Viaje a los Estados-Unidos Vol. 3 [Digital Version]

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Prieto, Guillermo, 1818-1897, Viaje a los Estados-Unidos Vol. 3 (Mexico: Imprenta del Comercio, Dublan y Chavez, 1877-1878)

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Title: Viaje a los Estados-Unidos Vol. 3 [Digital Version]
Author: Prieto, Guillermo, 1818-1897
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Publisher: Instituto de Investigaciones Jose Maria Luis Mora, Houston, Texas
Publication date: 2010
Identifier: m002c
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Description: Volume 3 of 3 (532 p.), illustrated, 23 cm.
Source(s): Prieto, Guillermo, 1818-1897, Viaje a los Estados-Unidos Vol. 3 (Mexico: Imprenta del Comercio, Dublan y Chavez, 1877-1878)
Source Identifier: Fondo Antiguo Biblioteca Ernesto de la Torre Villar
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Languages used in the text: Spanish
Text classification
Keywords: Getty Art & Architecture Thesaurus
  • Books
  • Travel literature
  • Memoirs
Keywords: Library of Congress Subject Headings
  • United States--Description and travel
  • United States--Social life and customs--19th century
  • United States--Civilization--19th century
  • Prieto, Guillermo, 1818-1897
  • Prieto, Guillermo, 1818-1897--Travel
  • Prieto, Guillermo, 1818-1897--Friends and associates
  • New York (N.Y.). City Council--Buildings
  • American periodicals
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  • New York (N.Y.)--Poetry
  • Lord & Taylor
  • Green-Wood Cemetery (New York, N.Y.)
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  • National characteristics, American
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  • New York (N.Y.)--Social life and customs--19th century
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  • Mississippi River
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  • Texas--History--19th century
  • Mexico
Keywords: Getty Thesaurus of Geographic Names
  • New York (inhabited place)
  • United States (nation)

Contents



VIAJE
Á LOS
ESTADOS-UNIDOS
Por FIDEL
(GUILLERMO PRIETO)
(1877)
TOMO III
MEXICO
IMPRENTA DEL COMERCIO, DE DUBLAN Y CHAVEZ
Calle de Cordobanes número 8
1878


NUEVA-YORK
(CONTINUACION)



I
City-Hall.—Plaza de Franklin.—Los periódicos.—Una cana
al aire.—El gran Mercado.—Una dedicatoria á mis
comadres.—"Grozeríes."—Los trastos.—Las carnicerías.
—Puestos.—Juguetes.—Cuanto Dios crió.—Los pollos
colgados.—Un purgante.—Hermosas vistas.—"Revalufia"
del mundo, la mar....—Una mexicana como
una flor.

QUISE hacer uso de mi varita de virtud ayer (la carta
de M. Bryant), visitando á City Hall, ó casa municipal;
pero visitándola de paso, para recoger órdenes especiales
para visitar las prisiones.

City Hall está situada al principio de lo que se llama parte
baja de la ciudad, esa parte irregular, es decir, en la frontera
de las leyendas del crímen, en los recuerdos de los pobladores
primitivos de las guerras, los grandes incendios y
los asaltos y batallas tremendas.

Corriendo sesga y magnífica la calle de Broadway que


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conocemos, y va de Sur á Norte, se desvía, ó mejor dicho,
hace campo al Oriente á una dilatadísima plaza, que así
se llamaria si no estuviera trasformada en cuatro alegres prados
tapizados de verde césped, sembrada de altísimos árboles
que la sombrean, y adornada de arbustos, flores, bancas
y fuentes de fierro.

Los tránsitos son muy anchos, de asfalto, que aquí no padece
los accidentes que le conocemos, por la sencilla razon
que no lo han sabido hacer los que lo han querido introducir
en México, sino que presenta superficies tersas, sólidas
y de perfecta elegancia.

De trecho en trecho se abren las calzadas en espaciosas
vías, dejando claros ó glorietas en que en bancas se sombrean
los ociosos; son los árbolitos de México, con la sencilla
diferencia, pero diferencia importantísima, de que en los
Estados–Unidos no hay huérfanos del presupuesto.

En el centro de los cuatro prados, y entre la frondosa arboleda,
en un claro que es por sí una plaza, se levanta City
Hall.

El edificio es de órden corintio, de atrevidas formas y de
una amplitud soberbia.

Puede decirse que el edificio se compone de tres secciones:
la fachada y dos laterales.

Descansa su frente en una extendida escalinata de mármol
que da á un pórtico saliente de robustas columnas; se
deprime y salen en seguida los baluartes ó edificios laterales,
formando el grandiosísimo conjunto. Ciñe el primer
cuerpo de esta imponente fábrica una balconería lujosísima
con sus crujías de mármol.

La masa del suntuoso palacio, la realza una elevadísima


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cúpula, impera sobre el conjunto una estatua gigantesca de
la Justicia. Pusieron á la diosa á tanta altura, acaso para que
no estorbe en sus negocios á los hombres que se agitan á
sus piés.

El edificio es de mármol y fierro.

Los arcos de que está formado, sus bóvedas y sus gruesas
paredes, lo hacen en el interior sombrío.

En esto de lo sombrío, hablando del interior de grandes
edificios y de habitaciones, no se me debe dar mucho crédito;
á mí me parece todo sombrío.

La falta del patio, quita, ó borra mejor dicho, una de las
facciones más prominentes de los edificios, y acaso tenga
más influencia de lo que á primera vista parece en las costumbres.

Los amplios corredores llenos de flores, de cuadros, de
arbustos; los extensos patios, en que se expansen los moradores
concentrándose en el hogar, acaso son más característicos
de lo que creemos.

El patio, recuerdo del serrallo y del castillo feudal, conservacion
obstinada de la individualidad autonómica de la familia,
comunica á ésta una fisonomía especial.

En la casa con patio se vive; en estos roperos de palo ó
de piedra parece que se quedan á guardar las gentes, que
realmente viven en la calle, y la calle es el tránsito de todo
el mundo, ó un gran patio que no pertenece á nadie.

Parecen hechas las casas para comer y dormir: son como
hoteles.

A mí todas esas casas me parecen hechas bajo el tema de
buques: los mismos cuartijos y encrucijadas, los mismos barandales
simétricos.


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Si fuera dable que las casas se trasportasen con una asa
en el techo, se llevarian como un canasto ó una portavianda.

La gente se enfardela; al salir se desempaca. El aire le
tiene que pedir permiso al portero.

Dejemos estas consideraciones para otra vez, que hemos
entrado á la oficina del Mayor de la ciudad.

Uno de estos irlandeses, que forman la magnífica y nunca
bastantemente elogiada policía de la ciudad, nos dijo que
el Corregidor (Mayor) habia salido; hicimos á un dependiente
de la oficina nuestro pedido y nos sirvió con suma
complacencia.

A la salida, y parado con la espalda al pórtico, pude disfrutar
la vista del Parque y sus alrededores.

City Hall, en una de sus fachadas, ve al Sur.

A mi derecha corria tempestuoso el raudal de gentes y
carruajes de Broadway, como siempre, como en riña, como
con furia, como urgidos por la inundacion y espoleados por
la llama. Los que cruzan se ven como algo que se parece á
la insurreccion y á la locura, y azotarse contra las esquinas
los piés derechos de los faroles, los pinos que sostienen los
alambres telegráficos y que vienen desde la Noruega.

Al frente, y sin simétrica proporcion, se asienta el Correo,
que ya hemos descrito, como una inmensa Catedral.

A la izquierda, quebrándose é interrumpiéndose en la
desproporcion más accidentada, como las hojas sueltas de
biombos de distintos tamaños, queriendo formar semicírculo,
se ven los alcázares que tiene el arte de Guttemberg y
forman la plaza de la prensa, presidida por la estatua de
Franklin.


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El Sol, El Mundo, El Tiempo, todos los atletas están allí
de pié y como sobre las armas, sobresaliendo La Tribuna,
edificio que compite en altura con los demás, y cuya torre
descuella, como llevando al espacio la noticia del tiempo, su
reloj magnífico.

Si una plaza sola de nuestra ciudad, la pudiéramos rodear
de nuestros templos más elevados como Catedral, la
Profesa, San Francisco, Santo Domingo, Minería, tendriamos
acaso idea de las alturas de los edificios de City Hall
en su conjunto.

La plaza de Franklin está cruzada por una parrilla de rieles,
que conduce como rios los wagones á Broadway, retrocediendo
para perderse en distintas direcciones.

Antes de regresar de mi paseo, me detuve ante la estatua
de Franklin, para tributarle mis homenajes de respeto.

Es hermosa y despierta ideas sublimes una montaña cubierta
de nieves eternas; es augusta la contemplacion de un
templo; pero es para mí como el más grandioso espectáculo
la presencia de un hombre recto que ha consagrado su
existencia al bien. Franklin es de esos astros que convierten
en sublime el horizonte de la grandeza humana.

Nació el legislador del rayo en 1706, cerca de Boston, de
padres tan humildes, que el comercio de velas y jabon á
que estaban dedicados, apénas les daba para subsistir.

En sus primeros años se hizo Franklin impresor, alternando
con su trabajo los estudios en que conquistó tan alto
puesto en la inmortalidad.

Sabio, moralista eminente, patriota esclarecido, Franklin,
como Washington, Hamilton y otros, es una de esas columnas


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de granito en que descansa la verdadera gloria del pueblo
americano.

Ahora sí que voy á soltar la cana al aire; estoy de paseo
y me acompañará á mi excursion una mexicana; esto es, llevaré
á la patria del brazo á dar una vueltecita por los mercados.

Ya columbramos el otro dia los Mercados de Washington
y Fulton; pero fué por fuera, como quien dice, y sin
tiempo para imponerse de cuál es la clueca y la ponedera,
y cuál el barracan y el señor de los anillos.

Se me va á despedazar el corazon con los recuerdos de
mis comadres. Voy á apurar un verdadero cáliz de amargura,
porque no me ciega la pasion; pero al mercado van
las hembras con sartenes y canastos y los chicos van tras ellas
ardiendo como unos diablos
. Vamos al mercado.

Bien visto, aquí no se necesita mucho del mercado: á cada
dos pasos se encuentra uno entre tiendas de ropa, mercerías
y hoteles, una carnicería con sus percheros á la calle,
con carneros tamaños de gordos. Y á propósito, vdes. me
van á perdonar el lenguaje de esta parte del mercado, porque
lo dedico á las mujeres pobres de mi tierra (aquí en la
oreja se los diré).... ya no se los digo: pus bueno, á ellas
se los dedico con sus riquilorios, y su puntuacion y sus granitos
de ajonjolí.

Las Grozeries á derechas son tiendas del tlaco de la manteca,
ó cuantimás, tiendas mestizas; aquí todo es papel y todas
son cajitas y todo es guante, digámoslo así, pus parece
otra cosa.


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Los efectos están al granel, nada de mostrador; cajitas por
allí, y sartas de sombreros ó zapatos por el otro lado: no es
mentira, hasta en medio de la banqueta. Eso sí, allí se encuentra
un cristiano cuanto Dios crió, todo al estilo de éstos.

María Santísima! qué de botes y cajitas como una condenacion!
Pues como iba yo diciendo, hay frijoles, y garbanzos,
cebollas, pikles: ¿saben vdes. que es eso? Son encurtidos,
como los chilitos en vinagre; pero como están entre
vidrieras, se dan tono.

Poco le inteligen éstos á las cazuelas y las ollas; todo
es fierro: de más á más, éstos no entienden de una taza de
caldo para abrigar el estómago; se lo abrigan con un pedazo
de toro, que les va embistiendo por allá dentro.

Y vean vdes.: no desdeñan éstos la hoja de lata, bien
que les cuadra para las coladoras, que ni de léjos pueden
acabalarle á nuestros cedazos, ni á los rayos en que se raspa
el coco. ¡Qué coco! como no saben de dulces.... para
éstos, todo el dulce se les va en pinturas: los postres son como
quien se come una tlapalería.

Hablando con verdad, la mayor parte de los trastos no
los entiendo, parece que están en inglés, mala la comparacion.
De platos, no crea vd. que gastan muchos. Me temo
que un dia inventen un sombrero que les sirva de todo y
para todo. Ellos cogen, en estas almuercerías del mercado,
tomates, echan mantequilla, despues sal, despues vinagre,
despues aceite, despues melaza.... y ese es un guiso, que
se engullen en los vivos aires; pero, no es mentira, sorbiéndose
trozos que no caben en las dos manos, y se van
limpiando los dedos con un papel ó contra la puerta, diciendo
oll right, como tres claveles.


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Las carnicerías dan gusto, siempre están albeando y ni
pizca se trasciende del mal olor; sacan con sus cuchillos unas
tiritas como listones, unas lonjas como pliegos de papel, y
¡qué carne! deliciosa! eso sí que no se puede negar. Sobre
ella caen chorritos de agua que es un primor.

Todo eso es chistoso: las naranjas están muy empapeladas
en sus cajitas; las cerezas en unas canastillas preciosas, lo mismo
que las fresas.... ¡y qué tono de las manzanas! y qué
garbo de los limones! y qué aquello de las piñas tan forliponas
y haciendo fortuna!.... con decir que los cacahuates
andan en coche, ya se dijo todo!

No digan vdes. que los dejo con la palabra en la boca;
pero vuelvo en ménos que canta un gallo.

Estando en la calle con mi amabilísima paisana, que se llama
Adela, y es como un grano de oro, empezamos con—
"¿A dónde vamos?" y —"A donde vd. determine."

—¿Vd. quiere ir al Mercado?

—Por supuesto, y no quiero Mercado Catherine, aunque
dicen que tiene 242 casillas ó tiendas, ni el Centre que cuenta
348, ni Clinton, ni Esse, porque todos son de poco más
ó ménos.

—Iremos al de Fulton, me dijo la amable señorita; me
han dicho que se edificó en 1821 y que importó la obra
220,000 pesos.

—Yo quiero ver el Mercado de Washington, que es el
de más nombradía; aquí llevo las apuntaciones de lo que
dice mi querido Antonio Bachiller respecto á él.

El Mercado de Washington es propiamente el conjunto
de dos mercados, que tienen 1,772 casillas, ó como si dijéramos,
tiendas y puestos.


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En cuanto á lo que en ese mercado y el de Fulton cabe
y se consume, es para alabar á Dios: figure vd. lo que dicen
los libritos que tratan de esto: 70,000 reses vacunas
por semana; 3,000 carneros; 20,000 cerdos, y otros animales
que próximamente ascienden á tres millones. Las aves
se calculan en 6.000,000 y los huevos en 10.000,000 al
mes.

Se calcula que se venden diariamente 7,000 pesos de papas
y 5,000 de granos. En 2.500,000 pesos se valúa la
venta anual de manzanas; peras, 100,000 pesos; 200,000
melocotones; fresas, 600,000. El monto de las frutas importadas,
como piñas, cocos, naranjas, etc., etc., ascendió á
1.250,000!!!

Pero adviertan los lectores que todo es aparte de trescientos
mercados privados en que hay lo propio que en estos
mercados grandes, y no se lleva cuenta porque eso seria
cosa de nunca acabar.

Sigamos con el paseo al Mercado.

La parte exterior son aceras, con sus cortinas cada puesto
para defenderse del sol.

Cada puesto desparpaja y como que pone en las manos
de los que pasan los artículos que contiene, sin contar con
que á cada dos pasos se hunde el suelo y se percibe desde
afuera que brotan por aquellas trampas, los zapatos, y los
sombreros, y los trastos de hoja de lata, y los fardos, como
de otros tantos manantiales.

Los juguetes, sobre todo, tienen gran boga, y llueven los
carritos, carretelas y carretones, desde para dormir al recien
nacido, hasta perniquebrar al muchacho travieso.

Y todo esto se va viendo miéntras el tumulto de la calle


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está en su apogeo con los transeuntes y con que cada carro
es un puesto que lleva andando una colina de zanahorias,
un campo de ejotes, un camellon de cebollas, y borregos y
becerros que se denuncian con unos balidos y berridos que
se meten por el alma.

A medida que se penetra, se van extendiendo en hileras
interminables los mostradores, que tienen en grupos cenefas
y bambalinas de jamones, y esto es como una cuadra, y
lo mismo quesos y mantequillas que forman calles, como
quien anda por una ciudad de jamon y otra de mantequillas
y quesos.

Entrase al recinto ó ciudad interior, y en grandes mostradores
forrados de zinc, con mangas que derraman leves
corrientes de agua purísima, entre trozos de hielo, allí están
los pescados, es decir, un mar de pega. Desde unas béstias
que asustan por su grandeza, sus bocazas pazguatas y sus
ojos empañados, hasta pescadillos que parecen de chanza
y pueden servir como de cañuteros.

En esta seccion están esas ranas medio peladas que calosfrian,
esas jaivas que parecen raíces, esas culebras, esos
engendros raros del agua, que no sé cómo hay pícaros que
se los engullen; y esas inmensas tortugas bocarriba, bolsudas,
con sus cuellos cortos, sus manos como aletas, sus ojos
pequeños como rendijas, su cabeza aplastada de víbora.

Las carnes ocupan sendas calles en percheros que suben
al cielo, porque se trata de un edificio altísimo; los mostradores
están forrados de zinc; los carniceros, sin el delantal,
pudieran estar sentados en una tertulia de buen tono.

Cada seccion del buey y del carnero están expuestas con
suma coquetería, como quien dice: "cómeme."


15

Lo que se llama menudo, me parecieron sobre un mostrador
piezas de muselina y de encajes.

En esa seccion, y como se cuelgan los mundos de oblea
en nuestras funciones, como formando adornos y nublando
el aire, graduados como de quinqués y de candiles, formando
como bosques por allá arriba, están los pollos y guajolotes
pelados, suspendidos de las patas y sus cuellos colgando.
Es una nublazon de guajolotes y de pollos.

Al centro, en extensísimo cuadrado, hay verdaderas tiendas
de semillas á pedir de boca, y entre cristales; de suerte
que se les saluda con cierto aquello, y como á novios en la
iglesia, al frijolito pinto, blanco, y al gordo, á los garbanzos
que están en minoría, y las lentejas y las habas que apénas
chistan.

Adela, con mucha oportunidad y buen juicio, me iba instruyendo.

—De esos limones se hace mucho consumo y son muy
baratos; con aquellas como tijeras de palo se exprimen;
tiene una media esfera la tijera en un extremo, que da sobre
el huequecito que con su coladera está en la otra; se
aprieta, y sale hasta la última gota de jugo.

Aquellos pollitos que parecieron á vd. pichones, continuaba,
son pollos de primavera de que se hace mucho consumo
en este tiempo.

El pollo, lo mismo que el guajolote, se vende por libras, á
quince centavos la libra. Esto tiene sus variaciones.

Esa yerba es chicoria; con esa se da color al café, que en
general no es bueno, es una yerba amarga.

Los camotes son carísimos, la gente pobre casi nunca los
come.


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La manteca se vende derretida ó en banda, esto es, adherida
á la piel del cerdo.

Esos como moldes de palo en que paró vd. la atencion,
son para dar formas elegantes y realzar figuras en la mantequilla.

Esas como cucharas de alambre son para batir huevo; y
hay otras maquinitas, pero son más caras.

En el centro de la plaza hay sus fondas pequeñas para
lunche, ó como quien dice, pistos; pero no hay licores.

Habrá vd. notado que no hay trastos de barro, todo es
fierro ú hoja de lata. La hoja de lata es baratísima.

Ese es ruibarbo.

—Adela.... no me lo miente vd., no me lo miente, porque
con eso rellenan sus paids estos herejes, y me han costado
muy caro. Eso en cualquiera parte es un purgante indecente.

—En efecto, usan esa yerba en sus pasteles.

Yo me salí para penetrar en una especie de rinconada
que da á la calle, y á donde penetran los carros.

Allí están los grandes almacenes de papa, de fresas, de
todos los granos, y aquellos encierran inmensas riquezas.

Yo estaba aturdido, rompiendo olas de gente, haciendo
rodar canastos, metiéndome en encrucijadas de barriles y
tercios: salí no sé por dónde, y alcé la vista.

Estaba á la orilla de la inmensa bahía, que es un mar en
que se pueden dar cita todas las embarcaciones del mundo;
junto de mí se mecian esos alcázares de las aguas, formando
bosques sus palos y cordajes, saludando sus banderas de
todos los países de la tierra.

Monstruos acuáticos, viajeros del abismo; unos, como


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animales desconocidos; los otros, como aves abriendo las
alas de sus blancas velas.

A lo léjos, y como saliendo del mar, las arboledas, las cúpúlas,
el caserío, las torres como barcos más gigantescos,
como si anduvieran sobre las olas; en un extremo Broklyn;
en el otro las colinas y campiñas de New–Jersey; al frente,
los fuertes con sus monstruos de bronce, como bostezando
á la orilla de las aguas.

La mano ejercitada de los conocedores, señala al rededor
de aquel mercado los buques que contienen los efectos que
producen afanosos los Estados del Oeste, que son granos,
harinas, carnes saladas, madera de construccion, verduras y
flores.

Más adelante se ve descargando su plomo el Missouri;
el Lago Superior su cobre; Virginia y Mariland agitan como
palmas sus hojas de tabaco, en competencia con los gigantes
del Kentuky.

La Nueva Inglaterra hace alarde en el muelle de sus pescaderías
y sus manufacturas; Pensylvania, titánica, espera
que se acerquen á sus naves los mercaderes por su carbon
y su fierro; los Estados del Sur ofrecen en el altar de los
cambios, como prenda de reconciliacion, su algodon y su
arroz; y California deja caer á los piés de la metrópoli del
cambio, sus vinos, su oro y sus millones de plata.

Nueva–York, como en medio de una corte de soberanos,
recibe esos productos y esparce en cambio susf rutas, los vinos
de la Francia, el café del Rio Janeiro ó de Java, el azúcar
y las frutas de la Florida y de la Habana, el thé de China y
del Japon, venido de San Francisco, las lanas de la Plata y
Australia, los tejidos de Europa y los perfumes de la India.


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El estúpido proteccionismo americano tiene una derrota
contínua con ese espectáculo de los cambios.

Adela estaba satisfecha de verme tan pregunton y tan
entrometido. Yo no sé cómo explicar á tan distinguida señorita
mi gratitud.

¡Con qué sencillez, con qué buen juicio y con qué gracia
me hacia sus explicaciones: yo hubiera querido que todo el
mundo la oyera, y cuando todos los yankees estuvieran
abriendo la boca, ponerle un rótulo en la frente que dijera:
"Esta chicuela es mexicana.... y una de las que hay á
cientos en mi tierra, que desparraman la sal!"....

Despues que salimos del Mercado, y andando por las calles,
me decia:

—Ya vd. ve: en nuestra tierra (y ese "nuestra tierra" me
sabia á cielo), se critica y se pone en ridículo al que anuncia
su comercio con un objeto de él; por ejemplo, una penca
de maguey en una pulquería. Aquí todo es de bulto: el
relojero, el fabricante de sombrillas, el zapatero, todos ponen
como rótulos, sombrillas, sombreros y zapatos; y hasta caballos
enjaezados, los carroceros y talabarteros.

—Hay ciertas señales ú objetos que son de convencion
general. ¿Recuerda vd.?

—Sí, señor, recuerdo. Esas astas ó morillos con listas
azules, encarnadas y blancas, son de las barberías ó peluquerías....
Cuando vea vd. un almirez monstruoso colocado
sobre una puerta, ni que preguntar: esa es botica.

En las calles, sobre las banquetas, interrumpiendo el paso,
hay muñecos desastrados de la talla humana. Ya es un
indio comanche, ya un negrito que parece que le va á saltar
á vd. al cuello, ya un inglés con tanta panza, ya un chino


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con bigotazos que barren el suelo: ya me sé que son tabaquerías.

Entre las muestras, siguió Adela, no me negará vd. que
son primorosos esos vestidos de papel que visten los figurines,
y que imitan perfectamente la muselina y la seda, con la
ventaja de ser tan exactas las proporciones del vestido, que
pudieran servir de patrones.

Eso es precioso: en cambio, nada más soso y más sin
gracia que las muestras de las tabernas ó bar–rooms, sea que
representen vasos colorados rebosando espuma, como la cabellera
cana, como un viejo frenético, y su número cinco en
el centro; sea que tenga la muestra la figura de un payaso
con las piernas abiertas, sacando tamaños dientes.



II
La gran tienda de Stward en Broadway.—Lord y Taylor.—
Ropa hecha.—Ropa-vejeros.—El Cementerio de Greenwood.
—Un romance.

YA que tuvo el lector la paciencia de acompañarme al
Mercado; ya que fué tan complaciente que no se asustó
con su nomenclatura y sus detalles, demos por vía de
descanso una ojeada á establecimientos de otro género. Las
tiendas de ropa, por ejemplo, y los depósitos de ropa hecha.

Entre los primeras descuella sin rival la tienda de Stward,
que es aquel grande edificio que distinguimos en Broadway,
de cristales, fierro y mármol, ocupando una manzana entera
sus columnas, sus pórticos, sus hileras de arcos con ventanas
rasgadas, y su magnificencia indescribible.

En el interior forman calles las armazones y mostradores
con sus asientos de trecho en trecho, de la forma de los


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asientos redondos y giratorios que se usan frente á los pianos.

Centenares de dependientes por la parte exterior de los
mostradores, sirven á la concurrencia inmensa y de exquisita
elegancia que se agolpa á la tienda, y entra y sale por
las muchas puertas que tiene á todos los vientos.

Hay departamentos enteros servidos por jóvenes, en
quienes compite la educacion finísima, con la hermosura.

En el centro de las calles de estantes y mostradores, se
abre una rotonda espaciosa cubierta de cristales, que derrama
su luz vertical sobre los cinco anillos de los pisos, cada
cual con sus columnas y barandales elegantes.

Cuando se contempla ese centro, que es como un teatro
ó como un templo; cuando se está bajo la atrevida cúpula
de fierro y vidrieras, se confiesa sin embozo que aquel es el
primer establecimiento del mundo en su género.

Las calles paralelas de esta alcaicería de cristales, porque
así la quiero llamar para inteligencia de México, cada una
tiene en su calle especialidad para las ventas.

En una calle solo se venden casimires, paños y lienzos
para vestidos de caballeros.

En otra calle ó seccion hay tan solo tápalos en que compiten
la cachemira, la seda con bordados, los chales, capotas,
albornoces y capas.

Más adelante, en una seccion servida por señoras, caen
en los mostradores á raudales, listones, cintas, encajes, sedas,
botones, broches, embutidos y los accesorios todos del
trage femenil.

Como entre nubes se percibe la concurrencia, en una esquina
en que las blondas impalpables, el punto levísimo, las


23

gasas que parecen desvanecerse en el aire, alzan su vuelo.

Blanquea la lencería, duermen los terciopelos, se inclina
uno bajo los gorrillos buscando un rostro de ángel escondido
entre las sedas, listones, encajes y flores.

De los barandales de los balcones del inmenso salon circular
penden telas de inestimable valor, alfombras persas,
remedos fantásticos de gibelinos y cachemiras, de las que
un tápalo solo tiene el valor de cinco mil pesos.

Los dependientes se cuentan por cientos, la realizacion
por miles, el capital por millones.

La materializacion de todos los ensueños, la complacencia
de todos los caprichos, la satisfaccion de todas las necesidades,
están contenidas allí; la pompa de la jóven, la impertinencia
de la vieja, el abrigo del anciano, el chiqueo del
niño.

Despues de celebrada cada venta, el dependiente que la
verifica da un signo, y el dinero se paga al cajero que concentra
la contabilidad, lo que hace que cada dependiente
asuma la responsabilidad de sus operaciones, que se establezca
la emulacion y que el balance pueda hacerse momento
á momento. Este mecanismo es lo propio en cada seccion.

Es notable que muchas veces, con su cuenta de pago,
atraviesen la multitud las personas, á hacer su exhibicion,
con una religiosidad que admira é infunde respeto por la moralidad
de estas gentes.

En ese particular, y aunque esta sea una divagacion, poco
hay que sea comparable con lo que aquí se ve.

En las cajas de los correos que están al pié de los faroles
de las calles, no caben los periódicos; eso no importa, la


24

gente los amontona, sellados y listos por la parte exterior,
sin que nadie se atreva á tocarlos.

En los ómnibus, hay cajitas en que el público mismo deposita
el dinero, y no se da caso de reclamo porque la negligencia
ó la malicia se sustraigan al pago. Yo he visto á
un muchacho encontrarse un guante en una banqueta, en
la plaza de Union Square. Vagó el chico con el guante en la
mano, no halló á su dueño y lo clavó con un alfiler á un árbol,
donde vino á recogerlo una señora despues de media
hora.... Por supuesto que hay sus rateros.... pero....
no se quebranta con jactancia el sétimo mandamiento.

Despues del establecimiento de Stward, debe mencionarse
el de Lord y Taylor.

Se dignó mostrarme esa tienda el Sr. Delmote, nativo
de la Habana, con singular cortesía.

Lo que llaman el bassement ó subterráneo, son amplísimos
salones con robustas columnas. Están los salones, aun
á la mitad del dia, iluminados por gas.

Allí ví en mamparas encuadernadas como libros, las muestras
de los hules para el suelo; allí camas de primavera con
una tela de alambre como colchon de verano; allí camas á
dos pesos, formadas de tablitas flexibles y mullidas como
plumas.

Se asciende por elevador á los varios pisos del edificio.

Uno de estos pisos está reservado á corsés de todas las
formas, listos para recibir hasta las confidencias de un esqueleto
y trasformar las momias en beldades.

Hay por centenares crinolinas, tontillos y cosas que figuran
como perfecciones y presentan allí su triste realidad.

El departamento superior lo ocupan los muebles, con sillones


25

que ponen en olvido las fatigas, tocadores que adulan,
lechos que hacen cerrar voluptuosamente los ojos, de
dulce y apacible sueño.

En los establecimientos de ropa hecha y sastrerías para
hombres, se deja entender que hay muros de chalecos, torres
de pantalones y montañas de levitas. Vease si no, la
sastrería de Deblin y Ca., y la de Brooks.

Son como la contrapartida de tanto lujo, como la caricatura
de tan deslumbradoras grandezas, como la carcajada
homérica de esas manifestaciones de opulencia, las roperías
ó establecimientos de segunda mano (Second Hand).

Aquello sí que es gresca; es, como quien dice, las casas
de inválidos de la ropa.

Se anuncian las crinolinas suspendidas á las puertas haciendo
la rueda, abiertos de brazos sacos y levitas, moviéndose
cancaneros los pantalones, y los sombreros de los dandys
y los gorrillos de las ladys gesticulando, con el pelo raido,
con las plumas tiñosas y como mojadas.

Esa segunda mano es la charlatanería del trapo, el cinismo
del forro humano, pero á la vez la chanza y el fraude,
el panteon y la orgía....

Es un meeting de viejos verdes contando sus aventuras.

Y no solo son vestidos, sino que figuran en el pandemonium,
anteojos y soguillas, guantes y anillos, cruces y relicarios
con todo y retrato, anteojos de teatro y libros hasta
por un centavo....

Hé ahí la filosofía hecha trapo, el amor enseñando el cobre,
la gloria ántes de envolver botones, el desengaño en
su expresion más grotesca.... Y sin embargo, esos despojos


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reaparecerán sobre las formas humanas..... como
nuevos.

Los ropa–vejeros no son desconocidos en ninguna parte;
cada tienda de empeño en México, es un establecimiento
semejante á los descritos. Pero la dedicación á la segunda
mano
, la especificacion del tráfico, es lo que llamó mi atencion
en Nueva–York. Este tráfico es especialmente de los
judíos.

Habia diferido mi visita al Cementerio de Greenwood:
las disposiciones de mi espíritu han sido tales, los dolores
que he apurado tan acerbos, que sentia miedo de una entrevista
con la muerte.

Sin embargo, la fama que disfruta el Cementerio es tal,
que fué necesario resolverme á una excursion á Broklyn,
lugar en que está situada la maravilla del descanso eterno.

Era un domingo: apénas salió la luz, cuando atravesé solitario
las calles silenciosas, como si hubiese sido abandonada
la ciudad en la noche: dirigíme por el embarcadero de
Hamilton, atravesé el rio, entré en un wagon, y héme, al
doblar una calle, á la entrada del Cementerio.

Es un gran pórtico compuesto de una magnífica portada
gótica, con dos edificios laterales del mismo órden.

Las puertas y sus agudos remates, las verjas y las alturas
cónicas con primorosas molduras, constituyen por sí una
augusta belleza.

Si fuera posible colocarse en una altura que dominase el
conjunto, la impresion seria extraña y grandiosa.

Veríase en terreno extraordinariamente accidentado, un



[Figure] VIAJE DE FIDEL.

Vista N. del Cementerio
DE GREN–WOOD.



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inmenso parque sembrado de arboledas gigantescas y sombrías,
con sus eminencias, con sus laderas que forman como
escalones, con sus cuencas y bajíos, que se tienden en apacibles
vegas y duermen cristalinas fuentes de monótono y
triste murmurar.

El terreno, donde no lo cruzan las anchas calzadas de asfalto
ó arena, está alfombrado de verde césped, cuidado con
tal esmero y pulido con tan exquisita diligencia, que se distingue
aterciopelado y luminoso donde los llenos de la luz le
bañan y donde rompen los rayos del sol las sombras que
dibujan en el suelo, la forma y los trémulos follajes de los
árboles.

El parque; austero, pero de sorprendente hermosura, está
cortado por calles y avenidas; pero no como una ciudad, sino
como el panteon de una ciudad.

Es á su vez el Cementerio una como poblacion de granito
y de mármol; un bosque de pirámides y de columnas,
como si la piedra floreciese; una petrificacion de séres humanos,
inmóviles, llenos de majestad: tales se presentan arcángeles
y estatuas en aquel cortejo silencioso de la muerte.

En cada paso se presenta un aspecto nuevo de aquella
mansion silenciosa é imponente.

En aquella sucesion de hondonadas y colinas, ya tiene
uno á sus piés templetes, obeliscos y pórticos, ya en gradacion
ascienden como por fajas entre los árboles, grandiosos
monumentos coronados en sus alturas por guerreros, por
mujeres, con los brazos extendidos, con arcángeles prontos
á emprender su vuelo.

A la entrada se toma un carruaje que por veinticinco centavos
hace la excursion del Cementerio. El conductor tiene


28

la obligacion de ir haciendo notar al viajero los sepulcros y
monumentos más célebres. Hace su oficio el cicerone como
de rutina, con su voz indiferente y sin acentuacion, como automática.

El coche avanza rodando sordamente; se detiene á cada
instante el cicerone, pronuncia un nombre y da lugar á la
meditacion.

Aquella luz que intensa reverbera para alumbrar la nada;
aquel silencio que es por sí una pompa; aquellas aguas que
remedan á lo léjos la plegaria, y aquella grandiosidad de
monumentos, producen una impresion única y sublime.

A la entrada tomó el guía el rumbo sur del Cementerio:
las losas de mármol del suelo, como que repercutian acentos
de otros mundos; era la palabra muerta tambien en un
idioma extraño, el clamor perdido de la nada.

De repente, como una ráfaga de luz, iluminaba mi memoria
un nombre.... era el de Morse, el inventor del telégrafo,
que vive en espíritu, conduciendo la palabra al través del
espacio y por el fondo del mar.

Su monumento es soberbio; son las fases cóncavas de una
pirámide triangular.

En la portada de un monumento que no pude distinguir
con propiedad, habia un grupo magnífico.

Era un ángel arrancando á un niño de los peligros de la
vida, pronto á levantar el vuelo con él; era la salvacion y
la felicidad; pero á los piés del ángel, arrodillada y loca de
dolor, con el cabello esparcido, la garganta henchida de sollozos,
los ojos sin luz, pero con lágrimas, como que pretende
detener al ángel, como que es mortal, y como que á una
madre nada consuela de la muerte de un hijo.


29

Apéeme del carruaje y seguí á pié mi camino; quedaba
por momentos el sendero que recorria, solitario, poblado de
mármoles, sin más ruido que el de mis pasos, que parecian
ecos que venian de la region de las eternas sombras.

Gorchatz, el compañero de Talberg y de Litz, descansa
allí; la Europa lo admiró mucho tiempo, vibraban en los salones
sus notas voluptuosas, fomentando el arrebato del baile....
ni un suspiro de sus delicadas concepciones, ni un
rumor de sus cantos deliciosos.

Pero, ¡singular supervivencia del talento! aquel, como
otros nombres, resonaban en todos los labios; era como la
sustraccion de la muerte, como un triunfo del olvido su
mencion.

Entre otros monumentos relucientes como de nieve, estaba
uno que todo viajero menciona y en el que todos se
detienen á pagar un tributo de ternura: recuerda los bomberos.
Quien dice bombero, dice el atleta que lucha contra
la llama, el que profesa la religion del bien y del amor,
arrostrando temerario el peligro. Bombero es sinónimo de
salvador.

¿Quién no ha visto á estos héroes, en medio de los horrores
del incendio, cruzar entre el humo, abalanzarse al muro
que se derriba, colgarse de la soga que va á salvar un náufrago
de la vida, envuelto en el martirio?

Se prodiga la existencia, se lucha brazo á brazo con el
más feroz de los elementos; y si se restituye un padre á una
familia; si se reintegra el hogar; si la alegría se reconcilia
con aquellas víctimas, entónces, la recompensa es ese espectáculo
de ventura que llena y alumbra el alma con luz divina.


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El monumento recuerda un bombero que colocó un niño
sobre su pecho: el bombero se dejó caer de espaldas, despedazándose,
pero salvando al niño.

La gratitud pública repite ese tradicional episodio: cuando
humeaba la piedra, cuando las víboras de fuego ceñian
el edificio haciéndolo bambolear como ébrio; cuando
se hundian con estrépito los techos, y los gemidos cruzaban
el viento, y los alaridos de angustia y dolor hacian temblar
la ciudad entera; cuando este espectáculo de destruccion se
enseñoreaba y sobrecogia de espanto, se notó en las alturas
de un edificio un niño que corria en las citarillas salientes á
la calle, próximo á perecer, tan rubio, tan hermoso, tan delicado....
Uno de los bomberos lo percibe.... no vacila un instante,
escala, se encarama, las piedras que se desmoronan esperan
que pase para caer.... parece que le hace paso la llama....
desparece entre el humo.... la ansiedad por su vida
es mortal.... el humo se disipa; él aparece en la altura con
el niño en los brazos.... una ráfaga de felicidad iluminó las
almas.... el descenso comienza.... va descendiendo entre
una granizada de piedras, de cristales despedazados, de plomo
y hierro fundido.... hubo un momento en que el tránsito
fué imposible.... faltaba piso, la ceja de pared que
sustentaba al héroe, se desgranaba.... el niño veia absorto
á su salvador, le tenia abrazado su cuello.... la muerte era
indefectible: todos llevaron las manos á sus ojos para no presenciar
la horrible catástrofe.... entónces el bombero cogió
al niño, lo acomodó sobre su pecho, como en una cuna, puso
en hueco sus brazos para defenderlo, y se precipitó de
espaldas desde la inmensa altura.... haciendo que de sobre
su cuerpo despedazado se quitase al niño, sano y salvo....


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El hecho es de aquellos que son gloria y orgullo de la humanidad.
El monumento de los bomberos es hermoso, y es
hermoso porque motiva la eterna ovacion que justamente
se rinde á esa institucion sublime.

El monumento consiste en una columna piramidal que
descansa en un macizo pedestal de mármol, con planchas de
granito. El bombero tiene una expresion sublime. Uno
de sus brazos rodea al niño, defendiéndole de la llama; en
la otra tiene la trompeta que distingue al bombero, y cuelga
á su lado una linterna. Sobre las cuatro pilastras de otro
monumento, se extiende una pequeña bóveda, y en ella hay
figuras alusivas al Cuerpo de Bomberos.

Siempre siguiendo entre lápidas, obeliscos, estatuas y pirámides,
me detuve á leer el epitafio de un bravo marino,
que él propio construyó su sepulcro y lo tuvo en espectativa
de su mansion, diez y ocho años.

El monumento de la jóven Carlota Canda, es una grandeza
de Greenwood; es casi un templo ceñido con su balaustrada
de fierro y custodiado por ángeles.

La jóven á quien se dedica el monumento, tenia diez y
siete años; las gracias coronaban su frente; la felicidad tendia
á sus piés alfombras de flores.

Regresaba de un baile con su padre y una amiga. En el
baile habia sido el rayo de sol, el canto de jilguero, el celaje
de oro de la reunion.

Detúvose el carruaje que la conducia cerca de Broadway:
el padre descendió á dejar á la amiga; el cochero dejó el
pescante; cayeron las riendas; los caballos, desbocados, azotaron
el coche contra una esquina; la niña cayó al suelo despedazándose
el cráneo.


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En medio de la magnificencia de este monumento, se oye
gemir á la piedra, se ve llorar el mármol; el dolor paternal
se ve extendido en aquel refinamiento artístico.... es una
novedad del dolor; martiriza aquella riqueza.

En el gran Cementerio, muy particularmente en los escalones
superiores de las altas columnas, se ven puertas de
granito, tan misteriosas y severas, que son propiamente pórticos
de las sombras, puertas de recepcion de la eterna noche.

Esas puertas conducen á subterráneos en que se conservan
en lechos de mármol los cadáveres perfectamente embalsamados
y en sus cajones, que tienen una ventanilla de
cristales por donde asoma el muerto. A aquellos subterráneos
alumbrados con gas, que se modifica segun la voluntad,
suelen concurrir familias á platicar con sus muertos....

Los lotes del Cementerio cuestan, en general, cuatrocientos
pesos; pero la Compañía que dirige el establecimiento,
ha hecho donacion de un trecho espacioso de terreno para
que se sepulten los niños pobres, y así se verifica en efecto.

Nada de monumentos ni inscripciones, ningun indicio de
la vanidad humana en esa seccion del Cementerio. Lecho
comun de musgo, mortaja de césped humilde, algunas flores.
Y sin embargo, la ternura maternal, esa glorificacion del
amor, ese heroismo oscuro de la abnegacion, se encarga de
comunicar encanto indecible á este lugar.

La vida que se extingue al nacer; la llama que espira al
encenderse, iluminando el borde de cristal de la infancia, que
unió su cuna á su tumba; la sonrisa y el gemido en un mismo
estremecimiento del labio; la mirada y la lágrima.

En el agrupamiento de las escasas flores; en el conato de


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coronita medio deshojada y puesta con esmero, como si al
través de la tierra sintiese la madre el cútis de la frente del
niño.

Con cristales y cuentas de vidrio, con fragmentos anónimos
de objetos relucientes, ha hecho, sobre aquellos montoncitos
de tierra, nichos el amor, y bajo de ellos están los
juguetes de los niños, sus arlequines, sus esferitas de goma,
sus caballitos, sus trompos.... esos eran sus juegos: con
pretexto de ellos se hacia ostentacion de las gracias; y se
ve, se tienta, que aquellas chucherías, que aquellos primores,
han sido regados con lágrimas.... ¿por qué morir? y
por qué ese supérfluo relámpago de vida si se ha de perder
en la eterna sombra? ¿Por qué esa inconsecuencia del ser?

¡Madre de mi alma! si tú me vieras perdido en esta extranjería
de muerte; si vieras que interrogo las tumbas para
que me traigan, aunque hecho cadáver, un recuerdo de la
patria; si me vieras ébrio de hiel, sintiendo como losa desepulcro
el cielo, y la multitud en que me pierdo como sombra!......

Me duele la luz, me duele el aire, tiene quejidos esa fuente,
estas tumbas son más hondas y más oscuras.... tragarian
mi recuerdo.... aquí se cae.... en las tumbas de mi tierra
se duerme.... en los sepulcros de mi patria hay polvo
que nos ama......

Yo no sé cuánto tiempo duró mi letargo de dolor. Cuando
volví en mí, estaba haciendo compañía á un desterrado
de Cuba.... D. Miguel Aldama....

A la salida del Cementerio, desde un claro que deja la
altura, se percibe Broklyn, que es tendidísima ciudad entre
los árboles, con sus divisiones regulares, sus mil torres, astas


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y veletas: parece que allí ha dicho su última palabra la
grandeza; pero se anda un poco más y teniendo como un
pedestal aquella altura de la muerte en que se siente el soplo
de lo eterno.... á nuestros piés percibimos magnífico
el mar.... el mar sepultándose en un horizonte en que parece
tender sus alas el infinito......

A mis piés, y tocando las aguas la tierra de los sepulcros,
habia algunas barcas vacías, juguete de las olas.... parecia
que ellas habian sido las conductoras de los muertos y que
se entregaban abandonadas al acaso....

Yo no puedo hacer comparaciones; pero sí puedo decir
que el Cementerio de Greenwood, cuando le comunique su
majestad el tiempo, para que no se crea en este pueblo movedizo
que tambien tienen hotel los muertos, será uno de
los lugares que honren al mundo.

Ahora tiene el Cementerio 21,000 y tantos sepulcros.

Al leer á Francisco mis apuntaciones sobre el Cementerio,
me decia:

—Es una lástima que para ver esa maravilla no te hubiera
acompañado un guía experto: te hubiera hecho notar,
entre mil espléndidos monumentos, el erigido á los heróicos
pilotos que en una noche tempestuosa se lanzaron fuera de
la bahía á salvar un buque náufrago, pereciendo en la demanda.

Hubieras detenido tus pasos para anotar el sepulcro del
marino que construyó su monumento creyendo próxima su
muerte, y esperó la tumba diez y ocho años á su ilustre


35

huésped, que está representado en una soberbia estatua que
tiene el sextante en la mano.

Hay otros cementerios, continuó Francisco, como Evergreein,
situado en el mismo Broklyn, que tiene un aspecto
rústico que encanta, Cipres Hill, Wood Lawn, á siete millas
del puente de Harlem, New–York, Bay y sobre todo el
Calvary, en que se entierran exclusivamente los católicos.
Los sepulcros rodean una pequeña montaña y el conjunto
del lugar tiene grandiosa majestad.

Habrias llamado la atencion sobre que el sistema de nichos,
hijo en mucha parte de la codicia clerical, es de todo
punto desconocido.

Ese empacamiento de los difuntos, esas casas de vecindad
de los restos humanos, desnuda de su grandiosidad el culto
de las tumbas.

Se recorre un panteon como una librería, viendo los rubros
de las obras que guarda la armazon.

En el sepulcro de la tierra se improvisa el altar; parece
que la restitucion del polvo al polvo se hace más patente; la
flor es el recuerdo y la lágrima.

Yo no sé en qué disposicion de espíritu visité á Greenwood,
que me sentí muerto; parece que celebraba el duelo
de mis propios funerales.

Extinguirse entre la soledad de la multitud; extinguirse
sin que nos acaricie la idea de la vista de los que nos sobreviven
en espíritu y quedan calentando en sus corazones
nuestra memoria; morir sin esa revelacion de la inmortalidad
que se llama el recuerdo, es naufragar con el alma, perderse
en un infinito de olvido.

Entónces nos lloramos; pero esas lágrimas las orea el


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viento; cuando las enjuga una mano querida, sentimos como
una iluminacion en nuestro espíritu.

En vano la filosofía describe la muerte como término forzoso,
como condicion de la renovacion del sér; en vano nos
redime el sepulcro de una existencia eterna con sus eternos
dolores, cuando la mano temblorosa de la caducidad no
puede llevar á nuestros labios la copa de goce alguno; siempre
que el sentimiento nos domina; siempre que rotas las
ligaduras de la escuadra y el guarismo, la alma se habla con
su lógica peculiar, Dios resplandece en nosotros y el espíritu
ansía por relaciones y consuelos que no podrá suministrarle
nunca el universo material.

Yo he sentido mi polvo mezclado á esta tierra, he visto
mi tumba como una usurpacion; el hielo de la extranjería de
la muerte ha llevado el frío á mis huesos; y advenedizo de
la misma nada, á mí tornaba mi duelo como el polvo que se
lanza contra el viento y ciega nuestros ojos. Mejor dicho; mí
duelo era á los que no lloraban por mí sobre mi desconocida
losa.

Sentia mi corazon enfermo, mi salida del Cementerio era
como una exhumacion. Creia en mi alucinacion de muerte,
y habia visto hecho cadáver el Parque Central.

En la noche á él me dirigí, y consigné mis impresiones
allí, de esta manera:

ROMANCE.
Están en el ancho espacio
Tan apiñadas las sombras,
Que en vez de cielo se mira
La ciudad bajo una losa,

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Y sus gigantes palacios
Calles en la altura forman,
Que detienen las miradas
Y que el horizonte angostan,
Como se ve desde el fondo
De barranca pavorosa,
Las quiebras y los senderos
Que en la cima hacen las rocas.
Sartas de luz los faroles
Forman de una acera y otra,
Y en el centro las tinieblas
Van corriendo silenciosas;
Pero la luz es tan viva
Y á trechos tal se amontona
En capelos de cristales,
En urnas tan primorosas,
Y en mil globos luminosos
De llamas verdes y rojas
Y de intenso azul de cielo,
Que vaga la vista absorta
Entre ese hervor de colores
Que saltan entre las sombras,
Y que como en festin de hadas
La negra tiniebla tornan.
Al descender los declives
De las calles espaciosas,
Se va entre dos firmamentos
De llamas deslumbradoras;
El uno de dosel funge,
Y el otro sirve de alfombra.
En relieve se sospecha
Con alguna luz traidora
Que dejó como perdidas
Sus claridades dudosas,

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Ya la mezquitadel moro,
Ya la gentil sinagoga,
Ya la catedral romana
Ostentando pompas góticas.
En medio de esos conjuntos
De masas que se amontonan,
Abren sus brazos las plazas
En anchuras espaciosas,
Y los árboles se mira
De pié, sin verse sus hojas,
Murmurando sus acentos
En acompasadas notas.
Entre los arbustos lucen
Y bajo las ramas brotan
Centellas que se derraman
Y que tiemblan silenciosas.
Dejando rastros de fuego
En las fuentes bullidoras,
Que polvareda de plata
Vuelven las aguas que arrojan.
Iba solitario al Parque
A esconder mis amarguras,
Que cuando el alma padece
En la sombra se refugia.
Esa mansion de placeres
Con sus fuentes de aguas puras,
Sus salones voluptuosos
Y sus enramadas rústicas;
Esa estancia de delicias,
Con sus lagos que deslumbran,
Sus glorietas, sus estatuas,
Sus calzadas y sus grutas;

39

Donde la beldad ostenta,
Sedas, encajes y plumas,
Donde la infancia dichosa
Trisca con alegre bulla...
La contemplé desde fuera
Triste como negra tumba
Circundada de fantasmas,
Que así en su torno se agrupan
De los chopos, los ramajes
Que en lo oscuro se dibujan.
Al interior penetrando,
Con la claridad confusa
De insuficientes faroles
Que entre las ramas se ocultan,
Produciendo sus reflejos
La indecision y la duda,
Observé como comente
De gentío que iba en busca
De la sombra del misterio
Que se escurre, que se ofusca,
Bien al borde de los lagos,
Ya entre las ramas profusas
De los sauces, ya en las rocas
Que parece se derrumban
En los extendidos prados
Y al borde de las lagunas.
¡Cómo el murmullo del habla
Con el susurrar se aduna!
¡Cómo las fuentes perdidas
En las tinieblas oscuras,
Miman con sus blandos cantos
A las parejas que cruzan!....
Como sintiendo sin vista
Del Parque la galanura,

40

¡Qué suspiros encendidos!
¡Cuántas risas de ventura
De mil parejas que aisladas
Están en medio á la turba,
Como cruzando invisibles
Celebrando su fortuna,
Triunfantes de las pesquisas
Y de la luz importuna!
Era el Parque una belleza
A quien negro velo anubla,
Y al que ha visto sus encantos
Con sospecharlos se abruma.
Entre esas hondas tinieblas
Que á la pasion no perturban,
Que las risas estremecen
Y que las flores perfuman,
Aislado junto de un lago
Que indeciso se columbra
Entre macizos de ramas,
La alma triste, la voz muda,
Sin un eco que sonase
Para mí como en la tumba,
Dí rienda suelta á mis ansias,
Dije: "oh patria!" con angustia,
Las manos llevé á mis ojos
Con mis tormentos convulsas,
Y sentí que al retirarlas
Con mi llanto estaban húmedas.

GUILLERMO PRIETO.

Nueva–York.—Junio, 1877.


III
Adioses de mis amigos.—La bahía.—La estatua de la Libertad.
—Jersey.—Adios,—Fábrica de pianos de Stenway.—
La maquinaria.—Varias manipulaciones.—Reflexiones
sobre el pueblo Americano.—La parte baja de la ciudad.
—La Tesorería.—La Aduana.— Observaciones sobre la tarifa
americana.—Cifras de las exportaciones é importaciones.
—Otra vez el inglés.—El castellano Viejo.

MIS amigos Alfonso, Pablo y Manuel, partieron al fin
para nuestra patria: la noche precursora de su partida,
entre los baúles, algunos amigos que quedábamos en
el destierro y los criados que en tragin afanoso cruzaban de
un cuarto á otro, se oian los encargos á las personas amadas,
las recomendaciones encarecidas y palabras que volaban
á morir en la sombra de los tristes recuerdos.

De repente, las explosiones del buen humor se disipaban
y caia sobre todos ese silencio que se acentúa tan hondamente
en el prólogo de todas las separaciones.


42

Alguno mandó traer Champaña; la presencia en frio de
aquellos estímulos del contento, no sé por qué convirtió en
más sombrío el cuadro: chistes que en otras circunstancias
habrian hecho una revolucion de risas y de bullicio; alusiones
que se habrian propagado como llama, caian como á
plomo, sin efecto alguno, para dejar imperando un dolor que,
á solas, hubiera hecho derramar lágrimas á todos los circunstantes.

Alguno preludiaba una cancion, otro al empacar un retrato
buscaba un tema de contento con recuerdos felices....
y el silencio, esta tiniebla del espíritu, avanzaba lento, envolviendo
hasta los últimos destellos de alegría.

Muy temprano, en la mañana, todos estábamos listos.

Acudimos á los vaporcitos de Jersey.

La mañana estaba nublada; á nuestra izquierda, multitud
de buques de todas las naciones hacian flotar al aire sus
banderas; se veia la isla del Gobernador, puesto militar de
la federacion, en que existe un destacamento de fuerzas permanentes,
vestidas constantemente de lujo y haciendo el servicio
siempre con la mayor severidad.

Del lado opuesto está el islote de Bell, donde debe, como
formando pórtico en la bahía, colocarse la colosal estatua de
la Libertad, regalada por la Francia, y cuyo brazo con su
antorcha, figura hoy como un colosal monumento en la Plaza
de Madisson.

La estatua, colocada sobre su pedestal, debe alcanzar una
altura de doscientos veinticinco piés; se distinguirá desde
el mar, en el confin del horizonte, como una aparicion humana
entre las aguas y los cielos: será magnífica.

Al frente de nuestro barco, en amplio semicírculo y sobre


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una loma que domina la bahía, se ostenta la ciudad de Jersey
como sobre una cortina de árboles, con sus chimeneas,
sus torres y sus cúpulas fantásticas. Abajo del escalon del
pedestal que forman árboles y verjeles á la ciudad, hay
una faja de muelles, como otras tantas puertas de salida para
todas las naciones del globo.

En el gran salon contiguo al paradero de los trenes del
ferrocarril, que conduce más directamente á Orleans por Filadelfia
y Washington, se hallaban el Sr. Iglesias, su hijo,
Gomez del Palacio, Schleidem, mexicano, lleno de nobles
cualidades, y yo.

Repicó la campana fatal: una voz anunció la hora suprema,
y entre el tropel que corria á tomar los carros como por
asalto, se perdieron nuestros adioses. A poco el resoplar del
vapor, la esquila de la máquina, el ruido de las ruedas y
el humo, envolvieron el ruidoso tren, huyendo un conjunto
del que quedaban desgarrados girones de humo, que disipó
el viento....

Cuando recuerdo las atenciones que á esos generosos amigos
(iba á decir hijos) debí, su solicitud cariñosa, su chiqueo,
siento duelo horrible en mi alma.

Ellos calentaban con sus esperanzas y su contento mis
viejos años; ellos fortalecian mi ánimo cuando casi me vencia
la mano de dolores implacables; ellos me formaban una
atmósfera de patria cuando la frente pálida, de la nostalgia
venia á presentar á mi lado el esqueleto de mis recuerdos,
sobre la tumba de mis esperanzas.

Tan nobles, tan sufridos, adivinando mis deseos, convirtiendo
en motivos de contento la satisfaccion de mis caprichos,
¿cómo no consagrarles en estas desordenadas memorias


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mi gratitud, aunque su ternura y relaciones tengan interes
tan solo para mí? ¿cómo no perdonar quien esto
leyere el extravío de mi corazon, mi complacencia con un
sentimiento que me aprieta el alma y me domina....?

Que vayan felices; que los vientos les halaguen apacibles
y el mar sea como persona amiga que les lleve á los brazos
de la patria; que en el seno de sus familias, en su hogar,
cuando rodeados de los que les aman, cuenten sus aventuras,
vuelvan los ojos y en algun lugar vacío busquen el
semblante del viejo amigo que vivió léjos de la patria, con
ellos, la tierna vida de familia, y que les está recordando,
sin ver lo que escribe, porque están hechos lágrimas en mis
ojos sus recuerdos.... La Providencia los acompañe; ella
los restituya sanos y contentos á sus hogares!......

Vagando al acaso en la parte alta de la ciudad, donde están
aún en lucha hombres y rocas; lucha que como que brotan
del suelo á presenciar estupendos edificios; donde desemboca
el túnel que ha venido como una serpiente subterránea
del seno de las calles populosas; donde empinados
puentes de distancia en distancia ven inclinar el plumero de
llamas de la locomotora, que parece un gigante fantástico
que saca á flor de tierra la cabeza; como una ballena de
fierro que fué dotada de vida para atravesar en alas del relámpago
las entrañas de la tierra, vagaba, digo, por esos lugares,
cuando mi amigo Buzeti, un jóven mexicano con
quien haremos amplio conocimiento, me puso en la puerta
de un establecimiento grandiosísimo, y me dijo:


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—Va vd. á conocer la fábrica de pianos de Stenway.

Ya recordará vd. los pianos de Stenway; son en México
los de más alta nombradía; sus vibraciones brillantísimas son
pompa y vida de los más opulentos salones. En Paris merecieron
el primer premio.

El edificio que vamos á visitar, visto por la espalda, hace
los tres lados (tres cuadras) de un cuadrado perfecto.

En el centro hay varios edificios, y uno especialmente
llamala atencion; él encierra la gran rueda motriz y la maquinaria
anexa, que es como un edificio de acero con sus balaustradas
y escaleras de fierro.

Era nuestro guía un jóven campechano, alegre, y tan simpático,
que me parecia castellano su inglés peliagudo, y digo
peliagudo, porque se trata de un aleman: el inglés completado
con aleman, es como una copa de whiskey completada
con espinas de pescado.

La fábrica tiene cinco pisos visibles, en los que trabajan
quinientos operarios como titanes, con su acompañamiento
de escoplos, serruchos, cepillos, martillos y otros ruidos de
imposible clasificacion.

Como ya se supone el lector, cada operacion de las que
requiere la estructura de un piano, es una galera inmensa y
un taller en que giran en los techos esas arañas de acero,
esas víboras de cuero que se descuelgan y se enroscan, esas
escuadras como duendes abiertos de piernas, y esa poblacion
de endriagos y visiones animadas del mundo de las
máquinas: brazos, dedos, codos, esófagos, cabellos, todo
vive por su cuenta y riesgo, sin cuidarse de todos los demás,
como si viésemos á nuestros brazos y á nuestras piernas
proclamar su independencia, ó como si en un panteon armaran


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gresca los fragmentos humanos, tomando cada cual su
camino segun su capricho.

Asenté por primera partida en mis apuntaciones una máquina
para desbastar la tabla en bruto.

Es una rueda clavada en un eje perpendicular, con dos
fajas de acero; de la primera penden cuatro como ganchos,
que desbastan la tabla; la segunda faja es el cepillo. Con
aquella primera sacudida queda la tabla como seda, y entra
como una hoja de papel á otra máquina como de imprimir,
de donde sale tersa por ambos lados.

Las maderas que se usan para los pianos, despues de dos
años de depósito y preparaciones, son: palo blanco, roble,
pino, caoba, rosa y ébano.

Las sierras que se emplean son como sogas ó rosarios,
que caen sobre una rueda y cuelgan haciendo destrozos.

Para que no quede ni resquicio de polvo de aserrin en la
madera, usan una especie de fuelle de palo; pero no propiamente
fuelle, más bien jeringa, que desempeña la funcion
de la limpieza á las mil maravillas.

Desde esos primeros talleres comienza la obra laboriosísima
de ensamblar las hojas de madera con los hilos de
ella, en distintos sentidos, para evitar que se tuerza, poniendo
en el centro de las ensambladuras maderas durísimas
que las ligan.

La cola de que se sirven es la famosa de Pilles Cuple;
viene en marquetas, y se amolda segun las necesidades de
los talleres.

Los preciosos calados de las tablas que sirven de respaldo
al teclado en la parte interior del piano, se delinean por
hábiles dibujantes, y con sierras como hilos se ejecutan esas


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maravillas de madera que avergüenzan á la filigrana y al
encaje.

Los martinetes se forran en una especie de fieltro sólido
como piedra y del grueso de tres dedos; forrado el palo de
donde se sacan los martinetes, entra en una prensa de presion
tan poderosa, que sale el conjunto como una hoja de
espada.

En ese departamento hay una máquina curiosísima, invencion
de un hijo del Sr. Stenway; así como otra delicadísima
para las oquedades de los tornillos de la guitarra del
piano.

Toda esta gran seccion de la fábrica está destinada á la
construccion de esa multitud de articulaciones, músculos,
nervios y tendones de esa mano prodigiosa que produce las
armonías en el interior del instrumento.

En estos gabinetes anatómicos, verdaderamente científicos,
hay compases, escuadras y todo lo concerniente á tan
delicado trabajo.

Los cuartos en que se fabrican las cuerdas están aislados,
y se emplean en ellos, como en todas estas secciones, hombres
de talentos especiales, muy bien pagados.

En una ala entera de uno de los amplísimos pisos divididos
por calles de extensos salones, se verifica la animacion
del piano.

Todos los tendones, la osamenta, los nervios y los cartílagos,
están amontonados: las teclas de marfil que se fabrican
como quien hace mosaico; las de ébano, que se pulen
como joyas; el martinete y el resorte, que podrian figurar
como dijes en el tocador de una reina, todos esos objetos
se compaginan, se organizan, se concatenan, adquieren forma,


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se estremecen y rompen en un canto cuando la mano
del hombre pasa sobre ellas, como el soplo de Dios sobre
el barro cuando crió al hombre.

El piano de que oimos los primeros vagidos, tenia el número
33,592.

—Vé, le dije, atraviesa los mares, lleva á otras regiones
tus cantos voluptuosos y tus himnos; vé, poeta, á perecer
derramando tus armonías y dando vida á las creaciones del
talento. Sé la gala del salon, la orquesta del hogar, el confidente
de los ensueños....

La operacion del barniz consta de dos partes: en una se
barniza la caja dos veces y se raspa en seguida, para que
los poros más invisibles desaparezcan; la tercera mano de
barniz es la que queda, presentando la caoba ó la rosa como
bajo de cristales.

Hay inteligentes que presentan como rivales de los pianos
de Stenway los de Weber; pero en México no se cree
así, y lo comprueba el más alto precio á que se venden los
primeros y á la confesion universal de que sus voces son
muy brillantes.

Los pianos de Stenway tienen cinco patentes de honor
y son celebrados en todo el mundo musical.

El edificio en que se venden los pianos de Stenway está
en la calle 14, es de mármol blanco, contiene los almacenes
de pianos y además la gran sala música construida con todas
las reglas de la acústica, y que se considera con justicia
como una de las primeras del mundo en su género. En ella
se han hecho las primeras exhibiciones del Teléfono.

Al salir de la fábrica tuve el gusto de ofrecer mis respetos
á uno de los hijos del Sr. Stenway, y dar las gracias á


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mi inteligente cicerone, cuya finura me ha dejado los más
agradables recuerdos.

Quiero darme cuenta á mí solo de las causas de la prosperidad
de este pueblo; quiero estudiar afanoso el secreto
de su desarrollo sorprendente, para formar conciencia, y
despues de purificado mi criterio, llevar á mi país la buena
nueva de su propia regeneracion. ¡Mis esfuerzos son inútiles!

Cada vez que estoy á mis solas, entro en mí, sondeo las
partes componentes de este pueblo, se me figura á veces
que una ciega admiracion me arrastra, otras que un sentimiento
injusto de repulsion me domina, y termino por apartar
el lienzo y arrojar de mi mano los pinceles, corrido de
pretender llamar retrato la monstruosa figura que abortó mi
mano.

Es cierto que los que tenemos la tradicion latina, es evidente
que los que nos hemos instruido con la educacion romana,
y los que hemos abierto los ojos de la razon bajo el
influjo de la religion cristiana, no nos es dado ser imparciales
en nuestras apreciaciones.

Hemos tenido ensueños de libertad, tentativas de igualdad,
teorías de la intervencion del pueblo en sus negocios, y
todos esos elementos han constituido y constituyen en el
crítico una segunda naturaleza.

Teorías incompletas, doctrinas leidas, sistemas con inconstancia
planteados, se ponen frente á frente de prácticas
sostenidas, expeditas y que producen sus efectos en medio
de aparentes contradicciones.


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El protestantismo deja el campo abierto á las instituciones
civiles, no se mezcla para nada con los gobiernos, buscando
los vínculos de confraternidad en la moral universal; la religion
protestante, por la naturaleza de su sér y sean las que
fueren sus aberraciones, no permite esos conflictos entre los
poderes temporal y eclesiástico, que tantas rémoras oponen
á la paz y al pregreso de las naciones.

La libertad pone al individuo en posesion de su sér, reconoce
sus derechos como hombre y los proclama inviolables:
íntegro el hombre, funciona vigoroso; y como para
que sean expeditas, estas funciones, tiene que respetar los
fueros de otro hombre colocado en las propias condiciones,
se produce la igualdad y con ella las sublimes armonías del
progreso indefinido de los pueblos.

Las instituciones en ese conjunto están hechas, viven en
observancia, la ley es el yeso que se coloca sobre la fisonomía
de ese pueblo, y ese molde es tan propio, es tan suyo,
que no le lastima ni importuna, ni le impide su accion cuando
se sirve de él.

En los gérmenes primitivos de este pueblo estaban encerrados
sus elementos todos de, grandeza: la libertad religiosa;
porque en pos de ella habian atravesado los mares los
primeros pobladores, y llegó con ella á estas playas la libertad
civil, porque al constituirse, ejercieron sus derechos en
la ancha base de las funciones municipales, miniatura del
gobierno y la igualdad; porque ni el sacerdocio reclamaba
fueros, ni la casta distinciones, ni habia mas que un punto
único y una mira única, que era el bien comun. No es, pues,
la diferencia entre los Estados–Unidos y nosotros, que á
ellos los uniese y á nosotros nos desuniese la federacion: la


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diferencia es, que ellos eran hombres y conocian y sabian
ejercer sus derechos, y nosotros éramos poco ménos que
esclavos, enervados por una tutela de trescientos años.

Cuando la aglomeracion de gente y la distancia hicieron
necesarias más complicadas relaciones, no tuvo que hacer
nada; lo que en las sociedades antiguas se llamó el poder
público, ese poder existia en todos y cada uno de los americanos,
y existia en ejercicio constante; la agregacion de
pueblos fué, como la de las individualidades, desde el hombre
al municipio, al Estado; eran entidades perfectas, una
sola era hábil para fungir con la misma aptitud que el conjunto.

La grande obra de Washington y de los constituyentes
americanos; estuvo en reconocer con lisura esa verdad y
hacer del gobierno general el policía que cuidara del órden
y el portero que diese aviso á las naciones extranjeras de la
voluntad de sus señores, sin entrometerse en todo.

El señorío del individuo le dotó, es cierto, de preciosos derechos;
pero tambien le sujetó á grandes necesidades; valia
por sí; era forzoso que subsistiese por sí; el trabajo fué una
de sus condiciones de vida, y no el trabajo fincado en la
ajena explotacion, porque se encontraria con la misma repulsa,
sino el trabajo como fondo comun de la sociedad.

El que labraba los campos, el que atravesaba los mares,
el que pedia á la ciencia sus revelaciones, vivian en el seno
de una familia, en que tenian todos la misma representacion,
las mismas aspiraciones, el propio grado de responsabilidad.
Existia el pueblo: era una verdad qne los que lo componian
lo sentian, y los que lo veian tuvieron que admirarlo.

Cada cosa, que pertenecia al individuo, tuvo que mirarse


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con indiferencia casi, porque el individuo era responsable de
sus acciones: lo que tenia que ver con la sociedad, era notado
por todos. La opinion no fué solo un juicio, sino el
anuncio de lo que se ejecutaria en un caso dado.

Así nacido, creado y funcionando el pueblo, formando la
caudalosa corriente: sus aberraciones, sus enfermedades, no
tienen influencia, como no influye en el curso de las aguas
la hoja que se desprende del árbol, ni el fango que enturbia
á veces su superficie.

La democracia se ha realizado, y esta realizacion la presenta
con caractéres distintos de todo punto de los caractéres
con que conocemos en la historia á los pueblos que no
tienen de tales mas que el nombre.

Las clases, conforme á la tradicion en las sociedades antiguas,
sobresalen, son el todo; ellas engendran eminencias
que proyectan su sombra en las masas y las convierten en
enfermizas y en viciosas.

La categoría del cielo consagrando la perversion del espíritu
en el secuestro de la conciencia; la categoría militar
haciendo del asesinato una profesion y un taller de violencias
el cuartel, haciendo la disciplina un instrumento de asfixia;
la categoría de la sangre, llevando á los destinos públicos
la pereza, la ignorancia, la lujuria y el robo; la categoría
del saber haciendo de las aulas estancos de la luz,
cuando no oficinas de falsificadores de la verdad.

Y para sostener á estos enjambres de farsantes y verdugos,
el pueblo, á su vez ignorante, rencoroso, paga, pero se
hace incompatible con las otras fracciones sociales, con intereses
opuestos al suyo.

En esta democracia militante, las religiones en su concurrencia,


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compiten por beneficios reales; la escuela, el hospital,
el taller, son objeto de su cuidado; y cuando pretende
entrar, como el cristianismo, en terreno vedado, entónces la
opinion lo contiene y la indiferencia lo restituye á sus rieles
pacíficamente.

El elemento militar perturba y amenaza, pero tambien sin
consecuencia: todo se reduce á pérdidas del tesoro, á disimulos
en el presupuesto; pero el país es tan rico, que el propio
despilfarro no importa un menoscabo.

¿Y las clases? y la nobleza? y toda la nomenclatura de
saltimbanquis que son el azote de los pueblos? Esos no
existen; y los vagos y los arbitristas pasan cayendo, fatigados
en su camino, en medio de la rechifla universal.

Pero adviértase que esos caballeros de industria de las
compañías fantásticas, de las empresas temerarias, esos alquiladores
del viento, esos consocios del sol y del mar, son
individuales, es decir, la espina, el grano, la verruga, no la
sociedad americana.

Esas individualidades efímeras son las que extravían Á
los viajeros, con mucha especialidad á los de la raza latina,
y es porque existe lo que se ve y lo que no se ve, como en
uno de los preciosos sofismas de Bastial: se ve á la mujer
pública en toda su desvergüenza, invadiendo las calles, asaltando
los paseos, reclamando fueros y consideraciones; no
se ven cientos de maestras en las escuelas públicas, modelos
de saber, de recogimiento y de virtud; no se fija la atencion
en las obreras de Haster; no se ven salir en las noches de
la casa de Stwart, por cientos, las que fungen de dependientes
y se concilian el respeto universal por su dignidad y compostura.


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Se ve á los mil petardistas que explotan el humbug, y no
los grandes inventos que honran á la humanidad.

Se ve al banquero que despide al mendigo de su puerta,
y no al que envía cientos de miles para las bibliotecas, para
las escuelas y casas de beneficencia.

En este particular es tan falible el uicio, que á primera
vista, en un teatro, en un paseo, hay un personaje que comete
inconveniencias de educacion impasables; muchas veces
se indaga, y es porque el personaje de bejuquillo de oro
y anillo de diamantes, es el carnicero, el herrero, el zapatero;
y la gran señora á quien acaba vd. de ceder el asiento
en un wagon, al siguiente dia la encuentra vd. barriendo los
corredores de su hotel, ó va entrando en nuestro cuarto en
demanda de nuestra ropa sucia para lavarla.

Como el trabajo y las empresas son más lucrativos que
los empleos; como éstos no reconocen propiedad; como las
consideraciones sociales están en razon de la independencia
del individuo, éste tiene un modo de vivir ó lo busca, sin
que se finque el modo de ser de una clase determinada de
los empleos, y este es un elemento trascendental de paz.

El juez, el general, el presidente el dia que termina su
encargo, vuelven á su taller en medio de la consideracion
universal; el capitan que atraia las miradas en la mañana,
va en la tarde con un tablon al hombro, sin esfuerzo y sin
que nadie se fije en él.

En una palabra; nosotros, es decir, los pueblos hispano–americanos,
como me hacia observar hablando de esto mi
amigo Jacinto Gutierrez, venezolano ilustre, por nuestra tradicion
y á causa de nuestra propia independencia, presentamos
constantemente el espectáculo del pueblo en su tendencia


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á elevarse, y las clases en su afan de deprimirlo: el pueblo,
un instante levantado, pero sin cimientos, sin bases
sólidas, sucumbiendo para volverse á levantar de nuevo; y
en este vaiven, un corto número de hombres de ideas verdaderamente
liberales, segun la feliz expresion de Gomez
del Palacio, luchando por hacer entrar en el carril del progreso
social á los millones que tienen fuera de él los vicios
de la educacion, la abyeccion y la barbarie.

Por fortuna del lector, y tambien mia, han tocado á mi
puerta: digo por fortuna, porque terminan las soporíferas
observaciones que me preocupaban y que continuaré cuando
tenia ménos que ahora aburrir á mis lectores.

Me proponia visitar la Aduana y estudiarla con el detenimiento
posible.

Las cuestiones económicas en este, como en todos los
pueblos, son tan importantes, que bien merecian dedicarles
algunos ratos de disertaciones que son de otro lugar; y no
tenga esto como una amenaza el lector, sino como motivo
de expediciones á que me llevaba el deseo de hacer algo
útil. Por otra parte, mi manía han sido esta especie de trabajos,
y nadie tiene el corazon tan duro que no disimule las
flaquezas de su prójimo de vez en cuando.

Me conducia en mi excursion el Sr. Macías, redactor del
Comercio, persona en quien compiten el talento con la esmerada
educacion.

La Aduana está situada en la parte baja de la ciudad, al
Este, es decir, allí donde á sus anchas retozó el desórden


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cuando los primeros pobladores de esta isla se instalaron
en ella, echando, como quien dice, par el atajo.

Hace poco, la parte que ahora recorriamos era la corte de
los milagros
de la ciudad.

Por aquellas vecindades está la calle, de la que hacia, en
1869, la siguiente pintura la Guía de Nueva–York:

"Los cristales de las ventanas que no están rotos, se han
vuelto opacos con la porquería que los cubre, reemplazando
con frecuencia el vidrio que desapareció, algun sombrero
viejo ó algun hediondo trapo, que impide á un tiempo la
entrada del aire y de la luz. De vez en cuando alguna mujer
desaseada y á medio vestir, asoma la cabeza por una de
aquellas ventanas, para mirar vagamente y con aire perezoso,
la desapacible perspectiva que desde allí se ofrece, ó
para reprender agriamente, con abundancia de juramentos,
á algun chiquillo de los de la calle que ha quebrantado los
preceptos paternales.

Cruzan del uno al otro lado de la callejuela, un sinnúmero
de cuerdas cubiertas de harapos, que se supone haber
sido lavados y que cuelgan allí para secarse y para mantener
en estado contínuo de humedad el piso de la calle, saturando
con sus líquidos desprendimientos, tan desagradables
al olfato como perjudiciales á los sombreros y á los trages,
á los muchachos que juegan debajo, ó á algun desgraciado
transeunte que se ve en la precision de arrostrar aquella lluvia
grasienta y hedionda. En la parte ancha de la calle hay
siempre una muchedumbre que pudiera proporcionar materia
al génio especial de un Hogart ó de un Dickens.

Vense allí carretones que sirven de pescadería ambulante,
desde donde se venden peces cuyo olor indica la larga


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fecha que hace han abandonado su elemento, y otros vendedores
que llevan sus mercaderías en otros carretones semejantes,
con verduras que de todo tienen ménos de verde;
que ó son lo que debieran ser las legumbres, ó están tan sazonadas,
que han llegado al estado de fermentacion. Operarios
sin trabajo, ladrones sin ocupacion, individuos ébrios
de ambos sexos que se dirigen dando traspiés á sus habitaciones,
ó más bien cuevas respectivas, abrazando cariñosamente
frascos ó botellas de veneno, con el título de whiskey;
criaturas prematuramente desarrolladas y arrugadas que ofrecen
el doloroso aspecto de séres enanos y raquíticos: tales
son los humanos elementos de aquel repulsivo vecindario."

Como he dicho, estas son las vecindades del rumbo que
atravesamos; vecindades muy mejoradas, y en las que seria
hoy pálido y sin verdad el cuadro que acabamos de copiar.

Trátase del laberinto de los bancos, de los tesoros de la
gran ciudad y de las oficinas más importantes: la Tesorería
y la Aduana.

En calles desiguales que se abren y se cierran por sus esquinas,
entre alturas y depresiones de terreno, se va á ese
asombroso manantial de dinero que se llama la Aduana de
Nueva–York.

Es un edificio de granito de aspecto sombrío en su entrada,
como si hubiera comprendido el arquitecto que se trataba
de la inquisicion del comercio.

Las robustas columnas que forman el pórtico son estrechas,
y en el mismo pórtico, entre las columnas del centro,
está incrustada en fracciones la escalera que conduce al primer
cuerpo del edificio, porque su bassement ó piso subterráneo
es altísimo.


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El salon del despacho es de forma circular, de mucha elevacion,
y tiene de trecho en trecho columnas que dan á amplísimos
salones.

En el piso del despacho, en círculo corrido, hay grandes
bufetes de caoba con sus frentes cerrados y sus puertecillas
en forma de arco, por donde solo puede asomar una persona
á hablar con el empleado. Me parece inútil decir que el
gentío era inmenso: estaban agolpados los hombres frente
Á las mesas, con sus sombreros puestos y sus papeles en
las manos, en número como de mil personas, y eran las
doce de la mañana, hora que menciono por ser de un calor
insoportable, y por lo mismo, menor que á otras horas la
concurrencia.

Sin trabajo alguno preguntamos por el jefe, para quien
llevábamos recomendacion, y nos dirigieron al segundo piso
del edificio, despues de atravesar un patio estrecho con fajas
de tránsitos, que no me atrevo á llamar corredores.

La seccion del edificio por donde transitamos, está destinada
á la contabilidad y al asesor ó fiscal que ordena la
cuenta.

El jefe á quien fuimos presentados, es aleman de nacimiento,
regordete, moreno, un tanto calvo, de ojos negros
y de fisonomía abierta y marcial.

Se dice que este personaje, que á las primeras palabras
se comprende que es un hombre lleno é inteligente, es notable
economista y persona muy despierta en toda clase de
negocios.

El Sr. Macías tuvo la dignacion de llevar la palabra: le
expuso el objeto de mi visita, que no era otro sino ver las
oficinas de la Aduana y adquirir datos para juzgar con fundamento


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de nuestras relaciones mercantiles, cultivando estudios
Á que soy aficionado.

Con este motivo, entró en explicaciones el jefe que me
pareció al frente de la oficina de contabilidad, y trayendo el
Informe estadístico de comercio y navegacion que comenzó
en 30 de Junio del año pasado y debe terminar en 1°. de Julio
como nuestros años fiscales, me hizo notar algunos artículos
de comercio activo de México, como café, cueros de
res, caballos, henequen y palo de tinte, que representaban,
con otros artículos que no menciono, la suma de diez millones
de pesos poco más ó ménos.

En cambio, yo le recordé cifras en que convino, de las
que resulta que los americanos no importan á nuestro suelo
ni dos millones de pesos; y si se pusiera millon y medio,
andaria mucho más acertado. Este resultado le hizo sonreir
y yo le hice notar que las cifras citadas ponian de manifiesto
los absurdos económicos de su tarifa.

—Se ha nombrado, me dijo, una comision ad hoc para que
emita su juicio sobre nuestro arancel; tiene concluidos sus
trabajos, y la próxima legislatura hará rebajas muy notables.

La tendencia de este gobierno, como la de todo gobierno
bien intencionado, debe ser me dijo, estrechar los vínculos
por medio de relaciones de igualdad, y eso deberá hacerse
con México por medio de un tratado en que se concilien
todas las ventajas, de una manera amiga: un sistema como
el del Zollwerein, haria efectivas todas las libertades....

Yo no repliqué, porque sentia que mi asiento se hundia
y que me faltaba la razon.

Un sistema en que gozáramos todas las libertades por
medio de un tratado como el del Zollwerein, es nada ménos


60

que la pérdida de nuestra, independencia; ó así fué, ó así lo
comprendí: el caso es que abrevié mi visita y me propuse
imponerme con alguna otra persona de la cuestion de aduanas,
ó no imponerme, que de cóleras estoy harto, y masco
la bílis por estas calles de Dios. ¿Querer que México sea la
India de esta Nueva Inglaterra? ¡Un demonio!

El jefe á quien fuimos recomendados, me hizo instancia
para que repitiese mi visita; me obsequió con algunos documentos
importantes, y yo salí ardiendo mi alma de aquel
magnífico edificio.

La Zona, un mercado en que no se tenga concurrencia
para dar salida á los artículos que produce este suelo; el
proteccionismo que unos cuantos propagan en mi país, ciegos
y obstinados, este será el cáncer que devore á México.

Mantengamos nuestras prohibiciones, alcemos nuestras
tarifas de modo que se repudie toda concurrencia hasta buscar
el nivel de los Estados–Unidos, y entónces seremos la
India de esta Nueva Inglaterra!

¡Qué distinto rumbo nos marca el dedo certero de la libertad!
Abatidas nuestras tarifas hasta donde más fuese posible,
con puertos de depósito en todo el golfo y franquicias
las más amplias en toda la frontera, el comercio para los Estados–Unidos
tomaria el rumbo de México, y se verificaria
una revolucion grandiosa en todos los pueblos hispano–americanos;
por sí mismas se efectuarian entónces mejoras que
abortan en especulaciones desastradas; se protegerian naturalmente
industrias naturales que no necesitan fomento alguno;
la alza del salario seria la regeneracion eficaz de nuestro
pueblo, y el roce con las otras naciones, el elemento más
poderoso de fuerza y de progreso.


61

A los artesanos politicastros, á los periodistas que por la
curva de las juntas buscan las curules, á la masonería electoral,
han de parecer muy amargas mis verdades y me producirán
injurias; pero la evidencia de mis raciocinios tendrá
apoyo un dia en todos los hombres rectos é ilustrados de
mi patria.

Durante los once meses corridos del presente año fiscal,
el valor de las exportaciones ha ascendido á 560.000,000 de
pesos, ó sea un aumento de 165.000,000 comparado con el
de igual época del año anterior. El de las importaciones ha
sido de 430.000,000 ó sea una diminucion de 24.000,000.
La exportacion del oro subió á 49.000,000 y la importacion
á 39.000,000.

La parte, digna de recorrerse como dependencia de la
Aduana, son los almacenes en que se hace el despacho, y
de ellos haré otro dia una descripcion á mis lectores.

Al regresar de mi excursion, me guarecí del sol infernal
que derretia los sesos, en la oficina consular.

Juan Navarro, aparte de ser un sabio, es un hombre de
muy buena sociedad y el platicados más divertido y más sazonado
que vdes. pueden imaginar: conversaba con Mariscal
y con Francisco Gomez del Palacio, diestros como ellos
solos para esgrimir la sin hueso y dar riquísimas tintas á la
caricatura de la palabra, cuando se trata del humbug y del
escabroso idioma de Washington Irving.

Conmigo es el tema eterno de conversacion el inglés, porque
saben y palpan mi dificultad infinita para pronunciarlo.


62

Pero les replicaba yo:

—Cuando una palabra tiene el hilo y el chisgo de nuestro
idioma, pase, se da uno sus trazas para comprenderla; cuando
la palabra es de todo punto diferente, entónces se da uno
sus mañas para buscarle punta; pero yo no me puedo conformar
con que comencemente de un colegio, sea fin de su año
escolar y no principio: claim, reclamo y no clamor, y que
cuando me digan cinic, me quede como una lechuga, porque
me quieran decir hombre de experiencia y desengañado.
¿Cómo me puede entrar en la cabeza que descriminate
sea distinguir y separar, sin tener nada que ver con la
criminalidad?

—Más te escuecerá, me decia Francisco, que te llamen á
tí Mr. Praits, á Negrete Negrito, á Iglesias Aiglisaias, á mí
Pelesaio y á Diaz Daiaz.

—Para eso de entenderse con americanos, no hay como
el castellano viejo, dijo Navarro, y si, no me creen, díganme
lo que opinan de la historia que voy á referir.

—Historia de españoles de fé son la materia inagotable
de tus cuentos, coma de Fernando Calderon los legos.

—-Escuchen vdes:

Recien llegado, hace años, á esta ciudad, un dia estaba
muy reposado y silencioso en un baño público, cuando de
repente oí recias pisadas que revelaban largo y holgado calzado,
y oí que sonaban las palmas de la mano como llamando.

—¡Ah de casa! dijo una voz acentuadísima de la Península
Ibérica.

—Santos y buenos dias.

Se oyó salir á la irlandesa de servicio.

—Hijita, le dijo mi español, póngame vd. un baño con el


63

agua tibiecita, al calor del cuerpo.... por allí, por aquel
rinconcillo.

La irlandesa, en el asendereado inglés que les es natural
á los de su raza, le decia que si queria solo agua fria, para
abrir, segun su voluntad, las llaves....

—-Eso es, todo lo alistas.... que sea de lino la sábana....
¿de la sábana me hablabas?

Emprendióse un altercado en que cada cual hablaba lo
que le parecia.... yo, á medio vestir, saqué la cabeza fuera
de la puerta.

Encontréme con un hombre con un sombrero á la Pipelet,
panzon, mofletudo, con su vestido de rayadillo, su amplia
alpargata y su paraguas encarnado bajo el brazo.

—Caballero, me dijo, ¿vd. quiere hacer el favor de decir
por qué no me hace caso este pedazo de canto?

—Porque no se entienden, le dije, porque vd. le habla de
la sábana y ella de la agua fria. Ya está el baño, vaya vd.
por allí.

—Bendito sea Dios, hombre! bendito sea! porque encontré
persona de chirúmen; pues vea vd., en mi tierra, por negada
que sea la persona, cuando uno pide agua, aquel á
quien se dirige la palabra sabe á poco más ó ménos que de
agua se trata; pero aquí todo anda al revés....

—Consuélate con las observaciones del español.

Así concluyó Navarro.



IV
Instruccion pública.—Broad de Educacion.—Asistencia de
niños.—Lecciones sobre las cosas.—Informe.—Carácter
de la instruccion pública.—Carreras especiales.—Escuela
normal.—Publicaciones y objetos de instruccion para
los niños.—Educacion de la mujer.

AUNQUE mi propósito es escribir especialmente sobre
la educacion de los Estados–Unidos, no para darla á
conocer en México, porque eso se podria conseguir ventajosamente
teniendo á la vista los luminosos escritos de mi distinguido
amigo el Sr. Bachiller ó los concienzudos estudios
de Hipau, y sobre todo la voz viva y las aplicaciones luminosas
de Mantilla, sino como motivo para observaciones
aplicables á mi país, no quiero dejar pasar sin notarlo el Informe
que acaba de publicar la Direccion de Instruccion Pública.

Segun el Informe de la Direccion de Instruccion pública,


66

hay en Nueva–York 308 escuelas, repartidas del modo siguiente:

Escuelas de gramática para niños 46
Para niñas 46
Para ambos sexos 12
Primaria de departamentos 66
Escuelas separadas 46
Para niños de color 7
Escuelas incorporadas 46
Escuelas nocturnas 35
Escuela de náutica 1
Escuela normal 1
Escuela para maestros 1
Colegio de perfeccionamiento 1
308

La asistencia de niños fué de 252,155: concurren constantemente
un 72% y llega al 90, de suerte que la pérdida
se valúa en un 10%.

Las escuelas están servidas por 335 maestros, de los cuales
132 se emplean en las escuelas nocturnas, y 2,912 preceptoras.

Las escuelas son visitadas constantemente por empleados
de la Direccion, quienes tienen el deber de examinar las
clases, y hacer por escrito sus observaciones sobre asistencia,
disciplina, aprovechamiento, estado del edificio y cuanto
se cree conducente.

De los informes recibidos en el año, resultó que los cursos
de instruccion eran muy complicados, no habiendo proporcion
entre los esfuerzos de los niños, el costo de las escuelas


67

y los resultados. Esto dió lugar á consultas y discusiones
luminosísimas, de que resultaron reformas en todos
los ramos, simplificando métodos y suprimiendo las materias
no necesarias.

Uno de los puntos en que más se fijaron, fué en el sistema
objetivo que aquí se llama lecciones sobre las cosas: el
Informe hace observar que ha producido en muchos casos
la confusion de las ideas de los niños, que recarga su inteligencia
de un tecnicismo que los puede convertir en charlatanes.

Dedúcese del Informe, que el sistema objetivo puede fungir
de dos maneras: ó dando al niño nociones generales de
las artes y las ciencias, ó ilustrando sus conocimientos escolares,
sirviendo á la explicacion como la estampa sirve al
texto, pero siempre acomodándose á la inteligencia del niño,
sin confundirlo; de suerte que no solo se requiere en el
maestro vasta instruccion en lo que explica, sino conocimiento
profundo de la capacidad de cada niño, buen sentido,
y esto es muy raro: por lo mismo, en la reforma se ha
limitado mucho esta enseñanza.

De la lectura rápida del Informe se notan cosas que merecen
la atencion.

Es el Informe un libro en que constan las varias observaciones
que se han hecho sobre la enseñanza, la disciplina, la
inversion de fondos, el estado material de los edificios y las
mejoras que es necesario introducir.

La lectura de este Informe, lleno de minuciosos detalles,
de sagaces apreciaciones, y en que se revela una dedicacion
religiosa, me ha hecho dar cuenta á mí mismo de peculiaridades
en que no me habia fijado constantemente.


68

El gran negocio de la instruccion pública es no solo de
interes, sino de accion universal; no es la creencia, es la
manifestacion activa de una funcion vital del conjunto de
la sociedad.

Esta accion se renueva y vivifica con el nombramiento
popular.

Dividida la ciudad en distritos peculiares de enseñanza,
cada distrito hace su eleccion de tres individuos para la Direccion
general.

Este cuerpo es, para expresarme á mi modo, el cuerpo
legislativo de la enseñanza: él nombra comisionados ó ejecutores
de sus órdenes, y así se cria un poder ejecutivo; pero
la autoridad local nombra inspectores y los padres de familia
tambien; de suerte que estas distintas fuentes de poder,
forman la vigilancia recíproca.

Los fondos los constituyen propiedades, donaciones y suministraciones
del presupuesto; pero una vez decretada la
suma, la inversion depende de este cuerpo legislativo peculiar.

Los comisionados fungen cada uno en comision diversa;
de suerte que dada la asignacion de un libro, el señalamiento
es de una comision, de otra el número, de otra la paga,
y se necesitaria una série de difíciles combinaciones para
llegar al robo en un solo distrito.

Comunicado por todos y siendo negocio de todos la instruccion,
el Estado sigue el movimiento, y las distintas religiones
cooperan, desapareciendo el inconveniente formidable
de que una sea la tendencia social y otro el interes religioso,
y nazca esa pugna entre los intereses nacionales y los
de secta, disputándose el corazon del niño.


69

Dotada con riqueza la escuela gratuita; estando bajo el
cuidado y vigilancia del padre de familia; con los mejores
maestros; con más ricos instrumentos que los que puede
costear un particular, la escuela gratuita es la escuela comun;
allí nace casi espontáneo el pueblo, y tiene su fuente
la más pura democracia.

No hay decentes ni pobres; todos reciben el pan de la enseñanza
sentados á una misma mesa; el talento y la aplicacion
reclaman sus fueros con los mismos títulos; en las distribuciones
de la escuela se cobra el hábito de acatar la
autoridad independiente de la posicion del individuo; estrecha
vínculos la simpatía á despecho de las desigualdades
de fortuna; en la escuela, de una manera insensible, armónica
y poderosa, se hace la patria.

La dotacion de la instruccion es un conjunto puesto á la
disposicion de todos y para que todos gocen de él en toda
su extension, y en este conjunto en que está desde lo primitivo
hasta lo sublime de la enseñanza primaria, tienen acceso
todos los niños y niñas, sin distincion alguna.

Las desigualdades, las diferencias, el límite señalado al niño
entre la más rudimental y la mayor suma del tesoro de la
instruccion, lo crian las circunstancias privadas del niño, no
el Estado.

El Estado ve futuros ciudadanos, es decir, hombres que
deben ser aptos para gobernarse por sí mismos, ya como
particulares, ya representando á la nacion; y en esto no cabe
pensar en pobre ni en rico, en artesano ni en músico, ni
en astrónomo, sino en ciudadano y en miembro activo de
una sociedad que se gobierna por sí.

Nosotros, por la educacion latina, por el espíritu de historia,


70

por la reminiscencia de las clases, tenemos un molde
para pobres, otro para ricos, uno para tontos, otro para hábiles;
y eso es crear la rivalidad, y la casta, y las distinciones
anárquicas en el corazon de la sociedad.

Aquí se ha pensado en el curtidor Grant, lo mismo que
en el sastre Jhonson, y lo propio en ese sastre que en el
inmortal Washington, Irving: los elementos que da el Estado
son para todos iguales. De ahí la manera viril de ser
de la mujer que á nosotros nos sorprende, y que encomendamos
al ridículo de puro no comprenderla.

Por esta razon las carreras especiales no son de cuenta
del Estado: en ellas impera la ciencia; en la escuela comun,
la patria.

La escuela normal es el cimiento y el complemento á la
vez, con que se corona y en que descansa este sistema magnífico;
ella conserva y enriquece el depósito sagrado de los
conocimientos; ella envía apóstoles de la luz por todas partes;
ella inunda los espíritus y los dirige al bien; ella discute,
con los datos que le suministra la experiencia, sobre los
medios de llevar Á su mayor altura y comunicar más subido
esplendor, al astro que hace cada dia más sorprendentes los
adelantos de la nacion.

Convertido en objeto de predilectos cuidados el niño, y
siendo universal el interes que, por él se toma, la especulacion
misma se plega y sigue la corriente.

Es inmenso el número de publicaciones y de objetos para
los niños, que pueden tener aplicacion á la enseñanza: periódicos
bajo todas sus formas, libritos de cuentos morales
llenos de láminas y primores, barajitas con figuras históricas;
manuales de juegos de sociedad en que se recorre la


71

geografía, se juega con la aritmética y se comenta la historia
nacional en la chanza y en la travesura, y en todo está
el designio de hacer del niño un hombre útil á sus semejantes
y á su patria.

Repito que no es con el saco de viaje en la mano como
se deben ampliar estas observaciones; pero no puedo resistir
á la tentacion de hacerlas, porque en semejantes materias
nada es despreciable.

Respecto á las niñas, hay igual ó mayor dedicacion; por
regla general puede decirse, que la mujer en los Estados–Unidos
es más culta y entendida que el hombre, aunque
ménos reflexiva y de ménos sentido práctico. Aun en cuanto
á la hermosura, no hay proporcion entre el número de
mujeres realmente lindas, y hombres hermosos; y no porque
éstos sean desgarbados y bausanes en general, sino
porque no tienen gracia ni belleza sus facciones.

A las niñas se les ejercita desde muy temprano en el
gimnasio: los aros y la cuerda son vulgares; corren como
cabras y patinan, de hacer la desesperacion de un saltimbanqui.

De todo esto resulta que sean sanas, bien formadas, de
admirables colores y que produzcan generaciones de atletas.

Escriben con perfeccion; para la contabilidad son solicitadas
por su dedicacion y limpieza; no son extrañas á la
música, aunque no brillen en ese arte divino, y corren en
la danza parejas con el viento.

La mujer bien educada de esta tierra, es adorable de
amabilidad y de cultura.



V
Despacho de la Aduana.—"Poblic Store."—"Delivery Office."
—Puerta de salida.—M. Clark.—M. Grogan.—Depósitos
del agua.—Division en secciones para el despacho.—
Vigilancia.—"Luck up."—Reflexiones.

AL fin logré mi objeto de ver á mi sabor y hacerme
cargo, como Dios manda, de las operaciones de la
Aduana, en la parte de lo que llamamos el despacho, y en
eso he empleado casi todo el dia.

El Sr D. Pedro Córdova, corredor muy acreditado y persona
en quien no supe qué admirar más, si su bondad para
conmigo ó la suma de sus excelentes conocimientos, ha puesto
á mi alcance las operaciones aduanales con la mayor lisura
y con paciencia inagotable.

El llamado Poblic Store, ó sea el edificio formado ad hoc
para el despacho aduanal, está cercado por calles de tráfico


74

activísimo, que son, como hemos dicho en otra parte, una
prolongacion del Mercado de Washington. Omnibus, wagones,
carruajes, girando entre tercios, barriles, pacas y carros
numerosos con verduras, entre cuyos objetos hierve este
inmenso gentío de dia de juicio, que da á toda concurrencia
aspecto tumultuario.

El edificio que vamos á visitar tiene diez pisos, sin contar
con los subterráneos; diez pisos que son otras tantas filas
de ventanas unas sobre otras. Es de advertir que estas ventanas
son mi desesperacion, porque ellas interrumpen y convierten
en imposible todo órden arquitectónico.

El primer piso, en todo el rededor del edificio, se compone
de puertas rematando en arcos, y arcos, propiamente hablando,
en número de treinta y cuatro, que equivalen á
otras tantas puertas cocheras de las nuestras en México.

Nos dirigimos á un costado del edificio donde en una pequeña
eminencia dimos con un caballero fresco, rojo como
un betabel, blanca dentadura, revoleando de las puntas el
pañuelo para darse aire.

Por las explicaciones que me hizo el Sr. Córdova y el
rubro de esa puerta, Delivery–Office, conocí que ella funge
como la puerta de salida, es decir, que salen los efectos despues
de concluido su reconocimiento.

El empleado alegre y regordete nos recibió afable, indicándonos
una oficina en el interior para obtener el permiso
respectivo, ó mejor dicho, para proveernos de un guía experto.

El departamento en que estamos es una galera de sesenta
varas de extension por cosa de veinte de ancho, con las
cuatro secciones formadas de los pilares del edificio.


75

En una pieza elegante que dice: Deputy Colector, fuí presentado
á Mr. Clark, persona muy distinguida, quien nos
dió por guía á un empleado, tal como lo podia apetecer.
Consignados á Mr. Grogan, nos dirigimos á uno de los elevadores,
que son cinco los que recorren en perpétuo movimiento
la vía aérea: tienen la forma de un platillo de balanza,
en que caben veinte personas; de suerte que en cada
viaje pueden subir y bajar cien personas.

Se camina de pié y montado al aire, en todo el rigor de
la palabra.

Subimos al décimo piso, donde están los depósitos del
agua, es decir, verdaderos estanques de fierro para la provision
de todo el edificio, y para acudir á un incendio en caso
necesario, haciendo tremendas cataratas.

—Vamos, me dijo nuestro guía, á recorrer el edificio; pero
para que vd. forme juicio en conjunto, le advertiré que,
así como vió vd. esa puerta de salida, hay una de entrada
que da á una espaciosa galera: en ella se depositan todos
los bultos designados para el registro en conjunto, y de ese
depósito se extraen las mercancías, y se van colocando separadamente
en cada piso, los cueros y las lanas, los tabacos,
los libros, los licores, sin que nada se confunda. Los pisos
están relacionados con las secciones del arancel.

Cada piso se compone de galeras como la que vió vd.
abajo, con cuatro divisiones; una la forman las piezas de las
oficinas ó sea despachos; otra es un corredor en que se
practica la vista; el del medio es la calle ó tránsito, y las
dos secciones últimas, enfardelamiento y depósito para la salida
de los tercios.

Bajamos un piso.


76

—Aquí tienen vdes. el departamento de las lanas y los
cueros, de que hace mucho tráfico México. Estos cueros
tienen otro depósito más fresco en los sótanos.

Las oficinas que vd. ha visto en todos los pisos, son de
reconocedores y aforadores, y sus ayudantes.

Es decir, me traduje yo, vistas y ayudantes de vistas; de
suerte que los empleados vistas pueden pasar de doscientos,
y creí quedar corto.

—Está vd. en el departamento de los tabacos, me dijo,
bajando y escabulléndonos en pilas de tercios.

El aviso estaba en la atmósfera, que nos hacia estornudar.

—Descendamos, me dijo Mr. Grogan: esta inmensa seccion
es de las medicinas; aquí tiene vd. habilitacion para todas
las boticas del mundo.

Esta oficina llena de armazones, pesas, etc., está á cargo
de un médico eminente, hombre de vastísima instruccion.

Preguntóme mi opinion sobre la clasificacion del arancel:
me atreví á indicarle que era complicada y absurda en muchos
puntos, y traté de probárselo: el doctor se mostró muy
complacido; tuve el gusto de que mostrara aprobacion con
mis ideas sobre tarifa. Y hubiera quedado allí mucho tiempo,
tal fué el encanto de la conversacion con esta persona, que
me colmó de distinciones.

En cada uno de los pasadizos de una seccion á otra, hay
lavamanos de mármol, toallas y los útiles de aseo, así como
lugares de desahogo en perfecto estado de limpieza.

Siempre descendiendo y entrando por vericuetos que nos
conducian á grandes salas, nos iba diciendo el guía:


77

—-Aquí se revisan equipajes. Este departamento es el
que se entiende con los Express. Esta estancia más elegante
y que parece más cuidada, es la seccion de joyería. Vea vd.
esos cuadros, esos mapas, esos libros: todo es aquí librería.

Y así vimos las galeras de los abarrotes, licores ¿loza, etc.

Estábamos en el primer piso de regreso, y todavía se nos
dijo que descendiéramos.

Hicimos el descenso al limbo de los cueros y de la loza
y cristalería: los unos estaban allí presos porque el calor no
los malease; la otra, por evitar en el tragin del mundo contactos
que pusieran en peligro su existencia.

Aquellos subterráneos alumbrados por luz artificial; aquella
ciudad desierta y cruzada por las sombras, es toda una
epopeya de espanto.

Despues de andar algun tiempo, descendimos aún y nos
encontramos circundados, despues de atravesar espesos muros,
de la apacible luz del dia.

Ese es el palacio de las máquinas, el gobierno de las
aguas y de la atmósfera.

El jóven que sirve este departamento estaba forrado materialmente
en un lienzo listado, y apénas se puede dar idea
de carácter más jovial y complaciente.

Lleno de tizne, con el vestido quemado y con el aspecto
de un fogonero burdo, es un ingeniero de vasta instruccion,
de finos modales y de bondad extrema.

Nos enseñó sus máquinas con el amor que un hortelano
sus plantas queridas; como un inglés sus perros; como un
viejo soldado sus armas. Nos dijo:

—Esos elevadores por donde vdes. han hecho el camino,


78

pueden contener tres toneladas cada uno; tienen la fuerza
de diez caballos. En esas hornillas se consume al dia cerca
de una tonelada de carbon. Esos tubos son para calentar
el edificio: con esos otros se les comunica ventilacion.

Y el chico subia y bajaba y recorria las quiebras y accidentes
de su reino, como una mano ejercitada las teclas de
un piano.

—Habrá vd, advertido, me dijo M. Grogan, grandes números
en todos los pisos y debajo de ellos una cajita. Esa
cajita tiene un boton del que pende un alambre eléctrico
puesto en contacto con un reloj. Esa es la gran vigilancia
de estos almacenes.

De muchos guardas que se turnan, cada uno á su vez, y
sin descanso, tiene la obligacion de recorrer todo el edificio
en todos sus departamentos, en ménos de una hora, subiendo
de piso á piso en cuatro minutos. Los botones están colocados
de modo que se recorra todo el departamento ántes
de llegar á ellos. El guarda sube y oprime el boton. Esta
presion se marca en el reloj encerrado en la pieza del jefe
del edificio: Cuando la señal no es exacta, se marca en el
reloj el tramo, y puede decirse, que hasta el lugar en que se
detuvo, se entretuvo ó se durmió el guarda, y hacer efectiva
la responsabilidad.

Estos empleados son de gente escogida y tienen fianzas.

Los cargadores son gente escogida tambien, pero fungen
á las órdenes de un contratista que responde de su seguridad.

Estábamos otra vez á flor de tierra y mi cicerone dispuesto


79

to á seguir; yo queria tirarme de bruces al suelo, rendido de
cansancio.

—Un momento, me dijo Mr. Grogan: ¿vd. ve esa pieza
por donde con unos ganchos están rodando barriles?

—Sí, señor.

—¿Ve vd? dice Luck up. En esa pieza se reponen y arreglan
los envases descompuestos para que en nada padezcan
las mercancías, y este es motivo de delicada atencion.

Despues de afectuosos cumplimientos nos despedimos de
Mr. Grogan, á quien gustoso consagro, lo mismo que á M.
Clark, un recuerdo de gratitud.

La simple clasificacion de artículos hecha en el edificio y
los numerosos vistas, hacen el despacho rapidísimo: en dos
horas pueden despacharse á la vez ciento ó más cargamentos,
y esto por medio de las prácticas más sencillas.

Si á nuestro edificio, de la Aduana se quitara su carácter
de casa de vecindad, yen sus tres pisos se hicieran divisiones
semejantes, con qué holgura, con qué prontitud, con qué
decencia se haria el despacho!

En Poblic Store se verifica el despacho de los vistas: en el
edificio de la Aduana se practica la liquidacion y se entrega
el dinero que dia por dia se remite á la Tesorería general,
observándose estrictamente que cinco pesos de devolucion
se remitan de Washington, sin permitirse la extraccion de lo
que una vez se ha depositado en la caja.

No obstante el buen órden de que he hablado, y refiriéndose
á otros tiempos, hoy se pueden citar, respecto á aduana,
escandalosos abusos: entre otros, se hablaba de depósitos
confiados á la Aduana, que despues de extraviarse allí,


80

se obligó á pagar derechos de lo que le habian robado al
causante, no obstante sus eficaces representaciones al Ministerio
de Hacienda..... En México, que se pinta tan desordenado
é inmoral en casos semejantes, ha pagado la Aduana
su efecto al comerciante. Aquel es un rasgo de civilizacion,
que no nos atreveriamos á imitar.

Otro dia hablaremos más de la Aduana.


VI
El 4 de Julio.—La calle de Green.—Borrachines.—Bassement.
—Bar–room.— Francisco.—Museum.—Carnicería
humana.—Profanacion de nuestros héroes.—Washington
en ridículo.—Hotel Windsor.—Su riqueza.— Diversas
oficinas.—Dependientes.—"Lavandería."—Relojes de
vigilancia.—Renta.—Nombres y consumos de los principales
hoteles.

LA lectura de viajes sobre los Estados–Unidos, la relacion
de amigos verídicos, la tradicion de la festividad
cívica del 4 de Julio, más que con curiosidad me tenia temeroso
de esos solaces de los soberanos, de que suelen resultar
contusiones y quebrantamientos de huesos.

Se arraigaban más mis temores con la ausencia de multitud
de personas que iban huyendo á las demostraciones de
entusiasmo popular.

En medio de una espectativa, bien desagradable por cierto,


82

esperaba, como en desquite, ver en trage dominguero y
de fiesta á esta multitud y asistir á los fuegos artificiales,
que se hacen con particular buen gusto, segun la opinion de
los entendidos en la pirotécnica.

Algunos disparos, unas explosiones como de palomas y
triquitraques, me hicieron creer la víspera que ayer era dia
de rumbo y de trueno, y que á despecho de todas las sociedades
de temperancia, íbamos á tener la de Dios es Cristo.

Daban consistencia á esa espectativa mis recuerdos.

Hablando de las espontáneas demostraciones de semejante
dia, se hacian descripciones casi terribles.

Hombres disparando al acaso sus armas, mujeres sin límite
ni valladar, haciendo ostentacion de sus encantos; y la
orgía en toda su plenitud, se exponia como en caricatura
para hacer el apoteósis de la emancipacion del pueblo gigante.

Infundados salieron mis temores y fallidas mis esperanzas,
porque no he visto cosa más tristona ni más sosa que el dia
que acaba de pasar.

La ciudad presentaba el aspecto de un domingo, las oficinas
públicas y el comercio estaban cerrados.

Las desiertas ventanas, la ausencia de balcones y zaguanes,
las puertas cerradas de las habitaciones, dan aspecto
realmente lúgubre á la ciudad, cuando el tráfico no anima
las calles.

En todas las oficinas, en los edificios públicos, en las casas
particulares, en los carros y hasta entre las orejas de los caballos,
flota la bandera americana, desde proporciones inmensas
que pudieran cubrir la fachada de nuestras casas, hasta
banderitas que pudieran figurar en un refresco.


83

Lo más curioso es ver esas grandes banderas con sus crias,
es decir, sartas de banderas de pequeñas proporciones, agitándose
como en tendederos diagonales y pendientes de
azoteas y ventanas, como si en efecto se estuvieran secando
al sol.

Las banderas de las otras naciones no son patrimonio de
los funcionarios públicos; cualquier quidam enarbola su bandera
ó hace sartas de banderitas, y se queda muy fresco.

En el número estrictamente preciso para molestar al vecindario,
se quemaban cohetes chinos ó triquitraques y palomas
en gran número; pero por niños y niñas, y lo estrictamente
necesario tambien para sacar un ojo é impedir el
tránsito.

Decíase que habia en tiempos, estrepitosos disparos de armas
de fuego, de que resultaban desgracias y muertes. Yo
nada ví sino tristeza y soledad.

En la calle de Green, calle que tiene cierta celebridad por
habitarla gente de trueno y regocijada, ví algunas hijas de
la noche haciendo disparos con pistolitas de bolsa; pero en
corto número y rodeadas de unos cuantos amantes consuetudinarios
y sin maldita la gracia.

En la bahía, los barcos todos estaban empavesados y la
atravesaban vapores con música, concurridos por gente dispuesta
á divertirse en familia y fuera de la ciudad.

Asegurábase tambien que ayer era el gran dia de los sacrificadores
á Baco; y aunque me consta que estos Romanos
del Mundo Nuevo, como disparatadamente se les llama,
tienen wiskyductos estupendos, no se presencia á uno solo
trazando X con los piés en las banquetas.

En este particular, mi desengaño ha sido el más completo:


84

los borrachos, que los hay por gruesas, son silenciosos;
pocas veces se presencia una riña; casi nunca arman esas
grescas y esos Sanquintines de que pudieran jactarse los
borrachines de la raza latina.

Ni lo extraño y accidentado de la voz, son peculiares de
un estado de perturbacion mental, porque eso lo reserva el
yankee para cuando está en su perfecto acuerdo.

En la taberna, y la taberna de baja ralea, yo no sé lo que
acontecerá. En la calle, el borracho es sombrío, pasa gruñendo,
taciturno, y por su parte el público lo ve con plena
indiferencia.

Cuando el alcohol es muy retobado y le hace pasar ciertos
límites al poseido, se encarga de él la policía y lo deja á
guardar en la primera comisaría que le sale al paso.

En estos casos, el borracho suele gastar su pedazo de soberanía
insultando á sus servidores de la policía; éstos, no
solo les sufren, sino que los miman y consideran, segun la
observacion de Juan Navarro, como quien dice: "hoy por
ti: mañana por mí.
"

Hay muchos borrachos: como suicidas, se emborrachan
en un aislamiento que contrista.

Así habia ayer personas que quemaban cohetes en unipersonal
sombrío, como quien habla solo.

A las diez de la noche, la ciudad estaba más quieta que
en los dias comunes.

A esa hora regresé al hotel: en la Plaza de la Union habia
alguna gente agobiada por el calor.

De trecho en trecho se levantaban, al frente de los teatros
ó de los hoteles, esos gigantescos candelabros con cinco
bombillas de cristal cada uno, que forman esos promontorios


85

de luz que deslumhran. Exactamente como los del
Zócalo de México, pero en gran número. Venia por Broadway
y me entretenia en ir notando en los altísimos cristales
de las tiendas no alumbradas en el interior, la reproduccion
de la ciudad con todos sus detalles, y con tal perfeccion,
como si fuera un espejo corrido la acera en que iba.

A mis piés, los bassements formaban una lista de luz con
sus faroles, bombillas y reverberos, asomando á la orilla de
las banquetas.

Estos bassements tienen su historia: cuando se está construyendo
la casa, entónces se percibe en todas sus particularidades
el esqueleto.

Como primera operacion para la formacion de ese edificio,
se cava una especie de estanque más ó ménos profundo, segun
que va á tener uno ó dos pisos el bassement.

La tapa de madera de ese estanque es el primer piso.
Esta construccion es independiente de la altura de la banqueta,
de suerte que el bassement, ó queda bajo de tierra, ó
asoma más ó ménos á la calle.

En las calles centrales ó de cierta importancia, el bassement
da al pequeño sembrado que está frente á las casas
tras del barandal de fierro: allí están los comedores, se escuchan
los pianos, residen familias acomodadas.

En otros puntos el bassement apénas saca un ojo con ahoguío
de debajo de la tierra: el bassement es caballeriza ó bodega;
pero en Broadway, por ejemplo, el bassement desciende
por una escalera de piedra abajo del primer piso, y son
las tiendas, los restaurants, los salones de billar, zapaterías,
barberías y muy frecuentemente el bar–room, en que los
coptails y la cerveza tienen su mejor y más delicado sazon.


86

El mostrador, los ostiones y en este tiempo las almejas, los
ejércitos de botellitas con salsas que deben figurar entre
los combustibles ó las armas prohibidas, asientos de tripié,
mucho tabaco, mucho humo, mucho periódico y mucha pata
al aire.

Al pasar por San Francisco, hablamos de los bassements
que frecuenta el sexo flotante.

Cuando volví á mi posada encontré á Francisco paseándose
como un leon en su jaula. Mi amigo ha seguido con
suma diligencia y patriotismo los negocios de México, y les
da la debida importancia.

Aunque este es un negocio para mí vital; aunque me
ocupo en él asíduamente, no he querido consignar en este
escrito mis impresiones, porque es de tal modo ligero y sus
tendencias son tan marcadas al solaz y al entretenimiento,
que se resentirian de frívolas, observaciones que en sí tienen
para mí extraordinaria gravedad y trascendencia.

Me limito á notar que el 4 de Julio hicimos contrapeso á
duo á la consagracion al regocijo.

En uno de tantos palacios de Broadway, con escándalo
de la publicidad, en un elegante pórtico de caprichosas columnas,
adornado de figuras simbólicas y estatuas dando á
la calle, se percibe este rubro colosal: Museum. Al pié del
rótulo se pasea constantemente un hombre distribuyendo
avisos con profusion.

Para mí, el aviso, el aparato y el hombre, eran perpétua
tentacion, y no caia en ella, por temor á este humbug americano
que le planta una banderilla al más pintado.


87

Al fin, no pude resistir: toméme del o con mi compañero
Buzeti, y cuando volvimos la cara, nos hallamos á la
una de la tarde al frente de un sombrío y extenso salon,
alumbrado débilmente por la luz del gas.

Las paredes estaban tapizadas de cuadros; en el centro
de la pieza hay grandes nichos.

Compramos un catálogo, que avisa en su carátula que
aquel es un Museo de Anatomía, que se abre diariamente
para ser visitado por hombres, y que está bajo la direccion
del Dr. Jordan, médico de alta reputacion en esta ciudad.

Subimos por una escalera de caracol que está á la derecha,
y entramos en una pequeña pieza bien alumbrada por
la luz natural. El primer objeto que se ofreció á mis miradas
fué, bajo cristales, un taller de tejas de barro con sus
oficinas y figuritas como un nacimiento. Repelé contra
aquella curiosidad anatómica, y volví los ojos á las paredes.

Estas estaban cubiertas de cuadros, ó más bien cajas con
cristales suspendidas á las paredes, sobre hileras de nichos
descansando en repisas ó fajas de madera, que circuyen
gran parte de los salones.

Cada vez que me volvia por un lado, retiraba la vista al
opuesto, herido por una impresion desagradable. Ya era un
ojo reventado, ya una pierna al agusanarse, ya un seno hecho
un amero de llagas.... Brazos, huesos.... Salíme de
la piececita y dirigí mis pasos á la luz de una ventana que
da á la calle. Allí me ví de repente rodeado por focas y lagartos
estupendos, así, estupendos, como de cuatro varas,
en tan perfecta disecacion, que evitaba horrorizado su contacto,


88

porque se me figuraba que al pasar me disparaban
una tarascada.... Volvíme con disgusto, ó mejor dicho, en
cierto estado de excitacion nerviosa que me tenia descontento....
Las paredes me ofrecian el espectáculo de caras humanas,
pero en estado espantoso: narices en completa ruina,
bocas diagonales con antros de putrefaccion.... las facciones
humanas naufragando en el cáncer.... queria distraerme,
y veia tambien, como figuras estrambóticas, corno que
saltaban de la cornisa chivos con cinco y seis piés, chicuelos
de dos cabezas, carneros con dos cuerpos: lo estrambótico,
lo absurdo, el desarreglo en la creacion, la embriaguez de
los fenómenos animales....

Pedian auxilio en mi interior mis ojos y mis nervios, y al
fin hallaron una especie de descanso con la vista de flores,
de figurillas automáticas que vemos entre los muebles de
salas, y chucherías que podrian llamarse de tocador.

Me fijaba en estos objetos como para que me amparasen
de aquellos gestos, de aquellos ojos, de aquel cuerpo humano
en dispersion desarticulada y horrenda, que me desasosegaba,
que me perseguia en detall; queria como no verlos,
se me figuraba que aquellas bocas me iban á morder, envenenándome
la sangre.

Casi de huida, tomé la escalera; pero me cerró el paso un
cadáver tan lúgubre, tan terrible.... su color verdioso, sus
pómulos salientes, su boca entreabierta, sus cabellos á la
frente....

Descendí, oyendo á mi espalda los pasos del muerto.

Bajé tan de prisa, que no advertí que ponia la mano en
una mesilla en que funcionaba una máquina eléctrica, y sentí
una conmocion espantosa....


89

De buena gana hubiera tomado la puerta y echado á correr;
pero cierta fatalidad me contenia. Con los ojos inquietos,
la piel esponjada, los cabellos hirsutos.... fuí entrando
al salon, escasamente iluminado por el gas, como tengo
dicho.

Aquel era un meeting de esqueletos; un esqueleto humano
deteniendo un esqueleto de caballo; á su pié una beldad
perfecta coronada de flores, cuya misma hermosura produce,
no sé por qué, hondo terror.... y en las repisas y en las
paredes, el despilfarro del martirio, la orgía de la putrefaccion,
la tortura de todas las secciones del cuerpo humano,
el banquete del gusano, la huelga loca de las visceras y los
intestinos.

Los esqueletos, los cadáveres que estaban á mi rededor,
las calaveras, me brindaban consuelos, como que se humanizaban
conmigo.... la hermosura ultrajada por la corrupcion....

Entre los objetos del centro de la pieza habia figuras de
notable perfeccion: un zuavo casi augusto de majestad y
de hermosura, con una herida en el pecho, corriendo la
sangre casi, palpitante la carne....

Una jóven con los ojos alzados al cielo, sufriendo al vivo
una operacion quirúrgica de las más tremendas.... Agarabatado,
horripilado, perdido, me acurruqué en un rincon
en que habia una carnicería completa.... corazones, intestinos
haciendo rúbricas.... atroces.... todo me dolia.....
Me volví contra la pared.... allá, en lo más oscuro, en lugares
consagrados á los más recónditos misterios de la vida
humana, ¿qué piensan vdes. que ví?.... pues, señor....
eran cuadritos pequeños con figuras de cera perfectamente


90

hechas, mejor dicho, retratos de generales, de sacerdotes,
de personajes; pero de un tipo tan pronunciado de México,
que me quedé absorto y pensando decirles: "¿Caballeros,
qué hacen vdes. por aquí vestidos de gala, sin saber el idioma
y en sitio tan inoportuno?".... Quise cerciorarme de
lo que veia.... y no solo eran mexicanos, sino los padres
de nuestra independencia.... Hidalgo, Morelos, Bravo,
Allende.... Pero, por Dios! ¿qué tienen que ver nuestros
héroes con estas vísceras, y estos diafragmas, y estos borregos
con dos cabezas?....

Mi compañero se habia alejado perdiéndose casi en las
sombras.

Yo estaba junto á un cadáver que representaba á Washington
durmiendo el dulce sueño del justo. Parecia salir
de entre nubes blancas, así eran los lienzos de su lecho....
la muerte coronaba de majestad su noble frente; sus ojos se
habian cerrado con dulzura, como dando un último beso á
la luz.

El lugar de la pieza en que está este nicho es de los más
oscuros: á poca distancia arde un pico de gas, con esa luz
cárdena y rígida que tiene cuando el aire no la agita.

No sé qué pensaba, no sé qué abismos recorria mi mente;
pero fijándome en el cadáver, creí ver distintamente que
como que movia los labios.... repuesto de la intempestiva
impresion, dirigí mi vista á los ojos.... entónces no tuve
duda.... aquellos ojos se fueron abriendo lenta, muy lentamente....
yo volví por todos lados á buscar gente.... se
me figuró que mi razon queria trastornarse.... me arrimé
contra el cadáver en cierto estado de desmoralizacion grande....
y el cadáver cerró los párpados!....


91

—Hombre! le grité á Buzeti, ¿no le parece á vd. una profanacion
estos resortes y esta diversion con los últimos momentos
de Washington?

Pero nadie me oia.... Mi compañero, horrorizado, me
esperaba en la puerta, donde fuí á reunírmele, queriendo
que por caridad me diese una tunda de azotes el primero
que pasase.

Al salir del Museo queria emprender cualquiera conversacion
que disminuyera mis desagradables impresiones, y
Dios me deparó á M. R***, quien con su buen humor me
relacionó su vida en el hotel, apuntando yo los pormenores
administrativos del Hotel Windsor en que habita, y es de
los de más alta nombradia en la Ciudad Imperio.

—Como sabes, me decia, el Hotel de Windsor está en
la Quinta Avenida, y si no puedo afirmar que es el primero,
sí es de los primeros de esta poblacion.

El propietario, continuó, tendrá millon y medio ó dos millones
de pesos empleados en el hotel y su giro.

El término medio de huéspedes será el de seiscientos,
teniendo escala las habitaciones, desde departamentos como
palacios, hasta piezas elegantes: lo comun de una habitacion
son la sala y la alcoba, con cuarto de baño.

Se dan cuatro comidas al dia, fuera de los pedidos separados,
que se llaman extras y que se pagan aparte, siendo
estos extras, generalmente hablando, más costosos que la
subsistencia comun.

La cocina es un salon perfectamente aseado, con sus hornillas
económicas, sin que se perciban tronchos ni grasas,


92

con seis cocineros ó jefes y sus numerosos ayudantes. El
vapor se pone al servicio de la cocina cuando es necesario.

En secciones separadas del edificio hay panadería con sus
artesas, hornos y dependientes especiales: pastelería con comunicacion
exterior y nevería con útiles y con aperos del
más refinado gusto.

Todas las piezas y tránsitos están cruzados de tubos con
llaves para el vapor, el gas y el agua.

La parte material del edificio está al cuidado de un ingeniero
que vive en el hotel y acude á remediar cualquier desarreglo,
fungiendo de jefe en caso de incendio.

En las noches, cuando ménos se espera y sin molestar á
nadie, se ve una persona que está al tanto de todos los que
entran y salen, para que en el interior del hotel haya la debida
seguridad.

La nomenclatura de las secciones con sus dependientes,
podria hacerse á nuestra manera, del modo siguiente:

  • Administrador.
  • Segundo.
  • Tenedor de libros.
  • Escribiente.
  • Jefes de los departamentos.
  • Criados de los pisos superiores.
  • Camaristas.
  • Criados para el aseo.
  • Cocina.
  • Panadería.
  • Pastelería.
  • Nevería.
  • Carpintería.
  • Pintor.
  • Tapicero.
  • Criados para el despacho.
  • Veladores.
  • Máquinas de elevadores, etc.

LAVANDERIA.

Para formarse idea de ese solo departamento, es necesario
una explicacion particular.

Las camas se mudan diariamente, de suerte que
se lavan solo sábanas
1,200
En cada cuarto habitado se ponen cinco toallas. 3,000
Cada vez que se sirve una comida se cambia
mantel, en treinta mesas, lo que dan
120
El número de servilletas para 600 personas en
las cuatro comidas, es de.
2,400
Sábanas y toallas para baños, delantales, fundas,
etc.
1,000
Total de piezas que se lavan diarias 7,720

Ya se deja entender cuál será el trabajo y los dependientes
que requiere una oficina que tiene semejante movimiento.

Para hacer efectiva la vigilancia en las noches, cada guarda
tiene un reloj al que se ha de dar cuerda precisamente
cada media hora, so pena de que al menor descuido el reloj
queda parado y no hay poder humano que lo haga andar.
Estos relojes han producido los mejores efectos.

La renta que paga anualmente el actual arrendatario del
edificio, es de ciento veinte mil pesos.


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Uno de los redactores de un periódico muy acreditado
en esta ciudad, hizo hace dos años un estudio especial de
quince de los principales hoteles, para averiguar sus consumos.

Los hoteles que sujetó á su estudio fueron los siguientes:

  • Albemarle.
  • Ashland.
  • Brewort.
  • Quinta Avenida.
  • Gilsey.
  • Gran Central.
  • Gran Union.
  • Hoffman.
  • Metropolitan.
  • New–York.
  • San Nicolás.
  • Sturtevant.
  • Union Square.
  • Winchester.
  • Windsor.

Resultaron de sus estudios los consumos que siguen:

  • 54,000 libras semanariamente de carne, toda de res y
    ternera, y cuyo peso supone la matanza de 2,000 reses.
  • 600,000 libras pescado.
  • 15.000,000 ostras al año.
  • 5.000,000 de huevos.
  • 1.500,000 libras carnes de aves.
  • 10,000 barriles harina.
  • 20,000 barriles papas.
  • 150,000 libras té.
  • 700,000 libras café.
  • 1,500,000 medias azumbres leche.
  • 450,000 libras mantequilla.
  • 2,000 libras de uvas.

95

Se calcula que los huéspedes de los referidos hoteles hacen
un gasto diario de cuarenta mil pesos, y me parece corta
suma. Solo de jabon se gastan en los hoteles 24,000 libras
semanarias, y se lavan 373,500 piezas de ropa.... y dejemos
este diluvio de números que me está rompiendo la cabeza.



VII
Beneficencia.—Hospital aleman.—Bellevue Blackwell.—
Otros establecimientos.— Asilo de ciegos.—Particularidades.—
El humbug.—Humbug político.—Oradores.—
Farsas políticas.—Prestidigitacion.

CUANDO entre nosotros se conceptúa de caritativa una
persona, de esas que son el consuelo y el encanto de
la humanidad, que debe á Dios un corazon puro, propenso
á enjugar las lágrimas del infortunio, y nos interiorizamos en
la vida de esa persona, vemos su afan por seguir al huérfano
y la viuda, distinguimos á su puerta enjambres de mendigos,
y el dia de su muerte, un número determinado de
ancianos desvalidos, de jóvenes sin amparo, tienen un testimonio
de su munificencia.

Pocos individuos, como el Dr. D. Pedro López, el Obispo
Alcalde Lorenzana, el capitan, Zúñiga, la Sra. Béistegui,


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D. Luis de Haro, piensan en fundaciones de carácter perpétuo y colectivo.

Es característico y altamente honroso para los filántropos
americanos, que muchas de sus grandes donaciones, de sus
limosnas cuantiosísimas, de sus actos sublimes de desprendimiento
y caridad, se hayan hecho estando vivos, en la
plenitud de sus goces y aun en medio de sus placeres los
bienhechores, como veremos á Girard, como hemos mencionado
á Cooper, como hemos dado á conocer á Peabodi:
hay en esta manera de ejercer el bien, mucho de noble, de
espontáneo y generoso.

¡Qué contraste con esas donaciones por presion á la hora
de la muerte, cuando se parece el bien mismo á la restitucion,
cuando da el agonizante sus desechos, lo que no le
puede servir!

¿Y cuando la sustitucion es hija de la presion sobre la
conciencia, y cuando aparece la caridad como en un concurso
de acreedores, entre las restituciones, los aprovechamientos
del clero y las gestiones de los deudos ávidos?

Parece que estos filántropos, en medio de un festin, alargan
su copa de oro rebosante en licores deliciosos; á los que
tienen sed, llamándolos al convite de la vida.

Parece que la risa y el contento de los hijos y el amor de
sus hermosas, quieren que se complete con la ventura de los
que lloran y con la redencion de los que han dado sus primeros
pasos en el vicio.

La riqueza, léjos de provocar el celo, léjos de ser motivo
de envidia, es el bien y la esperanza. El concierto de los
beneficiados por el poderoso, es la santa glorificacion del
trabajo, en su expresion más tierna y sublime.


99

Yo conozco en México ricos mucho ménos estimables y
útiles á la humanidad, que los caballos que tiran de sus carruajes,
y sin embargo, son árbitros, cuando quieren, de
aquella sociedad desventurada.... Los hay enjalmables, se
lo puedo probar á vdes. con datos fehacientes. Hay muy
honrosas excepciones; pero ¡qué contados merecen lo que
tienen!

En este país, el mismo hombre que lanza de su puerta á
un desventurado que le pide pan, se alista como bombero y
prodiga su existencia por salvar de las llamas á un niño, se
deshace de millones para una biblioteca, para las escuelas,
para que se lleve á cabo una mejora trascendental.

En todo lo que á todos pertenece toman parte todos, y
de ahí las restricciones del Gobierno y la accion poderosa de
la libertad.

El Gobierno que lo absorbe todo y cria al fin la creencia
de que todo tiene que nacer y todo se debe esperar del
Gobierno, no se conoce aquí: cada individuo cria fé en sí
mismo desde la niñez.

En muchas instituciones se ve que el Gobierno tiene participio,
que sobrevigila, pero como que se desprende de funciones
no estrictamente conexas con él, y entónces la asociacion
constituye en centros independientes de accion, los
ramos más trascendentales para la sociedad.

De principios tan sencillos, tan sanos y tan de acuerdo
con la ciencia económica, ha nacido la organizacion de los,
establecimientos de caridad, que con tanta justicia son motivo
de la admiracion y de las profundas simpatías de los
viajeros.

Una administracion privativa, fondos que se acrecen cou


00

dádivas privadas, division en comisiones para la especial
atencion de cada ramo y la publicidad como suprema garantía,
hé allí los elementos que han llevado á tan alto grado
de esplendor la caridad.

Parece que en las atenciones que dispensa nuestro modo
de obrar, hay más amor que dulcifica más las costumbres,
que conduce á contacto más cariñoso la alianza entre la bondad
y el infortunio; pero infecundo ese sistema, socorre, no
regenera; acude á un conflicto, no prevee á un futuro de
bien.

En el otro sistema parece que no existe la caridad; se
cree que impera la beneficencia; como que se desprende un
rico de todo cuidado dando su dinero, y de ahí cierta frialdad,
cierto indiferentismo que pudiera ser una faz del egoismo;
pero evidentemente tal sistema es más previsor y fecundo,
se presta ménos á la jactancia, hace el bien con verdadera
inteligencia, y la caridad debe ser entendida y sagaz.

La caridad, si fuese una pasion ciega, llegaria á hacerse
la fomentadora del vicio y la antagonista del trabajo.

La concurrencia de las diferentes religiones purificándolas,
las convierte en más y más aptas para el bien; ellas
concurren á esta tarea, y al tratarse del enfermo que padece,
del niño que se educa, del sordo–mudo y del ciego, se
encuentran en un solo camino todas las nobles aspiraciones,
congregando á los espíritus en el sentimiento del amor.

Abruma realmente el estudio de las instituciones de beneficencia;
por todas partes se hallan, y cada vez parece más
sagaz y más noble la aspiracion de amparar la desgracia.

Numerosísimos son los establecimientos mencionados por
el Sr. Bachiller en su preciosa Guía:


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Hospital aleman: Recibe enfermos de todas las creencias
y nacionalidades, y pensionistas que pagan siete pesos
al mes.

Asilos para ancianas de más de sesenta años.

Hospital de Bellevue, en que hay cátedras de medicina.

En la Isla de Blackwell:

  • El Hospital (Alms), la Casa de locos y la Casa de trabajo.
  • Casa industrial de las cinco puntas.
  • Beneficencia para las personas de color.
  • Hogar de desamparados.
  • Asilo de huérfanos católicos romanos.
  • Asilo de huérfanos de Leake y Watts.
  • Casa de niños vagabundos.
  • Hospital de emigrados.
  • Asilo de huérfanos.
  • Asilo de huérfanos de color.
  • Huérfanos hebreos.
  • Asilo de dementes.
  • Asilo de San José.
  • Asilo para la Juventud.
  • Casa de hospedaje para niños vendedores de periódicos.
  • Lactancia (institucion como la cuna).
  • San Lúcas.
  • La Magdalena (para mujeres arrepentidas).
  • El Monte Sinaí.
  • Asilo de la Union.
  • Isaac T. Hopper Home.
  • Asilo de huérfanos.
  • Casa de Refugio.
  • Sordo–mudos.
  • San Vicente.

102

Hay además veinticinco boticas, llamadas dispensarios, en
que se dan medicinas á los pobres y asisten médicos para
consultas grátis.

El Informe anual de la administracion de estos establecimientos
y los de correccion, difiere en cuanto á clasificaciones
especiales; pero resulta que la administracion ha atendido

[Figure] CASA INDUSTRIAL DE CINCO PUNTAS.

y socorrido á 62,395, de los cuales asistieron á los
hospitales poco más de dos mil.

Se necesitaria llenar muchas páginas para que se formara
idea exacta del Informe (reporter), que tenemos á la vista
y que nos está sirviendo de guía para nuestras observaciones.

Cada institucion, cada departamento de ella, da cuenta al
superior del Estado que guarda su cometido, lo que se ha


103

observado en la práctica y las mejoras que son conducentes.
De esta manera, en lo más minucioso y recóndito puede
fijarse la atencion y provocarse año por año importantes
mejoras.

Preocupado con las ideas que despertó en mí el Informe
de Caridad y Correccion, salí de mi hotel y llegué al Asilo de

[Figure] HOSPITAL DE EMIGRADOS (WARD'S ISLAND).

Ciegos, situado en la Novena Avenida, entre las calles 33
y 34.

El edificio está situado en el centro de un cuadro de verde
césped, sembrado de árboles que brotan de la tersa superficie;
así son en general los llamados parques, y la verdura
de las plazas son alfombras de aterciopelado césped sombreadas
por árboles: no lo que nosotros entendemos por
jardin.


104

La fachada del edificio tiene puertas, torres, ojivas de pretensiones
góticas; pero esta ventana intrusa en la arquitectura
americana, es una enfermedad que desnaturaliza todo
órden conocido de arquitectura.

La piedra es sombría, de ese gris oscuro que apénas tiene
oportuna aplicacion en los sepulcros y en esas tumbas de
vivos que se llaman prisiones.

En el enrejado que circuye el prado está un aviso prohibiendo
la entrada y advirtiendo que será entregado á la policía
el que traspase, sin permiso, aquellos límites; pero es
el caso que el portero está en el interior del edificio y la situacion
era crítica.

Venciendo dificultades y trámites, me presenté al director
del establecimiento, jóven rubio, de patillas y bigote espesos,
abundante pelo sobre la frente y aspecto más bien de
capitan de caballería.

Esta primera impresion fué desmentida por la más refinada
cultura, el saber y la modestia reunidas, y un espíritu
de bondad generosa para con los ciegos, que empeñó al fin
para con el jóven director mi sincera simpatía.

Yo sabia que la institucion para ciegos fué debida á la
caridad de los Doctores Samuel Wool y Samuel Askely, que
consiguieron su reconocimiento oficial en 1831 y se abrió
al público en 1832.

La administracion consta de un presidente y comisionados
para los distintos ramos de instruccion, en lectura, escritura,
geografía, etc., música y talleres.

El presupuesto del establecimiento contiene la cifra de
118,616 66 de egresos, y de ingresos 126,803 35, figurando
en los ingresos solo 42,494 46, como auxilio del Gobierno:


105

la suma que equilibra el presupuesto se debe á la caridad
de los particulares, entre los que figuran una persona dando
20,000 pesos y dos 10,000 cada una.

Se da educacion en el establecimiento á 200 niños y niñas,
situados en secciones ó alas separadas del edificio, con
escrupulosa independencia.

El señor Superintendente, que era quien nos mostraba el
Instituto, nos hizo notar la ausencia de niños y niñas, porque
se acababan de cerrar los cursos; pero insistió en darnos
idea de la distribucion de labores y del sistema de enseñanza.

Cercano á la puerta, y en el arreglo más perfecto, está un
almacen y en él expuestas las manufacturas de los ciegos,
como bordados, canevás, tejidos de bolillos, y cosas análogas
á la industria femenil; y cepillos, escobas, colchones y
otros artefactos, que no exceden en perfeccion á los hechos
en México en la Escuela de Ciegos. Esto no puede nunca
considerarse como recurso, pero sí es un ingenioso motivo
para excitar el ejercicio de la caridad.

Comenzamos entre esas ciudades de tablas que se llaman
edificios, á hacer nuestra excursion por las cátedras y salas
de estudios, que no ofrecieron para mí novedad alguna, porque
el establecimiento de México dirigido por el Sr. D. Ignacio
Trigueros, es magnífico.

En su hermoso despacho contiguo á una biblioteca propia
para el establecimiento, nos detuvo nuestro guía, que es
el Superintendente, como hemos dicho, y se llama William
Vait.

Sentóse en su mesa y nos mostró varios libros.

—Vd. no puede figurarse, me dijo, todo lo que se adelanta


106

en la lectura de los ciegos con que las letras sean angulosas
como vd. ve. Las letras de gran tamaño, que son
únicamente relieve de las letras comunes, sin duda complican
más las sensaciones ó se presentan ménos conspicuas;
el caso es que se nota gran diferencia en favor de las letras
angulosas.

A pesar de ese adelanto, este método produce solo un

[Figure] ASILO DE HUERFNOS HEBREOS.

diez por ciento de niños aprovechados, aun de aquellos con
quienes se tiene mayor asiduidad con la enseñanza. Hubo
una época que para la escritura se usó de una tinta espesa
como jalea; el niño en cada letra dejaba muy prominente la
forma, pero el sistema quedó sin éxito.

Reflexionando yo, continuó el Sr. Vait, en todas estas dificultades
y con reminiscencias de los antiguos métodos, me


107

decidí por un alfabeto convencional de puntos, que hiciese
muy sencillas las impresiones.

Para esto marqué dos líneas paralelas casi unidas, pero
perceptibles al tacto de un ciego, y así plantée mi alfabeto.

Discurrí que en el inglés la e y la t entran lo ménos en
un veinticinco por ciento de una peroracion cualquiera;

[Figure] HOSPITAL DEL MONTE SINAI.

pues bien, la t y la e se presentan en mi alfabeto, como vd.
ve, con un solo punto, siendo la e en la primera línea, la t
en la segunda. Vea vd. el alfabeto:

a b c d e f g h i j k l m n o p q r s t u v w x y

El alfabeto así dispuesto, la lectura se hace á la vez que
la escritura, procediéndose así.


108

Esto que tengo en la mano es un cuadrilongo compuesto
de una lámina finísima de metal en que están las dos líneas
muy marcadas como en una pauta. Este es un marco movible
de esa lámina; en los bordes del marco corre esta faja
con cuadritos, que es la guía del ciego.

Se interpone el papel entre la lámina y el marco, y se
afianza convenientemente; se coloca el punzon en la mano
del ciego, punzon romo para que forme los puntos, y escribe....
Vea vd. esta carta que recibí esta mañana de uno
de mis discípulos. Vd. podria ensayarse.

En efecto, me ensayé y encontré facilísimo el sistema de
Vait, que es el que se sigue en el establecimiento.

En la práctica de este sistema, sin desmentirse una sola
vez, ha habido un ochenta ó noventa por ciento de discípulos
aprovechados.

El volúmen de lo que se escribe es mucho menor, y permite
que el discípulo estudie y lea libros que de otro modo
no estarian á su alcance.

—Aquí tiene vd. un solo libro de la Biblia contenido en
estos ocho gruesos volúmenes: el mismo libro por mi sistema
está en un tomo. Ya vd. se figurará la diferencia del
costo.

Para la numeracion, y sobre todo para la música, he seguido
el mismo sistema con buenos resultados, como se lo
prueban á vd. estos certificados de personas muy competentes.

El sistema de Vait está extraordinariamente generalizado,
y por mi parte lo creo digno de estudio entre las personas
que deseen el adelanto de establecimientos semejantes á este,
que son honra de la humanidad.


109

Seguimos nuestro paseo, y en la cátedra de geografía ví
que los mapas son de fracciones grandes de madera ó colocados
en grandes círculos giratorios, de madera tambien, lo
que facilita mucho el estudio.

El comedor que está en el centro del edificio es hermosísimo,
puede llamarse de lujo, y en él están consultadas las
comodidades y aun los gustos de los infelices ciegos.

Me parecieron en el comedor muy oportunos los manteles
blancos de hule; éstos se conservan sumamente aseados,
y su renovacion la hace una esponja húmeda á cada comida.

La cocina es de vapor; en el centro se hace uso de las
sartenes y de las parrillas, y en grandes peroles de fierro se
confeccionan los guisos, calentándose muchos peroles á la
vez, por medio de las corrientes que parten del depósito del
vapor.

En la seccion destinada á las niñas, se observa el mismo
método que en la escuela de hombres.

El establecimiento del Sr. Vait es de los primeros del
mundo, y este señor uno de los hombres dotados de más
preciosas cualidades para su alto sacerdocio.

Cuando volví al hotel, hallé el cuarto de Iglesias con concurrencia
desusada, puesto que él pasa el tiempo de todo
punto aislado y leyendo constantemente dia y noche.

El departamento de Iglesias consta de dos cuartos; uno
de ellos habita su hijo José María, el otro es el de Iglesias;
libros por todas partes, su cama, lavamanos y ropero, un pequeño


110

sofá lleno de periódicos. En el centro de la pieza una
mesita con un juego de ajedrez.

Estaban al momento de mi llegada en la pieza, Jorge Hameken,
Rocha, Gomez del Palacio y los señores de la casa.
Corria fresco el buen humor, la gente hablaba del humbug
americano. Uno le comparaba al canard frances; los otros á
la bola habanera; quien al chasco y al borrego mexicanos; pero
aunque distintas las opiniones, se convenia unánimemente
en conceder la primacía al humbug americano.

El humbug en una sociedad educada, calculadora, activa
y en que domina el peso omnipotente, tiene que ser infinitamente
flexible, revestir todas las formas, amoldarse á todos
los gustos, iniciarse resuelto, proceder por sorpresa, llegar
á la temeridad, apareciendo fácil y sencillo, y esto le da carácter
fisionómico en esta sociedad.

En la política, el humbug se calza el guante blanco, se almidona
los puños, se peina de polvo y vuelve locos á franceses
y japoneses, á austriacos y españoles, que condescienden
con estas excentricidades de los yankees.

—En política, me decia J.J. Baz, que ha estudiado con sagacidad
el humbug, se manifiesta en toda su grandeza el
humbug en la eleccion presidencial.

Francisco, con la sencilla claridad que constituye una de
las dotes de su elevado talento, me decia:

—Marcy, Ministro de la Guerra de uno de los presidentes
más notables, formuló el juego electoral con estas notables
palabras: Los despojos son de los vencedores. Traducido al
idioma palaciego, quiere decir esto: "Los empleos corresponden
á los que trabajan en la eleccion."

Favorece la especulacion poderosa que aquellas palabras


111

crian, el artículo constitucional que da facultad al Presidente
de remover y nombrar libremente á los empleados de la administracion
dependientes del Ejecutivo.

Llaman los americanos á esta vuelta de la fortuna palaciega,
rotacion, en cuyo movimiento resultan contusos y
despostillados muchos, y muchos en la cumbre de la riqueza
y los honores.

Para llegar al fin del movimiento está la máquina política,
y para untar la máquina, aunque no oficialmente, pero
sí casi públicamente, se hacen descuentos de sus sueldos á
los empleados.

Próxima la eleccion, á punto de moverse los círculos y
de comenzar á funcionar la máquina, los prohombres del
partido, con sus respectivos coros, redactan la Plataforma,
ó sea programa de la administracion futura, y se encomienda
á la publicidad.

Dos móviles poderosos se emplean para acreditar la Plataforma,
á cuyo través se perciben los candidatos á la presidencia:
un resorte es la prensa, el otro el Speech.

En el primer órgano se apiñan los noticieros, los politicastros
y la gente de turbulencia sedentaria, y aquello es la
mar: por un lado el insulto, la diatriba asquerosa, la calumnia,
las alusiones á la vida íntima, la rabia del desenfreno;
por el otro, las promesas deslumbradoras halagando las ideas
populares.

Así se apoderó la prensa de la cuestion de esclavitud, que
aunque grandiosa en sí, no tuvo por móvil exclusivo aquí
la reivindicacion de la humanidad; así fué la cuestion del
Alabama para la eleccion de Grant; así para la competencia
de Hayes y de Tilden, la reforma de la lista civil.


112

—Advierte que es un móvil poderoso, me hacia notar
Francisco, porque se trata nada ménos que de purificar la administracion,
de separar la intriga, de las funciones oficiales
para llamar al mérito á los destinos públicos, independiéndolo
de los compromisos que trae consigo la complicidad en el
fraude.... La prensa es la orgía del escándalo, la embriaguez
de la difamacion, los defectos físicos, los descuidos de
la niñez, crónica escandalosa: todo se exprime en el filtro
de la opinion, para revestir de formas deslumbradoras el
gran humbug.

El Speech es aun más incendiario; comunícanse órdenes
desde á los ensartadores de palabras más oscuros, hasta oradores
de merecida nombradía: hijo legítimo del Speech es
el Stump.

Al desmontarse un terreno vírgen (esta es explicacion
para que entiendas el Stump), los gruesos troncos que quedan
en la superficie de la tierra, se llaman Stump, (troncon,
traduciremos para entendernos).

En ese troncon, desde la sociedad naciente se levantó el
orador primitivo: de ahí vienen el discurso y el orador de
Stump. Estos energúmenos invaden plazas y calles, y hacen
su tribuna de un cajon vacío, de un barril, de un poste.

Calentada la opinion por los recursos anunciados, los agitadores
ó politicians (politicastros), congregan grandes convenciones
de los jefes ó cabecillas del partido: las convenciones
últimas de los republicanos fueron en Cincinati; los
demócratas se reunieron en San Luis Missouri.

Aquellas convenciones son divinas: no hay ni en las olas
ni en las tempestades nada que pueda compararse á una
convencion en toda su efervescencia.


113

En la convencion se discute el ticket, ó sea la lista de los
candidatos para la futura administracion, es decir, se llega
al proyecto de reparto de los despojos de los vencidos:
aprobado el ticket, se envía al Presidente en ciernes una carta
acompañada de la lista, para saber si el Presidente acepta:
esta es una pura fórmula, porque el Presidente acepta
generalmente lo que viene de su partido.

Celebrado el pacto, se procede á la eleccion y luego al reparto
del botin.... corroyendo semejante sistema todos los
resortes del órden, de la moralidad y de la decencia.

Hayes, no obstante, ha querido con empeño realizar su
programa; pero hasta ahora no ha logrado absolutamente
nada. Hé ahí una faz, y muy importante, del humbug político.

La administracion de justicia (entiéndase que exceptúo
la justicia de la federacion, propiamente dicha), los jueces
en lo general, están contaminados de la corrupcion electoral.

Alborotadores de café, politicastros de bar–rooms, entrometidos
y bullangueros, suelen tener influjo decisivo en las
masas, y hacen el nombramiento de jueces: el resultado es
que en los negocios en que ellos intervienen, se hacen servir
despóticamente, y la justicia se plega á sus conveniencias,
imprimiendo en los negocios un sello de prostitucion descarada
á veces, que realmente escandaliza á los poco conocedores
de esta clase de negocios.

Por lo demás, para despertar la curiosidad en esta Babel
y entre gente tan preocupada de su negocio, la prensa suelta
dia á dia cada humbug que canta el credo.

Empresas imposibles, descubrimientos estupendos, muertes


114

horripilantes, todo está á la órden del dia con estrépito,
en relieve, en són de catástrofe ó de contento, segun produzcan
la sorpresa ó el halago del mayor número.

Hay un periódico semanal titulado El Sunday Mercury:
en él está recopilado cuanto la mente humana no puede
idear de más tremebundo.

Apariciones, endriagos, monstruos, tertulias de muertos,
amores horripilantes, descubrimientos de países estrambóticos,
erupciones volcánicas, brujas, milagros, y yo no sé
cuántas cosas más.

En los teatros tienen su asiento y se aclimata lo más extravagante
y lo más inconducente: como hemos visto, se
pone en escena La Vuelta al Mundo, de julio Verne; de
tres dramas de asuntos diferentes, se hace uno de plan americano,
y la cosa marcha. Hay romanos de revólver al cinto,
y aparece en el Bosque de Boloña la Basílica de San Pedro.
Todo esto no es de literatos, sino de saltimbanquis y teatros
de segundo órden.

En espectáculos de otro género, basta seguir las peripecias
de la vida de Barrum para persuadirse que no hay
más allá....

El puebla de gigantes su espectáculo, ó produce enanos;
expone á la vista hombres con las pieles de todos los colores,
venidos de regiones misteriosas, ó saca á luz circasianas
de profusas cabelleras y rostros confeccionados en Saturno
ó en Júpiter.

Barrum es el rey del humbug y se enorgullece de su primacía,
gana su dinero dando espectáculos de un género especial,
se anuncia con procesiones de carros en que van expuestos
los objetos y los animales y las maravillas que va


115

á exponer, y este anuncio ambulante es dispuesto con tal
artificio, que por sí constituye una maravilla.

En los carros va al descubierto lo conveniente, y oculto
lo que necesita el prestigio de lo singular.

Bajo las ricas mantas de algunos carros, se oyen rugidos
de fieras, articulaciones en idiomas desconocidos, gemidos,
como caidas de agua y como tempestades, y se ven luces
siniestras entre gigantes, enanos, pájaros extraños é indescifrables.

Una vez anunció que habia sorprendido un borrego en
los Alpes, de colosal tamaño, y de tan raro aspecto, y de
tal singularidad de conjunto, que las sociedades de historia
natural estaban con tanta boca abierta.

En efecto, el borrego era singularísimo; un hombre de
pié apénas alcanzaba la altura del lomo.

El público le veia, le acariciaba y pagaba con gusto sus
entradas: el dia ménos pensado, el borrego se soltó relinchando
(el borrego era un caballo con lana sobrepuesta y
pintorreado).... pero esto, léjos de disminuir, acreció la reputacion
y la fortuna de Barrum.

En Paris, me contaba J. J. Baz, habia un caballero por el
estilo, llamado Mayard, de extraordinaria celebridad.

Este hombre pretendia sincerarse á menudo de la nota
de charlatan con que se le pretendia agobiar.

—Todos me dicen charlatan, clamaba, y nadie se fija en
la mágia del lápiz de Mayard.

Y diciendo y haciendo, sacaba de su bolsillo un lápiz como
una tranca; con una navaja como un alfanje le tiraba un
par de tajos, y caten vdes. el lápiz cortado como en una
máquina.


116

—Este lápiz no es comun, repetia: ¿vdes. han visto cosa
semejante?

Y clavaba el lápiz en un tablon, como un puñal; despues,
como distraido, hacia unos garabatos: era un engendro raro,
unas rayas inconexas, un caos de líneas que todos veian casi
con disgusto; trazaba un rasgo sobre ellas, y aparecia un
pájaro tan perfecto, que se creia iba á saltar, cantando, del
tablon; otras veces, entre esas líneas, dejaba caer como al
acaso dos puntos y una raya, y saltaba haciendo muecas la
caricatura de uno de los circunstantes, en medio de la risa
universal.

Mayard y Barrum se encontraron y fueron amigos.

Le decia Mayard:

—¿Vd. ha repasado sus Memorias? Ve vd. todos los modos
de engañar que ha descubierto? pues ya le enseñaré á
vd. uno nuevo.

Pasó el tiempo: Mayard desapareció de Paris; un periódico,
una vez, dió lo noticia de que estaba en Africa empeñado
en una cacería de leones. Se describia su tren y su
servidumbre.

Un dia, el mundo de la curiosidad y la mentira amanecieron
de duelo.... Mayard habia muerto: habia luchado
heróicamente con un leon.... pero uno de sus acicates se
enredó en unas yerbas, cayó, y aquello fué espantoso.

Una tarde, entre los magníficos carruajes de la aristocracia,
habia uno realmente deslumbrador; lo guiaba una especie
de orangutan, pero revestido de oro; en el fondo se veia
un caballero saludado con entusiasmo por la multitud....
Era Mayard que habia refaccionado su crédito, haciéndose
devorar por un leon.


117

Descendiendo en la escala del humbug, deben mencionarse
las medicinas milagrosas, raíces de la India, píldoras con
extractos de hígados de serpiente, elíxires que contienen lágrimas
de pescados de cuatro piés, y cosas que ni con calentura
se discurren, ni los locos en sus extravíos imaginan.
Por supuesto, las curaciones que operan, tienen certificados
fehacientes y les han valido cruces y medallas á los autores.
Entre estas medicinas ocupan lugar preferente las que reparan
las fuerzas, y son el ensueño de los viejos verdes.

Pero donde para mí encuentra el humbug su apogeo, es
en dos cosas.

Las ventas y combinaciones para rifas y loterías, y el humbug
de la oratoria.

En cuanto al primero, habia un hombre una mañana en
una encrucijada de la calle de Cidar, que la atraviesa otra
ex abrupto y como cerrándola. El caballero estaba elegantemente
vestido y hablaba con la sencillez de un niño. Tenia
á su frente caramelos, cajitas de carton con anillitos y Piedras
falsas.

El hombre, ya envolvia un caramelo, ya ponia en una cajita
un billete de á veinticinco centavos.

Confundido con otros caramelos, el del papel colectaba
de á centavo para el que quisiera caramelo, y entre las manos
hacia la rifa.... Todos los circunstantes ganaban su
caramelo.... y él decia: "Esto es dulce," y procedia á otra
rifa: el público acudia, y en las cajitas se ponian grimbaks de
á veinte pesos.... el juego era de lo más divertido: ¡lástima
que la policía no fuera de la misma opinion!

En las calles se ve perorando en alto, en mangas de camisa,
con un sorbete reluciente, un pañuelo enredado al cuello,


118

al rayo del sol, con una mesita al frente, un hombre que
manotea, gesticula y dice cosas tremendas sobre las virtudes
de un jabon mágico que quita las manchas de los sombreros:
de repente el sombrero más averiado de la concurrencia
está sobre la mesa: viene de no sé dónde, en alto, un
vaso de agua; se lava el sombrero, se exprime, reaparece
como nuevo; la gente aplaude y se venden aquellos pedazos
de jabon, que es un juicio. Ya vimos en Orleans á uno
de estos prestidigitadores.

En medio de una plaza se ve á un jóven moreno, de Mirada
escrutadora, con una jaulita de canarios al frente; entre
los alambres de la jaula hay tiritas de papel de distintos colores;
el confidente del canario explica con los colores, que
el canario responde á la buena y á la mala fortuna, y siguen
las consultas.

En una plaza de Orleans, como hemos visto, noche á noche,
entre hachones, aparecia un pizarron para explicarse un
método de contabilidad que era el asombro del mundo: despues
se vendian los libritos.

En un quicio de puerta, al frente de una mesita, se ve un
hombre como probando unas plumas; se tiene la pluma entre
las manos, se humedece en un vaso de agua, se escribe....
y aquello es lindo: se ven pintiparadas las letras como
si las hubiera parido el mejor tintero.... Va vd. á su
casa, quiere hacer la propia operacion.... escribe vd....
y ve vd. despues el papel como la madre lo parió....como
si nunca le hubieran puesto la mano encima. Hay muchas
de estas plumas que surten excelente efecto.

Una mañana, al vestirme, noté la desercion de dos botones
de mi pantalon; me resolví á que entrase en campaña


119

mi ineptitud para la costura, y aquel fué tragin: me hice criba
los dedos, pujé, bufé, grité.... y me entregué á la desesperacion.
Pero la costura no fué para mí tan laboriosa ni
humillante, como la ensartada de la aguja.... aquella postura
de cazador, aquellos gestos contra la ventana, aquella
desviacion del hilo que se parecia á la burla, me tenian humillado....

Salí á la calle, de pésimo humor: á la espalda del Correo
habia frente á una mesita un viejo cano, fresco, alegre,
bien vestido, de ojos grandes y dentadura blanca, con un
carrete de hilo en la mano; hablaba tan sabroso, que tal me
parecia castellano lo que hablaba: un inmenso círculo de
gente le oia con verdadera complacencia. El mostraba su
carrete que remataba en un aparato de estaño.... aquella
era una maquinita de ensartar agujas: ni Cristobal Colon se
sintió más grande con su descubrimiento, que yo con el
mio.

Hablando, hablando, aquel génio y aquel bienhechor mio,
ensartaba agujas como quien traga anises. Yo estaba encantado:
compré mi carrete en diez centavos, compré otro
y otro, y hubiera querido traspasar su puesto al vendedor....
volví al hotel triunfante.... A Francisco le saqué conversacion,
de modo que me viese ensartar una aguja él que me
habia burlado en la mañana.... aquello era el imposible....
aquella treta hacia más difícil la operacion que con los medios
comunes.... muchas agujas eran alambres de acero
sin ojos.... Riendo me decia Francisco:

—¿No querias saber lo que es humbug?.... Hay tambien
maquinitas verdaderas que surten ese efecto.

Es comun ver en las noches, en una banqueta, un telescopio,


120

y á su lado una persona grave dando un curso de
astronomía, como no lo hubiera hecho el mismo Arago ó
Flammarion.

Más adelante pondremos á los ojos de nuestros lectores
anuncios que pueden pasar como tipos en materia de
humbug.

La siguiente es una parodia del estilo yankee, tomada
del Asmodeus, libro de crítica que se ha hecho muy raro, y
del que no me ha parecido conveniente dar idea en estos
Viajes.

Se trata de vender las acciones de una mina de leche,
mantequilla y miel:

ATENCION!

Nuestros prodigios no cesan jamás! Poseemos minas capaces de redimir
en un dia las deudas de todos los gobiernos de la tierra, inclusa la
de los Estados–Unidos! Las Montañas Rocallosas tienen plata para que
se forjen de sus desperdicios rieles que unan al Atlántico con el Pacífico.

Trabajamos á la luz saludable del sol montañas inagotables de carbon
que no tienen rival en cualidad y de las que son tributarias, á su despecho,
las miserables naciones de Europa, porque ellas tienen que descender
á veces por ese precioso combustible al lecho del océano. Para proveer
á nuestras grandes ciudades de una luz más dulce y económica que
la del dia, solo tenemos que abrir unos cuantos hoyos en dos ó tres de
nuestros Estados; pero, ¡oh prodigio! ¡oh asombro! hoy anunciamos un
descubrimiento que excede á las más estupendas creaciones de nuestros
novelistas modernos y á los más inverosímiles milagros de las Mil y una
noches!

Varios trabajadores, al trozar una loma en el Estado de Humbuggia,
para ponerlo en relacion con las otras estrellas del firmamento americano,
descubrieron con sorpresa extrema un pozo que brotaba leche de exquisito


121

aroma y sabor. El estupendo fenómeno fué explicado cuando,
profundizando el pozo, llegaron á inmensos depósitos de mantequilla y
miel petrificadas.

Depósitos semejantes, que parecen haber permanecido en el estado que
se hallan, por siglos de siglos, han conservado á los preciosos artículos
que denunciamos, su sabor primitivo. La leche y la mantequilla, lo mismo
que la miel, despues de expuestos unos minutos á la luz, se coloran
suavemente de un tinte dorado, que les hace muy agradables á la vista.

El eminente profesor Sillyman ha extendido un luminoso Informe de
este prodigioso descubrimiento; Informe aprobado por una Sociedad
de geólogos y otros sabios ilustres, que han acudido de los más remotos
puntos del globo á este privilegiado Estado de la Union. En el Informe
se demuestra, á la luz meridiana, que esos inagotables depósitos se deben
(salvo los errores á que puede inducir la falta de datos tratándose de fechas
tan prolongadas), á una raza de hombres y animales de estupenda
pujanza, probablemente gigantes, que habitaron ántes aquellas regiones.
Los grandes banqueros Gulling y Ca han examinado los pormenores todos
de la empresa, suscribiéndose con cuarenta y cinco mil pesos cada
uno para la explotacion, organizándose en Compañía (conforme á las leyes
del Estado), y dando vida á esta riqueza con que nos ha querido dotar
la bienhechora mano de la Providencia.

Los mismos banqueros han permitido, á instancias de multitud de personas,
que se pongan en venta cuarenta mil acciones de á cincuenta mil
pesos cada una.

La suscricion al fondo de la "Compañía de leche condensada, miel y
mantequilla," se abre hoy á medio dia, en el despacho de la oficina que
se menciona, con la firma irreprochable que se ha dicho.

(Traduccion libre).

Copiemos ahora el anuncio verdadero de un Museo Anatómico,
que no es el que describimos en nuestras páginas
anteriores:


122

SE ABRIRÁ
EL 4 DE JULIO DE 1877

MUSEO
DE
ANATOMIA, CIENCIAS Y ARTES

EN TODO SU DESARROLLO
FIGURAS DE HOMBRE Y DE MUJER
DISECADAS EN CADA UNA DE SUS PARTES

Un mundo de secretos descubiertos.
Una mina explorada de riqueza anatómica.
Una fuente rebosando en bellezas.
Excursiones por un mundo misterioso.
Revelacion singular de las formas humanas,
Con ejercicios de su complicado mecanismo.

OBRAS MAESTRAS DEL PODER CREADOR
LAS SORPRENDENTES MARAVILLAS DE TODAS LAS EXISTENCIAS

LA ESTRUCTURA HUMANA
Su accion oculta, su organismo secreto revelado por la mano
de la ciencia y la destreza del génio.

Anatomía de la abeja,
Del buey, del caballo,
De las flores vegetales,
Y diez mil curiosidades más, que constituyen
este Museo en único en su género.


123

Para concluir esta parte de nuestra charla, copiaremos algunos
avisos de la Gaceta Matrimonial. Es de advertir que
los avisos los redactan los mismos interesados:

UNA señora viuda, de cuarenta años, sin estorbos,[*] de buena presencia,
bien relacionada y con una renta moderada, desearia abrir correspondencia
con un caballero como de cincuenta años, con miras de
matrimonio.

UNA muchacha trabajadora, de diez y ocho años de edad, que gana
diez pesos semanarios, quisiera casarse con un jóven que trabaje con regularidad,
y que ni fume ni beba con exceso.

UN caballero inglés, de edad de cuarenta años, buena familia, no mala
presencia, moreno, de buen natural y corazon ardiente, quisiera casarse
con una jóven de ménos de treinta años.

UN clérigo de edad de treinta y cinco años, con elevadas relaciones,
buena casa y comodidades, desea entablar relaciones para casarse con una
jóven bien educada.

MARIANA, de edad de cuarenta años, representa diez ménos, bien
educada, de mediana estatura, morena, bien parecida, amable, de corazon


124

ardiente y disposicion amante, con una pequeña propiedad y residencia
en Albany, desea corresponderse con un caballero de buenas proporciones
y no enteramente viejo, con mira de casarse.

UN clérigo, que es á la vez maestro de escuela en un pueblo de Pensylvania,
alto y moreno, desea correspondencia con una señora pasable,
de algunas proporciones. No se desecharia una viuda sin hijos.

UNA jóven rubia, muy inclinada al matrimonio, desea contraer conocimiento
con un caballero de honor, que le preste un auxilio moderado.

SOY un mecánico de treinta y tres años de edad, grueso, pero bien
formado, americano de nacimiento, tengo deseos de saber las señas de
alguna buena muchacha de juicio que desee tener su casita propia. Que
no pierden su tiempo conmigo las muchachas de moda.

LA hija de un clérigo, de edad de veinticinco años, morena, bonita,
muy viva, muy cariñosa y bien educada, desea una correspondencia, con
objeto de casarse.... luego que mueran sus padres, tendrá una fortuna
considerable. Está lista para marchar á cualquiera de los Estados de la
Union.


125

TEMPUS FUGIT.—Muchachas hermosas, la que de vosotras quiera
un marido de poco más de treinta y cinco años, de carácter alegre, y
fuerte como un buey, con tal que la que pretenda no sea muy afecta á
vivirse en la calle, puede dirigirse con su retrato al editor de este periódico,
quien tiene instrucciones.

El Herald, hace pocos dias anunció unos matrimonios por
rifa, de chuparse los dedos.

En cuanto á los avisos del Mercurio, los hay tan pecaminosos,
que nos ha sido materialmente imposible hacer la
traduccion de ellos.



VIII
Establecimiento tipográfico y librería.—Appleton.—Librería.
—Varias oficinas.—Mr. Veillet.—Periódicos.—Su carácter.—
El Reporter.—Periódicos notables.

EL establecimiento tipográfico y de librería, que lleva
como un timbre de honor el nombre de Appleton,
tiene, con justicia, celebridad universal; nadie desconoce su
influencia bienhechora en la civilizacion del Nuevo–Mundo,
y todo americano se vuelve reconocido hácia una fuente de
instruccion que recuerda desde los planteles de la niñez.

Es la casa de Appleton un modelo en que están hermanadas
sábiamente la especulacion y la beneficencia.

La librería y el gran despacho de los negocios están ubicados
en la calle de Broadway, y de su suntuoso edificio de
fierro hay numerosos trasuntos en publicaciones pintorescas.

Tiene el edificio la extension de una de las que llamamos


128

nosotros cabeceras, y un ancho de veinticinco varas, siendo
de esa extension los salones superpuestos ó pisos de que se
compone el edificio.

Mesas, mostradores y escritorios, están perfectamente distribuidos
en el salon central, las alturas y el almacen subterráneo
en que se hace propiamente el despacho.

Penetra la luz al interior de los salones todos por un espacioso
tragaluz cuadrado, bajo el cual ascienden las escaleras
formando balaustrados y puentes, que le dan aspecto
grandioso y bello al conjunto.

Cientos de miles de volúmenes se ven en mesas y en estantes,
y como de un manantial, de allí afluyen, á las americanas
regiones esencialmente, las primeras semillas del saber
humano, con sorprendente profusion.

La imprenta, la encuadernacion de libros y la fundicion
de tipos, está situada en Broklyn, donde se dignó llevarme
Mr. Veillet, dependiente de la casa de Appleton, autor de
varias obras, y persona con quien en México tuve el honor
de contraer relaciones.

La fábrica emplea más de quinientos obreros de ambos sexos
en sus diversos departamentos, distribuidos en la manzana
que ocupa el edificio, que consta, de varios pisos con
sus hileras de ventanas, como otros muchos que ya conocemos.

No me detendré en la descripcion de cada departamento,
porque se trata de una industria muy conocida y adelantada
en México: mencionaré lo que me llamó la atencion, presumiendo
que para alguno pueda tener novedad.

A la entrada de la imprenta me detuve á examinar una
máquina de secar papel despues de hecha la impresion.


129

Compónese de un cilindro que encierra el calor, y que
orea el pliego colocado debajo en unas cuerdas que le sostienen.
Cuando entra el papel, está completamente húmedo:
cuando sale se puede encuadernar. Yo no sé cómo no
se ha hecho aplicacion semejante para los periódicos en México,
donde pagan el porte por peso; la máquina produciria
un ahorro de mucha consideracion. Las prensas hidráulicas
colocadas en esa seccion del departamento, son de gran potencia,
y en ellas solas está invertido un gran capital.

Las prensas de impresion son treinta y seis, que están en
perpétuo movimiento, y preside á todas ellas la prensa en que
se coloca la planta para hacer el tiro y la vuelta de una vez.
Esto es, la planta cilíndrica que se ve con justicia como un
gran descubrimiento.

Los procedimientos en el trabajo de prensistas y cajistas,
son como los nuestros.

La oficina en que se estereotipan las plantas, ofrece interes
por ser poco conocidas en México sus labores.

La planta estereotípica ofrece inmensas ventajas para su
uso, á más de la baratura por el ahorro de manos. En primer
lugar la celeridad, porque se pudieran tirar en varias
prensas las mismas plantas, centuplicando los tiros: en segundo
el ahorro, porque la letra se destruiria muy pronto
donde se tiran muchos ejemplares: en tercer lugar, la conservacion
de la planta por años enteros, sin temor alguno
de que se empastele.

Despues de formada la planta y colocada en su cuadro de
fierro, se vierte sobre ella cera derretida y se deja enfriar;
al enfriarse la cera, conserva los más imperceptibles accidentes
de la plancha. Entónces se sumerge en el baño galvánico,


130

y á muy poco tiempo una lámina de cobre flexible
tiene la impresion en relieve: se adapta con sumo cuidado
á láminas de acero, y éstas se pulen y cepillan en varias
máquinas de pujanza poderosísima y quedan aptas para la
impresion, guardándose despues las planchas para todas las
impresiones que se quiera. Se calcula en cerca de quince
millones de pesos el valor de las plantas que tiene en almacenes
la casa de Appleton.

Por ese medio se tira solo de libros de deletreo, anualmente,
un millon de ejemplares.

La oficina de encuadernacion está servida en su totalidad
por señoritas, en las que se admira la delicadeza y compostura,
tanto como la destreza en el trabajo.

De esa oficina salen esos dorados como bruñidos espejos,
esos relieves del cincel, esas pastas que hacen de las ediciones
de Appleton objetos artísticos de merecida nombradía.

La máquina de cortar papel es un triángulo de acero giratorio,
que sin mover el papel, practica el recorte con más
celeridad y perfeccion que las máquinas de que nosotros
nos servimos.

Hay máquinas de varias clases para plegar, y de alguna
ya hablamos al visitar las prensas del Evening Post. En
cuanto á las de coser cuadernos, las máquinas son muy
sencillas y de fecundos resultados.

Las más de esas máquinas son variaciones de la máquina,
de coser comun. Sin embargo, es digna de mencionarse una
en que la costura se hace con hilo de alambre y se adapta
á los lomos resistentes de algunos libros.

Al fin de uno de los salones del departamento de encuadernacion,
hay una especie de escondrijo con un estanquecito


131

de agua sucia, que tiene ollas de pintura á los lados. Allí
se hace el papel jaspeado y se jaspean los cantos de los libros.
El artesano encargado de este trabajo, es un hombre
seco como un bacalao, rubio y desdentado, de dedos largos
y una fisonomía como de pájaro.

La agua que contiene el estanquecito está preparada con
goma y no sé qué otros ingredientes. Sobre la tersa superficie
de aquella agua, sacude sus brochas con pintura el artesano,
quedando sobrenadando gotas azules, amarillas, verdes
y rojas, blancas y de los colores que se quieren combinar:
despues de esta operacion, se pasan unos peines sobre
el agua, y con el extremo de la brocha queda hecho el jaspe;
entónces se sumerge de canto el libro y se imprimen
esos dibujos caprichosos, esos mosaicos de colores que tienen
hermosura especial en algunas ediciones de Appleton.

El órden y el silencio que reina en todos los salones, la
exquisita combinacion de la economía con la hermosura de
las ediciones, hacen de aquella fábrica un objeto de estudio.

Muchas de las ediciones que publica la casa son pintorescas;
y allí se ven esas ediciones tersas que encantan; esos
grabados que compiten con los prodigios del buril inglés; y
esas impresiones de dos y más tintas, que hacen de cada
mapa un dechado de pureza de ejecucion.

A mí me desesperaba considerar la baratura increible que
se podria alcanzar en estos libros de educacion, y que no se
logrará nunca, miéntras no se ponga el papel libre de todo
derecho.

¿Cómo es que se quiere proteger una industria que no
tiene elemento ninguno de vida propio? ¿Cómo se ama el
trabajo, y el resorte que lo hace más fecundo, que es la instruccion,


132

se encarece y escasea? Los libros que se dan aquí
por diez centavos, en México sacan un costo de cincuenta.
¿Cómo es posible marchar con estos obstáculos, que cria la
barbarie y se respetan, en el camino de la civilizacion?

De todas las manifestaciones estúpidas que tiene en México
la proteccion de la industria, ninguna me parece más
censurable que la que da por resultado la carestía del papel.

El Sr. Veillet todo me lo explicaba con suma paciencia y
bondad, haciendo en todo observaciones oportunas y dejándome
muy sinceramente agradecido á sus finezas.

—Ya que he leido á vd. mis apuntaciones en la casa de
Appleton, dije á mi amado amigo P. de Leon, quisiera me
dijese vd., á quien creo muy competente, lo que hay sobre
periódicos; porque venir á los Estados–Unidos y no hablar
de periódicos, es ir al mar sin quererse acordar del agua.

—Los periódicos políticos me dijo, ven como muy en segundo
término su parte literaria; de suerte que, por esa causa,
llaman la atencion los intervalos lúcidos del World y del
Times, las crónicas científicas de La Tribuna y las noticias
bibliográficas del Herald.

Cada periódico lleva en alto la bandera de su creencia,
sin embozo y sin inconsecuencias generalmente. Los periódicos
tránsfugas son desconocidos. Pero como en las cuestiones
administrativas, así como las de interes personal, caben
opiniones diferentes, á cada momento hay antagonismo
y contradicciones que pasan muy orondas, sin que nadie
las note, ó que arman gazapelas domésticas que son una delicia.

El periódico tiene marcada independencia entre la parte
de redaccion y la financiera.


133

En esta parte financiera, los periódicos, generalmente hablando,
son empresas con administracion especial ordenada
á estilo de comercio.

La redaccion se subdivide en secciones, en que figura
la editorial, el reporter, el bohemian, etc.

Hay aun fracciones en la primera parte, encargadas de
tales países ó de tales materias, sin confundirse y atendiendo
cada cual á su asunto.

El reporter es el cazador de noticias, el pescador de chismes;
el cortejo del escándalo; está en la fiesta, se ingiere en
el duelo, se escurre en el bar–room, danza en el salon, reza
en la iglesia y se muestra compungido en el cementerio.

Hacer el corretaje de lo increible, de lo imposible, es su
triunfo: él es el que dice un dia que se ha dado direccion á
los globos, que se ha destruido el Niágara, que fué mentira
la muerte de Napoleon, que el Papa está casado en secreto;
y como aquí la publicidad es el todo, el reporter es el
clarin y el aviso, el tambor y el toque de fuego.

El reporter no es un hombre vulgar: al abordar á un alto
personaje; al iniciarse en una querella; al terciar en un galanteo,
tiene que mostrar instruccion, cortesía y flexibilidad
suma de carácter.

La audacia es el elemento del reporter; pero esta audacia
seria infecunda, si no fuera acompañada de otras prendas.
Entre los reporters hay personas muy decentes, listas para
todo servicio, lo mismo aquí, que en China ó en el Polo.

Un reporter del Herald se fingió loco, se hizo conducir al
asilo de Blakwel Island, y salió á escribir sobre los abusos
cometidos con los locos, atestiguándolos con su propia experiencia.


134

El bohemian es la cria del reporter, su pimpollo. Escribe,
y le pagan lo que escribe, si agrada.

La parte financiera del periódico no se entiende por suscritores
sino por agencias. Hace la administracion su distribucion
en grande, y éstas subdividen el reparto.

En todas las calles, en las plazas, en el interior de los barcos,
la agencia se hace sentir, y el muchacho vendedor ha
elevado al rango de industria la venta de periódicos.

Los avisos constituyen la seccion más lucrativa del periódico,
y algunas de estas oficinas, en lo general, tienen suma
importancia. Esto explica la mucha baratura de los periódicos.
El Herald perderia dinero sin ese recurso que, como
hemos dicho, llega á diez mil pesos diarios.

En materia de administraciones, hay una que es una perla,
que vale un ojo de la cara.

Nos referimos á la Gaceta Matrimonial, periódico semanario
consagrado á la agencia de matrimonios y procurar la
felicidad conyugal.
Algunas de las reglas de la publicacion
merecen estar escritas en mármoles y bronces. Son el chisme
y el corretaje del amor, en su quinta esencia de desfachatez
y de insolencia.

Dicen así las más notables:

"En cada aviso debe citarse la edad y la posicion que el interesado
tiene en la vida; tambien debe hacer el interesado ó interesada
su descripcion, y decir si desea ó no correspondencia."

"Cuando una señorita ó caballero deseen entablar correspondencia,
dirijan sus nombres (muy confidencialmente) al editor,
como una garantía de buenas intenciones. Se entiende que los
nombres en ningun caso se publicarán."


135

"El editor no es responsable de las promesas de los avisos ni
de sus particularidades."
"El editor recibe consultas pagándole por separado."

Ya ven mis lectores que el corretaje de amor se ha llevado
al más alto punto en este pueblo gigante....

Y aunque parezca divagacion, diré, insistiendo en las libertades
que se toma la prensa, que acabo de hacer conocimiento
con otros dos periódicos que no le van en zaga á la
Gaceta Matrimonial: uno es El Tiempo, semanario; el otro
La Gaceta de policía: en este último, que es con estampas,
las representaciones de algunas escenas de la vida íntima
son tan al vivo, que apénas las cubre un velo mucho ménos
espeso que la hoja de higuera.

Por fortuna, esa embriaguez de despropósitos la corrige el
estado general de la instruccion: así, pues, la prensa es influyente
cuando atina con la fórmula del buen sentido, y es
de todo punto insignificante, cuando deja traslucir miras privadas
ó esfuerzos por torcer las opiniones.

—Por lo demás, me decia mi amigo, oiga vd. las calificaciones
de los principales periódicos:

El Evening Post.—Periódico independiente, republicano,
paladin del libre cambio. Lo redactan Bryant, Pakari Godwin
y otros hombres honorables.

El Herald.—Lo redactan muchos, sin responsabilidad especial.

El Sun.—Periódico contrario al partido que aquí se llama


136

republicano. Lo redacta Dana, hombre muy notable como
escritor y muy bien aceptado entre las personas de valer.

El Sr. Dana es hombre independiente, incapaz de vender
sus opiniones por ningun dinero; aunque, segun sus adversarios,
es muy apasionado.

El World.—Demócrata.

The Trebune.—Republicano. Fué el periódico establecido
y dirigido por Greely. Este periódico ha perdido mucho
de su antigua reputacion de independencia.

Haciendo un resúmen del Directorio de periódicos que
se acaba de publicar, resultan en los Estados–Unidos:

  • 738—periódicos diarios.
  • 70—tres veces por semana.
  • 121—dos veces por semana.
  • 6,235—semanales.
  • 33—cada dos semanas.
  • 105—quincenales.
  • 747—mensuales.
  • 13—bimestrales.
  • 67—trimestrales.
  • 8,129.—Total: que son, 1.308,459 publicaciones cada año,
    de las que se tiran millares de ejemplares.


IX
Castle Garden.—Su historia.—Su estado, actual.—Colonizacion.
—Inmigracion.—Fonda y nevería de Bigot.—Otra
vez la Colonizacion.—Venta de tierras.—El Ministro
Shurtz.—Instrucciones.—D. Andrés Aznar.—New–York
del lado del Este.—Bancos.—Sociedades de seguros.—
Woll Street.—Operaciones de Banco.—Clearing–house.
—Cajas de ahorros.—Edificios de la Aduana.—La Tesorería.

DESDE el dia de mi laborioso ascenso á la torre de la
Trinidad, al describir la bahía, quise detenerme en
la pintura de una masa de piedra circular que como que liega
á tierra y parece aún flotando sobre las aguas.

La rotonda á que me refiero, como es una construccion
única en su clase, se singulariza extraordinariamente, y por
lo primero que se pregunta es por Castle Garden.

En los alrededores de ese edificio estuvo en un tiempo la


138

insegura muralla que ceñia y resguardaba la desconocida
isla de Manhattam.

Allí paseaban fumando sus pipas los gravedosos holandeses,
admirando las piezas de á treinta y dos, que era entónces
como la última palabra del arte de la guerra.

Corrieron los tiempos: el prado en que se solazaban los
ganados primitivamente y despues pasearon los hombres,
comenzó á poblarse, y un dia, dejando su aspecto marcial,
se trasformó la insuficiente fortaleza en el templo de Apolo,
y aquello fué un primor.

La Jenny Lind, Mario, la Grisi sobre todos, regaron con
sus conciertos populares el aroma delicioso del buen gusto
desde aquel sitio; pero hostigado al fin el padre Apolo de
los calores, de los mosquitos y de cada ventisco que lo tenia
sin sacar las narices por semanas enteras, abandonó su
templo y lo ocuparon los primeros que llegaban á tierra.
De este modo la coraza de Marte y la lira de Apolo, fueron
suplantados por el baston y el saco de viaje del emigrante.

Ni por esas levantó cabeza Castle Garden: quedaron silenciosos
sus muros, la basura le vistió como harapos de
miseria, y la soledad se sentó, como Job, casi á maldecir el
dia en que el castillo vió la luz.

Un dia, al fin, sonó la hora de la resurreccion, se barrieron
las basuras, se trazaron verjeles, se abrieron amplias calles,
brotaron del suelo árboles de pomposo follaje y frescas
sombras, y Castle Garden, afeitado, vestido de limpio, alegre
y con sombrero en mano, se adelantó á la orilla del mar
á recibir á los emigrantes, como persona que sabe hacer
con toda pulcritud los honores de la casa.


139

Hoy Castle Garden es una oficina anexa á las empresas
de colonizacion.

Pero, el parque lindísimo á que afluyen las avenidas todas,
como un receptáculo de muchas aguas, para distribuirse en
los muchos muelles que conducen al mar y son como pórticos
de la bahía, y el parque contiguo á la batería que le
sigue, sin más division que una calle, son bellos de belleza
indescribible. Colocado el espectador al extremo y principio
á la vez de la calle de Broadway, se encuentra al frente
de un inspirado panorama. A su frente, y por entre las
tupidas ramas de los árboles, se perciben las grandes calzadas
con sus orlas de asientos y los prados en que los niños juegan,
entre el tragin de carros, ómnibus y wagones. Si levanta
la vista el espectador, casi le espanta ver atravesar
fantásticos, perderse entre las copas de los árboles y desaparecer,
los trenes del ferrocarril elevado sobre sus arcos, por
donde cruzan los carruajes y entre cuyos ojos se descubre el
mar con sus navíos, su bosque de mástiles, sus mil banderas
agitándose, como si fueran congregadas á un festin divino
todas las naciones del globo.

El rodar de los trenes y carros, los mugidos del vapor, los
gritos del hombre, las explosiones de alegría del niño, todo
se escucha, y se ve un todo en que los colores y las formas,
y la luz, y el aire, se funden para producir sensaciones desconocidas
é inexplicables.

Y aquella sensacion la nutrimos, porque vive en nosotros
y nosotros vivimos de ella en comunion deliciosa, como
se agita la última hoja del árbol con una brisa pura, como
se refrigera el último de nuestros poros en un baño voluptuoso.


140

Castle Garden está ceñido de una pared exterior como
una faja. Su entrada ve al Este.

Atravesamos un patio estrecho, penetramos por encrucijadas
y salones en que habia gente escribiendo, y desde una
puerta que da á una empinada escalera, pudimos abrazar la
inmensa sala circular, cuyo exterior llama tanto la atencion
del viajero.

El salon tiene el aspecto de una inmensa plaza de gallos,
sin circo ó estadio en el centro. Al Oriente y al Occidente
hay puertas: la una da á los parques por donde llegamos;
la otra al muelle en que desembarcan los emigrantes y tiene
al lado las oficinas de la Aduana.

Al frente de la comunicacion de tierra hay oficinas telegráficas
y de despachos de ferrocarriles, unidas á un gran
mostrador de muchas varas en forma de martillo, que es el
despacho de los emigrantes. Frente al mostrador hay una
cantina y á su inmediacion bancas.

Cruzan las alturas las cañerías del gas. El muelle es un
tablado que toca en las olas, bajo una sombra de lona que
protege á los empleados y á los amigos de los viajeros. Estos,
á su entrada al edificio, toman á la izquierda y la puerta
se cierra, quedando como toril la parte interior del edificio,
y sin comunicacion los que están con los que llegan,
hasta que no han llenado todas las formalidades del desembarque.

Yo me quedé mucho tiempo en el muelle, esperando la
llegada de unos Mormones. Era de verse y trabar conocimiento
con esos chicos, á quienes toca la fortuna ó desdicha
de tener cinco hembras por barba.

Muchos participaban de mi curiosidad. Esperamos en


141

vano. En vez de Mormones llegaron unos cientos de austriacos.

Era aquel un enjambre, de rostros patibularios, y trapos
y sombreros como llovidos sobre sus cuerpos.

Casi todos traian consigo algun signo de su trabajo, como
quien presenta ante todo su título social, y como quien no
quiere desprenderse de su áncora de salvacion.

Una mujer, bajo su pañolon de lana, llevaba la parte superior
de su máquina de coser; aquel atleta medio azorado
blandia su serrucho; la jóven tímida tenia su cajita de pinturas;
aquel caravanista de cachucha de lienzo llevaba colgado
del brazo su violin; aquella especie de bueyes de sombrero
de fieltro eran labradores.... y ¡oh nacion feliz! ninguno
de aquellos llevaba negocito de papeles con el Gobierno!

La mayor parte de los emigrantes, luego que se inscribieron
en el registro que estaba en un mostrador, pasaron
á otro en que se expedian boletas de ferrocarril.

La inmigracion ha sido una de las causas más poderosas
del engrandecimiento sorprendente de esta nacion.

Estímulo eficaz del trabajo, medio rápido de educacion
por el ejemplo, renovacion perpétua de la sávia popular y
expresion la más pura de la riqueza, porque el hombre es
una riqueza, sin duda la de más valía. Los americanos han
prestado la más séria atencion á esta fuente de prosperidad
nacional.

La Irlanda con su opresion y su pobreza; la Inglaterra
con el cáncer de su pauperismo; la Alemania con su despotismo
militar, son las naciones que han dado más fecundas
creces á la inmigracion americana.

La audacia y el espíritu aventurero del colono; la desaparicion


142

de razas opresoras; el espectáculo de colonos que
llegaron en sus mismas condiciones y se encuentran en la
cumbre de la fortuna, y participando del poder y el encuentro
con gentes que poseen su idioma, tienen sus tradiciones y les
abren paso para su establecimiento, sobre todo las garantías
que rodean sus personas y trabajo, incentivos son estos capaces
por sí mismos de atraer al inmigrante; pero, en mi.
juicio, hay otras causas que les sirven, á más de las enumeradas,
de poderosos alicientes.

La espectativa del ingreso á una sociedad en que pueden
figurar en todos los círculos, sin otro título que la posicion
que se procuren; una remuneracion del trabajo que no alcanzarian
en sus países, en que el salario es tan mezquino
en relacion con sus necesidades; un mercado próximo y
abierto siempre á la realizacion del esfuerzo humano, y una
facilidad suma de comunicarse con el suelo que los vió nacer,
son motivos, en mi juicio, que independientes del pábulo
oficial, asimilan dia por dia elementos á la nacion que
consolidan, y extienden su prosperidad.

La sola inmigracion irlandesa de 1846 á la fecha, se calcula
en dos millones de almas.

En 1869, llegaron de Alemania 132,537; 60,286 de la
Gran Bretaña; 64,938 de Irlanda; 24,224 de Suecia; 20,918
de la América Septentrional inglesa; 16,068 de Noruega;
12,874 de China; 3,879 de Francia; 3,650 de Suiza; 3,649
de Dinamarca.

De estos inmigrantes fueron: 88,649 obreros; 28,096 labradores;
16,553 artesanos; 10,265 sirvientes; 8,809 mercaderes,
etc., etc.

La inmigracion se ha verificado en los términos que vamos


143

á exponer, suponiendo un contingente en cualquiera de
los años anteriores, de 345,837 emigrantes:

Nueva–York 253,754
Michigan 35,586
Boston 23,294
San Francisco 13,490
Baltimore 11,202
Portland 4,026
Nueva Orleans 3,424
Filadelfia 1,061
345,837

El reparto sigue invariablemente la proporcion de la demanda
de brazos, y la facilidad del trasporte distribuye los
elementos de vivificacion donde son más necesarios.

El pasado año fiscal disminuyeron en mucho los emigrantes,
atribuyéndose á repulsion por el mal estado de los
negocios, que sufren indudablemente una crísis en su conjunto.

La inmigracion ha hecho tan sensibles sus beneficios, que
un sentimiento unánime la acoge con benevolencia, porque
realmente, con especialidad en Nueva–York, se arriba á un
país de extranjeros; pero los muchos que se encuentran en
una misma situacion, se buscan, se agrupan, se estrechan,
revisten con la poesía de los recuerdos sus costumbres, se
congregan al rededor del templo y se señalan como puntos
luminosos en los paseos y en los teatros.

La conveniencia de la especulacion rodea al extranjero
de medios de comunicarse; en los establecimientos públicos


144

se habla frances con generalidad; los sirvientes que saben
dos ó tres idiomas tienen más pingües salarios que los otros;
en varias peluquerías y tiendas está escrito en letras muy
perceptibles: Se habla español, y no es raro que al entrar
uno en una tienda, le saluden con un buenas noches que lo
deja frio, para dar á entender el comerciante que conoce el
idioma de Cervantes.

A pesar de la confusion descrita, por regla general, las
mujeres y señoras europeas son las que reniegan más desvergonzadamente
á su nacionalidad.

El trage largo y escurrido con profusa cola, el zapatazo
coa tacon agudo, el corsé tiránico, el gorrito retrechero, el
portamoneda, el pañuelo abajo del cuadril en la bolsa especial
del túnico, la sombrilla, todos los adminículos son objeto
de su eleccion, y á los ocho dias ya le dice una europea,
no inglesa, kandeschifer al pañuelo, guater al agua; pero en
esta apostasía de la patria, la vieja se señala con una desfachatez
que enferma los nervios, y más la vieja de raza española.

Es para ella tan inesperado el agasajo, le es tan extraña
la compostura, el aprovechamiento de los despojos de su olvidada
juventud le es tan simpático, que realmente se vuelve
loca, se hace la mocozuela, se habilita de dientes en un
decir "Jesus," se tiñe las canas en ménos que canta un gallo,
se afila las uñas, se da colorete, se planta un gorro como un
morrion, y se alista á correr la tuna como una polluela de
quince años, diciendo á todo: yes, entre toses y sonrisas.

El hombre se obstina en sus hábitos, y si es español anda
en el Parque ó en Broadway, lo propio que en cualquiera calle
de Madrid ó de Sevilla, diciendo cada picardía que eriza


145

los cabellos y sintiendo que todas aquellas ladies se condenen
porque no conocen la gracia de Dios.

El italiano que tiene el monopolio de las frutas, conserva
su tipo miéntras está en la miseria, vaga con su organito,
sus arpas y violines, exhala sus cantos y riega á veces por
estos mundos los suspiros de su lengua dulcísima.

El chino suele atravesar tambien, deleitándose. Y el aleman
perseverante, que es la araña de la mosca del yankee,
fuma su pipa y se ríe con sorna cuando ve que el yankee,
muy de buena fé, lo cree sustituyendo al negro.

La irlandesa sirvienta conserva tambien su tipo miéntras
no tiene un chico, señal infalible de que ya posee un marido,
un capital y toda la gracia de San Patricio.

La constante concurrencia de extranjeros, hace en Nueva–York
no solo muy difícil, sino casi imposible, el estudio de
las costumbres americanas, entre otras cosas, porque no existen
tales costumbres: los mismos americanos que han viajado
por Europa, y de éstos hay muchos, han modificado sus
costumbres.

Lo más característico en lo ostensible es la comida americana;
el escaso mantel ó mantel de hule, el ejército de
platos, que de un tiron nos invaden con maíces, papas sin
pelar, trozos de toro, cebollas, perejiles y rábanos, el pichel
de la melaza, negreando de moscas, el jarron con agua, del
aspecto de un párvulo de cuatro años en camisa, y el movimiento
perpetuo del convoy que riega el vinagre, despolvorea
pimienta como lumbre y tiene por escolta todo un botiquin
de mostazas, pikles y salsas negras, confeccionadas con cardenillo
y aguarrás.

Ese es el plan americano; pero en semejantes planes entran


146

los obreros y hombres de negocios. Acaso se observan
en el interior de las familias; pero en la buena sociedad de
viajeros, la Francia domina y la carte del restaurant es la
biblia del estómago.

Hé aquí hasta dónde hemos llegado partiendo desde la
orilla del mar, ó como quien dice, desde Castle Garden hasta
Bigot, que está bajo el suelo, sacando un ojo para ver
Union Square.

En este recinto agradable; al ruido de esa fuentecilla con
pescados de colores; viendo reproducida esta concurrencia
con sus árboles y fuentes en el fondo, porque las paredes
son como un solo espejo, sin accidente ni juntura visible;
en este recinto descansaremos, para volver á la tarea con
el nuevo dia.

—Bonita divagacion has tenido, me decia Francisco esta
mañana cuando le leí, como de costumbre, lo escrito el dia
anterior: ¿en qué quedó lo de la colonizacion?

—Te diré la verdad: como no estoy muy fuerte en la
manera con que el Gobierno tiene reglamentado el negocio.
.....

—Muy buen economista, que para todo busca al Gobierno
y el reglamento.

—Pero, bueno, de alguna manera dirige el Gobierno la
colonizacion.

—Y vuelta con la manía de la educacion española. Así
te luces si juzgas á los Estados–Unidos.

—Hombre de Dios, algo ha de haber.

—Sí, señor, hay reglas para la venta de tierras públicas,


147

hay oficina de esa venta y hay agentes; pero nada sobre
colonizacion á nuestra manera.

—Me estás atarantando. ¿Pues entónces, qué sucede?...

—Sucede que en medio de las muchas inconsecuencias y
contradicciones que tienen estos hombres en su gobierno,
y no obstante ser los más suspicaces en la defensa de su nacionalidad,
al extranjero le llenan de consideraciones, le
abren las puertas de los destinos públicos con poquísimas trabas,
le garantizan en el interior plena libertad y seguridad
completa para su persona y bienes, y esto es lo que da el
Gobierno.... y no mas, ¿entiendes? libertad, seguridad y
tierras baratas.

—Hombre, pero yo he visto una que llaman aquí Homestead–Law,
que trata de colonizacion.

—No es cierto, mírala bien; esa ley determina las condiciones
que hay que llenar para adquirir tierras, y ni siquiera
se refiere á los inmigrantes en particular.

El Gobierno, es cierto, posee sobre cuatrocientos millones
de acres en quince Estados de la Federacion; en los territorios
tendrá otro millon.

De 1874 á 1875 se vendieron nueve millones de acres.

El precio de las tierras es en lo general un peso veinticinco
centavos por acre, y en las inmediaciones de los caminos
de fierro dos pesos cincuenta centavos por acre.

Pero, continuó Francisco, con la elocuencia natural que
tiene cuando se exalta, no pierdas de vista que estos no usan
jamás la palabra colonizacion; nada indica sumision ni dependencia:
el ingreso del extranjero es insensible y asegurado
por hechos positivos.

Si emigra el extranjero á su país despues de naturalizado


148

y allí se le molesta, se le ampara como americano con toda
la energía del poder nacional. Así sucedia cuando los alemanes,
huyendo de la conscripcion de la guerra, vinieron y
se naturalizaron: al regresar á su país se les quiso perseguir,
y allí los amparó el poder americano.

¿Qué más? Shurtz, el sabio ilustre, el orador eminente,
el ministro del Interior hoy, ha llegado aquí como un fugitivo
escapando como liberal á una cruel persecucion.

El menestral europeo que nació en una condicion humilde;
el agricultor que hizo brotar de la tierra regada con su
sudor, los títulos que merecen la honradez y el trabajo, no
puede alternar con la gente decente: se le despide de los
salones aristocráticos, se le humilla, y solo por contadas excepciones
se le admite en el ejercicio del poder.

Aquí, al llegar, se siente soberano; á los seis meses se le
llama á la eleccion: con la excepcion única de la presidencia,
puede figurar en todos los rangos de la administracion;
y cuando despues de seis meses en su pueblo, nota algo que
le repugne, el municipio le abre las puertas, y puesto que paga
su agua, y su luz, y su empedrado, y su policía, están á
su alcance los goces sociales, de una manera fácil y segura.

Uno de los más poderosos elementos de verdadera grandeza
están en estas leyes, que para un americano son prácticas
y convierten en la gran nacionalidad del mundo la nacionalidad
americana....

—Francisco, déjame por vida tuya enviar en deseo y aplicarme
algunas docenas de azotes por estas leyes de colonizacion,
agencias, direcciones; folletos, colonias y toda esa
multitud de supercherías de que todavía tenemos lleno el
chirúmen.


149

—Yo te he dicho ideas muy generales: si quieres estudiar
la materia, lee á Chevalier (Cartas sobre los Estados–Unidos);
lee Un Reporter, publicado en 1872, escrito por Young,
ó por lo ménos el Atlantic Montly de Abril de 1872, en donde
hallarás verdadera instruccion.

—Ya leeré todo eso; pero aquí he indicado lo bastante
para llamar la atencion sobre la materia y para que no se
duerman mis lectores.

Y ya era tiempo que dejara la pluma, pues por segunda
vez tocaba la puerta Andrés Aznar, para llevarme á la parte
baja de la ciudad, del lado del Este.

Desde que se llega á City Hall se conoce que se ha tocado,
sin dejar Broadway, en una region de actividad suma:
por millares acude la gente, rebosa en las banquetas, hormiguea
en las plazas y hierve entre carros, ómnibus, tilburys,
carrillos de mano y cuanto mueble rodante se ha inventado
en esta bendita tierra.

Gigantes edificios, ó mejor dicho, alcázares en que el crédito
ejerce su poder mágico en Bancos, Sociedades y Compañías;
palacios en que se asienta dominante el cálculo para
combatir la tempestad, contrariar el fuego y desarmar á la
muerte de su saña destructura; y para hablar en plata, Bancos,
Sociedades de seguros, Compañías de telégrafos, de
ferrocarriles, de gas. Es decir, la especulacion con la vida,
con el viento, con la llama, con las ilusiones y con las esperanzas,
y todo en accion; de suerte que cruzan los aires viajeros
por los elevadores, suben, bajan y se derraman de las


150

escaleras y brotan de los bassements á incorporarse con los
raudales que cruzan y se escurren por las bocacalles.

Estas bocacalles, en la parte que recorriamos, llevan á
calles tortuosas, desordenadas, de angostas banquetas y piso
desigual, llenas de lodo y estorbos, interceptadas por carros
y caballos, presentando fachadas, y torres, y aceras curvas y
sesgas que forman verdaderos laberintos: allí se apiña aún
más el gentío, y es una de empellones y codazos, que magulla
el cuerpo.

En aquellos callejones, no obstante, continúan las tiendas
deslumbradoras de riqueza: muebles, relojes, carros, joyerías,
ropa hecha, frutas y grandes almacenes de todas clases,
haciendo sus enfardelamientos, sus cargas y descargas, en
medio de la banqueta, sin cuidarse maldita la cosa de los
transeuntes.

—Esta es la calle de Woll: se compone casi en su totalidad
de Bancos, me decia D. Andrés; antiguamente, como
vd. sabe, se proclamaba la libertad de los Bancos; es decir,
que Perico el de los Palotes podia, si queria, sin satisfacciones
ni escrúpulos, poner su Banco y emitir sus billetes, ó sea
papel moneda circulante, segun el crédito ó la voluntad de
la Compañía.

Muchas veces una caja de fierro, un mostrador y unos
cuantos libros, fué el capital del Banco, porque el resto del
aparato lo daba la casa. Las quiebras se repitieron y el contagio
de los desfalcos producia el pánico, ó como quien dice,
el terror á las pérdidas, motivo de grandes trastornos.

Ahora cada propietario ó Compañía deposita en el Gobierno
una suma en papel que sirve de garantía á las operaciones
del Banco, y tienen otras seguridades las transacciones.


151

En cambio, los banqueros tienen mayor preponderancia,
como que la concurrencia es menor.

No obstante, puede calcularse en 300 millones de pesos
el giro activo de los Bancos, lo que no es un grano de anís.

Las mil transacciones se purifican y rectifican diariamente
en la Casa de liquidacion, que es exactamente como el
Clearing–House de Lóndres. Es decir, casa en que á una
hora dada, asisten los dependientes y cambian sus bonos,
liquidando y pasando las sumas que uno da á la cuenta del
que recibe, y vice versa, resultando cambios de muchos millones
diarios, lo que es poderosísimo aliciente para la circulacion.

Hoy existen en la ciudad 72 Bancos de depósito y descuento,
y 42 Cajas de ahorros.

El interes del dinero ha oscilado entre el 5 y el 7%, de
algunos años á esta parte.

El Banco de Nueva–York, el de América, el del Comercio,
son magníficos; son verdaderos templos, y el lujo ha
agotado sus recursos en esos establecimientos.

—Ese grande edificio que está vd. queriendo reconocer,
me decia D. Andrés, es la Aduana: tiene 200 piés de largo,
171 de ancho, 77 de altura. En el salon en que vió vd.
tanta gente, caben tres mil personas, el costo del edificio fué
un millon ochocientos mil pesos.

Vd., continuó D. Andrés, que siempre se está fijando en
las irregularidades de la arquitectura, vea con cuidado ese
edificio: es la Tesorería. ¡Qué correccion de pórtico! ¡cómo
no desmiente una línea el órden dórico de las columnas de
ocho varas de altura y más de cinco piés de diámetro! Se
sube al pórtico por 18 escalones de granito.


152

El arquitecto, Juan Frases, hizo una copia feliz del Partenon
de Aténas: no tiene vd. un trozo de madera de una
pulgada en todo el edificio. Hay quien asegure que se depositan
en él, dia á dia, las dos terceras partes de las rentas
de los Estados–Unidos.

—Advierto á vd., le dije á D. Andrés, que voy sudando
la gota tan gorda y que estoy rendido.

—He querido, me dijo, torciendo una esquina, traer á
vd. á la gran Casa de Hallen (y como esta hay muchas),
á que vea la multitud de máquinas para la agricultura. En
México, continuó, ¿conocen vdes. esas máquinas?

—Sí, señor, se conocen muchas; pero, como secretos, no
están al alcance de todas las fortunas; los dueños de las fincas
suelen comunicarse sus ensayos, y si resultan felices, se
los guardan para obtener ventajas en su explotacion: despues
de mucho indagar, sabe un curioso que en tal calle ó
en tal almacen hay unas máquinas.


X
Casa de Hallen.—Zapatos para caballos.—Máquina pulverizadora.
—Molino de viento aplicado al riego.—Recuerdos.
—Los cepillos de dientes.—Los wagones.—Reloj inspector.
—Mi tertulia.—Los criados.

ENTRAMOS á la Casa de Hallen, que se compone de
grandes galeras con toda clase de instrumentos y máquinas
para la agricultura.—Ví en las paredes podaderas y
tijeras adheridas á palos que prolongan sus piernas, y con
las que se alcanzan grandes alturas.

Zapatos para el resguardo de los piés de los caballos, que
hacen fáciles sus curaciones. Esqueletos de alambre para
enredaderas y adorno de jardines.

—Ahí tiene vd. todo un trapiche, me dijo, al alcance de
las fortunas más módicas. Esos alambiques duplican el rendimiento
de las mieles.


154

Ese rastrillo para desenyerbar, apénas vale nueve pesos.

Este curioso aparato es para hacer mantequilla; lo mueve
un perro, que al querer ó no, da vuelta á ese cilindro.

Esa parrilla con picos de fierro es una rastra: tiene diez
piés de ancho, se mueve expedita con un solo caballo: cuesta
solo veinte pesos.

La máquina que está á su espalda de vd., es lo que se
llama grada pulverizadora. Pulveriza perfectamente la tierra,
funciona muy bien en terrenos húmedos. No obstruyen
su marcha las raíces: vale treinta pesos.

Cardadores, sembradores, todo lo que quiere decir ahorro
de trabajo, produccion mayor, baratura, está previsto y
conciliado en aquellos esclavos bienhechores del hombre.

Me puso frente á un molino de viento para examinarlo á
mi sabor. En mis tránsitos por este país, en medio de risueñas
sementeras, como complemento de paisajes encantadores,
sobresaliendo de las casas, en vecindad con los palomares
y las torres, le habia visto en movimiento, dando singular
animacion á la finca rústica.

Sobre dos piés que unidos á una escalera de manó forman
una pirámide que con robustos travesaños se convierte
en sólida torre, se eleva un gran disco hecho como de los
simétricos radios de una rueda: los ejes en que encaja el radio
sostienen una gran pala como la cola de un cometa; de esa
cola depende un fierro vertical que engancha con el émbolo
de una bomba.

El molino se mueve con el viento más suave; cuando el
viento es fuerte, gira expedito, y si es impetuoso, sigue la
corriente del aire ó se plega sin sufrir deterioro alguno.

Este precioso molino, que he visto funcionar admirablemente


155

y que está vulgarizado en todas partes, seria en México
de infinita utilidad.

En esas poblaciones y llanuras sin agua, en donde son tan
profundos los pozos, en donde la noria y el acarreo de mano
hacen tan exíguos los depósitos de agua; en donde
hombres y animales se rinden de fatiga, teniendo que trabajar
mucho para arrancar un cántaro del fondo de un abismo,
y donde la esterilidad precursora de la hambre, convierten
en raquíticos, enfermos y sucios, pueblos enteros; se veria
en cada molino un Moisés que refrigerara los hombres y
cubriera de fertilidad la tierra, ó por lo ménos, que aliviara
á los viajeros y evitara la muerte de los ganados.

Muchas veces en un llano árido y quemándome el sol, he
esperado á que se dé agua á los animales que me conducian,
presenciando la tarea de los sirvientes.

Otras veces me he detenido á ver á un muchacho tirando
de una cuerda, desde el brocal de un pozo, y andando
con el cordel que pasaba por la ruidosa carretilla, haciendo
empuje con el hombro y el cuerpo, echado hácia adelante
para sacar una bota que no bastaba para apagar la sed de
un caballo, y cuántas ahora, aquí, me he puesto al frente de un
raudal perenne, pensando en México, á ver trabajar este
inanimado obrero, al que se le contempla casi con reconocimiento,
porque es el dispensador del bien.

D. Quijote en las aspas de los molinos veia brazos amenazadoras
de gigantes: el brazo del molino americano, nos
llama para refrigerarnos, y agita su pandereta en los aires
como una gitana enamorada, para regocijarnos.

Los precios de los molinos, desde la fuerza de medio á
cinco caballos, es desde noventa hasta quinientos cincuenta


156

pesos; pero estos últimos se aplican á toda especie de maquinaria.

—Y no obstante la abundancia de máquinas, me decia D.
Andrés, ya sabrá vd. que aquí es donde más alta remuneracion
tiene el trabajo; y si no., vea vd. la lista de salarios
que casualmente traigo en el bolsillo.

Sacó su enorme cartera del bolsillo D. Andrés, cartera
que balija parecia, y me leyó:

POR DIA.
Albañiles, carpinteros, torneros, herreros,
toneleros, ebanistas, pintores de brocha
gorda, canteros, hojalateros, sastres y
zapateros
$2 50 á $3

En las fábricas el salario es á doce pesos por semana, y
para las artes mecánicas se calcula en veinte pesos.

No quise abusar más tiempo de la bondad de los señores
de la Casa de Hallen. D. Andrés me impuso de la facilidad
con que habia logrado situar muchas de aquellas máquinas
en Campeche y Yucatan.

Tengo entendido que sin esfuerzo alguno podria formarse
en nuestra Biblioteca una seccion con todos los avisos
que aquí se riegan en los suelos y que se dan á los que pasan.
Eso, solo por el atractivo de las figuras, seria una instruccion,
haria llegar á conocimiento de todos, mejoras y
progresos de todo punto desconocidos.

Al regresar por entre el tejido de callejones y vericuetos,
fuí testigo de una escena que me hizo olvidar un tanto mi
fatiga.

En la esquina de una de esas calles angostas y pendientes,
al rayo del sol quemante, sobre un cajon de vino, con


157

una mesita de tijera al frente, un yankee en toda la gloria
del humbug proclamaba las excelencias de unos polvos maravillosos
para poner los dientes como el marfil, suavizar los
labios como pétalos de rosa y perfumar el aliento.

El hombre hablaba como un energúmeno y sudaba á
mares.

En mangas de camisa y sombrero alto, pelo rubio, nariz
aguzada, un cuello como barnizado con tierra roja, escaso bigote
rubio.

Usa chaleco negro, y de sus ojales penden toda especie
de colgajos que remedan medallas, entre ellas una de la
Virgen de Guadalupe, y un peso español, son sus distinciones
de honor, al decir de las gentes; se pasaba el cepillo
por los dientes y salia un liston, ó unas letras de oro, ó una
pluma: la gente estaba lela.... endiosada.... habia aplausos
y silbidos, que aquí es otra variante del aplauso.

Hablando, hablando, se apoderó de un muchacho que estaba
cerca, se lo sentó encima, lo sujetó, y ántes que pudiera
volver en sí el chico, ya le habia metido el cepillo con
polvos en la boca y le habia dado algunos restregones; el
muchacho, entre llorando y riendo, mostraba una dentadura
deliciosa.... la gente aplaudia.... y yo me retiré, porque
aquel caribe, una vez enfurecido, podia seguir barriendo
las dentaduras de todos los circunstantes.

Cuando doblé la esquina, ya habia tres muchachos pelando
los dientes, como avisos animados de la mercancía del
embaucador.

En la noche tomé uno de los carritos, con mil trabajos, y
me dirigí á mi tertulia de los viérnes.

He dicho que cogí el carrito con mil trabajos, porque no


158

obstante haber carros en todas las Avenidas, ménos en la
Quinta y en varias calles, y no obstante que en la doble vía
se suceden sin interrupcion esos carros, formando líneas en
continuo movimiento, los carros están constantemente llenos,
y á ciertas horas son asaltos, aprensamientos y luchas
formales las que se tienen que emprender para trasladarse
de un lugar á otro, por el módico precio de cinco centavos,
en trayectos que pasan de dos leguas algunos de ellos.

El conductor del wagon jamás rehusa viajeros, aunque el
vehículo rebose en gente y vayan en racimos en las plataformas
y escaleras.

Lleno el número de asientos de cada carro, la gente se coloca
de pié dominando á los que van sentados, y se afianza
á unos palos que hay en la parte superior del wagon con
unas argollas de cuero. Así, la parte excedente, ó va como
racimos colgada en un perchero, ó se abre de brazos, y es
una preciosa procesion de Cristos la que se presenta á la
vista; en el invierno suele la alta temperatura, que en todos
sentidos produce la aglomeracion de gente, tener sus atractivos;
pero en verano, el rosbeef humano es, bajo todos sus
aspectos, desagradable.

La controle de los entrantes y salientes la marcan una especie
de horario y minutero en una como carátula de reloj:
á cada pasajero que entra, tira el conductor de un cordel,
suena una campana y marca el minutero una línea; el horario
señala con números los centenares de viajeros.

En uno de los dias de la semana anterior, un solo carro
de diez asientos de la Cuarta Avenida, habia conducido mil
quinientos pasajeros.

Adviértase que la Cuarta Avenida no tiene en toda su


159

extension el tráfico que la Quinta, la Sétima y Octava; en
la Sexta están en movimiento carros de dos pisos; el superior
con sus asientos al aire libre y su toldo. Se asciende á
ese primer piso por escaleras exteriores á que trepan, las
ladies esencialmente, con el mayor desembarazo.

En mi tertulia me esperaban las excelentes personas con
quienes ya tienen conocimiento mis lectores, y que me han
procurado los únicos goces parecidos á los goces de familia
que haya en Nueva–York.

D. Ramon, D. Pedro, Doña Ambrosia, Adela, Pepita, me
recibieron con su amabilidad de costumbre. Hablábase de
modas, de guisos, de teatros y no sé cuántas cosas más; pero
en lo que se fijaban muy esencialmente, era en las criadas.

—Tener uno servidumbre irlandesa ó americana es mucho
cuento, es buscar á quien servir. La criada se ajusta de
diez á catorce pesos, pide su programa como un ministro
de Estado, y no la saca vd. de ahí ni para poner á un niño
un babero.

—Por supuesto que en ese programa no entra, continuó
D. Ramon, estar en la casa por la noche, y esto es lo que
más escuece á mi Sra. Doña Ambrosia.

—A la oracion de la noche, recamareras y fregonas se
lavan, se asean, se plantan su gorrillo y recorren las calles
como la señora más encopetada.

—Yo no soy para esas cosas, porque hasta en el cielo,
hay jerarquías: habla vd. con una criada, y se alista á tomar
asiento; cuando vd. va á buscar á otra, está con el periódico


160

ó con la pluma en la mano: ¡igualadas! y cada una se
sueña mujer del Presidente de la República.

—En California, dije yo, habia una señora mexicana muy
distinguida, que daba lecciones de español y de música, sosteniendo
con este recurso, muy decentemente, su familia: faltóle
una criada, y se presentó, como todas, de sombrilla, guantes
y muy desembarazada, una hija del país.—¿Cuánto quiere
vd. de salario? le dijo la señora.—Me he propuesto servir
á vd. por solo la comida.—¿Cómo así?—Lo que vd.
oye, señora; pero luego que acabe yo mi trabajo, y despues
de vestirme, me dará vd. lecciones de español y de música,
con toda dedicacion.

—No siga vd., Fidel, no siga, me dijo Doña Ambrosia,
porque se me alborota la bílis; yo hubiera echado á rodar
las escaleras á esa insolente.

—Insolente! ¿por qué? porque proponia un cambio de
servicios, tan honroso el uno como el otro? Confiese vd.
que lo que nosotros queremos son esclavos, y que nos
asombra verlos entre gentes; ¿por qué la criada no ha de
ver el teatro ni concurrir al paseo?

—La casa es su oficina, decia Don Ramon como en
broma, cultiva relaciones y familia, se sujeta al pacto celebrado,
y esto es todo. En la casa se regularizan las costumbres.

—Mucho que se regularizan: á la oracion de la noche no
arde lumbre en ninguna parte; y ya vd. lo habrá visto, el
dia que hay una necesidad, uno va á las grozeríes por lo
más preciso.

—Pues yo en los hoteles en que he estado he visto servir
á las irlandesas, como no es decible, y en general son


161

laboriosas, seguras, y la que se aquerencia en una casa, es
inmejorable.

—Hay de todo, replicaba Doña Aipbrosia, y como vdes.
no lidian con ellas.... No, yo no estoy por esas igualdades.

—Entremos en cuentas: ¿qué tenemos de más que los
criados? ¿No valen más un cochero honrado, un cocinero
hábil y cumplido, un cargador puntual, que multitud de vagos
petardistas y demás gente perdida? Entre nosotros, ese
cochero y ese camarista es un animal doméstico: aquí es
un hombre.

Por otra parte, la criada presa es perezosa y ladina; no
habla á la señorita como igual, pero la adula y se convierte
en su complice, ó bien chismea y se hace el espía de la vieja.
El nene de la casa no la pedirá en matrimonio, pero la
seducirá como un vil y se le lanzará con infamia de la casa,
aunque lleve consigo algo muy allegado á la familia.

—La educacion latina y colonial, decia D. Pedro. ¿Cómo
atreverse á pensar los siervos? ¿cómo vestir el lacayo como
el señor? De ahí esas libreas que hacen de cada criado
un polichinela, que lleva como una patente de degradacion,
á cuestas. Ese cochero de escarapela de cintas y alamares,
ese joquey vestido de encarnado, es el hazme reír.... Aquí
el cochero viste lo propio que cualquier diputado, porque es
lo mismo, y el dependiente de hoy, puede ser nuestro juez
mañana, En Nueva—York se usa la librea, sin que por esto
deje el cochero su carácter de ciudadano: la librea es más
bien institucion de lujo europeo.

—-Así es en todo, replicaba Pepita: nosotros teniamos
distinciones para todo; aquí todo se iguala. Vd. lo ve, teniamos
la costumbre de ver al vecino de limpiabotas; hizo


162

un viaje, volvió poderoso y acaba de mudarse á la Quinta
Avenida, á una casa mucho mejor que esta.

—Decimos igualdad, clamamos por ella y nos espanta
verla aquí realizada, decia D. Pedro.

—Bueno será todo esto, decia D. Ramon; pero la educacion
es una distincion que se impone, aunque dominen las
ideas más liberales.

—Para eso que la eleccion depende de uno, replicaba
Juanito; y cuando se elige mal, nadie tiene la culpa sino el
que eligió.... ¿Vdes. conocen á mi amigo Eduardo Piña?

—Lo conozco, dijo D. Pedro, es un excelente muchacho:
se hace notable, sobre todo, por su finura y moderacion.

—Pues oigan vdes., continuó Juanito, lo que le aconteció,
á los muy pocos dias de llegado aquí. No sabia palabra de
inglés y vagaba deslumbrado con las muchas mujeres que
pululan por todas partes en esta ciudad.

Una tarde encontró en un carrito una jóven de singular
hermosura; la vió, coqueteó, sonrió.... la jóven salió del
carro y él en pos de élla; anduvo un poco, tomó otro carro,
y Eduardo la siguió frenético: al bajar por segunda vez, le
dijo: "Yo amo á vd.," únicas palabras que sabia de inglés:
ella sonrió, y á poco caminaban del brazo como Julieta y
Romeo: al pasar por uno de esos restaurants, que son como
desbordamientos de luz vivísima, como Dios dió á entender
á Eduardo invitó á su adorado tormento á tomar alguna cosa,
haciéndole señas, ó como pudo. La jóven aceptó; penetraron
salones, subieron escaleras, y en un gabinete reservado,
un criado oficioso sirvió ostiones, Champaña y no sé
cuántas cosas más, porque ya sabemos que tienen diente
devorador por aquí las hijas de Eva: terminado el refrigerio,


163

como es costumbre, el criado presentó en un platillo de
plata su cuenta. Eran seis pesos y no sé cuántos centavos.

Sacó Eduardo un billete de á diez pesos: la jóven lo tomó
y le dirigió la palabra al criado: el criado replicó, Eduardo
no entendia una sílaba; pero veia algo de descompasada
en la señora de sus pensamientos; acudió gente; á Eduardo
se le figuró que el criado faltaba al respeto á la señora y se
dispuso á arremeter con él, todo en medio de gritos y de
escándalo, en que mi pobre amigo tenia fiebre.... sobre
todo porque no entendia una sílaba.... por fin, vino el administrador
de la casa, que sabe algo de frances, y explicó
á Eduardo que la señorita creia exagerada la cuenta, y defendia
á capa y espada unos veinticinco centavos.... Eduardo
hubiera dado lo que llevaba en el bolsillo por haber evitado
el escándalo.... ella estaba radiosa, y á pesar de la conformidad
de Eduardo, defendia sus intereses como una verdulera....

—Ya vd. lo ve; y si Eduardo fuera de ménos talento, diria
que las damas americanas son pleitistas y furibundas como
unas arpías. Aquella era una honrada cocinera.

—Añada vd. á eso, dijo Adela, que hay muchas criadas
de buena educacion, y de modales que en nada se diferencían
de los usados en la buena sociedad.

—Por qué no dices de una vez, que aquí se le ha hecho
á la gentuza la suya, y así te quitarias de distinciones. ¿Dónde
está la gente fina y de título?.... y no la hay. ¿Cuál
es la clase média? y ni quien conteste. ¿Dónde está la canalla?....
pues si aquí no hay canalla; y tienen vdes. que
pierde la cabeza el más pintado, porque uno tiene la costumbre
de ver las cosas de otra manera.


164

—En efecto, señora, lo que hay aquí es pueblo, que es lo
que se encuentra con gran dificultad en nuestra tierra y en
la de Fidel, repuso D. Pedro.

—¡Ave María Purísima! dijo Doña Ambrosia, ya vamos
á entrar en la política, que á todos nos pone de mal humor.

—Ya no sigo, Sra. Doña Ambrosia, repuso D. Pedro;
pero otro dia hablaremos de la gente fina y de las categorías
sociales.


XI
Pick-nick marino.—Rockway.—Los muelles.—El vapor
"Plimouth."—Paisajes.—Bañadores.—Pavilion Baths.—
Cantina.—Museo.—Fonda.—Los baños.—Modorra.—Un
romance.—Regreso.—Las Tumbas.—Laberinto.—Asco y
degradacion.—Una cita de poetas.—Jacinto Gutierrez.
—Perez Bonald.—El Café Delmónico.—Lectura de mis
versos.

AYER sí que estuvo el diablo en holgorio: paseo en el
mar, baile, baños; ¡cuántas cosas juntas para echar, no
una cana al aire, sino todas las canas, y gastar todo un tintero
de tinta color de rosa!

Trátase de un gran Pick–nick: yo tenia premeditada semejante
excursion, habia recorrido con avidez el Heraldo, y me
habia fijado en un paseo á Rockway, que es uno de tantos
preciosos islotes que bordan y alegran la bahía.

Ya hemos dicho al hablar de los Pick–nick de San Francisco


166

y de Orleans, que ó esa diversion se hace á escote y
en familia, ó es una empresa la que toma á su cargo procurar
el local y la música, ó como éste, el empresario del Pick–nick
toma el vehículo para determinado lugar.

Fué domingo ayer: á las nueve de la mañana mi caballeroso
amigo Buzeti estaba listo, con todas las instrucciones
correspondientes.

El vapor de rio es de los más elegantes; el precio de tránsito
cincuenta centavos; la música la del regimiento 23, famosa
por sus walses y por sus cuadrillas de Orfeo en los Infiernos.

Como todos los domingos, la ciudad estaba desierta. Atravesamos
calles y más calles solitarias, tomamos por el frente
de los muelles, despues cruzamos la série de calles con sus
tejados y sus hileras de pequeñas puertas que forman el sucio
Mercado de Washington. En el mercado no habia una
sola persona; los clavijeros vacíos, los mostradores solitarios:
yo no he visto esqueleto más triste que el de ese mercado.

Del otro lado dc la calle silenciosa, es decir, en la bahía,
se oian músicas, y colgando de los altos palos de los buques
flotaban grandes banderas y banderas pequeñitas, en cordeles
que bajan desde lo más alto al casco del buque, recordando
á todas las naciones de la tierra.... la bandera
de México no se veia allí. Estas banderas con cria me caen
en gracia.

A la entrada de cada muelle habia gente agolpada buscando
el Pick–nick de su eleccion. Descendian de los carruajes
y desembocaban de las bocacalles los paseantes, en lo
general en familia: el padre cargando á los nenes y llevando


167

á otro de la mano, con sus botecitos de hoja de lata con
comida; la mamá con un bolson ó con un canasto, tambien
con municiones de boca; de vez en cuando una suegra, tambien
oficiosa y útil, porque es de advertir que la suegra en
este país es un animal de todo punto domesticado.

En pocos grupos amigos íntimos, casi en ninguno convidados.

Rios de gente corrian en los muelles, al punto que solo
para Rockway y sus inmediaciones partieron ese dia más
de cuarenta mil personas. Para Corregisland y los otros
puntos de recreo, más de cien mil.

El vapor que nos condujo se llama el "Plimouth:" es un
vapor de rio de grandes dimensiones y sin duda destinado
para largas travesías. Amplio salon con alfombras, lleno
de espejos, sofás y sillas lujosísimas, toldo á proa sombreando
extensas y cómodas bancas, amplios corredores cubiertos
de sillas, y en la parte baja la tabaquería y el bar–room,
la venta de carnes frias y los puestos con dulces, flores y
frutas.

En la parte baja del buque, entrándose por un pórtico de
columnas graciosas y estatuas colosales, se extiende en amplísimo
salon el comedor, con su mesa redonda y sus mesillas
aisladas, con sus jarrones de flores y sus grandes ventanas,
desde donde se ven los mil encantadores paisajes que
va recorriendo el vapor.

Entre el mugir de las embarcaciones que llegaban y partian;
al ruido de las campanas de los templos; á los ecos de
las músicas marciales de los otros vapores, emprendimos la
marcha cerca de dos mil personas, con la novedad que, aunque
repetida siempre, siempre se produce á la vista de esas


168

ciudades flotantes y de esa multitud de sombrillas, sombreros
de paja, gorros con flores, cintas, velos y gasas.

Los bosques de mástiles hacian ver, como tras de una celosía,
por un lado Broklyn, por el otro Jersey, entre sus arboledas;
al frente, los fuertes; á los lados, los botes mil y
los barquichuelos, con sus velas tendidas rozando las aguas.

El conjunto era como el de una plaza pública; los niños
atravesaban corriendo; las jóvenes y los jóvenes pasaban coqueteando;
las ancianas y la gente séria leia sus periódicos, y
las madres de familia batallaban con sus bebes y los tenian
en su regazo dándoles el pecho. Y no obstante la multitud,
el gentío era silencioso; no iba, lo trasladaban, estaba allí
como pudiera en cualquiera otra parte.

—Vea vd., me decia mi compañero, aquella que parece
gran señora, que cuando levanta su brazo ostenta sus muchas
pulseras con campanillas y monedas, signo de sus
muchos adoradores: es una obrera.... veale vd. las manos
que oculta siempre con el pañuelo.

—¿Y esos jóvenes de sombreros de paja y bastoncillos,
zapato bajo y medias de colores?

—Son sastres, empleados de las tiendas de abarrotes,
conductores de ferrocarriles: de á legua se les distingue.

—Hombre, si no puede ser: esa es mucha seda, y mucho
lujo, y mucho abanico.

—Pues es lo que le digo á vd.: yo no respondo de cómo
estarán los retretes de estas hermosuras, ni las pobrezas que
por allá revelarán camas y ajuares, sartenes y percheros;
pero en la calle, todas son grandes señoras.

—Vea vd., ese es el calavera ordinario que da cada silbido
que crispa las carnes, zapatea como un arlequin y retoza


169

como quien es.... Pero vea vd. qué aspecto ofrece
(dejando este salon), la inmensidad del mar.

Vea vd. aquella multitud que parece devorada por las
olas.

En efecto, bajo un escalon de verdura que baja á la playa
oriental, se extiende una inmensa faja de arena, y se percibe,
como saliendo de las olas, un inmenso letrero que dice:
Northon and Murray Pavilion Baths.

Aquel y otros establecimientos de baños son frecuentados
los domingos por más de cien mil personas. Corona la gente
el escalon bajo toldos y sombrillas, y los nadadores se
lanzan á las olas, variando al infinito los espectáculos.

El hombre usa para bañarse los calzones de punto que
conocemos; las mujeres, sacos oscuros, pero no tan celosos,
que no dejen percibir en toda su belleza las formas de estas
mujeres hechiceras.

Sonó al fin el vapor, como relincha un caballo que reconoce
su establo. Miéntras llegábamos, yo improvisé el versito
que sigue:

AL FRENTE DEL HUDSON

(ROMANCILLO)

¡Qué alegres las barcas
Que van por el rio,
Las velas tendidas
Y sueltos los rizos!
¡Qué airosos vapores
Sonando sus pitos!
¡Qué naves inmensas!
¡Qué excelsos navios!

170

¡Qué bellas las lomas
Ceñidas de pinos!
¡Qué torres gigantes
De cuellos erguidos,
Que al aire levantan
Agudos sus picos!
La faja de arena,
Que es orla del rio,
De pórticos fila
Formando están lindos;
Y á sus anchos muelles
En raudal contínuo,
Descienden saltando
Mujeres y niños,
Y viejos y bebes,
Que van en carritos....
De prisa viajeros
Se miran prolijos,
Cargando sus sacos
En eterno ahoguío,
Que en las estaciones
El último aviso
Se da, y ya los trenes
Están en camino.
En mezcla confusa
Llevó el torbellino,
Los tiernos adioses
Del padre y del hijo,
Que el blanco pañuelo
Sacó entre el gentío,
Del barco en que parte
Para el mundo antiguo.
Y en aquel tumulto,
Casi á un tiempo mismo,

171

Se ve del que llega
Feliz el arribo,
Los viejos contentos,
Saltando los chicos,
Brincando entre todos
El fiel falderillo
Que pega en el trage
Del amo el hocico....
Volviéndose el rostro
Del sol á los visos,
Se ven bañadores
Jugando en el rio.
¡Qué Adanes tan guapos!
Y qué Evas, ¡San Críspulo!
Las Evas rechonchas,
¡Jesus, qué suplicio!
Me atacan los nervios,
Me dan calosfrio.....
¿Por qué las ballenas
Se ponen vestido?
¿Por qué la marmota
No apela al suicidio,
Para su volúmen
No dar al ludibrio?....
Y todo lo mira
Cuando pasa, el rio,
Y á la mar camina,
Siguiendo su giro,
Hasta que á sus brazos
Se entrega rendido,
Y muere besando
Su seno infinito.

FIDEL.


172

Rockway es un pueblecito en miniatura: se ve la lucha de
muelles, hoteles y casas de campo, entre el arenal, las arboledas
y las rocas; los muelles tienden sus brazos desde la
playa; las ventanas y miradores sonríen al viajero. Por entre
los árboles asoman las casas y sobresalen sus techos de
las copas de los más elevados, blanqueando con alegría entre
la verdura.

Tiene el pueblo soberbios restaurants y buenas cantinas,
mostradores con soda, juegos de bolos, museo y baños.

En una ceja de tierra, y pronta para partir á Long–Island,
esperaba la locomotora, bufando impaciente por partir.

Nosotros paramos en el hotel más afamado, que aloja
personas distinguidas durante la estacion de los baños. En
el extensísimo corredor que ve al mar, se suelen dar bailes
magníficos.

Las dos mil personas que contenia el buque se vertieron
como un torrente, dispersándose y tomando cada cual su
camino; muchos se dirigieron á la sombra de los árboles á
hacer en grupos sus almuerzos.

La calle única que merezca este nombre, no obstante lo
sofocante del sol, estaba inundada de gente de paraguas ó
sombrillas, que son adminículos indispensables allí en todas
las situaciones de la vida.

Vi el Museo, el Museo de segunda mano, el Museo tendejon,
el burlote de Museo: un juil, una cresta de gallo, un
gato: yo no sé lo que me pareció todo aquello; era como
una de esas gracias que á todos dejan sérios; era como si
cualquiera pusiese Museo, al cuarto que más desechos y tarantines
tuviese en su casa....


173

—Hombre, salgámonos de aquí, le dije á mi compañero,
que tengo la bílis en las pestañas.

American plan, me respondia mi amigo, conteniendo
la risa.... Veamos si los baños nos presentan mayor diversion.

En efecto, el espectáculo, para mí, tenia más novedad.

Hombres y mujeres se bañaban juntos, y ya he descrito
los trages; pero como el mar es bravo y tienen miedo las chicas,
por cubrirse bien el pecho, se descubren las rodillas
....
y ya solté esa especie de versito para los aficionados....
pero así es la verdad.

La leve envoltura de la bañadora se embebe tanto tanto,
que aquello es una temeridad...... En las delgadas
suele haber pliegues discretos y follaje púdico; pero en las
gordas ¡santo cielo!...... esas gordas son una bola de
gusto....

Y en este particular, la enjundia y el aquello de la civilizacion
produce tales fenómenos, que personas del bello sexo
que pudieran salir del baño al encuentro de su ropa, casi
desapercibidas.... salen y rodean por donde la multitud,
en semicírculo, disfruta del espectáculo de la natacion. Esos
cuadros al natural no tienen precio. El yankee suele ver esto
medio dormido.... y al presenciar algo de un mundo
desconocido, exclama con imperturbable flema: oll right!
y sigue mondando un limon con su enorme navaja.... pero
no todo está tan frio, y los vejetes y los chicos de trueno....
se sacuden.... y mucho que se sacuden....

Yo no sé, pero la opinion unánime es que los baños son
divertidos.... y á mí, para no mentir, me parecieron tambien
muy divertidos.


174

Almorzamos en el restaurant: nos invadió la modorra,
porque el sol era tremendo, y esperamos para regresar, las
cuatro de la tarde.

—-Vd. se ha fastidiado, me decia mi amigo; apénas hemos
oido la música, y aquel coro destemplado no debe haber
divertido á vd. mucho.

—Yo no sé, tal vez el estado de mi espíritu; pero la
gente me ha parecido triste, no se comunican unos grupos
con otros, casi no hablan, ni los amantes, que siempre tienen
algo que decirse....

La tarde era magnífica. Algunas parejas aisladas habian
tomado sus botes, y se veian á distancia bogando en el
mar.

El caballero alquila el bote, se quita la levita y empuña
sus remos; la dama, esbelta, audaz y generalmente enamorada,
se sienta en la popa sombreándose con su paraguas,
y así se entregan al desierto de las aguas.... Esos paseos
me parecieron llenos de encantadora poesía.

—No crea vd., continuaba B***, que no se conformaba
con mi tristeza, que todos los Pick–nicks son así. Muchos
los forman familias, de las que cada una da un platillo para
la mesa. En los Pick–nicks de franceses reina la alegría, no
cesan las canciones, y los bailes tienen animacion, á la luz
de la luna que ilumina el mar....

Aburrido de no entender palabra ni conocer á nadie, me
senté en un rincon y consagré, en mi cartera, los recuerdos
de mi expedicion á Rockway, del modo siguiente:


175

ROMANCE.

Banderas de mil colores
Asidas á sus cordeles,
Van saludando los mares
Y se van meciendo alegres
Sobre del bajel de fuego
Que tiene color de nieve,
Donde del canto los ecos
Van en el viento á perderse.
Como inundacion invade
El barco todo la gente,
Y del fondo á la cubierta,
Sube, baja, corre, hierve.
Lindas matronas en brazos
Llevan á sus lindos nenes,
Y á otros los dejan que sueltos
Sobre las alfombras jueguen.
En el salon está el piano,
Y en su torno, hermosas vense,
Entre gigantes estatuas
Y en espejos relucientes,
Mujeres como deidades,
Hombres que en bolsas y pliegues,
Si no huelen á tabaco,
Es porque á whiskey trascienden.
Ellos con holgados trages,
Ellas con sus trages leves;
Pero en numero tan grande,
Que arrebatarse parecen
El aire, cuando se escurre
De carne entre las paredes.

176

Cruzan el concurso inmenso
Mil traficantes que venden
Unos, estroberys (fresas),
Los otros bizcochos (queques),
Otros candís (charamuscas)
Y otros cerveza con nieve.
Esto es bar–room ambulante,
Refrigerio de las ladies,
Porque abajo, en las cantinas,
Barriles desaparecen,
En esos tubos inmensos
Que de cuello el nombre tienen
De yankee, donde licores
A borbotones se absuerben;
Pero en medio del tumulto,
Cuando los cantos no hienden
Los aires, ¡qué silenciosas
Y qué tristes van las gentes!
Ellas hacen sus negocios
Y ellos comen y se duermen,
O ellos y ellas el Heraldo
Casi de memoria aprenden.
Ni un semblante, ni un acento
Mi triste pecho conmueve:
¿A dónde dejaré el alma
Que mis recuerdos no lleve?
Inquieto al venir estuve....
Inquieto estoy por volverme
¡Ay de mí! que á todas partes
La inquietud me sigue siempre!

FIDEL.

Julio 15 de 1877.—A bordo del "Plimouth,"
bahía de Nueva–York.


177

Antes de escribir los últimos versos del anterior romance,
estaba llamándome B*** para que saliese á ver la multitud
de vapores, embarcaciones pequeñas y botes que iban
cruzando las aguas por donde nosotros bogábamos.

El espectáculo era animadísimo: pescadores, simples paseantes,
muchachos audaces, marineros en asueto, familias
pobres con sus chicuelos al borde del bote, ó haciendo saltar
las aguas en leves glóbulos, poniendo su mano contra
la corriente.

A nuestra vista, los remeros levantaban sus remos en señal
de respeto; los pañuelos y los sombreros se agitaban,
unos chicos enarbolaban sus camisas, y nos saludaban sus
mangas desgobernadas....

Anclamos en Brockyn, tomamos por ese laberinto de callejones
que miran al Este, culebrean, se embrollan y parecen
extenderse cerca de City Hall; pero saltan por su espalda,
se enmarañan y complican, desembocando al fin á
Broadway, que atraviesan como en fuga para perderse por
el laberinto del Weste. La mayor parte de esas calles son
como hechas en máquina: todas, las mismas paredes de ladrillo,
las mismas hileras de ventanas con sus persianas verdes.
Y la parte baja, tendajos, casas de empeño y grozeríes,
entre almacenes, fábricas y templos.

Las Tumbas, esa prision pavorosa, con sus gruesos pilares,
cuadrada, maciza, como sentada tras de sus hierros, y
á medio cubrir con el manto de yerba que cuelga como
desgarrado á su espalda.

En un salon colocado inmediatamente á la derecha de la
entrada, es donde há lugar el primer exámen de los que
caen bajo la accion de la justicia. Llámase "Tombs Police


178

Court," ó "Juzgado de Policía de las Tumbas," y allí toma
asiento todas las mañanas un Juez de Distrito que escucha
los cargos que presenta la policía contra los arrestados y
dispone de la suerte ulterior de éstos. En los casos de menor
cuantía, tales como embriaguez, conducta desordenada
ó vagancia, aquel magistrado tiene la facultad de imponer
multa, sumaria ó prision, ó perdonar la falta.

Las órdenes de encarcelamiento son para el juicio ulterior
del reo, por uno de los varios tribunales superiores;
pero el único de éstos que administra justicia en las Tumbas,
es el Tribunal de Sesiones especiales, ó "Court of
Special Sessions." Dos jueces presiden este tribunal, los
mártes, juéves y sábados de cada semana, para resolver sobre
los delitos de pequeños robos, asaltos y atropellos personales,
y otros menores. El conocimiento que dichos jueces
tienen de las clases y hasta de los individuos, la mayor
parte reincidentes, cuyos desmanes tienen que castigar, les
permite apreciar los distintos casos imparcialmente y aplicar
el condigno castigo, y si las influencias políticas no se
emplearan algunas veces en torcer el curso de la Justicia,
esos jueces llegarian á ser el terror de los malvados, purgando
en gran manera á la sociedad de los muchos que la
infestan, confiados en la impunidad que dicha influencia política
les ofrece. Muchos de esos criminales salen de este
tribunal para ir á ocupar las celdas ó calabozos; pero la mayor
parte de éstos recibe sus huéspedes del Tribunal de Sesiones
generales y demás tribunales superiores. La distribucion
y arreglo del interior de las Tumbas, en la parte carcelaria,
se diferencían poco de los demás establecimientos de
su clase, carecen de comodidades y tienen poca ventilacion.


179

La aglomeracion de presos, no solo perjudica la higiene
sino que en lo moral tiene pésima influencia.

Hay once calabozos especiales destinados á los reos de
prision perpétua ó pena de muerte. Otros seis calabozos se
dedican para compurgar delitos de cierta gravedad, y los
seis restantes sirven como de hospital.

En la parte superior hay ochenta y dos celdas. Cada preso
cuesta al condado treinta centavos próximamente por su
manutencion.

El patio interior que rodea los calabozos, es el lugar en
que se aplica la última pena, y aun cuando nada denota el
destino que de vez en cuando está llamado á ejercer, la lobreguez
que lo domina, las barras de hierro que cierran los
estrechos huecos por donde apénas penetran el aire y la luz
en los calabozos, al parecer incrustados en las sólidas murallas
de piedra gris, y las ideas que naturalmente surgen en
la mente del que la curiosidad lleva á aquel sitio, le imprimen
un sentimiento involuntario de terror, cada vez que el
eco se despierta en aquel lúgubre recinto, al ruido de los
pasos.

Las calles angostas y torcidas, la soledad, la suciedad y
la basura, dan triste aspecto á esas calles que rodean las
Tumbas, que parecen de una ciudad en que residen el hambre
y la peste.

La vejez de la mayor parte de estos edificios es espantosa;
las falsificaciones de piedra que hacen tan buen efecto
cuando las casas están nuevas, se ponen en evidencia: es la
costra, es la llaga, es la hérpes en las escaleras, el tumor en
las cornisas, el mal de San Lázaro en las puertas y ventanas

Por allí resulta reja de palo la que se creia pared; más


180

arriba la torre es el costillar de un esqueleto; cuelgan las
duelas al suelo; las puertas, las celosías, aparecen como sobrepuestas,
como si se quisieran reacomodar sobre un cráneo
facciones de otro rostro humano.

Al abrirse un cimiento, se forma ante todo un estanque
en seco, que es el basamento; despues se levanta un cono
de ladrillo; esa es la cloaca y lo único que sobrevive entre
aquella osamenta de astillas, ladrillos rotos, chirlos de papel
dorado, pero de un oro sarcástico, terrible, como es terrible
un rizo rubio y sedoso flotando sobre un cráneo.

A veces una puerta corrediza da paso á un callejon, despues
á un corral coronado de esas habitaciones en alto, habitadas
por grupos, por residuos, por palizadas de gente,
por trasformaciones de alacranes, mestizos, sapos y tortugas,
que sin perder del todo su forma, pertenecen á la humanidad.

La decadencia del sombrero, la caducidad de la seda, la
petrificacion del zapato y la trasmutacion de la piel humana
en pellejo, en badana, en corteza y en cuarzo. Yo no he visto
nada de más tremendamente hediondo ni espantable que
hombres, y mujeres, y cosas, como las que yo percibí en
aquella madriguera de la embriaguez y de la calentura perniciosa.

Comí de prisa, porque me esperaban mis amigos Jacinto
Gutierrez y Perez Bonald, para tomar un refresco en el Café
Delmónico.

Permítanme mis lectores que les presente á mis amigos,
y descansaremos despues en el café.


181

Es el Sr. D. Jacinto Gutierrez y Coll un hombre de cerca
de cuarenta años, pequeño de cuerpo, de color moreno, profusa
barba y ojos negros y grandes llenos de vida; nació en
Venezuela, donde hizo brillantes estudios, completó su educacion
en Paris, donde estuvo como secretario de la legacion
de su país, encargado de negocios, y desempeña actualmente
en Nueva–York el Consulado general de Guatemala.

El Sr. Gutierrez es notable poeta: nutrido en la escuela
francesa, debe á ella sus bellezas y sus defectos; es correctísimo,
pule con amor sus frases y las redondea con delicadeza
exquisita, engastando en ellas joyas de valía, hasta ser
como una filigrana, cuajada de piedras preciosas, cada una
de sus composiciones.

La patria, los íntimos dolores del alma, el amor, forman
las cuerdas más preciosas de su lira.

Habla con pasion; de su entendimiento concentrado se
lanzan relámpagos de fogosa elocuencia por intervalos; y á
la claridad de esos relámpagos, se percibe la lucha del poeta
con el filósofo y el escéptico.

El Sr. Perez Bonald es un hombre de treinta y cinco años,
venezolano tambien, alto, blanco, de frente despejada, insinuante
y afable.

El Sr. Bonald está dedicado al comercio, sus ocios los entrega
á la literatura y cultiva con muy buen éxito la poesía.

Posee varios idiomas, y entre ellos el aleman, con notable
perfeccion. La dote más sobresaliente de su alma, es la admiracion
por el ajeno mérito. Exento de toda pretension,
ignorante con sinceridad de su elevado mérito, hizo culto de
su cariño á Heim, y el gran poeta ha tenido un intérprete
fiel de sus inspiraciones singulares.


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La traduccion de las poesías del Voltaire aleman, hechas
por el Sr. Perez Bonald, acaba de ver la luz pública en Nueva–York,
en medio de los entusiastas elogios de la prensa.

El Café Delmónico, uno de los más espléndidos de esta
ciudad de esplendores, está situado en la Quinta Avenida y
consta de tres secciones.

El gran Salon del Restaurant, con sus pequeñas mesas,
sus alfombras, sus espejos, sus torrentes de luz de gas y su
tapicería deslumbradora.

Los gabinetes reservados ó retretes en que se aisla una
pareja de amigos ó una familia, verdaderos nidos del placer
y del bienestar, y el café, vastísimo salon lleno de columnas
y sembrado de pequeñas mesas, á la usanza de México, con
su gran cantina surtida de licores delicados, refrescos, café
y chocolate, que aquí se acostumbra aguado, sin dulce y tomado
con cuchara.

El servicio no deja que desear: los criados visten con
perfecta elegancia, presentan sus cuentas escritas en un platillo
de plata. En el café se fuma libremente.

Instalándonos en una mesilla del café: el Sr. Gutierrez me
habia leido sus versos, que yo habia admirado; el Sr. Bonald
me habia obsequiado con un tomito de su preciosa traduccion.
Nuestra cita era para que yo les leyese algunas de mis
coplas; y no obstante haber hecho pocas y la mayor parte
improvisadas, con lápiz, en la cartera, sobre la rodilla, la instancia
fué tal, que rayaba en descortesía mi resistencia.

Pedimos refresco: saqué mi carterita y un rollo de manuscritos,
y hénos ahí delirando, soñando, iniciando á aquella
familia tierna y entusiasta que me deparaba el destino, en
mis más íntimos dolores....


183

Olvidé el café y las conveniencias todas; leia como si no
tuviera auditorio; leia como quien tiene la conciencia de que
por primera vez se le comprende. Era la lectura cansada;
pero yo seguia, sin considerar que del mismo Hornero habrian
fastidiado dos horas de versos.... Pero ya los literatos
y los conocidos no existian; eran los confidentes; eran
los amigos; era el viejo marino que contaba sus naufragios
á los que solo conocian del mar los esplendores y las brisas.

Insensiblemente nos veiamos el espíritu: la patria inspiraba;
la raza reclamaba sus fueros; las auras de los primeros
años replegaban el ala, para besar nuestras frentes enamoradas
con el canto de nuestros recuerdos.

El café habia quedado medio solitario cuando acabé de
leer, en medio de testimonios de generosa estimacion, que
nunca olvidaré.



XII
Mataderos de reses.—Su descripcion.—El verdugo de los
toros.—Un cambio de frente.—El Dr. Agramonte.—El
Lic. Agramonte.—El Puente de Harlem.—Alrededores
y descripcion del puente.—Medicinas de patente.—Estudios
médicos.—Hospital de mujeres.—Visita á varios
departamentos.—Consultas y beneficencia.—La señorita
Jhonson.

HOY es mal dia, dije á mi querido Buzeti al verlo entrar
por mi puerta. Hoy es dia negro, es el santo
de mi hija y tengo el alma como un calabozo.

—Por lo mismo nos vamos, me dijo mi caballeroso compañero,
y nos vamos muy léjos, vamos á ver un matadero
de reses. Lo que vd. oye, continuó mi amigo. Vd. ha manifestado
su deseo feroz de ver esas escenas de sangre, y
nos vamos ahora á buscar la Segunda Avenida.

Y diciendo y haciendo, dejamos el cuarto, y remando y


186

codeando, llegamos á la Primera Avenida, tristona y desmantelada,
atravesada por un solo carrito que conduce poca
gente.

Llegamos á la Segunda Avenida y al punto designado
para ver la matanza; pero nada me indicaba que estuviésemos
en el lugar buscado, y es de advertir que caminaba con
suma atencion, porque acababa de leer en un periódico las
torerías que hizo una de esas víctimas de la gula humana,
quebrantando su encierro y embistiendo con cuanto se le
ponia delante, al extremo de haber algunos muertos y muchos
contusos y desquebrajados.

Hizo alto Buzeti á la puerta de una larga bodega bien envigada,
y en la que se veia delicado aseo. La bodega tenia
salida por una hilera de puertas, y de la parte interior, entre
ellas, habia pequeñas mesas como para escribir de pié.

La extensa galera está dividida por un corrido cancel de
tablas que da á la mitad de la pared.

Entre el techo y el cancel hay líneas paralelas formando
como caminos para rieles, y en que realmente ruedan aparatos
que dan á carretillas suspendidas del lado opuesto del
cancel de la bodega.

—Este es el matadero, me dijo mi guía, presentándome
á un jóven elegantemente vestido y de cumplida educacion.

Frente á cada una de las puertas que dan á la calle, hay
puertecillas de madera en el interior que comunican con la
otra seccion, de las dos en que á la bodega divide el cancel.

Abrió una puertecilla el jóven administrador de la casa y
nos encontramos al lado opuesto de la galera, con sus puertas
como la parte de la calle. Sobre cada puerta hay una


187

garrucha; en el suelo, junto al quicio de cada puerta, hay
un gran, círculo giratorio de gruesos tablones y vigas.

Un callejon de la extension de la galera, perfectamente
enlosado, sirve de patio al matadero.

Al lado opuesto del callejon hay una série de toriles que
dan á otras tantas puertas, comunicadas con igual número,
que se comunican con la espalda de la casa. Por allí entra
el ganado colocándose en su toril, de una en una las reses.

Muy pocos dependientes, calzados bien, vestidos de negro,
con sus camisetas limpias y algunos con un pequeño
delantal, hacen el servicio.

En el fondo de la pieza estaba un banco: en él se veia un
anciano de barba blanca, con manchones negros de pelo ensortijado
blanco, nariz afilada, ojos hundidos, frente taciturna;
tenia un larguísimo cuchillo despuntado en la mano.
Aquel es el matador, el verdugo de los toros.

Corre paralelo á los quicios que dan al patio, un caño en
comunicacion con los grandes depósitos de agua que hay
en todas las alturas.

De las garruchas de la galera parten unos cables que caen
en los toriles; allí se laza por las astas á la víctima, se abre
la puerta y la carretilla se mueve hasta llevar al toro al círculo
giratorio; da una vuelta el toro, resulta colgado de los
piés y con la cabeza sobre el quicio que da al caño. Entónces
llaman al verdugo, cargado de hombros, con unas largas
botas en las que están introducidos sus pantalones, con un
fieltro negro, cuyas alas pequeñísimas caen sobre sus cabellos
canos y su frente.

El verdugo, veloz como no lo puede calcular la imagina


188

cion, degüella al toro: la sangre surge en un chorro humeante
que recibe un criado en una cubeta, porque esa sangre
se remite á las refinadurías de azúcar.

La sangre que cae en el caño desaparece por torrentes
de agua. El círculo de madera gira de nuevo y quedan en
la galera interior las secciones en que se destaza la res.

La operacion completa no dura diez minutos, y se pueden
matar veinticinco reses á la vez. Es decir, ciento cincuenta
toros en una hora.

La carne se coloca en la seccion de la galera que da á la
calle, donde acuden á repartirla los carros, despues de hechas
las apuntaciones respectivas en las varias mesitas ó escritorios
de que hablamos al principio. Hay multitud de mataderos
en Nueva–York como los descritos, que abastecen
la gran ciudad. El matadero principal, que tiene otra forma,
está entre Jersey y Newark.

El verdugo me hizo una impresion singular: su tremendo
cuchillo es como una prolongacion de su mano; apénas permite
que se vea, y no lo suelta jamás. Es todo él tan fino,
que no le iguala la mejor navaja de barba. Los cuchillos
de que se sirve esa casa, vienen de Paris á precios verdaderamente
fabulosos.

Dimos las gracias al jóven que nos mostró el establecimiento,
y tomamos el camino del hotel.

Apénas ponia yo el pié fuera del wagon para dirigirme á
mi hotel, cuando una voz me dijo á mi espalda;

—Ahora suba vd. en ese otro wagon que regresa.

Volvíme á ver quién me daba órdenes tan terminantes,
y ví el cuerpecillo flaco, los ojos azules y la poblada patilla
rubia del Dr. Enrique Agramonte, persona que honra


189

por sus talentos y virtudes el nombre de Cuba, su patria, en
la Ciudad Imperio.

El Dr. Agramonte es hermano del héroe ilustre Lic. Ignacio
Agramonte, uno de los primeros y más esclarecidos
caudillos de la independencia de Cuba: hizo sus estudios en
su patria.

Cuando en 11 de Noviembre de 1868 estalló el grito de
Bayamo en el glorioso levantamiento del Camaguey, se vieron
á los dos hermanos Agramonte, que habiendo dejado
su posicion social y sus fortunas, empuñaron las armas como
últimos soldados y figuraron en esa série de combates
que forma un proemio brillante á la Iliada de la independencia
de aquella perla de las Antillas.

El padre y las hermanas de los jóvenes patriotas vinieron
á residir á Nueva–York.

Orador elocuentísimo, sabio en el consejo y arrojado en
la lucha, el Lic. Agramonte prestó eminentes servicios á la
patria, hasta ser llamado al ministerio, que renunció por seguir
al frente de las tropas, entre las que gozaba merecido
prestigio.

Encontrábase la lid muy empeñada, cuando recibieron los
hermanos Agramonte la noticia de la muerte del padre y
del desamparo en que la familia quedaba.

Con tan funesto motivo, vino á Nueva–York mi amigo
D. Enrique. Aquí recibió la noticia de la muerte de D. Ignacio,
acaecida en la sangrienta batalla del Sinaguayu (11
de Mayo de 1873), cargando á la bayoneta al frente de sus
tropas, y dejando en la desolacion á su familia y su esposa,
que vió el cadáver del que tanto amaba, cuando aún brillaba
en el cielo de su corazon la luna de miel.


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Mi amigo Enrique, hecho cargo de la familia, recurrió á
su profesion, en que sobresalia: se opuso á una cátedra en
uno de los hospitales de más nombre, y la obtuvo, siendo
cada dia más considerado en esta sociedad por su ciencia y
virtudes.

Tal es el chico que me hizo retroceder en mi camino.
Obedecí á su indicacion, y en el wagon me dijo:

—Voy á Harlem: miéntras hago mi visita, vd. verá el
puente, y entretanto charlaremos.

Atravesamos calles y más calles al Norte de la ciudad,
hasta que despues de mucho andar paró el carro, que llevaba
traza de estar en movimiento por toda la eternidad.

Amplísimo es el rio Harlem, límite Norte de la célebre
isla de Manhattam.

A la opuesta orilla hormiguean entre los árboles las casas
y las fábricas. A mi derecha atravesaba, materialmente casi
sobre las aguas, un ferrocarril; á mi izquierda se tendia el
rio cruzado de botes y de vapores en movimiento.

A mis piés, en una hundieron de terreno, bajo un amplio
tejado, está un salon contiguo á un elegante restaurant,
donde por la parte que da al rio se sirven limonadas y helados.

Sobre el rio está el embarcadero y el punto de alquiler
de los botes; á poca distancia el muelle para los vapores
que atraviesan aquellas aguas.

El puente, aunque de maciza construccion, no corresponde
en belleza á sus costos, pero es digno de las miradas del
viajero. Tiéndese de uno al otro lado del rio en una extension
de más de doscientas varas, formando una calzada de
madera con rejas de fierro. La calzada tendrá veinte varas.


191

En su centro forman calle tres arcos de cada lado colocados
de modo que entre los arcos y el barandal, quede amplio
tránsito para la gente de á pié, miéntras van por el centro
los carruajes. De los tres arcos de cada lado, dos tienden
sus curvas á la altura de tres varas y el central de seis.

Por la parte exterior del puente que ve á las aguas, descansa
su macizo maderámen en gruesas columnas de fierro
que encajan en el rio. En el centro son cuatro las robustísimas
columnas, y las coronan rieles circulares con ruedas,
adheridas al reverso de esa parte del puente.

Sobre los arcos centrales de este monumento se levanta
na casita de madera que domina el rio, y donde se hace
l servicio del puente.

Apénas se anuncia una embarcacion, cuando como por
mágia se desarticula el puente: toda la parte central, con la
casa, los viajeros y carruajes, vuela sobre las aguas y queda
suspendida siguiendo la corriente, miéntras altivo y resoplando
cruza el vapor. Entónces vuelve á girar la parte separada,
y se ajusta y continúa el tránsito.

El espectáculo fué para mí de todo punto inesperado; me
tocó girar en la parte que se abre, y ví cruzar, como en un
desvanecimiento, casas, árboles, navíos, caballos y carruajes.

El Puente de Harlem excita con mucha razon la curiosidad
de los viajeros.

Regresó el doctor en compañía de un estudiante de leyes,
habanero despierto, audaz, abusando del acento del
país natal y dando suelta á esa suficiencia y á ese desenfao,
patrimonio de los primeros años.

—Quite vd. de ahí, hombre, estos no son estudios ni valen
un ardite, principalmente tratándose de medicinas.


192

Aquí el primer perillan que coge un poco de tizne de la
cocina, le echa agua y unas gotas de álcali, ya puede pedir
patente y salir por esos mundos de Dios curando con su
Black watter, lo mismo los callos que la retina del ojo.

—No niego que hay mucho humbug y mucha droga;
pero hay sabios de primer órden en el ejercicio de mi profesion.

—Yo no me meto en personalidades, replicaba el letrado
de Puerto Príncipe; pero vd., caballero, decidirá. (Aquí
fueron los saludos y las presentaciones.)

—Figure usted, siguió diciendo con suma animacion:
aquí, para el estudio de la medicina, á nadie se pregunta,
ni de dónde vienes, ni qué sabes. A Perico el de los Palotes
se le viene á las mientes ser médico, y no hay más sino
que se inscribe á los cursos.

Los cursos duran tres años: comienzan el 1°. de Setiembre
y concluyen en fin de Febrero. En resumidas cuentas,
en año y medio se recorre toda la ciencia médica, y no
puede darse más diabólica aplicacion al vapor.

Las lecciones son orales, cada profesor tiene su ramo: se
para en la tribuna cada maestro, y con una celeridad de que
ni idea puede formarse, lanza como con jeringa una peroracion,
y.... termina la cátedra.

Los exámenes son mucho, muy ligeros, se pasan en un
trago, y la ciencia, encargada de la conservacion y de la vida
del hombre, entra por la puerta de la superficialidad y de
la charla, y sale por la de los negocios, como si se tratase
de traficantes.

—Te confieso, decia Enrique, que no hay mucho de exagerado
en esa pintura; pero lo que callas es que tiene tal


193

valía eso de que el hombre asuma la responsabilidad de sus
acciones, que hay médicos eminentes, y entre ellos pueden
citarse á Alfred Post, Martin Payne; al catedrático de anatomía,
Winter; á Loomis y otros muchos que comprenden
sus deberes como maestros y que profesan la santa religion
de la ciencia.

—Te he dicho, replicaba el estudiante, que yo no me
meto con las individualidades. Nada de eso; te digo que
he visto tal tempestad de médicos y tan bárbaros muchos
de ellos, que en mi tierra ni como albéitares figurarian.

Las mismas oposiciones, no se hacen por gloria ni porque
ellas produzcan remuneracion, nada de eso; es uno de
tantos recursos de avisar al público que allí hay un médico
ménos adocenado que los otros, y eso trae clientela.

—Ya vd. lo ve, dije yo, el público y siempre el público,
que es el marchante, es el que tiene de calificar la obra.

—Los exámenes, siguió Enrique, depuran la charla, y en
ese punto nada más noble que el proceder de estos hombres:
para la ciencia no hay extranjeros; los puestos más
distinguidos son para hombres que no son hijos del país,
pero sí eminentes profesores. Ya verá vd. el hospital de Belevue
y otros establecimientos, y me dirá si se ve con desden
la ciencia.

Yo veo el Colegio Médico diariamente, y admiro su regularidad
y sus adelantos constantes.

En el gran salon de lecturas caben holgadamente quinientos
estudiantes.

La sala de diseccion admira por sus combinaciones de luz
y por la manera con que está ventilada.

En aparatos, instrumentos y alivio del enfermo, existe


194

allí cuanto ha inventado la ciencia, sin ponerse jamás coto
ni medida en los gastos.

Ahora, en cuanto al sistema de estudios, diré á vd. que
el año escolar se divide en tres sesiones. Preliminar de invierno,
Regular de invierno y Sesion de primavera. La última
sirve como de repaso á las anteriores.

Las lecturas preliminares en Setiembre, ó primeras sesiones
de invierno, son de clínica, recorriéndose los ramos que
van á estudiarse en lo futuro.

De Octubre á Febrero, esto es, en el período de sesiones
regulares, se dan cinco lecturas diarias, que abrazan un curso
completo de medicina y cirujía, acompañada de la práctica
en el Hospital de Belevue y en las consultas de los
pobres.

Despues de hechos estos cursos, el candidato obtiene su
diploma firmado por el Canciller de la Universidad, el Dean
de la facultad médica y cuatro ó más profesores. El total
costo de una recepcion, son treinta pesos.

—Enrique, dijo su compañero interrumpiéndole, tú nos
vas á espetar todo el Informe del año pasado, y Fidel está
queriendo dormirse.

Así era la verdad; pero no estaba tan dormido que no
cogiera al vuelo la promesa que me hizo Enrique de visitar
al siguiente dia el Hospital de Mujeres, situado en la calle
59, al Este de la ciudad.

—-Hasta mañana, Enrique.

—No hay que olvidarlo. A las diez en punto.


195

El Hospital de Mujeres es de los establecimientos mejor
servidos en Nueva–York, emporio realmente de los establecimientos
de caridad y beneficencia.

La fábrica es de ladrillo, inmensa y monótona, en alas como
hundidas, con su pórtico al centro, sus bastiones á los
extremos, su desvan de zinc en la altura, su barandal de
hierro al pié, ciñendo su alfombra de césped.

A la entrada me señaló Enrique, porque Enrique Agramonte
fué mi cicerone, algunos salones aislados con altos y
amplios respiraderos.

—Esos salones, me dijo mi guía, son destinados á las enfermedades
que producen pestilencia ó contagio, y ya vd.
ve, separacion tan obvia produce no solo comodidad, sino
grandes bienes, porque aquí son desconocidas las enfermedades
que abundan en los hospitales, como peculiaridad de
esa falta de distincion.

Entramos al hospital: por supuesto que carece de patio,
y este me parece grave inconveniente, aunque le ví subsanado
con otras muchas ventajas.

En el salon de recepcion estaba una señora escribiendo, y
al solo verla, me prendó su compostura, la decencia de su
porte, la amabilidad exquisita de su trato.

Es la señorita Jhonson, que así se llama la persona á
quien nos dirigimos, una de las empleadas subalternas que
dependen de la Junta Directiva del hospital, compuesta de
señoras de distincion.

Alta, con el cabello cano cayendo en esmerados rizos sobre
su frente de nieve, ojos negros, y los destellos últimos
de una notable hermosura. Oyó nuestra pretension, quiso
complacernos ella misma, se inclinó al suelo, alzó un extremo


196

de su vestido con sumo garbo y se dispuso á conducirnos,
con tal gracia y desembarazo, que, ¡vamos! me subyugó.

Antes de emprender nuestro viaje por elevador y escaleras,
nos mostró grandes lápidas de mármol en que estaban
inscritos muchos nombres.

—Esos nombres, le dijo á Enrique, son de los creadores
y sostenedores del establecimiento, porque el Gobierno
compra con una pequeña subvencion el derecho de asistencia
hasta para veinte enfermas.

Los socios, porque allí no se decantan los bienhechores,
que dan por una vez dos mil pesos, pueden mandar cinco
enfermas, es decir, tienen cinco camas disponibles en este
hospital.

Ahora verán vdes. poquísimas enfermas; en esta estacion
se trasladan á lugar ménos caliente, y entre tanto, como
vdes. ven, se hacen las reparaciones del edificio.

En cada uno de los cinco pisos á que ascendimos por un
elegante elevador, hay celdas para las enfermas de más
distincion, cuartos para las consultas de los médicos, salas
con sus útiles para operaciones y comedores para las enfermas
convalecientes; todo sin lujo, pero con extraordinario
aseo, decencia y propiedad.

En los cuartos ó celdas se ven muebles en que se ha
consultado la comodidad, el desahogo y hasta el solaz de
las enfermas. La ventilacion de estos cuartos, lo mismo
que la de todo el edificio, consiste en séries de combinaciones
á cual mejor y más oportunas.

Unas veces la parte superior de la vidriera que forma semicírculo
se abre hácia arriba, como un labio, y establece
corrientes con ventiladores que se hallan al ras del suelo,


197

sin que se sienta el menor aire en las camas de las enfermas.

En otras piezas, en sus rincones, están incrustados tubos
con horadaciones que hacen que el viento circule en la direccion
que se desea.

En el descanso de cada piso están situados los cuartos
para las veladoras ó vigilantes, además de las que velan á
las enfermas.

Inmediato á cada salon se ve en cada piso un grande
almacen con ropa, colchones y lo necesario para mantener
en estado perfecto de aseo todas y cada una de las camas.

La lavandería, la cocina y las dependencias todas de este
hospital, son la realizacion del ideal, todo lo que pueden tener
de más práctico la caridad y el bien.

Enrique me decia:

—Como este hospital hay muchos: el de Belevue es un
modelo, y hay verdadero esplendor en cuanto á los aparatos
é instrumentos médicos que se fabrican en los Estados–Unidos
con toda perfeccion, aunque haya persona que prefiera
los franceses.

En estas conversaciones descendimos las escaleras todas,
siempre conducidos por nuestra amable guía.

Estábamos en un extenso salon dividido por hileras de
columnas y dispuesto con extraordinaria decencia, con sillas,
mesas y cierto aparato de bienestar.

—Este es el bassement, me dijo la señorita Jhonson, y el
salon el que se destina á las consultas de los pobres.

Los médicos todos del establecimiento tienen obligacion
de pasar aquí cierto tiempo atendiendo á las consultas de los


198

infelices, suministrándoles la casa, las medicinas y los cuidados
en operaciones ligeras.

—Además, añadió Enrique, hay multitud de boticas que
tienen sus asignaciones para los pobres, sostenidas por las
Juntas de caridad. Es increible el número de personas que
disfrutan de este beneficio, que en obsequio de la verdad,
desempeñan siempre con el mayor gusto y con provecho,
porque aquí la gran dificultad es darse á conocer.

Nada es exagerado, continuó con calor Enrique, de cuanto
hayan dicho á vd. respecto de beneficencia y caridad en
Nueva–York.

Como vd. ha visto, la grande iniciativa parte del impulso
privado: el Gobierno se adhiere á lo establecido, desprendiéndose
de la administracion oficial.

Con razon ha dicho el sabio Sr. Bachiller, que no es posible,
en su juicio, que en ninguna otra parte del mundo
tenga representacion más completa la beneficencia.

Las religiones todas compiten con ahinco en hacer prosélitos
en el terreno del amor y del bien; la ciencia y la caridad
en emulacion perpétua, inquieren todos los dolores para
aliviarlos, todas las penas para prodigarles consuelo. Los
ancianos, los ciegos, los dementes, el huérfano, la mujer
abandonada, todos, ántes de hundirse, encuentran una mano
que los salve.

En las inmediaciones de los templos; en los lugares más
risueños por su posicion; en islas como Blackwell's, en medio
de los campos, se levantan verdaderos palacios en que
el amor brinda refugio á todas las miserias humanas.

Ya vd. ha visto el Instituto de ciegos; el de sordo–mudos
es igualmente hermoso; en el Asilo de huérfanos se da educacion,


199

hasta los 14 años, á 900 hospicianos. En el edificio
de niños vagabundos se alimentan más de 700, año por
año.

El término medio de emigrantes socorridos en su hospital
peculiar, es de 450 personas. En la casa de industria,
seiscientos niños han hallado amparo y trabajo.

Y todo esto sin ostentacion, brillando en todas partes el
orden y la moralidad más pura, sin que nadie haga objeto
de su explotacion, ni relacione con su posicion oficial, esta
dedicacion santa al amor de los que sufren.

Alta, muy alta idea se cobra de los Estados–Unidos, con
especialidad en un hospital y en una escuela. La libertad
hace allí el apoteósis sublime del bien: la religion misma, como
que se desprende de la influencia del interes sacerdotal,
para entrar en la sacrosanta comunion de amor en que Dios
se complace·

Los Informes de beneficencia y de educacion, puede presentarlos
este pueblo como sus verdaderos títulos para ocupar
rango eminente entre los pueblos más civilizados del
globo; y esto lo escribo cuando rebosa hiel mi corazon, por
lo injusto y lo depravado de la política de los politicastros,
y de algunos gobiernos americanos respecto de mi patria.

La señorita Jhonson respondia á mis preguntas, completadas
con señas; me explicaba, me tenia encantado con su
finura, me estaba muriendo por aquella viejecita tan pura y
tan linda.

Por supuesto que al despedirme, le solté una arenga que
me tiene hasta ahora dulces los labios.



XIII
Mi tertulia.—Charla benéfica.—Iglesias Bautistas.—Casamientos,
—Entierro.—Pick–nick.—"Reception,"—La
Policía.—Las Cornisarías.—Penitenciaría.—Blakwell's.
—Barbaridades.—Huelgas de obreros,—Matanzas y horrores.
—Un "meeting."—Mi viaje.—Mi tertulia.—Otra
vez los huelguistas.—Reflexiones sobre los obreros.

QUEDE rendido de mi visita al Hospital de Mujeres:
en la noche, y por vía de descanso, fui á la casa de
D. Ramon, en donde estaba, como nunca, animada la
tertulia.

El calor era sofocante: á la entrada de la casa, que no
puede llamarse zaguan, estaban las señoras y señores formales;
las señoras, en una especie de balconcillo contiguo,
tenian sus sillones; el resto de la concurrencia estaba en
tapetes, sentada en los peldaños de la escalera. Los chicos


202

subian y bajaban entre la concurrencia, juguetones y
risueños.

—Mucho se habrá vd. entretenido en el Hospital de Mujeres,
me dijo D. Pedro: cada uno de esos establecimientos
tiene mucho que estudiar.

—En efecto, repuse yo; pero quedé rendido: al menor
esfuerzo, me sale lo viejo por todas las costuras.

—¿Hay muchas enfermas? preguntó D. Ramon.

—No las pude contar, repliqué, porque han ido al campo,
como es costumbre.

—-No vaya vd. á creer, interrumpió Doña Ambrosia: ¿ve
vd. ese gimnasio, y esas espaldas, y esas fuerzas de gañanes
que tienen las mujeres? pues realmente son muy enfermas.
Vd. figúrese: á los ocho dias de recibir éstas un
niño de Francia, andan saltando como unas cabras por esas
lomas.

—Vea vd., á mí me dijeron, que aquí reinan las intermitentes,
las perniciosas, las reumas, la dicteria....

—Señores, dijo Adela, nos vamos á enfermar si seguimos
platicando así. Fué vd. con tanto gusto al hospital, y
no quiso ir al bautizo del otro dia que le habria divertido
mucho más.

—Figúrese vd., dijo Juanito, que le dieron una zabullida
en un estanque á la interesada, que se quedó tiesa.

—¿Qué me está vd. diciendo?

—Lo que vd. oye. En esas iglesias, así se hace, que lo
diga D. Pedro.

—Son las Iglesias Bautistas, que como vd. sabe, tienen
por institucion el bautizo de los adultos.

—En el centro de la iglesia hay un estanque con agua.


203

—Muy fria por supuesto, dijo Doña Ambrosia.

—Sobre el estanque se ponen unas tablas y se hace el
bautizo, añadió D. Pedro,

—Papá, cuéntele vd. bien á Fidel; porque ha de saber
vd. que hay muchísima concurrencia y cantos de dulcísima
armonía. Cuando yo asistí á esa ceremonia, el sacerdote y
una lindísima jóven de diez y seis años, estaban en el tablado.

—Iba la jóven vestida de blanco, como una nube, repuso
Doña Ambrosia.

—Sus largos cabellos caian sobre los encajes y la trasparente
muselina, añadió Juanito.

—Cuando nadie lo esperaba, cogió el padre de la nuca á
la muchacha, y ¡zas! de sopeton la sumió en el estanque,
dándole un sustazo de muerte: al padre no le sucedió nada,
porque iba forrado de hule, dijo D. Pedro.

—Pues la muchacha estuvo de fortuna: yo he visto esa
ceremonia en Washington: la tabla en que está de pié la
catecúmena y descansa en el estanque, se zafa repentinamente,
ella se sumerge, y aquello sí es cajeta: la rociada
que llevan los concurrentes es para resfriarlos.

—Pues yo he visto más, exclamó Juanito: yo he visto en
medio del invierno conducir en carretadas los negros, á
bautizarlos en el Potomac, donde rompian el hielo con las
cabezas: aquello sí era de encoger al más pintado. En cambio,
los bautizos de los católicos se hacen como en todas
partes.

—¿Y los matrimonios? pregunté yo esperanzado en saber
algo de costumbres.

—De los matrimonios puede decirse, me respondió D,


204

Pedro, como del bautizo: la ceremonia es con arreglo á
los ritos religiosos.

—Hablemos de protestantes, dijo Adela, deseosa de complacerme
y con la viveza que le es genial. Se anuncia el
matrimonio, poniéndose á la entrada de la casa una cortina
é instalándose en la propia casa dos policías.

En la puerta de la iglesia se pone tambien cortina.

La novia va vestida de blanco, como el dia de la primera
comunion....

—Pero en la iglesia, todo es muy desairado, observó
Doña Ambrosia: figúrese vd. que no hay arras, ni hay velacion,
ni nada; se cambian muy friones los anillos, y se acaba
todo.

—Pero, dijo D. Ramon, al salir á la iglesia, se les echa
á los novios flores á manojos, y se deslizan sus botellitas de
Champaña entre las ruedas del coche.

—Eso no es nada, insistió Doña Ambrosia; tambien dirá
vd. que entre las flores suelen arrojar un zapato.

—Eso quiere decir, exclamó Adela con malicia, que aunque
sea en un pié, debe salir á la calle la mujer.

—Ese es el orígen del refran de la mujer casada: "los
piés quebrados y en casa," que tiene su equivalente en español.

—Si se llevara á cabo ese refran aquí, las mujeres se
morian.... para una mujer, encerrarla es como enterrarla
viva.

—Y ahora que hablamos de entierros, seguí yo, ¿es cierto
que luego que muere alguno se le sepulta en hielo?

—Es mucha verdad, contestó Doña Ambrosia: figúrese
vd. qué sorbete!.... si tienen estos hombres cosas!....


205

—Eso tiene la ventaja de que á nadie se le entierre vivo
.... del mal, el ménos.

—Ya se ve.... el más vivo espicharia con semejante
refresco.

—Hay tambien su comitiva de duelo.

—Muy corta, cuando en la casa mortuoria hay proporciones;
porque en la casa se alquilan los coches: cuando son
pobres, cada cual lleva su coche.

—Pero ya habrá vd. visto; la gente va como de paseo
tras el carro fúnebre: no se conoce el luto, las mujeres y
los niños parece que se van á un dia de campo. No, esa sí
es una falta de caridad y de respeto al muerto, dijo Doña
Ambrosia: ya se ve, llevan á la iglesia el cadáver y allí le
descubren, y cada quien lo está mirando y observando como
si se tratara de una estatua.

—Pues á mí eso me agrada, dijo Juanito.

—Pues hay gustos que merecen palos, dijo Doña Ambrosia
amostazada.

Yo, queriendo que no degenerara en tristeza la conversacion,
pasé bruscamente de uno á otro punto, diciendo á
D. Pedro:

—De lo que no tengo ni remota idea es de un baile en
una casa particular, si no es en San Francisco, en casas
mexicanas.

En Orleans asistí, como aquí, á Pick–nicks de carácter
público, y no á los dias de campo de familias, que contribuyen
con un manjar para sus comidas íntimas, como suele
suceder entre nosotros.

El Pick–nick se verifica en un jardin; se canta, se baila,
cuchichean los novios, y los niños juegan alegres.


206

Hay diversiones de esas que tienen carácter de
jamaicas,
como hemos visto en Orleans; y por último, en el mar, como
la de Rockway Island, de que he hablado; pero baile en
forma, no lo conozco.

—Yo he asistido, me dijo Adela, á lo que se llama
Reception,
que es en realidad un gran baile en que se ostenta lujo
y esplendor.

El Reception es de dia, á las dos ó tres de la tarde. La
señora de la casa, que es quien ha hecho la invitacion, recibe
á los invitados á la puerta del salon, con ramos de flores
que les distribuye.

Se baila sin cesar cuadrillas y wals: la danza es desconocida
casi.

En una de las piezas interiores hay una gran mesa con
exquisitos manjares y vinos, entre los que el Champaña hace
el principal papel.

No hay asientos al rededor de la mesa: las personas que
desean refrigerarse visitan el comedor, comen con la premura
que devora un lunche un hombre de negocios, y sigue
bailando, no como quien ha comido, sino como á quien se
ha dado cuerda.

—Pero esos bailes, que duran hasta las nueve de la noche,
solo se verifican en invierno. En la presente estacion
no se visita; se quitan las alfombras y se envían á que se
renueven, se pintan las casas, se reparan los muebles y todo
el mundo está en el campo y en los baños, en que como
en Saratoga, se vive la vida del hotel y es un perpétuo festin
la temporada.

Eran las doce de la noche: los cafés y parques tenian


207

concurrencia y se oian á lo léjos las locomotoras, rugiendo
como leones.

Una de las cosas que más elogia y que más complacen
al viajero que visita Nueva–York, es la policía, comenzando
por el personal que siempre es escogido, aun tratándose del
físico de sus individuos.

Visten levita y pantalon azul con botones de plata, guantes
blancos de algodon y un sombrero de fieltro con sus
borlitas de oro. Por toda arma usan una especie de grueso
bolillo de dos tercias de largo, suspendido á su mano con
un cordon.

Estos hombres rondan dia y noche la ciudad, aun los policías
de los parques y paseos, que se distinguen porque su
uniforme es gris y usan cachucha.

El Mayor ó Prefecto de la ciudad, elige los Jefes y la Junta
de Comisarios.

Hay superintendente, un secretario y una fuerza de poco
ménos de dos mil hombres, con 35 capitanes, 133 sargentos,
75 vigilantes y 80 ordenanzas. El total de los empleados en
este ramo, son 4,000 hombres.

El Cuerpo de polícía se compone de hombres en todo el
vigor de la edad, y se buscan verdaderos atletas, que dan
gusto de ver.

Nada más interesante que ver á los policías entre la maraña
de coches y el indescriptible tragin de Broadway, que
cruzan por entre carros y caballos, llevando del brazo á un
ciego, cargando un niño, y amparando, siempre respetuosos,
á una jóven.


208

La generalidad paga con afecto las atenciones de estos
caballeros, porque tal nombre puede dárseles, y aun la gente
viciosa les considera, con excepcion de los ébrios, que
ponen á prueba su paciencia.

Por lo que á nosotros toca, jamás hemos visto á un policía
maltratar á un preso; nunca esa familiaridad repugnante
con la gente perdida; en ninguna circunstancia faltando á
las leyes de la buena crianza y del deber, abusando de la
autoridad.

A todas horas del dia y de la noche se les encuentra por
todas partes y es de su deber guiar al viajero, lo que para
los extranjeros aumenta más la simpatía.

Las comisarías, que tienen funciones como en México,
están situadas convenientemente en la ciudad, en número
de treinta y seis, y son oficinas en toda forma. La oficina
que yo vi en la calle de Greenwich, tiene su amplio despacho,
con las mesas cercadas de un barandal de madera, su
reloj y su telégrafo para comunicarse con la oficina de City–Hall,
dar avisos, pedir auxilios, acudir al llamado del superior,
etc. Este telégrafo presta á la ciudad servicios importantísimos.

Contiguo al despacho hay un salon con asientos, y otra
sala pequeña en que los heridos reciben los primeros
auxilios.

Dividido por un pasadizo pequeño, pero embutido entre
los muros del edificio, como un gran dado en su holgada
caja, hay un edificio pequeño formado de celdillas en que
se asegura á los reos hasta por una noche, miéntras se les
conduce á su destino.

El piso del cuarto es como un ataud, con una puerta de


209

barras de hierro; no podrian caber dos personas de frente
dentro de aquellos cuartos, que son oscuros y malsanos. En
uno de ellos habia detenido un niño porque habia cortado
unas flores.

A mí me pareció cruel aquel modo de detener, aun á
personas declaradamente criminales: cualquiera de las jaulas
de fieras del Parque Central, me pareció en mejores
condiciones de vida.

Habia visitado ántes en Blakwell's la Penitenciaría. Blakwell's
es una isla en que hay hospital y edificios destinados á
la beneficencia y al trabajo.

Allí se encuentra la casa de dementes, la de trabajo, el
hospital y la penitenciaría, en que se tiene una detencion
temporal.

La isla está al Este, y entre arboledas y risueños prados
casi desiertos, se descubren los grandes edificios de piedra
de cantería oscura, que negrea tristemente, como que va á
morir en ellas la luz, y donde parecen condenadas á la explacion
las cortinas de enredaderas que trepan las paredes,
dejando los claros de las ventanas, como hay muchas casas
en la ciudad.

Desgraciadamente, la persona con quien hablé en la penitenciaría
de Blakwell's, es de las muy pocas que he encontrado
en los establecimientos públicos, ásperas y poco atentas
con las órdenes y recomendaciones que yo llevaba; así
es que vi mal el edificio y no puedo entrar en pormenores
como quisiera. Diré, no obstante, lo que ví.

Figurémonos una inmensa galera de robustas paredes,
con sus hileras de ventanas y su techo altísimo.

Dentro de la galera está construido el edificio, que es un


210

cuadrilátero de piedra, de celdas en ala, con sus escaleras y
su corredor de hierro en la parte exterior.

Ese cuadrilátero queda como una gran caja dentro de la
galera, sirviéndole en la parte exterior de salones y de tránsitos
á la vez.

El interior de las celdillas tiene el ancho de poco más de
vara; yo me puse en las sienes las palmas de las manos, y
tocaba con los codos los muros. El largo será de dos varas.
En uno de los rincones hay una ironía de cama.

Todo lo demás del sepulcro es desmantelado: la luz le
viene de la pieza exterior.

La puerta la forman barras de hierro, cubiertas de modo
que solo queda un boquete para la respiracion de la fiera.
Una gruesa barra de hierro asegura la puerta.

Parece que la prision es accidental y que en ella residen
por vía de pena correccional; pero yo vi en las puertas papeles
que indicaban la permanencia en aquellos nichos de
panteon, de cinco ó seis meses, aunque esto no es comun.

Aquella soledad, aquellos muros, aquella escasa luz, me
parecieron peores que la misma muerte.

Dicen que la prision no es solitaria, y en efecto, ese sistema
está del todo abolido; pero lo existente es brutal, es
salvaje; convierte en afectacion hipócrita el cuidado del pájaro
y del niño y la institucion caritativa para los animales.

Y por más que repugne y que parezca increible, se hace
aquí la apología de los azotes de Delaware: hay Estados en
que se sujeta al reo con un corbatin de hierro á la pared, y
los ahorcados son comunes, habiendo en este acto sacrílego
verdadero lujo de barbarie y de degradacion humana. ¡Qué
vergüenza! qué humillacion! qué afrenta para el hombre el


211

de ese columpio infame desde el que parece que la barbarie
en triunfo hace el apoteósis de la pena de muerte y desafía
á la civilizacion y á la humanidad!

Hay veces que se tiene á los sentenciados meses enteros
en espectativa del suplicio, y ántes de morir se les toma
medida para el cajon en que los entierran.

Hace pocos dias hubo once ahorcados, y diremos algo de
esta historia por la trascendencia que está teniendo.

Es el caso, que con motivo ó pretexto de la parálisis de
los negocios, se habia hecho en varias negociaciones el rebajo
de diez por ciento en los salarios, rebajo muy sensible,
porque aquí son poderosas las necesidades del obrero. En
varias fundiciones y fábricas, al mismo tiempo de amenguarse
el salario, se aumentó el trabajo y en alguna se hizo
notable el mal trato á los obreros.

Es de advertir que en este país hay sus imitaciones europeas,
en cuanto á colisiones (Trait d'union), semejantes
á las ligas inglesa y francesa que produjeron la internacional,
y que entre las importaciones han tenido la de comunistas
alborotadores y feroces, aunque con ménos éxito,
por las condiciones de felicidad en que se encuentran los
pueblos.

Los obreros de las fundiciones de Macburg (Pensylvania),
protestaron y se levantaron contra la disminucion de
sueldo y el aumento de trabajo; los dueños se opusieron,
hubo desórdenes y asesinatos, y de resultas de ellos fueron
condenados á muerte once obreros de los de mayor inteligencia
y prestigio, que representaban en las colisiones.

Las ejecuciones se hicieron con todo el lujo de barbarie
que hemos descrito, y estuvo al estallar una insurreccion


212

universal, porque operarios en el ferrocarril, fundidores, herreros,
carboneros y toda esta especie de gremios, tienen poderosas
ligas.

Al fin estalló la huelga en los caminos de fierro y minas
de carbon de Macburg, Pittsburgo y toda Pensylvania; y
como si hubieran sido regueros de pólvora los rieles, se
propagó el incendio de una tremenda insurreccion.

Destrozáronse trenes de mercancías, incendiáronse wagons
y se lanzaron ardiendo á los grandes depósitos; millares
de hombres se precipitaban contra la fuerza armada que
simpatizaba en algo para con los insurrectos, y el incendio,
la matanza y el desencadenamiento de todo lo que hay de
más feroz en el tumulto, se vió en grandes focos, y tiene,
con razon, en alarma y en espanto á la sociedad entera.

El telégrafo, instante por instante, trasmite relaciones de
horrores que vocean los muchachos.

En las mañanas, en las tardes, á deshora de la noche, los
papeleros infatigables, van como con teas encendidas difundiendo
la alarma.

Ayer 25 publicó El Herald, como encabezamiento de su
periódico, con letras colosales como aquí se acostumbra, lo
siguiente:

Un dia de alto en la historia del derramamiento de sangre.

Alborotos en Siracusa, Albany, Chicago y San Luis.

El Nueva–York central en huelga.


213

Delaware, Lackwana y el Oeste se unen.

Extiéndese el alboroto en el Oeste.

Un tren con milicia detenido.

Efectos de la detencion de los fletes.

Escasez de carbon y fierro, fábricas cerradas en Pittsburgo.

La harina subiendo, los duraznos pudriéndose.

50,000 hombres próximos á lanzarse al tumulto.

Una voz para las fábricas.

Entrevista con el jefe Arturo, de la locomotiva de Brotherhood.

La situacion en Nueva–York.

Un gran "meeting" convocado por los comunistas.

Formidables precauciones para conservar el órden.

Ataque en San Francisco de alborotadores contra los chinos.


214

El texto de lo escrito corresponde á los rubros: cuéntanse
por millones las pérdidas; y las hondas lacras, y los grandes
elementos de vida de esta sociedad, se ponen de manifiesto
en estas circunstancias formidables.

La preponderancia tiránica de los ricos que fungen en
grandes Compañías, con intereses opuestos á los de la comunidad;
aristocracia del peor género, que tuerce la marcha
gubernativa y todo lo corrompe: los grandes errores
económicos que reivindican en un solo instante los principios
de la ciencia, hacinan combustible que estalla con la más leve
chispa.

La cuestion del Sur solapada, pero cuyas causas subsisten
enérgicas, irritadas por la tarifa, que no es sino una máquina
de opresion del Sur, todo está en fermento y todo escribe
con letras de fuego y de sangre, lecciones que no deberian
desaprovechar los serviles admiradores de esta gran
nacion.

Y si hemos puesto delante de los ojos el reverso de la
medalla, en el anverso figura el imperturbable acatamiento á
la ley y la fé en los principios.

Anoche, en medio de la excitacion universal, se verificó un
meeting de comunistas: nadie pensó en que se estorbase á
los ciudadanos pacíficos el ejercicio de su derecho. Se tomaron
precauciones, y eso fué todo.

En cuanto á la fé en los principios, no se ha pensado en
aumentar el ejército; no se ha pedido socorro á la fuerza
para que salve á los menores de edad, como lo habriamos
hecho nosotros. En Pittsburgo, los ciudadanos en masa se
han armado; ellos acuden al peligro; se arman, vigilan,
se muestran hombres, se bastan á sí mismos, á pesar de


215

las defecciones de algunos; y esto es ser pueblo, y pueblo
grande y digno de la libertad.

Las vociferaciones de la prensa se valorizan por el buen
sentido, alimentado por la instruccion universal, y los grupos
de alborotadores pasan como compañías de cirqueros,
en medio de la indiferencia de la gran masa que garantiza
la paz.

En las fábricas, otra es la cuestion; pero con todo, no
tenderá sus brazos la Comuna, no encenderá sus hogueras
el petróleo, no recorrerá la internacional los pueblos, con
su cortejo de furias del hambre.

Franceses, irlandeses y alemanes comunistas, vagos de
todas las naciones, derraman en frio sus reminiscencias; y
aunque la parálisis de los giros es una gran calamidad, se
espera que sea la perturbacion un mal pasajero, y se vuelven
los ojos á los buenos principios para encontrar de una
manera cierta la paz.

Yo tenia dispuesto mi viaje para el dia de ayer. Los
trastornos que acabo de referir me tienen como preso, devorando
el fastidio.

—Todo eso que vd. escribe, me decia Doña Ambrosia los
otros dias, está muy bueno y á mí algunas cosas tal parece
que las estoy mirando, sin quitarles pelo ni tamaño; pero
convenga vd. en que se le va la mano en la miel cuando
describe á las mujeres, y no es eso bueno, aunque la pique
de galante.

—Pues yo no he visto nada de eso, dijo Adela, agitando
su abanico y dejándose ir hácia adelante en su mecedora.


216

—Oh! si en esos cuadros de Fidel, las ladies son divinas:
¡qué airosas! ¡qué instruidas! ¡qué expeditas!

—Y no lo podemos negar, mamá; sorprende el número
de mujeres hermosas; y si no, dé vd. una vueltecita por
Broadway cualquier sábado, y deslumbra tanta elegancia y
tanta hermosura.

—Todo estará muy bueno; pero vd. no ha pintado una
mujer dándole el brazo al hombre y el hombre dejándose
llevar, como no está en el órden; nunca ha dicho vd. que
señoras que por tales pasan, alzan sus piés como cualquier
macho y los ponen á la bartola miéntras leen su periódico;
y en esto del abanico, se lo pegan como clavado en medio
del pecho, y allí sacuden, sin aquel garbo ni aquel no sé
qué de nuestra raza.

—Pero, mamá, esas son pequeñeces que no hay para qué
mentar.

—Tampoco dice Fidel, continuó implacable Doña Ambrosia,
que mucha de esa suelta y de esa libertad de los niños,
depende de que no los soportan dentro de las casas, en donde
acaban con las alfombras y hacen guerra á los muebles y
al aseo; hay muchos bordings en que no se admiten á los
huéspedes con hijos: sobre todo, mal se avienen esos chiqueos
con señoras que andan en la calle.

—Está muy bien; podrá suceder lo que vd. dice, mamá,
replicó Adela; pero pierde de vista aquí á los muchos aventureros
y gente ordinaria, que hace cosas que les achacan á
los extranjeros, como por ejemplo eso de la bebida. Bebe
más siempre un irlandés que dos yankees: si no, vea vd. ese
vecino.

El vecino es un propietario que pasaba casi en paños menores


217

y sin sombrero, con su inmensa jarra en la mano, y
de varias casas salian gentes con jarrones semejantes, como
en procesion, por el Leager Ber.

—Espanta lo que se bebe aquí diariamente: D. Pedro tiene
pruebas, por esos libros que él lee dia y noche, que este
es el país del mundo en que se bebe más.

Estábamos entretenidos en esta plática, cuando llegó D.
Ramon trayendo las noticias últimas del telégrafo: eran las
diez de la noche.

—En Chicago, nos dijo, los huelguistas hicieron un grande
empuje para entregarse á los mismos desórdenes que en
otras partes. La fuerza federal tomó parte: reforzáronse las
filas de los insurrectos hasta en número de diez mil, que se
abalanzaron sobre la tropa. Esta hizo jugar la artillería, y
han corrido rios de sangre entre montones de cadáveres.
Se cree que la chusma sucumbirá y todo quedará en paz.

—Ya vd. sabrá del meeting de anoche; hizo fiasco, como
lo preveiamos: se reunieron ménos de mil personas. Aquí
todo el mundo puede gritar "¡viva!" los "mueras" se reprimen.
Anoche, al primero y único "muera," sacaron sus
cuellos cuatro ametralladoras, y se acabó el desórden.

A todos los edificios públicos se dió la órden de que tuvieran
en las calderas agua hirviendo, para lanzarla á chorros
sobre los amotinados.

—Eso habría sido espantoso, observó Adela horrorizada.

Es muy difícil, sobre todo para un extranjero que no conoce
sino superficialmente y como de paso esta sociedad,
desentrañar las causas que ocasionan las perturbaciones formidables


218

que está produciendo la situacion de las clases
obreras.

La cuestion cae, por la naturaleza de las cosas, bajo el
dominio de una crítica parcial, en que los partidarios de la
libertad y los proteccionistas se inculpan recíprocamente y
acaban por encerrarse con obstinacion en sus opiniones intransigentes.

Es cierto que se ven en las huelgas de los trabajadores y
en la organizacion de los obreros tentativas de imitacion
europea; pero las condiciones sociales son tan distintas y
son tan ilustrados los mismos obreros, que ellos en su educacion
tienen el correctivo de males que en Europa son de
trascendencia funestísima.

La falta de reciprocidad en los cambios, provocada por
el arancel protector, deja sin salida los efectos que produce el
país, y eso determina la parálisis de las fábricas y la baja de
salarios: ambos males causan la huelga y la miseria.

La educacion y el hábito de igualdad han propagado mucho
el trabajo por participacion, es decir, el participio del
obrero en las ganancias del capitalista, elemento poderoso
de la conciliacion del capitalista y el obrero.

La baratura de los trasportes y lo movedizo de la familia
americana, hacen que cambie con facilidad de domicilio, en
busca de mejor fortuna. Sobre todo, las cajas de ahorro y
el gran número de propietarios agricultores, enfrenan la revuelta
y dejan en minoría á los perturbadores del órden.

A la noticia de las huelgas del Sur, se llenaron los cuarteles
de la guardla nacional, las tropas estaban listas, se
ofrecieron al Presidente de parte de algunos Estados del
Sur, más de cien mil hombres, y los propios obreros se pusieron


219

del lado de los conservadores de la tranquilidad
pública.

Las concesiones constantes que hace la legislacion aduanera;
la riqueza del Sur, que se reintegra en su esplendor
antiguo; los intereses comerciales del Oeste, producirán
irresistibles efectos en favor de la libertad, y sucumbirá ese
sistema prohibitivo, plagio infeliz de List, fomentado por
insaciables especuladores, que son las primeras víctimas en
las insurrecciones de los obreros.

Algunos de los hijos de Pelayo son deliciosos para esto
de juzgar las cuestiones sociales de los americanos.

Decia uno de ellos:

—Todo lo que vdes. ven, es porque á estos judíos no les
entra una idea nueva, ni á mazazos: todos ellos están encastillados
en su rutina.

—¿Pero qué rutina es esa? le preguntaron.

—¿Cómo qué rutina, hombre? la rutina de hacer dinero,
que no se las saca vd. de la cabeza ni con tirabuzon, ni con
una yunta de bueyes....

En el momento que el Norte modifique un poco la rutina
de que habla el gachupin, las cosas se compondrán.

Al volver al hotel, Francisco trazaba en el plano nuestro
largo camino.

En el suelo habia baúles abiertos, papeles regados y todos
los anuncios del próximo viaje....

El calor ha sido espantoso: el termómetro ha llegado á
marcar 95 grados. Esa debe ser la temperatura de la boca
del infierno.



XIV
Geo Shiels.— Apothecary Broadway 896.—- Apuntaciones
sobre nuestros artículos de exportacion.—Un convite.—
Poesía á Jacinto Gutierrez y Coll.

VARIAS ocasiones, al presenciar Francisco mis horas
de aburrimiento, me habia invitado para que fuese á
visitar á M. Geo Shiels, boticario famoso, y cuyo despacho
es punto de reunion de mexicanos y de hijos de las otras
Américas.

M. Shiels es mexicano de nacimiento.

Nacido en Yucatan y radicada parte de su familia en la
Isla del Cármen, conserva frecuentes relaciones con México,
y es buen patriota, excelente amigo y hombre por naturaleza
fino y servicial.

Su despacho, encallejonado en el extremo de un espacio
en que viven en patriarcal armonía unas modistas que cultivan


222

la flor de la elegancia, unos fotógrafos poseedores de
confidencias, un almacen de guantes y tocados, y por fin, la
botica, prolongado estuche dividido por un mostrador, y que
tiene por respaldo el almacen de drogas.

A la entrada de la botica está el depósito monumental de
la agua de Sosa, con su ejército de vasos, jarabes y su fuentecilla
de plata en que por si solos se lavan los vasos, por
medio de un ingenioso mecanismo.

En el medio del mostrador está el escritorio de M. Shiels,
y en el respaldo de la pieza el laboratorio con todos sus
útiles.

Frente al mostrador hay sus estantes y junto á ellos sillas
para las visitas, que nunca faltan.

Pero, como la mayor parte de las boticas, la de Mr. Shiels
es un refugio, una guía, un ómnibus, en que se satisfacen
todas las dudas y se provee á todas las necesidades.

¿Se quieren informes sobre cualquier casa, cualquier banco,
cualquier establecimiento? Pues Mr. Shiels, como los otros
boticarios, tiene su gran directorio, y no hay más que irlo á
consultar, sin pedir licencia y sin que nadie lo tenga á
mal.

Drogas, mercería, cepillos, sobres de carta, sellos, menjurjes,
aceites, medicinas patentadas, todo lo vende mi amigo,
todo lo sabe y á todos sirve con puntualidad de cronómetro
y con calma imperturbable.

Frenton, ojos azules, roma nariz, boca recogida, ancho y
bien conformado: bajo el aspecto glacial de Mr. Shiels, existe
uno de los corazones más nobles que yo haya conocido
jamás.

Posee Mr. Shiels cinco ó seis idiomas con extraña perfeccion,
y esto contribuye á hacer numerosísima su clientela.


223

Las muchas visitas en nada embarazan sus trabajos; él
los prosigue sin cuidarse de los que hablan ni lo que dicen,
á no ser que se le interpele, en cuyo caso se encuentra siempre
al hombre instruido y caballeroso.

Yo concurrí por primera vez á su botica, hojée el Diccionario,
tomé soda, compré uu lápiz y escribí por vía de tarjeta
los siguientes versos, que dejé sobre el mostrador:

EN LA BOTICA DE M. SHIELS
BROADWAY 896.

Cuando una mosca nos pica
Y nos hace abolladura
En la piel, de fé se cura
La roncha, en esta botica.
Si es desdeñosa una chica,
No os abandoneis al tedio,
Porque tiene un gran remedio
Para el desden, la botica.
Si una suegra os mortifica
Como la pulga ó la chinche,
Polvos, cual de Pinche, Vinche
Tiene á mano esta botica.
Si un amor nos sacrifica
No demostremos zozobra:
Con ingredientes de sobra
Se quita en esta botica.

224

¿Le piden de sol á sol?
Aquí se cura del chasco,
Y se llama (á peso el frasco)
Bálsamo de not at ol.
En fin, la pobre, la rica,
Las santas y las coquetas,
Para consultas secretas
Que vengan á esta botica.

FIDEL.

Mr. Shiels recibió con amabilidad suma mi extravagante
presentacion, y es uno de mis amigos más queridos y á
quien debo más profunda gratitud en la Ciudad Imperio.

En la casa de Mr. Shiels vivia su hermano, vecino de la
Isla del Cármen, que habia ido á Nueva–York á comprar un
vapor, para establecer una línea de comunicacion entre Yucatan
y Nueva–York, que producirá los mejores efectos.

De las conversaciones de este amigo, de las de Andrés
Aznar, de las de un americano hijo de Filadelfia, casado con
una linda y espiritual meridana, sacaba mis apuntaciones
acerca de la exportacion de nuestro país, rectificaba mis
juicios, y todo se hacia, como me gusta, mezclando á los
cálculos la crónica, despolvoreando los chistes sobre los números,
y soltando los libros de caja para remojar la palabra
con las copas del bar–room del vecino Hotel Continental,
guiñando de paso el ojo á la linda Galimbertti, si estaba en
su ventana.

Volviendo á nuestro comercio, los artículos de exportacion
para los Estados–Unidos son más numerosos de lo


225

que se cree generalmente; pero no se desarrollan, ya por
falta de agentes, ya por las exíguas proporciones del cultivo,
ya porque no hay constancia para vencer las primeras
resistencias, que tienen en un mercado extraño los frutos
extranjeros. Diré á vdes., así, al paso, y sin pretensiones,
cuáles son los artículos que pudieran tener salida en este
mercado:

  • Palo de Campeche.
  • Henequen.
  • Ixtle.
  • Maderas de construccion.
  • Vainilla.
  • Miel de abejas.
  • Cerdas.
  • Cauchuc.
  • Cueros de chivo.
  • Zarzaparrilla.
  • Purga de Jalapa.
  • Café.
  • Azúcar.
  • Tabaco.
  • Frutas.
  • Amacas.
  • Sombreros de palma.
  • Petates.
  • Ajos.
  • Chitle.
  • Cacao, etc., etc.

—Ahora van mis observaciones, dijo el negociante de
Filadelfia.

El modo de raspar el henequen debilita su fuerza, aplastándolo,
y le hace bajar de precio. Ahora se dice que se
trata de remediar este mal. Es mucho muy reducido el número
de los que negocian en henequen, y más que como
corredores como comerciantes; así es que lo monopolizan,
le imponen precios, y se hacen dueños de esa rica
industria.

El ixtle es más resistente y flexible que el henequen;
pero como la hebra es corta, no puede dedicarse á los usos
del henequen, se riza y se emplea en cojines y colchones.
Está tomando gran fuerza este comercio. El mejor es del
Estado de Tamaulipas.


226

Los cultivadores de la vainilla, que es riquísimo producto,
no se han fijado, en mi juicio, lo bastante, en lo que pierde
secándose al fuego: secándose al sol valdria mucho más.

Se me olvidaba decir á vdes. en cuanto al palo de Campeche,
que la inteligencia con los fabricantes de zarazas y
estampados, le haria más estimable.

En cuanto á maderas, además de la caoba, el cedro y el
moral, de que se hacen grandes ventas, se solicita un madera
que vdes. llaman chechem, semejante al box: son muy
estimados el ébano, el ciricote, el jovillo, y otras que no recuerdo
y abundan en las costas mexicanas.

Respecto de miel, diré á vd. que la que aquí se expende
viene de Tampico, y se suele vender hasta á 80 centavos
el galon; pero se conoce que se descuida en México este
cultivo: la miel es delgada: muchas veces llega agria. Bien
cultivada, produciria mucho dinero.

Otro ramo de exportacion seria la cerda: viene ahora de
Mérida, Tampico y Veracruz.

El cauchuc viene ahora, decia Shiels, de Tabasco y Veracruz
y un poco de la Laguna; pero en muchos puntos de la
República, como en la Huasteca, podrian emprenderse grandes
explotaciones: domina ahora en el mercado el cauchuc
de Sur–América, compitiendo.

—Vean vdes., decia Andrés Aznar: Buenos Aires nos
hace competencia con los cueros de chivo, y los nuestros
valen más; pero aquellos comerciantes son más inteligentes
y estudian más este mercado. Aquí, esa falta de estudio
nos ha hecho insistir en la venta de la zarzaparrilla, dominándonos
siempre la de Honduras. En Europa es donde
tiene grande aprecio esa planta preciosa.


227

—Por más que encarezcamos y pongamos el grito en el
cielo ensalzando nuestro café, dijo un desconocido que despues
supe es un mexicano muy inteligente en estas materias,
en Orleans es donde se hace el tráfico: aquí se conoce
muy poco, produciria millones popularizarlo.

El café de Java, de Rio Janeiro, de Costa Rica, de Venezuela,
de Puerto Príncipe y hasta de Santo Domingo, proveen
á este inmenso consumo; y vd. no lo creerá: en los
ensayos de introduccion del café mexicano en este mercado,
el que más se conoce es el de Oaxaca (Villalta), disfrutando
en México mayor concepto, Colima, Uruapam, Atlacomulco,
Córdova, y otros puntos desconocidos aquí totalmente.

De más importancia, relativamente hablando, es el consumo
del azúcar: la nuestra compite aquí sin esfuerzo alguno
con la de Cuba; y aunque por el momento hay en Nueva–York
grandes existencias, me parece un ramo de comercio
de mucha espectativa. El azúcar moscabada es la que se
debe enviar, porque así paga menor derecho y la aprecian
más las refinadurías. El verdadero mercado de nuestra azúcar
está en Europa.

Pero en todo se ve la mano de la desidia, y se hace sensible
nuestro abandono. El empaque de nuestras azúcares
es detestable: las hace desmerecer muchísimo.

—En mi juicio, decia yo muy sério, á los cónsules se les
deberia caracterizar como agentes mercantiles, haciéndolos
útiles, como lo han prevenido la Francia y la Prusia, ordenándoles
que suministren datos estadísticos, favoreciendo á
los comerciantes é informando sobre todo lo conducente al
comercio.


228

Los Anales de comercio de la Francia, se componen de
Informes de los cónsules en una gran parte, y muchas, muchas
veces, he recurrido á ellos para saber algo de mi país
respecto de su comercio exterior.

En esos Informes sabriamos, por ejemplo, por qué siendo
los derechos tan altos sobre el tabaco y tan inferior el de
Cayohueso al nuestro, aquel tiene mayor consumo.

Apénas los Tuxtlas han logrado hacer introducciones
ventajosas, cuando podrian hacer remisiones mayores Papantla,
Misantla, Coyusquihuic, el Jovo y otros muchos lugares
cosecheros en que se ha mejorado mucho el cultivo.

Tal vez nos instruirian esos Informes, por qué la California,
Sur–América, las Floridas, Italia, Sicilia y hasta Smirna,
tienen mercado para sus frutas, y nosotros no hacemos
sino muy exíguas introducciones.

Ya se ve, el simple empaque hace que se coman en
Nueva–York uvas frescas de Málaga, miéntras nuestras
frutas más resistentes á la corrupcion, llegan impasables y
para tirarse á la basura.

—Ha hecho vd. un sacrificio, me dijo Andresito: ya sabemos
que vd. se calienta bastante la cabeza y estudia en
su casa, razon por la cual gusta fuera de ella de la charla
insustancial y de las conversaciones que no exijan atencion;
pero nosotros deseábamos saber, ahora que ha visto por
acá los negocios, qué inconvenientes encuentra vd. en las
formalidades de nuestros aranceles mexicanos?

—Varios he notado, respondí con condescendencia; pero
no estoy cierto de la exactitud de mis observaciones.

Las facturas consulares son gravosas y el certificado que


229

vale cuatro pesos y á veces más, importa un desembolso
no justificado donde tiene sueldo el cónsul.

En lo que se llama juego de facturas, que se tienen que
poner marcas, números y la complicadísima nomenclatura
de nuestro arancel, la factura que sirve de manifestacion al
comerciante, que se haga en buena hora; ¿pero qué tiene
que ver con la copia para la aduana, ni la que vaya al Ministerio
de Hacienda? Si esos son documentos ó comprobantes
del mecanismo de la oficina, ¿por qué no los hacen
los empleados?

Por otra parte, la rigidez en la nomenclarura es motivo
de extorsiones al comercio. El dia que en vez de pasas se
pone fruta seca, aunque sea lo mismo, se expone al comiso
el comerciante. Poner lienzos por tejidos, ó vice versa, es
blasfemia aduanal, lo mismo que poner elástico por resorte.

La maicena paga derechos, y la harina de maíz que se
hace de maicena es libre.

En las drogas medicinales, cada vez que se pone la mano
se echa á perder más el arancel, al punto que siendo en
cuanto á la cotizacion uno de los ménos tiránicos, la nomenclatura,
las fórmulas y su pésima regularizacion, lo hacen
odioso y brutal.

Vea vd. por encima, dije tomando el arancel mexicano y
señalando al vuelo algunos artículos.

Pianos.... regulados por el peso bruto....

—Por supuesto no fué mal bruto el que incurrió en la
confusion.

—Soda cáustica para jabon, paga más de lo que vale.
Clavo de especia, canela.... En fin, chicos, doblemos la


230

hoja, que esos caballeros que están á la puerta me esperan
para que vayamos á comer.

Aquellos bienhechores mios, aquellos mis redentores del
arancel de aduanas, suelen llamarse Jacinto Gutierrez, Bonald
y Luis F. Mantilla, que llegaban asistidos de los dos
grandes elementos que se necesitan para toda comida: mucha
hambre y muy buen humor.

—Chicos, á la disposicion de vdes., les dije, y salimos de
la botica.

Nuestra comida fué en el Delmónico, en un saloncito de
cristales aislado, con todo lo constitutivo del lujo y del confortable,
ó sea á propósito para estar cómodo y contento.

La atmósfera de la charla se fué tendiendo vaporosa y
como brotando sus celajes de oro de las soperas, los platones
y las copas.

Las bujías del alto candelabro irradiaban como un firmamento
de llama, y las palabras eran como enjambres de aves
de canto delicioso que vagaran al acaso en un verjel espléndido.

Bonald nos recitó algunas de sus deliciosas traducciones
de Hein, que le han dado merecida celebridad en el mundo
de las letras. Gutierrez declamó varias poesías suyas, que
son como obras primorosas de filigrana; que son como esas
creaciones de espuma de encaje y de niebla, escapadas del
buril de Benvenuto Cellini ó del pincel soñador del delicado
Corregio.

Gutierrez, puede decirse que es el hombre de la alta sociedad
parisiense: narra como Dumas, cria como Mery y


231

forja el cuento fantástico como Hoffman y como Richtter;
argulle, disputa, hace saltar la paradoja inverosímil y la sostiene
en un cabello como un equilibrista prodigioso.

Las risas, las emociones de ternura, la explosion del entusiasmo
nos hacian cortejo, y las horas pasaban desapercibidas
y como ocultándose, para no interrumpir nuestro contento.

Cuando pidió la palabra el corazon para que Gutierrez y
Bonald hablasen de su patria y de sus padres, Mantilla, que
todo es bondad y ternura, pidió que brindásemos por su
negrita.

Entre bromas y alusiones cariñosas, pedimos al sacerdote
de la niñez, nos dijese algo de su negrita.

La negrita de Mantilla fué su nodriza, nodriza negra, de
la servidumbre de su casa: no solo le alimentó á sus pechos;
no solo cuidó y dirigió su primera educacion, sino que fué
su guía, su amparo, su madre y el ángel custodio de sus
primeros años; y Mantilla no solo venera su memoria; no
solo ha levantado un monumento que guarda sus cenizas,
sino que sus recuerdos son poemas de arrullos, de ternura
filial, que simpatizan y dejan entrever la bondad infinita de
esa alma niña consagrada á los niños.

En efecto, Mantilla es uno de los hombres más respetables
que yo haya conocido: su vida es una consagracion
sublime á la purificacion del hombre por medio de la instruccion;
su elevadísima inteligencia no busca lauros, no
aspira á honores; quiere y anhela por la instruccion, y esa
faz de lo bello y lo bueno, lo absorbe y lo embebe en su objeto
con fanatismo sublime.

El Japon, la China, las Américas, los lugares más salvajes


232

resuenan con su nombre: los libros de Mantilla son la
gran Cruzada de la civilizacion en todo el mundo; él es el
único que ignora su mérito; es sencillo hasta la humildad, y
pone su persona al servicio de los desvalidos, con placer
y como si en ello recibiera favor.

Allí, á su celdita de monje, á su vivienda oscura, van estos
recuerdos, recuerdos de gratitud, porque Mantilla honra
cuando estrecha la mano de un hombre llamándole su
amigo.

La conversacion, que solia adquirir esos matices de
gravedad
y conmocion, se rompia alegre al tocar en la frente
de Gutierrez, y entónces, como de una cajita de chucherías
y joyas, saltaban las ladies, los teatros, los paseos, las bellas
artes, los poetas y las bacantes de la crónica escandalosa de
la Ciudad Imperio.

Respecto de bellas artes, me hice eco de la opinion vulgar
de que los americanos las descuidan, de que falta al pueblo
de fogoneros y postillones el soplo divino que engendró
los Rafaeles y Murillos; pero fácilmente corrigieron mis
errores, con solo citarme las numerosas y bien dotadas academias
de dibujo y la aplicacion de él á las artes útiles.

Yo replicaba:

—No me podrán vdes. negar que muy frecuentemente
se confunde el mérito de las obras de arte; que el vulgo
prefiere una muñeca medio desnuda y con pedazos de esmalte
por soguillas y pulseras, á creaciones delicadas; que
hay estatuas aun frente al Capitolio, que son blasfemias.

—Puede ser que en algo de lo que vd. dice tenga razon;
pero es necesario para entendernos, me dijo uno de los circunstantes,
que nos pongamos de acuerdo en el punto de


233

partida de la crítica. Fíjese vd., continuó, en que la práctica
de la igualdad es cosa que repugna al europeo, y más al europeo
bien educado; de ahí las amargas censuras á las faltas
del bien parecer y de cultura á la europea. Como de
esa crítica se apoderaron personas inteligentes, por otra
parte poco capaces de analizar las instituciones y los elementos
constitutivos de esta sociedad, cobraron boga las
censuras al yankee, que enarbolaba sus piés sentándose en
la espalda; del que escupe; del que forma un polvero de
tenacilla con el índice y el pulgar; del que bebe con su
criado, y del mozo de café que habla en un meetting con el
desplante de Mirabeau. Lo mismo son las críticas de las
bellas artes y de todo.

Pero hoy es distinto: los hijos de ricos comerciantes, capitalistas
y banqueros, se educan en gran número en Europa:
es muy comun en las personas de buen tono la posesion
de tres y cuatro idiomas; la buena sociedad americana
tiene mucho de la buena sociedad inglesa, sin su etiqueta
tirante y sin las ceremonias, empalagosas á veces, del afiligranamiento
frances.

Le prueba á vd. ese refinamiento, la boga de la Ristori
y de actores de su mérito, La Aimée ha hecho en los Estados–Unidos
una cuantiosa fortuna.

Las ediciones americanas pueden competir con las primeras
del mundo, y sus delicadísimos grabados suponen
artistas de primer órden.

Hay multitud de particulares que tienen galerías espléndidas
en que se pueden seguir los progresos del arte moderno.

—Yo daré á vd., dijo otro de los amigos, algunas apuntaciones


234

sobre bellas artes, y por ahora me reduciré á hacerle
notar que algunos viajeros especuladores pintan al yankee,
como lo hacen, por la misma razon que nos pintan á los mexicanos
bailando con sombrero jarano y espuelas, y á las
damas con su rebozo terciado y su cigarrillo en la boca. Si
nos pintaran de una manera comun, nadie compraria sus
obras.

El Sr. Gutierrez, que es muy diestro y caballeroso para
hacer los honores de anfitrion, dió otro giro á la conversacion,
y abriéndose nuevos horizontes, volaron á ellos como
parvadas de aves regocijadas nuestros pensamientos.

Como memoria de aquel delicioso convite, dejé á Jacinto
Gutierrez el siguiente recuerdo de mi gratitud:

A JACINTO GUTIERREZ Y COLL.

A mí tú inspiracion, á mí que ardiente
A tu ala de relámpago confiado,
Tendí en la tempestad soberbio el vuelo,
Y á la region etérea remontado,
Cruzando el firmamento de la gloria,
Olvidé el fango del mundano suelo.
Angel de inspiracion, cuando tu cauda
Se agita en el espacio, se alza en olas
De ópalo y grana el esplendor del dia,
Estalla el viento en himnos de esperanza,
Sobre la tierra llueven flores bellas
Y señalan la senda que recorres
Cuando llega la sombra, las estrellas.
Van dejando tus cantos deliciosos,
Como estela de fuego en el vacío,

235

Como el manto de púrpura esplendente
Que cuelga el sol del cielo de Occidente,
Y reproduce en su cristal el rio.
Y así elevado y con la frente erguida,
Oh juventud! te estrecharé en mi seno,
Miéntras retumba amenazante el trueno
En el mar tempestuoso de mi vida.
Y así elevado en ráfagas de acentos
Que estallan del volcan de mi ternura,
Volarán, perfumándose los vientos,
Con mis himnos de amor y de ventura.
Aguila jóven, tú desde tu altura
Herida viste en la caduca rama
Al ave sin su sombra y sin su nido,
Que en vez de canto armónico exhalaba
Doloroso gemido.
¿Nave ligera, el vuelo detuviste
Orlada de tus lindas banderolas,
Para amparar amante al barco triste
Que se va hundiendo náufrago en las olas?
Ave de dulce canto,
¿Por qué dejas tus mágicos pensiles?
¿Por qué del lago el delicioso encanto
Y su faz sosegada y cristalina,
Para trinar entre la ingrata yerba
Que surge entre las grietas de la ruina?
¿Por qué, poeta, al trovador errante,
Al que tiene en la planta vivas llagas
De atravesar desiertos y malezas,
Le ofreces esplendores,
Le circuyes de amigos y ternezas,
Le coronas de lauros y de flores?....
¿No ves tú que los lauros y las rosas
Se-secan con mi llanto? ¿tú no sabes

236

Que cuando no halla abrojos mi camino
Teme abismos mi bárbaro destino?....
¿No sabes que ese vino que levanta
Tu copa trasparente entre sollozos,
Va á pasar calcinando mi garganta?....
¿Qué no conoces que si rasgo el velo
Con que cubro mis ansias, como noche
Va á sepultarnos mi tremendo duelo?....
Ven á mi corazon.... posa tu frente
Sobre mi pecho.... invoca de tu padre
En quien adoras.... santa la memoria,
Y á las altas virtudes y al renombre
Entre mis bracos te ungirá la gloria.

GUILLERMO PRIETO.

Nueva–York.—Julio 20 de 1877.


XV
Bellas artes.—Literatura.

AHORA sí me puedo dar gusto elogiando un capítulo
de mi obra; ahora sí que entré en esa fácil gloria de
los que hacen recopilaciones, índices y cuadros sinópticos
que arden en un candil y procuran reputaciones colosales.

Esto de las bellas artes me traía desasosegado; por una
parte, decia yo, sigamos la corriente y digamos, hacienda
coro con todos los viajeros, que estos hombres no son para
la inspiracion y para el buen gusto; citemos esos muñecos
que son delicia de muchos, con sus colores rechinantes y
sus oropeles; pongamos en espectáculo esas rocas formadas
de trozos de jamon y esos mares cuyas olas parecen de algodon
escarmenado; con esto lisonjearemos á los que rabian
de ver la prosperidad de estas gentes, y se realza indirectamente
nuestra reputacion de patriotas, pues se deja


238

entender que para nosotros hay algo de muy superior en
nuestra tierra. Pero no dejaba de escocerme recordar que
en cada pueblo habia visto una academia de música ó dibujo,
y las muy cuantiosas sumas dedicadas al cultivo de las
artes, ya por el Gobierno, ya por los particulares. Además,
en los grandes salones, en los teatros, en algun museo, habia
visto obras de verdadero mérito, y no me parecia lícito
cerrar los ojos á la evidencia, para adular servilmente una
preocupacion por extendida que estuviese.

Revolviendo tales dudas en mi cabeza, consulté con mi
amigo el Sr. Lic. D. Ignacio Mariscal, que aunque no ha
hecho estudio detenido sobre la materia, ajena á su actual
encargo y posicíon, es persona de excelente criterio, de clarísimos
talentos y de muchísimos más conocimientos que yo
de los Estados–Unidos.

Es de advertir que promoví conversacion á mi amigo, á
quema ropa, en medio de la calle, sin que tuviese á mano
modo de rectificar sus opiniones; sin embargo de aquel
asalto, y conservando en mi memoria letra á letra sus palabras,
hice las siguientes apuntaciones, que espero no encontrará
adulteradas su autor, y que verán sin duda con muchisimo
gusto mis lectores:

"No están las bellas artes en los Estados–Unidos tan adelantadas
como las artes útiles, que constituyen la industria;
y, ni en número, ni en calidad, pueden todavía compararse
los artistas americanos con los que hay en algunas naciones
de Europa. Tampoco existen en ese país las grandes colecciones
públicas de objetos artísticos formadas por el trascurso
de los siglos y las rapiñas de los conquistadores. Sin embargo,


239

se exagera mucho al hablar del atraso de los yankees
en este ramo, y á la verdad en él tambien han hecho progresos
considerables, si bien no guardan proporcion con sus
adelantos de otro género. Para convencerse de ello, sin necesidad
de haberlo visto, basta reflexionar en el íntimo contacto
que guarda ese pueblo con la Europa, de donde recibe
una contínua emigracion que á veces comprende artistas
é individuos de una especial cultura, y en que la costumbre
de sus ricos de viajar por el viejo mundo trayendo
á sus hogares cuadros, estatuas, etc., es preciso que desarrolle
el arte en aquel pueblo, más allá de lo posible en naciones
comparativamente aisladas. De algunos años á esta
parte, es asombroso el número de americanos que van anualmente
á Francia, Inglaterra, Alemania, Italia, y aun España,
con el fin, entre otros, de estudiar sus tesoros artísticos,
Durante el verano, suman estos turistas de cincuenta á sesenta
mil, muchos de los cuales consignan sus observaciones
en viajes y aun obras didásticas, que popularizan las
nociones sobré bellas artes. Otros dan disertaciones (lutaces),
para las que nunca falta auditorio.

"Estos hechos y el de que las pinturas, esculturas; etc.,
con tal que lleven el nombre de un artista célebre, encuentran
siempre mercado entre los americanos de fortuna, notables
por su lujo y ostentacion, han producido un estímulo
en favor de aquellas artes que inevitablemente las hace adelantar.
Lo mismo sucede con la música y el canto, por la
concurrencia de artistas extranjeros, que, si tienen algun mérito,
nunca dejan de hacer allí su negocio. Aun cuando fuera
cierto que la raza anglo–sajona no descuella por su gusto
é invencion estéticos, ¿puede decirse otro tanto de la alemana


240

y de otras que allí abundan? No; el arte en general
tiene en los Estados–Unidos admiradores de todas las razas,
no le faltan hábiles adeptos, y cuenta, sobre todo, con gran
número de gente que puede y sabe pagarlo; condicion prosaica,
pero indispensable para su desarrollo.

"No han faltado ni faltan notabilidades artísticas de aquel
país. En escultura puede citarse, entre otros, á Powers, autor
de la Esclava Griega y otras estatuas elogiadas por los
inteligentes. Hay una jóven escultora, cuyas obras ya tienen
celebridad: se llama Miss Minnie Ream. En pintura, lo
que más ha progresado es el paisaje, y en él se distinguen
hoy Bieritadt y Church, que compiten con lo mejor que en
el ramo produce la Europa. En música ha habido compositores
de mediano mérito y cantatrices de talento extraordinario,
como Adelina Patti, que aunque de raza italiana, es
nacida y criada en los Estados–Unidos, de padres allí naturalizados.
Existen otras muchas de dotes bastante apreciables,
como la Kellogg, la Cary, las Natali, etc. Músicos hay
excelentes y orquestas de primer órden, como la de Thomas,
que ha hecho popular la música clásica alemana. En Nueva–York
y en Boston se ha dado con buen éxito la famosa
trilogia de Wagner "Der Niebelungen," que solo pudo darse
en Bayrenth bajo la direccion del autor y el patrocinio
del rey de Baviera.

"El arte dramático está bastante adelantado; y en las
grandes ciudades de los Estados–Unidos se suelen representar
piezas tomadas del frances, con una propiedad y lujo
escénico comparables á los que se observan en Paris. Los
dramas de Shakespeare se representan á veces con mucho
esmero y magnificencia. Ha habido y hay actores de mérito,


241

reconocidos tanto allí como en Inglaterra, por ejemplo
Torrest, los dos Booth, Jefferson, Miss Cuthman, Wallark,
Maggie Mitchel y otros varios, la mayoría de los cuales se
ha enriquecido en el ejercicio de su profesion. Nunca faltan
público, aplausos y oro para los buenos actores nacionales
ó extranjeros. Entre estos últimos, la Rachel, la Ristori,
Salvini y aun la Aimée, han hecho bastante dinero en aquel
país.

"No hay, segun he dicho, grandes conservatorios ni galerías
como los de Europa, que se sostienen con fondos del
Estado; pero en ninguna de las principales ciudades deja de
haber una escuela de dibujo, y en Nueva–York, por ejemplo,
á más del Instituto de Cooper, donde se enseña ese
arte á los pobres, se conoce la Academia de dibujo en la
Cuarta Avenida y calle 23, conteniendo una coleccion, que
diariamente se enriquece, de cuadros, mármoles y yesos.
Tambien el Museo Metropolitano de Arte ocupa un edificio
en la calle 14, con pinturas antiguas, estatuaria, porcelana,
armas, medallas, etc. Se acaba de abrir en la Quinta
Avenida, más allá de la calle 59, una institucion más avanzada
para la pintura, con una escogida galería, siendo todo,
incluso el edificio, obra de la munificencia de un particular,
Mr. Lenox, que en esa forma ha regalado al público varios
cientos de miles de pesos. Lo mismo ha hecho en Washington
el banquero Corcoran, que ha establecido en, la capital
una galeria de algun mérito, dotándola para que pueda ir
en aumento. Allí está uno de los originales de la Escalva
Griega de powers. Son, sin embargo, todavía superiores
las colecciones privadas, entre las que sobresalen en Nueva–York
la de Stewart, que contiene buenos cuadros de


242

Messonier y otros de la escuela francesa, habiendo costado
uno solo de ellos hasta sesenta mil pesos; la de Marshall
O. Roberts con magníficos paisajes; y la de Jerome con
producciones de los mejores artistas que hoy tiene Europa.

"Suelen hacerse remates de cuadros de algunos ricos,
vendiéndose á precios muy elevados; y hubo recientemente
uno en que se remataron cincuenta cuadros pequeños, por
más do doscientos mil pesos. Esto dará una idea del gusto
desarrollado entre aquella gente por todo lo que pertenece
al arte, gusto que existe ya aun con las extravagancias que
caracterizan al virtuoso del antiguo mundo."

En cuanto á literatura y ciencias, tuve un procedimiento
semejante con Néstor Ponce de Leon, mi amigo finisimo,
cumplido caballero y hombre cuyos claros talentos é instruccion,
solo pueden ser comparables á su modestia y
bondad.

Franco, listo, abierto, parlanchin y sincero en el trato familiar;
sesudo, escrupuloso é integérrimo en los negocios.

En su despacho, es el hombre del negocio; en su casa, el
tiernísimo padre de familia á nuestra usanza.

Ponce de Leon, originario de Cuba, es eminente abogado;
pero no pudiendo ó no queriendo estar en el extranjero
mano sobre mano, botó en un abrir y cerrar de ojos el
casacon del lejista, se remangó las mangas de la camisa y
se hizo impresor, despues fué librero. Relacionóse con literatos
eminentes, estudió con asiduidad, escribió libros preciosos
sobre educacion, creó El Eaucador Popular, periódico
que por sí solo es un titulo de gloria para sus autores,
y á fuerza de trabajo, de constancia y de honradez, conquistó


243

un lugar distinguido entre la gente de ciencia y valer
de los Estados–Unidos.

Su despacho y librería, situados en Broadway, números
30 y 32, es el cuartel general de todo bicho que habla el
idioma de Cervantes.

Allí hay una especie de servicio grátis de noticias, encargos,
depósitos é impertinencias: allí está sobre el tapete la
cuestion de Cuba y las embestidas á México; allí la América
del Centro improvisa arengas que arden en un candil;
allí la madre España se acuerda de sus dorados tiempos, y el
yankee se humaniza al punto de soltar una que otra interjeccion
muy española, á la vez que alguna anciana de Sonora ó
Sinaloa, penetra al despacho en busca de un "Padre Jaen"
ó un "Ramillete de Divinas Flores," como pudiera hacerlo
en la casa de Aguilar y Ortiz ó de Abadiano.

Abordé á Néstor pidiéndole apuntaciones sobre literatura;
y al siguiente dia me presentó un haz de papeles amarillos,
que coordiné con mil trabajos, y contiene lo que van
á leer mis favorecedores.

Es de advertir que el trabajo de mi amigo, tal como se
percibe al correr de la pluma y bajo cierta capa de frivolidad,
ha merecido ventajosas calificaciones de literatos muy
versados en las letras norte–americanas, y que aunque dice
Ponce de Leon que lo más importante de sus apuntaciones
lo ha tomado de una publicacion americana, ha expendido
mucho de su propia cosecha, que revela el alto mérito de
mi amigo.

¿Ya ven vdes. todo esto? Pues para probar que nada
hay más atrevido que la ignorancia, con el mayor desembarazo
del mundo, he hecho algunas ampliaciones á las observaciones


244

de mi amigo, agregando referencias que pudieran
interesar á México. Basta de exordio: hable vd. al fin,
querido Néstor, que ya le sabrá la boca á medalla.

El interesado, despues de dar como diez fumadas seguidas
das á su puro, hasta envolverse en una espesa nube, leyó:

"La literatura americana puede considerarse dividida entres
períodos:

  1. Período colonial.
  2. Primer período americano.
  3. Período de desarrollo.

PRIMER PERIODO.

"Los hombres más notables de este período son Jonathan
Edwards, teólogo, moralista y filósofo de gran mérito:
su obra más importante es el "Tratado sobre el libre albedrío."

Cadwallader Colden, historiador, y

Benjamin Franklin, moralista, hombre de Estado y literato
distinguido sobre cuyo mérito creo inútil decir nada,
pues vd. le conoce mejor que yo: además fué un gran fisico
é inventó el pararayos.

NOTA CURIOSA.—Franklin fué impresor: quedan pocos
ejemplares de los libros impresos por él, y es tal el fanatismo
de este pueblo por la gloria de Franklin, que he visto
vender sus almanaques originales en 60 y 80 pesos, en pública
subasta.


245

SEGUNDO PERIODO—1770 á 1820.

HOMBRES DE ESTADO.

"Washington: sus obras, escritas en un estilo clarísimo
y elegante, demuestran sus muchos conocimientos y su aptitud
literaria: sus papeles de Estado y sus cartas son interesantísimas.

Jefferson, autor del Acta de independencia: escritor concienzudo,
su estilo es muy severo y conciso: su otra obra
importante es "Notas sobre Virginia."

Adams, John, autor de una excelente Defensa de la
Constitucion, obra que fué de gran importancia en su época.
Estos tres fueron presidentes de los Estados–Unidos.

Hamilton, Alejandro, al capacidad más notable de aquella
época, director del Federalista, en el cual lo ayudaron
Madison y Jay, ambos distinguidísimos escritores, estadistas
y autores de pequeñas obras históricas.

John Marshall, amigo personal de Washington, gran
jurisconsulto, presidente durante treinta y cinco años de la
Corte Suprema de los Estados–Unidos y autor de una excelente
"Vida de Washington."

Además, como estadistas notables y distinguidos oradores
se pueden elegir, entre otros, muchos de los de la
época revolucionaria y tiempos cercanos á ella: Warren,
Patrick, Henry Butledge, Otis, John Quincy Adams, etc.

Poetas, ninguno hay de gran mérito; los más notables
son Phillip Trevean, el poeta de la revolucion, en cuya época
sus obras fueron muy celebradas, Trumbull y Barlow.


246

EN OTROS RAMOS.

"Sindley Murray, autor de una gramática que aun hoy
es texto en Inglaterra y los Estados–Unidos.

Brockden, el primer americano que eseribió novelas.

Ramsay (David), historiador de mérito: escribió la
"Vida de Washington" y algunas obras sobre la guerra de
la independencia.

Wist, autor de una excelente biografía de Patrick Henry.

Pick, viajero célebre que con el capitan Lerris hizo una
expedicion por lodo el valle del Mississippi hasta Oregon, y
publicó sus viajes.

TERCER PERIODO—1820 en adelante.

"En este período, la literatura americana se emancipa y
toma su carácter propio.

HOMBRES DE ESTADO.
Daniel Webster. } Todos estos han sido grandes oradores, y vd.
conoce demasiado bien la historia politica de este
país, para que yo pueda decirle nada nuevo
acerca de ellos.
Henry Clay.
John Calhoun.
Williams Mary.
William H Seward.
Edward Everet.
Stephen Douglas.
Lerris Cass.
John Randolph.
Charles Sumner.
Wendell Philips.
Thomas Benton.

247

Abraham Lincoln. } Seria curioso hacer un paralelo entro estos do hombres,
el primero poco ilustrado pero de gran capacidad,
rectitud y lealtad; y el segundo gran estadista, pero zorro
de cuenta.
Jefferson Davis.
POETAS.

"El primero, en mi opinion, es su amigo Willian C.
Bryant, cuyas obras conoce vd. mejor que yo; así, paso á
otro.

Richard H. Dana, poeta filosófico y descriptivo de mucho
mérito, además jurisconsulto anotador del derecho internacional
de Wheaton.

Fitz Greene Halleck, cuyo poema Márcos Botazaris y
otros tres ó cuatro, le valdrian la inmortalidad á que sus
otras muchas obras no le hacen merecedor.

Henry W. Longfellow, considerado por muchos el primer
poeta americano: no me gusta porque le falta pasion;
y para mi, la poesía fria, por muy artística que sea, es un
huevo sin sal. Pero como poeta descriptivo es excelente, y
como traductor no tiene rival.

James Russell Lowell, poeta filósofo de gran imaginacion;
además es un humanista de primer órden. Es ahora
ministro en España.

Emerson (Ralph Waldo), poeta filosófico profundísimo,
de admirable estilo v adorador entusiasta de la naturaleza,
es además el primer filósofo americano, y no hay en lengua
inglesa nada que supere á sus ensayos.

Edgar Allan Poe, gran poeta y novelista, murió jóven;
nadie ha pintado mejor que él las pasiones. Tipo semejante
á Espronceda, escribió además unos cuentos que han sido
traducidos al frances y al aleman y son muy celebrados.

Además, son notables como poetas N. P. Willis, Ch. J.


248

Hoffman, W. Allstin (pintor muy notable), J. R. Drake, O.
W. Holmes, G. P. Morris, W. G. Simnis, John Wittier,*
Joaquin Miller, autor de los "Cantos de las Sierras," muy
aplaudidos en Inglaterra y que están llenos de alusiones á
las costumbres mexicanas de la frontera, y otros muchos
más que creo excusado mencionar para su objeto.

Como aquí está tan adelantada la educacion del bello sexo,
hay un gran número de distinguidas poetisas; las más
notables sonMiss Osgood, Miss Welby, Miss Howe, Grace
Greenwood, las dos hermanas Cary y Mary Townsed. Tienen
bastante bueno, pero la poesía femenina no me seduce.

HISTORIA.—GEOGRAFIA.—VIAJES.

Aunque vd. sea demasiado severo con los yankees, más
que yo con la poesía femenina, en historiadores tendrá vd.
que hacerles justicia. Gracias á ellos sabemos algo de nuestra
patria comun, la América ex–española.

La historia de los Estados–Unidos, la ha escrito con gran
talento, belleza y critica, George Bancroft: ha publicado ya
diez tomos que llegan á 1774. Por demasiado prolijo suele
ser cansado. Lo da á entender su extension cuando aun no
llega á la época moderna.

Tambien han escrito buenas historias de los Estados–Unidos,
Spencer, Hildereth, y Bensen Lossing.

"George Tiknor ha escrito la "Historia de la Literatura
española," que, traducida por Gayangos, sirve de texto de
enseñanza en España.


249

Washington Irving,
autor de la mejor "Vida
de Washington:"
Prescott.
} Sobre estos do nada le digo, pues lo conoce
mejor que yo.

"John Lothrop Motley, que acaba de morir, ha escrito
dos historias de los Países Bajos y de sus revoluciones, obras
de gran mérito: no conozco escritor de más ciencia, conciencia
y paciencia, tres éncias no fáciles do hallar juntas:
su estilo peca de severo, y á veces es árido, pero clarísimo,
y su obra as un modelo de imparcialidad. A veces, al leer
la primera de sus obras, me parece estar leyendo lo que
pasa actualmente en mi tierra; cosa que me demuestra que,
aunque el mundo marcha, España lo hace demasiado lentamente.

Pouke Godrin, autor de una buena Historia de Francia.

Fenimore Cooper.—" Historia naval de los Estado–Unidos"

Schoolcraft, Bradford, Catlin y otro Bancroft, han escrito
excelentes obras sobre los indios norte–americanos, su historia,
costumbres y antigüedades.

Goodrich (S. G.) ha escrito una bastante buena historia
Universal, y, con el nombre de Peter Parley, setenta y
cinco pequeñas obras históricas para niños. A él se debe la
reforma de los textos de las escuelas, pues fué el que los
hizo ilustrados, haciendo divertida la enseñanza.

James Parton es un historiador de gran mérito, cuyas
biografías pueden citarse al lado de las mejores.

Jared Sparks es otro biógrafo, más distinguido por su
conciencia é imparcialidad, que por su estilo, que es algo
árido y cansado.


250

EI célebre teniente Kane escribó relaciones admirables
de sus viajes al Polo.

Stephens y Squier han escrito bellísimos libros sobre las
Repúblicas de Centro–América y el Perú; Wilkes (el almirante),
una buena historia de la expedicion exploradora
americana al Polo sur; Lynch, la exploracion del Mar Muerto;
Perry el viaje al Japon; Bartlett, las exploraciones de
Tejas y Nuevo–México; Fremont, las de Californía y todo
el interior del país; Heindon, las del Valle del Amazonas;
Page, el valle del rio La Plata; Bayard Taylor, veinte ó
treinta obras de viajes por toda el mundo, escritos con la
mayor gracia y á cual más interesantes; Norman, ciudades
arruinadas de Yucatan; Dana, viajes; Hayes, viajes al Polo
Norte, y muchos otros más de ménos importancia.

NOVELISTAS.

"Fenimore Cooper y Washington Irving no necesitan
carta de recomendacion para vd. Tampoco Mrs. Beecher
Stowe, la autora de la "Choza del Tio Tomás," y hermana
del gran orador Beecher, que es tan apasionado á faldas
como cualquier otro prójimo, segun malas lenguas dicen.

Son además muy notables Hawthorne, el autor de "The
Scarlet letter," y de muchas otras novelas traducidas á todos
los idiomas hablados por los séres racionales (hasta el español!);
Poe, N. G. Simms y otros.

FILOSOFIA.—TEOLOGIA.—JURISPRUDENCIA.—ECONOMIA.
PEDAGOGIA.

"Filósofos notables solo hay Emerson, gran pensador,
original en todas sus ideas y cuyo lenguaje es admirable;


251

Channing, que, lo mismo que el anterior, ha sido traducido
al aleman, frances é italiano, y Jappan, autor del "Libre
Albedrío."

En la Iglesia son notables como grandes oradores, entre
los muertos Jappan, Robinson y Baines, y entre los que
aun andan por este valle de lágrimas, consolándose con sueldos
de 20 á 60,000 pesos anuales, Chapin, Hipworth, Tyng
y Henry Ward Beecher, á quien, por mucho que le gusten
las faldas, nadie podrá quitarle ser el primer orador y el
hombre más simpático de toda la América inglesa.

Fuera de la Iglesia cristiana (de modo que no se salva),
hay un gran orador sagrado, el Dr. Frothingham, predicador
de la Iglesia unitaria, que, como vd. y yo, admite á Dios
sin meterse á explicarlo, no admite revelacion alguna y cree
que basta al hombre cumplir sus deberes para salvarse. Predica
todos los domingos en el Templo Masónico, y son tan
notables sus discursos, que El Herald da un extracto de ellos
todos los lúnes.

En jurisprudencia están los americanos tan adelantados
como en historia. Los nombres de Kent, Wheaton, Story y
Livingston, ya muertos, honrarian á cualquier nacion. Además,
son notables Bouvier, Brice y otros.

En educacion, puede citarse á Horacio Mann Calkins,
Wickersham, Sheldon y otros infinitos á quienes debe este
país, más que á todos los demás, sus prodigiosos adelantos.

En economía política están los americanos á la cola:
aquí solo ha habido dos ó tres que merezcan el nombre de
economistas: Carey, Perry y Horacio Greeley: ya vd. los
conoce.


252

PERIODISTAS.

"Raro es el político que no haya sido periodista: entre
los grandes nombres del periodismo puede vd. citar Legaré,
Raymond, Richardson, Manton Marble, Bennett, Greeley,
Bryant, Dana, etc., etc.

Las revistas literarias son tan grandes en número, como
las estrellas en el cielo, y son distinguidos, todos los ya enumerados
como historiadores, muchos de los literatos y estadistas,
y además Holland, Putnam, etc. Hay Revista mensual,
como la de Harper, que imprime 200,000, ejemplares
de cada número!

DICCIONARIOS, ENCICLOPEDIAS, ETC.

"El mejor diccionario de la lengua inglesa es el del Dr.
Noah Webster, que vd. conoce.

Hay buenas enciclopedias generales, unas calcadas, sobre
las inglesas, otras sobre las alemanas; es decir, más
científicas, históricas y prácticas que literarias. Las dos
mejores son las publicadas por Appleton y por Johnson.

El mejor diccionario bibliográfico inglés y americano, es
el publicado por Allibone: tres enormes volúmenes con las
biografías, bibliografías y juicios críticos de todos los autores.

Griswold ha publicado muchas colecciones de obras escogidas
de autores americanos. Lo mismo Dana y Bryant.

Hay una excelente Enciclopedia de la literatura americana
publicada por Dunkirk, con biografías, retratos, etc.:
la enseñé á vd. en mi oficina y le aconsejé la examinase;
pero, como vd. hace lo que le da la gana, no me hizo caso:


253

le advierto, para su gobierno, que cuanto aquí le digo que algo
valga, es tomado de ella.

CIENCIAS NATURALES.

"Como esta gente es tan práctica, si no tienen poetas que
canten sus glorias (no es pulla) tienen hombres grandes
que sepan abrir y desarrollar todas las fuentes de sus riquezas:
á Franklin y sus pararayos siguen, Fulton aplicando el
vapor á la navegacion, y Morse la electricidad á las comunicaciones.
Estos tres hombres bastarian; pero hay muchos
que agregar.

Bowitch, autor del comentario de la mecánica celeste de
la Place y del "Tratado de navegacion," que por ordenanza
se usa en las marinas de guerra y mercante de los Estados–
Unidos é Inglaterra.

Youmans, Henry Hare, Silliman, Hunt, Maury, Mitchell,
Loomis, Peters, Dana, Olmstead, Bache, Ferguson,
Goodrich, Gray, etc., son distinguidísimos por sus obras
y descubrimientos; unos como geólogos, otros como naturalistas,
como químicos, como astrónomos, etc.

MEDICINA Y CIRUJIA.

"Morton, Mott y Glidden, Parker, Wood, Casnoshan,
Hammond, Sanger, escritores sobre anatomía comparada,
cirujía en general, cirujía militar, régimen de hospitales,
prostitucion, etc., é inventores de muchos aparatos y operaciones
importantes.

Elliot, Lee, Simms, Thomas, Metcalf, Chapman, Williams
Flint (padre é hijo), y otros grandes médicos han
publicado célebres obras de medicina.


254

El arte del dentista está más adelantado en los Estados
–Unidos que en todos los demás países.

En mecánica y manufacturas ha habido muchos hombres
notables; pero como poco se me alcanza de esto, dejo
la pluma sin meterme en honduras, y me voy á dormir,
dando gracias á Dios por haber acabado."

Para complemento de este capítulo, copiamos en seguida
varias lindísimas composiciones de poetas muy notables,
que tienen, á más de su mérito, la recomendacion de estar
admirablemente traducidas por nuestros amigos los Sres. D.
Pedro Santacilia, y Lic. D. Ignacio Mariscal:

EL PRESENTIMIENTO.

(TRADUCCION DE BRYANT).

(Santacilia).

"—Huyamos, padre mio, la tormenta
En alas viene ya del aquilon,
Y las cárdenas nubes se amontonan
Robándonos la luz del claro sol;
El ave busca su pajizo nido
Entonando tristisima cancion,
Y al tranquilo redil tímido corre
El ganado seguido del pastor."
"—Nada temas, aguárdate un instante,
Que la tormenta pasará veloz:
Verás cual ántes azulado el cielo,
Cual ántes bella mirarás la flor."

255

Pero el niño lloraba y le decia:
"—Padre mio, marchémonos, por Dios,
Que á la luz del relámpago descubro
Monstruos horribles que me dan pavor.—"
El padre quiere hablar.... en la garganta
Siente que muere sin salir su voz,
Y al estampido horrísono del trueno
Ve descender el rayo aterrador.
Al niño tiende la convulsa mano
Y le busca, y le llama en su afliccion....
Mas todo en vano, porque el niño ha muerto
Y solo su cadáver encontró.

MI VIDA.

(TRADUCCION DE WILDE).

(Santacilia.)

"My life is like the summer rose."

Es mi vida la vida de la rosa
Que sus pétalos abre en la mañana,
Y que al tocar las sombras de la noche
Se arrastra por el suelo deshojada;
Mas sobre el lecho de la flor humilde
El rocío sus lágrimas derrama,
Y nadie habrá que enternecido vierta
Al contemplar mis penas una lágrima.

256

Es mi vida cual hoja del otoño
Que á la luna miramos en la rama
Un momento lucir, y que marchita
Perece por el cierzo arrebatada;
Pero el árbol lamenta su infortunio,
Suspira triste al recordarlo el aura,
Y nadie habrá que suspirando triste
Recuerde compasivo mis desgracias.
Es mi vida la huella que á su paso
Deja el ligero pié sobre la playa:
Tan pronto como sube la marea
La huella desparece entre las aguas;
Pero el océano gime cuando borra
La huella que en la arena se estampaba,
Y nadie habrá que dolorido gima
Al contemplar mi tumba solitaria,

LA TARDE DE FEBRERO.

(Traduccion de Longfellow.)

(Santacilia,)

"The day is ending,
The night is descending.

I

Ya va terminando el dia,
Se acerca la noche oscura
Y está helado y no murmura
El arroyo de cristal:

257

Entre cenicientas nubes,
Con sus últimos reflejos,
Aun manda el sol desde léjos
Su tibia luz al lugar.

II

La nieve va sepultando
La cerca de la alquería,
Y ya la cerca no guia
En su camino al pastor;
Y allá cual vision siniestra
Se ve bajando del cerro
A paso lento un entierro
Que entristece el corazon.

III

Suena la humilde campana
Del rústico cumpanario,
Y su clamor funerario
Llena el alma de dolor;
Y en mi pecho cada golpe
De la campana de muerte
Halla un eco que convierte
En tumba mi corazon.

258

LA HIJA DEL CACIQUE.

(TRADUCCION DE GEORGE P. MORRIS).

(Santacilia,)

I

Queda despues del combate
Un solo guerrero vivo,
Y está el guerrero cautivo
Y pronto habrá de morir.
Ya la algazara se escucha
De la tribu enfurecida
Que pide á gritos la vida
Del prisionero infeliz.

II

Uno entre tantos salvajes
A los otros se adelanta,
Y ya la clava levanta
Sobre el vencido campeon,
Cuando su brazo detiene
La mano de una doncella,
Tan resuelta tomo bella,
Que dice:— "Pardre, perdon.—·"

III

Ks la hija del cacique
Que allí manda cual monarca,
La perla de la comarea,
La adoracion del pais.

259

"—Basta ya de sangre—dice
Con acento dolorido—
"Respetemos al vencido
Que no puede combater.—"

IV

Es generoso el cacique
Porque es valiente guerrero,
Y manda que al prisionero
Le vuelvan su libertad.
Así en las horas de angustia,
El árbitro del destino
Coloca en nuestro camino
El ángel de la piedad.

EL CUERVO.

A MI AMIGO PEDRO SANTACILIA.

(Mariscal.)

Reina la media noche: calma fúnebre
Se tiende en pos del recio temporal:
Cansado al fin de recorrer volúmenes
De mi estancia en la triste soledad,
Al sueño me rendia, cuando súbito
Un sonido me viene á despertar.
"Alguien está llamando en el vestíbulo
¡Importuna visita!" exclamo. "¡Bah!
Será un nécio que venga con farándulas,
Un nécio y nada más!"

260

Pasado ya el turbion, en ayes lúgubres
De léjos se oye al viento suspirar:
Sobre el tapiz imágenes fantásticas
Arroja la luz trémula del gas:
Vanamente en los libros un narcótico
A mi acerbo dolor pensé encontrar,
Que hasta mi sueño, acibaró la pérdida
De esa adorada, angélica beldad,
Que al cielo para siempre huyó, dejándome
Tormento y nada más.
Meditando seguí: el rumor del céfiro
Las cortinas de seda al agitar
Me hacia estremecer, y un terror pánico
Me tenia clavado en mi sitial,
Repitiendo con aire incierto, estúpido,
Sin dominar por ello mi ansiedad,
Sin dar yo mismo á mis palabras crédito:
"Es alguien que me viene á visitar
Y tocó suavemente en el vestíbulo:
Eso es, eso es no más."
De repente sentí llenarme de ánimo,
Y esforzando el acento más y más,
"Caballero ó señora," grité impávido,
"Allá voy: usted ha de dispensar:
Es el caso que estaba ya durmiéndome
Cuando de su venida la señal
Confusa y débil resonó en mi tímpano:
Fué tan suave que vd. comprenderá....
Allá voy." Y la puerta abrí con ímpetu:
¡Tinieblas, nada más!

261

Largo tiempo miré el espacio lóbrego,
Receloso, temblando al comenzar,
Absorto al fin en sueño atrevidísimo,
Cual nunca lo soñara otro mortal.
Reinaba hondo silencio por los ámbitos
Del universo en calma sepulcral:
Solo mi voz lo interrumpió, ¡Felícitas!
Gritando en la vacía inmensidad,
Do un eco flébil repitió ¡Felícitas!
Un eco y nada más.
A mi estancia volví cual ciego autómata,
Con solo un movimiento maquinal,
Y al punto á sonar vuelve toque ríspido
Que su orígen trazó con claridad.
"Vaya, vaya," exclamé, "no en el vestíbulo;
Por la ventana alguno quiere entrar.
Veamos, que no tocan los espíritus
De ese modo: el misterio penetrar
Es preciso; de espantos ya dejémonos;
Será el viento no más."
En esto á la ventana llego rápido,
Y de golpe la abrí de par en par.
A poco revolando entró en mi cámara
Negro cuervo de aspecto funeral,
Y sin más ceremonia ni preámbulo
Que un vuelo silencioso, circular,
Sobre un busto de Pálas, grave, tétrico,
Paróse en filosófico ademan:
Posado allí quedó con aire estólido,
Posado y nada más.

262

Tan sério continente en aquel pájaro
Parecióme fingida gravedad,
Y su actitud á risa provocándome,
Así con desenfado empezé á hablar:
"Por tu calva y tu gusto mitológico
Te reconozco al fin, ave infernal:
Cuervo más viejo que Saturno, prófugo
Del reino de la noche, dime ya
Cuál es tu nombre en la region Plutónica?"
Y él respondió "Jamas."
A tan clara respuesta quedé atónito
De un cuervo no pudiéndola esperar,
Si bien al pronto parecíóme bárbara,
Sin sentido ó sin mucha urbanidad;
Pues en verdad no pudo figurárseme
Que un adverbio de tiempo y nada más
Bastara á contestarme, ó que el ridículo
Avechucho que hiciera pedestal
Del sacro busto de una diosa olímpica,
Se nombrara Jamás.
En tanto el cuervo, taciturno, tétrico,
Quedó sin otro-acento articular,
Cual si el que lo animaba negro espíritu
En un vocablo comprendiera ya.
Ni un movimiento en su plumaje de ébano,
Ni un rumor descubria al animal;
Hasta que dije con acento lánguido:
"Lo haré mi amigo y pronto volará;
Me dejará cual me dejaron pérfidos...."
El prorumpió: "Jamás."

263

Asustado al oir tan pronta réplica,
Que ya no pareció casualidad,
"Tal vez (dije) la ciencia de este pájaro
Tiene esa voz por único caudal,
Y la aprendió de un loco ó de una víctima
Del infortunio.... Mísero! trovar
Quizá no pudo su cancion monótona
Sin esa muletilla, y por final
De cada estrofa recalcó fatídico
Ese jamás, jamás.
Así pensé, y el misterioso cárabo
Volvió mi fantasía á recrear,
Y á contemplar me puse busto y pájaro,
Tendido muellemente en un divan,
Imaginando en posicion tan cómoda
Cuanto pudo la mente cavilar,
Sin penetrar en el sentido místico
(Ni siquiera entendí el gramatical)
Que daba á su graznido el ave exótica
Al repetir jamás.
En medio aquel delirio ni una sílaba
Dejaba yo á mis labios escapar;
Miraba al cuervo y su mirar flamígero
Convertia mi mente en un volcan.
Débil, exhausto, mi cabeza lánguida
Reclinaba en la pluma del sofá,
Y á su contacto mi cerebro mórbido
Evocaba una imágen celestial.—
En vano; ya el divan su forma angélica
No ha de oprimir jamás.

264

Mas al punto un aroma preciosísimo
De incienso, comenzóme á circundar,
Y el eco me arrulló de blanda música
Que ahuyentaba del seno todo afan.
"Desdichado," clamé, "el Señor benéfico
Te envía con sus ángeles la paz:
Apura, apura el delicioso bálsamo,
Y cese tan contínuo lamentar;
Olvida para siempre á tu Felícitas...."
Gritó el cuervo: "Jamás."
"Profeta de dolor, inmundo oráculo,
Ministro aterrador de Satanás,
Ora te envíe Belcebú del Tártaro
Y te arrojara aquí la tempestad
Para engañarme con falaz pronóstico,
O el destino infalible revelar,
"Dime," exclamé, "por compasion á un mísero
Responde: ¿tendrá término mi mal?
Yo te conjuro por tu dios: respóndeme,"
Y él contestó "Jamás."
"Profeta de dolor, inmundo oráculo,
Ministro aterrador de Satanás,
Por ese cielo de esplendor magnífico,
Por su Dios que obedecen tierra y mar,
Dime si de la tumba tras el límite,
En la region de inmensa claridad,
Podré ver algun dia á mi Felícitas
Y absorto en su belleza virginal,
A par de los querubes darle un ósculo...."
El respondió: "Jamás."

265

"Esta sea," grité, "la prenda única
De nuestra despedida, ave infernal:
Húndete pronto en el profundo báratro,
Tumbos dando al furor del huracan.
No dejes ni una pluma que en mi cámara
Me recuerde tu horóscopo fatal.
Vuela ya de ese busto y del vestíbulo;
Suelta, suelta; tu garra pertinaz
Mi alma rompe: retírate, retírate...."
Y él contestó: "Jamás."
Y desde aqnella noche el cuervo lóbrego
Posado allí, clavado siempre está
Sobre ese busto de la diosa pálido,
Que le sirve de eterno pedestal.
Fiero demonio vigilando al réprobo,
No aparta de mí un punto su mirar,
Larga sombra arrojando, negra, fúnebre,
Do muere el sol y el luminoso gas....
Ay! de esta sombra que enlutó mi espíritu
¿No he de salir?—¡Jamás!

IGNACIO MARISCAL.

Washington, Marzo 30 de 1867.



XVI
Inquietud.—Noticias de las huelgas.—El 26 de Julio.—Decision
de marcha.—Mi rumbo.—Gomez del Palacio.—Su
traduccion del Tasso.—El Hotel San Julien.—Historia de
una monja.—Un polluelo de bromita.

LAS noticias que recibia yo de México eran cada vez
más alarmantes por la salud de uno de mis hijos, Manuel
Guillermo, á quien tenia agobiado una peligrosa enfermedad.
Las calles, las casas, el estrépito de la ciudad y
las conversaciones, como que me retenian á fuerza, como
que me estorbaban las miradas con que mi alma pretendia
seguir la suerte deparada á mi desventurado hogar.

Sentia como llorando en mis entrañas la sangre de mi
hijo; yo queria que los traficantes, los periodistas, todos me
hablasen de lo que mi corazon sufria, y el natural silencio
de los extraños sobre mis penas, me hacia ver como desierto


268

la Ciudad Imperio y como fieras y verdugos á sus numerosos
habitantes.

Las noticias más y más alarmantes sobre las huelgas ocupaban
las prensas; las escenas de horror que se producian
un dia, las relataba la prensa al dia siguiente en todos los
tonos, con todos sus detalles, encargándose la litografía, el
grabado y la fotografía de representar los lugares, los horrores
del incendio, las fisonomías de los batalladores, la
agonía de las víctimas, los grupos de mujeres y niños entre
el incendio y las matanzas espantosas.

Mi resolucion para verificar mi regreso, era efectuarlo
por Tejas, no solo por conocer esa parte interesantísima de
los Estados–Unidos, sino por ver por mis ojos y estudiar
con cuanto detenimiento me fuese posible, la cuestion de la
frontera, tan comprometida, en mi juicio, y tan digna de
una séria atencion.

Hice presente mi decision á mis compañeros, y Gomez
del Palacio, como he repetido mil veces, inagotable en bondades
para conmigo, se resolvió á acompañarme en tan costosa
é incómoda travesía, sin atender á sus molestias ni á
sus sacrificios pecuniarios.

Despues de incidentes dolorosos, pero de interes muy
privado para mi persona, quedó resuelta la marcha para
dentro de dos dias, fijando un derrotero prolongadísimo,
evitando pueblos incendiados materialmente por las inquietudes
del Sur.

Como á pecador abandonado, vinieron á mi mente en
tropel mis culpas acerca de mis estudios sobre Nueva–York.

Me parecia, como es, que mis apuntaciones superficiales
é informes, no podian dar ni remota idea de mis impresiones;


269

que habia descuidado los datos estadísticos; en una
palabra, jamás tuvo más sincero arrepentimiento de sus
culpas pícaro contrito. Para reparar mi falta, pretendia,
como si fuese posible, verlo todo, examinarlo todo, y me
embriagaba el ruido y caia en más imperdonables divagaciones.

Aquellos mil suntuosos edificios, como que me salian al
paso á decirme: "¿Cómo te has olvidado de mí, Fidelillo,
que no merezco un lugar en tus recuerdos?...." y tomaba
un wagon con un propósito, torcia siguiendo otro y me dejaba
caer rendido en un café, ó en el asiento de un parque,
ó en uno de los teatritos que conocia como la palma de mi
mano.

El Hotel San Julien en que habitamos está situado en
Washington place, á dos dedos de Broadway.

Es un hotel de segundo órden, pero servido con esmero
á la francesa, y en que el arreglo y la limpieza extremada
le comunican cierta decencia y cierto buen tono universalmente
reconocidos.

El Parlor, ó sea salon de recepcion, el comedor y el despacho,
están en primer término, suben cuatro escalerillas á
otros tantos pisos con angostos corredores, departamentos
uniformes y muebles como vaciados en un mismo molde.

Escaleras y tránsitos están perfectamente alfombrados;
el aseo escrupuloso mantiene en perfecto estado el edificio
y las habitaciones, y hay su pintura blanca que pudiera llamarse
la toalla de Vénus de puertas y chambranas, que las
mantiene en juventud perpétua.

En las noches permanecia la puerta que da á la calle accesible
á todos los huéspedes.


270

Hay multitud de criados; pero el servicio de las habitaciones
está encomendado á irlandesas, que funcionan con
la más severa disciplina.

Mme. Clermont, propietaria del hotel, se consagra dia y
noche al excelente arreglo de la casa.

La Sra. Clermont es de mediana estatura, muy gruesa,
de moreno subido, de ancha faz, ojos negros aterciopelados,
roma y gruesa nariz, abren sus alas dos grandes bucles sobre
sus sienes, que acentúan enérgicamente su fisonomía.

Encargada de un departamento estaba una irlandesa, alta
como el plumero de un tambor mayor, comprimida de armazon,
al punto que dudo que hubiera cabido entre su pecho
y espalda un pliego de papel, y tan llena de vigorosas
cuerdas y tendones, que sus manos y brazos parecian diseños
en relieve de multiplicadas cañerías.

Maguet era el nombre de mi cuidadora, de blanco mate,
de cabello amelcochado, como de músico aleman dedicado al
violonchelo, de ojos gatunos y arrebozados en espesas cejas,
de boca grande y fresca, y de modales circunspectos pero
expeditos, como de sacristan mayor en Juéves Santo.

Fornida como mi compadre el general Chavarría; concentrada
y adusta como Mata, nuestro representante en Washington;
dedicada á sus tareas con imperturbable asiduidad,
como á sus máquinas Adorno, Orozco y Berra á la historia
nacional y Garcia Torres á pescar noticias para su Monitor,
Maguet era, además, un tipo de honradez, de decencia y
de bondad extrema.

Yo habitaba en compañía, como he dicho, de Gomez del
Palacio, hombre estudioso, ordenado y limitadísimo en sus
molestias á los demás.


271

Yo aparecia lo mismo, con la simple diferencia de ser en
realidad todo lo contrario.

Maguet sondeó los caractéres de los dos huéspedes que
estaban bajo su cuidado, y se supo manejar de modo que nos
tenia encantados.

A Francisco se subordinaba, á mí se me imponia.

Con Francisco entraba en conversacion, ante todo porque
Francisco posee el inglés. Yo, aunque para mí le hablaba
perpétuamente en inglés, jamás me entendió palabra.

Mis frecuentes salidas, mi ninguna aptitud para dobleces
de ropa, costuras y cuentas de lavanderas, zapateros y criados,
tenia mi cuarto hecho una bola de gusto los primeros
dias; la lavandera, la camisera, el zapatero, una dulcera italiana
y muchachos vendedores de periódicos, armaban tertulias
magníficas, y aquella libertad de comercio solia traer
por consecuencias, camisas desaparecidas, zapatos nones,
sombreros que cambiaban de dueño y toda la glorificacion
del desbarato de un soltero.

A Maguet le daba á guardar mis escasos fondos y la encargaba
de algunos pagos, porque es la misma probidad.

Luego que en las intimidades de su conciencia se persuadió
que era necessario cuidarme, desparecieron como
por encanto las visitas de mi cuarto, y ya no hubo debajo
de la cama camisas que sacaran las mangas como pidiendo
socorro, y me puso en un arreglo estupendo.

¿Queria yo salir? ¿llovia? Maguet bonitamente me quitaba
el sombrero y lo hacia perdedizo.

Bufaba de coraje: Maguet ni reia ni se daba por aludida
por mis señas. Era de matarla.

Cuando me veia escribiendo, con la mayor frescura me


272

encerraba con llave, y al querer ó no, soltaba pliegos como
una máquina.

Le pedia dinero, de modo, que ella creyese que podia
faltarme para lo preciso, y era más fácil hacer volar á un
buey, más fácil oir cantar una cancioncilla andaluza á Bonifacio
Gutierrez, tipo de inmutable sequedad, que conseguir
un centavo.

Pero bueno, decia yo, esta mujer es mi providencia, quiero
que me hable.... Soltaba alguna chanza, y aquella fisonomía
de hielo nada decia. Me desesperaba.....

Maguet, ya por su físico, ya por su moral, era refractaria
á todo afecto, era su corazon de amianto, y no obstante, le
estaba obligado por sus bondades.

Armaba cada campaña con mis estafadores, que se hundia
el hotel, apechugaba como si fuera mi madre cualquier
negocio que me atañia; al volver la cara, ya tenia un pantalon
nuevo, ya me veia obligado á afeitarme, ya me ponia
frente á frente de un sacerdote irlandés á quien le habia de
dar informes de México, pero con el designio de ponerme
en contacto con gente de pró.

Necesidad vital de sentir afectos, halago innato del alma
cuando se relaciona con otro sér, aquellos cuidados purísimos,
aunque envueltos en brusquedad, aquella solicitud, aliviaban
mis penas.

Maguet me gobernaba á su antojo luego que caia bajo
su dominio; y Gomez le concedia la razon siempre que estallaban
mis impertinencias en los altercados.

Jamás Maguet se tomó licencias que pudiera interpretar
la malicia; jamás recibió gratificacion sino de manos de
Francisco.... solo cuando arregló nuestros baúles para la


273

partida, con sus ojos inundados en lágrimas, sospechamos
que aquella pobre mujer nos tenia afecto....

Seria una ingratitud indigna no consignar en mis Viajes
el nombre de Maguet. Lo consigno, vamos! con toda mi
voluntad, y que salga el sol por Antequera.

Despues de mi última conversacion con Iglesias el 26,
entré á mi cuarto, y Maguet comprendió á la primera ojeada
de sus ojos de gato, que no se trataba de carbonato, ni
de parche para los callos, ni de una contrariedad pasajera.
Salió de la pieza, volvió con un trozo enorme de hielo, lo
echó á nadar en el jarro de agua que habia constantemente
en la mesita del centro del cuarto.... y desapareció....

Quise hablar á Gomez del Palacio; pero éste, para esas
circunstancias críticas, tenia á mano su magnífica traduccion
de la "Jerusalem," del Tasso.

No temo que la pasion por los talentos de amigo tan
querido preocupen mi juicio; por el contrario, tengo una
especie de remordimiento, cuando recuerdo la severidad
excesiva con que le hacia notar uno que otro que me parecia
defecto, severidad tanto más imperdonable en mí,
cuando soy, lo confieso, temerario en materia de incorreccion.

Pero ¡qué estro tan levantado el de Francisco! ¡qué
emulacion con su modelo hasta embellecerlo y superarlo!
¡qué flexibilidad de talento para seguir en sus cambiantes
armonías al poeta divino! ¡qué perspicacia para percibir delicadezas
que se escapan á la sensibilidad más exquisita y
penetrante!

Y sin embargo, el trabajo de Francisco es de puro solaz
y pasatiempo; triunfo me costaba decidirlo á que me leyese:


274

le decidia al fin, é iba desenrollando á mis ojos enamorados
la série de cuadros encantadores del gran poeta que
inmortalizó al capitan valeroso que el gran sepulcro libertó de
Cristo.

¡Cómo sirvió aquella lectura de bálsamo á mis penas!
¡cómo deseo que termine aquella traduccion mi amigo, para
honra de las letras y para satisfaccion muy privada de mi
espíritu!

Era esta lectura mi primera recreacion poética; de la segunda
voy a imponer más detenidamente á mis lectores, al
cabo poco tenemos que hacer y mis entregas no son coches
de sitio, que corren por horas.

Están vdes. para saber y yo para mal contar, que en las
vecindades de mi cuarto, y no afirmaré precisamente si en
mi mismo hotel, habia una beldad misteriosa de la que todos
hablaban sotto voce y que nadie conocia.

Declase que era una gaditana espléndida, de aquellas que
dieron tema á los sabios con su mirada para inventar la máquina
eléctrica y el pararayos; de aquellas que donde clavan
la vista dejan una señal, como si se hubiera pegado una
tea, y que producen con una sonrisa el dolor de muelas del
corazon.

Pero á derechas, nadie conocia á la linda misteriosa, y esto
mismo revestia de los encantos de la leyenda, cuanto se
encaminaba á descubrir la incógnita.

Yo me retiraba al hotel muy noche, tanto, que al pedazo
de noche en que se verificaba mi llegada, le solian poner por
mal nombre las dos y las tres de la mañana.

Y á hora tan importuna y silenciosa, cuando hasta las paredes
parecian dormir por lo cerrado de los párpados de las


275

ventanas, en el cuarto de la bella se veia una chispa de luz
de gas, se oia una tosecilla reprimida, hija del amago de la
tísis y del insomnio, y se oia á veces el ruido entrecortado
del sollozo furtivo contenido, como si él pudiera constituir
una impertinente revelacion.

A pesar de que aquella luz y aquella tos nada tenian de
particular, las noticias vagas de la hermosura de aquella mujer,
la obstinacion con que se ocultaba á todas las miradas,
el silencio que guardaba la vieja irlandesa, única persona
que penetraba en el cuarto, la disposicion de mi espíritu ó
lo que se quiera, me formaron una novela de amor, de lágrimas,
de desesperacion y de misterio, que me tenian enajenado.

Oculté cuidadoso hasta de mi sombra mi curiosidad, que
yo (sesenton bárbaro), equivocaba con la alucinacion romancesca,
y me propuse entrar en relacion con aquella mujer,
de cualquiera manera que fuese.

Es de advertir que el cuarto de la gaditana estaba precisamente
al terminar la escalera de uno de los pisos, de
suerte que cualquiera detencion se hacia notable, por tratarse
de un lugar de tránsito contínuo.

Seducir á la irlandesa, era pretender lo imposible; entablar
contestacion con Maguet, era buscarme un ruido; aventurar
una pregunta, un peligro; fingir una equivocacion, un
desaguisado, un escándalo; acudir al correo, infructuoso;
hacer una publicacion alusiva en El Herald, inútil: en una
palabra, no habia esperanza.

Entónces me propuse escribir cualquier cosa y fingir que
mi escribiente equivocaba el cuarto y por arrojar el papel
bajo mi puerta, lo arrojaba bajo la de la incógnita, poniendo


276

al calce de la supuesta copia:—"Copia de la leyenda de la
Monja
, para el Sr. D. Guillermo Prieto."

De esa manera me ponia yo á cubierto en cualquiera
aclaracion.

Con los vagos datos que poseia yo de una gaditana viuda,
en la flor de la vida, hermosa como el lucero de la mañana
y encerrada en las cuatro paredes de un hotel, en país extranjero,
hice mi composicion de lugar y sembré y cultivé en
mi cerebro la leyenda de la Monja.

Tenia mi leyenda como epígrafe el sublime pensamiento
de Santa Teresa, que dice: Compadezco á Satanás porque no
ama.
Y en esa introduccion, que era como el eco de los sollozos
comprimidos que yo habia escuchado alguna vez, cuando
dilatando mis pasos, y comprimiendo mi aliento habia
pasado frente al cuarto de la desconocida, lamentaba mi alma
la desesperacion de no amar; el frio del desamparo, la
queja muriendo sin eco, la tortura de la orfandad del alma,
cuando la vida cae como la piedra que se desprende de la
ruina, como la gota de lluvia que se embebe en la arena ó
acaba, como la planta, con las raíces destrozadas, que tiene
la existencia doliente de una luz fugaz; y terminaba la introduccion
ofreciendo contar la historia de una monja sepultada
en un claustro, entre los recuerdos de una tumba adorada
y el desierto de no amar ante sus ojos.

Como se supone, las alusiones todas eran trasparentes á
lo sumo; en cada inflexion del ritmo pretendí que vibrase
un acento de pasion.

Escribí, puse al calce de mis versos aquello de "Copia para
D. Fulano," y esperé la hora propicia para deslizar mi carta
debajo de la puerta de mi vecina.


277

Es de advertir que viviamos mi vecina y yo en dos pisos
diferentes; ella en el primero, yo en el tercero, y á la distancia
de media cabecera de las nuestras.

Las ventanas de la gaditana daban cerca de la esquina,
de modo que la luz dibujaba en la pared del frente con mucha
imperfeccion las sombras, ó las rompia en la sombra de
la calle.

Mis ventanas daban frente á las puertas laterales de un
gran hotel, que estaban cerradas durante el dia; pero entrada
la noche, tenian gran tragin, abriéndose, cerrándose, interponiéndose
entrantes y salientes, apareciendo y desapareciendo
la luz interior con desesperante persistencia.

La noche que me resolví á deslizar mi introduccion al
cuarto de la vecina en el hotel, parece que habia una conspiracion
contra el comun sosiego.

El banquero inglés del primer piso tuvo tertulia y bebieron
y disputaron los hijos del Támesis como energúmenos.

Un matrimonio mal avenido dispuso una separacion temporal,
y aquello era movimiento y bulla que espantaba.

Una maestra de música del último piso, que era un hipopótamo
musical, berreó solfeos con sus discípulas, de aturdir,
y Mme. Clermont jugaba ecarté en el Parlor á la una de la
noche, con la frescura de si estuviera oscureciendo.

Yo no sentia interes alguno por la gaditana; pero me presumia
que iba á ser aquella aventura un motivo de solaz en
mis horas de insoportable fastidio; por otra parte, como tenia
cierto viso poético, creí el episodio aquel muy digno de
ocuparme.... mejor dicho, ahora pienso todo esto; entónces
no me daba cuenta de por qué hacia yo semejante locura.


278

Como si tuviese quince años, me sentia ansioso é impaciente,
sentia aletear sobre mis cabellos canos mis dulces
ilusiones de la juventud, y léjos de parecerme ridículo, me
parecia mi empeño un delicioso fraude á la vejez.

Cesaron al fin todos los ruidos: yo, que me habia quedado
leyendo periódicos en el despachos entre los criados que
roncaban en ruidosa competencia, subí las escaleras como
una sombra, me detuve como un malhechor frente al cuarto,
distinguí la imperceptible raya de luz bajo la puerta, me
acerqué, tendíme casi en el suelo del quicio, y disparé mi
papel con cuanta fuerza me fué posible, despareciendo rápido
en las sombras.

Entré á mi cuarto, quedé atento al menor ruido....silencio
profundo.... Saltaba mi corazon y no podia pegar los ojos.

Al siguiente dia se me figuraba que todo el mundo me
habia descubierto, y que era objeto de todas las conversaciones
la aventura; pero nada: pasé al frente de la ventana
.... y nada.... Pues, señor, aquí dió fin la comedia;
¿y para esto tanta precaucion y tanto susto....?

A prima noche, miento, como á las nueve de la noche,
en vez de las listas de la celosía que se dibujaban con constancia
en la pared de enfrente, la ventana estaba abierta....
yo todo me volvia ojos, no sé cómo no me desbarranqué de
mi ventana.... De pronto, se dibujó una sombra, ¡correcto
perfil! ¡qué enhiesto talle! ¡qué explosion de rizos trémulos
sobre el cuello y la torneada espalda! y al ir adelante
en mi exámen, la sombra se hundia en la sombra de la
calle, y aquello era de desesperar!

A veces me parecia que tenia aquella mujer angélica,
porque así habia de ser, mi papel en la mano, mi verso sin


279

duda; pero creia que se prolongaba: no es un periódico, es
mi papel, y á la sombra.... ¿En esa sombra habia alguno?
¿Ese es un brazo humano, ó es el brazo de una cruz, ó el
extremo de un mueble.....?

Mi sombra era otra cosa, abria los brazos, mostraba papeles;
pero las cambiantes de la pared que la pintaba, el
abrirse y cerrar de las puertas aquellas, las volvia grotescas,
me hacian figurar como un mono haciendo cabriolas.

La ventana superior cerróse como siempre, y yo traté de
olvidar con mis amigos mi aventura.

Al regresar en la noche, por supuesto á hora oportuna,
me sorprendió muy agradablemente que hiciera sensible mi
presencia la mayor luz bajo la puerta: yo me eché á nado,
porque tal era mi postura en el pazadizo.... ví entónces
trasparente, blanquísima nube; percibí algo de perfume embriagador,
se interceptó la raya de luz y ví que algo se deslizaba
por la alfombra, al mismo tiempo que dentro del
cuarto se extinguió totalmente la luz.

Tendí la mano, palpé un libro pequeño y me retiré á mi
cuarto.

Encendí el gas, hasta que quedó como alumbrada por el
sol mi estancia.... ví el libro.

Era un pequeño y preciosísimo Album forrado de terciopelo
azul, con sus cantoneras de oro; incrustado en la pasta
del libro habia un pequeño relicario con una miniatura de
Santa Teresa de Jesus.

Abrí el Album, y en la primera hoja, con letra, humillacion
y vergüenza del grabado, decia:

"LA MONJA.—Copia de una leyenda del Sr. D. Guillermo
Prieto, poeta mexicano."


280

Aquello era de acalambrarse, de desmorecerse: ¿por qué
no tenia veinte años ménos? ¿por qué no realizar y desenlazar
como es debido esta leyenda, para dejar á estos yankees
con un palmo de narices? ¡Hombre, Prieto, mírate al
espejo! ¿Y que más da? ¿Está prohibido á los viejos tener
corazon?

Ilusion que nace en mí,
Que de mi llanto brotó,
¿Puedo renunciar á tí?
¿Qué dice el amor? que nó,
¿Y la reflexion? que sí....

Y de esta manera ensartaba mis versos, sin sentir, hasta que
oia la tos de Francisco, á quien oculté cuidadoso lo que me
pasaba, pero á quien no dejaba dormir........

En manera alguna podia interpretarse la accion de mi desconocida
como interes, ni mucho ménos como amor, puesto
que no me conocia, y aun conociéndome, entónces más se
alejaban esas probabilidades.

No obstante, aquello de "poeta mexicano" mucho me
lisonjeaba, no lo puedo negar; pero entónces, y suponiendo
sin conceder que yo mereciese tal dictado, lo natural era
suponer el deseo de leer versos mios á falta de otro quehacer.

Todo esto es muy cierto; pero es de tal modo miserable
la condicion humana, que tal puerilidad, tal quimera, me
preocupaban y sentia mi corazon como con arrimo, como
en la patria del sentimiento, como en comunion con otro
espíritu que me comprendia y se identificaba con mis penas.

Yo interpreté el envío del libro como aprobacion y demanda
de la leyenda, y para prolongarme el placer de la


281

aventura y procurarme motivos de comunicacion, resolví
escribir diariamente parte de la leyenda, llevarla y recoger
el libro á la siguiente noche.

Pero, bueno; ¿y dónde estaba la tal leyenda? Era forzoso
crearla, y hé ahí cómo la engendró mi fantasía. Va de
leyenda.

En México, mi adorada patria, suponia yo, habia un convento
casi á extramuros de la ciudad, cuya totalidad estaba
ocupada por religiosas de muy severa regla, ménos la espalda
del mismo edificio, del que aislándosele un patio lóbrego
y de elevados y robustos muros, se habia hecho prision
para los reos políticos.

A esa misma espalda, en la parte elevada del edificio, daban
ventanas de algunas celdas de religiosas, y en la parte
inferior ventanas de la prision con macizas rejas de hierro
embutidas en la pared y á una altura competente para evitar
toda comunicacion por la calle.

Quien hubiera pasado en el tiempo que voy á referirme,
por la espalda del convento á deshora de la noche, habria
descubierto dos puntos luminosos: el del cuadro de la ventana
superior, claro y marcando el cuadrado irregular de la
ventana de la celda, y las rejas de la prision débilmente iluminadas.
Los puntos sobre que acabamos de llamar la atencion,
se reproducian en la pared del frente del convento,
como en un espejo.

Sepamos ahora la historia de los dos séres que en medio
del mundo y cada uno como en un desierto, hacían á la noche
confidencias de sus dolores.

Adela, este es el nombre de la monja, vivia feliz en una
de las fincas de campo de su padre cercanas á la capital;


282

allí conoció y amó á Rodrigo Alvarado, jóven de las principales
familias de México, y sus primeros amores corrieron
apacibles como aura blanda entre aromáticas plantas. Pero
al estallar la revolucion de la Reforma, tomó Rodrigo las
armas en su defensa, y esto desató una persecucion, un odio
tremendo de parte del padre de Adela, apasionado partidario
de la causa clerical.

Sea porque fuesen frecuentes las invasiones á las fincas
de campo, sea por sugestiones del encono, metieron á Adela
á un convento, le hicieron creer á poco que Rodrigo se
habia casado, y hundida en llanto, enloquecida, tomó el hábito,
para acabar sus dias en el retiro y en la penitencia.

Rodrigo se distinguió en las armas, se hizo uno de los
caudillos de más prestigio, y mal herido en la accion de
Carretas, cerca de San Luis Potosí, fué conducido á México,
y despues que se restableció, le encerraron en la prision
de los reos políticos.

No es difícil creer, en las circunstancias por que atravesaba
mi país, una incomunicacion completa de los amantes, y
ménos difícil si recordamos la regla severísima de la religion
en que Adela profesó.

El consuelo único, la compañía, la esperanza de Rodrigo
era aquella luz de la ventana superior que alumbraba como
una mirada tierna el antro en que estaba sumergido. El mimaba
la luz, la acariciaba, la recibia como la visita de una alma
compasiva á su espíritu desamparado; era el alma de su
alma, el sol de su ternura.

Fijos los ojos en su luz querida, vió llegar una vez á su
centro un bulto: se dibujaba perfectamente su cabeza envuelta
en la toca monjil, las anchas mangas del hábito profuso,


283

las manos delicadas.... Parecia arrodillada: sin duda
habria algun altar ó alguna imágen á su frente.

La aparicion se verificaba todas las noches.

Unas veces la monja arrodillada se postraba haciendo su
sombra un bulto informe; pero aquella cabeza temblaba.
¿Eran sus sollozos? ¿pegaba á la tierra sus labios gemidores
para que no robase el viento los secretos que solo deberia
saber su tumba? ¿En ese prolongado suicidio del
claustro se escapaban á esos labios pegados al suelo, acentos
que engendraba la ternura y se traducirian por despecho
y blasfemia?

Otras veces el bulto negro enclavijaba sus manos, tendia
sus brazos elocuentes, dejaba como derribar su cabeza hácia
atrás y parecía entregar desesperada el pecho al dolor que
la desgarraba, y otras, alzando los brazos, la cabeza erguida,
el andar acelerado, aparecía y desaparecia en el claro de
luz, como perdida en la demencia, hasta que extinguida la luz,
se sepultaba la terrible vision en las tinieblas.

Era una necesidad para Rodrigo ponerse en comunicacion
con la monja desconocida; pero cualquier esfuerzo equivalia
á la realizacion de lo imposible.

Aventurándolo todo una noche, decidió, por medio del
canto, dar á conocer su existencia en aquella mazmorra.

La voz de Rodrigo no tenia cultivo alguno; pero era un
barítono claro, vibrante y apasionado.

Pero el cantar de Rodrigo moria en su tumba, no rebosaba
un solo sonido, en su juicio, las altas rejas de su prision.

Sin embargo, á los oidos de la monja llegaron unos rumores
vagos, unos ecos que parecian la forma de sus más


284

recónditos recuerdos. Atraida por la voz, despues de extinguir
la luz, se asomó á la ventana y se fijó en la iluminada
reja del prisionero. Este, entre tanto, arrimó el banco de
su cama á la pared, colocó sobre él una mesa, despues una
silla, escaló por los muebles, se asió de la reja y pegó en ella
su semblante.

Entónces creyó escuchar un grito reprimido y oyó distintamente
que se cerraba la ventana con estrépito.

La monja, aunque interceptado por las rejas, habia creido
percibir el perfil de una cabeza, de un rostro, un conjunto
que la perseguia despierta y en sueños, que era el culto
de su desgarrado corazon....

Acaso le pareció una vision que para su castigo le presentaba
el enemigo de las almas.

Por algun tiempo no se volvió á ver la luz de la celda.

Las noches de luna eran la desesperacion de Rodrigo, no
solo porque habia transeuntes en aquella frecuentemente
desierta calle, sino porque dando la luna en el muro, borraba
y hacia más indecisa la luz artificial.

El continuó en sus cantos con esperanza remota de atraer
la luz. Una vez, agobiado de tristeza, queriendo desahogar
sus dolores en ecos que formulasen las angustias de su corazon,
preludió ese Adios de Schubert, vibracion de agonía
arrancada al ángel caido en el momento de dejar para siempre
la morada celestial, canto de lágrimas que si no lo hubiese
formulado el génio humano, se diria que es una evocacion
eterna de los eternos dolores.

Adela era apasionada de la música de Schubert, y el Adios
su melodía favorita.

A las primeras notas, se sintió conmovida en lo más hondo


285

do de su alma; despues encendió su luz.... despues pudo
percibir Rodrigo el bulto negro en agitacion febril..... y al
morir sollozando aquellas notas divinas.... tendia la monja
enloquecida los brazos, como para detenerlas, como para
estrecharlas y esconderlas en el sagrado de su corazon.

Rodrigo, por su parte, adhiriendo á las rejas algunas tiras
de madera que arrancó de su banco y de su mesa, pudo
figurar estas letras: TE AMO, y esperó que la noche hiciese
la revelacion.

Dos dias despues, á la hora de la siesta, vió caer de la
ventana polvo, luego como tallos inútiles de flores, y al último,
rozando con su ventana, pétalos de rosa, de los que
uno solo que empujó el viento dentro de la prision, tuvo
por relicario los labios de Rodrigo y fué su talisman idolatrado.

De esa manera imperfecta, trasmitiendo á la pared figuras
adivinadas más que comprendidas, las relaciones tuvieron
fomento, aunque envolviéndolas de contínuo negras
sombras de duda y misterio.

La escala formada con los muebles, el mejor humor del
prisionero; alguna astilla de los palitos que le servian para
formar sus letras, se hicieron perceptibles á la intolerante
policía y resolvieron cambiar su prision, tanto más cuanto
que Aureliano Rivera, simpático y audaz caudillo de la
Reforma, amagaba la capital y había hecho dentro de ella,
incursiones temerarias.

Rodrigo esperó la noche dos dias ántes de su partida, y
con voz desgarradora entonó su Adios.... Las últimas notas
del doloroso canto vibraban en el viento, cuando con la
misma luz de su prision distinguió fuera de la reja un hilo á


286

cuyo extremo oscilaba una carta.... en esa carta Adela sugeria
al prisionero los medios de fugarse.

La carta estaba fuera de los hierros de la ventana, á muy
poca distancia, pero intomable.... la desesperacion era extrema;
arrancó uno de los piés á una silla, lo adelgazó, le
puso otro palo pequeño formando gancho, atrajo á sí el hilo;
pero sin duda dió en algún punto cortante del palo, que
lo trozó.... cayendo la carta al suelo, de donde fué recogida,
produciéndose escándalo espantoso.

Ejerciéronse con Adela todo género de crueldades; se
disponían á fusilar á Rodrigo los enemigos de la libertad;
tocaban á un desenlace sangriento los sucesos.... cuando
se escucharon disparos de artillería en la plaza mayor, repicaron
las campanas del convento.... y la multitud, rompiendo
puertas, derribando obstáculos, penetró triunfal en
los claustros, gritando "¡Viva la Reforma!" y proclamando
á Rodrigo como uno de sus héroes más ilustres..........

Acomodándose Rodrigo á las creencias de la familia de
Adela, se dirigió al Santo Padre por medio de un letrado
distinguido, haciendo ver que era Adela víctima de un engaño
y que no tenian validez sus votos monásticos.

Los hombres de todas las opiniones, los teólogos más
ilustres, los más escrupulosos sacerdotes, esperaban que la
decision del Santo Padre abriese á los amantes las puertas
de la felicidad!.....

Tal era la leyenda que escribí en verso, sin quedarme
con una copia; la dividí en capítulos, procurando que en
cada uno de ellos fuese creciendo el interes y multiplicando
las alusiones, segun las peripecias de mi situacion particular.


287

Como he indicado, dejaba una noche el Album y lo recogia
á la siguiente noche; pero nada avanzaba en mis pesquisas....
la luz que reflejaba la ventana me delineaba la
linda figura, pero inmóvil, fria, con una silueta de estatua
que me desesperaba.

Yo no sé cómo no me quedé litografiado en el quicio de
aquella puerta, porque realmente me estampaba para distinguir
algo que disipase mis dudas...... nada: la orla de seda
de un vestido espléndido, dos piesecitos como dos pichones,
que corrieran entre encajes.... y unos dedos de marfil y
rosas que hubiera querido besar, si los labios, como debiera
ser, tuvieran la facultad de volverse pinzas.

Pero la detencion, frente de aquel cuarto era imposible;
una vez me habian encontrado inclinándome al suelo, y yo
saqué, un cerillo fingiendo buscar una moneda; otra vez el
lapicero era lo perdido; otras habia extraviado camino.

Algo debió notar Maguet de mis inquietudes, porque
cuando volvia la cara, aunque fuese muy noche, estaba con
una luz esperándome, y yo me daba á los demonios y seguia
mi leyenda.

Cuando en ella llegué al punto del Adios de Schubert, no
hubo aparicion en el círculo de luz; pero á poco de estar en
la ventana, tendió sus alas aquella melodía sublime y una
voz sobrehumana iluminó mi alma, empapando de lágrimas
mis ojos.

Al siguiente dia de haber aludido en uno de los capítulos
de mi Monja á la lluvia de pétalos de rosa, en una de las
entradas que dí á mi cuarto, ví en la mesa del centro un
espléndido ramillete de rosas blancas, atados sus tallos con
un liston negro; redoblé mis tentativas, aunque solia decirme:


288

¿A que este empeno ¿qué designio me guia? ¿qué
siento en mí que pueda justificar una inquietud tan injustificable
en mis años?

Hice coincidir el capítulo de la carta suspendida del hilo,
con mis anuncios de partida, y por último, á uno de mis
amigos le rogué, la noche que deslicé bajo la puerta la conclusion
de mi leyenda, que cantase en mi cuarto, como cantó
en efecto, con voz dulcísima, apasionada y dolorida, el
Adios de Schubert....

En el claro que formaba en la pared la luz del cuarto de
la gaditana, ví inmóvil, como si proyectase la sombra una
estatua de mármol, el bulto, los contornos y el perfil correcto
de mi aparicion: con la última nota se extinguió la
luz, envolviéndome en el silencio y el misterio.

Por más activas que fueron mis pesquisas, no pude hacer
aclaracion alguna; por más audaces que fueron mis tentativas
para conseguir copia siquiera de mi manuscrito, nada
pude obtener; creo que los versos de esa leyenda, es de lo
ménos malo que he hecho en mi vida... Ni sospecha, ni
conjetura, nada dejó en pos de sí la inspiradora de mi leyenda
de la Monja.

Cuarenta y ocho horas precisas me quedaban para decir
mis adioses á Nueva–York, que como he dicho, como que
me rodeaba con su tumulto de palacios, sus ruidos, las cruces
de sus telégrafos, su tropel aéreo de cúpulas y banderas
y su conjunto arrebatador.

Levantándome estaba cuando entró en mi cuarto un jovenzuelo
llamado M. Fayar, alegre como un fandango, movible


289

como una ardilla y vestido como un corredor de caballos,
lo que le hacia aparecer doblemente expedito.

—M. Guillermo, vd. será por mí; yo quiere con vd. muchas
muchachas señoritas.

—Chico, es cosa que no me repugna en ninguna circunstancia;
pero estoy ocupadísimo.

—Pero vd. no decir nada de este en su Viaca.

—Hombre, en mi Viaje hablo bastante de este ramo y
es lo mismo en todas partes, tratándose de los Estados–Unidos,
con la diferencia de que aquí toman las cosas colosales
proporciones.

—Ya verá vd. salones en toda forma, en cuyo menaje
están invertidos capitales inmensos; haria vd. conocimiento
con hermosuras de casi todas las naciones del globo.... y
mucho contento.

—Amigo, he tenido en mi mano una Guía de forasteros
ó Directorio, que se vende á los viajeros para sus visitas de
confianza, y en ese librito constan todas las particularidades
apetecibles para las visitas de confianza. Por otra parte, yo
no he querido escribir un Manual del Calavera, sino consignar
simplemente mis impresiones, y esto en la esfera limitada
y con la superficialidad consiguiente á quien hace sus
apuataciones por ferrocarril: ya vd. lo ve, aquí, anualmente,
se publican gruesos volúmenes, sobre cada uno de los departamentos
de la administracion, sobre cada uno de los establecimientos
de beneficencia, sobre cada uno de los servicios
públicos; ¿qué puedo yo hacer, sino índices, indicaciones y
notas que pongan de manifiesto mi deseo de que en mi país
se conozcan y estudien estos pueblos?

—Esta bien, creo que vd. hace más de lo posible; pero


290

ni siquiera de M. Rails habla vd., y está llenando el mundo
su proceso.

—No me he podido imponer á fondo. ¿Vd. conoce bien
ese cuento?

—Bien, bien, no; pero un poquito, que está curioso. ¿Vd.
conoce la Quinta Avenida que da entrada al Parque Central?

—Perfectamente.

—-Se ha fijado en cuatro ó cinco palacios de mármol, que
forman esa entrada, y llaman la atencion por su opulencia?

—Si, señor.

—Pues uno de esos palacios es de la persona de quien se
trata... De una abortivista.

—¿Qué me cuenta vd?

—Que es una profesora del arte de quitar estorbos, y que
en contacto con personas muy acaudaladas y con hijas de
familias menesterosas, hizo una inmensa fortuna.

Vivia en la opulencia hace muchos años; se jactaba de
las mejores relaciones; en su casa se daban convites y habia
tertulias espléndidas; pero cate vd. que por su mal, se organiza
una Sociedad furibunda, nombrada "Preventiva del
crimen," y las cosas cambian de aspecto.

La Sociedad es de lo más benéfico y curioso que vd. se
puede imaginar. Compónese de personas poderosas, de probidad
intachable y de habilidad notoria.

La Sociedad se constituye en amparo de la jóven á quien
se pretende pervertir; de perseguidora implacable de garitos
y casas de prostitucion, de azote de ladrones y todo género
de malhechores; tiene sus abogados, su policía diligentísima
y está perfectamente relacionada.


291

El abobado de la Sociedad mencionada acusó á M. Rails
de su infame profesion; puso ella en accion sus relaciones,
amagósela con una prision; para eludirla se le pidió una fianza
de cien mil pesos, que la ilustre profesora puso en depósito....

Entónces la policía, por medio de sus agentes secretos,
acudió á mil ardides, hasta que al fin logró tender una red
sutilísima en que cayó la abortivista.*

Tambien es cusiosa la causa hecha á un doctor de Nueva–York,
que cultivaba el mismo comercio.

—Ya he dicho á vd., repliqué á M. Fayar, que sobre estos
particulares creo me he extendido lo bastante en San
Francisco, y que ahora serian fastidiosas mis repeticiones.



XVII
Comida en casa de Bachiller.—Noche.—Panadería de Viena.
—Romero Rubio.—Mariscal.—Juan José Baz.—Escuela
de Sordo-mudos.—Express.—Comercío.—Lluvia.
—Salida de Nueva-York.

CIRCUNSTANCIAS muy privadas y personales hacian
dolorosa para mí la separacion de Nueva–York,
y por una fatalidad de mi destino, los halagos de la vuelta
á la patria mucho se enturbiaban por las condiciones de la
salud de mi hijo, y por motivos no para narrados en estos
tan accidentados como verídicos Viajes.

Ya he indicado en otro lugar que la familia del Sr. Lic.
D. Antonio Bachiller y Morales, á la que pertenecen los
Sres. Dres. Landeta y Castro, y el Sr. Lic. Néstor Ponce
de Leon, se encargaron de aliviar mis penas, me crearon


294

familia y me llenaron de atenciones, que recuerda con profundo
reconocimiento mi corazon.

La familia inteligente y bien educada de mi país, se ofrecia
allí á mis ojos con todos sus encantos.

Pretextos para sabrosas comidas, discusiones al parecer
tempestuesas que se deshacian en lluvias de flores, interes
por mi salud, alivio á mis dolores, todo lo encontraba, pero
tan sincero y espontáneo en todos, que más parecia que las
satisfacciones de que me rodeaban eran más por el sentimiento
egoista de procurarse mis amigos placer, que por el
designio de hacerme olvidar mis penas.

De ponerse tablados era cuando en competencia con las
señoras y acariciando mis más bellas memorias, exponia á
la atencion curiosa de mis oyentes nuestro popular Paseo
de la Viga, nuestro Chapultepec romancesco; y los cubanos,
en revancha, me pintaban las risueñas perspectivas de su
Jesus del Monte y su Guanavacoa, su paseo de Isabel II y
su Jardin Botánico.

Entónces yo, á guisa de diestro luchador, hacia reminiscencias
de nuestros paseos en burro, nuestras temporadas
de San Angel y otros solaces cuya belleza no se percibe
con los ojos pegados al cuadro, pero que á cierta distancia
tienen encantos indecibles.

Bachiller es un jurisconsulto eminente y un literato distinguido;
en la Habana, su patria, hizo sus estudios y desempeñó
puestos importantísimos; su erudicion es vastísima
y su criterio luminoso y seguro.

Pero aparte de sus clarísimos talentos y de sus obras científicas
y literarias de exquisito mérito, sobresalen en Antonio
dos cualidades que mis lectores me dirán si no son perlas


295

y diamantes para los que tenemos la fortuna de ser sus
amigos.

Allá va la una. Es un amor á México que llega al fanatismo,
como debe ser el amor: mucho sentimiento y mucho
anhelo por el bien de la persona amada.

Antecedentes de familia, reminiscencias muy queridas para
mi amigo, fomentan y robustecen aquella pasion por México.

Posee en su archivo curiosidades de nuestra historia, anda
perpétuamente á caza de noticias y periódicos de México,
y constantemente se halla en correspondencia con personas
notables de nuestra patria, comunicándoles cuanto cree
que puede contribuir á su bienestar y adelantamiento.

Cuando en 1842 salió de México el eminente poeta Rodriguez
Galvan para no volver á su patria jamás, yo, que
conocia de nombre al Sr. Bachiller, por haber hablado de
mis versos en El Diario de la Marina, le recomendé á mi
malogrado amigo, que debia pasar por la Habana: allí cayó
enfermo y murió Rodriguez.

Bachiller fué un amigo y un padre para Rodriguez, le
abrió las puertas de su casa, tratándole como de su familia,
lo relacionó con los más eminentes literatos, esencialmente
con Milanés, quien le leyó su "Conde de Alárcos," y de
quien son los lindísimos versos que yo atribui á Turla equivocadamente
,
al tratar de mis impresiones de Orleans, y
cuando enfermo y en su muerte le llenó de cuidados, prodigándole
generoso toda clase de auxilios.

Mi gratitud á Bachiller por todos estos antecedentes, la
hice sensible en relaciones cariñosas y no interrumpidas,
durante más de treinta años en que yo no he dejado de recibir
atenciones de tan cumplido caballero.


296

Ardia la casa de Bachiller en impaciencia por mi llegada;
el finísimo Dr. Landeta se preparaba á hacer los honores de
la casa con la exquisita elegancia que tiene de costumbre.
Néstor Ponce tenia lista cerveza suprema, y las señoras se
disponian á celebrar mis sorpresas por los guisos al estilo
de mi tierra, y los dulces deliciosos que recuerdan la especialidad
que para postres y reposterías tienen nuestras mexicanas.

Parece que veo el cuadro. Bachiller, sosegado y dulcísimo,
con su leviton de lienzo, rodeado de sus preciosos y
juguetones nietecitos, que me recordaban á los mios.

La esposa con sus hermosas hijas, agrupadas junto de
una amplia ventana en cuyo marco se divisaban flores y
enredaderas, y la tropa masculina charlando y fumando frente
al bufete del sabio, convertido con desacato en mostrador
de cantina.

Dióse la voz salvadora de la sopa está en la mesa, y en
tropel risueño nos dirigimos al comedor, donde los chicos
gritaban y repicaban sus trinchis en copas y vasos, las señoras
esperaban modestas y nosotros los hombres nos arrellanábamos
á gozar, sin ser de nadie y sin pensar en nada
de los hechiceros encantos de la gula, cuando llega á seducirnos
acompañada del buen humor.

Despues de los primeros contentamientos á la tiranía animal,
contentamientos que, como se sabe, se hacen en medio
del silencio, la conversacion se hizo general y cada uno
se esforzaba por acreditarse de alegre convidado, sin cuidarse
de sexo ni edad. Por supuesto que la conversacion
corrió, despues de culebrear un tanto, á los viajes y á lo
mucho que me faltaba que decir.


297

—Lo conozco, señores, repetia yo; pero vdes. convendrán
en que un viaje al vapor no es un inventario.

—Es permitida la ligereza, decia Néstor con ironía.

—Si se trata de ligereza en el sentido de no profundizar,
como en tratados especiales, todas las materias, convengo,
decia Bachiller; pero ligereza en cuanto importe inexactitud
de datos estadísticos, observaciones políticas y mercantiles,
no convengo, porque muchos de esos datos los han suministrado
oficinas públicas y documentos oficiales, y nos tiene
asoleados Guillermo, aclarando fechas, haciendo rectificaciones
y estudios detenidos, á Néstor, á M. Bryant, á
Mantilla,á mí y á cuantos conoce.

—No, repetia mi contrario, yo lo digo por los cuentecillos
y cosas fantásticas.

—Eso es otra cosa, ese es mi plan: yo he buscado una
forma para popularizar mi libro entre gente que se moriria
de fastidio con los números y las disertaciones gravedosas;
yo quiero que el mandadero y el carnicero, la polluela parlanchina
y el vejete recalcitrante, lean mis Viajes, y al fin
adquieran ideas exactas de este pueblo, de que se suele hablar
en mi país como de los habitantes de la luna.

—Yo lo que deseo es que hable vd. fuerte, muy fuerte,
á estos patanes, sobre su codicia, porque para ellos no hay
más Dios que el dinero.

—-En efecto, decia Néstor, ya el, señor ha hablado bastante
de la omnipotencia del dollar; pero lo que le falta
que agregar es que si el yankee es ávido para adquirir y
no se para en medios, tambien gasta con suma liberalidad;
aquí no se ve, como en la tierra de vd., ó si se ve es con
ménos frecuencia, hombres acaudalados, tratándose con


298

verdadera miseria, peor que los obreros de estas fábricas.

—¿Ya ve vd. cómo se desarrolla aquí la fiebre del oro?
Pues la dote en la mujer es desconocida, y esos pescadores
de fortunas con el anzuelo del amor, ni se mientan.

—Eso sí es cierto, replicó una de las señoras; aquí ni se
habla de esos gansos del amor conyugal, muertos de hambre,
calculistas, esperanzados, para salir de penas, en triunfar
del corazon de una polla trasañeja, epiléptica y contrahecha,
ó de una vieja, aunque impertinente y llena de achaques,
poderosa.

—Por otra parte, decia otra señora, sesuda y de claro
ingenio, por regla general, cuando el marido yankee no es
borracho, es un excelente marido; acaso los negocios y la
frialdad de carácter le hacen fiel y dedicado á su familia,
es pacientísimo con sus hijos; acaso su defecto capital sea
que muchas veces se deja dominar de la mujer, que es enfermiza
y poco hacendosa, aunque esto admite sus excepciones.

—¿Qué me está vd. diciendo?

—La verdad, dijo Bachiller; esas hermosuras deslumbradoras
caducan mucho más pronto que en Europa; son bellezas
de un dia, y vd., al apreciarlas de otra manera, ha incurrido
en una equivocacion.

—Eso depende, dijo una viejecita, muy viejecita, con su
dentadura muy blanca y su cabeza como unos algodones, de
que esas niñas no comen: cuando diga vd. mantenerse de golosinas,
las yankas: por aquí las fresas; por allá la nieve; por
acullá los candís, si tienen proporciones; y si no, todo se lo
echan encima, es decir, todo lo gastan en vestirse: para algunas
na importa que la casa esté como nido de aviones;


299

pero el gorrito listo, nuevo el velo de gasa, ajustados los
guantes y el calzado como de reinas.

—Eso tambien debe atribuirse á que no conoce vd. mujeres
más callejeras que estas americanas.

A título de libertad, se van llevando á la casa al novio,
sin que nadie les diga: "esta boca es mia," platican con él,
salen y entran con él, sin que nadie se fije en el aparecido;
de suerte que á veces, á los tres ó cuatro meses, va sabiendo
el papá que aquel señorito que entra y sale y se aisla
con la mayor desfachatez á platicar á solas con su hija en el
salon, es nada ménos que su futuro hijo político.

—Es la verdad, decia Néstor; los vínculos de familia están
bastante relajados en el Norte; pero es necesario fijarnos
en el punto de partida de nuestro juicio: aquí no hay
herencias forzosas, y esto, aunque sea por la conveniencia,
mantiene el respeto en las familias; de suerte que no se da
caso que un muchacho haragan y con las manos lavadas,
finque las esperanzas de mejora de fortuna en que espichen
los autores de sus dias, ni hay esos pleitos en que hijos y
padres son desvergonzados difamadores, ni esas bandadas
de buitres que con el nombre de herederos forzosos acibaran
los últimos momentos de un infeliz que cometió el delito
de formar un capital con su trabajo.

—¿Ve vd. este pueblo? me decia un hermano del Dr.
Landeta, que estudia á los yankees sin cesar.... ¿Ve
cuántos rasgos de inmoralidad y disolucion?

Pues advierta vd.: al marido honrado que ha sido objeto
de las traiciones y víctima de la mala conducta de una mujer
frívola que desconoce sus deberes, á ese marido jamás
se le burla, no se permite ni al ridículo ni á la maledicencia


300

poner en evidencia su infortunio y la deshonra de los hijos;
y esas sátiras al marido manso, al predestinado, al sufrido,
se rechazan de la buena sociedad, no las explota la caricatura,
y aun en el teatro, se mutilan las obras francesas para
desviarlas de nuestra manía latina de hacer recaer sobre el
marido, censuras que solo merece la mujer....

—Señores, todo está muy bueno; pero nos estamos quedando
sin comer: ese asado es excelente, aquí se tiene especial
cuidado con las carnes.

—Eso merece un trago de este añejísimo Borgoña....

—No, yo no me puedo conformar, decia la bondadosa señora
de Bachiller, con que no nos acompañe vd. á Saratoga.

—Al anuncio de los baños ó de las aguas de Saratoga,
dijo un jóven elegante que estaba á mi izquierda, las casas
se ponen en movimiento, los maridos aprestan los bolsillos.

Hay familias de ladies de tres á cuatro personas, que llevan
quince ó veinte baúles, de esos baúles monstruosos que
con cuatro ruedas y sus asientos, pudieran suplir á cualquier
wagon.

Las familias, excepcionales por su riqueza y circunstancias,
tienen sus casas ó residencias en Saratoga, muy elegantes
y apartadas del bullicio; pero lo característico es la
vida del hotel, y hay muchos y magníficos hoteles en Saratoga.

Los hoteles, como vd. sabe, son grandes edificios formados
de dobles hileras de cuartos, que unos dan al exterior
y los otros al interior del hotel: las familias toman cuartos
dobles para mayor comodidad, no obstante que los paseantes
de los corredores suelen hacer infernal ruido.


301

A poca distancia de los hoteles está el pintoresco edificio
de Congress hall, en el centro de un parque cultivado con
esmero. En el parque está el afamado pozo de las aguas
medicinales.

En el brocal del pozo se hallan constantemente unos niños
perfectamente vestidos, con unos palos que tienen sus
vasos en el extremo para extraer el precioso líquido, que
dizque cura las enfermedades del estómago; y no dije siquiera
vientre, porque esas palabras se reciben como obscenas
y están relegadas á la gente ordinaria, como camisas,
piernas, etc.....

A primera hora se sirve el almuerzo con abundancia y
variedad notables, y en el terraplen cercano se instala la
música militar, á alentar, con sus marchas y canciones, la conversacion
de las damas, los paseos de los viejos y los juegos
de los niños.

Empréndense con suma frecuencia excursiones á un lago
inmediato, delicioso por el paisaje que le rodea y por sus
cristalinas aguas. Por supuesto que los paseos acuáticos son
encantadores.

Verifícanse las comidas en el hotel, entre dos y tres de
la tarde: terminada la comida, llegan por la concurrencia
elegantísimos carruajes de todas formas, tirados por arrogantes
frisones, y se forma el paseo del Parque, ostentacion
de lujo y hermosura, más para vista que para descrita.

A las siete de la noche se sirve el thé.

Es de advertir que por costumbre los dueños de todos
los hoteles se hacen la obligacion de dar un baile por turno
cada noche(hop), baile de confianza, sin lujo, pero en que


302

se pasan ratos muy agradables. Dura la diversion hasta las
doce de la noche.

Es costumbre que los huéspedes de unos hoteles conviden
á los de los otros, y de esa manera se generaliza el contento
y se fomenta una benéfica competencia para atraer
cada dueño de hotel mayor número de parroquianos.

Hay otros bailes de mayor rumbo y trueno, en que se
sirven cenas grátis á los convidados y desplegan mucho
lujo las americanas. Duran hasta las dos de la mañana.

El Dr. Landeta, persona educada en la selecta sociedad
de Paris, donde hizo su carrera, añadió, dirigiéndose al jóven
que hablaba:

—Ha hablado vd. de las aguas medicinales; los lugares
destinados á baños están rodeados del mismo ó semejante
aparato de distracciones.

Mañana y tarde se anuncian los baños, suspendiéndose
en cada baño una gran bandera á un alto mástil. Enarbolada
la bandera, se da á entender que los baños están listos,
porque su buen estado depende de la marea. Por lo demás,
continuó el doctor riendo, ya vd. nos ha hablado bastante,
describiendo á Rokway, de ciertas exhibiciones; pero lo que
no llamó á vd. la atencion y lo extrañé, es que esas exhibiciones,
para vd. y para nosotros alarmantes, los yankees
las ven con profunda indiferencia, nadie se permite un espionaje
ofensivo, nadie excita á un compañero á una contemplacion
irregular, nadie deja su copa, ni su baile, ni su
conversacion, por el cultivo de las escenas de la escuela realista,
y eso le quita mucho al espectáculo, del carácter de inconveniencia
que pudiera tener entre nosotros.

Los postres estaban en la mesa, se entraba por las puertas


303

del comedor una tortilla de huevos flamante, y al través
del azulado incendio, sonreia la costra azucarada del manjar
aleman.

Era la hora de las tiernas expansiones: mis amigos me
dieron la dulcísima sorpresa de que una lindísima niña, por
quien conservo recuerdos muy cariñosos, me recitara un
bello romance de mi querido amigo Pedro Santacilia, que
coloco aquí como una joya literaria, y que se ha convertido
en la fórmula expresiva de los hijos de Cuba, que lloran á
la patria ausente á las orillas del magnífico rio Hudson.

Habla María, que María habia de ser para que yo la
amase con tanta ternura:

EL DESTERRADO.

Tan léjos ¡ay! de su tierra
Como él ¡quién no llorara!
D. DELMONTE.

"—Bello rio, bello rio,
El de las ondas de plata,
El de las mil tradiciones,
El de la corriente clara,
El de los bosques sombríos,
El de las praderas anchas,
El de las verdes colinas,
El de las montañas altas.

304

¡Bellas son como ningunas
Las flores que te engalanan,
Y las naves que te cruzan,
Y las aves que te cantan;
Y bellos los caseríos
Que del bosque entre las ramas,
Como nidos de palomas
En tu orilla se levantan.
Bellas, sí!—Pero yo diera
Tus encantos y tus galas,
Tus pueblos y tus bajeles,
Tus flores y tus montañas,
Y las nubes de colores
Que en tu cauce se retratan,
Por ver tan solo un momento
Del Cáuto las claras águas.
¡El Cáuto!—¡ Cómo se agita
Llena de emocion el alma
Al evocar en la ausencia
Los recuerdos de la patria!
¡Cómo de dolor henchida
La imaginacion se exalta,
Al recordar los lugares
En que pasó nuestra infancia!
Si ver pudiera los' campos
De mi tierra infortunada;
Si bajo el coposo mango,
Sentado allá en la sabána,

305

Escuchara en el silencio
De alguna noche estrellada,
La tórtola cuando llora,
El ruiseñor cuando canta;
Si á lo lejos en el monte
Viera las índicas palmas
Que inclinan las verdes pencas
Al suave soplo del aura,
Y entónces la voz oyera,
Perdida allá en la distancia,
Del montero enamorado
Cantando dulce trovada;
Si ver pudiera las flores
Que bordan nuestras montañas,
Los lirios en el arroyo,
El bambú junto á la playa,
Los plátanos en el valle,
El ganado en la sabána,
Los cafetos en la loma
Y en la llanura las cañas,
¡Oh cómo de gozo lleno
El corazon palpitara,
Y cuán alegre las cuerdas
Pulsara entónces del arpa;
Pero léjos de mi Cuba,
Proscripto y en tierra extraña,
Tan solo llanto en los ojos
Tengo y dolor en el alma...."

306

Así, mirando una tarde
Del Hudson las claras aguas,
Un desterrado cubano
Se acordaba de su patria,
Y era su trovada triste
Y cántándola lloraba.
Tan léjos ¡ay¡ de su tierra
Como él ¡quién no llorara!

PEDRO SANTACILIA.

Hubo un momento de silencio: pasó sollozando en el horizonte
de nuestras almas, la memoria de la patria.

Terminada la comida, espié un momento para escaparme,
porque tenia resuelto no despedirme de aquella casa, á la
que tanto debí y á la que amo tanto......

Me escapé al fin, sin que nadie lo apercibiese, y al hallarme
solo en la sombría calle 26, oyendo á lo léjos, como las
caidas de agua de la montaña, el rumor de las avenidas de
la gran ciudad, no cesaba de repetir: "Amor y bendiciones
para los que acogen al extranjero como á hermano, y le
sientan en su hogar y calientan su corazon con el cariño.
Que la prosperidad les acompañe, y que la salud y el contento
aderecen su mesa y hagan mullido su lecho de descanso;
que la virtud y la sabiduría estrechen á su seno á
las hijas y á los hijos de esta familia, y que la Providencia
divina derrame como lluvia benéfica, sus más preciosos dones
sobre esas flores de mi corazon...."

Vagué unos momentos al acaso, me senté en la plaza de
Madisson, y veia con indiferencia de autómata el círculo trasparente
en que, á guisa de vistas disolventes, se suceden
figuras, que es una forma singular de avisos.


307

Aquella fantasmagoría me producia un efecto semejante
á la locura: ya era una fisonomía á la que yo encontraba
semejanza estrambótica; ya un barco medio hundiéndose,
que yo traducia por agüero de futuro naufragio; ya unos
gorritos de niños, que yo animaba con los cabellos rubios y
los rostros angélicos de mis nietecitos: aquella vista me hacia
mal.

Tomé, pues, la calle de Broadway para dirigirme á mi
hotel.

Serian las doce de la noche, y los aparadores de las mil
tiendas, en la parte alta de la ciudad, estaban abiertos, como
si se quisiera dar un chasco á la noche.

Vino á mi mente la idea de hacer compras para los chicuelos,
y no pude hacerlo: esto me condenó á un positivo
martirio.... las horas negras revolaban sobre mi cabeza
con sus alas de cuervo.

Al pasar por lo que se llama Panadería de Viena, que
estaba luciente y concurrida como un salon de baile, quise
tornar un refresco.

Es de advertir que la Panadería de Viena se llama así,
porque allí se fabrica pan exquisito, especial, como no lo
habia comido en mi vida; pero en realidad es uno de los
más elegantes cafés de Nueva–York.

La Panadería de Viena está situada en un recodo de la
calle 9 que da á Broadway; el ángulo está guarnecido de
un hermoso barandal de hierro, que resguarda un pintoresco
jardin, en que hay un techo saliente sostenido por delgadas
y esbeltas columnas, y del que cuelga una profusa
cortina de lona.

Entre las flores, arbustos y macetas del jardin, se ven repartidas


308

simétricamente, mesitas con su tabla de mármol y
sus piés de fierro.

Los efectos que se sirven en el café de Viena, son de la
mejor calidad.

Mi curiosidad se despertaba al ver servir los chocolates
en graneles tazas, sumamente aguado y con cucharita, como
si fuera thé.

Me caia en gracia ver llegar á los criados por su helado,
que no sé por qué le llaman (ladrillo helado), y el criado, ó
el caballero, ó la lady, lo conducian muy orondos, hecho
piedra realmente, en su cajita de carton; y me divertia la canastita
curiosa de mimbres en que se sirve el pan, y la servilletita
cuadrada de alemanisco, con sus rayas encarnadas,
que solo sirve para limpiar los dedos y la boca, y no como
fungen las servilletas en nuestras mesas.

Sombría, hondamente sombría estaba mi alma, y no me
puedo dar cuenta de por qué, ansiando tanto volver á México,
y sintiendo en medio de aquel bullicio, hasta mis huesos,
el frio del aislamiento, hacia mi partida con tristeza, como
si me esperasen á la entrada de la patria más hondas
penas de las que yo sufria.

En los salones en que se advierte que se reciben señoras
y caballeros, no hay cantina, reina la mayor compostura y
son frecuentados por culta sociedad.

Algunos jóvenes, de regreso de los teatros y sus correrías;
algunas parejas afortunadas cantando en voz baja el
eterno y siempre nuevo duo del "yo te amo;" los picos del
gas reverberante, pero alumbrando fisonomías soñolientas
y flores como dormidas sobre sus tallos, todo tenia singular
aspecto.


309

Al retirarme de aquel sitio, me pareció oir voces en español
en una mesita colocada á la sombra; acerquéme con
cierta confianza, porque yo no sé por qué dí y tomé en
Nueva–York, que todos los que hablasen español tenian de
ser mis amigos íntimos por fuerza.

En esta vez no salió fallida mi extravagante regla: en
aquella mesita, y departiendo muy amigablemente, se encontraban
mis amigos Manuel Romero Rubio é Ignacio
Mariscal, á quienes, en union de Juan José Baz, habia visto
en la mañana en el consulado.

Dos de estos amigos, Romero y Baz, desentendiéndosede
los antecedentes que nos reunian en el extranjero,
atentos solo á los recuerdos de afecto, y acaso en vista
de mi mala posicion, fueron para conmigo finos y
hermanables.

Baz, ántes, con esa franqueza que forma el fondo de su
carácter, habia encontrado á mi hijo Francisco en la calle,
y sin esperar saludo ni cumplimiento, le llamó,

—Ven acá; tú no has de tener dinero; que nada te falte;
aquí me tienes, pídeme; poco te importa que esté ó no contento
con tu padre; tú eres su hijo y él es mi amigo.

Romero fué lo mismo conmigo, y cuando supo que hacia
apuntaciones, que buscaba noticias, se hizo mi colaborador.
De Mariscal ni se diga, lo quiero con el alma, tengo idea
que es de los hombres que nos han hecho honor en el extranjero;
él ha sido mi consultor y le debo muchas de las
observaciones que pueden tener mérito en esta obrilla.

—¿No tomas nada?

—Ya tomé una grosella.

—Siéntese vd.


310

—¿Pronto la marcha?

—Muy pronto.

—En fin, y se puede decir, replicaba Romero, que has
visto todo por encima, sin detenerte en nada.

—Para detenerme necesitaba yo, como vd., decia yo á
Mariscal, vivir ocho ó diez años en Nueva–York.

—¿Viste por fin la casa de Appleton?

—La ví y tengo ya mis apuntaciones.

—¿Y el Correo?

—Consta en mi cartera.

—¿Y la Escuela de ciegos?

—Idem.

—¿Y la de sordo–mudos?

—La ví y no la estudié, porque de esos establecimientos
conocemos por lo que hemos leido de Europa, porque
la escuela de México da idea de estos, adelantamientos, y
sobre todo, porque cuando supe que tú habias ido, tuve esperanza
de que me darias detalles.

—Los detalles, continuó Manuel, serian frios y no tendrian
interes; los procedimientos de la enseñanza ya los conoces;
pero puesto que lo quieres, te contaré mis Impresiones
de viaje:

"Se me habian hecho grandes elogios de la institucion
de sordo–mudos, proyectada en 1817, planteada en el de
1818, y que tuvo por uno de los primeros presidentes de su
Junta Directiva, á Cliton.

Desarrolló un plan completo de mejoras en 1831, Mr.
Henry P. Peet, y hoy cuenta 400 pupilos en un hermosísimo
edificio, en el centro de un parque, en Washington
Heigts, número 162.


311

De los treinta profesores del establecimiento, quince son
sordo–mudos.

Aunque la institucion se instaló y subsiste de la beneficencia
privada, hoy la Legislatura la subvenciona y el Estado
de Jersey mantiene allí cincuenta niños."

—Despues de esa introduccion, ya te supongo de viaje.


[Figure] ASILO DE SORDO-MUDOS.

—Te equivocas, he hecho ya el viaje, y mi charla de guía
fué para entretenerte en el camino.

Estamos á la puerta del grandioso edificio, y digo estamos,
porque lo visitaba en compañía de otros mexicanos.

Saliónos á recibir el médico del establecimiento y otros
caballeros (los supongo directores), que nos trataron con
aquella finura y atenciones con que tratan á todos los viajeros.


312

Comenzaron aquellos señores por enseñarnos las oficinas
todas del servicio del establecimiento, haciendo curiosas reseñas
de la organizacion administrativa; ya conoces esto:
la cocina con todas sus secciones, comunicacion de vapor,
tubos, asadores, etc., la lavandería, el comedor, todo perfectamente
aseado.

Despues de recorrer estanques, leñeros, ventiladores y lo
más íntimo, ascendimos á la primera seccion de enseñanza
para los niños que comienzan, y tienen doce años lo ménos.

El sistema es una combinacion de señas, y como ilustracion
el objeto.

Hay un salon con grandes pizarrones, cada niño tiene su
jis. En el centro de la pieza se ve una mesa con varios artículos;
por ejemplo, sombreros, bastones, guantes, velas, vasos,
etc.

Se designa y tiene en la mano el objeto, se dice por señas
su nombre, se escribe en seguida.

—Sin duda un estudio profundo ha demostrado á los autores
del sistema, añadí yo, que nosotros percibimos grupos
ó conjuntos y que la particularizacion de esos objetos es el
nombre sustantivo: así se podrán comparar dos bastones y
los distinguirá el adjetivo, etc.

Para cerciorarse el profesor de si ha comprendido el discípulo,
escribe el nombre del objeto y el niño lo designa ó
lo conduce.

Despues, por medio de cambio de lugares de los objetos,
da idea del verbo, que es el enlace de los nombres, su accíon
y la vida del idioma.

Esto puede decirse que es lo rudimental; pero el apoteósis
del esfuerzo humano, la lucha con el infortunio, estriba


313

en hacer hablar á los sordo–mudos, y esto, aunque lo habia
oido decir, me maravilló.

Careciendo el discípulo de idea del sonido, no se pudo
aprovechar ese elemento; pero se aprovecharon las ideas
de los signos y se inventaron figuras que correspondiesen
á los movimientos de los labios, á la posicion de la lengua
y á la emision del aliento sonoro, de suerte que hubo una
especie de escala para las vocales, etc.

Hecha la articulacion, aparece la letra y hace visible la
palabra que comprueba la presencia del objeto, así con el
signo convencional, así al frente, y el preceptor delante armado
de infinita paciencia, balbute "papá," "mamá," "amo,"
y palabras fáciles como "baba," "papa," "ama," etc.

En este ejercicio se adiestran tanto los niños, que por el
movimiento de los labios comprenden á sus preceptores,
platican y entran en perfecta comunicacion.

—Yo no sé, continuó Romero, por qué me conmovió
tanto aquella gloriosa restitucion del hombre á la sociedad.

El sabio y venerable preceptor nos pidió, sin duda para
presentarnos una prueba especial de los adelantamientos de
sus discípulos, que escribiésemos alguna cosa para que lo
repitiese una preciosa niña, brillante de inteligencia y hermosura.

Un amigo escribió no sé qué sentencia en español.

Aquello lo tradujo la niña en sus signos, y articuló la sentencia
en español, con la misma propiedad que uno de nosotros.

Entramos por último al salon de adultos, que alumbraban
rasgadas ventanas, y que columnas, muebles, plataformas y
techumbre, eran grandiosos.


314

El director nos presentó á sus discípulos como mexicanos
notables, con expresiones de cortesía.

En seguida ordenó que escribiesen alguna cosa alusiva á
nuestro país.

Cientos de manecitas como palomas con sus picos blancos,
volaron sobre los pizarrones, y dejaron líneas como
huellas de su tránsito.

¡Qué elevacion de ideas! ¡qué conocimiento de nuestra
historia! Muchas inscripciones decian, que algunos creian
que habia diferencias entre su nacion y la nuestra, que dios
era la paz, y el triunfo de la razon y la justicia, la grande aspiracion
de los pueblos....!

Repito, dijo para terminar Romero, que yo estaba abismado
y que nunca olvidaré mi visita á la institucion de sordonindos.
Esta es la causa porque lamentaba que la hubieses
mentado de paso, y que no te hubieses detenido á
examinarla.

Dí las gracias á mis amigos por sus atenciones, y me retiré
al hotel, que estaba sepultado en profundo sueño....
Ardia, sin embargo, la luz de la desconocida de la leyenda
de la Monja.... ¿Me detengo?.... ¿Disparo contra esa
puerta un adios postrero.... que tiemble el mundo....?
Juicio, Fidelillo, y á dormir.

Dormí muy poco y con extremada agitacion. Antes del
alba, Maguet estaba de pié junto á la mesita en que yo escribia,
poniéndome la mano en la frente, con aquella su tiesura
de palo, para cerciorarse si estaba yo enfermo: por sí ó


315

por no, me llevaba un tazon de té en que cómodamente me
hubiera podido dar un baño.

Con mucha formalidad, y siguiendo una espontánea inspiracion
de mi gratitud y mi ternura, me puse á escribir los
nombres de aquellas personas con quienes tenia obligaciones
contraidas y á las que deseaba decir adios, fuera de
aquellos de quienes he hecho especial mencion.

El Sr. Dana, director del Sun, y persona en quien no se
sabe qué admirar más, si la probidad ó el talento, fué la
primera persona que ocupó mi lista.

Le merecí franca y leal amistad; pero además, todo mexicano
le debe especial consideracion.

Por un sentimiento espontáneo de simpatía, porque estén
de acuerdo con sus ideas las que nosotros defendemos, ó
por lo que se quiera, jamás se tratan las cuestiones de México,
sin que M. Dana esté de nuestra parte, con un conocimiento
exacto de las cosas y con admirable desinteres.

Los Sres. García, de Las Novedades; los redactores de
La Voz de Cuba; el Sr. Macías y otros literatos distinguidos,
merecen mi profundo reconocimiento.

Los Sres, Cisneros, Aguilar, Agramonte, Jardines, Roselló,
á todos queria hacer patente mi reconocimiento, y me
disponia á salir, cuando Francisco, que habia arreglado lo
conducente á la marcha, me dijo que queria que le acompañase
á tomar los boletos.

Emprendimos el viaje hasta la parte baja de la ciudad, en
donde están los despachos de líneas de vapores, ferrocarriles,
express, y como quien dice, las llaves para abrir todas,
las puertas del mundo.

Cuartos y salones extensos tapizados de mapas, guías,


316

derroteros, instrucciones para viajeros, todo se encuentra
allí explicado por corteses dependientes, que se esmeran en
particularizar detalles, y que le llevan á uno como por la mano
á los puntos á que quiere dirigirse.

En estantes, á la entrada de esos salones, hay grátis y al
alcance de todo el que quiera, mapas y directorios utilísimos.

Quedó arreglado el envío del equipaje, el cochero que habia
de pasar por nosotros á las siete de la noche, y cuanto
podiamos apetecer.

La ciudad me parecia más bella y animada; sus altas paredes,
sus magníficos edificios, sus cúpulas, sus torres, sus
banderas, como que salian á verme partir, y me señalaban
entre aquel tumulto de coches, de carros, de vendedores, de
hombres de negocios y de paseantes.

El almuerzo fué tristísimo; se trataba de cosas indiferentes;
pero el eco de la voz tenia amargura, y no se atrevian
á encontrarse nuestras miradas.

La lluvia se desató á torrentes; yo me encerré en mi cuarto,
y para distraerme del fastidio que me agobiaba, me puse
á copiar y extractar del New–York Times lo siguiente, que
me pareció curioso.

Pero es el caso que dentro del periódico, y como por vía
de introduccion, habia puesto no sé cuántas sandeces que
en aquellas circunstancias se avenian con la disposicion de
mi espíritu, como un par de pistolas con un Santocristo.

No quiero, rematadamente no quiero poner ni quitar letras:
allá va el extracto con todo y copete inadecuado y estrambótico.

Ahora que reviso mis apuntaciones, como quien repasa
un exámen de conciencia, veo lo muy superficial de mis estudios,


317

el mucho tiempo perdido en fandangos y bureos y
lo mal que corresponde el anuncio de Viaje á los Estados–Unidos,
con el diminuto y mal perjeñado texto de Fidel.

Me consoló un tanto de tan amargas reflexiones, convencerme
que este defecto mio es de familia.

Tenia un tio (que por algo se ha de empezar), que se la
daba de muy entendido en esto de mapas y estudios
geográficos.

Anunció un dia que se iba á encerrar con sus libros, y
cátenlo vdes. invisible para el comun de los mortales: los
que lo espiábamos por el agujerito de la chapa de la puerta,
le veiamos amontonando pergaminos, extendiendo papeles,
tirando líneas, y estudiando, lleno de afan, hasta las altas
horas de la noche.

Un dia salíó del estudio con un gran libro en las manos,
reclamando los honores del triunfo; abrió el libro con cierta
prosopopeya, entre asombrados circunstantes que leyeron
en la portada:

GRAN MAPA DE LA CATEDRAL.

Voltearon hojas y hojas que contenian varios dibujos de
flores, bailarinas, barcos y figuras caprichosas: como al medio
del libro se repitió el letrero de la portada:

GRAN MAPA DE LA CATEDRAL.
Agosto 10 de 1812.—Este dia hubo ahorcado:...

Todos quedamos estupefactos del modo de hacer mapas
del señor mi tio.


318

Pero mi pariente, á su vez, tuvo un padre venerable que
preparó en su casa una espaciosa galera con grandes divisiones.
La galera tenia escrito en la puerta:

GÁBINETE DE HISTORIA NATURAL.

Al cuarto nadie penetraba. Cuando murió el naturalista,
abrieron la bodega y encontraron un gato y una guitarra....
Yo no sé cuáles serian los planes del tio ni la analogía que
aquel sabio encontró entre el instrumento músico y el
gato.

De consiguiente, de esa escuela son mis Viajes.

Tratando de reparar en lo posible mi falta de gravedad,
pedí noticias, revolví volúmenes, y al cabo me encontré unos
papelejos que pueden dar en conjunto idea, aunque ligera,
del movimiento mercantil é industrial de Nueva–York, cosa,
aunque indicada varias veces, no considerada de un modo
especial en estos tan asendereados como contingentes
Viajes.

Vamos al extracto:

"En la bahía de que hemos hablado muchas veces, que
tiene seis millas, pueden caber gran número de buques, y
en años en que ha dado abrigo el puerto hasta siete mil, no
se han embarazado en sus movimientos.

En los rios del Norte y del Este hay extensas líneas de
muelles para descarga de las embarcaciones.

En las costas de New–Jersey, de Long Island, y al frente
de Broklyn, hay diques y represas las mejores del mundo,
y además grandes almacenes para depósito de toda clase de
efectos.


319

La exportacion del año fiscal que concluyó en Junio de
1877, fué:

Mercancías $ 632.980,854
Metálico $ 43.134,738
TOTAL $ 676.115,592

La exportacion de Nueva–York en el mismo tiempo, fué:

Mercancías $ 274.120,814—43%
Metálico $ 26.847,747—62%
TOTAL $ 300.968,561—44 1/2%

Esto representa poco más de la mitad del tráfico de exportacion,
por los 89 distritos de aduana de los Etsados–Unidos.
Lo que sigue en importancia á Nueva–York es
Orleans, que manda al extranjero 70 millones en mercancías,
de las cuales, 64 millones son de algodon.

La importacion de los Estados–
Unidos importó
$ 532.871,954
y del solo puerto de N. York $ 361.802,540

La exportacion de los Estados–Unidos á México fué
4.509,041, y esto nos parece exagerado, segun los datos de
que ya hemos hecho mérito.

Innumerables ferrocarriles cruzan en todas direcciones y
ligan entre sí los diversos Estados de la Union; los lagos
y los rios son vehículos poderosos que activan y desarrollan


320

las riquezas; el telégrafo lleva por los aires la palabra
en alas del rayo, para desenvolver en todas partes los elementos
de vida, y se ensaya el teléfono para que, íntegra la
voz humana, trasmita la expresion de la voluntad resguardada
en su túnel de gutta perca, que se balancea en el viento.

Muchos millones de fanegas de maíz y trigo se conducen
por vapor á Buffalo, y desde ahí, por vapores de canal, al
Canal Erie. El tráfico del Erie y otros canales del Estado
durante el año, es de cuatro millones de toneladas de
Oeste á Este y de diez millones de Este á Oeste, y su valor
doscientos millones. El valor del comercio interior del
Estado es de dos mil millones de pesos.

En el Estado de Nueva–York habia en 1865, 164 caminos
de hierro, teniendo un total de 11,019 millas de largo,
ó sean tres mil quinientas setenta y tres leguas.

El costo de su construccion y equipo fué 598.543,930, y
trasportaron 33,555,595 de carga, valiosa en 1,376.720,254.

Segun el último censo, habia en uso, en las 1,624 fábricas
establecidas en la ciudad, 1,261 máquinas de vapor,
129,577 obreros que devengan 63.824,049, siendo el capital
invertido 129.925,262, miéntras el costo de los materiales
empleados, ascendia á 178.628,930, y el producto á
332.951,120."

Dejé el papel, hostigado de los números, y esperé, pero
con susto y temeroso de quedarme á solas conmigo: solté
la pluma, iba y venia de uno á otro punto, tomé la pluma
de nuevo y escribí en mi cartera los siguientes versos:


321

CANCIONCILLA.

Aun tiene frescas flores
El tallo de mi vida,
Para adornar, querida,
Tu alabastrina sien.
Cuando de amor mis labios
Suspiran el idioma,
Se empapan en aroma
De férvido placer.
Cuando la triste nieve
Que Dios puso en mi frente
Con rayo refulgente,
Tu alegre juventud
La hiera enamorada,
Entónces verás pura
Circuir á tu hermosura
De indeficiente luz.
Las recias tempestades
Alientan á mi lira;
Cuando el dolor me inspira,
Mas alta está mi voz.
Y si impaciente rompe
Mis ligas el tormento,
Audaz busca mi acento
La inmensidad de Dios.

322

Yo he visto á los gusanos
Cebarse en mi agonía;
Yo he visto su alegría
Nacer de mi llorar.
Pero ellos en su fango
Se están miéntras el vuelo
Emprende alegre al cielo
Como ántes mi cantar.
Ellos los que mofaban
Mi elevacion de un dia,
En vil apostasía
Cayeron con baldon.
Ellos la faz inclinan
Delante de la historia
Que guarda la memoria
Del viejo trovador.
Pero tú siempre me amas,
¿No es cierto, encanto mio?
Ven tu dolor sombrío
Conmigo á disipar.
Y al posar en mi pecho
Lilia, tu frente bella,
Será como una estrella
Dormida sobre el mar.

GUILLERMO PRIETO.

Julio 27 de 1877.

Seguí despues:

"Está sonando monótono un organillo debajo de la ventana
de mi cuarto, repegado á la pared por la lluvia.


323

Toca el organillo una pobre italiana que tira de un carrito,
en donde duermen dos niños tan rubios, tan apacibles,
que no sé por qué me interesan tanto!

¿Qué es esta vida mia tan agitada y tan dolorosa?

¿Qué es este sembrar ilusiones siempre, para siempre cosechar
desengaños?

A nadie he dañado yo deliberadamente, y no tengo sino
motivos de dolor por todas partes.

No hay estúpido que no crea en mi país que para acreditarse
de hombre de talento, necesita decirme desvergüenzas.

Deja más huella una gota del Océano embebida en la
arena, que mi desaparicion de aquí....

Al cabo.... todos los caminos de la vida guian á la
tumba...."

Las sombras caian lentamente: poco ántes de las siete,
el Sr. Buzeti tocaba á mi puerta.

Es el jóven Buzeti de veinticinco años, delgado, patilla
poblada y ojos negros. Es mexicano de nacimiento y conserva
con orgullo su nacionalidad; su padre, frances de orígen,
residió en Veracruz mucho tiempo. Su familia vino á
negocios á Nueva–York; aquí murió el padre y se mantiene
la familia de las lecciones de una niña encantadora profesora
de música, y de mi amigo Emilio, corredor del comercio.

Buzeti, sin antecedente, se hizo mi amigo y fué mi compañero
inseparable, mi intérprete, mi guía y mi luz en este
laberinto, sin querer admitir por sus servicios retribucion
alguna.


324

Llegó el momento de la partida.

En el carruaje íbamos, sin pronunciar palabra ni vernos
las caras por la oscuridad, Francisco, Buzeti y yo......

Llegamos al muelle, atravesamos la estacion, mal alumbrada
por la luz artificial, como unas sombras.... la lluvia
arreciaba.... sonó el pito de la locomotora, y vimos avanzar
la luz del ojo del gigante, como abriendo un surco de
llama en un mar de tinieblas.....


TRENTON.—FILADELFIA.
BALTIMORE.



XVIII
Trenton.—Filadelfia.—Baltimore.—Llegada á Washington.

VOLABA el tren del ferrocarril como si fuera atravesando
un subterráneo; las tinieblas se presentaban
como espesos muros, el cráter de la locomotora lanzaba
erupciones de chispas que se desbarataban en centellas.

El interior del wagon era sombrío, las lámparas alargaban
su llama entre humo espeso que se pegaba al tubo; la
mayor parte de los pasajeros dormian, tomando esas figuras
estrambóticas del sueño, y la trepidacion ó cernimiento
del carruaje, les hacia mover como de una pieza, y como
movimiento de cadáveres.

Francisco, con su cachucha sobre las cejas, se concentraba
sin hablar palabra: despues de algun andar, me dijo:

—Vamos á pasar por Trenton, capital de Nueva–Jersey.


328

Algunos faroles, una casa de comercio abierta, fué todo
lo que conocí y de que puedo dar idea.

—Si de este jaez, dije á Francisco, son mis impresiones
sobre Filadelfia, me voy á divertir.

—Pues así serán, porque pasaremos por allí ántes de que
amanezca.

Hizo un alto el tren é ingresaron á él dos caballeros que
tomaron asiento frente á nosotros, saludándonos en correcto
español, muy cortesmente.

Yo respiré; ardia en ganas de hablar de Filadelfia, y
Francisco no tenia humor de darme gusto.

Los nuevos compañeros son originarios de Venezuela:
llámase el uno, el más jóven, D. Juan Herrera, y el otro,
D. Estéban Galvez.

Herrera, como yo, no conocia á Filadelfia; pero le importaba
un bledo, tenia suficiencia para figurársela poco más,
poco ménos, á la vez que Galvez trataba de instruirle con
particular interes.

—Esta ciudad (Filadelfia), decia Galvez, está situada entre
los ríos Delaware y Schuytkill, á seis millas de su confluencia
y á noventa y seis del Atlántico.

—Déjate de particularidades. ¿La ciudad es bonita? Me
han dicho que es tristona: no te canses, el que ha visto
Paris....

—Es la ciudad monótona, aunque regulares las calles.
Corren de Norte á Sur, y como en todas las ciudades americanas,
un nombre sirve para la extension de una vía, aunque
tenga varias secciones, y la numeracion es de pares de
un lado y nones del otro.

—Lo mismo da todo eso.


329

—¿Quién habia de decir á Guillermo Penn, observaba
Francisco, cuando en 1682 vino aquí con su colonia de
cuákeros, el sorprendente desarrollo de estos pueblos?

—Sin embargo, la emigracion fué muy rápida, objeté yo,
y se consideró como la ciudad más importante en tiempo
del gobierno colonial.

—Aquí se reunieron el primero y segundo Congreso, y
se hizo la solemne declaracion de la Independencia el 4 de
Julio de 1776.

—Tambien pueden citarse, dijo Galvez, como títulos históricos,
la reunion de la Convencion para formar la Constitucion,
en 1787, residiendo allí el Presidente de la Union.

—¿Y cuál será la poblacíon actual de Filadelfia? pregunté.

—Segun la estadística del año de 1876, Filadelfia contaba
817,448 habitantes.

—No es mal pico, dijo Herrera; pero ochenta grisetas
hacen más bulla y son más divertidas que esos miles de mochos,
complemento de sus máquinas.

—El comercio es muy cuantioso; el número de establecimientos
es 8184.

Los operarios empleados, 137,496.

El capital invertido, 174.016,674.

Y los productos del año de 1870, 322.004,517.

—Pero, hombre, te estás quedando dormido....

—Y tú tambien, me dijo Francisco.

—Pues si esto solo puede divertir á D. Bonifacio Gutierrez
ó á José María Mata.

—Yo creo, dijo Herrera, que en vez de esos bocados de
estadística, algo diéramos por descansar en el Continental


330

ó en Girard hotel, que dicen que son excelentes posadas.

—Muy caras, replicó Calvez, lo mismo que el hotel de
la Columnata, porque son cuatro pesos diarios los de más
lujo, ó tres pesos y medio los de segundo órden.

—Creo, me dijo Francisco, que en materia de cafés y
restaurants, Filadelfia no está á la altura de Nueva–York.

—Convengo, dijo Galvez; pero el Hotel–café, el Bresorter,
el Asher, son buenos restaurants, y en el Union league
Club
, se come como en el mejor hotel de Nueva–York.

—No hagamos comparaciones, dije yo; personas muy
conocedoras me han asegurado que la sola calle de Broadway
vale todo Filadelfia.

—Pues no crea vd. que Market St., que es en Filadelfia
la calle de los grandes negocios, es cualquier cosa; tiene cien
piés de ancho y es animadísima.

—Broad St. y Chesnat, son tambien hermosas, añadió
Francisco, y tienen, como Market, suntuosos almacenes.

—Nada de riquezas, ni de hermosura, ni de placer y
amor, dijo Juanito; vdes. repasan vejeces cuando tratan de
Filadelfia.

Allí está la iglesia más antigua, The old, Twed church,
construida en 1700 en el lugar que estuvo la primitiva, construida
en 1677. Allí, segun Estéban, llevan á vd. muy reverentes
los yankees á ver una casa grosera de ladrillo,
construida por Penn; más adelante, como si visitara vd. los
Santos Lugares, le enseñan un cafesucho de mala muerte,
donde se reunen hace más de un siglo los magnates de la
ciudad. Acullá un obelisco señala el lugar que ocupaba el
olmo, bajo cuya sombra hizo Penn su primer tratado con
los indios.


331

Paseando con un yankee, tiene vd. que mostrarse extasiado
en Carpenter's Hall, lugar donde se reunió el primer
congreso....

—De todo, lo que se puede considerar como más curioso,
observó D. Estéban, es el edificio llamado Independence
Hall
, grande fábrica en Chestenat St., construido de 1725
á 1735, con el costo de ménos de treinta mil pesos.

En una pieza del lado del Oriente se hizo la declaracion
de Independencia. La pieza se conserva con religioso cuidado
en el mismo estado que tenia cuando aquella declaracion.

Las mismas pinturas, los mismos muebles.

Hay en aquel edificio una estatua de Washington, de
mérito, así como retratos y reliquias de la revolucion, considerándose
como preciosa la campana que sonó inmediatamente
despues de hecha la declaracion de Independencia, y
á la que llaman Liberty bell (Campana de la libertad.) Todo
grande amor es fanático.

—Pues yo no tengo esa pasion por las baratijas, dijo
Juanito. Cuando me encarecen el mérito de un sombrero
de Napoleon, yo, siendo su dueño, lo daria por cualquier
sorbete de uso comun.

—Hazme favor, Juanillo, de reprimirte, dijo Estéban;
hazme el favor, porque á la tierra que fueres, haz lo que
vieres.

—Y de edificios verdaderamente notables, ¿qué me cuentas?
pregunté á Francisco.

—Que el Correo, la Aduana, y la Casa de Moneda, son
muy hermosos.

El Correo está concluyéndose y ya sorprende su magnificencia.


332

El extenso patio es de mármol azul, las paredes de
mármol blanco, la torre que corona el edificio tiene 450
piés de alto, ó sean ciento treinta varas, es decir, más del
doble de las torres de la Catedral de México.

La Aduana es una copia del Partenon de Aténas, y la
Casa de Moneda, de mármol blanco y construida del órden
jónico, es admiracion de los artistas inteligentes.

—La vez que más me detuve en esta ciudad, dijo D. Estéban,
no visité esas maravillas por ver el Asilo naval, ó sea
hospital para marineros inválidos.

Hay dos arsenales, el uno para la construccion de vestuario
para el ejército, y el otro para la fabricacion de municiones,
siendo de advertir que este es el más grande depósito
de pólvora de los Estados–Unidos.

—Siento que no veas la Penitenciaría. Su aspecto te inspiraria
una leyenda, porque tiene la forma de un castillo feudal.

El sistema adoptado es de separacion de celdas, no de aislamiento,
aunque el aislamiento se modifica cuando está muy
llena la prision, de modo que estén á la vista y sin molestarse,
dos presos en cada calabozo.

El prisionero está provisto de útiles y material para un
trabajo moderado, y tiene permiso para hablar con el capellan,
sus celadores, y los oficiales de la Penitenciaría, pero
no con sus compañeros de prision.

—Dejemos, si te parece, mercados, templos y bancos, interrumpió
D. Juanito; los templos son cerca de trescientos,
los mercados bien surtidos y los bancos riquísimos. Todo
eso lo traigo en la punta de los dedos; pero háblame tú
á la europea, no olvides que mi pasion es Paris. ¿Qué hay
de teatros?


333

—Pues creo que no te disgustaria el de la Academia de
Música, que tiene asientos para más de tres mil personas.

—Poca cosa, chico, poca cosa; en Paris hay por centenares
de esos teatros.

—Juan, contente.... porque te pasas de la raya.

—Sobre que cada parisiense vale por tres yankees: hay,
además, el teatro de la Calle del Arco, el de la Opera, el
Central.

—¿Y respecto á librerías? pregunté á Francisco.

—Abundan, así como las Galerías de Artes. En primer lugar,
se cuenta la Biblioteca de Filadelfia, instituida por la influencia
y bajo los auspicios de Franklin, que tiene 100,000
volúmenes.

Doce mil volúmenes más encierra la librería mercantil.

La de los Aprendices, la del Ateneo, la Alemana, están
perfectamente surtidas de libros especiales, y no menciono
librerías pequeñas, porque seria cosa de estarnos inventariando
bibliotecas toda la noche.

Lo verdaderamente admirable, se interrumpió Francisco
con cierto entusiasmo, es la Academia de ciencias naturales;
posee y exhibe en salones espléndidos colecciones riquísimas,
que se aumentan dia por dia, de zoología, ornitología,
geología, mineralogía, conchología, etnología, arqueología y
botánica. Agassiz afirma que hay más de 250,000 muestras,
y que es la más variada y hermosa coleccion de objetos
de ciencias naturales de cuantos existen en el mundo.

—A mí, dijo D. Estéban, me agradó mucho, cuando lo ví,
el Instituto Franklin para fomentar la mecánica y las artes
útiles. Posee el Instituto una biblioteca numerosa y escogida,
y los sabios dan allí lecciones al público, sobre ciencias.


334

—Con nosotros habian de dar, dijo Juanito; vaya vd. á
reducir á nuestra raza á que cultive el gusto de los sermones.

—Amigo, dije yo, para eso nuestros sabios; dicen que
son prodigios, cuando se paga á un médico ó cuando despabilan
media fortuna como resultado de un pleito; pero esas
becas de gracia, concedidas á los jurisconsultos; esas asignaciones
á la agricultura; esos aparatos científicos, no han
valido al pueblo, sino pocas veces, estoy por decir que ninguna,
una leccion sobre el uso de la garrucha, acerca de los
derechos del hombre; nada.... cuando más se dignan los
sabios censurar.... aunque peguen cada rebuzno cuando
abren los labios, que atarante....

—La Academia de Bellas Artes, continuó Francisco sin
fijarse en mi charla, es del estilo gótico; en extensísimos
salones de rasgadas ventanas hay galerías de pintura y escultura
muy valiosas, y modelos traidos de Francia é Itatalia
á todo costo; los trabajos están perfectamente distribuidos;
es prodigioso el número de alumnos, y muchos se
hacen notables por su aprovechamiento.

D. Juanito dormia en el hombro de D. Estéban; Francisco,
que es poco afecto á la conversacion con personas desconocidas,
se bajó hasta la punta de la nariz la visera de su
cachuchilla, y yo seguí en vela en el wagon, aburrido y
asendereado, esperando con ansia que llegase la luz.

Pero quiten vdes. de ahí, si la noche era como el alma de
Judas de negra, y la lluvia repicaba que era un contento en
los cristales del wagon....

De pronto paró el tren; serian las once de la noche; yo
creia que habia ocurrido alguna desgracia. Era simplemente


335

arreglar la locomotora para que atravesase el tren un costado
de la ciudad. Antes se atravesaba ésta, tirados los wagones
por caballos.

Al fin, por media hora cesó el ruido y cesó el movimiento
que me traia desencajados los huesos.

Francisco me sacó á la plataforma del wagon; pero, repito,
el cielo era de bronce, y de ébano la oscuridad en que
estábamos encerrados.

Algunas luces dispersas, como aves refugiadas de la tempestad,
se veian pegadas á altísimas vigas y á cornisas gigantescas
sin duda.... aquello, segun congeturaba, era una
estacion.

A cada uno de los fugaces, pero rapidísimos relámpagos,
como que brotaba sorprendente la gran ciudad con sus calles,
sus cúpulas, sus torres, sus macizos de árboles y su conjunto
inmenso; yo, en aquellas apariciones súbitas, le ponia
nombre á lo primero que veia, segun las reminiscencias de
mi guía. Aquel, le decia yo á Francisco, debe ser el Hospicio
de Pobres, que dizque lo forman cuatro edificios espaciosísimos,
que ocupan diez acres de tierra.

Los relámpagos seguian, y con ellos mis extravagantes
congeturas.

—De fé, le decia yo á Francisco, aquellos dos edificios
son el Colegio de ciegos y el de Sordo–mudos.

—Nada de eso: lo que señalaste es el Hospital de locos,
donde mereciamos tú y yo estar, por hacer viajes á vista de
relámpago.

—Pues, mira, estoy cierto que aquellas que nos parecian
inmensas murallas, son el Gran Parque de Filadelfia (Fairmount
Park).


336

—En efecto, atinaste por casualidad. Ese parque tiene
una extension de 2,740 acres. Se extiende por una y otra
ribera del rio Schukill y de Wissahickon Creek, por más de
13 millas. Contiene muchas bellezas campestres, más dignas
de una hacienda que del parque de una gran ciudad.

Los cuatro depósitos de agua que se ven en aquel parque,
para surtimiento de la ciudad, son admirables; la represa para
la formacion de esos depósitos tiene 16,000 piés de largo;
el agua se hace subir hasta la cima del monte, por medio
de ruedas y bombas.

En el parque hay una galería de pinturas, de las que algunas
son muy celebradas, como los cuadros de las batallas
de Gettysburg, de Rothermal, Cristo rechazado por el pueblo
judío y una gran alegoría de la Nueva República, pintada
por Powell.

Inmediata al parque se ve una extensa y abierta plaza en
cuyo centro descuella gigantesca una estatua de Abraham
Lincoln.

—Pon cuidado hácia Fairmount park. ¿Viste á la luz de
esos relámpagos continuados, como una ciudad de cristales
colorándose fantástica con la roja luz de la tempestad?

—Perfectamente: al Oeste de la ciudad, ¿no es cierto?

—Aunque se han destruido muchos edificios de los que
se hicieron en la Exposicion, otros muchos quedan en pié,
y siempre tiene belleza extraordinaria el sitio que encierra
un extenso y cristalino lago, pequeños valles tapizados de
aterciopelado césped, grupos de árboles y accidentes de terreno,
que no embellecen á éste, comparado con el bosque
de Boloña por los franceses, y no puedo decirte más, me
dijo Francisco, porque, como sabes, no la ví.


337

—Yo tuve la fortuna de ver la Exposicion, observó Galvez,
y para mí fué sorprendente, acaso porque no la pude
comparar con las europeas.

El economista Molinari, que describe el terreno de esa
Exposicion, dice que tenia la forma de una montera extendida
en una superficie plana (comparacion rencorosa del
frances contra el yankee). La punta de esa montera la ocupaba
el departamento de agricultura; la base, dos departamentos
perfectamente iguales, llamados Main Building y la
Galería de las máquinas. El intervalo de las grandes secciones
descritas, lo llenaban construcciones de todas dimensiones,
de todos los estilos conocidos, de multitud de colores y
de objetos los más variados que puedan imaginarse. El autor
que acabo de citar, dice que eran ciento setenta y uno esos
edificios.

El detalle de la Exposicion debe vd. haberlo visto en varios
periódicos, y tengo noticia que en México se publicaron,
con este motivo, artículos muy notables de Bachiller y
Morales.

Hizo esta cita Galvez y entramos al wagon, porque nos
comenzaba á molestar la lluvia.

—Los he leido, dijo Gomez del Palacio, y en ellos te
puedes imponer á tu gusto de cuanto desees saber.

—Yo, quien habria deseado, añadí, que hubiese publicado
sus apuntaciones sobre la Exposicion, es nuestro distinguido
naturalista Mariano Bárcena.

—He oido mentar ese caballero con mucha estimacion,
y aun me valí de un amigo para que me lo presentase, dijo
Galvez.

—Bárcena es muy jóven y su modestia tal, que hasta que


338

no se dieron á conocer muy ventajosamente sus obras, no
se fijó en él la atencion.

De mediana estatura, robusto, sin tocar ni de léjos á la
obesidad, sus movimientos son listos y de hombre acostumbrado
á las fatigas.

Rosado, cariredondo, de ojos negros y nariz proporcionada,
un ligero bigote sombrea sus labios, y sus ojos, aunque
no grandes, son expresivos y brillan con la luz intensa de
la penetracion y del talento.

En su trato familiar, lleva Bárcena la modestia hasta el
punto de confundirse con el comun de las gentes; aunque
siempre entregado á estudios gravísimos, no esquiva la sociedad,
es alegre y consecuente con sus compañeros de colegio,
y con todo el mundo finísimo y considerado.

Ama los viajes con delirio: nunca más feliz que cuando
cabalgando en un caballo tísico, sin más equipo que una
maleta y un criado á su lado con sus instrumentos científicos,
se lanza en pos de raíces y pedruscos, penetra en las
cavernas y escala las montañas.

Vuelve cargado de cada expedicion, de objetos preciosos
para las ciencias, y entónces le cercamos, nos charla, nos
instruye, y los que tenemos el honor de tratarle, confirmamos
la merecida opinion de que disfruta en el mundo científico,
y nos envanecemos con la gloria pura y universal de
ese guapo muchacho, honra de México.

Cada vez que en mis articulejos de chismografía tropiezo
con algo científico que me deja á oscuras, ocurro á su celda,
porque así pueden llamarse las piececitas que ocupa en
el Museo, y allí, entre un fémur de mastodonte, esferas, pajarracos
y pedruscos, está Bárcena como la mosca en la miel.


339

—Dígame vd., Mariano, qué hay sobre tal materia, porque
si no, invento y sale una sarta de barbaridades que entuman.

Bárcena ríe, me hace con suma paciencia luminosas explicaciones,
y salgo de su cuarto, echando chispas de entendido
y hasta de sabio.

Cuando volvió de la Exposicion de Filadelfia, le asalté, y
sin más ni más, le pedí sus apuntaciones. (Hablando así,
tomé unos papeles de mi bolsa de viaje).

—Sr. Prieto, todas están en desórden; pedazos de papel
por aquí, cálculos de lápiz por acullá.

Y solo íntegro lo relativo á su informe oficial, muy ordenado
y pronto á presentarse....

—¡Hombre de Dios! ¿por qué es vd. tan árido? Yo venia
buscando lo que ha encontrado vd. adaptable á México....
vd. pensará, yo charlaré, y al último, vulgarizaremos
los dos los conocimientos.

—No crea vd., me dijo mi sabio amigo, que he descuidado
lo que vd. me dice, ni que me he olvidado de vd.; pero
ya vd. ve que tengo muy poco tiempo disponible: en
prueba de mi buena voluntad, vea vd. esta carpeta.

Ví la carpeta, y con mucha satisfaccion mia, leí que decia:
"Para platicar con el Sr. Prieto."

Sin esperar razones, me apoderé de la carpeta, que contenia
una porcion de apuntaciones escritas con pluma y con
lápiz.

—Pero.... dije yo, ¿qué demonio de solfa tiene vd.
aquí?

—Son apuntaciones muy privadas, indicaciones más bien,
que me proponia desarrollar al hablar con vd.


340

—Veamos cualquiera de esos papelitos, que me están
mirando como cosa mia..... Haber ese de líneas coloradas
y azules, que parece arrancado de un libro de caja.

DEPARTAMENTO DE MAQUINARIA.

Ese, ese, exclamé con impaciencia; yo no conozco más
departamentos de maquinaria que las oficinas públicas.

Bárcena leyendo:

"Amplio y vistoso edificio; tiene 1,402 piés de largo
y 360 de ancho; costó 542,300 pesos. En el centro del
edificio habia una máquina de vapor con fuerza de 1,400
caballos. Esta comunicaba movimiento á las otras máquinas
que poblaban el edificio."

—¿Qué dice aquí?

Máquinas industriales, leyó Bárcena.

Para hacer ladrillos, leí yo.

"Las principales eran una francesa y otra rusa. Se ponia
en ellas el lodo, tal como se encontraba en el campo, y por
un simple movimiento de la máquina, salian ya cortados y
perfectamente comprimidos los ladrillos."

—Vd. ve: en México se hacen barrancas para extraer la
tierra, se forma el lodo, se bate, se le mezcla estiércol, y no
sé despues cuántas operaciones se hacen, que los ladrillos
resultan malos y caros.

—Léame vd., Sr. Bárcena, ahí donde habla de la máquina
para hacer cubiertas de cartas.

Mi amigo leyendo:

"Entraban en ella los pliegos de papel; un golpe cortaba,
otro doblaba, y las cubiertas se acomodaban en una rueda


341

que las pasaba sobre un gran cepillo con goma, que untaba
sus bordes. Esto seria utilísimo para oficinas y toda clase de
establecimientos."

—Y como creo que esas máquinas serán muy poco costosas,
habria modo de que las adquiriese la gente pobre, y
aun un recurso para las mujeres.....

—Esta otra no. Vea vd., siguió Bárcena:

Máquinas de cortar rocas. Habia varias: la de Emerson
laminaba las rocas con gran facilidad; las losas salian
pulidas.

—Y el Ayuntamiento, ¿tendrá noticia de esas máquinas?

—¡Oh! ¡oh! seria una falta de patriotismo no hacer contratas
con nuestros paisanos.

—Eso que está ahí escrito interesa muchísimo á nuestro
país.

—¿Qué cosa?

—Las bombas. Léame vd., Sr. D. Mariano.

—Las bombas, continuó mi complaciente amigo, se encontraban
funcionando en un vasto estanque que se hallaba
en el mismo edificio de la maquinaria: habia algunas de gran
poder, propias para minas. Se recomendaban entre otras las
ele Blake, Hardik, Kowles, etc.

Las automáticas de Sloushour, las movia un hombre muy
fácilmente, dando impulso oscilatorio á una palanca: pueden
servir para sacar agua de acequias y canales, para practicar
riegos, etc., etc.

Todas las máquinas funcionando á la vez, producian bosques
de chorros, laberintos de corrientes, capelos, abanicos,
lluvias, polvo de plata y todo lo que la imaginacion de vd.
puede concebir.


342

—Precioso, preciosísimo es eso, le decia yo á mi amigo,
y de muy fácil aplicacion.

—Por supuesto que no faltarian amigos del trabajo, que
dijeran que quedaban con todo esto brazos ociosos.

—Para eso, atenerse á la uña para excavaciones, y á los
buches para trasladar el agua de un punto á otro.

—Entre las máquinas agrícolas, esta para hacer cercas,
va á llamar la atencion de vd. (leyendo):

"Habia una máquina muy curiosa; se ponian en ella algunos
trozos de madera y salian divididos en láminas que
tenian agujeros cilíndricos equidistantes; por otro lado salian
tallos cilíndricos; con esos materiales se hacian cercas. Las
láminas se clavan en el terreno y los tallos cilíndricos se pasan
por los agujeros de aquellas.

"Entre las máquinas para cortar pastura, las habia que
aprovechan tallo, mazorca y hojas.

Entre las de segar me llamó la atencion la que practica
la operacion, coloca tallos y espigas y forma atados ó haces
con hilo ó con alambre...."

La relacion que hacia á mis compañeros de mi entrevista
con el Sr. Bárcena, reproduciendo el diálogo y leyendo las
apuntaciones que me dijo, fué imperfectisima, olvidando
mucho y quitándole el aplomo que en estas descripciones
da á su dicho el hombre de la ciencia; pero tal como es,
mató el fastidio de la espera, y apénas nos apercibimos de
que continuábamos nuestra marcha.

Los compañeros todos, aunque guardando difíciles equilibrios,
se quedaron dormidos; yo no podia dormir, y tenia
necesidad de distraerme.

Don Estéban estaba en situacion análoga, y me decia:


343

—Es sensible que no haya vd. podido permanecer en Filadelfia;
es interesante y mucho, por la grandiosidad de sus
edificios y sus plazas, por sus recuerdos y por la diligencia
con que se acogen los adelantos de las ciencias.

Entre otras cosas, habria vd. gozado mucho con la vista
y conocimiento del Colegio Girard, magnífico establecimiento
para asilo é instruccion de huérfanos, fabricado y dotado
con dos millones de pesos.

Es gigantesco el edificio, todo de mármol blanco, deslumbrador
de riqueza y hermosura. En cuanto á las prrticularidades
de la vida de Girard, cuya memoria es tiernamente
amada en Filadelfia, poco puedo decir á vd.

Entretenidos con las anteriores pláticas y lecturas, no advertimos
siquiera cuando pasamos por Washington, capital
de Delaware, en cuyo hermoso astillero se construyen afamados
buques.

El conductor anunció que pasábamos por Baltimore, y
despertó Juanito, que habia dormido, como en lo general
duermen los tontos, es decir, perfectamente.

Don Juanito se habia quedado dormido precisamente leyendo
las Guías de Baltimore y Washington, de suerte que
pudo ostentar conmigo su erudicion, con aquella prosopopeya
y aquel aplomo con que se proponia aturdir á sus admiradores,
al regreso á la patria.

—Ahí tiene vd. una de las ciudades más importantes de
los Estados–Unidos, á la orilla del rio Patapso, con una
de sus entradas en la Bahía de Chesapeake, como quien dice,
tocando con la mano el Atlántico, que está á ménos de
cinco leguas.

Como si para esta gente no bastase con tantos elementos


344

de grandeza, hay un arroyo que se llama Jones Falls,
que corre apacible por el medio de la ciudad, la divide en
dos partes y la hermosea y fecundiza.

El puerto es amplio, seguro como un baúl y tan defendible,
que pudo resistir el terrible bombardeo de 1812.

—Muy bien, Juan, estoy contento de escucharte, le dijo
D. Estéban.

—Como que pienso, continuó D. Juanito, imprimir mis
Viajes en cuanto llegue á mi país.

—Entónces comenzarás refiriendo la fundacion.

—Diré que se eligió el sitio para la gran ciudad en 1722,
que se le puso nombre en 1745, en honor de lord Baltimore,
propietario de Maryland; por supuesto que le invento
al tal lord, cuatro anécdotas que saquen lumbre; que yendo
y viniendo dias, el puerto comenzó á ser visitado, se empedraron
las calles, se construyeron edificios y templos, y que
la poblacion subió por saltos, de este modo:

1797—Poblacion 26,000 almas.
1850—Poblacion 200,000 almas.
1860—Poblacion 212,000 almas.

y al presente muy cerca de trescientas mil almas.

Diré que dos magníficas líneas de vapores ponen en comunicacion
al puerto con Europa; que multitud de embarcaciones
llegan á sus aguas en demanda de lucrativos cambios,
y que una red de ferrocarriles trae y lleva, que es una
gloria, pasajeros y mercancías.

Despues de toser, fumar un puro, contaré á mis lectores
que en virtud de mis vastas relaciones y de mi amistad
personal con Hayes, que es chico de buen humor y á quien


345

le gustan mucho las hermosas, me procuré datos de las exportaciones,
que consisten en tabacos (informe del que me
vende mis puros), algodon (mi costurera), petróleo (el atizador
de los quinqués de cierto teatro), tocino, manteca,
queso, mantequilla (cualquier cocinero me pone al corriente
de lo que debo decir sobre todo eso). Diré, para concluir
haciendo sensacion, en un capítulo, que en Baltimore se benefician
los ricos minerales de cobre del Lago Superior, y
producen anualmente 4.000 toneladas de metal refinado;
que de ostiones, frutas y verduras, se venden 5.000,000 de
pesos, y 500,000 de cueros curtidos que se remiten generalmente
á la Nueva Inglaterra.

—Está muy bien, decia Estéban; pero con ese tonillo y
esa tu manera, te expones á que tengan por dudoso lo
cierto, porque esos datos son fehacientes, y las Guías, aunque
relaciones que andan de mano en mano, tienen en general
mucha exactitud, y los datos que contienen son tomados
de documentos oficiales.

—Eso lo debe suponer el lector, decia Juanillo; pero si
ensarto números y números, dimensiones y tablas de cuentas,
ya verás mi Viaje con un solo lector.... el de las
pruebas.

—D. Juanito, hágame vd. el favor de seguir su Viaje,
porque á mí me interesa, aun cuando solo sea de oidas, conocer
á Baltimore.

—Seguiré, continuó Juanito, diciendo lo que recuerde de
la Guía, porque este pícaro de Estéban acaba de cortar las
alas al génio.

Como en todas las ciudades de la Union, hay magníficos
hoteles y restaurants; si quiere vd. lo mejor entre los primeros,


346

pregunte por Carolton ó Barnim–Hotel, y en cuanto
á los segundos, Pappes es sin duda el mejor atendido.

Once líneas de wagones trasportan á vd. donde le parece,
momento por momento; y en cuanto á carretas, carros
y carritos, ya vd. sabe lo que son estos tios de viciosos.

La calle que tiene por nombre "Baltimore," es la principal
de los negocios, sin que dejen de tener importancia,
Broadway, la plaza de Mont–Vernont y las que rodean los
muelles.

Por más que hablen á vd. de los muchos y grandiosos
edificios de Baltimore, los que se singularizan son el Cambio,
que tiene una fachada soberbia de 240 piés, cuya fachada
la decora una columnata de mármol de Italia, espléndida,
el Banco y City Hall, que tuvo de costo más de dos
millones de pesos.

El Templo Masónico, que se usa para conciertos y lecturas,
tuvo de costo cuatrocientos mil pesos, y es elegantísimo
edificio.

El Teatro de la Opera, el de la Academia de Música, son
dignos de la hermosa ciudad, así como fuera de ella llama
la atencion el Circo de Jockey Club, destinado á las carreras
de caballos.

Los sabios pueden entretenerse con las bibliotecas del
Ateneo de Baltimore (15,000 volúmenes), la Mercantil
(26,000), Biblioteca Baltimore (10,000), Instituto Peabody
(56,000).

La Academia de Ciencias es con justicia celebrada, por
sus riquísimas colecciones de historia natural.

Hay suntuosos templos, aunque, por lo que he visto, á
todos los ofusca la Catedral Católica.


347

—Es realmente imponente y magnífica, dijo Estéban. Es
de granito, de forma de cruz, cuyos brazos tienen cada uno
177 piés de extension, la altura es de 127 piés.

Las dos torres, de estilo sarraceno, tienen la apariencia
de los minaretes de una mezquita; hay en la Catedral pinturas
de sobresaliente mérito, donaciones de Luis XVI y
Cárlos X.

No desdice Baltimore de las otras ciudades de la Union,
en el estado de su instruccion pública y sus establecimientos
de beneficencia y caridad.

—Vea vd., sobre esto, lo que dice la Guía: (leyendo)

Colegio de Medicina de Maryland.

Universidad de Washington.

Colegio de Jesuitas de Mujeres, de Baltimore.

Colegio Peabody, fundado por el eminente banquero
americano establecido en Lóndres, Jorge Peabody, destinado
á las ciencias y á la literatura.

La Universidad Hoppins, fundada por el rico propietario
de ese nombre, quien dedicó su inmensa fortuna á objetos
de educacion y beneficencia.

Entre los más notables establecimientos de caridad se señalan
el Hospital de locos, el de Ciegos y el Hospital del
bendecido beato Hoppins, el más hermoso de cuantos existen
en América, dotado para su asistencia con dos millones
de pesos.

—A Baltimore, interrumpió Francisco, se llama la Ciudad
Monumental, y en efecto, contiene monumentos que
cualquiera de ellos podria ser la gala de la ciudad, como el
llamado de La Batalla, erigido en memoria de los que sucumbieron
en defensa de la ciudad, en Setiembre de 1814.


348

El consagrado en honra de Wildey, fundador de la Orden
de los Odd-Fellows (rito masónico), en los Estados–Unidos,
y el que perpetúa la memoria de dos jovencitos heróicos,
muertos en la batalla de North Pourt.

Pero yo de lo que conservo apuntaciones, continuó Francisco,
es del gran monumento de Washington, construido
en la grandiosa plaza de Mont–Vernont, que es el más notable
de su género que he visto en mi vida.

Está situado el monumento á más de treinta y tres varas
sobre el nivel del agua: su base es de diez y seis varas
poco más, y siete varas de altura, y sostiene una esbelta columna
dórica de cincuenta y nueve varas, sobre la cual se
eleva una estatua colosal de Washington, de más de cinco
varas de altura, de manera que la total elevacion del monumento
es de ciento cuatro varas sobre el nivel del rio.
Está construido de ladrillo, con revestimento de mármol
blanco, y costó doscientos mil pesos.

Desde la balaustrada del monumento se disfruta una vista
deliciosa: la ciudad con sus mil torres, cúpulas y columnas,
se distingue entre sus verdes arboledas; el puerto, lleno
de embarcaciones, se extiende á la vista; cruzan los rios
alegres sementeras y se ven á sus orillas quintas preciosas;
el tráfico activísimo, á todo comunica animacion y aspecto
de contento.

En estas conversaciones, y al vislumbrar la luz, tocábamos
en Washington, y teniamos á nuestra disposicion tres
horas para dar un vistazo á la ciudad.

No obstante no ser ni accidentado el viaje de Nueva–York
á Washington, ni los carruajes incómodos, ni la concurrencia
desagradable, el trayecto me estropeó, acaso porque


349

la noche anterior la habia pasado sin dormir y lleno de
fatiga y emociones.

Francisco, que habia estado varias veces en Washington,
lo mismo que mis dos amigos, tenian más gana de dormir
y de desayunarse, que de servirme de instructores. Por otra
parte, bien á bien no amanecia, y no pude disfrutar de la
vista de los alrededores de Washington y de las estancias
elegantes de próceres de todas las naciones, en que se hermanan
las grandezas palaciegas con la imitacion de los paisajes
y de las estancias campestres. Esto lo sentí más, despues
de haber oido la magnífica descripcion de estos sitios,
por Manuel M. de Zamacona.



PARÉNTESIS



HABIA hace años en mi tierra un diputado tan amigo
de que no se perdieran en el olvido sus discursos,
que cuando cerrada una discusion no le tocaba la palabra,
al siguiente dia, en el periódico que tenia más á mano, iba
publicándose, como corriendo tras de sus lectores, el discurso
que debió haber pronunciado el diputado H***, con
tal motivo: creíase que no habia más allá en materia de
candor y amor propio; pero los que tal pensaron se llevaron
chasco, porque un espúrio del Parnaso, siempre que no
podia hablar en un convite, insertaba á vuelta de hoja en un
periódico: "Improvisacion del C. Verso–Cojo, con motivo
de tal solemnidad, etc., etc."

De ese jaez es el presente paréntesis: son apuntaciones
hechas con el propósito de aprovecharlas en un proyectado
viaje por la Nueva Inglaterra, viaje que no pude realizar;
y como un diputado y un poeta me habian dado un buen
ejemplo, yo no quiero ser ménos, y por nada de esta vida
me quedo con mis apuntaciones en el cuerpo. Allá van:


354

VIRGINIA.

Despues del descubrimiento del Nuevo—Mundo por Cristóbal
Colon, españoles y portugueses se lanzaron á los mares
en pos de prodigiosos descubrimientos, creyendo cada
quien, en el delirio de su ambicion, que les estaba reservada
la misma gloria que al inmortal genovés.

La Iglesia, que en aquellos tiempos en todo se ingeria,
acordó, por la mano de Alejandro VI á las coronas unidas
de Castilla y Aragon, todas las tierras descubiertas y por
descubrir, más allá de una línea imaginaria de uno al otro
polo, cien leguas al Oeste de los Azores, dando al Este en
propiedad á los portugueses.

Este arranqne de Su Santidad, que desheredaba del resto
del mundo á las naciones del antiguo continente, fué desatendida,
y la Inglaterra, la Holanda y la Francia, cuidándose
muy poco de la bula y de los anatemas de Su Santidad,
armaron expediciones, emprendieron conquistas y establecieron
colonias, combatiendo contra españoles y portugueses,
quienes, como dice Laboulaye, se empeñaban en
conservar el monopolio del nuevo mundo.

En 1496, de órden del mismo Dios, que habia autorizado
á Alejandro VI, la Inglaterra dió á Juan Cabot, veneciano
establecido en Bristol, una comision semejante á la
que Fernando é Isabel dieron á Colon. No habia más diferencia
sino que Cabot tenia que hacer los gastos á sus expensas,
reservándose el Rey el señorío de las tierras descubiertas,
y el quinto de los productos de la expedicion.

Armado de este tan amplio como disputable título, Cabot,
acompañado de su hijo Sebastian, hizo su primera excursion,


355

y en la segunda de sus tentativas, plantó en las Floridas,
como signo de posesion, la bandera inglesa.

El suelo que ocupaban los ingleses estaba habitado por
tribus salvajes; pero se les incluyó como entre las fieras, sin
representacion y sin derechos, porque en aquellos tiempos
era lícita toda iniquidad con los que no eran cristianos. Los
títulos fueron de la Inglaterra y España, que tenian su Dios oficial.

El primer ensayo sério de colonizacion, se intentó en
1584 por Walter Raleigh, persona caballerosa y novelesca,
el mismo que tendió su manto bordado sobre el lodo, para
que su soberana no se manchase los piés.

La concesion hecha á Raleigh fué amplísima, las tierras
extensas, y en cuanto á los emigrantes, se dejaban en plena
libertad para que se arreglasen en los términos más convenientes
con el lord propietario: Raleigh tenia una jurisdiccion
absoluta en pleno señorío.

En el primer viaje de exploracion se costearon las Carolinas,
y el país pareció tan encantador, que se le puso el nombre
de Virginia para perpetuar el recuerdo de la Reina Vírgen,
bajo cuya advocacion se habia hecho descubrimiento
tan feliz.

Raleigh, perseguido por un enemigo rastrero, fué acusado
de conspiracion y condenado á muerte por un jurado cobarde
y corrompido.

En su prision escribió obras muy estimables.

Despues de permanecer mucho tiempo preso, fué puesto
en libertad; pero sin sus bienes, sin representacion alguna,
vigilado y sordamente perseguido.

Exasperado por su posicion y por sus villanos enemigos,


356

se hizo pirata, y como el Drake, persiguió las flotas y galeones
españoles.

Aprehendido Raleigh en una de sus aventuras, se le revivió
indignamente la causa porque habia sido juzgado quince
años ántes, y se le decapitó el 26 de Octubre de 1618,
muriendo este personaje con notable entereza y dignidad.

El rey Jacobo trató de proteger las empresas de las lejanas
tierras, y aunque no fué siempre acertada ni bienhechora
esa proteccion, las colonias, bajo su reinado, tuvieron
notable desarrollo.

En 1606, dividió el Rey en dos grandes porciones el territorio
en que estaban colocadas las doce colonias que en
toda su extension tenian el nombre de Virginia.

Andando los tiempos, la seccion del Sur conservó su
nombre de Virginia, y la Norte tomó la denominacion de
Mueva Inglaterra.

La Nueva Inglaterra se componia de las colonias que siguen:

New–Plimouth, Massachutes, Rhode–Island, Providence,
Conneticut, New–Haven y Maine.

La carta de la concesion del establecimiento de la Colonia
de Virginia fué expedida á una reunion de mercaderes
de Lóndres, cuyos jefes eran: Thomas Gates, Georges Summers
y Ricardo Hakluyt.

La carta no era como la de Raleigh concediendo mando
y señorío: era un permiso mercantil para la pesca y el cultivo
de la tierra, aunque en ella habia artículos para alentar
la inmigracion.

A los colonos se declararon iguales derechos á los que
disfrutaban todos los ingleses.


357

En un principio los trabajos fueron en comun: se desconoció
el principio de propiedad y las consecuencias fueron
desastrosas.

En la Nueva Inglaterra se siguió el mismo sistema, aunque
los resultados fueron ménos funestos, merced á la intensidad
del sentimiento religioso, como veremos en su lugar.

Veamos á las colonias de plantadores bajo su aspecto político.

La direccion de la Compañía residia en Lóndres, la administracion
estaba encomendada á un presidente y á un consejo
local, nombrados por el Consejo de Lóndres con aprobacion
del Rey. Estas dos autoridades desempeñaban funciones
ejecutivas y legislativas.

La administracion colonial no tenia poder sobre la vida
de los colonos, y cuando se trataba de delitos de cierta gravedad,
los juzgaba Inglaterra. Los delitos en general eran
juzgados y castigados por el presidente, de acuerdo con el
Consejo.

A los colonos no se les otorgaron derechos políticos.

La primera expedicion se hizo en 1607, y su título único
de celebridad es que la dirigia el Capitan Smith.

El Capitan Smith es el héroe simpático del Romance
Americano.

"El mismo, dice Laboulaye, nos ha contado en un curioso
relato, su vida aventurera, sus combates contra los turcos,
su prision, su fuga atravesando la Rusia, y en fin, el
episodio más conmovedor de sus viajes, su prision entre los
indios salvajes, su condenacion á muerte, su marcha al suplicio
y la interposicion apasionada y sublime de la bella
Pacohontas, hija del Rey, salvándole la vida."


358

Smith, por sus combates con los indios, por su prevision
y constancia, merece el título de fundador de la colonia.

Hiciéronse otras expediciones á las órdenes de lord Delaware;
pero lo que dió vida á lá Virginia fué el cultivo del
tabaco, único producto de cambio: de él, y á pesar de la escasez
de dinero, dando más y más vuelo á la libertad de comercio,
fundó Virginia su prosperidad, debido al triunfo de
un gran principio económico.

Por aquellos tiempos, 1620, llegó á Virginia, procedente
de las costas de Guinea, un bajel holandés y vendió veinte
esclavos á los colonos. Esto dió orígen á la esclavitud en
los Estados–Unidos.

La division territorial, la cultura del tabaco, la consolidacion
de los elementos sociales, afianzados y garantizados
por la propiedad, hicieron que los plantadores reclamasen los
derechos de ciudadanos ingleses, ofrecidos por la madre
patria.

Sir Jorge Yardley, Gobernador de la colonia en 1619, convocó
una Asamblea compuesta de los propietarios de las
diversas plantaciones, y se nombró un cuerpo que fungiera
como legislatura, al lado del Consejo colonial.

El Consejo Superior de Lóndres aprobó lo hecho y expidió
una ordenanza, asegurando la libertad de los colonos y
con ella dando garantías á todas las fortunas.

La forma de gobierno dada á la Virginia fué una imitacion
de la constitucion inglesa, y ella sirvió de modelo despues
á las otras colonias.

Un Gobernador elegido por la Compañía, un Consejo permanente,
una Asamblea compuesta de los miembros del Consejo
y de dos diputados elegidos por cada planteacion por


359

los habitantes de ella, tal fué la organizacion del poder público,
que recuerda al Rey, á la Cámara alta y la de los Comunes.

El poder legislativo tenia amplias facultades; pero tenia
veto el gobernador.

El poder judicial estaba dotado de la robustez y seguridad
que en Inglaterra.

Las libertades acordadas á Virginia le auguraban gran
prosperidad; pero una invasion de indios en que los ingleses
rivalizaron en ferocidad con los mismos salvajes, hizo
necesaria la proteccion á los plantadores de la Compañía de
Lóndres; esto excitó los celos del Rey, quien conspiró por
la ruina de la colonia, hasta conseguirla.

Despues de una matanza horrible de los indios á los plantadores,
el Rey anuló la carta de conocimiento de la Virginia,
declarándole provincia real, en cuya condicion permaneció
hasta 1776.

El Rey Jacobo nombró un Consejo que dirigiese desde
Lóndres los negocios de la Virginia, reservándose el derecho
de dictar sus leyes fundamentales; pero la muerte paralizó
los trabajos del real legislador.

Cárlos I confirmó el monopolio del tabaco, que el rey
Jacobo le habia concedido para asegurar su fortuna.

De hecho, la colonia conservó su Asamblea y gozó las
libertades que habia conquistado á la sombra de la indiferencia
del Rey.

Los sentimientos arisrocráticos, el viejo realismo inglés
tomaron en Virginia poderoso ascendiente.

Con esta independencia de hecho, conquistó al fin la Virginia,
como derechos, en los dias de Cronwell:


360

Que Virginia conservara todas las libertades del pueblo
inglés; que la Asamblea general se reuniria como ántes á
dirigir los negocios todos de la colonia; que los habitantes
tendrian en todas partes y con todas las naciones la misma
libertad de comercio que la Inglaterra, y que no se podria,
sin el consentimiento de la Asamblea, imponer contribucion,
exigir préstamos, construir puertos ni mantener fuerza armada.
Es decir, la independencia más completa, sin más
que sombras de respeto á la madre patria.

Cárlos II, á su avenimiento al trono, mandó que se restringieran
las libertades concedidas á Virginia.

Desde entónces la historia de la Virginia no es sino la
historia de las luchas de la colonia contra las restricciones
y violencias de la metrópoli.

Las doctrinas que dieron por resultado el Acta de Navegacion,
pesaron con todo su rigor sobre la colonia, se instalaron,
crecieron en los mares, se edificaron fuertes á título
de perseguidores del contrabando, se llenó de esbirros aquel
suelo. En una palabra, en nombre de la proteccion á los
intereses agrícolas é industriales de la Inglaterra, se arruinó
la Virginia.

El 4 de Julio de 1676, los plantadores, á las órdenes de
Nathaniel Bacon, desconocieron la autoridad de Berkeley,
Gobernador de la colonia; siete meses duró la rebelion, que
se extinguió con la muerte de Bacon.

Entretanto, Berkeley mandó por auxilios á Inglaterra, y
aunque cuando llegaron, la paz estaba restablecida, le sirvieron
aquellos soldados para el ejercicio de crueles venganzas.

La insurreccion sirvió de pretexto á la corona para la negacion


361

de los derechos políticos á la colonia y el rigor de
las restricciones comerciales.

Nicholson, Gobernador en 1698, llegó á proponer la concentracion
de las colonias, todas en un solo cuerpo, con un
virey á la cabeza.

Por último, la conducta del Parlamento, más tiránica y
servil que la de los reyes mismos, fué la que preparó con
mayor eficacia la separacion de los dos pueblos.

Tracemos ahora con la brevedad posible la historia de la
Colonia del Norte, llamada Colonia Plimouth y más tarde
Nueva Inglaterra.

Esta, como observa Laboulaye, es una denominacion un
tanto arbitraria, porque nunca ha existido provincia ó Estado
de la Nueva Inglaterra; pero es un título especial y
característico, que designa cierta clase de colonias que se
distinguen del resto de América.

La Nueva Inglaterra es el panino del yankee (corrupcion
india de la palabra englisch ó inglés), ese tipo que no se
confunde con otro alguno; áspero, audaz, perseverante, independiente,
religioso, y el hombre de negocios.

Los Estados hoy comprendidos en la Nueva Inglaterra,
son Main, New–Hampshire, Vermont, Massachussets,
Rhod–Island, y Conneticut.

Digamos algo de historia.

La vida y el establecimiento de la Nueva Inglaterra se
debe al sentimiento religioso, y de él se verán afluir las libertades,
como de un modo espontáneo y natural.

Conocida es del mundo la Reforma Protestante encabezada
por Lutero; plumas elocuentísimas han hecho patente
su trascendencia y la revolucion que agitó los espíritus.


362

Conocemos tambien las modificaciones severas de Calvino
á los principios del grande innovador, y se menciona en
todas las historias la secta de Brown, cuyas interpretaciones
de la Reforma tuvieron séquito maravilloso.

Para nuestro objeto, baste saber que desatada, implacable
la persecucion contra los llamados puritanos por la rigidez
de sus creencias y su apartamiento de la dependencia
del poder temporal, se redobló contra ellos la crueldad, hasta
ordenarse su expulsion del Reino Unido.

La doctrina de Brown no admite potestades ni categorías;
en la Iglesia admite creyentes; ellos nombran su pastor
de entre sus miembros, sin más requisito que merecer
su confianza y que el electo proteste profesar sus creencias.
Todo se decide por el voto universal de la congregacion
de Cristo, como dice Milton.

Visiblemente, observa Laboulaye, la república estaba en
gérmen en esta doctrina de los puritanos.

Hé ahí á la Iglesia abrigando en su seno el embrion poderoso
de la democracia pura.

Hostigados los puritanos por la persecucion cada vez
más y más cruel, emigraron á Holanda; allí vieron que las
recientes colonias de América podrian ofrecerles asilo y
campo para el desarrollo de sus creencias, y obtuvieron fácilmente
una concesion para trasladarse al nuevo continente.

El 17 de Setiembre de 1620, despues de un riguroso
ayuno, los padres peregrinos (father pilgrims), así llamados
por el respeto de la posteridad, se embarcaron en el
navío llamado Flor de Mayo, célebre más que otro alguno,
por llevar en aquellos hombres los gérmenes de ideas y de


363

naciones que habian de asombrar al mundo por la sorprendente
eficacia de los principios liberales.

Aunque el destino de los peregrinos era á las orillas del
rio Hudson, el capitan del barco los desvió hácia el Este, y
extenuados por la fatiga, las enfermedades y la escasez, desembarcaron
en la costa, al pié de una roca, llamando á aquel
paraje Nuevo Plimouth, en memoria del último punto que
habian abandonado en Inglaterra. La roca de Plimouth es
un objeto que hoy se ve con particular veneracion.

Poco ántes de desembarcar los peregrinos, sobre la cubierta
de la Flor de Mayo firmaron, de comun acuerdo, un
convenio en que estipulaban hacer tan justas y tan equitativas
leyes, ordenanzas, actas y constituciones, como conviniese
al bien y prosperidad de la colonia, para lo cual se
sometian á la más completa sumision y obediencia: esta acta
tiene fecha II de Noviembre de 1620.

Los principios de la colonia fueron penosísimos. Los
colonos no veian en torno de ellos, dice la historia, sino un
país miserable y desolado, lleno de animales y de hombres
salvajes, de los que se ignoraban el número y el grado de
ferocidad. La tierra estaba cubierta de nieve y sembrada de
zarzas y malezas. Todo tenia un aspecto, bárbaro. Detrás
de ellos no percibian sino el inmenso océano que los separaba
del mundo civilizado. Para encontrar un poco de paz
y de esperanza no tenian más arbitrio qne dirigir sus miradas
al cielo.

Como en Virginia, se quiso establecer el trabajo en comun,
y esto aumentó el malestar y el hambre. El error tuvo
corta duracion, el reparto de la propiedad devolvió el
valor á los colonos, mujeres y niños acudieron al trabajo, y


364

á poco se estableció un comercio de granos bastante lucrativo.

En cuanto al Gobierno, la igualdad era absoluta; entre
los peregrinos, la habian instituido y fomentado la persecucion
y la pobreza. Así, la democracia se escapaba, observa
Laboulaye, del seno mismo de la sociedad feudal, y la libertad
política triunfaba al lado de la libertad religiosa.

Un Gobierno nombrado por el sufragio universal, un
Consejo de cinco miembros y una Asamblea, tal fué la forma
constitutiva de Nuevo Plimouth.

Solicitaron su patente como concesion comercial, autorizando
á Williams Bracford; nadie se ocupó de la nueva colonia,
hasta Cárlos II que negó la concesion.

Anuláronse en seguida las concesiones á las colonias, y
la de Nuevo Plimouth fué incorporada á Masachussets, por
la Carta de Guillermo y de María, desde cuya época dejó
de tener una, historia particular.

La carta de la colonia de Masachussets se acordó al Marqués
de Buckingham y á algunos de sus compañeros distinguidos,
que más bien pensaban en vender las tierras que
en irlas á colonizar.

Como la persecucion religiosa no se relajaba; como el número
de puritanos crecia y se hacia más ardiente su creencia
con los sufrimientos, y como el espectáculo que ofrecia
la colonia de Plimouth presentaba atractivos á sus sentimientos
y á su sustraccion á la tiranía que pesaba sobre
ellos, muchos de esos puritanos abrieron negociaciones con el
Gran Consejo de Plimouth y lograron extensas concesiones
en Masachussets, Conneticut, New–Hampshire, Rhod Island
y Maine.


365

En 1629, Cárlos I constituyó á varios comerciantes concesionarios,
bajo el nombre de Gobierno y Compañía de la
Bahía de Masachussets, y le dió una carta semejante á la
que el mismo Rey concedió al Gran Consejo de Plimouth.

Fué confiada la administracion á un Gobernador, un Vice
y á un Consejo de diez y ocho personas, elegidas por los
friemens, ó como si dijésemos, accionistas de la Compañía.

En virtud de esta carta, recibió Masachussets trescientos
emigrantes puritanos, á los que conducia, no la ambicion,
no el amor á las riquezas, sino el anhelo de escapar á la
persecucion religiosa.

Uniéronse en sociedad religiosa, se estableció el culto,
que consistia en la predicacion.

Algunos emigrantes se separaron de aquel conjunto.

Pero la separacion de la metrópoli se hacia más y más
sensible, el espíritu de independencia cobraba en la práctica
mayor desarrollo, y al fin, dividiéndose la Asamblea en dos
Cámaras, cada una con el derecho de veto, se constituyeron
las colonias en 1664. Las colonias de Rhode Island, Conneticut
y New–Hampshire tomaron el ejemplo de Masachussets.

La libertad religiosa y la política se consolidaban á la vez.

Las colonias de Providence y Rhode Island debieron su
existencia al sentimiento religioso, pero bajo un aspecto diferente.

La intolerancia de los puritanos de Masachussets hizo que
reclamase los fueros de la santidad de la conciencia, Sir Roger
Williams, Ministro de Salem.

"Prohibir á un hombre, decia el venerable Ministro, que
se una á personas de creencia diferente, era una violacion


366

manifiesta del derecho natural. Arrastrar á determinada
Iglesia al que no cree, era precipitarle á la hipocresía. Nadie
debe sostener el culto contra su voluntad."

Estas simples y grandes verdades encerraban el gran
principio de la separacion de la Iglesia y el Estado, de la
creencia y la autoridad.

"Los magistrados, decia Roger Williams, no son sino
agentes del pueblo, no se les puede conferir autoridad espiritual."

"Separar de las almas el yugo que las oprime, es no solo
hacer un acto de justicia y caridad, es desenvolver una fuerza
poderosa, es empeñar todos los intereses y todas las conciencias
en conservar la paz y la libertad comun."

Proclamando y sosteniendo estas ideas, fundó Sir Roger
la Colonia de la Providencia, que se declaró abrigo de todas
las conciencias perseguidas.

Por aquellos tiempos, Ana Hutchunson agitaba Masachussets
con cuestiones sobre la gracia y vasos de eleccion, ardian
los ánimos, se enfurecieron las sectas, se prescribieron
penitencias y ayunos, y al fin fueron condenadas las doctrinas
de Ana, y ella desterrada de la colonia.

El Ministro Roger dió asilo á los expulsos en las vecindades
de Providence, y así tuvo orígen Rhode Island.

Providence y Rhode Island se reunieron bajo este último
nombre, tomando por divisa un haz de flechas, con esta
inscripcion: "Amor onicit omnia."

Al fin consiguieron los fundadores de la colonia su carta,
en que se consigna la más amplia libertad en materias religiosas
y el ejercicio de los derechos civiles.

En tiempo de Jacobo II se quisieron restringir las libertades


367

acordadas á Rhode Island, la colonia devolvió sus privilegios
en 1686, pero para recobrarlos en 1688 y conservarlos
hasta 1776, desarrollando aquellos principios sin modificacion
alguna, hasta 1842.

A la rivalidad de dos de los principales Ministros puritanos
de la Colonia de Masachussets, Cotton y Hooker, debe
Conneticut su nacimiento.

El último decidió emigrar con sus adictos y se estableció
en el fértil valle del Conneticut, donde ya habia instalados
algunos holandeses segregados del terreno de Manhattan,
hoy New–York.

Organizóse la Colonia como las de Plimouth y Rhode
Island, dominando el espíritu puritano y el democrático.

Concedióse el derecho electoral á todos los ciudadanos.
La legislatura y los magistrados se eligieron por la mayoría
del pueblo, y cada distrito, segun su poblacion, eligió sus
representantes.

Por ese tiempo se instalaba la Colonia de New–Haven,
bajo la direccion de Teófilo Eaton, Ministro religioso que
fungió de Gobernador cerca de veinte años.

Los colonos tuvieron su primera reunion bajo una encina,
y Davenport, su Ministro, les dirigió una fervorosa locucion.

Por la palabra y por la influencia de este Ministro, fué reconocido
que la Escritura era la regla perfecta de un Estado;
qne la pureza de la fé, y la rigidez de la disciplina, son
los grandes fines del órden civil, y que por consiguiente,
solo los miembros de la Iglesia tenian los derechos de ciudadanos.


368

La palabra de Dios fué proclamada la sola regla de los
negocios públicos.

En Masachussets, como en New–Haven, el derecho criminal
estaba tomado literalmente del Levítico y del Exodo.

La idolatría, la hechicería, la blasfemia, la traicion, el asesinato,
el falso testimonio, el adulterio, etc., eran castigados
con pena de muerte, porque así lo habia ordenado Moisés.

Confundidos el magistrado y el sacerdote en unas mismas
funciones, se descendió hasta lo más íntimo de la vida para
la reglamentacion; leyes que se han conservado con el nombre
de leyes azules.

Entraron en los reglamentos, vestidos, calzados, cintas y
dijes; se abolieron las pelucas, se prohibió el uso del tabaco,
se caracterizó en todo de austera, singular y extravagante,
la comunion puritana; pero en el fondo, las libertades todas
se afianzaron, en una moral sólida, robustecida por la fé religiosa.

La forma de gobierno fué la de las otras colonias: Gobernador,
Asistentes ó Consejo, elegidos por el sufragio universal.
Poder absoluto para gobernarse por sí mismos los
colonos. Jacobo II atacó la colonia y las libertades de Conneticut
como las otras; pero la noche que se les exigió su
carta constitutiva, en medio de un tumulto se extinguieron
las luces, se recogió la carta y se depositó en el hueco de una
encina que se conserva con la mayor veneracion.

Hé aquí en dos palabras la historia de New–Hampshire
y Maine.

Ya hemos dicho al hablar de la primera planteacion de
Masachussets, que vendió algunas tierras trasmitiendo su
concesion. De estas tierras fueron las que adquirió la Compañía


369

llamada de Lacoma, á cuyo frente estaban Georges y
Masson, que se las dividieron en dos secciones: la del Este,
que correspondió á Georges, tomó el nombre de Maine, en
honor de la reina Enriqueta, hija de Enrique IV, esposa de
Cárlos I; el Este se acordó á Masson, quien la llamó New–Hampshire,
del nombre del condado que habitaba en Inglaterra.

Masson murió á poco de instalada la colonia; ésta fué
abandonada; varios habitantes de Masachussets la ocuparon,
formando una pequeña república en que se gobernaban
electivamente.

Promoviéronse algunas disputas entre los antiguos y los
nuevos colonos: un poco de tiempo New–Hampshire se
incorporó á Masachussets, y al fin, se erigió como provincia
real, con su Presidente nombrado por el Rey, lo mismo que
su Consejo.

El poder legislativo lo formaban el Presidente, el Consejo
y miembros nombrados por los colonos.

La historia de Maine es poco más ó ménos como la anterior.

A Sir Fernando Georges fué concedida la direccion de
la colonia, con la jurisdiccion y derechos reales pertenecientes
al obispo del condado palatino de Durham.

La carta se hizo por el modelo comun; pero en ella se
reservaba la soberanía la corona.

En 1652, Maine reclamó toda la extension del territorio.
En 1665, Cárlos II le declaró bajo su proteccion. Apénas
se separó de la influencia de aquel Rey, Masachussets, sostenido
por una minoría, recobró su autoridad por la fuerza
de las armas.


370

Masachussets fué soberano de Maine. Los puritanos nombraron
Presidente del Consejo, y á los colonos solo se les
dejó el derecho de nombrar los miembros de la Asamblea
general.

En 1691, cuando bajo el imperio de una nueva carta se
convirtió Masachussets en una provincia real, Maine no fué
sino una provincia, hasta que despues de la independencia
cobró su rango de Estado soberano.

Laboulaye hace notar, al concluir la historia de las colonias
de la Inglaterra, en todas ellas la unidad religiosa, la
de raza y la identidad de instituciones.

En todas partes, dice el autor que hemos citado, vemos
hombres celosos de su independencia, con la conciencia de
sus derechos y con aptitud de gobernarse por ellos mismos.
En suma, un pueblo republicano por sus ereencias, instituciones
y costumbres.

El temor á las usurpaciones de la colonia holandesa de
las orillas del Hudson, provocó la alianza de las que se llamaron
Colonias Unidas de la Nueva Inglaterra, y en el pacto
primitivo están los gérmenes de su sólida constitucion.

Resistir unidas á los ataques exteriores, combatir las invasiones
de los bárbaros y mantener sus libertades, hé ahí
expresada la comunidad de interes, y palpitante la vida social.

La independencia fué la declaracion de hechos consumados,
y el reconocimiento forzoso de una emancipacion que
se habia verificado desde el nacimiento de las colonias.

La filosofía y la ciencia política deducirán de estos hechos
las consecuencias que crean oportunas.

Para nuestro objeto, baste lo dicho para dar á conocer,


371

aunque sea muy ligeramente, la historia de la parte más importante
de los pueblos que dejamos de visitar.

Mi impaciencia por recorrer, aunque fueran las principales
poblaciones de los Estados de la Nueva Inglaterra, era
extrema: proveiame yo de Guías, adquiria noticias y me
empeñaba en conversaciones sobre el yankee, personaje para
mí tanto más digno de estudio, cuanto que tenia ménos
puntos de contacto con cuanto habia conocido.

El viajero no puede ménos de estudiar con particulares
atractivos los Estados, que va á pasar mi charla en revista,
comenzando por los ménos importantes.

Portland, metrópoli comercial de Maine, es una ciudad
muy pintorescamente situada á la extremidad S. O. de Casco
Bay.

Desde la fundacion de Portland, su acrecimiento fué rápido.
En 1866 ocurrió un gran incendio que destruyó su
parte principal, ocasionando la pérdida de diez millones de
pesos. No obstante, la poblacion, en 1875, eran 34,420.

La Sociedad de Historia Natural de Portland es riquísima:
la sola coleccion de conchas, cuenta sobre cuatro mil
especies.

Muy notables son en esa Sociedad los gabinetes mineralógico
y zoológico y la librería, que cuenta más de quince
mil volúmenes.

La ciudad se pierde casi entre frondosísimas arboledas y
risueñas calzadas, sobre las que descuella el Observatorio,
objeto de la atencion y del estudio de los viajeros.


372

Digamos algo de Conneticut.

New–Haven es de las más grandes ciudades del Conneticut:
está situada á la cabecera de Island Sound, en un ancho
llano rodeado de pequeñas y verdes colinas que la hacen
muy pintoresca. Fundóse la ciudad en 1638, y fué declarada
con tal carácter en 1784, hasta 1875 que se declaró
una de las capitales del Estado.

New–Haven sirve de centro al tráfico de cinco caminos
de fierro que la hacen muy rica y animada; su comercio con
el extranjero es muy considerable y principalmente con las
Indias Occidentales. El comercio de cabotaje ocupa muchos
brazos y capitales.

Las renombradas manufacturas de New–Haven consisten
en maquinaria, quincallería, relojes, armas de fuego, carruajes,
órganos, pianos, joyería, objetos de cautchouc, etc., etc.
La poblacion de la ciudad es de más de 60,000 almas.

New–Haven se percibe blanqueando como dentro de un
bosque de olmos, y son estos árboles tan pomposos y magníficos,
que muchos le llaman la Ciudad de los Olmos. La
mayor parte de ellos fueron plantados á fines del siglo pasado,
por James Hillhouse.

La educacion pública es objeto de preferente atencion en
New–Haven: el colegio de Yale es considerado como uno
de los primeros de América.

Fué fundado el colegio en 1700, y trasladado en 1717 de
Saybrock–Point á New–Haven. En 1875 contaba 86 profesores
y 1,051 estudiantes. Además de su departamento
académico tiene escuela de medicina, de leyes, de teología,
de ciencias y de bellas artes.

Los edificios más notables son la Biblioteca, que tiene


373

90,000 volúmenes, y el Art bulding (edificio del arte), que
posee una numerosa y escogida coleccion de pinturas antiguas
y modernas.

HARTFORD.

Grande y general reputacion de hermosura tiene Hartford,
ciudad situada en la cabecera de la navegacion de
chalupas del rio de Conneticut, á cincuenta millas de Long–Island.
Comprende la ciudad un espacio de más de tres leguas
cuadradas; tiene de largo más de una legua y de ancho
más de legua y media.

Atraviesa á la ciudad el rio por once puentes, de los cuales
uno, atrevidísimo, de mil piés de largo, une la ciudad
propiamente dicha, con su parte oriental.

La ciudad fué fundada por los holandeses en 1638, y el
lugar de los primeros edificios ubicados en la confluencia
del rio, se conoce hasta la fecha con el nombre de Paso de
los Holandeses.

Los negocios que alimentan á Hartford son muy extensos,
no solamente por sus manufacturas, sino por sus seguros
de incendios y de vida, cuyos capitales ascendian en
1874 á 135 millones de pesos.

Sus manufacturas son: ferretería, quincallería, objetos de
laton, máquinas y calderas de vapor, máquinas de coser, armas
de fuego, instrumentos mecánicos, obras de plata y de
piedra, tejidos de lana, cubiertas fertilizadoras, y un gran
número de artículos de menor importancia. La poblacion
es de cuarenta mil almas.

La ciudad está trazada con bastante regularidad, son muchos


374

los edificios de piedra y de ladrillo, y la abundancia de
aguas le comunica perpétua alegría.

Las estancias ó casas particulares de los suburbios, están
entre verjeles y compiten en elegancia y belleza.

El palacio del Estado, la Casa municipal, el Correo, etc.,
son edificios de gran belleza. En el Senado hay un retrato
de Washington de cuerpo entero, obra de Stward.

Actualmente se construye un nuevo palacio para el Estado,
valioso en un millon y medio de pesos.

El Asilo para sordo–mudos de Hartford, fué el primero
que se estableció en América.

La Iglesia del Buen Pastor, es la que tiene mayor nombradía.

La fábrica de armas de fuego de Colt y la de W. Wat,
forman por sí solas una villa al S. E. de la ciudad. Sus tierras
se extienden desde la orilla del rio hasta la calle principal
(Maint St.), donde está la elegantísima casa de Colt.

BOSTON.

La gran ciudad de la Nueva Inglaterra, la que puede considerarse
como su opulenta metrópoli, es Boston, justamente
elogiada por los viajeros.

Boston está situada á la extremidad occidental de la risueña
bahía de Massachussets, y la componen un conjunto
de pequeñas ciudades, entre las que se distinguen tres grandes
divisiones: Boston, propiamente dicho, Boston Oriental
y Boston Meridional, con los otros pueblos como Rosburg,
Roschester, Charlestwn, Brigtory y Rosburg Occidental.

La primera seccion ocupa en una extension de 700 acres


375

un terreno accidentado y pintoresco, en el que sobresalen
tres airosas colinas que lo embellecen y caracterizan.

El nombre indígena de esta península significa Aguas
dulces
.

Los primeros pobladores le llamaron Fremont. Una estrecha
lengua de tierra, (The Nock), une á la península con
la tierra firme, que poblada y despoblada alternativamente,
hoy está cubierta de fábricas, establecimientos mercantiles
y lugares de activísimo tráfico.

En las aguas del puerto hay cincuenta islas, todas cultitivadas
y pobladas, como flotando en aquellas tranquilas
aguas, lo que ofrece á la vista un delicioso panorama.

El primer habitante blanco de Boston fué el Reverendo
Jhon Blackton, quien se supone clérigo episcopal y que llegó
en 1623. Vivió allí solo hasta 1630 que llegó Jhon Wintus,
despues primer Gobernador de Massachussets, que por
el rio vino de Charlestwn donde habia permanecido con algunos
emigrantes algun tiempo.

En 1635, M. Blackstwn vendió sus derechos á la nueva
y popular península por treinta libras (ciento cincuenta pesos),
y se trasladó á Rhode–Island.

La primera iglesia se construyó en 1632 y el primer
muelle en 1673; cuatro años despues se nombró el primer
maestro de postas, y hasta 1704 se publicó el primer periódico
titulado Boston New Letter.

Boston fué cuna de los primeros movimientos revolucionarios.

En 1822, la poblacion de Boston era de 45,000 habitantes.

1850 136,881 habitantes.

376

1860 177,840 habitantes.
1870 250,526 habitantes.

La agregacion reciente de Brigton, Charlestwn y Rosburg
Occidental, ha hecho subir la poblacion de Boston en
1876, á 341,919 habitantes.

El 9 de Noviembre de 1872 ocurrió el terrible incendio,
uno de los más horrorosos en los Estados–Unidos: duró el
incendio tres dias con sus noches; se aniquilaron muchos
hermosos y opulentos edificios, calculándose las pérdidas en
más de ochenta millones de pesos.

La ciudad está perfectamente surtida de hoteles, como
todas las de primera importancia en los Estados–Unidos.

El sistema de comunicacion en el interior de la ciudad,
basta á sus muchas necesidades; el servicio de tranvías es
perfecto.

Las calles, en la parte más antigua de la ciudad, son irregulares
y estrechas, como lo exige lo accidentado del terreno;
pero despues del incendio, las calles y plazas que se
han reformado, tienen mayor belleza y amplitud, y la calle
central está llena de árboles en su centro.

En las calles de Washington, la de Fremont y la de Winter,
hay mayor tráfico.

La avenida que atraviesa la parte más nueva de la ciudad,
tiene 240 piés de ancho (ochenta varas), y en el centro
un elegantísimo parque, descollando en él, sobre su magnífico
pedestal de granito, la estatua colosal de Alejandro Hamilton.

El barrio más de moda hoy es el de la Bahía de Back, al
Oeste de Common. La belleza de aquellos alrededores sorprende
y encanta; perdiéndose la vista en las frondosas y


377

alegres calzadas que los atraviesan y de la que es principal
Chesnut Hill Reservoir, de cinco millas de largo (poco más
de legua y media).

Entre los edificios históricos de los Estados–Unidos, el
más interesante, despues de Independence Hall, es Faneuil
Hall
, que tiene recuerdos históricos semejantes al de Filadelfia.

Este famoso edificio, "Cuna de la Libertad," como allí se
le nombra, está en Docke–Square, que tambien tiene reputacion
histórica, por el meeting de los patriotas revolucionarios,
que se verificó allí. Fué construido en 1742 por Pedro
Faneuil, comerciante hugonote, y cedido por él á la ciudad.

Destruido por el incendio de 1761 y reedificado en 1763,
se amplió muchísimo en 1805.

Las paredes del gran salon del edificio están adornadas
con los retratos de Washington, por Stuart; de Webster,
por Healy; de Samuel Adams, por Copley; de Quincy,
Adams de Everett, de Abraham Lincoln y del Gobernador
Andreu.

Los anales revolucionarios han dado tambien celebridad
al Palacio del Estado, que fué la gran Corte general de Masachussets.

La Iglesia de Cristo es la más antigua; pero tiene mayor
celebridad la Iglesia del Sur, que reunió á los patriotas y
sirvió de cuartel de caballería.

Contigua á la capilla del Rey, y haciéndola notable, se
distingue el primer cementerio que hubo en Boston, y en
el que están sepultados Isaac Joluyon, él Presidente Orostoni,
el Gobernador Winthrop, John Colton, etc., etc.

En el actual Palacio del Estado existen las célebres estatuas


378

de Washington, el Gobernador Andreu y los bustos
de Adams, Lincoln y Summer.

El Correo es un vasto y elegante edificio que tuvo de
costo un millon y setenta y seis mil pesos.

Los teatros más notables de Boston son: el antiguo, que
lleva su nombre, el del Globo, el del Museo y el del Ateneo.

En Music Hall (Conservatorio de Música), existe el órgano,
que por su grandeza y, valor, se considera como el
segundo del mundo.

Para dar idea de las bibliotecas públicas de Boston, diremos
que la principal es considerada como la más numerosa
y escogida de América. Contiene doscientos sesenta mil
volúmenes, además de cien mil folletos y la valiosa coleccion
de grabados de Torti. Es libre para todos, pero solo
los que residen en la ciudad pueden sacar libros fuera.

El Ateneo es un imponente edificio y una de las instituciones
de su clase mejor organizadas en el mundo, al decir
de los americanos. El Ateneo tiene tres pisos: el primero
contiene esculturas de gran mérito, entre las que hay de
Greenough, Crawford, etc., y numerosos modelos.

El segundo piso es una biblioteca que cuenta 96,000 volúmenes,
y el tercero una famosa galería de pinturas.

La Academia Americana de ciencias y artes, tiene una
biblioteca de 15,000 volúmenes.

El Museo de Bellas Artes es un elegante edificio que
contiene galería de estatuas, biblioteca, galería de pintura,
valiosas colecciones de antigüedades, esculturas egipcias y
algunas obras de arte, que se consideran las más valiosas
del país.


379

El jardin de horticultura es un verjel lleno de variadísimas
y bien cultivadas flores, con extensos y elegantes salones
en que se dan conciertos y lecturas.

La Sociedad Histórica tiene una biblioteca de 13,000 volúmenes
y ricas colecciones numismáticas, mapas, retratos y
curiosidades históricas.

Hay ciento cincuenta iglesias.

En cuanto á establecimientos de educacion, se ha llevado
el esmero al último extremo, y esencialmente en la educacion
científica, Boston ha tenido reconocida supremacía.
En 1876 habia ciento diez y nueve profesores en las escuelas
de leyes, medicina, ciencias físicas y teológicas.

La Universidad de Boston, fundada por Isaac Riech, sacó
de costo dos millones de pesos.

Gran riqueza de dotacion tienen los establecimientos de
caridad: el de Perkins, para los ciegos, es famoso en todo
el mundo; lo fundó en 1831 el Dr. Samuel Howe, y estuvo
bajo su direccion hasta su muerte.

El Carney–Hospital es hermosísimo, y lo sirven con particular
esmero las Hermanas de la Caridad.

El movimiento marítimo de Boston, le da rango eminente
entre todos los puertos de la Union; despues de Nueva–York
se considera el más importante puerto. Despues de
Boston, Salem es el mejor puerto de Masachussets.

Inglaterra envía á Boston sus tejidos, las colonias inglesas
y Cuba sus azúcares, y mantiene activas relaciones con
Haiti, las Indias Orientales, la Plata, la Francia, la Rusia,
etc.

En general, los artículos que Boston pide al extranjero
consisten en tejidos de lino, sedería, quincallería, efectos coloniales,


380

thé, vinos, aguardiente, especias, cueros, añil, palo
de tinte, etc., etc.

Boston se surte de Nueva–York, Pensylvania, Maryland
y otros Estados, de trigo, harina, avena, maíz, arroz, algodon,
tabaco. La plaza recibe más de un millon de barriles
de harina, 250,000 balas de algodon, etc., etc.

El comercio del Mediterráneo y el de la India, constituyen
la importacion de Boston. El primero se hace con la
Turquía por Smyrna; los artículos que ésta importa son:
plomo, salmon, azufre, limones, naranjas, higos, uvas, etc.

Otros artículos tienen su procedencia en Málaga, Sicilia,
Francia é Italia, como las almendras, las nueces, la crema
de tártaro, vinos, mármoles, aceite, jabones, etc.

Boston exporta para los otros Estados de la Union, salazon
de buey y de cerdo, pescado salado, seco y ahumado,
calzado, papel, tejidos europeos, muebles, clavos y cordaje
para buques.

El hielo es un artículo de riquísima exportacion, y se expenden
cantidades increibles para las Indias Orientales, la
China y la Gran Bretaña.

Existen treinta ó cuarenta bancos, cuyo capital se calcula
en 32.000,000 de pesos.

No es de nuestro propósito mencionar con detenimiento
los lugares de recreo, plazas y monumentos que embellecen
á Boston.

Los viajeros mencionan el Parque ó Boston–Common,
que ocupa 48 acres en el corazon de la ciudad, está cercado
de una hermosa reja de fierro, formado de prados que atraviesan
sombrías y bien terraplenadas calzadas, y tránsitos,
fuentes y glorietas.


381

Entre los más hermosos árboles se veneraba allí el olmo
viejo
, que se creia haber existido desde ántes de la fundacion
de la ciudad, y que á pesar de los muchos cuidados
que con él se tuvieron, lo derribó el huracan de 15 de Febrero
de 1876.

Cerca del olmo viejo se construyó con toda magnificencia
el Monumento de los soldados, que tiene noventa piés de altura.

El plinto del monumento forma una cruz griega ricamente
labrada, y en las cuatro esquinas se elevan otras tantas estatuas
simbolizando la Paz, la Historia, el Ejército y la Marina,
de tamaño colosal. La parte alta es una columna romana
de órden dórico, con cuatro figuras que representan el
Norte, el Sur, el Este y el Oeste, esculpidas en bajo relieve
al derredor de la base. El conjunto está coronado por una
gran estatua de la América, descansando sobre un hemisferio,
y cuatro águilas americanas con las alas extendidas.

Cerca de la calle del Parque está la hermosa Brower
Fountain
de bronce, fundida en Paris, con estatuas tambien
de bronce, de Neptuno, Anfititre, Asis y Galatea.

En el Jardin Público, que es encantador por su riqueza
de plantas, buena distribucion y elegancia, se admira la estatua
ecuestre de Washington, por Bull; otra de Eduardo
Everet, por Story; la que representa á Vénus naciendo de
las olas, y un hermoso monumento en honor del descubrimiento
del éter como aneastético.

Los alrededores de Boston son pintorescos y hermosos.
En Charlestwn existe el famoso Hill Monument, en conmemoracion
de la batalla dada en aquel lugar el 17 de Junio
de 1775.


382

Brookline es una hermosa ciudad que está sobre el camino
de fierro de Boston á Albany, y en el que hay un recevoire
ó receptáculo de aguas que tiene capacidad para 120
millones de galones, así como el de Chesshut hill es de
300 millones.

El puerto de Boston es el mejor y más espacioso de toda
esa costa.

De las ciudades de Rhode–Island merecen mencion New–port,
entre Nueva–York y Valle River, ciudad de Masachussets
y Pawturet, que tiene una hermosísima playa y
excelentes baños.

El Conneticut cuenta entre sus ciudades notables á Stanford,
residencia campestre de ricos comerciantes de Nueva–York.

Bridge port, ciudad floreciente, muy celebrada por la extension
y variedad de sus manufacturas.

New London que explota en muy grande escala la pesca
de la ballena y es de las más importantes estaciones navales
de los Estados–Unidos.

Stonnton, muy frecuentado por sus manantiales.

Concluiremos esta imperfecta revista, traduciendo lo que
dice la Guía de Appleton sobre Providencia, considerada
como una de las principales ciudades de la Nueva Inglaterra:

PROVIDENCIA.

"Providencia, una de las más bellas ciudades de la Nueva
Inglaterra, inferior únicamente á Boston en poblacion y
en riqueza, es la ciudad principal y una de las capitales de
Rhode Island. Está pintorescamente situada en el brazo


383

norte de Narriugaset Bay, conocida con el nombre de rio
de la Providencia. El rio se extiende al centro de la ciudad
donde hace un hermoso remanso de cerca de una milla de
circunferencia, á lo largo de la cual hay una pared con un barandal
de fierro y un parque de olmos que la rodea. El terreno
sobre que está edificada la ciudad, es muy irregular. Por el
Este se eleva una colina á 204 piés sobre el nivel del mar;
por el Oeste, despues de un cuarto de milla á nivel, hay una
elevacion de 75 piés. Los costados y las cumbres de las colinas
están cubiertos con habitaciones mezcladas con jardines
y adornadas con árboles. Providencia es una ciudad antigua
que data desde 1636, cuando su fundador Roger Williams,
desterrado de Masachussets por sus opiniones religiosas,
buscó aquí la libertad que allí se le habia negado. La
roca (cuán cara roca), en que desembarcó y fué recibido
por los indios, se conserva á una milla del centro de la ciudad.
Esta sufrió mucho en la famosa guerra con el Rey Felipe
(1676), y fué quemada una parte considerable de ella.
Incorporada en 1832, tenia en 1875 una poblacion de
100,675 habitantes. Nueve ferrocarriles convergen en Providencia,
que tiene tambien un gran comercio de cabotaje y
algun comercio extranjero. Sus manufacturas son muy extensas,
y consisten en indianas (para las cuales es el principal
mercado americano), géneros de algodon y de lana,
mercancías de oro y plata y otra multitud de artículos. Siete
de los nueve ferrocarriles hacen uso de la misma estacion,
que es un elegante y espacioso edificio situado cerca del
centro de la ciudad.

La calle de más movimiento es la de Westminster. La
Arcade es el más hermoso edificio de su género en los Estados–Unidos.


384

Tiene 225 piés de largo por 80 de ancho, y
en el centro 5o piés más: tiene tres pisos con 78 tiendas, y
está destinado principalmente al comercio al menudeo de tejidos,
calzado, sombreros y joyería: es de granito y tiene dos
imponentes pórticos dóricos, uno para cada calle. La Casa
Municipal es uno de los más hermosos edificios de su género
en la Nueva Inglaterra; costó 1.000,000 de pesos. En
frente está el Monumento de los soldados y los marineros,
erigido por el Estado, en memoria de los que perecieron en
la guerra civil. Fué diseñado por Randolfo Rogers: costó
60,000 pesos, y consiste en una base de granito azul, con
cuatro estatuas de bronce. En el monumento están grabados
los nombres de los soldados (1741).

Hay ochenta y dos iglesias en la ciudad, de las cuales
las más notables son: El Primer Bautista, la Iglesia de la
Gracia
, San Estéban, etc. Brown University, antiguo é importante
establecimiento de instruccion, tiene seis hermosos
edificios, ocupa un terreno de 16 acres, adornado con olmos;
tiene una biblioteca de más de 40,000 volúmenes, que es
notable por lo rico, raro y costoso de sus obras; tiene tambien
un museo de historia natural, con valiosas colecciones
y obras de arte, entre las que hay algunos buenos retratos.
La Sociedad histórica de Rhode Island, tiene 6,000 volúmenes,
35,000 folletos y una gran coleccion de manuscritos de
historia del Estado. El Ateneo, 34,000 volúmenes, algunas
valiosas pinturas, entre las que hay retratos de Milton, de
Sir Joshua Reynolds y la obra maestra de Malbone. Establecimientos
de caridad, hay: el Hospital de Dementes, de
Bukler; el Asilo para los pobres, de Dexter; el Hospital de
Rhode Island, etc., etc.


385

Además de los paseos sobre el rio, hay otras muchas plazas
públicas pequeñas. Swan Point Cementery está construido
con muy buen gusto y adornado elegantemente. "Vue
del' Eau" se llama un hotel pintorescamente situado en alto,
frente á la Bahía."

Despues de este paréntesis, bueno para conciliar el sueño,
sigamos sin interrupcion nuestro viaje.



WASHINGTON




[Figure] VIAJE DE FIDEL.

El Capitolio de Washington.



XIX
Washington.

NO obstante estar molido y semidescoyuntado por la
noche que acababa de pasar, y que pedia más mi
cuerpo descanso que emociones de viajero, era forzoso aprovechar
el tiempo, y tenia contados los minutos de nuestra
detencion en la gran capital de la Union.

Rey y señor puede considerarse cualquiera de nuestros
cafesuchos de segundo órden, comparado al cafecito en que
pedimos un tente en pié y sirve como de apéndice á esa estacion,
que es la antigua y la conocida con los nombres de
"Baltimore" y el "Ohio."

Desnudas paredes, un mostrador mezquino, con seis botellas
por banda en la armazon del respaldo, tres mesas en
menguante; pelonas como una bola de billar, y un piso de
asfalto capaz de enfriar la inspiracion del propio Lord Byron,


390

hé ahí el ajuar del paradero aquel, al que no me atrevo
á repetir, el dictado de café.

Soñolientos los criados, el café frio, el pan helado y con
elasticidad desesperante, tal fué nuestro desayuno.

Miéntras lo servian, me decia Francisco:

—Componte esa corbata, que estamos en la capital de
los Estados–Unidos, alíñate y enderézate, que has tocado en
la alta residencia de los Poderes de la Union, como quien
dice, al fiel de la balanza de ese conjunto de reinos que se
llama Nacion Americana, la fundada por Washington mismo,
quien colocó la primera piedra. Al distrito de Colombia
tocó la suerte de albergar los poderes supremos, Maryland
vendió el terreno, que ya verás, se extiende á la orilla
del rio Potomac, de tanta celebridad histórica.

—La ciudad es novísima, expuse á Francisco, creo que
se designó su sitio en 1790, y diez años despues se trasladaron
aquí los poderes, ántes residentes en Filadelfia.

Dimos á guardar nuestros sacos en el cafecito, y salimos
en pos del Capitolio.

Pero es el caso, que aunque todo yo me volvia ojos, no
habia sino llanuras verdes, secciones de tierra cercadas con
esmero, y á distancia, y aquí y acullá, grandes edificios, columnas
y cúpulas; pero en cierta dispersion y como si estuvieran
en solitaria espectativa.

—Sábete, dije á Francisco, que he venido á ver lo que
me parecia un chiste de mi maestro Cardoso; es decir, una
ciudad en el campo: me parece que voy andando por los
alrededores de Mixcoac ó San Angel.

—Deja que torzamos esa esquina, y ya hablarás de otra
manera.


391

En efecto, á pocos pasos tocábamos en la grande Avenida
de Pensylvania, dilatadísima calle, sombreada por frondosísimos
árboles. La avenida tiene una extension de setenta
varas, poco más, de amplias banquetas y pavimento sólido
y terso como una sola losa.

—Ese es el famoso asfalto de Neuchatel.... Vuelve por
aquí, dijo Francisco.

Aunque á gran distancia, es decir, á mil quinientas varas,
percibí en medio de arboledas, descollando gigantesco y estupendo,
el Capitolio. Rodeábalo y perfilaba su elegante cúpula
el sol naciente, y salia de entre la verdura como en ascension
fantástica.

Como al flotar bajo el cielo azul, en el éter purísimo, distinguia
un primer semicírculo de altísimas columnas, como
la mitad de un inmenso circo ceñido por salientes cornisas,
base y engaste de otro semicírculo más recogido, tambien
con sus columnas y con ventanas interiores que se destacaban
con la vivísima luz del sol, calando y cincelando la primorosa
arquitectura....

La segunda columnata como que la ciñe afiligranado anillo
con huecos como calado exquisito, y de allí arranca en
gajos, el cierre de la cúpula, cuyo remate es una linternilla
en forma de delgados, pero esbeltísimos pilares, que sustentan
una peana, sobre la que se enseñorea triunfal y poderosa
la estatua de la Libertad.

Francisco me dejaba gozar en silencio mis impresiones y
detenia sus pasos, miéntras yo hacia mis apuntaciones, advirtiéndome
prudentemente con ver el reloj, que teniamos
poco tiempo disponible.

Aunque los árboles, los sembrados, las mil flores y los


392

edificios eran para distraerme, yo, con los ojos hécia el
Oriente, caminaba y estaba en el centro del parque hermosísimo,
que rodea esa parte del Capitolio y se cuida con particular
esmero.

A medida que ascendia el terraplen que lleva á las primeras
gradas del monumento épico, éste iba como saliendo
de entre las ramas y apareciéndoseme en toda su majestad.

Subí la primera escalera y me encontré como sobre una
muralla ó talus, desde donde comenzaban á dominarse los
alrededores: despues de la segunda escalinata, ya se tiende
la vista sobre campiñas y vegas deliciosas, se perciben columnas
y agrupamientos de casas y grandes edificios aislados
al Norte, miéntras en la parte Sur el campo, los árboles
y las aguas se esparcian en festin alegre, recreando los
sentidos.

Aunque no me encontraba convenientemente colocado
para contemplar el conjunto del grande monumento, admiré
el pórtico saliente y de estilo griego que se acentúa en la
medianía de dos extensas alas con sus grandes ventanas en
la base, columnas y cornisas soberbias en la parte superior.

Muros y columnas son de mármol blanco; pero con tal
primor pulimentado, que compite en brillantez y hermosura
con el cristal. Todos los fustes de esas columnas de diez
varas, son de una sola pieza.

Penetré, pues, al Capitolio y me encontré en lo que se
llama la rotonda, es decir, bajo la inmensa cúpula cuya elevacion
sorprendente la hace augusta y la reviste de especial
magnificencia.

Los rayos del sol que caian como desprendidos de la reverberacion
de los cristales, la luz que corria y como que se


393

precipitaba de las rasgadas ventanas y las magnificencias de
la arquitectura, me tenian absorto.

En el gran salon octágono que está abajo de la rotonda
y que no tiene mueble ni adorno que llamase mi atencion,
se ven algunas pinturas de mediano mérito, que, no obstante,
contienen brillantes páginas históricas.

Esas pinturas, que recuerdo en desórden, porque no tengo
á mano la Guía ni tiempo para buscarla, representan:

La declaracion de Independencia, con los retratos de cuerpo
entero y excelente parecido, segun la voz general, pero
que no merece mucho crédito despues de trascurrido tanto
tiempo.

La rendicion en Saratoga del general inglés Burgoque,
en 1777.

Rendicion de Cornwallis, en Octubre de 1781.

Renuncia de Washington.

El bautismo de la india Pocahontas, 1613.

Descubrimiento del Mississippí por Soto, en 1541.

Desembarco de Colon á la Isla Española, en Octubre de
1492. Este cuadro es de Vauderling, y tiene bastante mérito.

Embarque de los peregrinos en Holanda.

La altura de la rotonda es de más de sesenta varas, su
diámetro de treinta y tres; en la parte de que arranca la cúpula
se ve un, círculo de pilastras, de las que penden guirnaldas
que circundan los bustos en relieve de Colon, descubridor
del Nuevo Mundo; Cabot, Raleigh y la Salle.

Además, y en los mismos entrepaños en que caen las
guirnaldas, se ven otras composiciones de bajo–relieves


394

que se refieren á las conferencias de Guillermo Pen con los
indios, el conflicto de Daniel Boone con los mismos y el acto
heróico de la india Pocahontas, que bien merece una leyenda.

Pocahontas era una india linda como la hora del crepúsculo
cuando cierra sus ojos viendo los lagos de mi patria.

Hija del caudillo indio Prohatan, le seguia en sus campañas,
y estaba presente cuando su tribu valerosa hizo prisionero
al capitan Smith y le mandó sacrificar.

Pocahontas se conmovió á la vista del prisionero; lloró,
suplicó, y viendo que todo era inútil y que se iba á consumar
el sacrificio, se lanzó donde estaba Smith, colocó su cabeza
junto á la suya en el tajo que debia inmolarlo.... y
el feroz caudillo mandó suspender la ejecucion, porque adoraba
en su hija.

Es de suponer que en todo este paseo me acompañaba
Francisco corrigiendo mis errores, rectificando mis dudas é
instruyéndome, porque yo solo no le hubiera encontrado
punta á la hebra.

—Ya estás ensartando una novela y no tenemos sino hora
y media, Guillermo; dáte prisa, y deja en paz á esa india
que te está preocupando, cuando el tiempo no lo permite.
Ven por aquí....

—Tú sabes, le dije de qué autor son esos bajo–relieves?

—Son de dos discípulos de Canova, uno de los cuales se
llama Capitani.

Atravesamos por un intrincado laberinto de columnas, subimos,
cruzamos corredores magníficos, en los que se distinguian
grandes salas con sofás, espejos, mesas de mármol,
candelabros y lámparas, y al fin nos asomamos á un



[Figure] VIAJE DE FIDEL.

Cámara de Diputados.



395

barandal, desde donde vimos, inclinándonos, la Cámara de
Diputados
.

Es la Cámara un rectángulo. En el centro de uno de sus
lados más largos se suben dos ó tres escalones y se extiende
un ancho estrado en cuyo centro se ve una mesa de
mármol, en la que se coloca el secretario y algunos de sus
dependientes.

Siempre contra el muro y dominando la mesa, hay otro
estrado más pequeño en que estaba un sillon frente á una
pequeña mesa de mármol; allí, solitario é incomunicado, se
sienta el Speaker ó presidente de la Cámara, que tiene á su
derecha un martillito ó mayeta con que golpea la mesa para
llamar al órden, porque no hay campana.

En el piso del salon, y frente á las mesas del secretario y
el Speaker, se abre en abanico semicircular la sillería, colocados
asientos de dos en dos, con bufetes dobles á su frente,
que tienen recado de escribir, papel, etc. Al pié de los
asientos de cada diputado, hay sus ventiladores con sus rejillas
y su tapa, que se cierra á la voluntad de cada individuo
á quien corresponde. En verano, por esos ventiladores
sopla el aire fresco, que impulsa un ingenioso aparato
de abanicos, y en invierno penetra aire calentado en
hornos á propósito, que existen en el subterráneo.

No hay tribuna: cada diputado hace uso de la palabra en
pié, al lado de su asiento.

—Ojalá hubiera podido venir, dije á Francisco, en un dia
de sesion.

—Poco hubieras ganado.

—Entónces, tal vez sea cierto lo que me han asegurado
personas formales; es decir, que de lo que ménos parecen


396

ocuparse los diputados es de la sesion: unos escriben su
correo, los otros leen periódicos, algunos dormitan con los
piés en alto, y miéntras, el orador se desgañita como un
desesperado, como si predicara en desierto....

—Algo dicen que hay de eso, dijo Francisco con cierta
sorna, como quien no quiere aclarar paradas.

Son como trescientos diputados, y me hice cargo de ese
dolce farniente de los elegidos de los pueblos.

Las galerías, corren sobre todos los lados del rectángulo,
teniendo los asientos en forma de gradas, como los teatros,
lo que da cabida cómoda á muchísima gente.

En las galerías hay dos departamentos con destino particular;
uno para los individuos del cuerpo diplomático; el
otro para los periodistas, á los que se facilita recado de escribir
y agua helada, que es un obsequio en la estacion de
los calores. El resto de las galerías se divide en dos partes,
una para señoras y otra para el sexo masculino. Las señoras
concurren en mayor número. El público asiste á las discusiones
en perfecto silencio, no permitiéndose ni aplaudir á
los oradores, ni mucho ménos dar signos de reprobacion.
Ha habido aplausos en casos muy extraordinarios, como al
sancionarse la enmienda al art. 15 de la Constitucion, que
dió igualdad de derechos á negros y blancos.

Ya hemos dicho que las comisiones todas tienen sus salones
espléndidos; además, hay uno especial decorado con
lujo extraordinario, donde recibe el Speaker á personas distinguidas
y al Presidente de la República y sus ministros, en
los dias que señalan las leyes su presencia en la Cámara.

El techo del salon es de hierro colado y se ve como una
obra artística de sobresaliente mérito; el tablero está dividido


397

en rectángulos cubiertos de cristales, y en esos claros
están pintadas de mano maestra las armas de los Estados
de la Union.

En las noches, la vista es encantadora y como de un palacio
de hadas: el edificio magnífico. La iluminacion se hace
por medio de una batería eléctrica y de un solo golpe, como
si estallase súbito un incendio, en rotonda, tránsitos y salones.

Teniamos una hora disponible: salimos precipitadamente
y vimos, así al paso, una pieza pequeña en que despacha la
Corte de Justicia, y el Senado, que es de la misma forma,
pero más pequeño que la Cámara de Diputados.

Antes de apartarme de aquel sitio, quise ver de frente el
Capitolio.

A lo léjos distinguí, cuando yo salia, una gran estatua
de Washington: unos dicen que tiene gran mérito; los
otros la llaman el Júpiter doméstico, como quien dice, el
leon faldero.

Washington está sentado; con su toga romana, objeto de
censuras: yo no puedo dar opinion, porque no pude examinar
bien aquella escultura.

Hay un Colon en actitud de jugar á los bolos, que seria
de mérito en cualquiera de nuestros Tívolis: allí me pareció
de desgraciado efecto.

No opino lo mismo de un correcto y soberbio grupo que
representa á una linda mujer con su niño en los brazos, amagada
por el hacha de un salvaje, y contenido y sojuzgado
por la mano vigorosa de un yankee.... Es el apoteósis de
la civilizacion, su triunfo sobre la barbarie.... El pensamiento
me pareció magnífico y desempeñado con gusto admirable:


398

¿qué mejor empleo de la civilizacion que proteger
á la mujer y al niño? ¿qué manifestacion más repugnante
de la barbarie que el ultraje á los inocentes y á los débiles?

Aquellas actitudes, aquella accion, aquel conjunto, son de
raro mérito, y me separé con repugnancia de ese grupo que
bien merece detenido exámen. Este grupo hermoso es de
Horacio Grinoffh, célebre escultor americano nativo de Boston, que murió en 1852.

Al salir por el interior del edificio para tomar el camino
por donde venimos, me hizo notar Francisco la soberbia
puerta de bronce que está al salir de la rotonda y tiene en
relieve los paisajes más notables de la vida de Colon: aseguran
que esa puerta costó cerca de treinta mil pesos.

—La Biblioteca! me dijo Francisco.

—Hermano, lo ves, yo no hay tiempo: tenemos tres
cuartos de hora.

—Te pierdes de conocer una de las más hermosas bibliotecas
del mundo, acaso solo la de Paris le iguale: tiene
300,000 volúmenes.

Estaba al frente de la opulenta Avenida de Pensylvania:
dos líneas de verdes, juveniles y arrogantes árboles, marcaban
la amplísima calle; de entre las copas de los árboles
parecian salir los edificios á admirar el Capitolio, engalanados
como para formarle desde léjos cortejo respetuoso.

A mi derecha distinguia varios edificios suntuosos: Francisco,
conociendo mi deseo de informarme sobre lo que veia,
me decia:

—Ese edificio en que te estás fijando, ocupa toda una
manzana, ¿Ves su extension de 300 piés? Es el Correo.
Costó 1.700,000 pesos.



[Figure] VIAJE DE FIDEL.

La casa del Presidente.



399

El que está un poco más léjos, mediando solo el ancho
de una calle, es el Ministerio del Interior. ¿Le ves blanquear?
Es de mármol, como el Correo: contiene la famosa
oficina de patentes, 120,000 modelos de distintas invenciones,
distribuidos en cuatro salones inmensos. Allí se conservan
con veneracion las prensas de Franklin. Ese edificio
se incendió en 1836, destruyéndose los modelos acumulados
en cerca de medio siglo; de suerte que el número de
modelos que existe, es de 1836 á la fecha.

Esto prueba que en materias de invencion, estos hombres
les dan la debida importancia. El Ministerio del Interior
funge á modo de nuestro Ministerio de Gobernacion, y tiene
á su cargo lo relativo á los indios, las tierras públicas, y
como hemos indicado, las patentes de invencion.

Ahora ponte de frente, como quien ve el término de esta
Avenida de Pensylvania.

El inmenso edificio de granito que tienes delante es el
Ministerio ó Departamento del Tesoro. Es una copia su arquitectura
del templo de Minerva: lo dirigió Walter, arquitecto
del Capitolio. En él se fabrican parcialmente los greenbacks
ó billetes de papel moneda; las labores de toda clase
de ese Ministerio dan ocupacion á muchísimos empleados,
entre ellos 800 mujeres que tienen generalmente sueldos
de cien pesos y que han observado conducta irreprensible.
La existencia que ahora tiene la bóveda para el oro, es de
diez millones de pesos, entre monedas de este metal y certificados
de depósitos existentes entre otras oficinas. El edificio
consta de doscientas piezas.

Ese edificio que está un poco atrás blanqueando entre
los árboles, ese sí lo conozco, por la exactitud de las estampas


400

que he visto, dije á Francisco. Esa es la Casa
Blanca.

—En efecto, continuó Francisco, esa es la residencia del
Presidente de la República; el edificio es modesto, aunque
está amueblado interiormente con bastante lujo.

Aquí tiene sus recepciones públicas el Presidente, y en
ellas no se acostumbra más que saludarlo y darle la mano,
pasando frente de él. Para hablarle de negocios se necesita
pedirle audiencia por escrito, á no ser los altos funcionarios,
á quienes recibe en horas determinadas.

Por supuesto tiene sus reuniones íntimas, á donde no van
sino las personas de su parentesco y amistad particular.

—Entónces, interrumpí á Francisco, ese toro embolado que
hay en Palacio con el nombre de "Audiencias públicas," no
lo conocen estos, aunque sean muy democráticos.

—Mira en esta misma, direccion, sobre las copas de los
árboles, esa masa: es la parte alta de un edificio magnífico.
Ese es el Ministerio de Relaciones, que aún no está concluido.
Cuando esto suceda, rivalizará en grandeza con el
Capitolio, pues ha de comprender, á más del Ministerio citado,
el Ministerio de Justicia ó sea del Procurador general.
Ya sabrás que el Procurador general es aquí un miembro
del Gabinete, y por lo mismo, nombrado por el Presidente.

Detrás de ese edificio, que tiene por frente principal al
rio que corre á nuestra izquierda, hay dos grandes edificios
viejos y de ladrillo, que son los Ministerios de la Guerra y
el de la Marina. Nada tienen de particular, porque no es
aquí particular que tenga cada oficina un ejército de empleados.
Vuélvete un poco á la izquierda.

Lo hice así, como me lo decia Francisco.



[Figure] VIAJE DE FIDEL

Ministrio de Relaciones Exteriores.



401

Ví entónces el Instituto Smithsoniano, que es de piedra
roja.

Descuella el edificio de estilo romanesco entre el Capitolio
y el Departamento de agricultura. El noble edificio fué
instituido por el inglés James Smithson, para el adelanto y
difusion de los conocimientos científicos entre los hombres.
Tiene
447 piés de largo, 450 de ancho, y 9 torres de 75 á 150
piés de altura.

Contiene un Museo de Historia Natural, con muchas y
valiosas muestras, arregladas en unos salones en que se
ven y estudian colecciones metalúrgicas, mineralógicas y
etnológicas.

Persona que debe saberlo me dijo, que entre las curiosidades
que se notan en aquel Museo, hay un aerolito de
gran tamaño, que tiene la figura de un anillo, y que lo llevó
allí desde México algun yankee garboso, de órden de Dios
que puede más que nadie. Le llaman el aerolito Ainza, del
nombre del sonorense que lo donó.

Sin fijarnos en el Departamento de Agricultura ni el Jardin
Botánico, Francisco, viendo su reloj y arrancándome al
panorama que contemplaba tan entretenido, me dijo:

—Fíjate bien en aquel edificio que está á la izquierda:
es un hospital de mujeres dementes; recuérdame que te
tengo que hablar de él.

A escape bajamos las escaleras y corrimos hácia la estacion.

—Francisco, Francisco, no vimos ni me hablaste del monumento
de Washington, que está tan hermoso en las
Guías.

—Esa es manía de los fabricantes de Guías, dan por hecho


402

lo que es proyecto: ya viste la Casa Municipal de California
y la de Albany.

El monumento de Washington, aunque no levanta sino
poco más de cincuenta varas del suelo, da lugar á que se
diga en la Guía que tendrá 200 varas de altura, que lo van
á poblar en su interior estatuas de los héroes, y qué sé yo
qué más prodigios. Lo cierto es que ha costado 130,000
pesos, y que segun todas las trazas, no concluirá.

El monumento está colocado en un terreno bajo y pantanoso
inmediato al rio Potomac. Todo el mundo critica su
mala colocacion: á causa de esto parece haberse enfriado el
entusiasmo por continuarlo.

Hace cosa de dos años hubo grandes cuestiones, que tuvieron
mucho eco en la prensa, sobre lo que se pudiera hacer
con el monumento: unos opinaban por su demolicion;
otros por convertirlo en un arco triunfal, y otros por aprovechar
el material para construirlo en otra parte. Se habló
mucho de que se estaba hundiendo por lo falso del terreno;
hubo, á consecuencia, un reconocimiento de peritos, que dejó
las cosas en duda.

Hay cerca de ese principio de monumento un cobertizo
donde se guardan varias piedras, generalmente de mármol,
enviadas, para que formen parte de él, por los diferentes Estados
de la Union; todas ellas contienen alguna inscripcion,
explicando su orígen, y conteniendo alguna expresion de
afecto al padre de la patria. Hay algunas de naciones extranjeras,
entre otras, una del Imperio Celeste.

En esto llegamos á la estacion: un dependiente de un
hotel puso en mis manos dos cartas de Nueva–York.

Eran de dos amigos sur–americanos muy queridos; uno


403

y otro me invitaban á detenerme en Washington. Me reservé
para leer las cartas en el camino.

Gran disgusto manifestaba de no haber distinguido siquiera
desde el Capitolio á George–Town, antigua ciudad
situada en una pintoresca hilera de colinas en el Valle del
Potomac. Es puerto de entrada del Distrito, y hay una línea
de stimbotes que lo comunica con Nueva–York. Una
de sus puntos más notables es un Colegio de Jesuitas.



XX
Mont Vernount.—Carta de Palma.—Carta de Fagoaga.—
Richmond.— Excentricidades de yankee.— Catanogua.
—Menphis.—El paso del Mississippí.—Un mexicano.—
Historia de lágrimas.—Llegada á Texas.

AUNQUE fresca y alegre la mañana y realmente seductores
los paisajes que tenia delante de los ojos,
me preocupaba la idea de haber visto tan superficialmente
Washington.

Tenia en mis manos la Guía, concluida en mi cartera la
traduccion de Mont Vernount, y yo, ni por todos los tesoros
del mundo, queria dejarla de consignar en mis apuntaciones
de viaje. Allá va la apuntacion de mi cartera:

"Mont–Vernount está quince millas abajo de Washington,
en el lado de Virginia del Potomac, y se llega á él por
vapores, cuya navegacion por el rio es deliciosa y proporciona
excelentes vistas del país y de los alrededores de Washington.
Mont–Vernount, conocido ántes con el nombre


406

de Huhtik Creck, fué legado por Agustina Washington,
que murió en 1743, á Lorenzo Washington. El último le
puso el nombre del Almirante Vernount, bajo cuyas órdenes
habia servido en las guerras de España y al que profesaba
grande afecto. George Washington heredó la propiedad
en 1752. La parte central de la casa, que es de madera,
fué construida por Lorenzo, y las alas de ella por Jorge
Washington. Contiene muchas é interesantes reliquias históricas,
entre las cuales está la llave de la Bastilla, regalada
á Washington por Lafayette. Algunas piezas del avío personal
y militar de Washington, retratos y pinturas de Rabreau
Peale, representándole, delante de Yorktown. La tumba
de Washington está en un local aislado cerca de la casa.
Es una construccion sencilla, pero sólida, de ladrillo, con
una reja de hierro, á través de cuyas verjas se puede ver
el sarcófago de mármol que contiene los restos de Jorge y
Marta Washington.

"La casa y la tierra que la circunda la compró en 1856
una Asociacion de Señoras, en 200,000 pesos, y la donó al
Gobierno para que se considerase como propiedad de la
nacion."

El camino me parecia en descenso; ni un solo palmo de
tierra estaba sin cultivo, y como rebaños dispersos, se veian
por aquí y por allá casitas blancas que indicaban propiedades
de diligentes labradores.

La concurrencia del wagon que nos conducia comenzó á
pardear (á contener negros), más de lo que yo hubiera
querido; de suerte que ménos me divagaba y más importunaba
á Francisco con mi eterno preguntar.


407

—Creí, le dije haciéndome el chistoso, que me habias
prometido decirme algo sobre el hospital de mujeres dementes.

—En efecto, me contestó Francisco; pero no esperes que
yo te cuente lo que he oido, á tu manera, sino á la mia, muy
extraña á las flores y á los ambajes.

Es de advertir que Francisco tiene dotes poéticas eminentes,
que pretende ocultar como un tuerto presumido su
ojo apagado.

—Todo yo soy orejas.

—Vivia en la Nueva Inglaterra una jóven que se hacia
notar por su hermosura angelical, y más aún por su recato,
por su dedicacion al trabajo y por las otras virtudes que la
distinguian.

Un jóven de arrogante presencia y de excelentes cualidades,
se enamoró de Miss Harris, que es el nombre de la
hermosa, rondó su casa, se mostró rendido y le dió palabra
de esposo.

La encantadora lady, que realmente adoraba á su novio,
con empeño tan formalmente contraido, dió rienda á su ternura
y prodigó atenciones y cariño á su prometido, hasta
donde el pudor y la decencia podian antorizarlo.

¡Qué paraíso de ilusiones! qué cielo de ensueños! Eran
envidia de amantes, modelo de novios consecuentes, y las
polluelas almibaradas, cuando los veian pasar, decian: "¡qué
felices son!"

Sin antecedente alguno, interrumpiendo sus visitas y sus
hábitos, el jóven se trasladó á Washington, donde estaba
empleado en el Ministerio del Tesoro.

Al principio palió su ausencia el jóven con sus ocupaciones;


408

despues sus cartas parecieron tibias; al último dejó de
escribir.

La jóven no creia en su inmensa desdicha: todo cariño
tierno es indulgente; disculpó á su amante, atribuyó la que
llamaba aparente frialdad, á escasez de recursos, y voló á
Washington á allanar todo inconveniente y unirse al amado
de su corazon.

Llegó desasosegada y encerrando un mar de pasion en
su pecho: anunció su arribo á la ciudad, y el mal caballero,
el indigno jóven, le dió una cita para una casa no frecuentada
por los santos amores.

Supo Miss Harris el ultraje de que se la queria hacer
víctima, y sintió que su corazon se despedazaba.

Disimuló sin embargo y provocó otra cita. Entónces supo
que el nuevo lugar que se le designaba, tenia mujeres
desenvueltas, se oian allí palabras que quemaban la piel, se
distinguian fisonomías de bacantes; y humillada, trémula,
enloquecida, fué en busca de quien así restregaba en los
suelos, su honra, su alma, su inocencia y su vida.

Dirigióse la ultrajada señorita á la oficina, del jóven, en
pleno dia; le llama, mediaron algunas palabras, y con un
revólver que llevaba prevenido, dió muerte al jóven que habia
querido sepultar en el fango, cuanto tenia de más amado
en el mundo.

Aprehendida la mujer desdichada, bella como nunca con
su indignacion y su infortunio, fué conducida al Jurado.

Su defensor, el célebre abogado Brady, expuso con tal
elocuencia la situacion de aquella mujer, sus creencias despedazadas,
la naturaleza del ultraje inferido, que por unanimidad
la absolvió el Jurado. El defensor pintó su excitacion


409

como una verdadera demencia, y adujo el testimonio de
algunos alienistas que justificaban su asercion.

El pueblo, que oyó la causa y la defensa, estalló, en "vivas!"
al saber el veredicto de absolucion del Jurado, paseando
en triunfo á la terrible vengadora de su honor.

Pero la niña desventurada, al aniquilar al verdugo de su
alma, habia destrozado su corazon. En medio de las aclamaciones
de regocijo, dió señales del espantoso extravío de
su razon.

Ahora se visita el Hospital de mujeres dementes del Distrito
federal, y en el departamento de mujeres suele pasar delante
del viajero una jóven alta, hermosa sobre toda ponderacion,
que solloza, ríe y queda sepultada en honda meditacion.

—"¿Quién es esa mujer?" se suele preguntar.—"Es
Miss Harris, la misma á quien pasearon en triunfo hace
tiempo por las calles de Washington......"

—Mucho te agradezco tu anécdota, dije á Francisco, y voy
á unirla á la historia de un plagio que mucho llamó mi atencion,
por no ser fruta de estas tierras, y que corrobora el
refran que dice: "En todas partes cuecen habas." Oye mi
historia:

Hace más de cuatro años, un Sr. Roos, rico comerciante
de Germantown que, como tú sabes mejor que yo, es una
prolongacion de Filadelfia, tenia dos hijos, uno de seis y
otro de cuatro años: el de cuatro años se llamaba Charley;
era alegre como los ojos de una china de mi tierra, y lindo
como un serafin.


410

Los chiquitines, con sus vestidos primorosos, sus sombreritos
llenos de listones y sus juguetes en las manos, salian
solos á la calle y se daban unas paseadas, que era un contento.

Una tarde que los chicos corrian con sus aros, bajo las
frondosas arboledas de una de las calles más céntricas de
Filadelfia, se detuvieron ante ellos dos hombres que iban
en un bogue. Al parecer, aquellas eran personas decentes,
puesto que los niños no mostraron extrañeza, cuando uno
de ellos se apeó del carruaje, y dijo al grandecito que les
llevaria á dar un paseo y les compraria dulces y juguetes.

Los niños partieron con sus raptores; pero el mayor de
los dos mostró disgusto del paseo, dió señales de inquietud
é impaciencia, y los hombres del bogue le bajaron del carruaje,
cerca de su casa. En ésta, á la llegada del niño, se
supo la aventura, y desde ese momento comenzaron las diligencias
para buscar al otro niño, con cruel ansiedad.

Cuatro años habian trascurrido desde la aventura del bogue,
sin que el niño pareciera. La casa de M. Roos, ántes
tan llena de la alegría de los niños, estaba lúgubre y como
desierta.

El desventurado padre de Carlitos habia recorrido los
pueblos más remotos de los Estados–Unidos, la prensa en
constante clamoreo, habia simpatizado con el grande infortunio
de M. Roos, haciendo cargos tremendos á la policía.

En tales circunstancias, recibió M. Roos un anónimo en
que se le pedian veinte mil pesos por la devolucion de su
hijo. La policía lo supo y se opuso á aquella condescendencia,
diciendo que estaba sobre la pista de los plagiarios.

Las pesquisas se redoblaron, se consideró como punto de


411

honor del Estado descubrir á los malvados, y toda diligencia
fué en vano.

M. Roos, no obstante que no habia envejecido, estaba enfermo,
devorado por la idea fija de encontrar á su hijo, y
aniquilada su cuantiosa fortuna, ofreció diez mil pesos al que
le diera noticias del niño; la policía hizo igual oferta, y la
misma el Estado.

Muchas veces escribieron cartas misteriosas al padre dándole
falsas noticias; abandonaba sus intereses y su casa, se
galvanizaba, corria, se formaba risueñas ilusiones y volvia á
su triste hogar, abatido y con la desesperacion en el alma.

En una de estas ocasiones hubo un robo famoso en Nueva
–York; fueron en él sorprendidos dos malhechores; uno
de ellos, al morir, en la penitenciaría, declaró que era uno de
los plagiarios del niño de M. Roos, á quien tenia un compañero
suyo.... Entónces revivieron las esperanzas, la
prensa narró todos los detalles de la declaracion del bandido,
produciéndose en el público intensa sensacion: se dijo
que el niño se encontraba por Texas. M. Roos, que estaba
bastante enfermo, pareció revivir con aquella noticia, se puso
en marcha, recorrió el Oeste, registró los últimos rincones
de Texas, y volvió hecho un viejo, doblado por los sufrimientos,
á caer sobre la tumba de todas sus esperanzas.

Jamás se ha sabido del niño; muchas personas creen que
murió ó lo mataron, temiendo que se descubriera el crímen.

—Muy triste, dijo Francisco, está siendo nuestro camino
con esas relaciones; lee las cartas que te entregaron en la


412

estacion. Veamos si esos muchachos dicen algo que valga
la pena.

—Mira, dije sacando una de las cartas. Esta es de Luis
Palma, aquel chico despabilado que siempre hablaba de política
y queria acompañarnos hasta Washington.

—Excelente muchacho, dijo Francisco; esas ligerezas y
ese brío que tu le echabas en cara, son cosas de la edad.
Leamos su carta.

—Escucha:

"D. Guillermo:

Ménos del plazo que conceden á un ahorcado le pido á
vd. de espera, para que paseemos juntos siquiera dos dias
en la Capital de la Union.

¡Qué buenos ratos nos podemos pasar! aunque no abundan
las diversiones, como en Nueva–York, no falta en que
pasar el tiempo, y veria vd. comedias diplomáticas divertidas.

Es singular: estos yankees, que viven tan sans façon, y
de cuyo desparpajo se ocupan todos los viajeros, esencialmente
si son franceses, observan la etiqueta con inflexible
escrupulosidad.

El chisme, aunque de guante blanco y casacon con bordados
y cruces, recorre grandes y pequeños salones, y con
finura no vista, se despellejan las potencias amigas, al darse
tiernos besos de confraternidad.

Lo que quiero es que pasemos revista de los grandes
hombres que tienen en sus manos la suerte de la gran nacion
americana.

¿No conoció vd. á Hayes cuando estuvo en Nueva–York?
Es un hombre que representa cincuenta y cinco años;


413

ántes se le oyó mentar en la guerra como Coronel de voluntarios,
y era en realidad un hombre oscuro, apénas conocido
en el Ohio, de donde era Gobernador accidental
cuando se reunió allí la convencion de Chicago, y resultó
candidato de presidente, de la pura anarquía y desacuerdo
para elegir, de entre los hombres eminentes del partido republicano:
su poca importancia, que á nadie inspiraba celos,
fué el secreto de su elevacion: de esto se ve todos los dias.

Hayes tiene una fisonomía comun, y en su porte y maneras,
más bien parece un hombre de iglesia que un político.
De secretario de un obispo no tendria precio.

La parte moral corresponde á ese físico, es retraido y
monástico. Es un metodista severo y solo comparable á su
esposa. Pertenece el austero matrimonio á la Sociedad de
Templanza, al extremo de pretender suprimir el vino en los
convites diplomáticos.

Cuando convidaron á comer al Príncipe Constantino de
Rusia, estuvo muy á pique de beber agua, de susto; pero
los periódicos ridiculizaron tal ocurrencia, y se dispuso entónces
que solo para el Príncipe se sirviese vino, teniendo
los demás que ver y desear, entre cuero y carne, es decir,
en el fuero íntimo.

En el órden comun de convites, cuando se sirve pescado,
le hacen seguir del café para que el animalito no reviva,
y despues continúa proveyendo el líquido elemento, como
en los dias de la creacion.

No obstante ser la costumbre del Presidente ir en coche
á la iglesia, á él le asaltó el escrúpulo de andar en coche el
domingo, con beneplácito de sus amigos de creencias.

Lo notable hasta ahora de su política es el retirar las


414

fuerzas que se decian oprimir al Sur, y algunas ternezas con
México que más vdes. que yo pueden calificar.

Otra cosa es M. Evart, Ministro de Relaciones, jefe del
gabinete, su alma y su vida, como decimos nosotros.

M. Evart es alto, delgado, seco, acartonado y huesudo;
su rostro es lampiño, pequeño, y su frente calva; vese su
cabera como una naranja clavada en una asta bandera. Son
desairados sus movimientos, como los de todo largo, porque
miéntras el espíritu anda por un lado, queda como en
huelga el resto del cuerpo. La edad de M. Evard es de
sesenta años; no es aleman como habian dicho á vd., sino
de la Nueva Inglaterra; pero ha residido constantemente
en Nueva–York.

Carece M. Evard de antecedentes políticos; pero como
abogado, ha sido considerado como el primero de Nueva–
York. Su erudicion es variada y profunda en la ciencia del
derecho; su palabra, tarda y pesada, se pasea en todos los
vericuetos forenses, y es verbosa, difusa, sin aliño. Si hubiera
nacido en España, se le habria comparado á Gregorio
López ó al Conde de la Cañada.

En la prensa se le censura la longitud de sus períodos,
que le achacan que mide por la sombra de su cuerpo.

Cuando se propone desleir su pensamiento en la fuente
de sus palabras, corre y corre su discurso, hasta que despues
de varios dias se le encuentra el fin.

Pero el título de más reciente celebridad de Evard es
su triunfo forense en la causa del R. Beecher, de que voy á
hablar á vd.

El R. Beecher es orador eminente y ejerce influencia
poderosa en el país.


415

Pastor evangélico, reside en Broklyn, llamada Ciudad
de las Iglesias, y la suya es la de más moda y renombre de
la Ciudad Santa.

Dicen los entendidos en materias literarias, que Beecher
es elocuentísimo, y que sus dotes oratorias, unidas á una
gallarda presencia, le hacen positivamente seductor.

Creció su fama y se desarrolló la influencia de este personaje
en la pasada guerra, en que favoreció con su palabra
la causa de la Union, convirtiéndose en una verdadera potencia.

Además de ocupar Beecher lugar tan prominente como
orador sagrado, es escritor de mucho mérito.

Se ha acusado siempre al Reverendo de inclinaciones
mundanales.

Entre las ovejas que apacentaba el siervo del Señor, de
que hablo á vd., se contaba Elisabeth, mujer de Tilton, escritor
religioso muy amigo del Reverendo.

Yo no sé qué clase de ejercicios poco piadosos notaria
Tilton, el caso fué que estallaron disturbios conyugales, y
acusó al párroco de adulterio, demandándole cien mil pesos
por daños y perjuicios.

Estos daños y perjuicios me han caido mucho en gracia,
porque al fin se valúa en alto precio la corona.... del
martirio.

El escándalo fué estupendo: los periódicos se apoderaron
del gran chisme, y anécdotas, retratos y todos los medios
de producir sensacion, se pusieron en juego á medida
que avanzaba la célebre causa.

En medio de una excitacion tremenda, se reunió el Jurado.
Los abogados hicieron alegatos piramidales, y Evart,


416

defensor de Beecher, habló de un hilo durante una semana.

A la elocuencia de Evart, á la posesion de Beecher, que
es hombre que gana en su iglesia anualmente de setenta á
ochenta mil pesos, y á sus amigos poderosos, se debió la
absolucion del Reverendo, quien solo tuvo débil mayoría en
el Jurado; pero como vd. sabe, el voto de éste para la condenacion,
ha de ser unánime, y á tal circunstancia debió
Beecher tambien su buena fortuna.

Tilton, con envidiable serenidad, se consoló de su infortunio
con el renombre adquirido en su lucha con su socio
conyugal, y que le produjo dinero en las lecturas públicas
que comenzó á dar.

Por su parte Beecher ganó en celebridad; la gente acudia
en tropel á conocerle y escucharle, y era invitado á residir
en los mejores hoteles, porque allí donde posaba Beecher,
la concurrencia era mayor.

El triunfo de Evart acentuaba poderosamente su personalidad
cuando la eleccion de Hayes.

Fué empleado por el partido republicano en la cuestion
de la eleccion presidencial disputada en Luisiana y otros
dos Estados para alegar por Hayes. Este es el precedente
inmediato de su nombramiento de Gefe del Gabinete.

Por lo demás, su política no se ha caracterizado de un
modo especial: yo he oido decir que aspira á la próxima
presidencia, y que uno de los medios de que piensa valerse,
es provocar la guerra con México.

En cuanto á los otros ministros, querido Fidel, sobran
ejemplares en su país de vd., como el Ministro de la Guerra
Mac–Greacrey, áspero, hombre de cartucheras al cañon, ardiente
republicano y partidario de Hayes.


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Sherman, Ministro de Hacienda, es hermano del general
célebre de la pasada guerra: debe en parte su elevacion
al poder, á la influencia que tuvo en la eleccion de Hayes.

El director del Correo, Rey, que como vd. sabe, forma
parte del Gabinete, es una prenda de reconciliacion de los
partidos, porque Rey fué separatista; es un buen orador y
se le confiesa talento y probidad.

En una palabra, vd. haria sus revistas de la gente de
gobierno y se divertiria.

Repito á vd. que estando abiertas las Cámaras, Washington
cobra animacion; los diputados se reunen el primer
lúnes de Octubre. Un mes entero se ocupan generalmente
en el nombramiento de comisiones y de Speaker, que no se
turna mensualmente, sino que dura todo el tiempo que funge
la Legislatura, y tiene, por lo mismo; grande influencia....

Con las alegrías de Noche Buena se dispersan los padres
de la patria, y van á sus hogares á disfrutar sus vacaciones,
volviendo á sus tareas desde el 2 de Enero, hasta
que el calor los lanza de las curules; vuelven el otro Diciembre,
en que el período termina forzosamente en Marzo,
por las nuevas elecciones, porque el encargo dura por dos
años, como entre vdes.

El órden que se guarda en el Senado es el mismo.

El Presidente del Senado, como vd. sabe, es el Vice–presidente
de la República, y como el Senado funge en la
administracion, y como hace parte del Gobierno como su
Consejo, este carácter político le identifica con la accion del
poder.

En México, segun vdes. me contaban, no es lo mismo:


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el Vice–presidente es el Presidente de la Corte, y esto ingiere
en la política activa á un poder esencialmente regulador
de la marcha social, aumentando los elementos revolucionarios.

Las sesiones del Congreso son de once de la mañana á
cuatro de la tarde; pero cuando los negocios lo requieren,
se prolongan las sesiones hasta la noche.

Miéntras dura la sesion, hay sobre el Capitolio una gran
bandera, y durante los períodos en que están reunidas las
Cámaras, una luz vivísima brilla sobre el mismo Capitolio,
y se distingue como un astro á algunas millas de distancia.

No hay solemnidad alguna para abrir y cerrar las sesiones.
Al comenzarse, remite el Presidente un mensaje á las
Cámaras, en que les da cuenta del Estado que guardan
los negocios.

Los Ministros envían sus Memorias y asisten á las comisiones,
pero no dan funciones grátis en dimes y diretes
con los diputados y senadores.

Quédese vd. por tres ó cuatro dias en ese punto, y no
se arrepentirá...."

Seguia Palma en su larga carta hablándome de los amigos
de Nueva–York, mezclando siempre, como era su manía,
la política á todas sus observaciones.

—Es divertida tu carta, exclamó Francisco; parece una
foja del Almanaque de Gotta; pero si te ha divagado la
murria, santo y bueno Sr. Palma. Veamos lo que te dice
el Sr. Fagoaga.

Desdoblé mi carta, pasé los ojos por ella, y dije á Francisco:


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—Este jóven es más previsor, y me quiere prestar un
servicio.

Leo, pues:

"Supongo que una ó dos horas será lo que vd. se detenga
en Washington, porque así lo requieren los cálculos de
vd.: esta consideracion me hace no reunírmele como queria;
pero deseando serle útil de alguna manera, le envío
copia de las apuntaciones que hice en mi primera visita á
Washington, en la calidad de agregado á la Legacion de mi
país. Vd. tome de ellas lo que guste, corrigiendo, borrando
y poniendo en cristiano papeles que escribí para mi uso privado.
De todos modos, y aunque no sirva á vd. de nada el
mamarracho, él le probará mi decidido afecto y el interes
que tengo porque su obrita contenga el mayor número de
noticias posible.

Así como confieso lo desaliñado de mi escrito, le aseguro
que le garantizo la verdad de cuanto en él expongo,
pues repito que, como para mí, no pude tener la pretension
de engañarme.

APUNTACIONES DE MI VIAJE Á WASHINGTON.

"La poblacion de Washington varia constantemente, como
que se forma de empleados que á cada cambio de gobierno
andan á salto de mata, individuos de la Cámara que
van y vienen como las aguas, personajes del cuerpo diplomático
que aparecen y desaparecen como sombras chinescas,
y ricos caprichosos que suelen pasar el invierno disfrutando
de aquella buena sociedad, que en obsequio de la
justicia, es fina é inteligente como pocas.


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Las costumbres por una parte, y el modo con que se
verifican las reuniones, hacen que en realidad se goce en
ellas poco.

Hay personajes distinguidos que declaran su casa abierta:
así se publica en los periódicos ó se advierte por invitaciones;
pero toda persona decente tiene acceso á la reunion
aun sin invitacion especial, como se puede ir á la iglesia ó
á ver un Museo.

Las piezas de las habitaciones son en general pequeñas,
aunque muy decentemente amuebladas: la señora y el señor
de la casa se colocan de pié á la entrada del salon en
que se recibe: se llega, se saluda sin detenerse y se entra
en busca de conocidos y amigos; pero todo esto sin detencion
especial, de pié, como de viaje, como en la estacion de
un ferrocarril.

Nadie se sienta, con excepcion de tal cual anciano, ó
de tal cual enfermo.

Semejantes centinelas en aquel agolpamiento, no es posible
que emprendan conversaciones; están como en espera
de algo para marcharse. "¿Cómo está?" "¿qué tal va?"
es lo que se escucha entre costado y costado, y como si se
lo dijeran dos viajeros que cruzan en opuestos rumbos.

Estas recepciones son de noche.

A las once, poco más ó ménos, despues de tener la comodidad
que en una plaza pública, se hace la invitacion para
pasar al comedor, donde tampoco hay asientos.

Sobre una gran mesa hay fiambres y licores, que sirven
los criados con diligencia y compostura. Es general en la
alta sociedad el consumo del Champaña.

Cuando no son los criados bastantes, entónces los caballeros


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sirven á las señoras que conducen ó quieren obsequiar,
teniendo fatigas para conquistar en aquella confusion,
unas cuantas hebras de ensalada ó una ruedita de galantina.

Pero la posicion en pié hace la escena del servicio difícil
y á veces cómica; el caballero tiene el plato á la altura
de los brazos de la señora, ésta pica infirme y se acomoda
á lo inseguro del suplemento de mesa.

La señora, á veces, no consiente en aquel espectador
cercano de su alimentacion; entónces ella sostiene su plato,
embarazada con el pañuelo, el abanico ó cosas semejantes,
haciendo á cada bocado prodigios de prestidigitacion, si no
es que algun caballero se encargue del depósito de sus atavíos,
ó si no es que transite brusco un importante diputado,
del Oeste, con el pelo de la dehesa, muy raro en aquella
sociedad distinguida, y dé un codazo á un plato ó vierta el
vino sobre el vistoso trage de la lady, en uno de sus movimientos
de mastodonte.

En las reuniones que describo hay mucho lujo; las señoras
gustan de lucir riquísimas alhajas.

Suelen aparecer tipos ridículos de esos foráneos que
solo tienen la primera silla.... curul.... Ellos monopolizan
el leviton dominguero de la aldea, y sus consortes, trages
y tocados que tienen la autoridad del tiempo que pasó.
Es de advertir que aunque en esos salones hay gente desconocida,
jamás se lamenta ninguna especie de desórdenes.
Hay tertulias de este género que son de invitacion individual,
y por lo mismo, más aristocráticas.

Muchas y variadas son las recepciones de que acabo de
hablar, pudiendo asegurar que desde Enero y Febrero que


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comienzan, hasta la Cuaresma, hay por lo ménos una cada
noche. La concurrencia se disuelve á las doce.

Las señoras por su parte tienen sus recepciones de dia.
Comienzan á la una y concluyen á las cinco de la tarde. En
ellas suele aparecer uno que otro caballero como mosca desvelada.

Durante la semana, las señoras, segun las clases oficiales
de sus maridos, dan esas recepciones diurnas, poco más
ó ménos en el órden siguiente: el lúnes, las señoras de
los Jefes del Ejército y la Marina; el mártes, las señoras
de los individuos del Congreso; el miércoles, las señoras de
los Secretarios del despacho, y así sucesivamente, siempre
con excepcion de los domingos, en que ya se sabe que todo
el mundo se aisla y se encierra en su casa.

La del Presidente recibe señoras los sábados, de dos á
cuatro de la tarde. El Presidente asiste á esa recepcion cuando
sus ocupaciones se lo permiten.

Durante la estacion del movimiento en Washington, el
Presidente da tres ó cuatro convites de ceremonia, generalmente
en el órden que sigue:

  1. Ministros del Gabinete y señoras.
  2. Cuerpo diplomático, sin comprender generalmente
    más que á los Jefes de Legacion.
  3. Los Presidentes de las Cámaras y algun otra
    diputado notable, pues en la mesa no caben
    mas que treinta y cuatro personas, y
    esto limita el número de convidados.

La gran recepcion del Presidente es el dia de Año Nuevo.

Comienza á las once y termina á las tres de la tarde.


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Esta recepcíon se hace con la mayor formalidad. Se publica
programa, se marcan las puertas para la entrada y salida
de los coches, y numerosos policías cuidan de que se
guarde la mayor compostura.

El cuerpo diplomático se presenta en la recepcion, que
es propiamente la felicitacion de Año Nuevo, de grande uniforme;
el Presidente y los Ministros, de frac negro, como es
la etiqueta, aun cuando el Ministro de Guerra haya sido ó
sea militar: caeria en ridículo una incrustacion de sombrero
al tres y de espadin, en aquel gabinete.

Los Ministros mexicanos asisten á estas ceremonias, de
veinte años á la fecha, de frac negro, sin singularizarse por
nada.

El gentío inmenso llega en interminable fila á dar la
mano al Presidente; los Ministros extranjeros presencian
los saludos á la espalda del Presidente, y la concurrencia es
tanta, que se rinde el Presidente de dar la mano, y alguna
vez han tenido que sostenerle el brazo.

Un dependiente de palacio anuncia á las personas notables
que saludan al Presidente.

Es costumbre robustecida en los últimos años, que se
feliciten las personas que tienen relacion, y cumpliendo con
esa etiqueta, se da ménos importancia y aun se disimulan
las visitas y el envío de tarjetas los dias de natalicios, pascuas,
etc., etc.

La fiesta de Noche Buena es, como entre nosotros, la
fiesta del hogar; se verifican reuniones íntimas y de familia,
siendo para ellos tan sacramental el guajolote (Torkey), como
entre nosotros la ensalada de Noche Buena.

Al cerrarse las sesiones se redoblan las visitas, pero


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con ménos ceremonia, y gran parte de la poblacion emigra
á Nueva–York, donde hacen parada, unos para dirigirse á
Long Branch, New–Port, Saratoga, Cap May, etc., y los que
tienen grandes fortunas, emprenden viaje á Europa, donde
gozan más y gastan ménos, porque la vida de los baños es
en extremo costosa...."

Sin sentirlo, con la lectura de las cartas y sus comentarios,
pasamos gran parte del camino, haciendo parada en un
punto en que se vendian sandías y melones hermosísimos,
y en que un hombre en una especie de cepillo de carpintero,
inverso, convertia en polvo la nieve para mezclarlo á las
frutas, á el agua y al vino.

La tierra estaba perfectamente cultivada, sin que dejase
de tener cada campo su cerca de palo, notándose la opulencia
agrícola de aquellas fértiles comarcas de la Virginia.

Pasamos por Richmond, capital de la Virginia, poblacion
que renace de entre sus cenizas y sus ruinas, despues de
los estragos que le causó la última contienda. Cuenta sesenta
mil habitantes.

Richmond, situada á la orilla del rio James, está en el
centro de una red de comunicaciones por agua y por vías
férreas, con todos los Estados del Sur y los más importantes
de la Union.

La agricultura y la industria manufacturera parecen haber
establecido competencia para enriquecer á la capital privilegiada.

Exporta tabacos, granos y harina para Europa, y recibe
esencialmente de la América del Sur, maderas, azúcares,
melaza, cueros, guano, etc.


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Valúanse sus productos manufactureros en veinte millones,
de pesos, y la sola industria de tabaco rinde siete millones.

La ciudad está situada como en fajas de colinas, superpuestas,
en cuyas alturas, conservándose los accidentes todos
del terreno, se han construido las habitaciones entre
arboledas y jardines, produciendo una vista deliciosa.

Al pié de la faja de habitaciones corren wagones y carruajes,
y descendiéndose, está la parte comercial, en la que
se ven edificios soberbios que, como el Capitolio, tienen renombre
universal.

Como se sabe, el desenlace de la tremenda guerra del
Sur se verificó en Pettersburg y en Richmond mismo; las
tropas separatistas, ántes de abandonar la ciudad, la incendiaron,
y la costosa victoria del General Grant se proclamó
entre ruinas humeantes, el espanto y la desolacion.

Hablóse del Capitolio y del Parque que lo circunda. Se
hizo mencion de una estatua de mármol que está en uno
de los salones del gran monumento, obra del escultor Houdon,
calificándola de obra de mérito.

Refiriéronse varias curiosidades que se encuentran en el
Capitolio, como una estufa de los tiempos coloniales, que
estuvo en la Casa Municipal al servicio de William Burg,
y un busto de Lafayette.

Tambien no faltó viajero que hiciese la descripcion de la
estatua ecuestre de Washington, que está frente al Capitolio,
rodeada de varias estatuas de bronce de Jefferson, Nelson,
Andrieu, Levis y otros héroes. Los americanos tienen
en mucho la estatua de que hablamos, y autores hay que
digan que el monumento es de los mejores del mundo.


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Tres estatuas, una de Clay, otra de Foley y la otra de
Jackson, completan la decoracion de la gran plaza del Capitolio.

Entre los templos, que hay muchos, y algunos suntuosos,
se cuenta el Sant Pauls, donde Jefferson Davis recibió la noticia
de que Lee estaba á punto de abandonar Pettersburg.

Aunque hay en Richmond muchos cementerios, el principal
es Houngwod, que es un sitio de especial belleza, adornado
de árboles venerables, prados y flores. En ese cementerio
se guardan los restos del Presidente Monroe, del General
Stuart, comandante de la caballería de Lee, y existen
los sepulcros de cien confederados, entre los que descuella
un soberbio monumento.

Nuestro paso por Richmond, puede decirse que fué á
vuelo de pájaro; parece que á todos nos absorbian los recuerdos
de la sangrienta contienda de los tiempos modernos,
que eclipsó, por sus proporciones titánicas, cuanto habian
cantado los poetas y perpetuado los historiadores en
el antiguo continente.

Catanogua, por donde tambien atravesamos, debe su celebridad
á la última guerra. Cuando quise fijarme en ella,
habia pasado el tren como relámpago.

El tren que nos conducia nos hacia recordar con amargura
las comodidades de los pasados alojamientos ambulantes;
y de la concurrencia ni se diga, porque me hartó de feo
hasta la punta de los cabellos.

En lo más hondo de la noche escribia yo en mi cartera:

"La luna está suspendida, opaca y triste, en la cima de la


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montaña oscura que sobresale en una hilera de eminencias
silenciosas y lúgubres; detrás de ese muro, como que asomaban
pasajeros relámpagos de miradas terribles, que parecian
de furias acechando nuestro tránsito.

Nuestro tren se dirigia al ocaso con su galopar de acero,
tendiendo un manto de humo espeso bordado de chispas
refulgentes, que como que formaban enjambres y se desbarataban
en líneas fantásticas.

Al Sur se tendia vaporosa y apacible una línea luminosa,
que dilataba al infinito el horizonte dulce y melancólico
sembrado de luceros....

Ver á los cielos, hacer salir al alma en nuestra mirada,
para recorrer el infinito, ¡oh, cuán bello es! como que flota
el espíritu, como que halla en ese vago remedo de lo eterno,
el testimonio de su inmortalidad sublime!"

Fuera de estos consuelos realmente poéticos, la noche
fué infernal; sentia magullado y altamente comprometido
el forro de mis cuadriles