso general constituyente en 22 de abril de 1819 (Buenos Aires, Argentina: La Independencia, April 22, 1819)
Source Identifier: Americas collection, 1811-1920, MS 518, Box 1 folder 3, Woodson Research Center, Fondren Library, Rice University. Contact info: woodson@rice.edu
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Languages used in the text: Spanish
Text classification
Keywords: Getty Art & Architecture Thesaurus
  • Constitutions
Keywords: Library of Congress Subject Headings
  • Provincias Unidas del Rio de la Plata. Constitucion (1819)
  • Argentina--History--War of Independence, 1810-1817
  • Argentina--History--English invasions, 1806-1807
Keywords: Getty Thesaurus of Geographic Names
  • South America (continent)


Constitucion de las Prov. Unidas en Sud-America








Este ejemplar de la Constitucion de 1819, pertenecio al coronel
Juan Antonio Garreton, que fue Oficial de Sala, del Congreso General
Constituyente de 1824, y las notas manuscriptas, son de su puño
y letra.



CONSTITUCION
DE LAS
PROVINCIAS UNIDAS
EN
SUD-AMERICA,
SANCIONADA Y MANDADA PUBLICAR
POR EL
SOBERANO CONGRESO
GENERAL CONSTITUYENTE
EN 22 DE ABRIL DE 1819

[Figure]

Buenos-Ayres
IMPRENTA DE LA INDEPENDENCIA
1819


ACTA
DE
INDEPENDENCIA
DE LAS
Provincias-Unidas
EN
SUD-AMERICA.

En la benemérita y muy digna Ciudad de
San Miguel del Tucuman à nueve dias del
mes de Julio de mil ochocientos diez y seis:
terminada la sesion ordinaria, el Congreso
de las_ Provincias Unidas continuò sus anteriores
discusiones sobre el grande, augusto
y sagrado objeto de la independencia de los
Pueblos que lo forman. Era universal, constante
y decidido el clamor del territorio entero
por su emancipacion solemne del poder
despótico de los reyes de España; los Representantes
sin embargo consagraron à tan àrduo
asunto toda la profundidad de sus talentos,
la rectitud de sus intenciones é interes que
demanda la sancion de la suerte suya, Pueblos
representados y posteridad; à su término
fueron preguntados:—¿ Si querian que las


II

Provincias de la Union fuesen una Nacion libre
è independiente de los reyes de España
y su metrópoli? Aclamaron primero llenos
del santo ardor de la justicia, y uno á uno
reiteraron sucesivamente su unanime y espontaneo
decidido voto por la independencia del
Pais, fixando en su virtud la determinacion
siguiente:—

Nos los Representantes de las Provincias
Unidas en Sud América reunidos en Congreso
General, invocando al Eterno que preside al
universo, en el nombre y por la autoridad de
los Pueblos que representamos, protestando
al Cielo, á las naciones y hombres todos del
globo la justicia que regla nuestros votos;
declaramos solemnemente à la fàz de la tierra,
que es voluntad unánime é indubitable de
estas Provincias romper los violentos vínculos
que las ligaban à los reyes de España, recuperar
los derechos de que fueron despojadas,
é investirse del alto caràcter de una nacion
libre é independiente del rey Fernando VII,
sus sucesores y metròpoli. Quedan en conseqüencia
de hecho y de derecho con àmplio y
pleno poder para darse las formas que exîja
la justicia, è impére el cùmulo de sus actuales


III

circunstancias. Todas y cada una de ellas
asi lo publican, declaran y ratifican, comprometiendose
por nuestro medio al cumplimiento
y sosten de esta su voluntad, baxo del
seguro y garantia de sus vidas, haberes y fama.
—Comuniquese à quienes corresponda
para su publicacion, y en obsequio del respeto
que se debe à las naciones, detallense en un
Manifiesto los gravisimos fundamentos impulsivos
de esta solemne declaracion.—Dada en
la Sala de sesiones, firmada de nuestra mano,
sellada con el sello del Congreso, y refrendada
por nuestros Diputados Secretarios.—Francisco
Narciso de Laprida, Diputado por San
Juan
, Presidente—Mariano Boedo, Vice-Presidente,
Diputado por Salta—Dr. Antonio
Saenz, Diputado por Buenos-Ayres—Dr.
Josè Darregueyra Diputado por Buenos-Ayres
—Fray Cayetano Jose Rodriguez, Diputado
por Buenos-Ayres
—Dr. Pedro Medrano
Diputado por Buenos-Ayres-Dr. Manuel Antonio
Acevedo Diputado por Catamarca. Dr.
José Ignacio de Gorriti Diputado por Salta
Dr. Josè Andres Pacheco de Melo Diputado
por Chichas
—Dr. Teodoro Sanchez de Bustamante
Diputado por la ciudad de Jujuy

IV

y su territorio—Eduardo Perez Bulnes, Di
putado por Cordoba
—Tomas Godoy Cruz,
Diputado por Mendoza—Dr. Pedro Miguel
Araoz Diputado por la capital del Tucuman
Dr. Estevan Agustin Gazcon Diputado por
la Provincia de Buenos-Ayres
—Pedro Francisco
de Uriarte Diputado por Santiago del
Estero
—Pedro Leon Gallo Diputado de Santiago
del Estero
—Pedro Ignacio Rivera,
Diputado de Mizque—Dr. Mariano Sanchez
de Loria Diputado por Charcas—Dr. Josè
Severo Malabia Diputado por Charcas—Dr.
Pedro Ignacio de Castro Barros Diputado
por la Rioja
—Licenciado Gerònimo Salguero
de Cabrera y Cabrera Diputado por Cordoba,
Dr. Josè Colombres, Diputado por Catamarca
—Dr. Josè Ignacio Thames Diputada
por Tucuman
—Fray Justo de Santa Marìa
de Oro Diputado por San Juan—Josè Antonio
Cabrera Diputado por Cordoba. Dr.
Juan Agustin Maza Diputado por Mendoza.
Tomas Manuel de Anchorena Diputado de
Buenos-Ayres
—Josè Mariano Serrano, Diputado
por Charcas
, Secretario—Juan Josè
Paso, Diputado por Buenos-Ayres, Secretario.—


MANIFIESTO

Que hace à las naciones el Congreso General
Constituyente de las Provincias Unidas en Sud
Amèrica, sobre el tratamiento y crueldades que
han sufrido de los españoles, y motivado la declaracion
de su independencia.

EL honor es la prenda que aprecian los mortales mas que
su propia exístencia, y que deben defender sobre todos los
bienes que se conocen en el mundo, por mas grandes y
sublimes que ellos sean. Las Provincias-Unidas del Rio de
la Plata han sido acusadas por el Gobierno español de rebelion
y de perfidia ante las demas Naciones, y denunciado
como tal el famoso acto de emancipacion, que expidiò el
Congreso Nacional en Tucuman à 9 de Julio de 1816; imputandoles
ideas de anarquia, y miras de introducir en otros
paises principios sediciosos, al tiempo mismo de solicitar
la amistad de esas mismas Naciones y el reconocimiento de
este memorable acto para entrar en su rol. El primer deber,
entre los mas sagrados del Congreso Nacional, es apartar de
sì tan feas notas, y defender la causa de su pais publicando
las crueldades y motivos que impulsaron la declaracion de
independencia. No es este ciertamente un sometimiento,
que atribuya à otra potestad de la tierra el poder de disponer
de una suerte, que le ha costado à la América torrentes de
sangre, y toda especie de sacrificios y amarguras. Es una
consideracion importante, que debe á su honor ultrajado y
al decoro de las demas Naciones.

Prescindimos de imvestigaciones acerca del derecho de
conquista, de concesiones pontificias, y de otros titulos, en
que los españoles han apoyado su dominacion: no necesitamos


(2)

acudir à unos principios, que pudieran suscitar contestaciones
problemáticas, y hacer revivir cuestiones, que
han tenido defensores por una y otra parte. Nosotros apelamos
à hechos, que forman un contraste lastimoso de nuestro
sufrimiento con la opresion y sevicia de los españoles. Nosotros
mostraremos un abismo espantoso, que España abria
á nuestros pies, y en que iban à precipitarse estas Provincias,
sino se hubiera interpuesto el muro de su emancipacion.
Nosotros en fin daremos razones, que ningun racional podrá
desconocer, à no ser que las encuentre para persuadir à un
pais, que renuncie para siempre à toda idea de su felicidad,
y adopte por sistema la ruina, el oprobio, y la paciencia.
Pongamos á la faz del mundo este quadro, que nadie puede
mirar sin penetrarse profundamente de nuestros mismos
sentimientos.

Desde que los españoles se apoderaron de estos paises,
prefirieron el sistéma de asegurar su dominacion, exterminando,
destruyendo y degradando. Los planes de esta
devastacion se pusieron luego en planta, y se han continuado
sin intermision por espacio de trecientos años. Ellos
empezaron por asesinar à los Monarcas del Perù, y despues
hicieron lo mismo con los demas Regulos y Primados que
encontraron. Los habitantes del pais, queriendo contener
tan feroces irrupciones, entre la gran desventaja de sus
armas, fueron victimas del fuego y del fierro, y dexaron
sus poblaciones á las llamas, que fueron aplicadas sin piedad
ni distincion por todas partes.

Los españoles pusieron entonces una barrera à la poblacion
del pais; prohibieron con leyes rigurosas la entrada de extrangeros;
limitaron en lo posible la de los mismos españoles;
y la facilitaron en estos últimos tiempos à los hombres
criminosos, á los presidarios, y ã los inmorales, que convenia


(3)

arrojar de su peninsula. Ni los vastos pero hermosos
desiertos que aquí se habian formado con el exterminio de
los naturales; ni el interes de lo que debia rendir á España
el cultivo de unos campos tan feraces, como inmensos; ni la
perspectiva de los minerales mas ricos y abundantes del
Orbe; ni el aliciente de innumerables producciones desconocidas
hasta entonces las unas, preciosas por su valor inestimable
las otras, y capaces todas de animar la industria y
el comercio, llevando aquella á su colmo, y este al mas alto
grado de opulencia; ni por fin el tortor de conservar sumergidas
en desdicha las regiones mas deliciosas del globo, tuvieron
poder para cambiar los principios sombrios y ominosos
de la corte de Madrid. Centenares de leguas hay despobladas
é incultas de una ciudad à otra. Pueblos enteros
se han acabado, quedando sepultados entre las ruinas de las
minas, ò pereciendo con el antimonio baxo el diabòlico invento
de las mitas; sin que hayan bastado á reformar este
sistema exterminador ni los lamentos de todo el Perú, ni
las muy enérgicas representaciones de los mas zelozos ministros.

El arte de explotar los minerales mirado con abandono y
apatia, ha quedado entre nosotros sin los progresos, que
han tenido los demas en los siglos de la ilustracion entre las
Naciones cultas; asi las minas mas opulentas, trabajadas casi
á la brusca, han venido á sepultarse, por haberse desplomado
los cerros sobre sus bases, ò por haberse inundado de
agua las labores, y quedado abandonadas. Otras producciones
raras y estimables del pais se hallan todavia confundidas
en la naturaleza, sin haber interesado nunca el zelo
del Gobierno; y si algun sabio observador ha intentado publicar
sus ventajas, ha sido reprendido de la corte, y obligado


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á callar, por la decadencia que podian sufrir algunos
artefactos comunes de España.

La enseñanza de las ciencias era prohibida para nosotros,
y solo se nos concedieron la gramàtica latina, la filosofia
antigua, la teologìa, y la juris-prudencia civil y canònica.
Al Virey D. Joaquin del Pino se le llevò muy á mal, que
hubiese permitido en Buenos-Ayres al Consulado costear
una càtedra de naùtica; y en cumplimiento de las òrdenes,
que vinieron de la còrte, se mandò cerrar la aula, y se prohibió
enviar á París jòvenes, que se formasen buenos profesores
de química, para que aqui la enseñasen.

El comercio fue siempre un monopolio exclusivo entre las
manos de los comerciantes de la peninsula y las de los consignatarios,
que mandaban á América. Los empleos eran
para los españoles; y aunque los americanos eran llamados
à ellos por las leyes, solo llegaban à conseguirlos
raras veces, y à costa de saciar con inmensos caudales la
codicia de la còrte. Entre ciento y sesenta vireyes, que
han gobernado las Amèricas, solo se cuentan quatro americanos;
y de seiscientos y dos capitanes generales, y gobernadores,
à excepcion de catorce, los demas han sido
todos españoles. Proporcionalmente sucedia lo mismo con
el resto de empleos de importancia, y apenas se encontraba
alguna alternativa de americanos y españoles entre
los escribientes de las oficinas.

Todo lo disponia asi la España para que prevaleciese
en América la degradacion de sus naturales. No le convenia
que se formasen sábios, temerosa de que se desarrollasen
genios y talentos capaces de promover los intereses
de su Patria, y hacer progresar ràpidamente la civilizacion,
las costumbres y las disposiciones excelentes, de que
estàn dotados sus hijos. Disminuia incesantemente la poblacion,


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recelando que algun dia fuese capaz de emprender
contra su dominacion sostenida por un nùmero pequeñísimo
de brazos para guardar tan varias y dilatàdas regiones.
Hacia el comercio exclusivo, porque sospechaba que la
opulencia nos haria orgullosos, y capaces de aspirar à
libertarnos de sus vejaciones. Nos negaba el fomento de
la industria, para que nos faltasen los medios de salir de
la miseriá [...] y pobreza; y nos excluia de los empleos, para
que todo el influxo del pais lo tuviesen los peninsulares,
y formasen las inclinaciones y habitudes necesarias, á fin
de tenernos en una dependencia, que no nos dexase pensar,
ni proceder, sino segun las formas españolas.

Era sostenido con teson este sistema por los vireyes:
cada uno de ellos tenia la investidura de un Visir: su
poder era bastante para aniquilar à todo el que osase
disgustarlos: por grandes que fuesen sus vejaciones debian
sufrirse con resignacion, y se comparaban supersticiosamente
por sus satélites y adùladores con los efectos
de la ira de Dios. Las quejas que se dirigian al trono,
ò se perdian en el dilatado camino de millares de leguas,
que tenian que atravesar, ò eran sepultadas en las cobachuelas
de Madrid por los deudos y protectores de estos
proconsules. No solamente no se suavizó jamas este sistema,
pero ni habia esperanza de poderlo moderar con
el tiempo. Nosotros no teniamos influencia alguna directa
ni indirecta en nuestra legislacion: ella se formaba
en España, sin que se nos concediese el derecho de enviar
procuradores para asistir á su formacion y representar
lo conveniente, como los tenian las ciudades de España.
Nosotros no la teniamos tampoco en los gobiernos,
que podian templar mucho el rigor de la execucion. Nosotros
sabiamos que no se nos dexaba mas recurso que el


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de la paciencia; y que para el que no se resignase à todo
trance no era castigo suficiente el ùltimo suplicio;
porque ya se habian inventado en tales casos tormentos
de nueva y nunca vista crueldad, que ponian en espanto
á la misma naturaleza.

No fueron tan repetidas, ni tan grandes las sinrazones
que conmovieron à las Provincias de Holanda, quando
tomaron las armas para desprenderse de la España; ni
las que tuvieron las de Portugal para sacudir el mismo
yugo; ni las que pusieron á los Suizos baxo la direccion
de Guillermo Tell para oponerse al Emperador de
Alemania; ni las de los Estados-Unidos de Norte-América,
quando tomaron el partido de resistir los impuestos, que
les quiso introducir la Gran-Bretaña; ni las de otros muchos
paises, que sin haberlos separado la naturaleza de
su Metrópoli, lo han hecho ellos para sacudir un yugo
de fierro, y labrarse su felicidad. Nosotros, sin embrago,
separados de España por un mar inmenso, dotados de diferente
clima, de distintas necesidades y habitudes, y
tratados como rebaños de animales, hemos dado el exemplo
singular de haber sido pacientes entre tanta degradacion,
permaneciendo obedientes, quando se nos presentaban
las mas lisonjeras coyunturas de quebrantar su yugo
y arrojarlo á la otra parte del Occeano.

Hablamos à las Naciones del Mundo, y no podemos
ser tan impudentes, que nos propongamos engañarlas en
lo mismo que ellas han visto y palpado. La América
permaneció tranquila todo el periodo de la guerra de
succesion, y esperò à que se decidiese la cuestion por
que combatian las casas de Austria y Borbon, para correr
la misma suerte de España. Fue aquella una ocasion


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oportuna, para redimirse de tantas vejaciones: pero no lo
hizo, y antes bien tomõ el empeño de defenderse y armarse
por sí sola, para conservarse unida à ella. Nosotros,
sin tener parte en sus desavenencias con otras potencias
de Europa, hemos tomado el mismo interes en sus
guerras, hemos sufrido los mismos estragos, hemos sobrellevado
sin murmurar todas las privaciones y escasezes,
que nos inducia su nulidad en el mar, y la incomunicacion
en que nos ponian con ella.

Fuimos atacados en el año de 1806: una expedicion
inglesa sorprendió y ocupò la capital de Buenos-Ayres
por la imbecilidad é impericia del virey, que aunque no
tenia tropas españolas, no supo valerse de los recursos
numerosos, que se le brindaban para defenderla. A los
quarenta y cinco dias recuperamos la capital, quedando
prisioneros los ingleses con su general, sin haber tenido
en ello la menor parte el virey. Clamamos á la còrte
por auxîlios para librarnos de otra nueva invasion, que
nos amenazaba; y el consuelo que se nos mandó fue
una escandalosa real òrden en que se nos previno, que
nos defendiesemos como pudiesemos. El año siguiente
fue ocupada la Banda-Oriental del Rio de la Plata por
una expedicion nueva y mas fuerte; sitiada y rendida
por asalto la plaza de Montevideo: alli se reunieron mayores
fuerzas britànicas, y se formò un armamento para
volver à invadir la Capital, que efectivamente fué asaltada
à pocos meses, mas con la fortuna de que su esforzado
valor venciese al enemigo en el asalto, obligandolo
con tan brillante victoria à la evacuacion de Montevideo
y de toda la Banda-Oriental.

No podia presentarse ocasion mas halagüeña para habernos


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hecho independientes, si el espíritu de rebelion [...]
de perfidia hubieran sido capaces de afectarnos, ó si fueramos
suceptibles de los principios sediciosos y anàrquicos,
que se nos han imputado. Pero ¿ à que acudir á
estos pretextos? Razones muy plausibles tubimos entonces
para hacerlo. Nosotros no debiamos ser indiferentes
á la degradacion, en que viviamos. Si la victoria autoriza
alguna vez al vencedor para ser arbitro de los destinos,
nosotros podiamos fixar el nuestro hallandonos con
las armas en la mano, triunfantes y sin un regimiento
español, que pudiese resistirnos; y si ni la victoria ni
la fuerza dan derecho, era mayor el que teniamos, para
no sufrir mas tiempo la dominacion de España. Las fuerzas
de la Peninsula no nos eran temibles, estando sus
puertos bloqueados, y los mares dominados por las esquadras
britànicas. Pero à pesar de brindarnos tan placenteramente
la fortuna, no quisimos separarnos de España,
creyendo que esta distinguida prueba de lealtad mudaria
los principios de la córte, y le haria conocer sus verdaderos
intereses.

¡ Nos engañabamos miserablemente, y nos lisonjeabamos
con esperanzas vanas! España no recibiò tan generosa demostracion
como una señal de benevolencia, sino como obligacion
debida y rigorosa. La Amèrica continuò regida
con la misma tirantéz, y nuestros heroycos sacrificios sirvieron
solamente para añadir algunas pàginas à la historia
de las injusticias que sufrimos.

Este es el estado, en que nos hallò la revolucion de
España. Nosotros acostumbrados à obedecer ciegamente
quanto allà se disponìa, prestamos obediencia al rey Fernando
de Borbon no obstante que se habia coronado
derribando à su padre del trono por medio de un tumulto


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suscitado en Aranjuez. Vimos que seguidamente pasó à
Francia; que alli fue detenido con sus padres y hermanos,
y privado de la corona, que acababa de usurpar. Que
la nacion ocupada por todas partes de tropas francesa [...]
se convulsionaba, y entre sus fuertes sacudimientos y agitaciones
civiles eran asesinados por la plebe amotinada
varones ilustres, que gobernaban las provincias con acierto,
ó servian con honor en los exércitos. Que entre estas
oscilaciones se levantaban en ellas gobiernos, y titulandosé
supremo cada uno se consideraba con derecho para
mandar soberanamente à las Américas. Una junta de esta
clase formada en Sevilla tuvo la presuncion de ser la
primera, que aspiró á nuestra obediencia; y los vireyes
nos obligaron á prestarle reconocimiento y sumision. En
menos de dos meses pretendió lo mismo otra junta titulada
suprema de Galicia; y nos envió un virey con la
grosera amenaza, de que vendrian tambien treìnta mil
hombres, si era necesario. Erigíose luego la Junta Central,
sin haber tenido parte nosotros en su formacion, y
al punto la obedecimos, cumpliendo con zelo y eficacia
sus decretos. Enviamos socorro de dinero, donativos voluntarios
y auxîlios de toda especie para acreditar, que
nuestra fidelidad no corría riesgo en qualquiera prueba,
á que se quisiese sugetarla.

Nosotros habiamos sido tentados por los agentes del rey
José Napoleon, y alagados con grandes promesas de mejorar
nuestra suerte, si adheriamos á su partido. Sabiamos,
que los españoles de la primera importancia se habian declarado
ya por èl; que la Nacion estaba sin exércitos, y sin
una direccion vigorosa tan necesaria en los momentos de
apuro. Estabamos informados, que las tropas del Rio de la


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Plata, que fueron prisioneras à Londres despues de la primera
expedicion de los ingleses, habian sido conducidas à
Cadiz, y tratadas allì con la mayor inhumanidad; que se
habian visto precisadas à pedir limosna por las calles, para
no morir de hambre; y que desnudas, y sin auxîlio alguno,
habian sido enviadas à combatir con los franceses. Pero en
medio de tantos desengaños permanecimos en la misma posicion,
hasta que ocupando los franceses las Andalucias
se dispersó la Junta Central.

En estas circunstancias se publicò un papel sin fecha, y
firmado solamente por el Arzobispo de Laodicea, que habia
sido Presidente de la extinguida Junta Central. Por él se
ordenaba la formacion de una Regencia, y se designaban
tres miembros que debian componerla. Nosotros no pudimos
dexar de sobrecogernos con tan repentina como inesperada
nueva. Entramos en cuidados, y temimos ser envueltos
en las mismas desgracias de la Metrópoli. Reflexíonamos
sobre su situacion incierta y vacilante, habiendose ya
presentado los franceses á las puertas de Cadiz, y de la
Isla de Leon; recelábamos de los nuevos regentes, desconocidos
para nosotros, habiendose pasado à los franceses
los españoles de mas crédito, disuelta la Central, perseguidos
y acusados de traicion sus individuos en papeles pùbliblicos.
Conociamos la ineficacia del decreto publicado
por el Arzobispo de Laodicea, y sus ningunas facultades
para establecer la regencia; ignorabamos si los franceses
se habrian apoderado de Cadiz, y consumado la conquista
de España, entretanto que el papel habia venido à nuestras
manos; y dudabamos que un gobierno nacido de los dispersos
fragmentos de la Central no corriese pronto la misma
suerte que ella. Atentos à los riesgos en que nos hallàbamos,


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resolvimos tomar á nuestro cargo el cuidado de nuestra
seguridad, mientras adquiriamos mejores conocimientos del
estado de España, y se conciliaba alguna consistencia su
gobierno. En vez de lograrla, vimos caer luego la regencia,
y succederse las mudanzas de gobierno las unas à las otras
en los tiempos de mayor apuro.

Entretanto nosotros establecimos nuestra Junta de gobierno
à semejanza de las de España. Su institucion fue
puramente provisoria, y á nombre del cautivo rey Fernando.
El virey D. Baltasar Hidalgo de Cisneros expidiò circulares
à los gobernadores, para que se preparasen à la guerra
civil, y armasen unas Provincias contra otras. El Rio de la
Plata fué bloqueado al instante por una esquadra; el Gobernador
de Cordoba empezó á organizar un exército; el de
Potosí y el Presidente de Charcas hicieron marchar otro á
los confines de Salta; y el Presidente del Cuzco, presentandose
con otro tercer exèrcito sobre las margenes del Desaguadero,
hizo un armisticio de quarenta dias para descuidarnos;
y antes de terminar éste, rompió las hostilidades
atacó nuestras tropas, y hubo un combate sangriento, en
que perdimos mas de mil y quinientos hombres. La memoria
se horroriza de recordar los desafueros que cometiò
entonces Goyeneche en Cochabamba. ¡ Ojala fuera posible
olvidarse de este americano ingrato y sanguinario; que
mandó fusilar el dia de su entrada al honorable Gobernador
Intendente Antesana; que presenciando desde los balcones
de su casa este iniquo asesinato, gritaba con ferocidad á la
tropa, que no le tirase à la cabeza porque la necesitaba para
ponerla en una pica; que despues de habersela cortado, mandó
arrastrar por las calles el yerto tronco de su cadaver,
y que autorizò á sus soldados con el barbaro decreto de ha


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cerlos dueños de vidas y haciendas, dexandolos correr en
esta brutal posesion muchos dias!

La posteridad se asombrará de la ferocidad, con que se
han encarnizado contra nosotros unos hombres interesados
en la conservacion de las Américas; y nunca podrá admirar
bastantemente el aturdimiento con que han pretendido
castigar un paso que estaba marcado con sellos indelebles
de fidelidad y amor. El nombre de Fernando de Borbon
precedia en todos los decretos del gobierno, y encabezaba
sus despachos. El pabellon español tremolaba en nuestros
buques, y servia para inflamar nuestros soldados. Las Provincias,
viendose en una especie de orfandad por la dispersion
del gobierno nacional, por la falta de otro legitimo y
capaz de respetabilidad, y por la conquista de casi toda la
metròpoli, se habian levantado un Argos, que velase sobre
su seguridad, y las conservase intactas para presentarse al
cautivo rey, si recuperaba su libertad. Era esta medida
imitacion de la España, incitada por la declaracion que
hizo à la Amèrica parte integrante de la monarquìa, è igual
en los derechos con aquella; y habia sido antes practicada
en Montevideo por consejo de los mismos españoles. Nosotros
ofrecimos continuar los socorros pecuniarios, y donativos
voluntarios para proseguir la guerra, y publicamos mil
veces la sanidad de nuestras intenciones, y la sinceridad de
nuestros votos. La Gran Bretaña, entonces tan benemerita
de la España, interponìa su mediacion y sus respetos, para
que no se nos diese un tratamiento tan duro y tan acerbo.
Pero estos hombres obcecados en sus caprichos sanguinarios,
desecharon la mediacion, y expidieron rigurosas òrdenes á
dtoos los generales, para que apretasen mas la guerra y los


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castigos: se elevaron por todas partes los cadalsos, y se apuraron
los inventos para afligir y consternar.

Ellos procuraron desde entonces dividirnos por quantos
medios han estado á sus alcanzes, para hacernos exterminar
mutuamente. Nos han suscitado calumnias atroces, atribuyendonos
designios de destruir nuestra sagrada religion,
abolir toda moralidad, y establecer la licenciosidad de costumbres.
Nos hacen una guerra religiosa, maquinando de
mil modos la turbacion y alarma de conciencias, haciendo
dar decretos de censuras eclesiasticas á los Obispos españoles,
publicar excomuniones, y sembrar por medio de
algunos confesores ignorantes doctrinas fanàticas en el
tribunal de la penitencia. Con estas discordias religiosas
han dividido las familias entre sí; han hecho desafectos à
los padres con los hijos; han roto los dulces vinculos que
unen al marido con la esposa; han sembrado rencores y
odios implacables entre los hermanos mas queridos, y han
pretendido poner toda la naturaleza en discordia.

Ellos han adoptado el sistéma de matar hombres indisfintamente
para disminuirnos; y á su entrada en los Pueblos
han arrebatado hasta á los infelices vivanderos, los han
llevado en grupos à las plazas, y los han ido fusilando uno
ã uno. Las ciudades de Chuquisaca y Cochabamba han
sido algunas veces los teatros de estos furores.

Ellos han interpolado entre sus tropas á nuestros soldados
prisioneros, llevandose los oficiales aherrojados á presidios,
donde es imposible conservar un año la salud; han dexado
morir de hambre, y de miseria á otros en las carceles; y han
obligado à muchos à trabajar en las obras públicas. Ellos
han fusilado con jactancia á nuestros parlamentarios, y han
cometido los últimos horrores con gefes ya rendidos, y otras


(14)

personas principales, sin embargo de la humanidad que
nosotros usamos con los prisioneros: de lo qual son buena
prueba el Diputado Matos de Potosì, el Capitan General
Pumacagua, el General Angulo y su hermano, el Comandante
Muñecas, y otros gefes de partidas fusilados à sangre
fria despues de muchos dias de prisioneros.

Ellos en el pueblo del Valle-grande tubieron el placer brutal
de cortar las orejas á sus naturales, y remitir un canasto
lleno de estos presentes al quartel general: quemaron despues
la poblacion, incendiaron mas de treinta pueblos numerosos
del Perù, y se deleitaron en encerrar à los hombres
en las casas antes de ponerles fuego, para que allì muriesen
abrasados.

Ellos no solo han sido crueles, é implacables en matar;
se han despojado tambien de toda moralidad y decencia
pùblica, haciendo azotar en las plazas religiosos ancianos,
y mugeres amarradas á un cañon, habiendolas primero desnudado
con furor escandaloso, y puesto à la vergüenza sus
carnes.

Ellos establecieron un sistèma inquisìtorial para todos estos
castigos; han arrebatado vecinos sosegados, llevandolos à la
otra parte de los mares, para ser juzgados por delitos supuestos;
y han conducido al suplicio, sin proceso, á una gran
multitud de Ciudadanos.

Ellos han perseguido nuestros buques, saqueado nuestras
costas, hecho matanzas en sus indefensos habitantes, sin
perdonar á sacerdotes septuagerarios; y por órden del general
Pezuela quemaron la iglesia del pueblo de Puna, y
pasaron á cuchillo viejos, mugeres y niños, que fue lo único
que encontraron. Ellos han excitado conspiraciones atroces
entre los españoles avecindados en nuestras ciudades,


15

nos han puesto en el conflicto de castigar con el ùltimo
suplicio padres de familias numerosas.

Ellos han compelido à nuestros hermanos è hijos à tomar
armas contra nosotros; y formando exércitos de los habitantes
del pais, al mando de sus oficiales, los han obligado
á combatir con nuestras tropas. Ellos han excitado insurrecciones
domésticas, corrompiendo con dinero y toda clase
de tràmas á los moradores pacificos del campo, para envolvernos
en una espantosa anarquia, y atacarnos divididos y
debilitados.

Ellos han faltado con infamia y verguenza indecible à
quantas capitulaciones les hemos concedido en repetidas
veces, que los hemos tenido debaxo de la espada: hicieron
que volviesen à tomar las armas quatro mil hombres, que se
rindieron con su general Tristan en el combate de Salta, á
quienes generosamente concedió capitulacion el general
Belgrano en el campo de batalla, y mas generosamente se
las cumpliò, fiando en la fé de su palabra.

Ellos nos han dado á luz un nuevo invento de horror
envenenando las aguas y los alimentos, quando fueron
vencidos en la Paz por el general Pinelo; y á la benignidad
con que los tratò éste, despues de haberlos rendido á discrecion,
le correspondieron con la barbarie de volar los
quarteles que tenian minados de antemano.

Ellos han tenido la bajeza de incitar à nuestros generales
y gobernadores, abusando del derecho sagrado de parlamentar,
para que nos traicionasen, escribiendoles cartas con
publicidad y descaro á este intento. Han declarado, que
las leyes de la guerra observadas entre naciones cultas no
debian emplearse con nosotros; y su general Pezuela, despues
de la batalla de Ayouma, para descartarse de compromisos,


16

tuvo la serenidad de responder al General Belgrano,
que con insurgentes no se podian celebrar tratados

Tal era la conducta de los españoles con nosotros, quando
Fernando de Borbon fue restituido al trono. Nosotros crei
mos entonces que habia llegado el térmiuo de tantos desastres:
nos pareció que un rey, que se habia formado en
la adversidad, no seria indiferente à la desolacion de sus
pueblos; v despachamos un Diputado para que lo hiciese
sabedor de nuestro estado. No podia dudarse, que nos daria
la acogida de un benigno principe, y que nuestras suplicas
lo interesarian á medida de su gratitud y de esa bondad
que habian exâltado hasta los cielos los cortesanos españoles
Pero estaba reservada para los paises de Amèrica una nueva
y desconocida ingratitud, superior à todos los exemplos
que se hallan en las historias de los mayores tiranos.

El nos declaró amotinados en los primeros momentos de
su restitucion à Madrid; él no ha querido oir nuestras quejas,
ni admitir nuestras suplicas, y nos ha ofrecido por ùltima
gracia un perdon. El confirmò á los vireyes, gobernadores,
y generales que habia encontrado en actual carniceria.
Declarò crimen de estado la pretension de formarnos
una constitucion, para que nos gobernase fuera de los
alcanzes de un poder divinizado, arbitrario y tirànico, baxo
el qual habiamos yacído tres siglos: medida que solo podia
irritar á un principe enemigo de la justicia, y de la beneficencia;
y por consiguiente indigno de gobernar.

El se aplicó luego à levantar grandes armamentos, con
ayuda de sus ministros, para emplearlos contra nosotros.
El ha hecho transportar à estos paises exércitos numerosos
para consumar las debastaciones, los incendios y los robos.
El ha hecho servir los primeros cumplimientos de las potencias


(17)

de Europa, à su vuelta de Francia, para comprometerlas
à que nos negasen toda ayuda y socorro, y nos viesen
despedazar indiferentes. El ha dado un reglamento particular
de corso contra los buques de América, que contiene
disposiciones barbaras, y manda ahorcar la tripulacion; ha
prohibido, que se observen con nosotros las leyes de sus
ordenanzas navales formadas segun derecho de gentes, y
nos ha negado todo quanto concedemos á sus vasallos apresados
por nuestros corsarios. El ha enviado á sus generales
con ciertos decretos de perdon, que hacen publicar para
alucinar á las gentes sencillas è ignorantes, à fin de que les
faciliten la entrada en las ciudades; pero al mismo tiempo
les ha dado otras instruciones reservadas; y autorizados con
ellas, despues que las ocupan, ahorcan, queman, saquean,
confiscan, disimulan los asesinatos particulares, y todo
quanto daño cabe hacerse á los supuestos perdonados. En
el nombre de Fernando de Borbon es que se hacen poner
en los caminos cabezas de oficiales patriotas prisioneros;
es que nos han muerto à palos y à pedradas à un comandante
de partidas ligeras; y es que al coronel Camargo, despues de
muerto tambien á palos por mano del indecente Centeno
le cortaron la cabeza, y se enviò por presente al general
Pezuela, participandole: que aquello era un milagro de la
Virgen del Carmen.

Un torrente de males y angustias semejante es el que nos
ha dado impulso, para tomar el ùnico partido que quedaba.
Nosotros hemos meditado muy detenidamente sobre nuestra
suerte; y volviendo la atencion à todas partes, solo hemos
visto vestigios de los tres elementos que debian necesariamente
formarla: ¡ oprobio, ruina, y paciencia! ¿ Qne
debia esperar la América de un rey, que viene al trono


(18)

animado de sentimientos tan crueles è inhumanos? De un
rey que antes de principiar los estragos, se apresura á impedir
que niugnn Principe se interponga para contener
su furia? De un rey que paga con cadalsos y cadenas los
inmensos sacriflcios que han hecho, para sacarlo del cautiverio
en que estaba, sus vasallos de España? Unos vasallos
que à precio de su sangre y de toda especie de daños
han combatido por redimirlo de la prision, y no han
descansado hasta volver à ceñirle la corona? Si unos hombres
à quienes debe tanto, por solo haberse formado una
constitucion, han recibido la muerte y la carcel por galardon
de sus servicios, que deberia estar reservado para
nosotros? Esperar de él y de sus carniceros ministros un
tratamiento benigno, habria sido ir à buscar entre los tigres
la magnanimidad del Aguila.

En nosotros se habrian entonces repetido las escenas
cruentas de Caracas, Cartagena, Quito y Santa-Fé; habriamos
dexado conculcar las cenizas de 80,000 personas
que han sido victimas del furor enemigo, cuyos ilustres
manes convertiriàn contra nosotros con justicia el clamor
de la venganza; y nos habriamos atraido la exêcracion
de tantas generaciones venideras condenadas à servir
à un amo, siempre dispuesto à maltratarlas, y que por
su nulidad en el mar ha caido en absoluta impotencia de
protegerlas contra las invasiones extrangeras.

Nosotros pues impelidos por los españoles y su rey nos
hemos constituydo independientes, y nos hemos aparejado
á nuestra defensa natural contra los estragos de la ti [...] anìa
con nuestro honor, con nuestras vidas y haciendas.
Nosotros hemos jurado al rey y supremo juez del mundo,
que no abandonarémos la causa de la justicia; que


(19)

no dexarémos sepultar en escombros, y sumergir en sangre
derramada por mano de verdugos, la Patria que él
nos ha dado; que nunca olvidarémos la obligacion de salvarla
de los riesgos que la amenazan, y el derecho sacrosanto
que ella tiene à reclamar de nosotros todos los sacrificios
necesarios, para que no sea deturpada, escarnecida y hollada
por las plantas inmundas de hombres usurpadores y tiranos.
Nosotros hemos grabado esta declaracion en nuestros
pechos, para no desistir jamas de combatir por ella.
Y al tiempo de manifestar ã las naciones del mundo las
razones que nos han movido à tomar este partido, tenemos
el honor de publicar nuestra intencion de vivir en
paz con todas, y aun con la misma España desde el momento
que quiera aceptarla.—Dado en la Sala del
Congreso en Buenos-Ayres à veinte y cinco de Octubre
de mil ochocientos diez y siete.—

Dr. Pedro Ignacio de Castro y Barros.
Presidente.

Dr. José Eugenio de Elias.
Secretario



CONSTITUCION
DE LAS
PROVINCIAS UNIDAS
EN
SUD-AMERICA.
SECCION I.
Religion del Estado.

ART. I.

—La religion católica apostólica romana es la religion
del Estado. El gobierno le debe la mas eficaz y poderosa
proteccion; y los habitantes del territorio todo respeto, qualesquiera
que sean sus opiniones privadas.

II.

La infraccion del artículo anterior será mirada como
una violacion de las leyes fundamentales del pais.

SECCION II.
Poder Legislativo.

III.

El Poder Legislativo se expedirá por un Congreso
Nacional compuesto de dos Cámaras: una de Representantes,
y otra de Senadores.

CAPITULO I.
Cámara de Representantes.

IV.

La Càmara de Representantes se compondrá de Diputados
elegidos en proporcion de uno por cada veinticinco
mil habitantes, ó una fraccion que iguale el nùmero de diez
y seis mil.


21

V.

Ninguno podrá ser elegido Representante sin que
tenga las calidades de siete años de ciudadano antes de su
nombramiento; veintiseis de edad cumplidos; un fondo de
quatro mil pesos al menos; ó en su defecto arte, profesion ú
oficio útil. Que sea del fuero comun, y no esté en dependencia
del Poder Executivo por servicio á sueldo.

VI.

Durarán en su represéntacion quatro años, pero se
renovarán por mitad al fin de cada bienio. Para verificarlo
los primeros representantes, luego que se reunan, sortearán
los que deben salir en el primer bienio. El reemplazo de
éstos se hará por los que con la anticipacion conveniente
elijan los pueblos, á quienes correspondan.

VII.

La Cámara de Representantes tiene exclusivamente
la iniciativa en materia de contribuciones, tasas é impuestos,
quedando al Senado la facultad de admitirlas, reusarlas ú
objetarles reparos.

VIII.

Ella tiene el derecho privativo de acusar de oficio,
ò à instancia de qualquier ciudadano á los miembros de
los tres Grandes Poderes, á los Ministros de Estado, Enviados
á las Cortes extrangeras, Arzobispos ú Obispos, Generales
de los Exercitos, Gobernadores y Jueces Superiores
de las Provincias, y demas empleados de no inferior rango
à los nombrados: por los delitos de traicion, concusion,
malversacion de los fondos públicos, infraccion de Constitucion,
ù otros que segun las leyes merezcan pena de muerte
ó infamia.

IX.

Los Representantes serán compensados por sus servicios
con la cantidad y del fondo que señale la Legislatura,
siendo su distribucion del resorte exclusivo de dicha Càmara.


22

CAPITULO II.
Senado.

X.

Formarán el Senado los Senadores de Provincia, cuyo
nùmero será igual al de las provincias; tres Senadores
militares, cuya graduacion no baxe de Coronel Mayor; un
Obispo, y tres Eclesiasticos; un Senador por cada Universidad;
y el Director del Estado, concluido el tiempo de su
gobierno.

XI.

Ninguno será nombrado Senador que no tenga la
edad de treinta años cumplidos, nueve de ciudadano antes
de su eleccion, un fondo de ocho mil pesos, una renta equivalente,
ó una profesion que lo ponga en estado de ser ventajoso
à la sociedad.

XII.

Durarán en el cargo por el tiempo de doce años,
renovandose por terceras partes cada quatro. La suerte decidirá
quienes deban salir en el primero y segundo quatrienio.

XIII.

El Ex-Director permanecerá en el Senado hasta
que sea reemplazado por el que le sucediese en el mando.

XIV.

Los Senadores por las Provincias se elegirán en la
forma siguiente.—Cada Municipalidad nombrará un capitular
y un propietario, que tenga un fondo de diez mil pesos al
menos, para electores. Reunidos éstos en un punto en el
centro de la Provincia, que designará el Poder Executivo,
elegirán tres sugetos de la clase civil, de los que uno al
menos sea de fuera de la Provincia. Esta terna se pasará al
Senado (la primera vez al Congreso) con testimonio íntegro
de la acta de eleccion. El Senado, recibidas todas las ternas
y publicadas por la prensa, hará el escrutinio; y los que
tuvieren el mayor nùmero de sufragios, computados por Provincias,
serán Senadores. Si no resultase pluralidad, la


23

primera vez el Congreso, y en lo sucesivo el Senado hará la
eleccion de entre los propuestos.

XV.

Los Senadores militares serán nombrados por el
Director del Estado.

XVI.

Será Senador por la primera vez el Obispo de la
Diocesis donde resida el Cuerpo Legislativo. En lo sucesivo
se elegirá el Obispo Senador por los Obispos del territorio,
remitiendo sus votos al Senado. Publicados por la prensa,
se hará el escrutinio, y el que reuniese el mayor nùmero
será Senador: no resultando pluralidad, decidirá la eleccion
el Senado.

XVII.

Los Cabildos eclesiasticos reunidos con el Prelado
Diocesano, Curas Rectores del Sagrario de la Iglesia
Catedral, y Rectores de los Colegios (quando estos sean
eclesiasticos) elegirán tres individuos del mismo estado, de
los quales uno al menos sea de otra Diòcesis. Remitidas y
publicadas las ternas con sus actas, los tres que reunan mayor
número de sufragios, computados por las iglesias, serán
Senadores: en caso de igualdad, el Congreso ò Senado decidirá
la eleccion.

XVIII.

Al Senado corresponde juzgar en juicio público
á los acusados por la Sala de Representantes.

XIX.

La concurrencia de las dos terceras partes de sufragios
harán sentencia contra el acusado, ùnicamente al efecto
de separarlo del empleo, ò declararlo inhabil para obtener
otro.

XX.

La parte convencida quedará no obstante sugeta á
acusacion, juicio y castigo conforme á la ley.


24

CAPITULO III.
Atribuciones comunes à ámbas Cámaras.

XXI.

Ambas Càmaras se reunirán por la primera vez en
esta Capital, y en lo sucesivo en el lugar que ellas mismas
determinen; y tendrãn sus sesiones en los meses de Marzo,
Abril y Mayo: Septiembre, Octubre y Noviembre.

XXII.

Cada Sala será privativamente el Juez para calificar
la eleccion de sus miembros con mayorÒa de un voto
sobre la mitad.

XXIII.

Nombrará su Presidente, Vice-Presidente y Oficiales;
señalarà el tiempo de la duracion de unos y otros;
y prescribirá el òrden para los debates y para facilitar el despacho
de sus deliberaciones.

XXIV.

Ninguna de las salas podrá deliberar mientras
no se hallen reunidas àmbas respectivamente en el lugar de
las sesiones, al menos en las dos terceras partes de sus miembros;
pero un número menor podrá compeler à los ausentes
à la asistencia en los términos y baxo los apremios que cada
sala proveyere.

XXV.

Cada sala llevará un diario de sus procedimientos,
que se publicará de tiempo en tiempo exceptuando aquellas
partes que â su juicio requieran secreto. Los votos de aprobacion
ò negacion de los miembros de una y otra sala se apuntarán
en el diario, si lo exîgiese así una quinta parte de ellos.

XXVI.

Los Senadores y Representantes no serán arrestados
ni procesados durante su asistencia à la Legislatura, y
mientras van y vuelven de ella: excepto el caso de ser sorprendidos
in fraganti en la execucion de algun crimen que
meresca pena de muerte, infamia ú otra aflictiva; de lo que
se daràcuenta á la sala respectiva con la sumaria informacion
del hecho.


25

XXVII.

Los Senadores y Representantes por sus opiniones,
discursos ó debates en una ù otra sala no podrán ser
molestados en ningun lugar; pero cada sala podrá castigar
à sus miembros por desorden de conducta, y con la concurrencia
de las dos terceras partes expeler à qualquiera de su
seno.

XXVIII.

En el caso que expresa el artìculo XXVI. ò
quando se forme querella por escrito contra qualquier Senador
ó Representante por delitos que no sean del privativo conocimiento
del Senado: exâminado el mèrito del sumario en
juicio público podrá cada sala con dos tercios de votos separar
al acusado de su seno y ponerlo à disposicion del Supremo
Tribunal de justicia para su juzgamiento.

XXIX.

Ningun Senador ò Representante podrá ser empleado
por el Poder Executivo sin su consentimiento y el de
la Càmara à que corresponda.

XXX.

Cada una de las Cámaras podrá hacer comparecer
en su sala á los Ministros del Poder Executivo para
recibir los informes que estime convenientes.

CAPITULO IV.
Atribuciones del Congreso.

XXXI.

Al Congreso corresponde privativamente formar
las leyes que deben regir en el territorio de la Union.

XXXII.

Decretar la guerra y la paz.

XXXIII.

Establecer derechos; y por un tiempo, que no
pase de dos años, imponer para las urgencias del Estado contribuciones
proporcionalmente iguales en todo el territorio.

XXXIV.

Fixar á propuesta del Poder Executivo la fuerza
de lìnea de mar y tierra para el servicio del Estado en
tiempo de paz; y determinar por sì el nùmero de tropas que
haya de exîstir en el lugar donde tenga sus sesiones.


26

XXXV.

Mandar construir y equipar una marina nacional.

XXXVI.

Recibir empréstitos sobre los fondos del Estado.

XXXVII.

Reglar la forma de todos los juicios; y establecer
Tribunales inferiores à la Alta Corte de Justicia.

XXXVIII.

Crear y suprimir Empleos de toda clase.

XXXIX.

Reglar el comercio interior y exterior.

XL.

Demarcar el territorio del Estado y fixar los límites
de las Provincias.

XLI.

Habilitar Puertos nuevos en las costas del territorio
quando lo crea conveniente; y elevar las poblaciones al
rango de Villas, Ciudades ò Provincias.

XLII.

Formar planes uniformes de educacion pública, y
proveer de medios para el sostèn de los establecimientos de
esta clase.

XLIII.

Recibir anualmente del Poder Executivo la cuenta
general de las rentas pùblicas, exâminarla y juzgarla.

XLIV.

Asegurar à los autores ó inventores de establecimientos
ùtiles privilegios exclusivos por tiempo determinado.

XLV.

Reglar la moneda, los pesos y medidas.

CAPITULO V.
Formacion y sancion de las leyes.

XLVI.

Las leyes pueden tener principio en qualquiera de
las dos Càmaras que componen el Poder Legislativo.

XLVII.

Se exceptùan de esta regla las relativas á los
objetos de que trata el articulo septimo.

XLVIII.

Todo proyecto de ley se léerà en tres sesiones
distintas, mediando entre cada una de ellas tres dias al menos:
sin esto no se pasarà á deliberar.

XLIX.

Los proyectos de ley y demas resoluciones del


27

Cuerpo Legislativo para su aprobacion deberàn obtener la
mayorìa de un voto al menos sobre la mitad de sufragios en
cada una de las Càmaras constitucionalmente reunidas.

L.

Aprobado el proyecto en la Cámara donde haya tenido
principio, se pasará à la otra para que discutido en ella
del mismo modo que en la primera lo repare, apruebe ò
deseche.

LI.

Ningun proyecto de ley desechado por una de las
Càmaras podrà repetirse en las sesiones de aquel año.

LII.

Los proyectos de ley constitucionalmente aprobados
por ámbas Cámaras pasarán al Director del Estado.

LIII.

Si él los subscribe, ó en el término de quince dias
no los devuelve objecionados, tendràn fuerza de ley.

LIV.

Si encuentra inconvenientes, los devolverà objecionados
à la Càmara donde tuvieron su origen,

LV.

Reconsiderados en ámbas Càmaras, dos tercios de
sufragios en cada una de ellas haràn su última sancion.

SECCION III.
Poder Executivo.

CAPITULO I.
Naturaleza y calidades de este Poder.

LVI.

El Supremo Poder Executivo de la Nacion se expedirá
por la persona en quien recaiga la eleccion de Director.

LVII.

Ninguno podrá ser elegido Director del Estado que
no tenga las calidades de ciudadano, natural del territorio
de la Union, con seis años de Residencia en él inmediatamente
antes de la eleccion, y treinta y cinco de edad quando
menos.

LVIII.

Tampoco podrà ser elegido el que se halle empleado
en el Senado ò en la Cámara de Representantes.


28

LIX

Antes de entrar al exercicio del cargo hará el Director
electo en manos del Presidente del Senado á presencia de
las dos Càmaras reunidas el juramento siguiente:

Yo N. juro por Dios nuestro S [...] eñor y estos santos evangelios,
que desempeñaré fielmente el cargo de Director que se
me confia: que cumpliré y haré cumplír la Constitucion del
Estado: protegeré la Religion Católica; y conservaré la
integridad é independencia del territorio de la Union.

LX.

Durará en el cargo por el tiempo de cinco años.

LXI.

En caso de enfermedad, acusacion ó muerte del
Director del Estado, administrará provisionalmente el Poder
Executivo el Presidente del Senado, quedando entretanto
suspenso de las funciones de Senador.

CAPITULO II.
Forma de la eleccion del Director del Estado.

LXII.

El Director del Estado será elegido por las dos Cámaras
reunidas.

LXIII.

Presidirá la eleccion el Presidente del Senado, y
harà en ella de Vice-Presidente el Presidente de la Càmara
de Representantes.

LXIV.

Los votos se entregarán escritos y firmados por
los vocales, y se publicarân con sus nombres.

LXV.

Una mayoría de un voto sobre la mitad de cada
Càmara hará la eleccion.

LXVI.

Si despues de tres votaciones ninguno obtuviese
la expresada mayoría, se publicaràn los tres sujetos que hayan
obtenido el mayor nùmero, y por ellos solos se sufragará
en las siguientes votaciones.

LXVII.

Si reiterada ésta hasta tres veces, ninguno de los
tres propuestos reuniese la mayorìa que exîge el artìculo


29

LXV se excluirá el que tuviere menor nùmero de votos:
caso de igualdad entre los tres ò dos de ellos, decidirá la
suerte el que haya de ser excluido, quedando solamente dos.

LXVIII.

Por uno de èstos se votará de nuevo.

LXIX.

Si repetida tres veces la votacion, no resultase la
mayoría expresada, se sacará por suerte el Director de entre
los dos.

LXX.

Todo esto deberá verificarse acto continuo desde
que se dé principio à la eleccion.

LXXI.

Se procederá á ella treinta dias antes de cumplir
su término el Director que concluye: en caso de muerte deberá
hacerse la eleccion dentro de quince dias.

LXXII.

Entretanto se posesiona del cargo el nuevamente
nombrado, subsistirá en el gobierno el que lo esté exercieudo;
pero al electo se les contarán los cinco años desde el
dia en que aquel haya cumplido su término.

LXXIII.

El Director del Estado solo podrá ser reelegído
por una vez con un voto sobre las dos terceras partes de [...]
cada Cámara.

CAPITULO III.
Atribuciones del Poder Executivo.

LXXIV.

El Director del Estado es Gefe Supremo de todas
las fuerzas de mar y tierra.

LXXV.

Publica y hace executar las leyes, que han recibido
sancion.

LXXVI.

Hace la apertura de las sesiones del Cuerpo
Legislativo en los perío los de renovacion de la Cámara de
Representantes en la sala del Senado: informando en esta
ocasion sobre el estado del gobierno, mejoras ó reformas, y
demas que considere digno de poner en su conocimiento;
lo que se publicará por la prensa.


30

LXXVII.

Convoca extraordinariamente el Cuerpo Legislativo,
quando así lo exîja el interes del pais, durante la
interrupcion de las sesiones.

LXXVIII.

Puede proponer por escrito al Cuerpo Legislativo
en sus Cámaras los proyectos, medidas, mejoras ó reformas
que estimare necesarias ó convenientes á la felicidad
del Estado.

LXXIX.

Publíca la guerra y la paz: forma y da direccion
á los exércitos de mar y tierra para defensa del Estado
y ofensa del enemigo.

LXXX.

Rechaza las invasiones de los enemigos exteriores;
previene las conspiraciones, y sofoca los tumultos populares.

LXXXI.

Nombra por sí solo los Generales de los exércitos
de mar y tierra; los embajadores, Enviados y Consules
cerca de las naciones extrangeras; y los recibe de ellas.

LXXXII.

Nombra y destituye á sus Ministros: la responsabilidad
de éstos la determinará la ley.

LXXXIII.

Puede con parecer y consentimiento de dos
terceras partes de Senadores presentes en número constitucional
celebrar y concluir tratados con las naciones extrangeras:
salvo el caso de enagenacion ó desmembracion de alguna
parte del territorio, en que deberá exîgirse el consentimiento
de dos tercios de la Cámara de Representantes.

LXXXIV.

Expide las cartas de ciudadanía con sugecion
á las formas y calidades que la ley prescriba.

LXXXV.

Nombra á todos los empleos que no se exceptúan
especialmente en esta Constitucion y las leyes.

LXXXVI.

Nombra los Arzobispos y Obispos à propuesta
en terna del Senado.

LXXXVII.

Presenta à todas las Dignidades, Canongías,


31

Prebendas y beneficios de las iglesias Catedrales, Colegiatas
y Parroquiales, conforme à las leyes.

LXXXVIII.

Todos los objetos y ramos de Hacienda y
Policía, los establecimientos públicos nacionales científicos
y de todo otro género, formados ó sostenidos con fondos del
Estado, las casas de moneda, bancos nacionales, correos,
postas y caminos son de la suprema inspeccion y resorte del
Director del Estado baxo las leyes ú ordedanzas que los rigen,
ó que en adelante formare el Cuerpo Legislativo.

LXXXIX.

Puede indultar de la pena capital à un crìminal
ó conmutarla, prévio informe del Tribunal de la causa,
quando poderosos y manifiestos motivos de equidad lo sugieran
ó algun grande acontecimiento feliz haga plausible la
gracia, salvos los delitos que la ley exceptúe.

XC.

Confirma ó revoca con arreglo à ordenanza las sentencias
de los reos militares pronunciadas en los Tribunales
de su fuero.

XCI

Recibirá por sus servicios en tiempos determinados
una compensacion, que le señalará el Cuerpo Legislativo; la
qual ni se aumentará ni disminuirá durante el tiempo de su
mando.

SECCION IV.
Poder Judicial.

CAPITULO UNICO.
Córte Suprema de Justicia.

XCII.

Una Alta Córte de Justicia compuesta de siete
Jueces y dos Fiscales exercerá el Supremo Poder Judicial
del Estado.

XCIII.

Ninguno podrá ser miembro de ella sino fuere
Letrado recibido con ocho años de exercicio público y quarenta
de edad.


32

XCIV.

Los miembros de la Alta Córte de Justicia serán
nombrados por el Director del Estado con noticia y consentimiento
del Senado.

XCV.

El presidente será electo cada cinco años à pluralidad
de sufragios por los miembros de ella y sus Fiscales.

XCVI.

La Alta Córte de Justicia nombrará los Oficiales
de ella, en el número y forma que prescribirá la ley.

XCVII.

Conocerá exclusivamente de todas las causas
concernientes á los Enviados y Cónsules de las naciones extrangeras;
de aquellas en que sea parte una Provincia, ó
que se suciten entre Provincia y Provincia, ó pueblos de una
misma Provincia, sobre límites ú otros derechos contenciosos;
de las que tengan su origen de contratos entre el Gobierno
Supremo y un particular; y últimamente de las de
aquellos funcionarios públicos de que hablan los artículos
XX. y XXVIII.

XCVIII.

Conocerá en último recurso de todos los casos
que descienden de tratados hechos baxo la autoridad del
gobierno; de los crímenes cometidos contra el derecho público
de las naciones; y de todos aquellos en que segun las
leyes haya lugar á los recursos de segunda suplicacion, nulidad
ó injusticia notoria.

XCIX.

Los juicios de la Alta Córte y demas Tríbunales
de Justicia serán públicos: produciendose en la misma forma
los votos de cada Juez para las resoluciones ó sentencias,
de qualquiera naturaleza que ellas sean.

C.

Informará de tiempo en tiempo al Cuerpo Legislativo
de todo lo conveniente para las mejoras de la administracion
de justicia, que seguirá gobernandose por las leyes que hasta
el presente, en todo lo que no sea contrario á esta Constitucion.


33

CI.

Cada seis meses recibirá de las Camaras de Justicia
una razon exâcta de las causas y asuntos despachados eu
ellas, y de las que quedan pendientes, su estado, tiempo de
su duracion y motivos de demora: instruida con el diario
del despacho que deben llevar los escribanos de Càmara; à
fin de que, estando à la mira de que la justicia se administre
con prontitud, provea lo conveniente à evitar retardaciones
indebidas.

CII.

Los individuos de esta Córte exercerân el cargo
por el tiempo de su buena comportacion; y no podrán ser
empleados por el Poder Executivo en otro destino sin su consentimiento
y el de la misma Córte.

CIII.

El Cuerpo Legislativo les designarâ una compensacion
por sus servicios, que no podrá ser disminuida mientras
permanescan en el oficio.

SECCION V.
Declaracion de derechos.

CAPITULO I.
Derechos de la Nacion.

CIV.

La Nacion tiene derecho para reformar su constitucion,
quando así lo exija el interes comun, guardando las
formas constitucionales.

CV.

La Nacion, en quien originariamente reside la Soberanía,
delega el exercicio de los Altos Poderes que la representan
à cargo de que se exerzan en la forma que ordena
la Constitucion; de manera que ni el Legislativo puede avocarse
el Executivo ó Judicial; ni el Executivo perturbar ó
mezclarse en éste ó el Legislativo; ni el Judicial tomar parte
en los otros dos: contra lo dispuesto en esta Constitucion.

CVI.

Las corporaciones y magistrados investidos de la
autoridad Legislativa, Executiva ó Judicial son apoderados


34

de la Nacion, y responsables à ella en los términos que la
Constitucion prescribe.

CVII.

Ninguna autoridad del pais es superior à la ley:
ellas mandan, juzgan ó gobiernan por la ley; y es segun
ella que se les debe respeto y obediencia.

CVIII.

Al delegar el exercicio de su Soberanía constitucionalménte,
la Nacion se reserva la facultad de nombrar sus
Representantes, y la de exercer libremente el poder censorio
por medio de la prensa.

CAPITULO II.
Derechos particulares.

CIX.

Los miembros del Estado deben ser protegidos en
el goce de los derechos de su vida, reputacion, libertad, seguridad
y propiedad. Nadie puede ser privado de alguno də
ellos sino conforme à las leyes.

CX.

Los hombres son de tal manera iguales ante la ley,
que ésta bien sea penal, preceptiva ó tuitíva debe ser una
misma para todos, y favorecer igualmente al poderoso que al
miserable para la conservacion de sus derechos.

CXI.

La libertad de publícar sus ideas por la prensa es
un derecho tan apreciable al hombre, como esencial para la
conservacion de la libertad civíl en un Estado: se observarán
à este respecto las reglas que el Congreso tiene aprobadas
provisionalmente, hasta que la Legislatura las varíe ó
modifique.

CXII.

Las acciones privadas de los hombres que de
ningun modo ofenden el órden público ni perjudican à un
tercero, están solo reservadas á Dios, y exêntas de la autoridadad
de los Magistrados.

CXIII.

Ningun habitante del estado será obligado á hacer
lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohibe.


35

CXIV.

Es del interes y del derecho de todos los miemembros
del Estado el ser juzgados por jueces los mas libres,
independientes é imparciales, que sea dado á la condicion de
las cosas humanas. El Cuerpo Legislativo cuidará de preparar
y poner en planta el establecimiento del juicio por
Jurados, en quanto lo permitan las circunstancias.

CXV.

Todo ciudadano debe estar seguro contra las requisiciones
arbitrarias y apoderamiento injusto de sus papeles
y correspondencias. La ley determinará en que casos
y con que justificacion pueda procederse á ocuparlos.

CXVI.

Ningun individuo podrá ser arrestado sin prueba
al menos semiplema ó indicios vehementes de crimen,
por el que merezca pena corporal; los que se harán constar
en proceso informativo dentro de tres dias perentorios, sino
hubiese impedimento; pero habiendolo, se pondrá constancia
de él en el proceso.

CXVII.

Las carceles solo deben servir para la seguridad
y no para castigo de los reos. Toda medida que á
pretexto de precaucion conduzca á mortificarlos mas allà de
lo que aquella exîge, será corregida segun las leyes.

CXVIII.

Ningun habitante del Estado puede ser penado,
ni confinado, sin que preceda forma de proceso y sentencia
legal.

CXIX.

La casa de un ciudadano es un sagrado, que no
puede violarse sin crimen; y solo podrá allanarse en caso
de resistencia á la autoridad legítima.

CXX.

Esta diligencia se hará con la moderacion debida
personalmente por el mismo Juez. En caso que algun urgente
motivo se lo impida, darà al delegado órden por escrito
con las especificaciones convenientes, y se dexarà


36

cópia de ella al individuo que fuere aprehendido, y al dueño
de la casa si la pidiere.

CXXI.

Las anteriores disposiciones relativas à la seguridad
individual no podràn suspenderse.

CXXII.

Quando por un muy remoto y extraordinario
acontecimiento, que comprometa la tranquilidad pública ó
la seguridad de la Patria, no pueda observarse quanto en
ellas se previene: las autoridades que se viesen en esta
fatal necesidad daràn inmediatamente razon de su conducta
al Cuerpo Legislativo, quien exâminarà los motivos de la
medida y el tiempo de su duracion.

CXXIII.

Siendo la propiedad un derecho sagrado é inviolable,
los miembros del Estado no pueden ser privados
de ella ni gravados en sus facultades sin el consentimiento
del Cuerpo Legislativo, ó por un juicio conforme à las leyes.

CXXIV.

Quando el interes del Estado exîja que la propiedad
de algun pueblo ó individuo particular sea destinada
á los usos públicos, el propietario recibirá por ella una
justa compensacion.

CXXV.

Ninguno será obligado á prestar auxîlios de
qualquiera clase para los exércitos, ni á franquear su casa
para alojamiento de un cuerpo ó individuo militar, sino de
órden del Magistrado civíl segun la ley. El perjuicio que
en este caso se infiera al propietario, será indemnizado competentemente
por el Estado.

CXXVI.

Todos los miembros del Estado tienen derecho
para elevar sus quejas y ser oidos hasta de las primeras autoridades
del pais.

CXXVII.

A ningun hombre ó corporacion se concederán
ventajas, distinciones ó privilegios exclusivos, sino los que
sean debidos á la virtud ó los talentos: no siendo estos transmisibles


37

á los descendientes, se prohibe conceder nuevos
títulos de nobleza hereditaria.

CXXVIII.

Siendo los indios iguales en dignidad y en
derechos à los demas ciudadanos, gozarán de las mismas
preeminencias y serán regidos por las mismas leyes. Queda
extinguida toda tasa ó servicio personal baxo qualquier pretexto
ó denominacion que sea. El Cuerpo Legislativo promoverá
eficazmente el bien de los naturales por medio de
leyes que mejoren su condicion hasta ponerlos al nivel de
las demas clases del Estado.

CXXIX.

Queda tambien constitucionalmente abolido el
tráfico de esclavos, y prohibida para siempre su introduccion
en el territorio del Estado.

SECCION. VI.
Reforma de la Constitucion.

CXXX.

En ninguna de las Cámaras del Poder Legislativo
serà admitida una mocion para la reforma de uno ó mas
artículos de la Constitucion presente, sin que sea apoyada
por la quarta parte de los miembros concurrentes.

CXXXI.

Siempre que la mocion obtenga dicha calidad,
discutida en la forma ordinaria, podrá sancionarse con dos
tercias partes de votos en cada una de las Salas: que el artículo
ó artículos en qüestion exîgen reforma.

CXXXII.

Esta resolucion se comunicará al Poder Executivo
para que con su opinion fundada la devuelva dentro
de treinta dias á la Sala, donde tuvo su origen.

CXXXIII.

Si él disiente, reconsiderada la materia en
ambas Cámaras, será necesaria la concurrencia de tres quartas
partes de cada una de ellas para sancionar la necesidad
de la reforma; y tanto en este caso, como en el de consentir


38

el Poder Executivo, se procederá inmediatamente á verificarla
con el numero de sufragios prescripto en el artículo
CXXXI.

CXXXIV.

Verificada la reforma pasará al Poder Executivo
para su publicacion. En caso de devolverla con reparos,
tres quartas partes de sufragios en cada Sala harán su última
sancion.

CAPITULO FINAL.

CXXXV.

Continuarán observandose las leyes, estatutos
y reglamentos que hasta ahora rigen, en lo que no hayan sido
alterados ni digan contradiccion con la Constitucion presente,
hasta que reciban de la Legislatura las variaciones ó
reformas que estime convenientes.

CXXXVI.

Esta Constitucion será solemnemente jurada
en todo el territorio del Estado.

CXXXVII.

Ningun Empleado político, civil, militar ó
eclesiastico podrá continuar en su destino sin prestar juramento
de observar la Constitucion y sostenerla. Los que
de nuevo fuesen nombrados ó promovidos á qualesquier empleos:
ó á grados militares ó literarios: ó se recibieren de
algun cargo ú oficio público, otorgarán el mismo juramento.

CXXXVIII.

Todo el que atentare ó prestare medios para
atentar contra la presente Constitucion, será reputado enemigo
del Estado y castigado con todo el rigor de las penas
hasta la de muerte y expatriacion, segun la gravedad de su
crimen.

Dada en la sala de sesiones, firmada de nuestra mano,
sellada con nuestro sello, y refrendada por nuestro Secretario
en Buenos-Ayres à veintidos de Abril de mil ochocientos
diez y nueve, quarto de la independencia.═Dr. Gregorio


39

Funes, Diputado del Tucuman Presidente—Dr. José Mariano
Serrano, Diputado por Charcas, Vice-Presidente—
Pedro Leon Gallo, Diputado por Santiago del Estero
Tomas Godoy Cruz, Diputado por Mendoza—Dr. Antonio
Saenz, Diputado por Buenos-Ayres—Vicente Lopez, Diputado
de Buenos-Ayres
—Alexo Villegas, Diputado por
Cordoba
—Dr. Teodoro Sanchez de Bustamante, Diputado
por la ciudad de Jujuy y su territorio
—Dr. José Severo
Malabia, Diputado por Charcas—Miguel de Azcuenaga,
Diputado por Buenos-Ayres—Licenciado Benito Lascano
Diputado por Cordoba—Jaime Zudañes, Diputado por
Charcas
—Dr. José Miguel Diaz Velez, Diputado por Tucuman
—Juan José Paso, Diputado por Buenos-Ayres
Matias Patron, Diputado por Buenos-Ayres—Dr. Domingo
Guzman, Diputado por San Luis—Dr. Pedro Ignacio de
Castro Barros, Diputado por la Rioja—Pedro Francisco
Uriarte, Diputado por Santiago del Estero—Juan José
Viamont, Diputado por Buenos-Ayres—Dr. Pedro Carrasco
Diputado por Cochabamba—Dr. Pedro Ignacio Rivera, Diputado
por Mizque
—Dr. Luis José Chorroarin, Diputado
por Buenos-Ayres.
—Dr. José Andres Pacheco de Melo,
Diputado por Chichas—Dr. Manuel Antonio Acevedo,
Diputado por Catamarca

Dr. José Eugenio de Elias—Secretario.


APENDICE
A LA
Constitucion.

1

Mientras la Legislatura arregla el mètodo por el que pueda
verificarse comodamente la eleccion de un Diputado por
cada veinticinco mil habitantes, ò una fraccion que iguale el
nùmero de diez y seis mil, se harà la que corresponda para
la proxîma Cámara segun la base y en la forma que previene
el Reglamento provisorio.

2

En caso que alguna provincia tenga dentro de su dependencia
menos de tres Cabildos, siendo dos elegirà cada uno
de ellos para el nombramiento de Senadores tres electores,
de los que uno sea Capitular y los otros dos vecinos con el
capital que designa el articulo xiv. de la Constitucion. Si la
provincia tuviere dentro de su comprehension un solo Cabildo,
elegirà este seis electores, mitad capitulares y mitad
vecinos con el capital indicado; quienes procederàn à verificar
la eleccion en la forma que expresa el citado artìculo.

3

La Legislatura reglarà desde que parte del proceso y en
que forma debe verificarse la publicidad de los juicios de que
trata el artìculo XCIX.


41

4

Sin embargo de que el Congreso al formar la presente
Constitucion, hà procedido sobre principios de incontestable
justicia, en uso del derecho que el pais actualmente libre tiene
para consolidar su libretad, establecer el orden, y procurarse
las ventajas de una administracion: que constitucionalmente
reglada debe lograr con mayor celeridad que qualquiera otra
el allanamiento del territorio entero, y el goce de una sólida
paz para todas las Provincias de la Union; no queriendo declinar
un punto de la liberalidad de sus principios y consideracion
à los derechos de las Provincias hermanas, que no han
podido concurrir à la formacion y sancion de ella; hà decretado,
se conceda à todos los Pueblos del territorio del Estado,
luego que concurran todos por medio de sus Representantes,
la facultad de promover y obtener en la primera Legislatura
reforma de los articulos de Constitucion en los mismos términos
que se hàn establecido; de modo que puedan las mociones
de dicha clase ser admitidas si se apoyan por dos miembros,
y resolverse con un voto sobre dos terceras partes
de cada Sala.

5
TRATAMIENTO.

Los tres Altos Poderes reunidos tendrán el tratamiento de
Soberanía, y Soberano Señor por escrito y de palabra.

6

El Congreso Nacional compuesto de las dos Càmaras, que
constituyen el Legislativo, tendrà el de Alteza Serenísima
y Serenìsimo Señor.


42

7

Cada una de las dos Càmaras del Legislativo, y los Supremos
Poderes Executivo y Judicial, separadamente tendràn
el de Alteza solo, por escrito y de palabra: y el de
Señor al principio de las representaciones que se les dirijan.

8
CEREMONIAL DE ASIENTOS.

En la apertura de las sesiones del Congreso, que hace el
Executivo en cada renovacion de la mitad de la Cámara de
Representantes, à que debera concurrir la Alta Córte de
Justicia, presidirá la ceremonia el Director del Estado á la
derecha del Presidente del Senado, que hará de Vice-Presidente,
ocupando ambos el centro de la testera: por los
lados se sentarán á la derecha el Presidente de la Camara
de Representantes, y á la izquierda el de la Alta Còrte.

9

Ocuparán la derecha de la Sala los Senadores, y los Representantes
la izquierda. En seguida de aquellos se sentaràn
los miembros de la Alta Corte.

10
INSIGNIA.

Los Senadores y Representantes, mientras exerzan el cargo,
usaràn de la insignia de un escudo de oro que en el centro
tenga gravado este lema—Ley—orlado con dos ramos de
oliva y laurel.


43

11

Lo traeràn pendiente del cuello los Senadores con un cordon
de oro, y los Representantes con uno de plata; y podràn
usar de èl dentro y fuera de la Sala.

12

Los miembros de la Alta Corte vestirân la toga quando
se presenten en trage de ceremonia; y fuera de este caso
podrán usar de un escndo de oro que en el centro tenga
este lema—Justicia—orlado del mismo modo que el anterior,
y pendiente del cuello con un cordon mezclado de oro y
plata.—

Sala del Congreso en Buenos-Ayres, Abril treinta de mil
ochocientos diez y nueve.—Doctor Gregorio Funes Presidente
—Doctor Josef Eugenio de Elias, Secretario.


MANIFIESTO

Del Soberano Congreso General Constituyente
de las Provincias-Unidas en Sud América al dar
la Constitucion.

QUANDO presente la historia à las edades venideras
el quadro de nuestra revolucion, no podràn excusarse de
confesar, que hemos andado esta carrera con esa magestuosa
simplicidad con que dá sus pasos la naturaleza. Borrascas,
tempestades, erupciones volcánicas: nada perturba el órden
de sus leyes, ni impide el término à que debe llegar. No
menos que en el órden fisico hay en el órden moral otros sacudimientos
politicos, que nacen del choque violento de los
intereses y las pasiones. Estos son los que sufrimos por
espacio de nueve años, y los que han concurrido à separarnos
de nuestros altos destinos. Con todo, inmóbiles en
nuestro propósito, no han podido destruir ese interes que
inspira el amor al bien y à la causa de la libertad.

Acordaos, ciudadanos, del memorable 25 de Mayo que
nos abrió la vasta y trabajosa carrera de la virtud. Degradados
por el largo periodo de trecientos años, nos veiamos
bajo un gobierno, que por su debilidad y sus desastres ya
no podia ser el agente tutelar de nuestra tímida exîstencia.
Su plaza pareciá estar vacante en medio del edificio social
y todo conspiraba à una completa disolucion. Fué pues
que obligados à asegurar el órden público y la defensa del
estado dimos el primer paso de la revolucion, reconcentrando
en nosotros mismos un gobierno sin mas límites de su
beneficencia que los de su poder. Esta resolucion heroica
causó una alarma general entre los déspotas subalternos,
tanto mas terribles en su opresion quanto mas vecinos à los
oprimidos. Una larga servidúmbre, dice un sabio, forma


45

un deber de resignacion y bajeza; besando entónces el hombre
con respeto sus cadenas, tiembla exâminar sus propias
leyes. Esto sucedió à muchos de nuestros compatriotas
(con dolor lo decimos) y de ellos compusieron los tiranos su
mayor fuerza. Para oponer à su ímpetu una obstinada resistencia,
todo ciudadano se hizo soldado; el corage se inflama,
las espadas se afilan, y el incendio se hace general.

Pero todos creimos que la obra cadúcaria en su misma
cuna sin un Congreso General, que fuese el centro de la unidad,
diese el tono à las Provincias Unidas, y avivase esas semillas
de justicia primitiva, que la España habia procurado
sofocar. Pero ¡hay! que de escollos vimos levantarse sobre
nuestros pasos desde que la discordia hizo resonar su trompeta
entre nosotros mismos, y vino en auxîlio de nuestros
enemigos! Nada disimulemos. Desde este fatal momento
quedaron confundidos el derecho con el interes, el deber
con la pasion, y la buena causa con la mala. Los gobiernos
se suceden tumultuariamente como las olas de una mar
agitada: se instàla una Asamblea General que desaparece
como el humo: sopla España entre nosotros el fuego de la
disension: amontona sobre nuestra opinion las calumnias
mas groseras: manda exércitos exterminadores; y los sucesos
de la guerra son ya prósperos, ya adversos.

Tanto como era mas fatal nuestra situacion, se hacia mas
apetecible ese Congreso Nacional que destruyese el gérmen
diseminado de la discordia, y concertase los medios de poner
la patria en seguridad. Un gran designio es siempre
independiente de los sucesos momentaneos, y sobrepuja à
toda la indisciplina de las pasiones. A despecho de tantos
embarazos; de tantas trabas, de tantas contradicciones,
aparece reunida en la ciudad del Tucuman casi à los seis


46

años de nuestro primer aliento la misma representacion nacional
que hoy os dirige, ciudadanos, la palabra. Ved aquí
el segundo paso con que imitamos à la sencilla naturaleza.
Todo fue preciso sin duda, para que se mostrase vuestra
obra con esa dignidad que comunican las distancias y los
escollos à los grandes acontecimientos.

Las consecuencias de esa nube, que de grado en grado
habia obscurecido el horizonte, nos daban por entonces
lúgubres presagios de una ruína próxîma. ¡ En que estado
tan deplorable se hallaba la república, quando se instaló el
Congreso Nacional! Los exércitos enemigos extendiendo
la desolacion y sus crímenes: los nuestros dispersos y sin
subsistencia: una lucha escandalosa entre el Gobierno Supremo
y muchos pueblos de los de su obediencia: el espíritu
de parti lo ocupado en combatir una faccion con otra:
una potencia extrangera que nos observa próxíma à sacar
partido de nuestras discordias: ciudadanos inquietos siempre
prontos à sembrar la desconfianza comprimiendo el corazon
de los incautos: el erarìo público agotado: el estado sin
agricultura, sin comercio y sin industria: la secta de europeos
españoles conspirando por la vuelta de la tiranía: en
fin todo el estado caminando de error en error, de calamidad
en calamidad, à su disolucion política: ved aquí, ciudadanos,
las llagas de la patria que consternaron nuestras almas,
y nos pusieron en el arduo empeño de curarlas.

Abatir el estandarte sacrílego de la anarquìa y la desobediencia,
fue lo primero à que el Congreso dirigiò sus esfuerzos.
Por un càlculo extraviado, en que las santas
màxîmas de la libertad servian de escudo à los desórdenes,
se hallaban desunidas de la capital varias provincias. Este
exemplo contagioso tuvo tambien otros imitadores en [...] lgunos


47

pueblos. A fin de calmar estas inquietudes y hacerles
ver la demencia de sacrificar la libertad de muchos siglos
à la independencia de un momento, tomó el Congreso
todas las medidas que pudo dictarle la prudencia. La fuerza
armada pone límites à la licencia en unas partes; un diputado
del cuerpo con el caracter de enviado atraviesa el Paranà
llevando por destino realizar una conciliacion, cuyas
bases fuesen la buena fé, la beneficencia reciproca, y la
mas estrecha cordialidad. Para que à la luz de una reflexîon
fria y serena pudiesen desvanecerse los prestigios y
convencerse de que los resultados espantosos de la discordia
llegaban mas allá de lo que alcanza la imaginacion, dirigió
tambien el Soberano Congreso un manifiesto lleno de
vigor, en el lenguage de la verdad, de la razon y el sentimiento,
capaz de convencer al mas indócil y de endulzar
al mas feróz. Facil era reconocer en cada línea las almas de
unos ciudadanos que sufriamos las emociones dolorosas de
una patria desgraciada.

Exîgía la justicia, el bien de la patria y aun el interes
individual, que renunciando una ambicion consejera de crímenes
y usurpaciones inclinase la balanza el peso de los
males presentes y futuros al lado de la causa apoyada sobre
el buen juicio. Si no sucedió así, à lo menos el Soberano
Congreso tuvo la sòlida satisfaccion de manifestar que sus
pensamientos todos eran à favor de la patria: que estaba
libre de ese espíritu de partido que ciega y degrada: que
no habia profanado el santuario de la sabiduría traicionando
sus altos deberes: y que hablando à los disidentes de sus
obligaciones, les hizo ver la preferencia que merece una
virtud sumísa y modesta al arrojo de los que compran la
celebridad por una muerte inutil à la patria.


48

El Congreso Nacional habia previsto de lejos, que en
un tiempo en que se hallaba perturbada toda la rotacion
de la máquina política, no era posible restituirla á la armonia
de su antiguo curso sin la fuerza motriz de un gobierno,
que segun la expresion de un sabio es en el sistéma
político lo que ese poder misterioso, que en el hombre
reune la accion á la voluntad. Con esta razon general
concurrián otras de suma importancia producidas por las
circunstancias del momento. La marcha obscura de la intriga
y los manejos atrevidos de la ambicion habian puesto á
la capital en un estado de crísis peligrosa. Por todos se
deseaba un nuevo Director, que con su autoridad activa y
vigilante asegurase el imperio de las leyes, protegiese el
órden, y volviese al estado su tranquilidad. A mas de esto,
no sin fundamento se esperaba, que un Director Supremo á
nombramiento de toda la representacion nacional fuese mirado
por las provincias con el agrado á que inclinan las propias
obras, y no con esa desconfianza oculta que en las de
este género merecen las agenas. Penetrado de estos sentimientos
el Soberano Congreso puso sus miras en un hombre,
distinguido por sus servicios, recomendable por sus talentos,
y en su juicio capaz por su política de cerrar la puerta
á los abismos. Fue este el Señor Brigadier General D.
Juan Martin de Pueyrredon que felizmente tiene en sus manos
las riendas del estado. Vosotros lo sabeis, Ciudadanos,
con que pulso y acuerdo ha sabido fijar la suerte
vacilante de la patria. A su presencia las pasiones agitadas
solo nos dieron aquel susurro que dejan en las aguas
por algun tiempo las grandes tempestades. Los facciosos
fueron dispersados llevando con sigo la confusion y sus remordimientos.


49

El Soberano Congreso echo de ver que una magistratura
suprema sin una regla propia, que le sirviese de guia,
no podia gozar de solida existencia. Por desgracia el estatuto
provisorio que regiá al estado, lisongeando demasiado
las aspiraciones de unos pueblos sin experiencia, aflojó algun
tanto los nudos sociales. El Soberano Congreso creyó de
su deber la formacion de otro, que provisoriamente llenase
el vacio de la constitucion.

Aunque sin la recomendacion que da la idea de una obra
permanente, él debia conformarse à los principios del pacto
social, al genio de la nacion, á su espíritu religioso, á su
moral, á sus virtudes y á todas las necesidades del Estado
Vednos aquí, ciudadanos, empeñados en dar á la máquina
política una accion sin abusos y un movimiento sin destruccion.
No darémos un análisis de su organizacion; porque
reservandonos hacerlo en breve de la constitucion que tomó
de él muchos artículos, esperamos esta ocasion para que
juzgueis del mérito de nuestro trabajo.

Dirémos sin embargo, que á virtud de este reglamento
aunque el poder executivo quedó en la feliz impotencia de
ser un déspota, con todo recuperó la autoridad de que se
hallaba despojado. Su nombre no fué ya un título vano
con que se decoraba la nulidad, sino una expresion que
acompañada del vigor debia sucitar el respeto y obrar sobre
los pueblos con un ascendiente desconocido. Temible
al mismo tiempo podria romper esos muros impenetrables,
que parecia poner al vicio á cubierto de todos los esfuerzos
del poder.

No menos en centinela para que el abuso de la autoridad
no pasase á tirania; lo estuvimos tambien para que la
libertad del pueblo no degenerase en licencia. Huyendo


50

de esas juntas tumultuarias para las elecciones de xefes de
los pueblos, reformamos las formas recibidas, y no dimos
lugar á esos principios subversivos de todo el órden social.
Tuvimos muy presente aquella sabia maxima: que es necesario
trabajar todo para el pueblo, y nada por el pueblo;
por lo mismo limitamos el círculo de su accion á la propuesta
de elegibles. Fue asi como se consiguió la tranquilidad;
y que no abandonando los ciudadanos sus trabajos útiles
por entregarse al discernimiento de materias erizadas de
abrojos, dejasen de correr como al principio todos los periodos
del desorden.

A merced de estas justas medidas, y de otras que omítimos,
la patria empezó á presentar su frente con otra dignidad
y tenia en su mano los elementos propios de su fuerza.
Seis años iban yá corridos en que por parte de la españa
sosteniamos una guerra injusta, insensata y ruinosa:
solo porque rehusabamos ser sus esclavos. No sin razon
creiamos, que la vuelta de Fernando VII, al trono de sus
padres pondria fin á estas calamidades; y que entregandosé
á los movimientos de una alma virtuosa; cuyas desgracias
habian forzado á la fortuna á avergonzarse de su
inconstancia, reconoceriá nuestros derechos á la emancipacion.
Todos los pueblos de la tierra, unidos de interes
por la humanidad, tenian fixada su vista sobre este acontecimiento
memorable: ó para coronar su nombre de gloria,
ó para cubrirlo de una infamia eterna. Siempre rey
por autoridad y siempre padre por ternura, pudo haber
hecho la real autoridad amable y cara á los pueblos. Mas ¿
que hizo? ¿ Escuchò con agrado la voz elocuente de la razon?
¿ Tuvo acogida en su ánimo la dulce persuasion à
favor nuestro? Los lamentables gritos de las victimas que


51

se sacrificaban á su nombre, conmovieron sus entrañas?
No; ciudadanos, nó: en su alma tenia su trono el imperio
de la ferocidad. De ella sale una voz que dice, como se
dijo en otro tiempo contra los Norte-Americanos—" con
pueblos rebelados la clemencia es debilidad; el estandarte
de la rebelion fue levantado por la fuerza: caiga sobre
las manos que lo desplegaron y sobre todos sus secuaces
la cruel hacha de la justicia: no demos tiempo á esos
amotinados para que se acostumbren á sus crímenes, á los
xefes para que afirmen su poder, ni á los pueblos para
que aprendan á venerar sus nuevos amos. A éllos se les
dan las pasiones, como las armas. Despleguesè á su vista
la magestad del trono español: ellos se precipitarán à nuestros
pies, pasando luego del terror á los remordimientos,
y de los remordimientos al yugo. La piedad en la
guerra civil és la mas funesta de las virtudes; la espada
una vez desembainada no debe volver á su lugar, si no
por la sumision: perezcan todos si es preciso, y á los que
escapen de la muerte solo les queden en su alivio ojos
para llorar."

Los hechos de este rey inhumano van todos al unísono de
estas palabras. Traed, ciudadanos, á la memoria el torrente
de males que ós expusimos en otro manifiesto patetico,
si acaso no bastan los que sufris, para acreditar su
crueldad. Ignoraba sin duda que la paciencia tiene un termino,
al que sucede la desesperacion; que el terror indigna
mas, que lo que acobarda á un pueblo armado por
su libertad; y en fin que la naturaleza se venga de todo
aquel que se atreve á ultrajarla.

Para conocer todo el fondo de imprudencia que caracteriza
los hechos de este rey, echemos la vista sobre los españoles


52

de la península que irresolutos balancean entre sí
perseveran baxo el yugo ó se proclaman independientes de
Fernando. ¡ Còmo! ¿ serà burlandose de sus vidas que se
les inclinarà à la obediencia? No servirà mas bien esta
crueldad para endurecer sus corazones? Sí; nosotros lo
sostenemos: en esa escuela de sangre, que ha abierto ante
sus ojos, es donde ellos aprenderàn à no ser siervos. Si
llegan à sublevarse, en ella es donde sus almas vacilantes se
habràn fortificado contra sus dudas. Ellos vivian perplejos
sobre abandonar à su rey; la voz del respeto paternal les
gritaba—deteneos: es vuestro soberano. . . . . . Y tu, legislador
imprudente, tú habrás fijado su voz trémula; tú habrás
apagado en ellos la dulce ternura del amor filial; tú
los habrás precipitado à la insurreccion.

Con respecto á nosotros los efectos aun fueron mas justificados;
sus excesos en uno y otro hemisferio acabaron de borrar
toda disposicion à favor de su vasallage. Perseguidos à todo
ultrage por su fiereza, él mismo nos hizo conocer que solo la
independencia era la tabla saludable para llegar à una isla
afortunada. Dimos por fin el tercer paso, que nos indicaba
la naturaleza, y nos declaramos independientes. Gracias al
odio irreconciliable que nos produjo tanto bien! Ciudadanos,
vedos aquí desde esta época en un siglo enteramente
nuevo: ya no pertenecemos à la España, sino à nosotros
mismos. Enemigos de un rey ingrato concentrarémos en
adelante nuestros proyectos y nuestras fuerzas en el plan
único de nuestra felicidad. Las almas tímidas, que solo
juzgan de la suerte del Estado por las menguadas dimensiones
de su fortuna, creyeron que nuestra exîstencia exîgia
siempre estar unida à la de España. Se engañaron. Verà
el mundo que podemos ser autores de esta nueva creacion.


53

En efecto ¿ de que aliento vigoroso no se sintieron esforzados
vuestros brazos al pronunciar estas palabras? somos
ya independientes: somos libres!
Entonces fue, que los
corazones se asociaron para sostener con gloria los empeños
de esta feliz metamórfosis. Entonces fue, que los himnos
consagrados à la libertad llegaron à componer una parte del
culto. Entonces, en fin, que las llamas del regocijo sucedieron
en muchos à los incendios de la discordia. Ciudadanos,
no sin la mas tierna emocion observa el Soberano
Congreso, que un enviado extrangero(†) cerca de nuestro
gobierno, penetrado de los sentimientos que os inspirò la independencia,
informa al suyo por estas clausulas:" ésta fue
una medida de la mas alta importancia, y ha sido productiva
de una unanimidad y decision antes desconocida. . . . . .
la saludable influencia de este intrépido y decisivo paso fue
sentida á un tiempo en todo el territorio, y diò nuevo vigor
y fuerza à la causa de la patria y estabilidad al gobierno."

No era poco habernos desembarazado de enemigos domésticos
y roto las coyundas de un yugo aboriecido; pero
mucho mas pedía de nosotros nuestro propio instituto. Entablar
relaciones amigables con las potencias extrangeras,
de quienes podiamos temer que se reuniesen à nuestro comun
enemigo, y conseguir el reconocimiento de nuestra
independencia: ved aqui, ciudadanos, los grandes objetos
que han ocupado las mas serias y profundas meditaciones
del Congreso. Nadie hay que ignore, que para no descarriarse
en el laherinto de esta carrera es necesario seguir un
òrden de consejos, reflexîones y pensamientos, que salen
de la esféra de los comunes. Nada menos se necesita, que


54

un conocimiento exâcto de los intereses que unen ó desunen
à las naciones: de los objetos que las lisongean ò las
irritan: de las fuerzas que disfrutan ò de las que carecen;
una agilidad de espìritu, que replegandose sin cesar sobre
sus propios proyectos para extenderlos ò reprimirlos, suspenderlos
ó precipitarlos, se acomoda al tiempo, se presta
à los acontecimientos y toma la forma de las circunstancias,
pero sin dependencia de ellas; un espíritu de precaucion
contra la astuta politica, que asegura sus negociaciones con
las desconfianzas, las dirige con desvíos aparentes, las adelanta
con lentitudes estudiosas, y nunca está mas cerca de
su término que quando afecta mas distancia; en fin, un golpe
de ojo distinto y ràpido que une los objetos à pesar de sus
distancias, los distingue à pesar de su semejanza, y los concilia
á pesar de su contrariedad.

No creais, ciudadanos, que ésta sea una pura teoría con
que procuramos entretener vuestra imaginacion. Es si el
sumario de nuestros pasos en la difícil carrera de la delicada
diplomacia. Puesto en nuestras manos un estado naciente,
inconstituido ¡ qué de difíciles combinaciones no han sido
necesarias para introducir la razon, armada de toda su fuerza,
en el fondo de los gavinetes: ó indiferentes sobre su
suerte, ó desconfiados de su justicia, ó prevenidos contra
su causa, ò en contradiccion con sus intereses, ó detenidos
en fin por el influjo de una política circunspecta! ¡ Qué
de actividad, qué de diligencia para frustrar en las cortes las
sugestiones emponzoñadas de la vengativa España, y dejar
sin fruto sus eternos resentimientos! ¡ Que de prudencia
y delicadeza para ajustar negociaciones, sin comprometer
al estado, con una potencia vecina que nos observa! ¡ En
fin, qué de precaucion, qué de paciencia para contener el


55

genio del mal apoderado de algunos pueblos, formando en
el seno del estado otro estado aparte, sin mas política que
la de las pasiones, siempre reprimidos por la autoridad
y siempre en lucha con ella misma!

Por el mismo interes de nuestra causa, ciudadanos, no
nos es permitido correr el velo á los misterios que nos han
ocupado con las demas naciones. Ellos son de tal naturaleza,
que deben obrar en silencio y madurar por progresos
insensibles y lentos. La justicia y la utilidad comun,
con que se recomienda nuestra causa, son del género sublime
y de un órden superior á los abstáculos que suscita
la intriga. Asi ellas minarán sordamante las opiniones;
ellas filtrarán como las aguas mansas, y dejando un depósito
fecundo fructificará el bien con abundancia. Entretanto
contentémonos con disfrutar de las potencias europeas
esa neutralidad tácita, fundada sobre el derecho de igualdad
entre nacion y nacion, como otras tantas personas libres
que viven en el estado de naturaleza. Es sobre este
principio incontestable, que no creyendose ninguna de ellas
con accion á mezclarse en los asuntos domésticos de cada
estado, retiran su cooperacion activa y dejan á las partes
contendoras de la presente lucha en su pleno derecho para
obrar segun sus intereses, El comercio, la paz, la beneficencia
recíproca, que reclama la sociedad universal entre
todas las naciones del globo, son los sólidos bienes que en
su tribunal merecerán la preferencia sobre las pretensiones
injustas y acaloradas de la España.

Los cuidados de la guerra y el deseo de tomar nn
conocimiento mas exâcto de todas las relaciones, que unen
los diversos intereses del estado, executaban al Soberano
Congreso para trasladarse á la capital, donde mas en contacto


56

con el Poder Executivo podria darse á la causa otra
celeridad, otro acierto. No fue sino despues de haber
calmado las agitaciones de varios anarquistas, siempre empeñados
en disputarse las ruinas de la Patria, que verificó
el Congreso su translacion.

Si la naturaleza de un manifiesto, breve y sucinto, admitiese
el detal de nuestras serias ocupaciones desde esta época,
por él deberiais medir, ciudadanos, la extension de nuestros
cuidados. Reparar los males del estado, al mismo
tiempo que trabajabamos en formarle la constitucion mas
ventajosa: ved aquí lo que exîgía de nosotros un instinto
laborioso.

La escasa poblacion del estado pedia de justicia, que
nos acercasemos al origen de un mal que nos daba por
resultado nuestra comun debilidad. Este no era otro que
el despotismo del antiguo régimen; cuyos estragos so [...]
siempre la esterilidad, la incultura y el desierto de los
campos. Autorizando el Congreso al Supremo Director del
Estado para adjudicar tierras baldias á nuevos pobladore [...] ,
quienes cultivasen este árbol de la vida, dió la señal de
que se regiá por los sentimientos de un espíritu reparador.

Las calamidades de una guerra larga y dispendiosa tenian
agotados los fondos públicos, y gravado el estado con
una deuda enorme. No podia ignorar el Congreso, que el
dinero es para el cuerpo político lo que la sangre para el
humano. Aumentar la masa de estos fondos y mejorar su
situacion deplorable, fué lo que fijó su solicitud y sus cuidados.
A este ef [...] cto sancionó el decreto de amortizacion
expedido por el Poder Executivo—dictó un reglamento
que sirviese de guia á la comision encargada del cobro de


57

deudas relativas á la Aduana—aprobó la rebaja de su arancel
—el establecimiento de la caja nacional de fondos de
Sud América—dió su existencia à un banco de rescate
para el fomento del rico mineral de Famatina—mandó
establecer una callana de fundicion—tuvo su aprobacion
el proyecto de una casa de moneda, y trata de hacerla
extensiva á los metales de cobre. No es por movimientos rápidos
que se pueden restablecer las rentas agotadas de un
estado. El tiempo y la prudencia son los que darán este
resultado feliz.

La ignorancia es la causa de esa inmoralidad, que apaga
todas las virtudes y produce todos los crímenes, que afligen
las sociedades. El Congreso con el mayor interes escuchó
y aprobó la solicitud de varias ciudades en òrden á recargar
sus propios haberes para establecer escuelas de primeras
letras y fomentar otras benéficas instituciones.

No hay cosa mas consoladora, que ver propagado el cultivo
de la educacion pública. Los trabajos consagrados
por el Supremo Director del Estado al progreso de las letras
en los estudios de esta capital, y los que se emplearán
en las demas provincias, servirán con el tiempo para formar
hombres y ciudadanos. Sensible el Congreso á sus
laudables conatos aplicó la parte del erario en las herencias
transversales á la dotacion de los profesores.

Persuadido tambien de que la instruccion en el ameno
y delicioso ramo de la historia natural influye con ventajas
considerables en el progreso de los conocimientos humanos,
ha protegido las ideas benéficas de un naturalista
recomendable por su saber.

Las recompensas nacionales son un homenage, que la
Patria ofrece á la virtud, un culto público tributado al mérito,


58

y un estímulo de grandes acciones. Con monumentos
y signos de honor mandó atestiguar su reconocimiento à
los guerreros que han señalado su valor en defensa de la
Patria, y con algunos privilegios exclusivos á favor de los
inventores ó introductores de las artes ha procurado domiciliar
las producciones de la industria.

Crímenes de revoluciones intestinas contra el gobierno
tenian atemorizada la Patria por la tenebrosa meditacion de
los complotados y sus frecuentes animosidades. Ninguna
seguridad en el estado, ningun lugar de asilo, ningun funcionario
público sin peligro. El dolor con que el Congreso
advertia que nuestros códigos legales no eran suficientes
para contener la audacia de unos hombres profundamente
corrompidos, le hizo concebir que era preciso crear un nuevo
tribunal de vigilancia, que con un reglamento acomodado
á las circunstancias pudiese detener el curso de estos
instrumentos de venganza y proscripcíon. Una comision
militar fue creada, y ella se emplea en purgar la Patria
de malvados.

Nunca ha sido el ánimo del Congreso, ciudadanos, llamar
vuestra atencion al pormenor de los asuntos que vuestras
pretensiones particulares han elevado á su conocimiento.
No es porque no redunde en su satisfaccion el que advirtieseis
la marcha silenciosa y paciente, que ha lleva lo en un
camino escabroso y lleno de aridez. Pero ¿ quien podria
seguir el hilo en este inmenso cúmulo de operaciones? Con
un ardor infatigable trabajabamos en la constitucion, que
habia de consolidar vuestra felicidad; mas este pesado despacho
paralizando nuestros afanes, fue preciso que fiando
los menos arduos al juicio de una comision, quedasen desembarazadas


59

las atenciones del Congreso para emplearlas en
el principal objeto de su mision.

Quando nos diputasteis, ciudadanos, á la formacion de este
Congreso Soberano, bien penetrados estabais que sin
una constitucion permanente no podia entrar el estado en
la lista de las naciones, ni llamarse libre y feliz. En efecto
¿ que otra cosa es la constitucion política de un estado, sino
ese solemne pacto social que determina la forma de su
gobierno, asegura la libertad del ciudadano, y abre los cimientos
del reposo público? Desde luego no habriamos
desempeñado los sagrados deberes de nuestro encargo, si
en la que al presente ós alargamos, no vieseis en accion
ese derecho incontestable de los pueblos para elegirse la
mejor.

En un asunto en que empeñaron todo su saber los Licurgos,
los Solónes los Platones y Aristóteles, creyeron vuestros
representantes que sin el socorro de la historia, de la política,
y del cotejo de las mejores constituciones iban expuestos á
traicionar toda vuestra confianza. Asi es que para evitarlo,
acercandose á estas fuentes puras han sacado los principios,
que rigen las sociedades póliticas y los han acomodado
al pacto social que vais á jurar.

Seguramente podemos decir con igual derecho, que decia
una sabia pluma en su caso, que la presente constitucion
no es: ni la democracia fogosa de Atenas, ni el régimen
monacal de Esparta, ni la aristocracia patricia ó la efervescencia
plebeya de Roma, ni el gobierno absoluto de
Rusia, ni el despotismo de la Turquia, ni la federacion
complicada de algunos estados. Pero es sí un estatuto
que se acerca á la perfeccion: un estado medio entre la
convulsion democrática, la injusticia aristocratica, y el abuso


60

del poder ilimitado.

Por esta idea anticipada ya advertis, ciudadanos, que
deseando el Congreso Soberano haceros gustar de todas
las ventajas que los hombres pueden gozar sobre la tierra,
ha formado la constitucion presente organizando de un
modo mixto los poderes Legislativo, Executivo y Judicial.
Dividir estos poderes y equilibrarlos de manera, que en sus
justas dimensiones estén como encerradas las semillas del
bien público: ved aquí la obra reputada en política por el
último esfuerzo del espíritu humano; y ved aquí tambien
con la que ha asegurado el Congreso vuestra prosperidad.
Un análísis de sus bases principales ós pondrá, ciudadanos,
en estado de conocer que ella lléva el sello de la mas profunda
reflexion.

Por la misma constitucion del hombre, por la formacion
de las sociedades, y por una grande seríe de monumentos
historicos descubrió el Congreso esta importante
verdad—que no puede ser por mucho tiempo un pueblo
libre y feliz, sin que sea su propio legislador. Pero quando
quedó convencido de su fuerza, lo estubo en igual grado,
que su concurso inmediato á la formacion de la ley le
comunicaria el caracter que llevan siempre las obras del
error, del tumulto y las pasiones. Una asamblea numerosa
de hombres, por la mayor parte ignorantes, divididos
por opiniones, por principios, por intereses, y agitados por
todo lo que fermenta al derredor de sí, no puede producir
leyes sábias. Para hacer buenas leyes, dice un filósofo,
se necesitan cabezas frias y corazones puros. Pero quando
esto fuese posible en pequeños pueblos, no lo seriá en los
vastos estados.

Estos principios concluyen la necesidad de exercer los


61

pueblos su potestad legislativa por otras manos distintas
de las suyas, pero elegidas por ellos mismos; y la razon
que ha tenido el Congreso Constituyente para formar otro
compuesto de dos Cámaras, una de Representantes y otra
de Senadores. El pueblo es el orígen y el creador de todo
poder; pero no pudiendo exercer por sí mismo el Legislativo,
és este augusto Congreso el depositario de su confianza
para este ministerio.

En la amovilidad de los Representantes y Senadores no
ha procurado manifestar menos cordura este Congreso.
No hay sentimiento mas natural al hombre, que el de
extender el poder de que está revestido. Pero un hombre
transeunte en la carrera de los empleos, no puede ser
tentado con el goze de una fortuna fugitiva. Fue pues
por eso, que el Congreso Constituyente puso límites á estos
cargos.

Debe tambien reconocerse su prevision fixando á tiempos
señalados las sesiones del cuerpo Legislativo. Ha demostrado
la experiencia, y parece estar en la flaqueza natural
del hombre, que una asamblea legislativa siempre
en fatiga buscando materia á sus perpetuas deliberaciones,
nunca puede ser tan feliz que la encuentre tal, qual ella
conviene para sancionar leyes justas y proporcionadas á
las públicas necesidades. En este caso la misma multiplicidad
de leyes, que siempre se ha mirado como sintoma
de corrupcion, las desnuda de ese carácter sagrado que
comunica su importancia unida á su singularidad.

Siguiendo el plan que se habia trazado el Congreso Constituyente,
como encargado para levantar el edificio social,
procedió á la creacion del Poder Executivo. Todo quanto
puede influir á cautivar el entendimiento le habia persuadido,


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que el hombre nunca puede gozar de libertad bajo
un gobierno, donde se hallen amalgamados sobre unas manos
los dos poderes Legislativo y Executivo. En efecto:
la voluntad del que manda es entonces la suprema ley,
tanto mas rápida en su execucion, quanto es mas vivo su
propio interes. Obligado pues á dividirlo, revistió con este
alto poder á un solo Director Supremo.

Advertis aqui, ciudadanos, la sabiduría de esta medida.
En la execucion de las leyes un centro único de poder
siempre ha sido necesario para que ellas sean superiores
á todos los obstáculos. Libre entonces el magistrado supremo
de concurrentes llenos de las desconfianzas y los
zelos, que inspira una odiosa rivalidad, él sabrá conducir
al puerto el bajel del estado por entre borrascas y
precipicios. La anarquía abre la puerta á la tiranía, y la
tiranía forja los yerros de la esclavitud. La unidad del
poder previene estos inconvenientes. A su presencia desaparecen
las turbulencias; y el trono de la ley se deja ver
en todo su esplendor.

Rodeando la constitucion à este primer magistrado de una
grande dignidad y fuerza física, es como se ha propuesto
imprimir en los ánimos un respeto saludable y ponerle
en aptitud de protejer las instituciones, en que está fundada
la prosperidad del estado. Entre otras muchas atribuciones
él es el Xefe Supremo de todas las fuerzas de
mar y tierra; inspector de todos los fondos públicos; dispensador
de todos los empleos; tiene un influjo inmediato
en los tratados con las naciones extrangeras; publica
la guerra; la dirige en todo su curso; propone al Cuerpo
Legislativo proyectos, que estima convenientes á la felicidad
de la Patria; manda ejecutar todas las leyes; exâmina


63

las que de nuevo se meditan, y goza de un veto moderado.
Así és, como esta suprema magistratura tiene en sus
manos todos los resortes del gobierno; y asi es tambien,
como se halla autorizada para reprimir la audacia de los
prevaricadores, que con ultrage de las leyes procuran ser
autores de una política subversion.

Con sobrado acuerdo no quiere la constitucion, que el
Supremo Director del Estado tenga la inicìativa de las leyes,
ni menos un veto absoluto. Nada sería tan peligroso,
como el revestirlo de estas prerrogativas. ¿ Que otra cosa
produciria esa iniciativa sino tener siempre subordinado el
exercicio de la legislatura á los antojos del Executivo? Y
ese veto absoluto ¿ que nos daria por resultado, sino abrir
la puerta á la discordia; tentar al gobierno para que invada
en su totalidad lo que ya en parte le pertenecia;
y corromper los miembros que puedan oponerse à su ambicion?
Cierto és que el que tiene en sus manos las riendas
del gobierno, y que como á un centro comun llama
todas las partes de la administracion, debe conocer todas
las necesidades del estado y promover los medios que influyen
en su alivio; pero es en fuerza de estas mismas
consideraciones, que la constitucion le autoriza para proponer
proyectos conformes á su carácter, á sus costumbres,
á su presente situacion, y aun á próducir un veto moderado,
que no pasando de una simple censura es mas análogo
á la naturaleza de su poder.

A las dos instituciones sociales, de que hasta aqui hemos
hecho mencion, añadió el Congreso Constituyente una Corte
Suprema de Justicia con la investidura del poder judicial.
Razones no menos poderosas que las pasadas dieron nacimiento
á esta separacion. Un legislador y juez á un mismo


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tiempo, vendria á ser no pocas veces juez en su propia
causa. No parece sino qué en cierto modo venga
el legislador su ofensa personal, quando juzga del ultrage
inferido á su misma ley: teniendo entonces que infligir penas
contra el transgresor, se halla expuesto éste á ser víctima
de su pasion. Otra es la disposicion de un mero juez,
cuyos sentimíentos menos agitados, porque no ve insultada
ninguna de sus obras, escucha en silencio la voz de la
razon.

Por lo demás, las funciones de los que exercen este poder
se reducen á sostener con fuerza la verdad en el templo
de la justicia. A fin de que ellos sean órganos fieles
de la ley, instruyendose constantemente de su espíritu, dispone
la constìtucion, que duren en sus plazas lo que dure
su probidad de vida y buena opinion. Poderlo todo á
favor de la justicia, y no poder nada á favor de sí mismos,
es el estado en que la misma constitucion pone á estos ministros.
El texto de la ley claro y expreso és todo lo que
ellos pueden sobre el ciudadano. De este modo quedan
sin efecto los consejos peligrosos de ese amor propio, que
con interpretaciones arbitrarias aspira á capitular con la ley
y encontrar un medio aparente entre el vicio y la virtud.

Nada habria hecho el Congreso constituyente, si dividiendo
los poderes no los hubiese equilibrado de manera,
que el exercicio de cada uno se hallase contenido en sus
justos límites. Mas ó menos autoridad de la que les correspondia;
ó hubiese favorecido el desórden, ó provocado
á la insurreccion, ó consagrado la tirania. Demos por
ahora, ciudadanos, una ojeada rápida sobre la Constitucion
presente, y verémos alejados de ella estos escollos.

La facultad de formar leyes seria por lo comun llevada


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á los últimos excesos, si pudiese perder de vista que su
objeto es unir á los ciudadanos por un interes comun. Los
hombres entonces, opresores ú oprimidos, sufririan los mismos
males que en el estado de naturaleza. Advertid, ciudadanos,
la desvelada atencion del Congreso constituyente
para contrabalanzear esa facultad y prevenir todos sus abusos.
Pasemos en silencio las formalidades de la constitucion
para que tenga acceso un proyecto de ley; nada
digamos en órden á la mayoria de sufragios requerida en
su aprobacion; y fijemos la vista, así sobre el influjo de
los dos cuerpos deliberantes, como sobre él que tiene el
executivo en la formacion de la ley. Persuadido el Congreso,
que sin que esta fuese pesada en distintas balanzas,
jamás presentaria la imagen de la imparcialidad, fue
que dividió en dos cuerpos de intereses distintos por algunos
respectos ese Poder Legislativo. Una Cámara de Representantes
y un Senado son esos cuerpos encomendados
de esta augusta funcion. Leyes iniciadas en qualquiera
de ellos, discutidas en ambos, pasadas por la prueba de
la censura del Executivo, revisadas nuevamente y sancionadas
por dos tercios de sufragios; jamás podrá dudarse
que son el fruto de la reflexîon profunda, del juicio severo,
de la madurez del espíritu; y que equilibrando así los
poderes la Constitucion, purifica las leyes de todas las sugestiones
del amor propio, y aun de las pequeñas faltas
del descuido.

No seriá menos funesto á la libertad el Poder Executivo,
que el Legislativo sin equilibrio, si revistiendolo el
Congreso con la fuerza armada no hubiese tomado en la
Constitucion las medidas, que dicta la prudencia para mantener
la balanza en igualdad. Sabido és, que las leyes enmudecen


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á vista de la fuerza. Un magistrado armado
siempre es emprendedor; y de la violacion de las leyes
á la tiranía el camino es corto. Pero, ciudadanos, vivid
seguros de esta usurpacion. La fuerza fisica, que en la
paz sirve de apoyo al Executivo, se halla mitigada por
la fuerza moral que sirve de baluarte al Legislativo. Esa
confianza entera, ese amor sincero de los pueblos á unos
Representantes de su eleccion, depositarios fieles de su fortuna,
de su libertad y aun de su exîstencia; y cuya causa
personal se halla identificada con la suya: ved aquí, ciudadanos,
en lo que ella consiste. Seriá demasiada presuncion
de un Magistrado Supremo persuadirse, que en
oposicion de esta fuerza moral podia invadir impunemente
los derechos sagrados de la Legislatura. En la escuela
de todos los siglos deberia haber aprendido, que esa fuerza
moral, aunque fundada sobre las fibras blandas del
corazon y del celébro, es incontrastable; y que aspirar á
destruirla, es destruir su poder mismo. En efecto: los
pueblos no tardarian en armarse para vengar una ofensa
que mirarian como propia, y aniquilar un temerario que
intentaba construir su fortuna sobre las ruinas de la libertad.

Sin duda que la guerra puede ser la ocasion mas favorable
á ese ambicioso, para poner en práctica el desdichado
talento de no escuchar la razon, y procediendo por la via de
hecho atacar vuestra libertad. Pero entrando el Congreso
Constituyente en el corazon del hombre, y conociendo la
marcha de las pasiones, previno las consecuencias de este
paso resbaladizo. Con ese instinto de precaucion, que ha
presidido á sus deliberaciones, equilibró los pasos de la
guerra. El Congreso Soberano la medita, la ajusta, y la


67

declara: el Poder Executivo la publíca, levanta los exércitos
y los dirige. Pero aun hay mas: sin los nuevos subsidios
que ella exîge, nada hará ese ambicioso sino vanos
esfuerzos con que contentar su pasion. Su facultad se extiende
al desnudo hecho de solicitarlos; la del Congreso
á alargarle la mano con medida, y hacerle siempre sentir su
dependencia.

Quando el Congreso Constituyente autorizó al Poder Executivo
con la doble facultad de disponer de los fondos públicos,
y distribuir honores y dignidades, bien sabía lo que
ella puede en las manos de un ambicioso para ganarse aliados,
corrompiendo la virtud misma; pero tambien sabía, que
la Constitucion abria caminos para detenerlos en la carrera
de sus empresas. Contra ese principio desorganizador, que
nace, crece y se fortifica en el seno de la corrupcion, quiere
la ley fundamental que el Poder Executivo vaya enfrenado
por las reglas que establece el Legislativo en el manejo de
los caudales; y que, si es de su resorte poner empleados en
los puestos, sea tambien del de éste último acusarlos por
una Cámara, y separarlos por la otra. Así se vé, que las
desviaciones del Gobierno Supremo se hallan contenidas en
esta parte por la Constitucion, y reducido su influxo al puro
bien social.

Si analizamos mas la Constitucion, todo nos hará ver que
està trazada en justas proporciones. El Executivo celébra
los tratados con las demas naciones; el Senado los aprueba
ó rechaza segun la forma constitucional. Nada mas en el
órden de los principios, que deben regir á una nacion sábia
y zelosa de su libertad. El objeto de esos tratados es conservar
la balanza política entre sus diversos intereses y fuerzas;
es combinarlo de tal modo que ninguna potencia pueda


68

prevalecer sobre las otras, oprimirlas ó conquistarlas. La
razon clama porque el primer magistrado de la república,
cuyo destino es poner en movimiento todos los ramos de la
administracion, penetrar por sus embajadores los gabinetes
de los príncipes, y arrebatarles sus secretos: tenga una
parte muy activa en la celebracion de estos convenios; pero
se trata de la suerte del Estado, y en estos asuntos su poder
no es mas que un anillo, que enlazado con el Legislativo forman
la cadena social. La concurrencia de ambos es la que
comunica la chispa eléctrica, que dá la vida á la sociedad.

Acabando de hacer ver el equilibrio de esta ley constitucional,
llamamos vuestra atencion, ciudadanos, á la libertad
de la prensa que os franquea con generosidad. Constituido
el pueblo en tribunal censorio, puede decirse que
llegó á su perfeccion el equilibrio de los poderes, y aseguró
sus bases la libertad civil. Sin esto la verdad débil en
tiempo de vuestros tiranos no se atrevía á ver la luz, y temblando
ante los mismos que debia intimidar, merecia la
censura que debia hacer. Pero ¡ que fuerza varoníl, que
energía la de esa verdad quando con la libertad de la prensa
recobra sus derechos! ¡ Que aguijón para los buenos y que
freno para los hombres que abusan de su poder! Acordaos,
le decia á un príncipe un filósofo, que cada dia de vuestra
vida es una oja de tu historia. Ninguno hay tan inmoral y
bájo, para el que la estimacion pública no sea en el fondo
del alma un decidido objeto de su amor propio. Esta
libertad bien empleada os hará hablar con esa noble firmeza,
que el amor constante de la patria inspira á todo buen
ciudadano, y hará que se averguenzen los malvados de parecer
á la faz de vuestro tribunal.

Quando el Congreso Constituyente, equilibrando los poderes,


69

se propuso establecer la libertad sobre bases inmóviles:
sabía muy bien, que en este choque perpetuo de los
pesos daba algun alimento á las agitaciones moderadas.
No creais, ciudadanos, que ellas puedan llevarnos al seno
de la anarquía. Una libertad bien afirmada previene siempre
ese desórden social. La balanza de los poderes está
equilibrada; los derechos tienen garantía; y la licencia un
freno. Temed, sí, qua do nos vieseis (por servirnos de la expresion
de un sábio) vegetar en un reposo parecido al entorpecimiento
de un paralítico. La ambicion siempre se
aprovecha del sueño de los demas; y ella nunca duerme.

Para el final comp'emento de la constitucion, no ha omitido
el Congreso Constituyente la declaracion de esos vuestros
derechos esenciales, de que ó jamas pudisteis renunciar
sino en parte, ò que habia adulterado la corrupcion. Fue
preciso á vuestros tiranos, que cerrasen los archivos de la
naturaleza para que no pudieseis encontrar los justos títulos
de vuestra libertad, igualdad y propiedad. Ellos se os
abren á vuestra vista. Ellos borrarán de vuestra memoria
la humillante historia de vuestros antiguos ultrages. Ellos
desterrarán las preocupaciones de esos seres privilegiados,
que insultaban con su fausto vuestra miseria. Ellos deben
dar emulacion á los talentos, aplicacion al trabajo, respeto
á las costumbres. Perpetuamente respirareis en adelante
el amor al bien, á la patria, á la justicia.

De intento no ós hemos presentado hasta aqui la religion
católica, apostólica, romana, como la dominante entre
nosotros, y como la primera ley del estado. Acreditar esta
resolucion entre pechos tan religiosos, acaso lo mirariais
como ofensa y créeriais que se aplaudian vuestros representantes
de no haber cometido un delito. Dejemos ese cuidado


70

principalmente para aquelios estados, donde una criminal
filosofia pretende sostituir sus miserables lecciones á las
máximas consoladoras de un evangelio acomodado á nuestra
flaqueza. Por lo demas el Congreso constituyente ha creido,
que no eran del fuero de la ley las opiniones particulares,
que no interesan el órden público; y que el corazon
humano és un Santuario, que debe venerar desde
lejos.

Al léer la historia de las antiguas naciones: ós asombrareis,
ciudadanos, de sus disturbios y disensiones si [...] ribera.
Despues de mil debates terribles, era el último resultado
abandonar los pueblos á la suerte siempre incierta
de las armas. Mal combinados los poderes: sin una linea
fija que los demarcase: sin equilíbrio las fuerzas; nadie era
tan superior á sus flaquezas, que no le hiciesen ilusion sus
pasiones. Todo era efecto de que la política aun no habia
salido de su infancia. Las luzes de los siglos posteriores
acabaron de perfeccionarla; y todas han venido en socorro
de la constitucion, que ós presentamos. No ha cuidado
tanto el Congreso constituyente en acomodarla al clima,
á la índole y á las costumbres de los pueblos, en un
estado donde siendo tan diversos estos elementos, era imposible
encontrar el punto de su conformidad; pero sí á
los principios generales de órden, de libertad y de justicia:
que siendo de todos los lugares, de todos los tiempos,
y no estando á merced de los acasos, debian hacerla
firme é invariable.

Despues de nueve años de revolucion Ilegó por fin el momento,
ciudadanos, que tuviesemos una Constitucion. Ella
encierra los verdaderos principios del órden social; y está
dispuesta de manera, que comunicando un solo espíritu, crée


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el genio de la nacion. Las legislaturas venideras la acercarán
mas y mas á su perfeccion; y la pondrán en estado,
que pueda respetarla la mano del tiempo. Se dice
comunmente, que todas las naciones corren los periodos
de la vida hasta la decrepitud en que perecen. Nosotros
desmentirémos esta màxima, si siempre en centinela de la
constitucion hacemos, que renazca en ella la nacion misma.

Por lo que respecta à nosotros, no ambicionamos otra gloria
que la de merecer vuestras bendiciones: y que al Ieerla la
posteridad, diga llena de una dulce emocion — VED AQUI
LA CARTA DE NUESTRA LIBERTAD: ESTOS SON LOS NOMBRES
DE LOS QUE LA FORMARON, QUANDO AUN NO EXISTIAMOS,
Y LOS QUE IMPIDIERON QUE ANTES DE SABER QUE ERAMOS
HOMBRES, SUPIESEMOS QUE ERAMOS ESCLAVOS

Ciudadanos: ó renunciemos para siempre el derecho á
la felicidad; ó demos al mundo el espectàculo de la union,
de la sabiduría y de las virtudes públicas. Mirad que
el interes, de que se trata, encierra un largo por venir.
Un calendario nuevo està formado: el dia que cuente en
adelante, ha de ser ó para nuestra ignominia, ó nuestra gloria.
Dado en la Sala de las Sesiones, en Buenos-Ayres à
22 de Abril de 1819.—

Dr. Gregorio Funes—Presidente.

Ignacio Nuñes—Pro-Secretario.


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Rice University
Date: 2010-06-07
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