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La siguiente declaración fue firmada por las víctimas desafortunadas que fueron fusiladas recientemente en Tampico como su última despidida a sus amigos en los Estados Unidos.
Nosotros, los prisioneros de guerra abajo firmantes, fuimos condenados a ser fusilados el lunes 14 del corriente a las 7 A.M. por un consejo de guerra militar conforme con la costumbre establecida del país, y compuesta de oficiales del ejército mexicano, la sentencia se nos leyó e interpretó el sábado a las 4 P.M. por el Capitán Mexand [Illegible: Fanlac] de dicho ejército, como nuestras últimas palabras, nos declaramos inocentes de los cargos de haber participado en o coligado con otras personas o parte, teniendo como su objetivo la revolución o agitación de la tranquilidad del
país gobierno de México de cualquier manera, y que el testimonio dado ante la honorable corte de investigación corroborará esta declaración, los hechos, y circunstancias, siendo brevemente lo siguiente:–
Que aproximadamente 130 hombres, compuestos de americanos, franceses, y alemanes, de los cuales dos tercios eran de la primera clase mencionada (incluyendo tres que eran nativos de naciones extranjeros naturalizados) embarcaron el 6 de noviembre último a bordo la goleta americana Mary Jane; el Capitán Thall había supuestamente sido nombrado o empleado por un comité, del cual el Sr. William Christy de Nueva Orleáns era el agente, para llevar emigrantes a Texas, que en ese entonces estaba en desacuerdo con el gobierno mexicano. Esta oportunidad le permitió un pasaje gratis a muchos en situaciones económicas pecuniarias, que fue aprovechado y aceptado de buena gana. Los términos acordados eran: que sería opcional tomar las armas en defensa de Texas, que tenían la libertad de actuar como querían al atracar en la costa tejana. – Que al aprovecharse de esta oportunidad tan favorable, por consiguiente, embarcaron y el buque marchó en su viaje y nada ocurrió
para indicar que las cosas no estaba bien, como lo debían estar, hasta el 6o
día de haber salido de La Balize, aunque estaba previamente entendido que un general, con sus oficiales o personal, estaba a bordo del buque, cuyo propósito era actuar en colaboración con los tejanos y persuadirnos a unirnos a él. No recibimos, sin embargo, ningún asenso definitivo, pero la
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verdad es que – Tampico era nuestro destino y un ataque contra la ciudad era la intención, que ahora era evidente y no antes – tierra estando a la vista y el buque acercándose a ella, fue anunciado que era Tampico; que el buque de vapor, también a la vista, nos llevaría detrás; y que tomaríamos posesión de Tampico. Algunos, entusiasmados con esta arenga procediendo de la autoridad (a través de la mediación del Capitán Hawkins, uno de los asistentes) del General
MehiaRegularized:Mexía, fueron persuadidos a unirse a su bandera, pero de estos, el número no pudo haber excedido de 50,
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treinta y cinco de los cuales eran franceses y criollos de Nueva Orleáns, que, sin duda habían tenido un acuerdo previo, como eran exclusivamente privilegiados, teniendo el alcázar para ellos mismos y, por lo visto, estaban prematuramente armados. Poco después, el buque nos llevaba detrás, y todos los que podían ser embutidos abajo fueron conducidos allí hasta que el buque chocó contra el banco de arena, y poco después, contra el vapor. En este aprieto horrible, con la noche acercándose, el mar rompiéndose sobre nosotros, se hicieron esfuerzos para llegar a la costa, que, con un peligro eminente, fue efectuado sin incidentes, y todos desembarcamos durante las últimas horas de la noche y durante la madrugada del día siguiente. Un fuerte formidable se rindió sin ataque, e hicimos una fogata para secar nuestra ropa. Entonces, le repartieron armas y municiones al grupo, y nunca habiendo sido soldados, algunos probablemente los tomaron de curiosidad, otros de necesidad, y otros de compulsión; y fue afirmado y creído que ni una sola persona había conocido o conocía a más de dos entre nosotros, entonces, esto se añadió al apuro y trajín de los oficiales, que antes de poder tener un acuerdo entre nosotros, fuimos mezclados y bruscamente unidos, más como una manada o piara de cerdos que una compañía de soldados competentes de actuar como tal, particularmente contra una soldadesca entrenada regular. Alrededor de las 5 P.M. el domingo, nos formaron y alistaron para el ataque, habiendo añadido a nuestro número aproximadamente 35 a 50 ciudadanos, soldados, o adeptos, y que fueron escogidos para ver mexicanos, un número siendo prisioneros como
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nosotros, pero sin juicio hasta el momento. Sin ningún otro recurso, fuimos necesariamente obligados por razones obvios a unirnos a regañadientes al grupo, completamente determinados a no actuar en colaboración, sino de rendirnos como prisioneros de guerra, sin objeto ni intención de pelear, los abajo firmantes, por motivos de conciencia y opresión, añadieron al secuestro deshonroso o la decepción que fue utilizado hacia nosotros, escogiendo nosotros mismos lanzarnos a la clemencia y misericordia de las autoridades. Y esto es la esencia de nuestro testimonio ante la corte, pero a pesar de esto, notamos el resultado terminante, no como una muerte ignominioso, sino cristiana.
Confiando en Dios y tomando en cuenta su promesa y nuestra confianza en su misericordia, morimos como cristianos y hombres.
En este momento sólo tenemos adjudicados nueve horas, y concluimos apresuradamente pidiendo que todos que pueden oír hablar de nuestro destino no entretengan una impresión errada.
Firmada, etc.
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14 de diciembre 1835