Valete, Glosa respondona al voto que sobre libros prohibidos se inserto en el alcance al numero 5 de la Tribuna (Guatemala: Mayor, Casa de Porras, 1828)
Dandose este papel al cabo de años de haber
visto el público el discurso que en él
se impugna;
quando muchos ya no harán memoria del tal
discurso, otros le tendrán
traspapelado, ó perdido,
y algunos no le habran visto; parece de
razon hacer
recuerdos de aquella pieza.
Fué el caso que en septiembre de 23. se
hizo proposicion en la Asambléa por algunos
representantes,
para que los libros é impresos estrangeros
corriesen entre
nosotros sin exámen,
y sin pagar derechos de aduana.
Pasado el negocio á una comision de los CC.
Davila, Córdova y Ponce, la sensatéz de
estos moderó
y limitó la proposicion. Favoreció la libertad
de los impresos en
idiomas estrangeros, quizá
por que no podrán corromper á muchos: pidió
que los
escritos en lengua vulgar, fuesen calificados
antes de despacharse: y que los
obscenos,
y las estampas contra el pudor fuesen repelidos.
La Asambléa desaprobó el juicio de la comision,
aunque tan justo y tan loable en su
2.° y
3.° artículos. Y entre los diputados, autores de la
proposicion expresada,
uno se incomodó tanto
contra los comisionados que la rechazaron, que
no pudo
menos que escribir al público, poniendo
en prensa su voto, y las sinrazones con
que
se empeñó en desfundarlo. No es en verdad de
estrañarse: el que pierde la
chabeta en ciertos
puntos, se irrita de que haya hombres cabalmente
cuerdos, que
conserven los sesos en su lugar. Asi
Por aquí pues empiezan los rezongos de mi
Glosa respondona, y continúan del modo que
se
verá: no atacando al voto en todas sus partes,
por que esto hubiera sido tan
largo, como lo es
el camino del error, que no tiene tope, segun
decía un
filósofo; pero sí contrayéndome á aquellos
flancos, que estimé por mas notables, y à
otros
á que se inclinó la pluma, sin querer decirme
por qué.
Al fin del voto pone su autor una nota, lisonjeándose
de que dos eclesiasticos muy
religiosos
y puros en sus costumbres hubiesen sostenido
con empeño la deseada
libertad de leer; y
añade ser glorioso que los CC. libres del Estado
del
Salvador se hubiesen agregado á aquellos sábios
irreprensibles— A esto responde la
contranota
que se halla al pie de ésta Glosa. Con cuya
advertencia alguno me
dirá, que basta de prologo,
y yo lo digo tambien.
En efecto no tengo que manifestar, como se
acostumbra, el objeto con que escribí
este papel:
no quiero recomendar su importancia, ni ponderar
su corto trabajo. Y
por lo que hace á defectos,
descuiden mis lectores de perdonarmelos,
que yá yo
me los hé dispensado todos.
al voto que sobre libros prohibidos se insertó en el alcance
al
número 5.° de la Tribuna.
Cuando hice la proposicion (de que los
libros prohibidos, é impresos extrangeros
se liberten
de toda calificacion, y de derechos de aduanas) estaba
lejos de
pensar que fuese rebatida: creia que ya
que se nos había restringido la libertad de
escribir,
por lo menos se nos dejaría del todo la de leer.—
Alabo las creederas del autor del voto. La
libertad de escribir se sujeta á límites, porque hay
plumas envenenadas que pueden dañar mucho á una
sociedad.
Por la misma regla debe restringirse la facultad
de leer, para que nadie se sorba
el veneno de
otras plumas. ¿Cómo pues persuadirse que una razon
idéntica en
extremos muy iguales debiese variar
la resolucion?
,,Estarémos mas esclavos de las restricciones
que ... bajo el regimen de España:
entonces
podiamos tener en nuestras manos todos los libros de
su lengua."
Con que no hay prohibido libro alguno
en castellano? ¿y yo aunque tenga á la
vista
el expurgatorio de Cárlos 4 que él solo contiene mas
de 300 páginas y en
ellas una cafila infinita de obras
prohibidas y mandadas expurgar, no lo creeré sin
embargo?
Cuidado que el voto contiene unos descuidillos
tamañotes—Si al
suponerse que España nos dejó libre
toda lectura, se habla del tiempo del gobierno
monárquico
moderado, aun entonces el decreto de 10 de febrero
de 823 nos
anunció una lista que se daría de
los escritos que se habrían de prohibir. Y si se refiere
,.Ahora, semejantes á los déspotas Franceses,
queremos poner una muralla entre
nosotros, y
los escritores de aquel pueblo libre."
No por cierto: queremos que no nos lleguen
sus libros, en que se mancha el papel
con delirios pintorescos,
hijos de la ignorancia y la bribonada: libros
propios
solamente para introducir la anarquía, para sumir á
los pueblos en el
abismo del dolor y en mares rojos de
sangre. Se acaba de ver á la Francia en esta
disposicion.
Todos sabemos que ha sido el fruto de sus escritos
libres, de su
libertad de leer. No queremos pues
libros emponzoñados: los buenos vengan de todas
partes,
vengan de España.
Los Españoles ilustran ahora nuestro
lenguage con mil traducciones útiles: con
ideas importantes.
Acaso estas nociones vienen mezcladas con principios
no muy
conformes á los de religion....¿Y privaremos
por esto al pueblo de los conocimientos interesantes
para el
sosten de sus derechos, ó de ideas luminosas
sobre gobierno?
El reparo precedente se parece á este. Los
polvos absorventes son buenos para
ciertas indigestiones:
los de solimán son venenosos, y dan la muerte. Si en un
papel me envia un boticario malvado revueltos los unos
con los otros ¿por eso me privaré yo de tomar los polvos
saludables? ¿Si por eso debo arrojar el papel maligno á los
comunes: por eso de que queriendo curarme, seré un loco
si me arrojo á
envenenarme? ¿No le parece á U. que
por eso (Señor apologista de los libros de que hablamos)
Si:
pues por eso: y cata aqui media docena de
razonsitas, que debe
U. merterse entre pecho y espalda
sin hacer gesto.
1a Si el veneno me mata fisicamente, inutilizando
la virtud
saludable de la especie con él mezclada,
2.a Las nociones mas importantes en órden á los derechos
del
hombre y al grande arte del gobierno, las
tenemos muy cumplidas en fuentes
purísimas de la mas
sana filosofia, y de una sublime política. ¿A que pues
ir
á encharcarse en posos inmundos y en cisternas
rotas..? No cree U. que haya
sabiduría como la de
Helvecio, de Hobbes, de Espinosa, del autor de las
ruinas
de Palmira, del compadre Matéo, del Citador
del Catecismo político, y de otros mil
insensatos y
atrevidos de la pandilla de aquellos? Pues hagamos un
ensayo:
escriba U. un tratado de lo que quiera: señaleme
la materia y yo dispondré otro:
que se cotejen
en la Asambléa ó por una junta de sabios que U.
mismo elija; y
si al de U. enriquecido con los principios
de sus autores, se le calificare por
mejor, que
me dén 200 azotes en el poste público, ó que U. los
lleve, mi
querido, si el mio mereciere la preferencia.
El partido es igual. El triunfo de U.
sería muy brillante:
anímese pues, y manos a la obra: yo estoy prontísimo
y
aun rebiento ya por verificar la apuesta.
3a Autores irreligiosos nada saben de política ó de
costumbres. Si suelen presentarnos pensamientos sólidos
los deben ellos mismos á
las luces que algun dia recibieron
de religion, cuyo resplandor tan activo no
se
puede dejar de ver en el todo, aunque estén cerrados
los ojos. Despues de
esto todo lo que parezca nuevo
es bien frívolo, ó se encuentra tambien en sabios
muy
religiosos. Si en ésto le parece á U. que hablo á ciegas,
y que no he
leido sus autores favoritos; extendamos
el ensayo á ver si lo demuestro á
satisfaccion de los
4.a Los pensamientos que contrarian la religion
son tan
contagiosos como malignos. Los ignorantes de
costumbres muy corrompidas los jóvenes
y las jóvenes
del nuevo cuño, están en el riesgo mas visible de adoptarlos,
y
ya lo vemos Los centauros literatos esos tienen
sobre todos la disposicion mas
próxima. Se creen
muy hombres y no ven que les falta la mitad ó mas.
Se
animan, se arrojan, y vienen a ser víctimas de sus
vertigos científicos. ¿Y asi
quiere U. familiarizar en el
uso comun los libros impíos?
5.a U. debe haber observado que el género humano en
lo general
ha manifestado constantemente, desde el principio
del mundo, su pendiente decidido
á la irreligion. Bajo
la ley natural todos los que se separaron de la
tradicion
domestica, cayeron y perseveraron en un vergonzoso
Polyteismo, y en
un caos asqueroso de profanaciones.
Tal era el mundo, y tal es hasta hoy el estado
de
los pueblos en que no se ha vuelto á encender la luz
de la revelacion, sin
que los adelantamientos de la
razon humana hayan podido sacarlos de él en mas
de 50 siglos.
En la ley escrita, siempre que los hebreos abandonaron
la ley y la tradicion
nacional, quedaron
sumergidos en la idolatría: adoraron las obras de
sus manos
como las naciones vecinas: y llegaron
á ser tan ciegos como si Dios no les hubiese
hablado
jamás
En el Cristianismo cuando la luz inaccesible
humilló los Cielos, y vino á
enseñarnos toda verdad;
despues que su resplandor cubrió el globo, disipando
las sombras de la muerte, confundiendo los errores de
la presuntuosa filosofia, y
adorando el universo la sabiduría
y la ciencia verdadera al pie de la Cruz,
entonces
aquellos que han despreciado la tradicion universal
Observe U. mas: el herege si razona, no queda en eso
solo: vuela al Deismo, de
alli al Materialismo, al Pyrronismo
absoluto: ó adora al Dios de Espinosa ó a
ninguno.
—Y ahora mi amigo: siendo el error irreligioso
la manía constante de
los hombres; siendo tan general,
tan resvaladizo ¿quiere U. que por un pequeño
interes
que se halla en otras partes sin peligro, se lo demos
á beber en copas
doradas al pueblo sencillo y
á todo el mundo? Los riesgos mas urgentes de un
mal
sumo, á que con generalidad se propende ¿no es un
deber estrechísimo del
gobierno alejarlos infinitamente
por toda clase de medios? Si esta máxima
absoluta
y sin excepcion no entra en el sistema gubernativo de U.
abjuro de
él, y cuento con este dato para mis triunfos
6.a Habrá visto U. como á los cojos se les conoce
luego por el
modo de andar? asi a los incrédulous
sus designios por el modo de escribir. De nada
tratan
sino para hacerse proselitos de la impiedad. Sus escritos
todos sobre
cualquier material llevan escondidos
los aspides entre flores de un estilo
seductor. Cuando
lo piensa menos, ya el incauto se halla herido, el veneno
dulce se introduce sin sentir, hasta el corazon;
y ha aqui el enfermo incurable,
venenum aspidum insanabile.
Sobre todo vamos claros. Debe U. saber que
el misterio tenebroso de la conducta de
los autores
irreligiosos, y de los nuevos políticos, ningun hombre
que come
pau lo ignora ya á la presente. ¿Ha visto
U al precioso Abate Bonola? al docto
Barruel? la obra
grande del inmortal Bergier, en que nos dá la historia
de la
religion verdadera, y de los errores en que se
ha soñado abolira? ¿Ha leido U. al
oraculo de los
Pues mire U: los autores de estas obras han
sido espías de los pasos y movimientos
mas pequeños
de los escritores incrédulos de estos tiempos y de
los próxîmos
anteriores: han sido respectivamente contemporaneos
paisanos, convecinos, y acaso
tertulianos,
y condiscipulos. Han observado sus principios,
progresos, y
terminaciones infaustas: su fondo moral,
sus talentos, sus estudios: las crises que
han motivado
su apostasía del cristianismo: los planes de sus ideas
diabolicas: sus objetos ligas y relaciones: los puntos
y las lineas mas sutiles de
aquellos planes: han entrado
en los clubs sombríos y lúgubres, que reunen las
pandillas,
ó camadas de tales insensatos; han oido sus
sílvos serpentines, sus
cantos engañosos y el cuerpo de
doctrina que taymadamente publican en su
catedra
dorada de pestilencia—En fin por no cansar mucho á
U. se sabe muy
segura y perfectísimamente toda la
idea y la travesura de esos diablillos: no se
ignora su
origen harto asqueroso, ni la tendencia de las lineas
todas del plan
El grueso del pensamiento es destruir (con disimulo
y con capote remendado de
piedad) la Iglesia,
la religion, las autoridades: allanar é igualar todo
el
piso de la tierra, para correr sin tropiezo á
bestializarse con satisfacciones
groseras y hacer á todo
el mundo animal. ¡Empresa digna de sus autores!
El tronco de estos sectarios lo habra U. visto en el
Pues todavia entran en él estas piezecillas fuera de
otras innumerables. Que la
filosofia y la política trabajen
unidamente por sus lados Que se reclame la
imprescriptible
libertad humana jalandola como una gamuza para
que llegue á
tirones al punto que se deséa. Que se grite
la dignidad y los derechos del hombre,
que dizque hasta
ahora no se habían conocido por sus pelos y señales,
por que
los fanáticos los vendian desfigurados: que los
abusos de la religion se exageren y
se atribuyan buenamente
á quien no es culpada en ellos: que se ponderen
los
errores del gobierno y de la política: se reformen
los sistemas de economía y de
rentas, siempre
atacando á la Iglesia; pero esto con escritos llenos de
brillantéz y hermosura, con centellas de imaginacion
y de ingenio, chistes agudos,
paralogismos pomposos:
Ahora dé U. una mirada en redondo á todo el
negociado, y observe otras cartas que
pertenecen
al juego. El proyecto es efectivo, dispuesto en realidad
por
personas y en épocas conocidas. Pregunte
U. sino á Bonola, que es buen testigo y le
daré
tambien otros. A consecuencia vemos puestas en planta
las obras
teológicas, filosóficas, políticas, ajustadas
á la idea que se había concebido:
todas se estrellan
contra la piedra angular y se dirigen a inmoralizar
al
mundo. La poesía y la estampa dan su mano
lindamente.
Alla se mira al hombre maquina: la revelacion
soñada: el antojo y el placer
elevados á principios
de justicia: todo gobierno impolítico: el ayuno
y la
continencia, la misa, la santificacion de las fiestas
rebajadas á consejo en la
constitucion religiosa, supletoria
de la política; y en fin lo de arriba abajo,
lo
de abajo arriba y todo á la diabla Con esto hermane
U. las practicas y usos
del dia. Los escotados y desnudezes:
los pechos embolsados para llamar la
atencion:
el nuevo arte de los bayles: ciertos instrumentos indignos
aun de
indicarse: las pinturas en los naipes, los
libritos, los reloxes: la sagrada pasion
estampada (con
serenidad y sin estremecimiento ni horror) en plantillas
de
medias, en vasinillas: y en fin los.... Pero
¿hay mas que decir despues de
insinuado este abismo
A vista de un cuadro tal ¿quiere U. que se allane
generalmente la lectura de
libros irreligiosos? la de
una chusma de autores ignorantes baladies y mas ó
menos al descubierto, todos bribones? En tal caso
chancelemos claramente y de una
vez la fé de bautismo,
y no andemos con rodeos, cuando todo el mundo
entiende
el enredo.—Perdone U. mi amigo, que me he
apelmazado algo en las seis razonsillas
que le ofrecí,
y pasemos adelante.
U. prosigue ,,¿Y no podremos ya leer
el contrato social, ni el Espíritu de las
leyes, ni a Becaria,
ni á Bentham, ni á Helvecio, si á unos calificadores
nimios se les ocurre que son Deistas ó materialistas?
Para calificadores nadie ha dicho que
convienen hombres nimios. Se deben elegir de
buen
juicio, de grandes luces, de probidad, de prudencia. Los
que esten
confeccionados de estos ingredientes no harán
calificaciones que indigesten el
estomago á ningun
hombre de bien. Y vea U. que al pobre de Becaria
no sé por
que se le pueda poner en lista con
un Helvecio, y con otros. Parta U. con aquel la
demasiada
indulgencia con que mira á muchos malvados.
,,¿Quien es capaz de prescribir una
regla puntual que no deje arbitrio á
calificaciones caprichosas?
¿quien ha demarcado la linea que hay entre
lo
religioso y lo político: y quien puede señalar.
límites á este poder
discreccionario....? De que otra
manera se fué la inquisicion absorviendo el poder
barbaro
de prohibirlo todo...? La ley en el instante que
quiere conocer en el
pensamiento, ó en la interpretacion
de sistemas.... se hace arbitraria y tiránica
Dejemos
á la conciencia del hombre el ser juez de sus
principios &c.
&c.
Y ¡que bellamente iría todo, si á U se
Si: por que entre lo religioso y lo político hay lineas,
y puntos ciertos de union, y de separacion, unos y
otros muy
conocidos. Aunque yo no me detenga en
señalarlos, sé que ningun hombre de mediana
ilustracion
me reconvendrá, por que á nadie se le ocultan. Si
uno que otro
artículo ha puesto en choque las opiniones
por algun tiempo, la Iglesia jamás
estuvo con
sigo misma en contradiccion.
A gobernarnos por los principios de U. deberiamos
admitir una multitud de
absurdos. No nos curemos, por
que alguna vez no hay acierto en los médicos. No
haya
Asambléa, por que ciertas materias dividen á sus miembros
en el modo de
pensar—No acordonemos una
peste formidable que nos embiste, no sea que los
agentes
del cordon se excedan en algo. A juicio de U. mejor
será nos lleve á
todos la peste: ¿no es así?
A la Inquisicion no hay por que temerla. Si ella
admitió abusos en su conducta,
reformado del mejor
modo que se quiera su método judiciario, todo estaba
hecho. El temor absoluto de ella que tienen ahora
muchísimos, es como que huele
mal.
A la ley dejela tambien U. que proscriba todo lo que
nos puede dañar. Muy mal la
conoce quien dice que
no puede arreglar sino las acciones, sin usar de jurisdiccion
Si los hay; y tambien millones de hombres
que piensen de un mismo modo. U. propio
es
quien á renglon seguido lo afirma. Cuando teme que
nos expongamos á las
reclamaciones de todo hombre
ilustrado, y á las del mundo entero, supone á las
claras
que todo el mundo opina uniformemente contra nosotros.
Con que no es
imposible que dos hombres convengan,
califican lo un escrito. Mucho menos en la
religion
católica. ¿No ve U. que á esta le es propia exclusivamente
la unidad
absoluta y la universalidad de
la misma creencia? No asi el resto de los hombres,
no
los hereges, no los filósofos. A estos los caracteriza la
division entre
sí, y consigo mismos. Aun á aquellos que
les tienen devocion parece que se les pega
la inconsecuencia
y contradicciones contínuas en sus propios
pensamientos.
La cosa es de hecho. Los calificadores de libros
siempre han sido muchos. En los
tribunales y cuerpos
todo lo hace la mayoría de votos conformes. Con que
la
preguntica de U.: habrá dos hombres &c. es un ataque
descubierto á la luz de la evidencia.
Cuando se tratase de expurgar los libros
(añade U.) ¿donde están nuestros sabios
capaces
de refundir el Emilio. ó el Diccionario filosófico,
sin exponerse á la
burla de todo hombre de sentido"?
Vaya hermano: ya esta duda la propone
U. de bellaquería. Apuesto que á nuestros
sabios los
tiene U. escondidos en el tabanco de su recamara: por
eso pregunta
por ellos, seguro de que nadie se los
dará; pero de esas, amigo, con los muy bobos:
de aqui
á poco veremos los sabios de Guatemala en poder
de U.
Entre tanto voy al Emilio. No creo yo ser necesaria
mucha sabiduría para refundir
esta pieza. ¿No
sabe U. los chascos que ella ha llevado desde que su
autor la
dió á conocer? Pues estamos atrasados de
noticias. Asi me quieren
en mi casa, (decía uno, á quien
le daban zumba por que era muy feo) pero al
Emilio
ni en su casa lo quisieron: apenas nació, lo echaron
al fuego en
Ginebra y en Paris. Los mismos hermanos
de Rouseau, lobos de su camada, no sufrian
las máxímas
emponzoñadas, ni el orgullo de aquel monstruo.
Luego el Emilio,
quizá huyendo de las llamas, y buscando
el frio se acercó á los Alpes: lo vió por
su desgracia
el Señor Bergier, lo tomó en un puño, y de un
apreton lo redujo á
polvo. ¿No lo sabía U.? Pues yo
si lo sé; por que lo he visto: y por que me lo dijo
un
testigo superior; el autor de la obra de los sabios de la
Francia de los tres últimos siglos Vealo U. en donde habla
del ilustre
Bergier, del indigno Rouseau y de su
Emilio infame. y hallará lo que le digo En
manos de
Bergier no queda el Emilio ni para limpiarse el volumen
posterior. ¿Y
U. quiere ahora sabios que lo refundan?
"Es verdad que ya se decretó la intolerancia;
pero no la de opinion. .. No se
impide...
que se lean los filósofos de otras religiones."
Pues conviene mucho, y es de toda necesidad
el impedirlo; y ya U. verá como la
circunspeccion
de nuestra Asambléa prohibe toda lectura contra
la religion
Cuando el pueblo ha dado muestras de
su sagrado entusiasmo por la fé de los
Apostoles, aun
sería muy peligroso darle ocasion á las menores sospechas.
Sería arriesgadísimo, yo lo sé muy bien.
Ahora ¡que bueno sería tolerar las opiniones y
escritos contra la religion, y
mostrarse inexorables
contra los autores sabios y piadosos que la defienden.
Este es el sistema de los ilustrados irreligiosos: tan
detestable como se pondera
en dos lugares de la obra
intitulada los Proyectos, traducida
del Frances é impresa
en 1791 que en la nota 2a pág 50 dice.
"Nuestros filósofos querran tener la libertad de decirlo
todo, escribirlo y
executarlo todo contra la Religion.
Obtenida esta libertad han erigido un
tribunal
de Inquisicion harto mas riguroso y vigilante, que el
Eclesiástico,
contra todos los libros buenos y contra las
obras ó producciones católicas; y han
inutilizado el zelo
ilustrado de tantas plumas valientes y elegantes, que
hubieran podido desenmascarar las tramas insidiosas
de su cabala infernal. Una
secta detestable, que ha
establecido en la Iglesia un partido de
oposicion, ha acudido
á su auxilio: y muchas veces se han visto los
valuartes de la fe convertidos en antemurales del error
y en canales de la
irreligion. ,.Mientras que no se
habla sino de tolerancia y de
libertad de hablar y de escribir;
mientras que el Ateismo y la mas espantosa
corrupcion
llevan é introducen sus frutos homicidas en
todas las clases de la
sociedad y cubren las provincias
mas catolicas con las ruinas de las buenas
costumbres
y de la Religion Santa de nuestros padres;
no se usa de rigor y de
vigilancia sino contra los defensores
de los antiguos principios de los derechos
de
la Iglesia, y de la libertad é independencia de la fé
"En la página 52 y siguientes se ponen las cartas de
d' Alembert, y del Rey
Federico 2° de Prusia en que
se desencadenan contra los edictos de los obispos
de
Amiens y de Tolon por que habian impugnado y reprobado
los hechos y los
escritos, de dos impios.....
Ambos coriféos de la incredulidad desean que no
se
les permita hablar, quejarse ni escribir á los defensores
de la Iglesia,
para que no haya quien los imite,
y asi no se altere la quietud de los filósofos
anti-cristianos,
ni se apaguen las luces que derramaran por
todas partes—¡O
tolerantes! ¿Se dará cosa mas intolerable
que la desigualdad y contradiccion
monstruosa
de vuestras maximas?"
Y ahora, reasumiendo nuestro hilo, entendamonos
cuando hablamos de opinion. Los sistemas de la incredulidad
no son opiniones: son errores
temerarios, vergouzosos
y envenenados. Proscribir estos, como siempre
lo ha
hecho la Iglesia, no es atacar la razon, sino
defenderla: no es oprimir á la
libertad, sino dirigirla,
,,Que los teólogos y doctos combatan
á los impios, como los PP. de la Iglesia, y
si no pueden
hacerlo por sí en nuestra imprenta, que pidan libros....
que se
levanten en el pulpito ... que depuren
sus costumbres &c. ... Este es su
deber, y no atrincherarse
como musulmanes en la obscuridad de las
prohibiciones."
¡Ola amigo! ya ve U. como tenía escondidos
a nuestros sabios cuando preguntaba por
ellos?
Que los doctos combatan á los impios: no? Pues estos
doctos son los
sabios que pudieran refundir, y reconfundir
al Emilio; y si no los hay para esto,
tampoco
para combatir impios como Rouseau. Y en tal evento
para que llamarle á
casa, si es menester combatirle?
Pase U. adelante y vaya U.
noramala. es un cumplimiento
que se debiera escusar. Si U. llama á sus
autores
por el interés de lo útil que tengan, yo mas bien perdonaría
el boyo
por el coscorron: por cuatro novedades
insubstanciables, no permitiría que me
tocasen el
tesoro inestimable de la fé.
Fuera de que esta dicho: que esos filosofastros
nada hacen mas, ni dan otro fruto,
que embaucar literatos
niños, y jóvenes licenciosos. Lo útil que traen
va
neutralizado con lo muy pernicioso que envuelven
y disimulan. Asi que con no
abrirles la puerta, podríamos
redimir á nuestros doctos y Santos (que los hay
tales, antes
de haberse oido el sermonsillo de U.) de las fatigas
del pulpito
y de la prensa, á que U. mismo los
condenaba sin causa.
Me está haciendo cosquillas un escrupulillo. En
el texto 9 omití expresar lo que
el dice, de que la
prohibicion de leer libros de filósofos de otras religiones
jamás se vió en los siglos puros de la Iglesia Y
aquello del texto 10 atrincherarse en la obscuridad de las
Ya repliqué que la Iglesia siempre ha prohibido
la comunicacion de los libros y de
los errores heréticos.
No sé con que apoyo desconoce U. tal prohibicion
en los
siglos puros del cristianismo. Los libros de
Arrio ¿hay quien ignore que los
condenó y los mandó
quemar el gran Concilio Niceno, casi á principios del
siglo 4.°? ¿Como U. pues se hace bobo sobre un suceso
tan señalado? O si procede
sencillamente ha sido
animosidad aventurar proposiciones redondas acerca
de
hechos y de épocas, cuya historia U. no ha visto.
En efecto amigo mio, en esto de leer las antigüedades
cristianas y los Padres y
Doctores que nos
ilustran sobre la marcha que la Iglesia primitiva llevó
en
las materias de sus atribuciones, se le conoce a U.
sobre la ropa que ha guardado
una gran templanza
y que hasta ahora se mantiene en ayuno natural de
todos los
sucesos de aquellos siglos.
Déjeme U. por Dios admirarme y volver á tomar
entre las manos su aventurada y
atrevida expresion
de que la Iglesia en sus principios no prohibió los
libros
malos Si yo soltara el dique al torrente de erudicion
sagrada y Eclesiastica que se
puede derramar
sobre esta materia, le aseguro á U. mi dueño, que arrebatado
U.
mismo de su corriente se quedaría con
la boca abierta y nadie le contaría las
vueltas,
Sin embargo para que no deje U. de entrever lo
que le digo le presentaré ciertas
pequeñas muestras.
Lea U. por curiosidad siquiera el capitulo 16 del
Deuteronomio:
el 19 de la Epistola á los Romanos, y el
último de la que
escribió San Pablo á Timotéo. Oiga
U á San Juan cuando dice á los fieles hablando
de
todo enemigo de la doctrina catolica: no lo recibais en
casa, ni tampoco lo saludeis: al mismo San Pablo que avisaba
á gritos: verba eorum multum proficiunt ad impietatem
et sermo eorum ut cancer
serpit.
¿Y no se acuerda U. del gran cuidado con que S.
Juan se precavia de Ebion y del
horror con que miraba
aun el baño de que había usado Cerintho?
San Cipriano hablaba asi á sus obejas: huid muy
lejos del contagio de semejantes
hombres y evitad sus
palabras huyendo de ellas como de una peste y un
cancer.
Y si esto es de las palabras que vuelan ¿qué
será de los libros, fuentes perpetuas
de un veneno
inevitable?
En los hechos de los Apostoles consta que muchos
de aquellos que
habían seguido doctrinas curiosas y nuevas
llevaron sus libros y los quemaron
delante de todos y habiendose
computado su valor, hallaron 50000 denarios en
dinero; y crecia fuertemente la palabra de Dios y se
confirmaba.
(Actor. 19.° 19°)
Por eso el grande Origenes, decia (homilia 9.a
sup, num.) Si
se hubiese de juzgar de los que separandose
de la doctrina de las Iglesias han
merecido la
divina venganza ¿no se juzgaría que si acaso dejaron
algo escrito,
debería perecer todo juntamente con sus
cenizas?
Vea U. pues como desde el tiempo de los Apostoles
se quemaron libros impios, y
tantos que alguna
vez valieron un caudal: sobre cuyas cenizas la doctrina
Santa progresaba y se afianzaba. Repare igualmente
como Origenes que vivió en el
tercer siglo, y había
nacido en el segundo, ya dá testimonio de la costumbre
de la Iglesia de arrojar al fuego los libros malvados.
Y no le presento á U. los
atestados y las doctrinas
mas vigorosas de otros mil Santos y Doctores,
por no
soltar el dique al torrente ya indicado.
En estas prohibiciones la Iglesia Santa, sus doctores,
sus ministros han estado
infinitamente distantes
de buscar su atrincheramiento al favor
de la obscuridad.
La Iglesia lleva el mismo espíritu de su
autor, que es
la sabiduría y la lumbre. Su evangelio lo mandó S. M.
Estas reflexiones hacen venirse á plomo cuanto U.
cacarea en su largo párrafo 10.
El autor del evangelio
jamás prohibió su examen, ni amenazó con penas á
quien
lo intentase: antes quiere que nuestro obsequio
á la fe sea racional.
El evangelio se sostiene francamente, y desafia
(como U. deséa) al espíritu del
error; pero no quiere
que sus hijos pequeños entren en esta lid. Si U es
robusto y un esgrimidor excelente; retará con satisfaccion
á un enemigo muy
inferior; pero tendrá buen
cuidado de alejar y poner en salvo á su muger, á
sus
hijos, y á sus hermanos pequeños. En el campo medira
U. su espada con el
contrario; pero no le permitirá
en su casa ni una sola noche, no sea que en
un
descuido ataque á alguno de su familia, sin que U.
Esto es clarisimo amigo mio: solamente un espíritu
fascinado puede atreverse á la
brillantéz y fuerza de
verdades semejantes. Enredos acalambrados, como los
que
opone la irreligion, no la moverán jamás.
"Por otra parte si al impreso nacional
se le sujeta á un jurado, el edictor ...
puede sostenerlo
en el juicio, y presentarse á esplicar su sentido;
pero un
libro estranjero no puede defenderse"
Glosa Celébro la equidad y filántropia universal,
que asi mira por los derechos de
nadie. El estranjero ninguno
tiene á que en Guatemala se le compren sus
escritos,
que la autoridad constituida califique de peligrosos.
Una vez
conocidos por tales, Guatemala tiene
derecho á decirte., quien no te conoce que te
compre.
Si la calificacion puede ser equivocada, miseria inseparable
de todos los juicios
humanos, poco habrémos
perdido en un escrito, sin el qual hemos comido,
bebido,
y vivido gordos por muchos años.
U. no ha proyectado la abolicion de los jueces,
tribunales, corporaciones cet, ni
que sus acuerdos se
anulen, por que ellos pueden equivocarse. Tampoco ha
condenado nadie á los que no juegan, por que sea
seguro que no ganarán. Antes dice
todo el mundo: que
lo mejor de los dados es no jugarlos, por que asi se
está
bien libre de pérdidas.
No nos expongamos, pues, con los libros malos, ó
peligrosos, puesto que
desechandolos, habrémos ganado
mucho. Un temor probable obliga á la precaucion,
y
mas en matéria de grande importancia: maxîma que
se puede autorizar con una
nube de textos de todas
clases, y con rasgos muy interesantes de erudicion.
Por lo demas si el libro estranjero no se puede
defender, nosotros tampoco
tratamos de imponerle pena
alguna corporal ni pecunaria. No se aflija, U por
eso.
Y mire U. como en esto yo digo bien, y U. sumamente
Pero al caso. La ley dice de este modo: que el tribunal
de la inquisicion, oiga á
los autores católicos conocidos
por sus letras y fama, antes de prohibir sus
obras y no siendo nacionales, ó habiendo fallecido, nombre
defensor que sea persona
pública, y de conocida
ciencia cet.
Esta ley ofrece dos reflexíones: la una que sí el
libro es de autor estranjero ó
muerto, hay el arbitrio
legal de proveerle de un defensor abonado, para que
no
se diga que se le condena sin oirsele. Y la otra es
que semejante consideracion la
merecen en el justo
juicio de la ley los autores conocidos por su sabiduria
y
buen nombre; pero el querer gastar, como U.
quiere, estas contemplaciones con todo
libro, aunque
sus autores sean á vista de todo el mundo los vichos
mas
ponzoñosos, esta es una generosidad, un liberalismo
que hasta ahora no habia cabido
en la idea de
las ləyes, ni en la glándula pineal de ninguna cabeza
medianamente formada.
"Que un pueblo esclavo se hallára en
este miserable estado, nada tenia de estraño;
pero que
el pueblo soberano., &. &.
Cierto que es un dolor que en un pueblo soberano
no se procure que hasta los
zapateros sean doctores:
que las rameras, los ebrios, los leñateros, y todo
portabasura no cultiven la enciclopedia. S. Pablo preguntaba
en otro tiempo ¿si era
posible que todos fuesen profetas,
doctores todos? Pero ahora U. pregunta si es posible
Amigo no hay diferencia de estas ideas á las de
U. Si la hay empeñese U. en
mostrarmelas; y yo le
prometo hacerle vér que se engaña.
"Hay mas: en los gobiernos libres...
un escrito circula antes de su calificacion.
Pues en
la ley de libros estranjeros, que se proyecta por la
comision, se
quebranta del todo este principio.
Yo le diria á U. sobre este reparo quatro cosillas:
pero le diré solamente dos. La
1a que parala libertad
interior de imprenta, se ha tenido en
consideracion
que conviene conocer bien la gente de casa; que
no es muy facil
que ésta se descomida á vista del
amo: ó de su gobierno inmediato; y que la
responsabilidad
del impresor tambien es un freno. Nada de esto
es aplicable á
los libros estranjeros. Y con esto ya resuelvo
no decir mas.
Pudiera ahora estenderme sobre el gran
principio que esteblece el célebre Paine,
el publicista
mas ilustrado... En su sentir un impreso es de hecho
Confieso llanamente que no he leido á
Paine: pero ex ungüe
leonem. Si el es capáz de un despróposito
tan ridículo, como el de que U. le
dá por
autor, no quiero leerlo y sé que no pierdo nada. Los
hijos son por
derecho dueños de los bienes de los padres
aun en vida de estos mismos; y cada hijo
de su
madre es muy señor de lo que ha comprado con su
dinero. Por esto yo como
padre... ¿seré un injusto,
si le quito de las manos á un chico mio un cuchillo,
una
pistola cargada? ¿Uu gobierno será iniquo quando prohibe
la portacion de
arma corta? Célebre Paine: hombre
del pueblo americano y del
frances, respóndeme.
No es lo peor esto; sino estotro .,Sujetar el impreso
nacional á calificaciones,
es someter el juicio de
la Nacion al de unos quantos
ciudadanos.., Con que el
impreso ya no solo es propiedad de la
Nacion, sino
el juicio de la Nacion toda. ¡Tate! que cosillas
se sabe
decir el señor de Paine!.. Si yo imprimo un papel
en que diga que
Guatemala toda es loca, ¿este
és sin duda el juicio de mi Nacion? ¡Tate! otra
vez
y otras mil. Por mi, que se vaya mr. Paine á freir niguas
á la punta de un
volcan.
"Todos estos principios pueden aplicarse
á los libros obcenos. Tampoco todo lo
que
es malo ha de prohibirse. La obcenidad es un mal,
pero no un mal político.
Los libros llenos de errores
y patrañas, los supersticiosos, los escolásticos,
los
moralistas absurdos, los asceticos terroristas, los libros
tontos son mil
veces peores. Y por que introducir
el espionaje en todo lo que no sea un mal
patente
contra ... la asociacion? La ley jamas ha reprimido
el vicio de la
ingratitud &."
Un exôrcista debia responder á estas reflexiones
¡Enfurecerse por que no se admiten libros obcenos!
¿Que bien se pi rde? que mal se
causa con repelerlos?
¿son ellos buenos para maldita la cosa? Si;
lo son para
toda cosa maldita. ¿Y ya no hay pudor
para hacer su apología?
No habla U. palabra en su texto ultiɯo que no
envuelva una enorme equivocacion:
La ley nunca ha reprimido
la ingratitud. Los Egipcios y
otros pueblos la
reprimian; y esta fina politica y gobierno de Egipto lo
elevó
á una grandeza y prosperidad que admiró á toda
la redondez de la tierra. No se vió,
no en Egipto
la reunion de esclavos amanerados, que U recela,
no los
hipócritas: ni se han visto en todo el mundo
los grandes males que hayan causado
las sutilezas de
la escolastica. Llenas las ciencias de profesores buenos,
medianos, y malos; solo los malos teologos le exáltan
á U. la bilis: y no los
impudicos malvados que insultan al
"La comision se ha estendido tambien
á las pinturas y estampas. ¡Pobres artes con
un espiritu
de coartacion tan implacable! El Palacio del
Papa y toda Roma está
llena de pinturas ó estátuas
que acaso podrian parecer muy indecentes.... La
inquisicion
sola ha podido estender hasta las artes su
mano torpe y
opresora.... La proposicion se reduce á
los libros estranjeros...
Los libros hereticos, los obscenos, y las estampas
asquerósas que estimulan la
impudicicia, todos
miran á un objeto detestable. El zelo que se debe oponer,
esta precisado á rechazar igualmente todos aquellos
medios indignos. La comision
cumplió honradamente
con su deber; y U. atacandola, no acierta á decir
cosa de
provecho.
La inquisicion nunca ha tocado las artes, sino el
abuso maligno de ellas. Las
pinturas torpes Terencio
las conoció en sus efectos pesimos, quando no se
habia
concebido la inquisicion. Acuerdese U. de aquel
mozuelo del mismo
Terencio (in Eunuch) á quien una
pintura deshonesta le robó el alma. Acuerdese de
lo que
advierte un gentil como Aristoteles (lib. 7. polit. cap. 17)
que hablando
y tratando cosas torpes, nos deslizamos
facilmente á su ejecucion.
Y no quiero recordar la sentencia y el pronostico
de Platon quando vió en un
templo ciertas imágenes
Y vamos á esto: ¿el palacio pontificio está lleno de
estatuas y pinturas que acaso podrian parecer indecentes?
ó son ellas tales con
efecto? Si U. no puede decir
mas sino que acaso podrian parecerlo, no ha dicho
nada. Incertidumbres y dudas no son apoyos, sobre que
se puedan fijar maximas
politicas y morales, y mucho
ménos las que sean nuevas y repugnantes. En que
quedamos?
¿Aquellas estatuas son en realidad indecentes?..
Quando U. responda,
yo le haré ver la nulidad absoluta,
que de todos modos padece su argumento.
"Representantes. Quando la policia es
demasiado inquisitiva, ella corrompe las
costumbres,
estiende el espiritu de espionage, y se hace una calamidad
publica. Verdad luminosa, espuesta por un
grande hombre, que ha demostrado. . . que
la prensa
es tanto mas coartada, quanto son mas pequeñas
y miserables las
miras del gobierno."
Convengo con ese hombre grande ó pequeño. El
espionage es un grande mal; pero el prohibir los desordenes
groseros, los sistemas enemigos de la verdad religiosa,
moral y politica, los
libros y estampas que no
sean otra cosa que lazos de la inocencia; eso no se
llama espionage: ni tampoco lo es el averiguar los males
y
castigarlos quando hay datos que obligan á ello
segun las leyes. Nada de esto es
espionage vuelvo á
repetir. U no abuse de los términos ante
un pueblo
soberano, lleno de luces, que no se asusta con cocos.
En punto á la prensa, ella no estará coartada quando
no se la sujete á otros
limites, que los de la ley
eterna. Si la nuestra los respetare, nos respetarán las
Los grandes errores son de los grandes filosofos; y por
muy grande
que sea alguno de estos, no por eso el error
en que incurra, dejará de ser error.
La verdad ni la mentira
pueden mudar de naturaleza por el carácter de sus
padrinos.
El montanismo conserva toda su falsedad é ignominia
despues
que cayó en él el insigne Tertuliano. Asi pues,
ni
el voto de los dos eclesiásticos de U. que en razon de Doctores
no pueden
igualarse ni con mucho à aquel gigante, ni
el de cualesquiera pueblos que piensen
como ellos, podrán
convencer jamás, que las estampas indecentes, que
avergüenzan
á cualquier persona de educacion, no son indecentes, ni
que los
farragos de errores impresos no sean muy indignos
de permitirse, aun en paises no
católicos.
Ahora si á padrinos vamos, los libros prohibidos, y las
estampas que
estimúlan á la torpe desvergüenza, tienen declarados
coatra sí á innumerables
sábios de Guatemala y
de otras naciones, que aqui mismo han puesto en accion
su
zelo contra esas pestes. Si U. procede en razon, y ama la
verdad ¿por qué
prefiere el juicio conocidamente erroneo de
dos eclesiásticos al de una multitud
muy ilustre y recomendable?
Me inculcará U. la especie de que esos sus libros traen
conocimientos importantes sobre los derechos del hombre y yo
le repetiré lo que ya
le dige, en dos hermosos lugares del
Dr. maximo San Gerónimo: uno en la
epistola 7.a ad Lætam,
en que la hace observar: que los venenos no se dán sino
confitados con miel, y asi lo hacen esos libros Otro en
la
epist, 10 ad Furiam, en que la amonesta así: lee solamente
los tratados de aquellos, cuya fé es muy conocida;
no tienes necesidad de buscar el
oro en el
lodo: el oro de la buena política, y
de toda doctrina útil,
en el lodo de los libros obscenos, impios, irreligiosos,
llenos
de disparates brillantes, de confites envenenados ... Que mas?